Moon Chung-hee, Gong Ji-young.

mayo 4, 2015 by

MoonGong

El título y las fotos yuxtapuestas quieren reivindicar la diferencia, a la par que la buena relación artística y humana, entre ambas autoras. “Grandes escritoras” las llamaba yo a su paso por Madrid, y hay quien me decía que esto era una simpleza. En el mundo, o la zona de Occidente y sus adláteres, nos hemos saciado de esta expresión, como si ya no significara nada, a punto de ser engullidos por los que gustan de enrocarse en adjetivos rebuscados, inoperantes y obsoletos, que sólo persiguen su propia grandeza.

Así de simple comienza este artículo. Las grandes no necesitan abalorios, coronas, o púlpitos, se reconocen por su humildad; y personalmente es el trato que quiero dispensarles. La poeta Moon y la novelista Gong han desarrollado una humanidad y una sensibilidad básicas, universales. Su aprendizaje y la obra consecuente no pueden ser vacíos o superficiales, como el que se pone un disfraz, literario o académico, y espera que nadie observe sus modales; hay demasiadas personas así ya en la literatura y el arte.

Lo más interesante de nuestro encuentro fue constatar que su naturaleza es real, que conversan de forma auténtica tal y como reivindican. Y que han conseguido por sí solas la fuerza imparable de lo verdadero, en unas circunstancias nada fáciles y quizá precisamente por ello. Una fuerza tal que, aún siendo humildes, les ha llevado a denunciar grandes malestares; tormentos sociales tan altos y arraigados como los grandes rascacielos. Lo hacen con total delicadeza, como semillas que lentamente van germinando, o plantas pequeñas que se convierten en árboles. Permítanme estas referencias a la naturaleza porque ésta es un elemento importante en las obras de las autoras, junto al lema de los ensayos que escribieron para la ocasión: “Mujer, vida y amor”

La noche de la Literatura Coreana

Hace algo más de dos meses, el Centro Cultural Coreano en España me propuso presentar ambas autoras en La Noche de la Literatura Coreana 2015, sería el 22 de abril. En Febrero ya las estaba leyendo y valorando. No obstante, la tarde previa a la presentación, andaba pensando cómo sería el encuentro, cómo serían las autoras. No era la primera vez que entrevistaba sin apenas hablar previamente, así ocurre normalmente. A veces las conversaciones fluyen a la par que la obra, otras producen desencuentros; no todo lo que se escribe es auténtico y los propios escritores se delatan al hablar.

Además de los libros, el cine, la cultura en general; me encantan los retos. Y, si no me falla la memoria, sólo entrevisté antes a un escritor de Asia, el Nobel de Literatura Mo Yan. Entrevista previa al galardón, luego suelen ser imposibles y la mayoría cae en discursos repetitivos, aunque en su caso podría ser lo contrario y todavía recuerdo su promesa de volver a Madrid si se lo daban, tal como recogió el Diario Milenio. El caso es que ahora tenía la oportunidad de entrevistar a dos grandes escritoras de Corea: dos retos, dos placeres y un honor que me hacían.

Para mí, la cultura si no es global no alcanza toda su posible plenitud. Y la Cultura Global existe, es real. Sus actores -escritores por ejemplo- se identifican rápidamente, se reconocen entre ellos, rompen estereotipos, derriban fronteras. Así lo decía Moon, con mucho más énfasis si cabe; mientras Gong apuntaba lo enriquecedor que sería que viviéramos nuestra cultura conjuntamente a la de otros, como “un matrimonio”. Esto y mucho más está en el programa de radio “La Noche de la Literatura Coreana” que emitimos la semana pasada y volvemos a emitir este jueves 7 de mayo.

Por supuesto, se habló de feminismo. Moon nació en 1947 y en esa época fue una de las pocas mujeres en acceder a la Universidad: 3% frente al 80% actual, aproximado. En medio siglo, además de todos los avances sociales y económicos -algunos demasiado rápidos e interesados como para desarrollarse de forma equitativa- la posición de la mujer está cambiando sustancialmente y hasta de forma necesaria, esperemos que para mayor equilibrio del planeta. Queda mucho por hacer, apuntaban ambas escritoras. Lo decían públicamente, con un empoderamiento que no admitía réplica: queda mucho por hacer. El propio tono también llamaba la atención. En España y en Occidente en general las escritoras suelen ser más calladas en estos asuntos, asumiendo la corrección política que cubre la literatura, la cultura en general, todavía dominada por los hombres.

En un aparte les comenté a Moon y Gong cómo disfrutaba con sus mensajes tan directos; aquí sufríamos de la “corrección”. Se sonrieron con gestos de complicidad: en Corea la mayoría de los escritores sufren la misma enfermedad, me dijeron. Será que sólo las grandes -sean de donde sean- se atreven a decir lo que piensan de tal forma que consiguen acabar con la corrección censora. Se liberan del yugo de los poderes establecidos, vuelan por encima de ellos y buscan formas más perfectas, más humanas.

Seguiría horas y horas escribiendo, o hablando de sus obras, creo que es mejor que las lean. Por cierto sólo hay dos libros publicados en España de estas autoras: Yo soy Moon y Nuestros Tiempos Felices. Si las han leído, o leen, me gustaría saber su opinión. Termino dejándoles un vídeo que ha realizado el Centro Cultural Coreano en España: un bello recuerdo de La Noche de la Literatura Coreana 2015.

El pequeño libro rojo del activista en la red

mayo 3, 2015 by

Peirano, Marta. El pequeño libro rojo del activista en la red. Barcelona: Roca Editoria, 2015. 136 páginas.

En la película Mad Max, la escasez de combustible y el desorden social provocan que unos motociclistas se apoderen de las carreteras de Australia. Y entonces aparece Mel Gibson para poner orden. En España, ocurre algo parecido. Escasea la libertad de expresión, de la que se están apropiando una especie de pandilleros entre los que es fácil encontrar casos de abusos de poder y corrupción. Si se tratara de una película, no sabría cómo titularla. Quizás no haga falta, porque la pena es que bien sabemos que ni es película ni es ciencia ficción.

ScreenShot001Primero, fue la aprobación de la Ley Mordaza, oficialmente llamada Ley de Seguridad Ciudadana, de lo que contiene poco. Ahora, le toca al Ministro de Justicia, Rafael Catalá, que ha declarado su intención de multar las filtraciones periodísticas que se realicen. ¿Qué clase de democracia tenemos donde no podemos expresarnos, manifestarnos, decir lo que sentimos ni denunciar las injusticias ni los casos de corrupción?

La Ley Mordaza, sólo pretende acallar nuestras voces, prohibir que salgamos a las calles, que no utilicemos las redes sociales para movilizar a la gente al mismo tiempo que vulnera nuestra privacidad. Pero la seguridad no puede producirse coartando nuestros derechos fundamentales, ni a costa de inmovilizarnos con el miedo y las amenazas.

En cuanto al asunto de las filtraciones, el periodismo tendría que entenderse como una de las herramientas que vigile la democracia, que investigue y busque la verdad sin estar al servicio de aquellos que tienen el poder, de forma objetiva e independiente. Debe ser uno de los Mel Gibson que ponga orden. Pero, muchas veces, publicar la verdad supone que el periodista se juegue la vida o arriesgar la de quien filtra la información. Para evitarlo, necesitamos saber cómo funciona el mundo digital en el que nos comunicamos.

Marta Peirano lo explica en El pequeño libro rojo del activista en la red, publicado recientemente por la editorial Roca. Actualmente, es directora de la sección de cultura de eldiario.es. Escribe sobre cultura, tecnología, arte digital y software libre para diferentes revistas y diarios, ha publicado libros sobre tecnología y protección de las comunicaciones y tiene dos blogs.

libro rojoEste breve manual puede ser considerado una guía esencial para aprender a comunicarse y transferir información de forma segura en Internet. Aunque está dirigido principalmente al periodista de investigación, puede resultar útil para cualquier persona que esté interesada en conocer cómo funciona Internet y establecer medidas de seguridad para garantizar su privacidad.

El pequeño libro rojo del activista en la red nos ayuda a proteger nuestra identidad y con él podemos aprender desde cómo instalar un navegador seguro como Tor, un sistema operativo Linux, crear discos duros virtuales o utilizar herramientas para limpiar espacio en nuestro ordenador hasta como encriptar chats y correos electrónicos.

A raíz de la lectura del libro, y comprobando que la privacidad y la seguridad nos afecta a todos, he descargado la información que Facebook y Google guardan de mí. Aunque ya había leído artículos sobre la gran cantidad de metadatos que guardan las redes sociales de nosotras y las polémicas suscitadas, hasta que no lo vemos in situ, parece que no somos conscientes ello. ¡Me quedé impresionada! Es posible que sepan más de mí que mis amigos, mi familia, o quién sabe, hasta que yo misma. Nuestro menor problema es que una compañera de trabajo sepa de nosotras a través del perfil de Facebook, por ejemplo. El gran problema es que esa información puede caer en manos del gobierno, de empresas o bancos sin nuestro permiso y sin saber muy bien para qué (o sí). No sólo se generan unos big data en nuestros procesos de comunicación; detrás, hay unos big eyes que los analizan y nos vigilan.

happiness-450369_640Como dice Marta Peirano, vendemos nuestra intimidad por la supuesta felicidad que unas máquinas nos ofrecen mostrándonos de manera personalizada compras de viajes, de libros o sugerirnos gente que podríamos conocer en nuestras redes. ¡Ingenuidad la nuestra! Ni privacidad, ni felicidad.

Irónicamente, para lo serio del asunto y el cariz tecnológico que tiene, se trata de un libro ameno y divertido (acertada elección) del que incluso los más profanos en la materia pueden sacar provecho. En poco espacio y de forma clara y didáctica ha condensado todos los puntos que debemos tener en cuenta a la hora de mejorar nuestros hábitos de navegación y comunicación en relación a la seguridad.

Sin embargo, a pesar de lo atrayente que puede resultar un breve prólogo de Edward Snowden, he echado en falta -porque se ha despertado mi curiosidad- un poco más de reflexión y ensayo sobre la libertad expresión y el periodismo (soy consciente de que la idea es ser un manual práctico). Aunque podemos ampliar información viendo el documental Citizenfour de la documentalista Laura Poitras (con quien Snowden contactó) ya que parte del contenido se menciona en el libro, me voy a tomar la libertad de recomendar otro libro, como complemento al de Peirano, que nos permite entender por qué es necesario tomar las medidas que aquella recomienda.

Se trata de El Kit de la lucha en Internet de Margarita Padilla y publicado por Traficantes de Sueños en 2012. En él, la autora analiza el caso Wikileaks y reflexiona, entre otros aspectos, sobre  los medios de comunicación y su papel en la democracia y si ha surgido una nueva forma de hacer periodismo; también habla sobre los medios contra informativos así como de comunidades hackers o del hacktivismo. Me gusta especialmente un slogan ciberpunk que se recoge en el libro y que condensa una idea central sobre la que gira las cuestiones que estamos planteando. Ese slogan afirma que «tras toda arquitectura informacional se esconde una estructura de poder». Es necesario conocer esas estructuras para saber qué se esconde tras de ellas, qué está sucediendo y por qué y si debemos combatirlas o cambiarlas.

La lectura, estas semanas en torno a las mencionadas cuestiones, me ha hecho concluir que estos asuntos no son únicamente imprescindibles para los periodistas sino que las ciudadanas y ciudadanos deberíamos estar informadas en la medida de lo posible. Es una cuestión de cultura general y de compromiso con la democracia.

¡No dejemos que se agote la libertad de expresión!

Edificio España, historia colectiva de un gran rascacielos*

abril 27, 2015 by

Edificio EspañaLa película documental “Edificio España” (94 minutos) del realizador Víctor Moreno es una metáfora del pasado reciente del país hasta la actualidad socio-económica. La cinta cuenta la reciente demolición interna, el vaciado, del que fuera el más alto rascacielos construido en España en 1953: 28 plantas por las que se distribuían cientos de oficinas, viviendas, galerías comerciales, restaurantes y un lujoso hotel de renombre internacional.

En la línea de los grandes edificios-ciudades de mediados del XX, la construcción iniciada en 1947 sirvió a la Dictadura de Franco (1939-1975) para dar una imagen de prosperidad que contrarrestara la pobreza de los años de la posguerra; mostrar al mundo el poderío económico de la nación, con alegorías tan explícitas como la del gran mural del Hall Principal, donde encontramos esculpido al Dios de Dioses, Zeus, y otros símbolos de riqueza y abundancia.

Cuando el Director de “Edificio España” pidió permiso para filmar el inicio de la reforma, la demolición interna, en 2007, poco suponía que éste sería un documental complicado. La realización y la grabación cámara al hombro no supusieron ningún problema y el documental fue dedicado a todos los que colaboraron y aparecieron en él. Después, sin embargo, el Banco Santander, propietario del edificio desde 2005, que había aceptado la grabación, no consideró conveniente su exhibición y distribución.

Al capital español, que en su día también inspiró la creación del edificio, no le gustó un documental que muestra desde una perspectiva humilde, incluso devastadora, una reforma integral en su fase inicial y que, al cabo de los años, no ha concluido sino que mantiene el edificio vacío: puro esqueleto y fachada.

La demolición del interior, salvo algunos elementos protegidos, como el Hall Principal o las suntuosas escaleras, responde a la modernización necesaria de la estructura, e incluía mejora del sistema eléctrico, medidas de seguridad o creación de plazas de aparcamiento.

Tras algunos datos históricos del Edificio, la película muestra unas primeras imágenes en silencio: la gran construcción, vieja y desnuda; los últimos restos abandonados: ropa desechada en viviendas, teclados de ordenador en lavabos de oficinas. Tras el silencio, el ruido de las obras. Picos y palas sobre paredes y suelos, taladradoras o mazos haciendo su trabajo. Los 200 obreros, de diversas nacionalidades, y los últimos empleados que cuidan el edificio son los principales actores de la película.

El edificio pierde sus entrañas y también su pasado. Atrás queda el lujo, las viviendas con vistas espectaculares, o la impresionante azotea con piscina incluida. Sólo se cuentan algunas anécdotas que, de nuevo, huyen de los grandes personajes y se acercan a la vida humilde y cotidiana, el que consiguió pasar allí su noche de bodas, la leyenda del fantasma que toda gran construcción debe tener, o el triste abandono de una vivienda ya iniciadas las obras, cuyo inquilino recuerda a su mujer fallecida pocos años antes del anuncio de la reforma.

Los vestigios todavía suntuosos de algún restaurante, o las magníficas vistas panorámicas, apuntalan más la ruina circundante. Desde los sótanos, donde estuvieran los vestuarios del personal o el taller de reparaciones del gran edificio, subimos de una planta a otra, de lo que fue un grupo de viviendas a otro, nos movemos arriba y abajo hasta perdernos en esta mole, como le ocurre incluso a algún trabajador. Y nos llegamos a marear, como comentan los invitados a ver las obras; posiblemente periodistas que deben difundir la gran mejora.

A pesar del inicio de la crisis, en los trabajos de demolición oímos por la radio los anuncios de crecimiento y empleo del ex Presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero (2004-2011). Los obreros ajenos a la política o la economía, hacen mención a sus amores, comidas, países, culturas o religiones.

Tras la demolición, en 2010 el proyecto inicial de reforma es suspendido. Así se mantiene en 2012 cuando se termina esta película, y cuando la mayoría de los obreros han vuelto a sus países o están en paro.

El grupo inversor chino Delian Wanda, propiedad del hombre más rico de China, Wang Jianlin, compró el año pasado el Edificio, por 265 millones de euros, frente a los 389 que costó en 2005. Recientemente ha anunciado su reforma definitiva, al igual que su participación en la rehabilitación de la emblemática zona en que se encuentra, Plaza España. Mientras llegan las obras, la película documental ya ha empezado a difundirse en festivales, ha sido nominada a los Goya 2015 y, todavía más importante, ha sido capaz de crear una memoria colectiva, más cercana a la Intrahistoria de Miguel de Unamuno que a la Historia oficial.

(*) Publicado previamente en Aljazeera Documentary Film Festival, en Árabe e Inglés.

Lo que encontré en El cuarto de las maravillas

abril 12, 2015 by

Quien no me conoce, dice que apenas como o lo hago de una manera frugal. Quien me conoce, afirma todo lo contrario. Y a mí parecer, creo que me alimento de forma sana y ordenada, sin grandes excesos, ni en comida basura ni en comidas saturadas de grasa. Sólo devoro libros. Pierdo el control. Como si llevara años sin comer. Como si fuera el último día en la tierra. Como si hubiera vivido una hambruna en medio de una guerra. Como si fuera una anoréxica recuperada.

Así comenzó la aventura. Con ansia de libros. Cuando empecé las lecturas que comentaré a continuación, tenía hambre de historias y como quien te recomienda ir a un restaurante, decidí lanzarme y probar la nueva colección que la editorial Turner lanzó a finales de septiembre de 2014: El cuarto de las maravillas. Se estrenaba con un menú atrevido de tres libros muy distintos entre sí: Hacer el bien de Matt Sumell; La Comemadre de Roque Larraquy y Las esposas de los álamos de Tarashea Nesbit.

cuartoSe denomina Cuarto de las maravillas a los antiguos gabinetes de curiosidades, predecesores de los museos actuales. Para mí, un cuarto de las maravillas, sería aquel lugar lleno de libros, gran cantidad para tocar, oler, leer, releer y recomendar con insistencia. Con este poético pensamiento me adentré en las nuevas lecturas, decidida, al igual que cuando salgo un sábado a ese restaurante pequeño y recogido, en una calle céntrica pero desconocida de una gran ciudad, a disfrutar de una buena cena, en este caso, de varias novelas.

He tardado varios meses en leer estos tres libros, (para ser sincera, con otras lecturas de por medio). Quizás me encontraba condicionada por el sugerente título de la colección y mi ilusión inicial fue decayendo porque al avanzar en la lectura, sentía una ligera decepción, un malestar interno; no tanto una sensación de empacho de lecturas pesadas, sino más bien una falta de emoción, pérdida repentina del apetito, dándole vueltas a la comida haciéndome la remolona sin querer probar ni un bocado más… en definitiva, unas ganas persistentes de abandonar el plato a medias.

¿Por qué? Os preguntaréis. En las siguientes líneas, brevemente, os intento responder.

Hacer el bien es la historia de un joven de 30 años que intenta afrontar los distintos devenires de su vida. Aunque la novela contiene un evidente humor negro, el ingrediente principal, resulta complicado sentir empatía por un personaje tan estrafalario. Primero, porque la agilidad en la escritura y la acidez de la historia no son suficientes para digerir una alienación de la vida por parte del protagonista de tales dimensiones. En segundo lugar, éste queda reducido a un mero cliché y no deja de parecer algo tan típico como un plato de macarrones con tomate: hombre violento, agresivo, soez y misógino, hasta el punto que su madre antes de morir le hace prometer que tratará bien a las mujeres a partir de ese momento.

La Comemadre tiene en común con la novela anterior un cierto humor negro, sazonada de una pizca de sarcasmo, al abordar de forma un tanto humorística una cuestión ética como es la experimentación con humanos;  y aquí se hace necesario tener un buen estómago, o haber utilizado un protector para conocer cuál es la última palabra que pronuncia una cabeza decapitada; sí, habéis leído bien. Un dilema similar para muchas personas a ¿me como los caracoles? o ¿me gusta la casquería? El escritor argentino pone muchas ganas intentando contar la relación entre dos historias distantes en el tiempo pero con un nexo de unión entre ambas al que le falta consistencia, y algo de sal, al menos, para la segunda historia.

las esposasLa novela de Nesbit, Las esposas de los álamos es de las tres novelas, sin duda, el postre. La que apetece tomar con más ganas y no produce tanto desazón. Resulta llamativa por la utilización de la primera persona del plural para narrar. Su autora cuenta, de este modo, la parte más desconocida del proyecto Manhattan, la voz invisibilizada y muda de las mujeres. Nesbit, no se centra en la historia de los científicos que trabajaron en la creación de la bomba atómica sino que le da la palabra a las mujeres que reflexionan sobre quiénes son, sus relaciones con otras mujeres, la maternidad, los hijos e hijas, su lugar en la sociedad y su futuro.

Conseguí finalizar las lecturas y, en cierto modo, aunque puede ser cuestión de mala suerte, tengo la sensación de haberme decepcionado con la carta a pesar de lo apetitoso y sugerente de la presentación y de no haber hallado ese cuarto de las maravillas que imaginaba.

El último abrazo *

marzo 27, 2015 by

Cartas encontradasEl importante testimonio de vidas quebradas, no terminadas, tras las guerras.

Nominado a los Premios Goya 2015, el Documental El último abrazo (29 minutos), del español Sergi Pitarch, reconstruye una historia real para crear un bello paradigma de las vidas quebradas, mutiladas, durante las guerras y después de ellas. Esas vidas que pueden finalmente subsistir, con dignidad, para dejarnos un importante legado lleno de esperanza.

Todo comienza en una subasta nocturna: el Director y Guionista del Documental compra fortuitamente un viejo bolso por 1€ y, entre otros documentos, encuentra en él dos cartas que informan de un inminente suicidio.

Ambas cartas están fechadas en la España de 1946 que, tras la Guerra Civil (1936-1939), vive los duros años de la posguerra, la represión y el hambre. En el marco de una Europa todavía convulsa tras la II Guerra Mundial.

Circunstancias históricas que rodean esta película documental con profundas raíces europeas e internacionales, que iremos conociendo por las cartas, firmadas con un solo nombre: Mariano, y una breve despedida “El último abrazo”.

¿Por qué las cartas no se enviaron y aparecen casi 70 años después en un viejo bolso en sus sobres cerrados? ¿Se suicidó Mariano finalmente? Estas preguntas son las bases argumentales del Documental, en el que el propio Director se transforma en épico Investigador para informarnos de sus descubrimientos, primero en España, a través de los destinatarios de las misivas.

Sergi Pitarch procede a una reconstrucción vital técnicamente observacional, que se sirve no sólo de los legados escritos y los testimonios de personas relacionadas con la vida de Mariano, también incorpora imágenes auténticas de la posguerra española, u opiniones de expertos como un perito calígrafo, un historiador, un psicólogo, un librero, o una historiadora del diseño.

Tras numerosas pesquisas, finalmente el autor de la cartas es identificado. Se trata de Mariano Rawicz (1908-1974), uno de los diseñadores gráficos más interesantes del siglo XX, un polaco que, tras formarse en Europa, llega a España con importantes innovaciones, aplicadas con éxito en  revistas, portadas de libros y carteles publicitarios

Durante la Guerra Civil, Rawicz trabaja para el Ministerio de la Propaganda de la República, que le otorgará en reconocimiento la nacionalidad Española. Al perder la guerra este bando en el 39, es detenido, despojado de la nacionalidad y condenado a Cadena Perpetua, lo cual provocará además el suicidio de su mujer.

Y también en prisión pierde prácticamente al resto de su familia, en campos de concentración de la Alemania nazi de la II Guerra Mundial. Él se salva finalmente de la cadena perpetua y es liberado en la primavera de 1946.

Tras siete años de prisión se encuentra una España trágicamente distinta; la vida en colores ha pasado al blanco y negro, o “marrón empastado” como recuerda el Documental. Su situación personal es difícil, social, profesionalmente, y sin familia y apenas amigos. En junio, tan sólo tres meses después de su liberación, escribe las cartas que ya conocemos, sin esperanza, determinado al suicidio:

“… han muerto millones de hombres que valían muchísimo. No se pierde nada cuando muere un hombre tan insignificante como yo“.

El hombre que escribe, y llega a definirse a sí mismo como inútil, no piensa en el legado profesional y humano que ha dejado y dejará en todos aquellos que lo conocieron, legado que llega también a los que visionamos “El último abrazo”. Como tantos otros de indudable valor a los que las guerras y posguerras silenciaron, Mariano podía haber caído en el olvido.

Sin embargo, el hombre sensible que llegó a ver la muerte como única liberación para superar lo vivido, consiguió salvarse. En las cartas, antes de “el último abrazo, pedía un sólo favor: comunicar su suicidio a la joven Lolita, para que lo olvide cuanto antes. Esta  mujer fue la que sospechó y evitó su muerte, sin saber si quiera que estaba ya escrita. Con ella Mariano iniciará una nueva vida en Latinoamérica, como tantos otros exiliados españoles y europeos, lejos de las posguerras y de la vieja Europa.

Comienza su nueva vida en Santiago de Chile, de nuevo el aprecio profesional, amigos y familia. Ésta es sin duda la parte más emotiva y poética de la cinta. Junto a otros testimonios chilenos, su única hija, Virginia, recuerda la figura de un hombre querido, que disfrutó finalmente de una vida tranquila, feliz, lejos del horror. Cuando Virginia recibe conmovida las cartas que anunciaban el suicidio de su padre, sentimos, como dice Sergi Pitarch, que todos nosotros somos también sus destinatarios, casi 70 años después. Sin duda más esperanzados por un final feliz, con el dulce sabor de la canción final: “ese último abrazo que nunca llegaste a dar”.

(*) Publicado previamente en Aljazeera Documentary Film Festival, en Árabe e Inglés.

Literatura Coreana en Madrid

marzo 20, 2015 by

Nuestros tiempos felicesHace años dedicamos un Programa a la Literatura Coreana . Fue el 27 de febrero de 2007 y nuestros invitados: Pío Serrano, fundador de Editorial Verbum, y su traductora, Lee Hye-Kyung. Ocho años después volvemos a reencontrarnos con las letras de Corea y, como nos ocurrió entonces, con la misma o atracción o más.

Acabamos de anticipar en las Redes (Facebook: Página  y  PerfilLinkedin  y Twitter ) que vamos a participar en el Ciclo Literario sobre las escritoras Gong Ji-young y Moon Chung-hee, que organiza el Centro Cultural Coreano  en Madrid los próximos días 8, 15 y 22 de Abril. Los interesados en participar pueden apuntarse hasta este lunes 23 de marzo siguiendo el enlace anterior o llamando, para cualquier consulta, al 91 702 45 50.

En el programa por el Día Mundial de la Poesía, “Se buscan poetas “, que se emitirá el jueves 26 (el 19 era festivo en Madrid y Radio Círculo emitía sólo música), y que ya hemos anticipado en la web y en las redes por hacer honor al 21 de marzo, comentamos lo que hemos disfrutado leyendo a estas autoras.

Moon Chung-hee (Boseong, 1947) es una reconocida poeta con muchos aspectos por descubrir. Lo haremos en el taller y en el encuentro público que tendremos con las dos escritoras coreanas el día 22 de abril. De entrada destacaría especialmente su amor por la literatura, sus valores humanos. De su libro “Yo soy Moon“: unos versos ya compartidos en Facebook y en el programa:

 

“Siempre que digo estoLUNA

lloro un poco.

En tu vida usarás más palabras

que agua o fuego,

o aún más que dinero.  

Así que deberás reunir cuantas palabras puedas,

y darles un buen uso.”

 

Me agradó que José Elgarresta, nuestro principal invitado en “Se Buscan poetas” junto al griego Evángelos Cazzoulas, o Cazzoas, relacionara este poema “Canto de la flecha” con uno propio “La Flecha”. Al principio de la conversación lo dejaba claro: la intensidad es lo que mide un un poeta. Luego hablábamos de Universalidad y Eternidad, de la Grecia Eterna, Más allá de fronteras espacio-temporales; o de “Literaturas exóticas”, como nos dicen cuando hablamos, por ejemplo, de libros que nos llegan de Corea. La falta de cultura también es universal, y aspira a la eternidad si no se corrige la tendencia. Una carencia cuanto mayor más atrevida a la par que atrasada al hablar, dando por conocido lo que no conoce. Dice Cazzoulas en “Un Mensaje para después de mi muerte”

José Elgarresta

Todos somos uno

 

 

Como el sol es uno.

 

La Intensidad literaria también está en otras formas, otros géneros literarios. Elgarresta rechaza precisamente esta división. En su libro “Cazzoas incluye cartas o reflexiones junto a los bellos poemas de su heterónimo griego. Esta misma semana, Caballero Bonald en la Presentación de “Desaprendizajes pedía que no se hablara de este libro como prosa poética: “Es poesía. No importa que no esté dividida en versos”.

Y con esta recomendación termino: “Nuestros Tiempos felices” de Gong Ji-young (Seúl, 1963), que tiene esta habilidad de la que hablaba: novela, diálogo, ensayo, capaz de alcanzar una intensidad poética tan emotiva como para provocar la congoja, y el lloro . No en vano, el libro es Premio de Comunicación de Amnistía Internacional. En tiempos convulsos en los que, no sólo las guerras, sino también las desigualdades sociales y económicas cotidianas ponen en entredicho los Derechos Humanos Fundamentales, Gong consigue confrontar extremos que todos padecemos, de forma universal, y hasta ahora eterna. Los dos extremos de la balanza económica: la riqueza excesiva que produce monstruos egoístas, a veces suicidas, y la pobreza insoportable que incluye -demasiadas veces- violencia extrema. Saber apreciar y mostrar las dos caras de este mundo injusto -enfrentarlas hasta llegar a encontrar un tiempo del feliz y común entre ambas, puede ser un primer paso para el equilibrio social al que todos aspiramos. Personalmente no estoy de acuerdo con la coletilla incluida por su editorial en la portada “La Paulo Coelho de la literatura oriental”, la escritura de Gong deja huella, siembra, como toda buena literatura.GONG

Les espero los días 8, 15 y 22 de abril en el Ciclo de Literatura Coreana, impartido por la profesora Chung Mi-gang. No es indispensable acudir todos los días. Y, si no pueden apuntarse al ciclo, están igualmente invitados al encuentro público con las escritoras el 22 de abril, en el Centro Cultural Coreano.

Las mujeres que hacen política son peligrosas

marzo 18, 2015 by

Reseña: Goldman, Emma. Viviendo mi vida. Madrid: Capitan Swing: Fundación Anselmo Lorenzo, 2014.

Emma Goldman, la roja; Emma Goldman, la arroja-bombas; Emma Goldman, una mujer peligrosa. Cuando existe cierto miedo a perder privilegios, muchas sociedades, gobiernos u hombres rechazan la igualdad y emplean calificativos de este tipo, muy alejados de argumentos sólidos que justifiquen una posición; suelen recurrir a ellos, personas que consideran a las mujeres inteligentes, valientes y adelantadas a su tiempo, una amenaza. Personas que no creen en la justicia social ni en los derechos de las mujeres y, que por ello, las tildan de peligrosas, sin más, porque sencillamente, no me voy a andar con florituras, hay que quitarlas de en medio.

índiceQuizás, Emma Goldman (Kovno 1869- Toronto 1940) es menos conocida que otras mujeres políticas contemporáneas como Rosa Luxemburgo, Alexandra Kollontai o la española Federica Montseny; sin embargo, fue una figura relevante, que, de joven, emigró a los Estados Unidos huyendo de los malos tratos que recibía de su padre. Allí, el hecho de ser mujer o de no conocer a la perfección el idioma no la impidió convertirse en una gran activista del movimiento anarquista y feminista a comienzos del siglo XX y en un referente imprescindible de esa época.

En apenas dos meses, se celebran en España elecciones municipales y autonómicas y aunque las mujeres empiezan a ocupar puestos políticos desde hace algún tiempo, aún sufren discriminación en cuanto al número, la posición que desempeñan y las oportunidades para ascender sin darse de bruces con el techo de cristal. Es bien sabido, que la política, ha sido tradicionalmente (y continuamos con esta tradición tan poco beneficiosa) un espacio público ocupado por los hombres. Como decía, no es extraño encontrar mujeres políticas pero, en general, tampoco es extraño que reciban un trato diferente a los hombres, que no tengan la misma consideración ni que se mida con el mismo rasero su trabajo. Un ejemplo reciente y que trascendió en algunos medios, es el de Tania Sánchez, ex diputada de Izquierda Unida, y fundadora de Convocatoria por Madrid. Los medios de comunicación estuvieron refiriéndose a ella, en gran cantidad de artículos, como la novia de y preguntándola temas relativos a su pareja y su vida familiar y no a su trabajo, algo impensable que se realice de forma sistemática a ningún hombre. Y no se trata de un caso aislado; si prestamos un poco de atención a lo que leemos y lo analizamos, la mayoría de veces, se habla de las mujeres o se las entrevista en relación a su pareja, sus embarazos, su forma de vestir, su familia, etc. más que en relación a las funciones que desempeñan.

oradoraPor este motivo, considero importante destacar la figura de Emma Goldman. Porque reivindicó y luchó por hacerse hueco en un mundo dominado por hombres, que para más inri se definían de izquierdas pero cargaban con el lastre del machismo (como si por el mero hecho de ser de izquierdas se libraran de ello); pero también porque vivió la política de forma coherente, tuvo convicciones muy firmes y se convirtió en una gran oradora, con argumentos muy bien hilados y expuestos, gran capacidad de razonamiento y persuasión. ¡Ya desearían para sí esa habilidad de comunicar muchos de nuestros políticos actuales! Porque nadie va a negar que, en muchas ocasiones, reducen su oratoria a los insultos y a los ataques personales e infantiles como justificaciones válidas de sus ideas o actuaciones. ¿Y eso lo llamamos política?

Además, fue una gran defensora de la libertad de expresión, un derecho que, a día de hoy, en vista de sucesos como el de Charlie Hebdo, parece no estar consolidado. Emma Goldman destacó, en relación a este tema, la siguiente frase pronunciada por su amiga Voltairine de Clayre en una conferencia y que continúa siendo un lema con vigencia: «la libertad de expresión no quiere decir nada si no quiere decir libertad de decir lo que los demás no quieren escuchar».

Por otro lado, no podemos olvidar su gran cultura y su pasión por la literatura y la música. Al contrario, de muchos compañeros de causa, Emma Goldman creía que la belleza, es decir, el arte, la música y la literatura debían formar parte de la vida de cualquier persona. Esta idea le llevó a enfrentarse en un baile a un conocido que la apartó del resto para, precisamente, recriminarle que bailara ya que, según él, se trataba de una actividad poco adecuada para una integrante de la causa anarquista; ella, por supuesto, le plantó cara y se negó a renunciar a algo con lo que disfrutaba. De este incidente, se le atribuye la frase si no puedo bailar, no es mi revolución.

Aparte de temas como el anarquismo, las prisiones, el puritanismo, la sociedad y el individuo o el patriotismo, puso gran entusiasmo en reivindicaciones feministas como el matrimonio y el amor, el tráfico de mujeres, el sufragio femenino, la prostitución o los métodos anticonceptivos. De hecho, fue la precursora del amor libre e incluso, habló antes que la mismísima Virginia Woolf, de una habitación propia: ante la sorpresa de una de sus parejas, reclamó para la convivencia la necesidad de tener una habitación para ella sola.

Otorgó gran relevancia a la educación y fundó junto a su compañero Sasha Berkman la Escuela Moderna Francisco Ferrer, a la que acudió a colaborar otra activista defensora y precursora del control de la natalidad, Margaret Sanger… una mujer rebelde.

emmaTambién se llevó a cabo otro proyecto con la creación de la revista Mother Earth en 1906 donde se publicaban artículos políticos, de agitación laboral y social y de oposición al gobierno de los Estados Unidos.

Para no alargar más la extensión del artículo, os recomiendo leer Viviendo mi vida, la autobiografía de Emma Goldman que ha sido traducida al español por Ana Useros y editada por Capitán Swing y la Fundación Anselmo Lorenzo; este año, está previsto que se publique el segundo volumen. Su lectura nos permite conocer la trayectoria política y personal de una mujer con mucha personalidad, con sus contradicciones interiores pero íntegra y sincera consigo misma, incluso, más que esos hombres que la historia siempre ensalza por encima de cualquier mujer aunque el mérito sea menor.

Emma Goldman, un buen ejemplo de cómo la palabra puede convertirse en una gran arma para la lucha y el cambio social.

 

Recomendaciones:

Goldman, Emma. La palabra como arma. Madrid: Tierra de Fuego: La Malatesta, 2008.

Emma Goldman: una mujer sumamente peligrosa [documental]. Accesible en: https://www.youtube.com/watch?v=pBHSDUMyghc

LA ECUACIÓN PERVERSA DEL MERCADO

marzo 1, 2015 by

libros_4Empecemos con un ejemplo. Cuando la literatura era cosa de unos cuantos autores, hace apenas algo más de un siglo, la orientación comercial de los géneros era clara. Había folletines destinados al gran público, en ediciones baratas o por entregas, y obras de calidad literaria destinadas a una minoría más culta. No existían por entonces estrategias agresivas de marketing ni campañas mediáticas que manipularan los gustos y demandas de los lectores, y lo que se compraba estaba a la vista y era conocido a través de otros lectores. Hoy existen cientos de miles de escritores y resulta imposible elegir a alguno si no lo destacan los medios de publicidad.

En nuestra época, la mercadotecnia invade todos los espacios mediáticos creando tendencias y definiendo lo que hay que comprar. La literatura se inscribe en el mundo de los artículos de ocio y consumo, haciendo que forme parte de todas esas cosas que hay que poseer para estar al día y poder relacionarte con los demás.

Al ser el marketing un instrumento de la empresa, en este caso de la empresa editorial, es claro que está orientado a fomentar el mayor negocio posible de la misma. Este origen corrupto de la publicidad, en todos sus usos, la aleja de las virtudes del consejo o de la evaluación crítica. Una buena campaña publicitaria vende, al margen de la calidad del producto. Es el efecto placebo: si creemos que algo cura, nos hará un poco de bien por contagio sicológico. Si nos insisten desde los medios que un autor o una novela ha ganado no sé cuántos premios, ¿quién se atreve a llevar la contraria a los jurados y críticos expertos? Acabaremos pensando que somos nosotros los que no entendemos de literatura y nos esforzaremos, a fuerza de relecturas, en tratar de extraer algún jugo del bodrio en cuestión.

Igual pasa con las nuevas tecnologías. Las empresas necesitan crear nuevas necesidades en los consumidores para seguir manteniendo un ritmo alto de producción y beneficio. Es preciso renovar los usos de comunicación, añadir nuevas prestaciones a los aparatos, aunque sean innecesarias, potenciar lo lúdico. Y lo malo es que si persistimos en nuestros antiguos aparatos, suficientes para nuestras necesidades, contemplaremos cómo ya no soportan las nuevas aplicaciones ni nadie los repara cuando se estropean. A eso se le llama obsolescencia, algo tan viejo como la industria misma, aunque antiguamente se limitaba a programar una vida útil de los aparatos, como las bombillas, al cabo de la cual se fundían y había que poner otras iguales, aunque podrían haber durado decenas de años más. Ahora la obsolescencia es más sutil y más rápida, ya que es por lanzamiento de nuevos productos y por la presión comercial al consumidor para estar a la última.

Pero lo malo de todas estas técnicas de mercado es que, sin pretenderlo directamente, van condicionando los usos de la gente según una ecuación perversa: lo primario, lo inmediato, lo instintivo, es lo común a la mayor parte de la gente, y hacia ese objetivo irá enfocado el marketing, construyendo un medio cultural y de consumo empobrecido, banal, en el que las posibilidades de crecer personal y culturalmente se van esfumando.

En una época como la actual, donde las ideologías y las creencias han sido substituidas por el entretenimiento, acompañado por la despreocupación frente a lo trascendente, o simplemente lo futuro, todos estos gadgets tecnológicos y géneros literarios de usar y olvidar agarran con fuerza entre la gente y ocupan el espacio de conciencia vacío que nadie va a poder llenar ya de cultura y relaciones humanas enriquecedoras. Pasar el rato, pasar la vida entretenidos, esa es la solución donde nos conduce la ecuación perversa del mercado. Dejar en sus manos las posibilidades de crecimiento personal de la gente es la otra perversión de nuestros días, y esa es una perversión política, neoliberal. Sí, no es sólo la eterna corrupción económica la que debe preocuparnos a pesar de estar extendida por toda la estructura social, porque ésta deriva de la otra, de la perversión moral que supone permitir al insaciable capital condicionar los usos, la cultura y la conciencia de las gentes.

Archipiélago Cultural

febrero 28, 2015 by

Pedro Barbeito_Fundación Barrié_CentroCentro CibelesDesde hace años, décadas, la cultura en España sufre el poder abusivo de los designios políticos y económicos. Todavía hoy parece incapaz de sobreponerse a ellos. Culturalmente sigue habiendo una gran producción creativa; una buena muestra de ello es la coincidencia estos días de Just Madrid, Art Madrid y ARCO. Además de multitud de exposiciones en espacios permanentes, como CentroCentro Cibeles, donde la Fundación Barrié presenta obras como la de Pedro Barbeito que ilustra esta entrada.

Sin embargo, salvando excepciones, los grandes centros políticos y económicos apoyan mayoritariamente la cultura espectáculo, la cultura no crítica o complaciente. Grandes exhibiciones, grandes obras, pero no hay espacio para el debate cultural, menos aún si es cotidiano o periódico. Acudimos a las salas a disfrutar del arte dejando para otra ocasión el pensamiento o la reflexión crítica.¿Es esto auténtica cultura? ¿O se trata más bien de un creciente Turismo Cultural? ¿Tiene la propia Cultura responsabilidad en ello? Respondiendo afirmativamente a la última cuestión se responde a las anteriores. La pérdida de crítica cultural en España se me asemeja a la pérdida de crítica política, de la que de repente todos hablamos gracias a la incursión de nuevos partidos políticos que así lo denuncian, no porque la política dominante, convencional, encorsetada y obsoleta hiciera de la autocrítica su bandera.

Esta falta de actitud crítica se venía extendiendo a prácticamente todas las demás esferas sociales, desde la ciencia a la atención médica, o los medios de comunicación como servicio público, convertidos mayoritariamente en medios de publicidad. Tuvo que llegar la crisis para que al menos empezáramos a hablar de ello.

Una diferencia me parece ver en todas estas pérdidas, en esos retrocesos que tantos años nos costará remontar: la pérdida cultural, que debería ser la principal señal de desgaste de toda la sociedad, es la que adquiere menos visibilidad. La política está en boca de todos. La pérdida cultural que lleva unida a la mediática muchos años, en una simbiosis quizá más perfecta y perversa; como si todos los referentes culturales decidieran que son un archipiélago de islas sin necesidad de conexión, y hasta despreciaran ese mar de intercomunicación cultural y de ahí comunicar al resto del planeta.

Independientemente de ideologías, los partidos políticos emergentes como Podemos o Ciudadanos están dando una lección de comunicación a los grupos políticos convencionales. Y me pregunto dónde está la correspondencia en el apartado cultural, ¿Cuáles son las nuevas formas de cultura aliadas cómplices de la comunicación? ¿Donde la Cultura ha empezado a apreciar el valor de la Comunicación?

Hay excepcionales muestras de buena comunicación cultural, el homenaje a Gil de Biedma en Málaga, que no sólo fue una apuesta cultural sino también una buena forma de comunicación de calidad y variedad a través de una excelente exposición, documental, conferencias y publicaciones.

Hay profesionales cada vez mejor formados en la comunicación cultural, como nos demostraron los periodistas del Máster de Periodismo Cultural de la Universidad Rey Juan Carlos, único en el panorama universitario público madrileño.

Sin embargo, el propio sector cultural – como ocurría antes con las viejas políticas- sigue sin apostar por la comunicación, sin ver su importancia. Como si de una conjunto de islas se tratase, ajenas al conjunto del paisaje al que pertenecen, ensimismadas en sus Congresos, Festivales o creaciones varias. Un retroceso sin visos de cambio. Un mundo cultural que no evoluciona en la nueva sociedad de la información y que sigue anclada en los viejos usos del siglo XX.

Es por ello que, mientras esto ocurre, crece también imparable la incultura en los grandes medios de comunicación, ya no sólo hablamos de fútbol o programas de corazón-hígadillo. Hace poco leía este titular en un gran periódico nacional “Un soplo de aire fresco en la ficción nacional”, se refería al estreno de una nueva serie de TVE: “El Ministerio del Tiempo”, según la redactora: una entretenidísima e inteligente mezcla de humor, aventuras y divulgación histórica. Acudí interesada a ver el primer capítulo. No pude acabarlo. Me recordó cuando hacía informes de lectura para una editorial y leía primeras obras en las que Santa Teresa se trastocada en madre y esposa amantísima en el siglo XXI, o el malvado pirata inglés resultaba ser un tiburón financiero; eso sí siempre consiguiendo que apareciera un pasadizo temporal que nos mostrara la relación entre ficciones y personajes. Eran, en fin, guiones que aprovechaban un cóctel de llamaradas entre la seudo-historia y las creencias en el más allá.

Años después descubro que lo que sólo podía editarse gracias al bolsillo de sus autores, se emite en horario estelar en la primera televisión pública del país. Por si esto fuera poco, el salto a la pantalla es menos creíble que en los libros. Ni los propios actores dan crédito a sus papeles, ¿cómo hacerlo con un guión tan disparatado? Sólo algunos periodistas obedientes ensalzan desde los grandes púlpitos estas muestras de Incultura Galopante.

La conversación y la cultura

enero 27, 2015 by

Nos encontramos sometidas a múltiples estímulos. Desde la televisión, pasando por la publicidad hasta las nuevas tecnologías y los teléfonos inteligentes. Nos sometemos a estos manteniendo la cabeza agachada constantemente, más pendientes de las posibles notificaciones de mensajes que nos lleguen que de prestar atención a las personas con la que estamos compartiendo nuestro tiempo en ese momento o a las actividades que estamos realizando.

Es posible, incluso, que no continues leyendo este artículo. Y una de las causas más probables (aparte de que pueda que no te interese), teniendo en cuenta cómo nos relacionamos con el mundo, es que no puedas querido lector, querida lectora, quizás, dejar pasar más tiempo sin mirar el móvil, sobre todo, si has recibido algún mensaje.

Intento reflexionar sobre la alienación tecnológica que vivimos. Ni siquiera tenemos tiempo de hablar con nosotras mismas: de encontrarnos, de crecer, de reinventarnos, de compartir lo mejor de nosotras, de aprender de lo mejor de los otros. En definitiva, estamos perdiendo la posibilidad de conocer la visión del mundo que tienen otras personas y quizás, lo más importante, la oportunidad de interactuar y de establecer un vínculo más profundo y enriquecedor con ellas, es decir, estamos olvidando el arte de conversar.

La conversación, según expone Theodore Zeldin en su libro Conversaciones: cómo el diálogo puede transformar tu vida, sería aquel diálogo que al terminar hace que las personas sean un poco diferentes a como eran antes de empezar la conversación. Ésta no se entiende como el simple hecho de intercambio de información. No vale la mera anécdota, ni ideas sueltas, éstas tienen más que encontrarse, tienen que abrazarse, provocar, producir un cosquilleo…«significa que la conversación necesita pausas y los pensamientos, tiempos para hacer el amor».

V0039096 A group of women sit around a table talking and drinking tea

Así, conversar se diferencia de charlar o hablar en que la conversación implica que las personas «se transforman, se remodelan, extraen de ella implicaciones diferentes y emprenden nuevas sendas del pensamiento».

En el mundo cultural se hace cada vez más necesario fomentar las conversaciones inteligentes, que generen pensamiento, reflexión y cambio. Sería conveniente, por ejemplo, ir más allá de la supuesta intelectualidad de los tertulianos de la televisión o de los gurús de la cultura (escritores superventas, mega librerías, editoriales y empresas en busca del negocio y del dinero) que parecen haberse convertido en un referente de inteligencia, cultura y conversación, algo que dista mucho de ser cierto. ¿En qué lugares se debate seriamente sobre cultura, literatura, música, arte, etc.? ¿Existen espacios abiertos, diversos para este tipo de conversaciones?

Hace unos meses, Nieves Martín, directora de El Planeta de los Libros y Jesús Espino del grupo editorial Akal tras la entrevista en uno de los programas sobre edición crítica independiente, conversaban sobre la importancia de crear sinergias literarias con el objetivo de generar una cultura comprometida, valiente y atrevida que cambie la manera de ver y enfrentarse al mundo.

Desde mi punto de vista, estas sinergias o redes literarias entre diferentes agentes (escritores/as, editoriales, crítica literaria, medios de comunicación culturales…) pasan por tener conversaciones más inteligentes, interés por aprender, por ser tolerante, tener la mente abierta, por escuchar activamente otras posturas sin querer interrumpir y pretender ser protagonistas todo el tiempo. También es indispensable aumentar nuestro nivel cultural, que en este país se encuentra bajo mínimos por diversos factores, como el escaso apoyo y la poca valoración que se da a la educación y a la cultura como medio para convertirnos en personas más libres y con capacidad de crear pensamientos propios.

Las conversaciones se convierten, por tanto, en una potencial experiencia de aprendizaje; podemos llegar a cambiar aquello que no nos gusta del mundo en que vivimos, cambiar nuestra forma de entender el trabajo, la tecnología o el amor, generar igualdad, justicia, comprensión hacia lo diferente y sentirnos realmente unidos a otras personas.

¿Faltan conversaciones inteligentes en este país? ¿Qué opináis? Reflexionemos sobre ello porque pensar de forma diferente, requiere hablar de forma diferente.


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