LA ECUACIÓN PERVERSA DEL MERCADO

marzo 1, 2015 by

libros_4Empecemos con un ejemplo. Cuando la literatura era cosa de unos cuantos autores, hace apenas algo más de un siglo, la orientación comercial de los géneros era clara. Había folletines destinados al gran público, en ediciones baratas o por entregas, y obras de calidad literaria destinadas a una minoría más culta. No existían por entonces estrategias agresivas de marketing ni campañas mediáticas que manipularan los gustos y demandas de los lectores, y lo que se compraba estaba a la vista y era conocido a través de otros lectores. Hoy existen cientos de miles de escritores y resulta imposible elegir a alguno si no lo destacan los medios de publicidad.

En nuestra época, la mercadotecnia invade todos los espacios mediáticos creando tendencias y definiendo lo que hay que comprar. La literatura se inscribe en el mundo de los artículos de ocio y consumo, haciendo que forme parte de todas esas cosas que hay que poseer para estar al día y poder relacionarte con los demás.

Al ser el marketing un instrumento de la empresa, en este caso de la empresa editorial, es claro que está orientado a fomentar el mayor negocio posible de la misma. Este origen corrupto de la publicidad, en todos sus usos, la aleja de las virtudes del consejo o de la evaluación crítica. Una buena campaña publicitaria vende, al margen de la calidad del producto. Es el efecto placebo: si creemos que algo cura, nos hará un poco de bien por contagio sicológico. Si nos insisten desde los medios que un autor o una novela ha ganado no sé cuántos premios, ¿quién se atreve a llevar la contraria a los jurados y críticos expertos? Acabaremos pensando que somos nosotros los que no entendemos de literatura y nos esforzaremos, a fuerza de relecturas, en tratar de extraer algún jugo del bodrio en cuestión.

Igual pasa con las nuevas tecnologías. Las empresas necesitan crear nuevas necesidades en los consumidores para seguir manteniendo un ritmo alto de producción y beneficio. Es preciso renovar los usos de comunicación, añadir nuevas prestaciones a los aparatos, aunque sean innecesarias, potenciar lo lúdico. Y lo malo es que si persistimos en nuestros antiguos aparatos, suficientes para nuestras necesidades, contemplaremos cómo ya no soportan las nuevas aplicaciones ni nadie los repara cuando se estropean. A eso se le llama obsolescencia, algo tan viejo como la industria misma, aunque antiguamente se limitaba a programar una vida útil de los aparatos, como las bombillas, al cabo de la cual se fundían y había que poner otras iguales, aunque podrían haber durado decenas de años más. Ahora la obsolescencia es más sutil y más rápida, ya que es por lanzamiento de nuevos productos y por la presión comercial al consumidor para estar a la última.

Pero lo malo de todas estas técnicas de mercado es que, sin pretenderlo directamente, van condicionando los usos de la gente según una ecuación perversa: lo primario, lo inmediato, lo instintivo, es lo común a la mayor parte de la gente, y hacia ese objetivo irá enfocado el marketing, construyendo un medio cultural y de consumo empobrecido, banal, en el que las posibilidades de crecer personal y culturalmente se van esfumando.

En una época como la actual, donde las ideologías y las creencias han sido substituidas por el entretenimiento, acompañado por la despreocupación frente a lo trascendente, o simplemente lo futuro, todos estos gadgets tecnológicos y géneros literarios de usar y olvidar agarran con fuerza entre la gente y ocupan el espacio de conciencia vacío que nadie va a poder llenar ya de cultura y relaciones humanas enriquecedoras. Pasar el rato, pasar la vida entretenidos, esa es la solución donde nos conduce la ecuación perversa del mercado. Dejar en sus manos las posibilidades de crecimiento personal de la gente es la otra perversión de nuestros días, y esa es una perversión política, neoliberal. Sí, no es sólo la eterna corrupción económica la que debe preocuparnos a pesar de estar extendida por toda la estructura social, porque ésta deriva de la otra, de la perversión moral que supone permitir al insaciable capital condicionar los usos, la cultura y la conciencia de las gentes.

Archipiélago Cultural

febrero 28, 2015 by

Pedro Barbeito_Fundación Barrié_CentroCentro CibelesDesde hace años, décadas, la cultura en España sufre el poder abusivo de los designios políticos y económicos. Todavía hoy parece incapaz de sobreponerse a ellos. Culturalmente sigue habiendo una gran producción creativa; una buena muestra de ello es la coincidencia estos días de Just Madrid, Art Madrid y ARCO. Además de multitud de exposiciones en espacios permanentes, como CentroCentro Cibeles, donde la Fundación Barrié presenta obras como la de Pedro Barbeito que ilustra esta entrada.

Sin embargo, salvando excepciones, los grandes centros políticos y económicos apoyan mayoritariamente la cultura espectáculo, la cultura no crítica o complaciente. Grandes exhibiciones, grandes obras, pero no hay espacio para el debate cultural, menos aún si es cotidiano o periódico. Acudimos a las salas a disfrutar del arte dejando para otra ocasión el pensamiento o la reflexión crítica.¿Es esto auténtica cultura? ¿O se trata más bien de un creciente Turismo Cultural? ¿Tiene la propia Cultura responsabilidad en ello? Respondiendo afirmativamente a la última cuestión se responde a las anteriores. La pérdida de crítica cultural en España se me asemeja a la pérdida de crítica política, de la que de repente todos hablamos gracias a la incursión de nuevos partidos políticos que así lo denuncian, no porque la política dominante, convencional, encorsetada y obsoleta hiciera de la autocrítica su bandera.

Esta falta de actitud crítica se venía extendiendo a prácticamente todas las demás esferas sociales, desde la ciencia a la atención médica, o los medios de comunicación como servicio público, convertidos mayoritariamente en medios de publicidad. Tuvo que llegar la crisis para que al menos empezáramos a hablar de ello.

Una diferencia me parece ver en todas estas pérdidas, en esos retrocesos que tantos años nos costará remontar: la pérdida cultural, que debería ser la principal señal de desgaste de toda la sociedad, es la que adquiere menos visibilidad. La política está en boca de todos. La pérdida cultural que lleva unida a la mediática muchos años, en una simbiosis quizá más perfecta y perversa; como si todos los referentes culturales decidieran que son un archipiélago de islas sin necesidad de conexión, y hasta despreciaran ese mar de intercomunicación cultural y de ahí comunicar al resto del planeta.

Independientemente de ideologías, los partidos políticos emergentes como Podemos o Ciudadanos están dando una lección de comunicación a los grupos políticos convencionales. Y me pregunto dónde está la correspondencia en el apartado cultural, ¿Cuáles son las nuevas formas de cultura aliadas cómplices de la comunicación? ¿Donde la Cultura ha empezado a apreciar el valor de la Comunicación?

Hay excepcionales muestras de buena comunicación cultural, el homenaje a Gil de Biedma en Málaga, que no sólo fue una apuesta cultural sino también una buena forma de comunicación de calidad y variedad a través de una excelente exposición, documental, conferencias y publicaciones.

Hay profesionales cada vez mejor formados en la comunicación cultural, como nos demostraron los periodistas del Máster de Periodismo Cultural de la Universidad Rey Juan Carlos, único en el panorama universitario público madrileño.

Sin embargo, el propio sector cultural – como ocurría antes con las viejas políticas- sigue sin apostar por la comunicación, sin ver su importancia. Como si de una conjunto de islas se tratase, ajenas al conjunto del paisaje al que pertenecen, ensimismadas en sus Congresos, Festivales o creaciones varias. Un retroceso sin visos de cambio. Un mundo cultural que no evoluciona en la nueva sociedad de la información y que sigue anclada en los viejos usos del siglo XX.

Es por ello que, mientras esto ocurre, crece también imparable la incultura en los grandes medios de comunicación, ya no sólo hablamos de fútbol o programas de corazón-hígadillo. Hace poco leía este titular en un gran periódico nacional “Un soplo de aire fresco en la ficción nacional”, se refería al estreno de una nueva serie de TVE: “El Ministerio del Tiempo”, según la redactora: una entretenidísima e inteligente mezcla de humor, aventuras y divulgación histórica. Acudí interesada a ver el primer capítulo. No pude acabarlo. Me recordó cuando hacía informes de lectura para una editorial y leía primeras obras en las que Santa Teresa se trastocada en madre y esposa amantísima en el siglo XXI, o el malvado pirata inglés resultaba ser un tiburón financiero; eso sí siempre consiguiendo que apareciera un pasadizo temporal que nos mostrara la relación entre ficciones y personajes. Eran, en fin, guiones que aprovechaban un cóctel de llamaradas entre la seudo-historia y las creencias en el más allá.

Años después descubro que lo que sólo podía editarse gracias al bolsillo de sus autores, se emite en horario estelar en la primera televisión pública del país. Por si esto fuera poco, el salto a la pantalla es menos creíble que en los libros. Ni los propios actores dan crédito a sus papeles, ¿cómo hacerlo con un guión tan disparatado? Sólo algunos periodistas obedientes ensalzan desde los grandes púlpitos estas muestras de Incultura Galopante.

La conversación y la cultura

enero 27, 2015 by

Nos encontramos sometidas a múltiples estímulos. Desde la televisión, pasando por la publicidad hasta las nuevas tecnologías y los teléfonos inteligentes. Nos sometemos a estos manteniendo la cabeza agachada constantemente, más pendientes de las posibles notificaciones de mensajes que nos lleguen que de prestar atención a las personas con la que estamos compartiendo nuestro tiempo en ese momento o a las actividades que estamos realizando.

Es posible, incluso, que no continues leyendo este artículo. Y una de las causas más probables (aparte de que pueda que no te interese), teniendo en cuenta cómo nos relacionamos con el mundo, es que no puedas querido lector, querida lectora, quizás, dejar pasar más tiempo sin mirar el móvil, sobre todo, si has recibido algún mensaje.

Intento reflexionar sobre la alienación tecnológica que vivimos. Ni siquiera tenemos tiempo de hablar con nosotras mismas: de encontrarnos, de crecer, de reinventarnos, de compartir lo mejor de nosotras, de aprender de lo mejor de los otros. En definitiva, estamos perdiendo la posibilidad de conocer la visión del mundo que tienen otras personas y quizás, lo más importante, la oportunidad de interactuar y de establecer un vínculo más profundo y enriquecedor con ellas, es decir, estamos olvidando el arte de conversar.

La conversación, según expone Theodore Zeldin en su libro Conversaciones: cómo el diálogo puede transformar tu vida, sería aquel diálogo que al terminar hace que las personas sean un poco diferentes a como eran antes de empezar la conversación. Ésta no se entiende como el simple hecho de intercambio de información. No vale la mera anécdota, ni ideas sueltas, éstas tienen más que encontrarse, tienen que abrazarse, provocar, producir un cosquilleo…«significa que la conversación necesita pausas y los pensamientos, tiempos para hacer el amor».

V0039096 A group of women sit around a table talking and drinking tea

Así, conversar se diferencia de charlar o hablar en que la conversación implica que las personas «se transforman, se remodelan, extraen de ella implicaciones diferentes y emprenden nuevas sendas del pensamiento».

En el mundo cultural se hace cada vez más necesario fomentar las conversaciones inteligentes, que generen pensamiento, reflexión y cambio. Sería conveniente, por ejemplo, ir más allá de la supuesta intelectualidad de los tertulianos de la televisión o de los gurús de la cultura (escritores superventas, mega librerías, editoriales y empresas en busca del negocio y del dinero) que parecen haberse convertido en un referente de inteligencia, cultura y conversación, algo que dista mucho de ser cierto. ¿En qué lugares se debate seriamente sobre cultura, literatura, música, arte, etc.? ¿Existen espacios abiertos, diversos para este tipo de conversaciones?

Hace unos meses, Nieves Martín, directora de El Planeta de los Libros y Jesús Espino del grupo editorial Akal tras la entrevista en uno de los programas sobre edición crítica independiente, conversaban sobre la importancia de crear sinergias literarias con el objetivo de generar una cultura comprometida, valiente y atrevida que cambie la manera de ver y enfrentarse al mundo.

Desde mi punto de vista, estas sinergias o redes literarias entre diferentes agentes (escritores/as, editoriales, crítica literaria, medios de comunicación culturales…) pasan por tener conversaciones más inteligentes, interés por aprender, por ser tolerante, tener la mente abierta, por escuchar activamente otras posturas sin querer interrumpir y pretender ser protagonistas todo el tiempo. También es indispensable aumentar nuestro nivel cultural, que en este país se encuentra bajo mínimos por diversos factores, como el escaso apoyo y la poca valoración que se da a la educación y a la cultura como medio para convertirnos en personas más libres y con capacidad de crear pensamientos propios.

Las conversaciones se convierten, por tanto, en una potencial experiencia de aprendizaje; podemos llegar a cambiar aquello que no nos gusta del mundo en que vivimos, cambiar nuestra forma de entender el trabajo, la tecnología o el amor, generar igualdad, justicia, comprensión hacia lo diferente y sentirnos realmente unidos a otras personas.

¿Faltan conversaciones inteligentes en este país? ¿Qué opináis? Reflexionemos sobre ello porque pensar de forma diferente, requiere hablar de forma diferente.

2015, Feliz Debate

enero 18, 2015 by

La Fura

Tras mi sentido pésame a las víctimas del atentado a Charlie Hebdo, y la consternación consecuente aquel 7 de enero, llevo días oyendo de todo; desde el que justifica la rabia de los terroristas en París, al que considera que Rajoy hizo bien manifestándose en la capital francesa cinco días después, defendiendo la libertad de expresión junto a sus colegas europeos.

Ya imaginarán que no comparto ninguna de estas posiciones. No justifico el asesinato, sobre todo de inocentes. No justifico la falsa foto de quien tras los flashes elabora una Ley Mordaza. Lo único que puedo rescatar de todo este horror es el posible despertar de conciencias (por fin a este lado de los Pirineos) que nos alejemos de estereotipos y frases hechas que, aunque sigan enturbiando la mirada, den paso a preguntarnos sobre cuestiones más esenciales: ¿qué es la libertad de expresión?, ¿cuáles sus límites?

La famosa frase de Voltaire: no estoy de acuerdo con lo que dices pero lucharía hasta la muerte porque tengas el derecho a decirlo, fue pronunciada por Javier Campillo en el primer programa del año: En defensa de la cultura y la libertad de expresión. La sentencia del filósofo francés sigue siendo actual siglos después porque mantiene la altura de un Derecho Fundamental vilmente agredido ahora y todavía no suficientemente entendido. Si no, que se lo pregunten al Papa Bergoglio, que ha confundido la palabra con la violencia; y no es el primero ni el último. La propia Iglesia Católica, entre otros, ha utilizado la palabra con fines violentos.

Lo primero que hay que delimitar es que la palabra no debe ser considerada violencia. Si eso ocurre – y lamentablemente es así muchas veces-, tenemos déficit de libertad de expresión: no sólo no estaríamos dispuestos a defender hasta la muerte que otro diga algo con lo que no estamos de acuerdo, nos arrogamos la capacidad de hablar con violencia o – lo que es igual- asumirla, acobardarnos ante ella. Lo mejor que se puede hacer para paliar esta situación es reivindicar la libertad de expresión, la necesidad de debate.

Mi otro contertulio en el primer programa del 2015, Francisco del Barrio- ante una pregunta en torno a los casos más fragantes de falta de libertad de expresión en España, y el caldo de cultivo de la censura más sutil que sirve para cocinar el día a día en los grandes medios- lanzaba lo que podía ser un gran titular: “en España la libertad de expresión es un tabú. Está todo por hacer”. Un tabú que del Barrio  -barruntando las declaraciones de Bergoglio- puso en relación con la religión Católica “que ocupa todo en nuestro país” (a partir del minuto 19).

Los días 5, 6 y 7 de marzo, vamos al Congreso que organiza la Plataforma en Defensa de la Cultura, y a las actividades previas y posteriores que anuncian, incluyendo el evento “Todos somos Cultura” el domingo 15 de marzo. El objetivo es claro, unir Cultura y Libertad de Expresión, como hicimos en este programa de radio, porque o van unidas, o no van.

La foto de este artículo pertenece a la cantata de Carmina Burana de Carl Orff por La Fura dels Baus, este fin de semana en Madrid. Un gran espectáculo, de hasta 90€ la entrada, en un teatro público de la Comunidad de Madrid. Impresionante ejecución musical y puesta en escena (llegaban los olores y el agua a la segunda fila); pero cómo no preguntarse en estos tiempos por todo lo que se podría hacer con este tipo de presupuestos por la cultura más democrática y cotidiana, y su necesaria difusión. Qué ocurriría si la cultura fuera menos elitista, más reflexiva, y viajara en compañía de la libertad de expresión y el debate.

Feliz 2015.

Madame Bovary no puede crecer

noviembre 25, 2014 by

mil noches, una bodaHoy 25 de noviembre, voy al pase de prensa de “Mil noches, una boda“, que se estrena en Madrid el día 5, aunque tuvo preestreno ayer en el Festival de Cine de Gijón. La primera parte de la película es sin duda excesivamente realista: basada en la historia real de la madre de uno de los directores, una mujer de sesenta años que continúa ganándose la vida en un Cabaret, la cámara no rechaza el morbo, como tampoco la rutina o la vulgaridad cotidiana. Quizá todo ello tenía su razón de ser, incluso para molestia del espectador, porque poco a poco la duda y la curiosidad nos hacen despertar: Angélique se convierte a su edad en una inesperada “Pretty Woman” y sus cuatro hijos y todas sus antiguas compañeras parecen, como ella, encantados de un giro tan esperanzador para su vida.

Así le ocurre también a muchos espectadores, tanto creyeron que se trataba de otro cuento de hadas que no entendieron el inesperado final (que, por supuesto, no les voy a destripar). A mí me hizo recordar nada menos que a Madame Bovary, desobediente, romántica y sí, quizá también, un poco inmadura, ejerciendo ese derecho a la discrepancia que tanto castiga la educación femenina. Qué aventureros los hombres inmaduros, qué malas las mujeres no aptas como madres o esposas.

Al salir de la proyección, la siempre desproporcionada mayoría de hombres que realizan la crítica cinematográfica en nuestro país se muestra escandalizada: cómo a su edad una mujer puede actuar así, lo dicho en el título: Madame Bovary no puede crecer, una cosa es una jovencita alocada, otra que no siente la cabeza una mujer al inicio de la vejez, ¿por qué no se dedica a tomar sopitas y cuidar a los nietos como la mayoría? Otros comentarios son peores: cómo ella -una trabajadora de Cabaret- le niega a él su cuerpo… Ha sido puta una vez, lo será siempre. La película no tiene que ver con la violencia de género que se celebra hoy pero, seguramente, toda violencia comienza celebrándose en el cerebro.

Y hablando de cerebros, compartimos hace un par de días en las Redes la entrevista que en enero de 2008, hacíamos al flamante Premio Cervantes 2014, Juan Goytisolo. Lo entrevistamos por el conjunto de ensayos “Contra las sagradas formas“, y antes incluso de saludarle decíamos algo así como que en el libro se dicen muchas verdades, que más de una vez se silencian. Junto a la crítica a las Sagradas formas, en la religión o en la literatura, recuerda Juan Goytisolo que la homofobia y misoginia siempre andan a la par.

Recuerdo especialmente agradecida su reivindicación del “oído literario“,  cuya existencia equiparaba a la del más conocido “oído musical”. También he recordado estos días cómo lo apoyaba: con su práctica de la lectura en voz alta. Goytisolo no desprecia el sonido de las palabras, como muchos intelectuales , sino que la reivindica. Tanto es así que, hace ya bastantes años, gracias a uno de sus artículos se puso en marcha el Patrimonio Oral e Inmaterial de la Unesco, cuyo jurado presidió durante años, lo que le supuso un conocimiento mundial que dio como resultado, entre otros trabajos, sus Relatos de Arena. Como él recordaba en la entrevista: 50.000 años de oralidad no pueden desaparecer ante los 6.000 de escritura, ésta acaba incorporando además lo que llamaba con acierto: oralidad secundaria.

Aquella entrevista se hacía por teléfono, Goytisolo estaba en Marrakech, donde vive habitualmente, así que quizá la única pregunta comprometida que le hicimos fue sobre su NO apoyo, públicamente reconocido, al pueblo Saharawi (minuto 28) Para terminar le preguntamos si era algo buscado la falta de Premios a sus obras: “no he concebido nunca la escritura como una carrera”. Y leímos -hace casi siete años- un pequeño texto de “Elogio del saber no rentable” (pág. 291): “La transición política que cambió el rumbo de nuestra sociedad no ha sido acompañada, sino en sus aspectos más superficiales y mediáticos, de una transición cultural, y me pregunto si ésta se producirá algún día, cuando ya no esté aquí para celebrarlo

La chica de Tsukiji – Bosco Esteruelas

octubre 31, 2014 by

La chica de Tsukiji

Hace unas semanas asistí a una velada literaria en la librería Tipos Infames, en la que se presentaba un libro de relatos del escritor Bosco Esteruelas, La chica de Tsukiji y un vino, denominado Haiku –en homenaje a las estrofas poéticas niponas. La sinergia entre el libro y el vino se hacía ver con facilidad, la sencillez del haiku con la ligereza de la lectura de las historias breves que nos cuentan los relatos.

Bosco Esteruelas, es escritor y periodista. Ha publicado dos novelas, El reencuentro (2011),  Todo empezó con Obdulio (2012) y recientemente un libro de relatos, La chica de Tsukiji (2014). Ha ejercido el cargo de responsable de comunicación en la Secretaría de Estado de Cooperación Internacional. Ha sido editorialista del diario El PAÍS, trabajó en la Agencia EFE y más tarde ingresó en EL PAÍS, como corresponsal en Asia, con base en Tokio y posteriormente en Bruselas. También fue portavoz de la FAO y portavoz del vicepresidente y comisario europeo Manuel Marín.

Un título, La chica de Tsukiji, en alusión a la gigantesca lonja de pescado tokiota en peligro de desaparición. Cuando Bosco fue corresponsal en Asia, solía visitar de madrugada Tsukiji, allí le fascinó una misteriosa joven, de cabello oscuro y lacio, atractiva, silenciosa y de elegantes maneras, con la que logró comunicarse, tras varias sesiones de intento. Años más tarde, decidió transmitir la experiencia en un cuento tras ver Mapa de los sonidos deTokio, la película que Isabel Coixet ambientó en Tsukiji.

Un género, el relato corto, el resultado de una inspiración inmediata, momentos aislados que adquieren una gran intensidad al verse desconectados de un contexto explicado en detalle. Exige un gran esfuerzo de síntesis y capacidad del autor para hacer que lo que escribe, tan brevemente, sea atractivo y ameno. De ellos esperamos un flechazo, un coup de foudre.

Estos diez relatos de Bosco Esteruelas, nos hablan de la incomunicación y la incomprensión que padecemos los humanos. Personajes complejos, momentos en blanco, y a partir de un rumbo perdido las historias se hacen atractivas, poderosas como marginales, tan violentas como humanas.

Los relatos fueron escritos en una etapa difícil para su autor y quizá por eso, nos dice, daban fuerza a la imaginación aunque sin alejarse de la realidad. Están basados en experiencias personales y profesionales o en las de otros que le fueron contadas y que él distorsionó. Son cuentos voluntariamente inacabados, radiografías de pasiones humanas con el denominador común de la incomunicación y la incomprensión que padecemos los humanos. Describen el enigma que hay detrás de un rostro, el miedo al fracaso, la voracidad irresponsable por el triunfo, el malentendido, la inadaptación y el rechazo social., los amores difíciles, la locura y el absurdo de los nacionalismos violentos, pero también la bondad y la generosidad del individuo.

Bosco nos cuenta, que no se trata de narraciones tristes ni alegres, sino la simple y breve plasmación de lo que somos o somos capaces de llegar a ser. Son haikus que fotografían los sentimientos humanos y te revuelen las emociones.

Estas diez historias, me han acompañado estos días en un Madrid caluroso, y cada historia me ha hecho mirar por el balcón de mi casa y encontrar miradas parecidas a los rostros que he imaginado dentro de cada relato y quizás en portadores de las mismas historias desvanecidas.

Me he fijado en mi rostro cansado al despertar, en el de aquellos que nunca se detienen al caminar deprisa por la ciudad. Me he parado a escuchar a los que hablan en una lengua distinta y he notado el vacío de la incomprensión. Me he dado cuenta de lo rápido que nos movemos sin apenas escuchar nuestros propios pasos y de lo triste que puede ser un anochecer sin rumbo. He querido ser como ellos y es tan fácil como escuchar las pasiones de tu corazón, que en ocasiones te llevan a la tristeza infinita o a sentir el golpe caluroso de la vida llena.

Elena Montoro García

Películas y viñetas, en busca del tiempo perdido

octubre 27, 2014 by

Cubiertas DEF.inddSiempre tengo en mente una posible sección para El Planeta de los Libros: Cine y Literatura. Cómo se entrelazan desde hace décadas, se quieren y se odian. No hay nada peor para los amantes de la segunda que encontrarse un seudo-guión cinematográfico, de esos imposible de creer, que hace aguas por todas partes, o tiene fallos a veces excesivamente pueriles. Pero de esos no vamos a hablar ahora. Las dos películas que les traigo ya están teniendo buenas críticas cinematográficas antes de su estreno y, por supuesto, tienen mucho de literatura.

La primera, “Filth“, traducida al cine igual que a la literatura como Escoria“, parte de la novela de Irvine Welsh (Anagrama) para desplegar todo un ejercicio de imágenes y músicas muy adecuadas en su conjunto.  Como decía su distribuidor, Alejandro Muñoz, esta película se puede ver muchas veces; él hablaba de la bajada a los infiernos a la que nos invita y yo añadiría la catarsis final y necesaria que nos alivia el recorrido. Por no hablar de los momentos de humor y hasta de esplendor en un descenso vital a lo grande (o eso les parecerá a algunos), entre sexo y drogas de alto nivel.

De forma diferente que en el libro, la película es capaz de captar el desasosiego laboral y existencial de nuestros días. Pero -si me dan a elegir- como casi siempre disfruto más del libro. Ahí va el inicio: “Me he despertado esta mañana. Me he despertado metido en el trabajo. El Trabajo. Te atrapa. Te rodea por todas partes; un gel constante, asfixiante, absorbente (…) A veces, sí, obtienes pequeñas zonas de relativa libertad (…) Y entonces se acaba. De pronto ves que esas zonas ya no están ahí“. El autor de Trainspotting, veinte años después, sigue preguntándose por las elecciones vitales.

La otra película, no basada en un libro pero que sí tiene mucho de libros, es el documental La sal de la  tierra“, desbordante de buenas imágenes, como se espera tratándose de la vida y obra de Sebastião Salgado: “un fotógrafo es literalmente alguien que dibuja con la luz, alguien que escribe y reescribe el mundo con luces y sombras”. Y ahí está el mundo: en la película y en sus libros de fotografía. O mejor dicho, parte de los habitantes de este mundo, la humanidad que llama la sal de la tierra, aunque como la misma sal resulte a veces tan dañina que el escritor o fotógrafo tenga que alejarse de la tierra o necesite cambiarla, como propone en sus últimos trabajos a favor de la recuperación ambiental, ya reunidos por Taschen en el libro GÉNESIS.

Por fin llegamos a las viñetas, pertenecientes a un libro publicado por una pequeña pero gran editorial atendiendo a la cuidada edición: “Historia en viñetas de la gran guerra”, basado en una compilación de las ilustraciones del holandés Louis Raemaekers allá por 1919. Casi cien años después, es la publicación que más nos ha impresionado sobre la 1ª Guerra Mundial. Ahora, que todo se edulcora y se convierte en políticamente correcto, estas imágenes y los textos asociados son como un puñetazo a la conciencia de  nosotros como enemigos propios, ¿qué es la paz sino recordar los horrores ejecutados para no volver a cometerlos? Se publican y nos llegan muchos textos sobre contiendas de todo tipo, algunas hay incluso como recopilación de anécdotas, o donde la ciencia ficción de los super-héroes se funde con guerras fratricidas todavía demasiado cercanas (lo cual, si llega a oídos de sus autores, lamento decir que no convence, o que le tienen que dar otra vuelta), pero siempre hay que recordar y revitalizar el valor de los clásicos, los libros difícilmente superables. Por eso Ginger Ape (la espirituosa casa editorial del simio pelirrojo, si ellos permiten la traducción) será nuestro próximo invitado.

Con la claridad aumenta el frío

octubre 12, 2014 by

mispremiosEl título hace referencia a la obra de teatro que hasta el 19 pueden ver en el Teatro Abadía; basada en el libro “Mis premios” de Thomas Bernhard. Queríamos hacer un programa a partir de esta obra pero, tener que empezar la temporada dos semanas después de lo previsto lo ha hecho imposible. Sí quiero aprovechar para recomendarles que vayan a ver la obra, o lean el libro, o las dos cosas. La versión de Pep Tosar es para mi gusto excesivamente cómica -en general- considerando la dura denuncia social y humana de toda la obra del austriaco y especialmente después de releer Mis Premios. También es verdad que Bernhard tiene un humor encantador y elevarlo hacia el histrionismo permite un final más apoteósico a la obra de teatro, con una fantástica y dramática actuación del propio Tosar en su interpretación del discurso pronunciado por el escritor al recibir el premio Bremen: ahí demuestra que el teatro puede y debe llegar a lo que parece imposible: mejorar un texto ya de por si grande.

De todos los discursos y memorias que del propio Bernhard se reúnen en ese libro póstumo, el de Bremen es sin duda uno de los más duros. A partir de la frase Con la claridad aumenta el frío, el escritor se refiere a cómo el progreso de la ciencia consigue una claridad cada día mayor e, inevitablemente, un frío también cada día mayor. Esta idea será difícil de entender para todos los que ponen las ciencias por delante de las humanidades, para todos los que consideran que una sociedad debe ante todo perseguir el pragmatismo, los números y los logros (cuanto más espectaculares mejor). Sin embargo un triste acontecimiento en nuestro país puede ser un buen ejemplo del error que supone la frialdad de un progreso de la ciencia, todavía más si se menosprecian las necesidades del conjunto de la humanidad.

Me refiero por supuesto al primer caso de contagio de Ébola en Europa, en España, en Madrid. Un lamentable suceso que se quiere llevar sólo a cuestiones prácticas de la sanidad: fallos en el diagnóstico, o fallos en los protocolos de retirada de los trajes protectores, por poner sólo dos ejemplos, cuando no errores políticos. Sin embargo poco se hablaba – sobre todo al principio o antes de la crisis sanitaria española- de la necesidad de ayudar a África, a toda la humanidad, menos aún hemos visto que España haya corrido en su auxilio. Y no es un problema sólo de nuestro país. Francia, que tanta presencia tuvo y tiene en la zona más afectada por el Ébola, ha enviado una ayuda ridícula, hasta la fecha.

No me quiero extender más sobre las miserias de esa gran claridad, que el propio Bernhard relaciona con un cuento de hadas, en el que ya es imposible vivir: “Europa, el más bonito, ha muerto”; podemos seguir debatiendo en los comentarios. Lo que quiero destacar para terminar es que iniciamos la temporada con un programa doble dedicado a la literatura en Cuba y, como podrán escuchar este jueves 16, y la segunda pregunta que le hago a nuestro primer invitado, el Embajador de Cuba en España, Eugenio Martínez, es precisamente sobre el Ébola.  Por una parte, el día de la grabación Teresa Romero estaba ya en aislamiento, por otra parte ya conocíamos que Cuba – con una población aproximada de 11 millones de personas- estaba enviando más de 400 médicos a luchar contra el virus en África. Justo antes de la pregunta, el Embajador había hablado del histórico debate en su país entre pragmatismo y dignidad. A partir de ahí me era fácil preguntar por uno de los muchos casos en los que Cuba exporta dignidad.

No les adelanto más sobre los dos programas ya grabados, salvo que contaremos también con Natasha Díaz, flamante Consejera de Cultura de la misma Embajada y que, desde La Habana, contamos en el primer programa con la Presidenta del Instituto Cubano del Libro, Zuleica Romay. Esperamos que todos ellos vuelvan a visitarnos. Un último apunte sobre Thomas Bernhard, Alianza Editorial  acaba de publicar “En busca de la verdad”: discursos, cartas de lector, entrevistas y artículos de un intelectual que no renunció a la dignidad ni a los riesgos de la denuncia, que no cayó en el cinismo, o en el más frío pragmatismo.

 

Leed, leed malditos pero no cualquier libro

septiembre 24, 2014 by

Me encantan el chocolate y los libros. Y aunque parezca extraño, pensar en chocolate, a veces, me lleva a pensar en libros. Leo comiendo chocolate y como chocolate pensando cuál será mi próxima lectura.

Mientras escribo este artículo estoy comiendo una porción, jugosa y tierna. Me he vestido adrede, he camin2825541490_b8dd9ef8c8_mado, entre aceras y calles levantadas por obras, hasta la pastelería del barrio y he comprado una (tamaño pequeño). Y ahora, mientras intento que migas de bizcocho no caigan encima del teclado del ordenador, pienso (aparte de lo rica que sabe) que una tarta de chocolate de gran tirada, esas de supermercado, no puede competir con una tarta de chocolate casera o con una comprada en una pastelería artesanal. La tarta industrial se ha fabricado en cadena (ni siquiera con la gracia y el colorido de Charlie y la fábrica de chocolate), es fácilmente accesible, sin mayor interés que el dinero rápido y fácil. En la tarta casera o artesana se seleccionan los ingredientes con cuidado, hay esmero en la preparación, mimos en la elaboración y un sabor tan exquisito que seguro que en más de una ocasión has tomado trozos más pequeños para que el placer se alargue como yo en este instante. La misma pena que cuando terminas un buen libro.

Y de este modo, me veo hablando de tartas de chocolate en un blog de literatura y cultura, asociando mis tartas a las ideas que tenían algunos editores, como Jaume Vallcorba, sobre la literatura (y me pongo seria). Vallcorba distinguía entre la literatura de calidad y la litimageseratura de consumo. La literatura de calidad contiene complejidad de tipo estilístico y retórico y psicológico, variedad de recursos técnicos, profundidad, algo que conmueve, frente a la literatura de consumo que remite a meros tics, lugares comunes o clichés toscos, esquemas que pretenden ser literarios sin serlos, una receta simple para una tarta prefabricada.

Sin embargo, muchas veces, esta última es la literatura que se escoge leer. Y cuestiono lo de escoger porque es posible que hayamos permitido que otros elijan por nosotros. El supermercado está lleno de tartas de chocolate. Y nos las ponen a la vista. Tienen que estar ricas, para qué buscar más. Ya tengo mi sabrosa tarta. Y así, obnubilados por los cantos de sirena, también nos decantamos por uno (o varios, mayor empacho aún) de los 10 libros más vendidos de cualquier estantería del Top ventas de una gran librería, ¿pero son los 10 mejores? ¿Has decidido tú que se lo merecen o simplemente otras personas lo han colocado por arte de magia? No te han preguntado aunque pienses que sí.

Generalmente, detrás de este tipo de literatura existe un marketing agresivo donde prevalecen los intereses económicos de grandes editoriales o grupos de comunicación por encima de la calidad literaria. La intención es vendernos un mero producto y hacernos creer, como comentó hace poco Nieves Martín de El Planeta de los libros que nos llevamos grandes libros; sí, quizás es así, nos venden libros de gran tamaño. Nada más.

El marketing en sí no es malo. Es una herramienta, que bien empleada, sirve para hacer más atractivo, en este caso, un libro, y darle una mayor difusión. Pero sí es poco ético hacer de él un instrumento de engaño y abuso.

Dubravka Ugresic, escritora y ensayista croata, escribió un breve artículo titulado Los Torcedores que aparece junto a otros en Gracias por no leer en el que comenta: […] «lo trivial ha anegado la vida literaria contemporánea hasta cobrar, a lo que parece, más importancia que los libros. La propaganda de un libro es más importante que el libro en sí; tal como la foto del autor de la solapa es más importante que el contenido y la apariencia del autor en los diarios de gran tirada y en la televisión es más importante que lo que el autor haya escritor realmente.» […] «las librerías parecen cada vez más flamantes supermercados

¿Qué os parece? A mí, turbador y terrorífico. Y como lectoras no podemos recurrir a ese argumento trillado y carente de fundamento que, a menudo, lanzamos sin pensar: lo importante son las emociones, lo que el libro me transmite.

Sí, las emociones importan pero no deben convertirse en el único elemento de análisis y juicio de la calidad de un libro. Me puede gustar el sabor de una tarta de chocolate de supermercado, pero, sin lugar a dudas, me enloquecerá el de una tarta casera o artesanal. ¿Y de qué manera llego a esa conclusión? Porque poseo criterios objetivos para valorarlo… y porque las he probado. Y me refiero tanta a las tartas como a los libros.

Hay buena literatura escondida más allá de los superventas, de las grandes librerías, de las grandes editoriales, de los cuatro grandes escritores de siempre. ¿Por qué no catar esos otros libros también?

8601668462_4fcf2fb3eb_mResulta útil, casi indispensable, me atrevería a decir, convertirnos en lectoras y lectores serios, críticos, reflexivos con lo que leemos y con nosotras mismas. Es nuestra pequeña pero no irrelevante contribución a llenar las librerías, las bibliotecas y nuestras casas de literatura de calidad. Podemos evitar caer en la simplicidad y la monotonía. Ser críticas no significa ser fan de literatura aburrida y pedante. Significa abrir nuestra mente.

Por otro lado, es importante ser conscientes de que la edición y venta de libros no siempre implica una carga cultural grande. En este sentido, el escritor italiano Elio Vittorini diferenciaba entre literatura de consolación versus literatura de provocación. La primera se asemeja a la literatura de consumo, vaga y sin mucho contenido. La segunda, a la literatura de calidad: nos sorprende, nos hace pensar, imaginar o soñar.

pensandoLa literatura juega una función cultural, educativa y social básica y si queremos que continúe su labor debemos abogar por la literatura de provocación, que una vez descubierta, no querremos abandonar (me apuesto una tarta). Está en nuestras manos elegir libros que muestren sociedades justas, que representen mujeres y hombres en condiciones de igualdad, sin estereotipos que perpetúan una sociedad y unas relaciones perjudiciales y nocivas. Vayamos en busca de historias variadas, originales, divertidas, atrayentes, asombrosas. Olvidemos el mismo molde de siempre decorado con virutas de chocolate y lancémonos a por algo diferente. Al menos, probemos.

Como explica Nuccio Ordine en La utilidad de lo inútil, la literatura y los saberes humanísticos, la cultura y la enseñanza constituyen el líquido amniótico ideal en el que las ideas de democracia, libertad, justicia, laicidad, derecho a la crítica, tolerancia, solidaridad, bien común, pueden experimentar un vigoroso desarrollo. ¿Vamos a dejar que nos lo quiten?

Seamos lectoras y lectores críticos para vivir con libertad, independencia, poder de decisión y capacidad para producir un cambio a nivel cultural, político y social. En definitiva, para ser felices. Recuerda: la literatura de buena calidad es comer chocolate del bueno.

Rumbo a una vida mejor, palabras que inspiran – Jorge Bucay

septiembre 19, 2014 by

9788490562611[1]

Una mañana en el Hotel de las Letras de la ruidosa Gran Vía de Madrid. El espacio del hall vestido de blanco y el atuendo de Jorge Bucay entero de negro, parecía que se deslizara como una sombra entre tanta luz. Sentados los dos en un cómodo sofá, frente a una pared de cristal que deja pasar toda la vida de la ciudad, comenzamos a charlar sobre su carrera profesional y sobre su actualidad, su último libro, Rumbo a una vida mejor.

Jorge Bucay, se autodefine como “ayudador profesional” y a través de sus libros nos ofrece herramientas terapéuticas para ser capaces de sanarnos a nosotros mismos. Pero a su vez, nos recuerda la irremplazable mirada de un profesional para algunos momentos de la vida y para algunos problemas que requieren de alguien más a nuestro lado. La ayuda que uno tiene, puede venir de un amigo, de la pareja, etc pero otras veces es necesaria la cercanía de un psicoterapeuta para poder ayudarnos.

Así a nuestra pregunta de cómo cree que ha podido ayudar más, como terapeuta o a través sus libros, nos responde que sin lugar a duda como terapeuta, ejerciendo una de las tareas más nobles dentro de la medicina relacionada con la salud mental, al asistir a un paciente en persona. Nos dice, que tal vez ha sido lo mejor que ha hecho en su vida pero cierto es que con sus publicaciones, ha llegado a mayor número de personas que a través de la consulta personal.

A sus 19 años, nos cuenta que su pasión era el teatro y a raíz de ahí, vino todo lo demás. De todo aquello queda para él su inclinación por el arte, como un vehículo que conduce a mejores cosas. Platón decía que ética y estética son la misma cosa, entonces uno no se puede olvidar que la belleza es lo bueno y lo bueno es la belleza. La belleza se vincula con el arte y con lo artístico y a partir de ahí la creatividad y el crecimiento. Pero para Jorge la educación que tenemos no está centrada en la creación artística ni en la creación en sí, está centrada en lo práctico y en lo concreto. La última ola de reformas educativas se ha llevado a cabo a través del aumento del número de centros docentes y de equiparlos con mayor tecnología pero es importante privilegiar las materias que hoy necesitamos que nuestros niños aprendan, que nuestros jóvenes desarrollen y que nuestros adultos finalmente practiquen. Es necesario, una educación más centrada en enseñar a los jóvenes a pensar, a buscar y reconocer lo que uno está buscando. Las ciencias humanísticas deberían de tener cierta prevalencia sobre las ciencias exactas.

Nuestro autor, comenzó su andadura como docente terapéutico, hace ya cuarenta años, estudiando psicología en Argentina a través del psicoanálisis ortodoxo. Luego tuvo la inquietud de buscar otras cosas, le parecía que no servía para el psicoanálisis y encontró el modelo Gestalt, cuyo trabajo es mucho más personalizado y más comprometido, ya que crea un vínculo más afectivo y presente con el paciente. A partir de ahí, comenzó a sentir que el terapeuta se parecía más a un docente y trabajaba no como un médico, sino como un maestro.

En sus libros, la gran protagonista es la felicidad anhelada y el camino para encontrarla. Él nos dice que la felicidad es puramente la serenidad que se siente cuando uno sabe que está en el camino correcto. La felicidad tiene que ver con esta paz de espíritu, con la sensación de que no estás perdido y no tiene tanto que ver con la alegría.

Dueños del timón de nuestro barco y conscientes de nuestras posibilidades, le gusta pensar que lo que a cada uno le pase, depende mucho de lo que uno haga aunque siempre hay una parte que depende de ti y otro del exterior.

Con cierta relación a su forma de entender la vida, Jorge nos habla sobre la fe y la actitud de los creyentes. El creyente verdadero tiene una fuente de inspiración suprema en la idea que tiene de Dios. Si se considera a Dios como un maestro, tener una imagen así a la cual referirse es de gran ayuda. Los creyentes tienen una actitud hacía la vida que favorece al crecimiento personal porque poseen un aspecto espiritual que cultivan. Aunque no hace falta ser creyente para tener este lado espiritual pero sí es necesario cuidarlo para poder crecer.

Rumbo a una vida mejor, su último libro, donde reflexiona sobre la felicidad, no como una meta sino como el camino que elegimos para nuestra propia evolución y la pauta que nos marca es hacernos la contundente pregunta, para qué vivo yo, qué diferencia existe en este mundo porque tu existas o no. Y una vez que uno lo sepa, alinearte en este camino. El sentido de la vida, siempre hay que buscarlo.

Abraza a todos sus libros aunque como todo escritor puntúa que el libro que más te necesita suele ser el último. Rumbo a una vida mejor, es para él un regalo donde selecciona una serie de ideas en las que él cree y las comparte en una mesa de café con un buen amigo. No está planteado como los otros, que exponen un tema que se desarrolla de principio a fin, éste está pensado con el objetivo, de que los que leen la revista Mente Sana y sus reseñas, puedan encontrar aquí una serie de ideas expandidas un poco más, para compartir y regalar, ya que éste es un libro para leerlo y después regalarlo.

Jorge no se considera un escritor, sino más bien un docente que escribe sobre lo que mejor sabe. Hay mucho de él en sus cuentos, él es el protagonista de cada uno de ellos, el que se siente perdido o el que finalmente encuentra a su maestro. Y escribe para cualquiera que le interese conocerse un poco más.

En su mesita de noche, te puedes encontrar autores de novela negra y policiaca. Leer a Freud para él es un paseo y de Paulo Coelho resalta La quinta montaña.

Se aprende leyendo, nos dice, porque leer es como vivir, vivir vidas ajenas sin pagar las consecuencias.


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 500 seguidores