Todo empezó apenas como un sueño

septiembre 3, 2015 by

Andre Agassi

La historia de un niño al que lo que más le gustaba en el mundo era no despertar. Le gustaba ganar, tal vez a lo que fuera, al fútbol, a sus hermanos, a todo salvo cuando jugaba al tenis y el tenis sin embargo era su despertar. “Odiaba el tenis, sí”, afirma Andre Agassi en sus memorias.

Y como no soportaba la férrea disciplina que su padre le impuso para que se convirtiera en uno de los mejores jugadores de tenis de la historia, ni el zumbido constante que el miedo le producía si abandona su raqueta y el patio de su casa en Las Vegas, donde su padre había construido una pista de tenis en el que albergaba una maquina diabólica, “ese dragón, dotado de un cuello extra largo, que retrocede agitándose como un látigo cada vez que el dragón dispara cientos de pelotas de tenis”, se convirtió en alguien que no era para despistar al fantasma que más lo aterraba, que era lo poco que se conocía a sí mismo.

El niño que no podía salir de su territorio, sólo frente al dragón que arrojaba 2.500 pelotas al día y todo para que se convirtiera en el número uno del ranking del tenis. Mientras, las piernas temblorosas y el hombro destrozado y una sola obsesión, el niño odiaba el tenis.

El tenis nunca fue su elección, fue más su eterna pesadilla. Su padre se lo impuso, eternas horas practicando y luego despedirse de su hogar para residir en la Academia Bollettieri y convertirse en un profesional. Mientras él medio niño, medio adolescente, buscaba su identidad, su eterno laberinto de emociones, que lo convirtió en el foco de todo un público que le decía quién era o cómo era. Su rebeldía frente al mundo, su pelo encrespado, sus coloridos atuendos o su picardía debutando en Wimbledon en pantalones vaqueros, hizo que se ganara muchas críticas pero también hizo suyo un fuerte carisma.

Nick Bollettierie se fijó en él al entrar en su academia de Florida donde formaba futuras grandes estrellas del tenis. A coste cero, se encargaría de convertirlo en una estrella y lo representaría en su carrera profesional. Para Andre lo que iba a ser una experiencia de unos meses durmiendo en barrancones y conviviendo con sus miedos y su lucha por hacerse un camino, se convirtió en un remolino adolescente, alcohol, drogas, una cresta teñida de rosa, gritaban su desesperación y su ambulante pérdida. Bollettierie lo castigó por su vestimenta durante los partidos, pantalones rotos, ojos maquillados y un pendiente que lo acompañaría durante mucho tiempo más.

Y sin embargo se transformó en el centro de sus compañeros. Su fama de rebelde le hizo convertirse en el centro de las miradas del resto de los adolescentes. Mientras, se aferraron en él sus condiciones innatas para jugar al tenis, su atrevimiento en el juego y su fuerte exigencia de perfección, o eras perfecto o eras un perdedor. “No es que la perfección sea la meta en nuestra casa, es que es la ley. Si no eres perfecto, eres un perdedor. Un perdedor nato”, escribe Agassi en sus memorias.

Con 14 años, entró en el ranking de la ATP, abandonó la escuela y se adentró en el sendero del tenis profesional. Tal vez lo odiara pero tampoco supo buscar algún camino alternativo para labrarse un futuro. A los 16 años, comenzó su recorrido como jugador profesional y sintió el peso de su decisión, “me siento como si acabara de meterme en una carretera larga, muy larga, que parece descender hasta un bosque siniestro”.

Pronto llegó la fama, su primer contrato con un sponsor importante y su primera gran victoria que le hizo embolsarse 90.000 dólares y su nombre comenzaba a llegar a los oídos de todos.

El éxito fue de la mano de su comportamiento excéntrico, de sus encontronazos con el público y con la prensa. Llegaron derrotas, rivales infranqueables como Pete Sampras pero también triunfos, como formar parte del equipo estadounidense de la Copa Davis con 18 años. Y su madera de campeón, su espíritu deportivo, seguía emborronado y lleno de dudas.

Llegó su primer Gran Slam al ganar la final de Roland Garros en 1991 y continuó su competición, contra sí mismo y contra los demás. En aquellas fechas conoció a Gil Reyes, su nuevo entrenador físico y su guardián más preciado, le regaló sus hombros para que fuera capaz de alcanzar las estrellas.

Vinieron las despedidas, Wendi su primera novia le decía adiós, su representante Bolletieri dejó de trabajar para él a través de un comunicado en “USA Today” y su amor platónico, Steffi Graf no respondió nunca a su primer mensaje.

Un viejo amigo acudió a representarlo, Perry Rogers y consiguió además un nuevo entrenador para él, Brad Gilbert. La victoria en el Open de EEUU de 1994 le dio la confianza para hacer lo que tanto ansiaba: deshacerse del postizo y raparse el pelo. Su primera victoria calvo.

Se impuso de nuevo el vacío, su relación con Brooke Shields avanzaba como muchas cosas a su alrededor, simplemente por inercia. La apatía, su acercamiento a las drogas y una mediática boda con Brooke, hicieron que de nuevo su estela de jugador estrella se difuminara y volvieran las dudas. LA ATP encontró en una prueba de dopaje trazas de droga en su orina y su respuesta inmediata fue negarlo a través de una mentira más y así archivar el caso.

Cuando tal vez uno cae a lo más hondo del abismo, es cuando llegan las fuerzas para levantarse. Resurgir de sus cenizas empezando de nuevo desde abajo, desde el puesto 141 del ranking al que cayó en 1997 hasta el número 1 que recuperó en 1999 y de nuevo en 2003, con 33 años, su divorcio de Brooke Shields y su conquista por fin de Roland Garros, en el 2001.

Y sin embargo su partido vital con el tenis por fin llegó, su verdadera reconciliación con el deporte que le meció desde niño, lo arrojó al abismo de adolescente y le marcó su camino de adulto. El tenis le proporcionó finalmente la vida que quería, su matrimonio con Steffi Graf, sus dos hijos, una fundación para niños con escasos medios para sobrevivir y al fin y al cabo el sendero que marcó su estela. “El tenis me daba mucho, pero me creaba tanta confusión que no podía disfrutarlo. Entonces me dio a mi mujer, a mis hijos, y entendí que había renunciado a mi infancia por la de ellos. Y ahora, cuando miro atrás, veo el tenis como un gran regalo”.

Erase una vez… Ana María Matute

agosto 11, 2015 by

Nació en Barcelona en 1925 y murió en la misma ciudad en 2014. Ha pasado algo más de un año de su fallecimiento y pocos medios culturales han realizado algún tipo de mención u homenaje a la escritora. Tan sólo, la Biblioteca Nacional de España, de cuyo patronato formó parte, celebró un acto en su honor.

ana_mariaUno de los motivos parece ser que, a estas alturas del siglo XXI, aún nos cuesta reconocer la aportación a la literatura y a la cultura por parte de las mujeres. El otro, es que Ana María Matute escribió además de novelas cuentos (para más inri, infantiles) y el cuento es un género literario con poca tradición y poco valorado en España. Tenemos la combinación perfecta para no tenerla demasiado en cuenta: mujer que escribe cuentos infantiles.

Pero Matute nunca se dejó amedrentar. Aunque desde pequeña se sentía diferente al resto de niñas y niños, siempre siguió su camino. Quizás por eso le gustaba esconderse en el bosque, bosqueese lugar maravilloso y sorprendente donde todo puede ocurrir. El lugar donde puede ser ella misma y sentir la libertad. Y a diferencia de otros niños, cuando creció, no se olvidó de esa magia y el bosque estuvo presente de alguna forma en sus libros. Siempre quiso ser niña y esa angustia de llegar al mundo adulto se recogió, por ejemplo, en Primera Memoria que recibió dos premios: en 1954 el Premio Nacional de Literatura y en 1959 el Nadal. Sin embargo había escrito su primera novela con 17 años, Pequeño teatro, que obtuvo años más tarde, en 1954, el Premio Planeta. Y en 2010 el Premio Cervantes por toda su trayectoria.

A Ana María Matute le hubiera gustado ser ilustradora antes que escritora. Las ilustraciones de Arthur Rackham para los libros Hans Christian Andersen eran sus preferidas. De pequeña escribía cuentos y también los ilustraba. Incluso fue ella misma quien retrató a los personajes de su conocida novela Olvidado Rey Gudú. Desde mi punto de vista, otro gran mérito en el sentido de que se trata de un género también poco trabajado en España.

Es curioso. Me ha venido a la memoria a Alice Munro. En una entrevista concedida a la revista Leer Ana María Matute reescribió el final del cuento de La Bella Durmiente. Alice Munro hizo lo mismo con La Sirenita. Son personas especiales, valientes y grandes escritoras que se atrevieron a retocar los cuentos clásicos y a reinterpretarlos según su visión del mundo.

contentPero no todo fue tan mágico e idílico como nos pueden transmitir la fantasía y aventura de los cuentos. Le tocó vivir los durísimos años de la guerra, algo que le marcó profundamente, como a otros muchos niños de su generación. Aún, con cerca de 90 años, se estremecía al recordar durante la guerra a un hombre muerto, tirado en la calle que aún tenía un trozo de pan y chocolate en la mano. Al igual que el bosque, la guerra tomará un papel relevante en muchas de sus novelas, como en su última novela publicada Demonios familiares; la guerra es el escenario donde Eva la protagonista luchará contra los demonios familiares pero también contra los demonios sociales que imponen normas y comportamientos a las mujeres.

Los años 50 se le quedaron pequeños. Muchas de las personas que la conocieron como las escritoras Espido Freire o Lucia Etxeberría o la fotógrafa Colita están de acuerdo en que Ana María Matute fue siempre una mujer rebelde e independiente, que hizo lo que quiso a pesar de los demás. Desde luego, si leemos algunas de las entrevistas recientes seguimos viendo una mujer fuerte, entusiasta y con las ideas claras.

No aceptó el papel que la sociedad tenía marcado para una chica de clase burguesa y de buena cuna. Como ella misma reconoció no fue virgen al matrimonio, algo que en aquella época era una provocación. Se divorció de su primer marido (algo también impensable) y luchó por la custodia de su hijo al que estuvo varios años sin ver.

A pesar de la edad, nunca dejó de soñar, de seguir siendo un poco niña y de amar la fantasía y la imaginación. Y de alguna forma, siempre siguió su personal camino de baldosas amarillas, tanto en lo personal como en lo profesional.

Erase una vez… Ana María Matute.

Más información: La niña de los cabellos blancos [documental]

Calderón Cadáver

julio 25, 2015 by

El Cadáver de Calderón, representadoTerminamos la 11ª Temporada con más sobresaltos que celebraciones. Así va el periodismo cultural en este país. De periodismo en general no hablamos, ya conocemos las tercermundistas condiciones en que trabajamos los freelance, sea en Siria o en España. Sí publicaremos sobre ello en septiembre, en un artículo ya redactado sobre el anti-periodismo de “versión original“; las eternas ínfulas del poder por controlar la información, que sólo su versión sea original, que no existen otras fuentes porque nos encontramos en presencial del Absoluto. También hablaremos de cómo gusta al Poder rodearse de intelectuales, creadores o escritores. O mejor autores, porque como dice José Elgarresta en “Cutrelandia. La república de las letras“: el escritor quiere trascender, mientras el autor busca el peculio en esta vida mortal (mejor vayan a la página 14, que esto es resumido).

Acompañada de las olas de calor que recorren Hispania, creo que es más conveniente de momento hablarles sólo de escritores. Ya llegará el hedor y chirriar de cadenas en el inicio del nuevo curso. De momento intentemos usar la literatura – y la cultura en general- para el bien de la humanidad y no para el enriquecimiento de unos pocos.

El 21 de agosto se estrena en España la película Mr. Holmes, dirigida por Bill Condon, basada en la novela homónima de Mitch Cullin. Interesante no sólo por el logrado personaje de Conan Doyle sino porque el libro y la película van más allá; es Sherlock Holmes el que escribe, el personaje se convierte en el escritor, o al menos quiere serlo en su epitafio.

La imagen del detective impacta, resulta original y creíble. Por su puesto, va por delante la maestría anglosajona a la hora de recrear personajes históricos, reales o ficticios, y aunque el director sea estadounidense (o por eso mismo que el imperio llega hasta allí). Recreación que echamos en falta en producciones propias, lamentablemente, como en el “biopic” de Juan Ramón Jiménez, “La luz con el tiempo dentro” que vimos hace unos meses. Comentábamos entonces que la película cumple el objetivo de animar a la lectura del Nobel, pero cinematográficamente falta de todo, desde guión hasta realización, o actuación. Sin duda pocos la vieron además por su falta de distribución comercial.

Además de escritores que el cine no ha podido mostrarnos como debe, hay películas donde los escritores son de cartón piedra, no humanos. Quizá eso quería reflejar Win Wenders – que todos estamos perdiendo humanidad- en la recién estrenada “Todo saldrá bien“. La historia de un novelista que más parece un psicópata (ya saben esa manía de relacionar el arte con estados alterados de la psicología), y al que acompañan figuras no menos extrañas como el personaje de Charlotte Gainsbourg, la madre que pierde a un hijo y reacciona con la misma frialdad que el escritor asesino (y no les desvelo nada, éste es el inicio de la peli).

Me hizo pensar en otra película que recientemente se proyectó en el Ciclo de Cine Serbio del Ateneo de Madrid, La Trampa (accesible en YouTube y basada en la novela homónima de Nenad Teofilović), donde sólo la idea de perder a un hijo puede tener terribles consecuencias, donde la frialdad de nuestra época (también reflejada) no puede con la maltratada raíz humana, ¿ o sí?

Todavía más compleja si cabe me ha parecido la obra de teatro que da título a este artículo, Calderón cadáver, que empieza como si fuera una revisión poco interesante del gran autor barroco. Quizá es lo que quiere transmitir la escenografía inicial y la actuación previa de los personajes: simples dualidades de imagen y géneros:

Calderón Cadáver inicio

Inicio de “Calderón Cadáver”, en Nave 73. Madrid

Así era también la obra de Calderón, las fuerzas antagónicas del bien y el mal siempre en guerra. La obra- y hasta los personajes- se revelan y rebelan poco a poco, mostrándonos no sólo la grandeza del primer escritor (como siempre, más reconocido y entendido fuera que dentro) sino la de los otros 8 que crean el libreto de esta obra. Lamentablemente, la exhibición teatral en España es tan parca que sólo se pudo ver unos días en Madrid. Vamos a estar atentos a que vuelva, o al menos, hacernos con el texto teatral si es posible, que nos pareció impecable y muy bien actuado.

Esta obra consigue que el Cadáver de Calderón esté todavía muy vivo, evidentemente nunca murieron sus creaciones. Y, dado que Presidencia de Gobierno nos invita este lunes a la primera reunión de la Comisión Nacional para el aniversario mortuorio de Cervantes (1616), recomendamos vivamente a sus miembros que se ocupen de revivir el cadáver de Miguel – al estilo de este Calderón- con la grandeza intelectual de su obra, y no de sus huesos.

Los hombres que no leían a las mujeres

junio 15, 2015 by

Me gustaría comenzar con una anécdota, arriesgándome a que penséis que se trata de una banalidad. La anécdota se define como un suceso irrelevante, curioso o entretenido. A veces, definimos un hecho como tal simplemente por comodidad, para evitar el esfuerzo de reflexionar, cuando sabemos, o al menos intuimos, que se trata de algo más: un síntoma revelador del pensamiento y de la ideología que hemos ido adquiriendo en la sociedad y en la cultura en la que nos desarrollamos como personas.

índiceVivo en un apartamento pequeño y los libros que no caben en las estanterías andan desparramados, entre otros sitios, encima de una mesa y, aunque no es el caso, parecen colocados estratégicamente, como las novedades de una librería. Así que, una tarde que recibí la visita de un amigo, antes de sentarse en el sofá, reparó en ellos y los echó un vistazo. Recuerdo que todos libros de esa mesa estaban escritos por hombres. Observé a mi amigo. Primero tomó uno, luego otro, leía la sinopsis de los libros e hizo algunos comentarios como: «Cuánto lees», «Parecen interesantes», «Siempre andas rodeada de libros». A las pocas semanas, se acercó otro amigo y el proceso fue similar, tanto en actitud como en comentarios, os puedo asegurar que casi calcó las palabras (y no se conocen entre sí).

Pasados unos meses, estos dos amigos volvieron (por separado también). Poco había cambiado en este tiempo salvo la cantidad y lugar de descanso de los libros; sobre la mesa tenía, como siempre, varios libros pendientes de leer, esta vez, todos escritos por mujeres. Ellos, de nuevo, se acercaron a la mesa y al comprobar que eran libros de autoras y no de autores, no se atrevieron a tocarlos mucho. Uno, cogió una novela y sin leer de qué trataba la tiró de nuevo sobre la mesa con el ceño fruncido y girando la cabeza. Ambos me dijeron frases como: «¿por qué todos son libros escritos por mujeres?», «Siempre estás leyendo lo mismo».

big-eyes-margaret-keane-300x199Mis ojos se abrieron, se hicieron grandes, se pusieron tensos, como los de las niñas que retrataba la pintora Margaret Keane. Me asaltaron algunas preguntas: ¿Por qué la primera vez no les importó que sólo tuviera libros escritos por hombres ni pensaron que mis lecturas eran todas iguales? ¿Por qué dieron por supuesto que los libros de autoras son todos iguales? ¿Leían libros escritos por mujeres para hacer tal afirmación? ¿En qué se basaban? Mi conclusión: su forma de pensar, de expresarse y de opinar era patriarcal, poniendo como punto de referencia, en todos los aspectos, a los hombres, y menospreciando la literatura escrita por mujeres.

Estaréis de acuerdo conmigo en que necesitamos repensar y cuestionar la validez de dichas afirmaciones, ancladas en nuestro subconsciente más de lo que nos atrevemos a reconocer, y que lanzamos al aire sin pensar. Lamentablemente, son tan generalizadas y comunes que pasan de ser la mera opinión de una persona para convertirse en pensamiento colectivo de una sociedad.

Desde mi modesta posición, os invito a realizar una autocrítica a la que solemos ser reacias, quizás porque no nos gusta hurgar en esos elementos que entran en juego en la lectura (he seguido los expuestos por Constantino Bertolo en La cena de los notables). Es decir, creo que tenemos miedo de enfrentarnos a nuestra propia competencia lectora, a nuestra biografía, a las lecturas que hemos hecho a lo largo de la vida y a nuestra ideología. Pero es necesario. Yo también viví, hace un tiempo, mi particular proceso de reubicación lectora: desde dónde leo, a quién leo, dónde me representan, cómo lo hacen.

Bertolo, en el mismo libro citado arriba, también habla de la responsabilidad del que lee, elemento clave en las ideas que intento plasmar en este artículo. Para mí, esta responsabilidad está relacionada con ejercer la autocrítica de nuestras lecturas y nuestra posición ante ellas. Somos lectores responsables en cuanto somos capaces de auto-cuestionarnos.

En este proceso nos ayudará tener presente que el saber está relacionado con el poder porque el primero se genera siempre desde un lugar particular, como afirman Marta Malo y Débora Ávila, investigadoras y activistas sociales. Así, podemos preguntarnos: ¿quién crea ese saber? ¿A quién se dirige? ¿Para quién lo creó? ¿Con qué propósito?

800px-La_lectoraY una pregunta más. ¿A dónde nos llevan estas reflexiones? Si revisamos la historia de la literatura veremos que es claramente androcéntrica y que a lo largo de los siglos ha estado dominada por hombres en todos sus aspectos: escritura, personajes, crítica, incluso, hubo un tiempo en que las mujeres tenían prohibido leer. Ante esta situación, son muchas las escritoras que han hecho por visibilizar otras escritoras como Mª Ángeles Cabré, que en su libro Leer y escribir en femenino, da a conocer un gran número de mujeres que la literatura oficial, de una manera u otra, ha ocultado. Más recientemente, la poetisa Clara Janés ha publicado Guardar la casa y cerrar la boca donde recopila a las poetisas olvidadas de diferentes culturas y períodos de la historia. Otras escritoras, como la coreana Moon Chung-hee cambió el código de la poesía para poder liberarse del lenguaje androcéntrico y poder expresarse con libertad y hasta Bathsheba Everdene la protagonista de la novela Lejos del mundanal ruido escrita por Thomas Hardy afirma que el lenguaje está creado por y para los hombres y que las mujeres no pueden expresarse con él.

A la mujer, considerada «la otra», se le niega la voz, y, sin embargo, tiene derecho a expresarse. Por ello, Mª Ángeles Cabré, entre otras, reconoce la existencia de una narración hegemónica y otra marginal. La narración predominante tiene que ver con esa autoridad que establece determinado saber como superior y margina, no sólo en función del sexo sino también de la cultura, la raza, la orientación sexual y la religión.

Otro tema que Constantino Bertolo toca  en su libro y que nos resultará de utilidad es el de la lectura como aprendizaje: de emociones, de comportamientos individuales y colectivos, de sentimientos o de la conducta humana. ¿Enriquecemos nuestras vidas y nuestras lecturas si tenemos como referente casi mayoritario el referente occidental, blanco, heterosexual y… hombre? (éste último olvidado y obviado normalmente por parte del sexo masculino). Las mismas historias contadas por las mismas personas no nos aportan nada, por mucho que nos empeñemos. Necesitamos la voz de «las otras».

Extremadamente significativa resulta la conferencia dada en 2009 por la escritora nigeriana Chimamanda Adichie: El peligro de una sola historia. En ella, cuenta su experiencia y evolución como escritora y la mirada sesgada que tenemos del mundo debido a la existencia de una sola historia. Explica de una forma maravillosa como el punto de vista único y la reducción a lo simple y a los estereotipos conlleva perder la complejidad y la riqueza sobre una persona, una cultura o un país.

La literatura transforma el mundo y lo hace en cuanto literatura abierta a visibilizar de forma justa e igualitaria las diferentes formas de estar en el mundo y evitando, de este modo, la violencia literaria a la que nos vemos sometidos; literatura abierta a recoger lecturas de calidad y diversas porque nos convertiremos en mejores lectoras y personas si vamos más allá del yo y nos atrevemos a conocer a las otras y los otros.

En definitiva, ser lectores responsables implica rebelarnos contra una autoridad lectora que es cuestionable e incorporar nuevos elementos de juicio a nuestras lecturas para llegar a ser realmente libres.

Ushuaia, la cárcel del fin del mundo (*)

junio 12, 2015 by
Los primeros habitantes de Ushuaia: los prisioneros y sus guardianes en la prisión-ciudad

Llegan los primeros habitantes de Ushuaia, la prisión-ciudad.

El Documental La cárcel del fin del mundo ( 105 minutos) de la argentina Lucía Vassallo fue rodado en 2013 en Ushuaia, provincia de Tierra de Fuego (Argentina). Estrenada en 2014, la película recupera el origen de la ciudad, concebida como prisión a finales del XIX. Prisión del fin del mundo, que se mantuvo hasta 1947 y posteriormente fue utilizada como penal militar. Hoy todavía, la Colonia Penal del Sur está en el imaginario colectivo de la ciudad, de todo un país.

La película ha sido declarada de interés por la Secretaría de Derechos Humanos de Argentina. A partir de testimonios y experiencias reales, vemos como los encarcelados carecían entonces de las mínimas condiciones de dignidad humana, y como sus Derechos Fundamentales fueron vulnerados. Hablamos de sistemas carcelarios, prisiones militares, que no hace tanto tiempo dejaron de existir, que todavía siguen existiendo.

Los primeros pobladores de Ushuaia fueron los propios presos y sus carceleros. Las fotografías antiguas, que recupera el documental, nos muestran su llegada en barco, los primeros días construyendo las instalaciones, el trato violento, o las míseras condiciones de habitabilidad en barracones, en un entorno frío a menudo cubierto de nieve frente a la Antártida.

Se apela a los sentimientos y a la razón desde el principio, empezando por unas escenas de teatro vivencial: recreación de lugares y hechos allí vividos como si fueran nuestra propia realidad. Obra de teatro, al fin, creada por Carlos Pedro Vairo, autor de la mayoría de libros sobre el presidio austral, al que ha dedicado numerosas investigaciones, y que desde hace tiempo es el director del Museo Marítimo y ex-Presidio de Ushuaia.

El pasado va más allá de la recreación, y se adentra en investigaciones y estudios, testimonios escritos por los propios presos, y otras voces: incluyendo, por qué no, la de los  propios carceleros, o sus descendientes. Ellos también dejaron impreso, o cuentan de viva voz, lo que allí vivieron.

El penal acogió gran variedad de presos y condenas. El sistema carcelario no distinguía por entonces, ni en eso ni en otros muchos conceptos que hoy nos parecen básicos. Habría que esperar a la nueva política carcelaria del General Perón en 1947, que oficialmente cerró el penal y lo convirtió en Base Naval. Entonces comenzó a considerarse a los encarcelados algo más que un número, que su vida tuviera algún tipo de derecho, aunque sólo fuera en teoría.

Entre los presos comunes, el famoso asesino en serie Petiso Orejudo, llamado así porque cuando cometió los crímenes era tan joven que le operaron las orejas para intentar modificar su carácter. Lo acabaron matando en la propia prisión por cargarse al gato mascota de la misma.

Entre los presos políticos, el anarquista Simón Radowitzky, que participó en el atentado que costó la vida al jefe de policía Ramón Falcón. De él se conserva una carta de 1927, a la Federación Obrera de Argentina, en la que relata sus torturas y, a la par, sus ganas de seguir luchando por la vida.

Otros documentos de los presos muestran la dureza del día a día: lavarse -rompiendo antes el hielo formado por el agua., evitar las temidas heridas del frío -cuando no hay nada con qué curarse-, la obsesión por la libertad -intentos de fuga incluidos-, el ansia de luz y calor -en una latitud en la que a las tres de la tarde es ya de noche-. La angustia por el futuro,  la incomunicación durante años.

Descendientes de carceleros u otros trabajadores del Penal- provenientes de Argentina, de España o Europa- recuerdan sus trabajos en torno a los presos. Familias enteras que vivían del penal, que conservan testimonios muy diversos: obras, reparaciones, talleres de aprendizaje y- como no- también torturas.

Experiencias enfrentadas, donde no faltan las poesías de los presos, recopiladas por la escritora Alicia Lazzaroni, o la inmejorable narración de Javier Valentín Diment sobre textos -entre otros- del preso número 21: Santiago Vaca, quien en 1927 relata cómo se prepara para el intento de fuga en el trenecito que les lleva a talar los bosques: “comía copos de nieve para que se entremezclaran con la sangre, exigía a mi cuerpo lo máximo para cuando llegara la ocasión. No podía fallar”.  El escape en grupo acabó en matanza.

La historia real del penal es tristemente célebre y bien conocida en Argentina, a pesar de haberse perdido la mayor parte de los documentos oficiales, o de que se desarrolle en el último confín de la tierra, alejado y aislado, especialmente en aquellos años. Como se afirma en el propio documental, ya no hay material para una mayor producción escrita.

El principal aporte de la película es el irónico final: imágenes de la última Fiesta de la Asociación en apoyo al Hospital Naval Militar (antes hospital del presidio), desfiles de la Armada en Ushuaia se entrecruzan con las anotaciones del diario del preso Comodoro Lapuente en 1956: “Hoy cumplo 9 meses en prisión (…). Un mes y cuatro días confinado, sin comunicación. Esta democracia liberadora, que es la dictadura más grande que jamás ha tenido el país, procede así. Ni Perón, el tirano, como le llamaban ellos, hizo cosas iguales”.

(*) Publicado previamente en Aljazeera Documentary Film Festival, en Árabe e Inglés.

Otras reseñas publicadas en Aljazeera:

Edificio España

El último abrazo

Oficialidad Cultural

mayo 31, 2015 by

ForSaleLos últimos días llegan correos del poco caso que hacemos a nuestras figuras y referentes culturales. Sea Giner de los Ríos, fallecido justo hace un siglo, o el poeta libertario Jesús Lizano, que perdimos recientemente. La escasa repercusión mediática revela una vez más la fatalidad cultural en la que nos encontramos: todo lo que no sea Cultural Oficial se ve abocado al silencio, a la invisibilidad, salvo contadas excepciones para confirmar la regla.

Desde hace tiempo hay una Nueva Cultura que lucha por ser reconocida, de acuerdo con su valor, más ampliamente, situarse incluso mano a mano con la Oficial por derecho propio. La Cultura no puede oficializarse casi completamente, salvo que queramos volver a tiempos que mejor olvidar.

Ayer en un triple teatral, que espero no volver a repetir (mejor de uno en uno), iba transitando desde la Oficialidad al nacimiento de nuevas propuestas. En el Centro Dramático Nacional, dirigido por Ernesto Caballero, asistía a su propia obra: “Oraciones de María Guerrero”, en el Teatro que lleva el nombre de la actriz. Más que de una obra en sí, se trataba de una ponencia histórica del teatro oficial los últimos ciento y pico años, con perspectiva de género. La escena teatral se crea a partir de unas conferencias dramatizadas en la Biblioteca Nacional, que dan pie al director para crear un nuevo género: Confedrama, un híbrido que salva la dirección -marcando los tiempos a la intemporalidad del arte- y la actuación de Ester Bellver y Elena González.

Dos horas después. En La Cuarta Pared, una de las salas decanas del teatro alternativo, escucho “La Fiebre”. Un monólogo que no alcanza la expresión teatral, escenográfica o corporal, ni si quiera una guinda final que recordar, como el reggaetón La Gasolina con el que terminaban (muy anti- oficial y sacrílegamente) las previas Oraciones de María Guerrero.

El texto de La Fiebre resulta inconexo y acelerado, verborrea lanzada al público sin posibilidad de defensa. Cualquier guión de radio cuida más ritmo y argumento. Nos sorprendió en una sala donde hace poco descubríamos “La Mirada del Otro“, a cuyos protagonistas invitamos al programa. El recorrido es siempre así, sinuoso e imprevisible.

A las 12 de la noche estábamos en los nuevos Teatros Luchana, todo un síntoma del despertar teatral madrileño: un gran cine cerrado hace tres años reabre como escenario múltiple. La novedad – como tantas otras en el mundo de la cultura- tarda en conocerse. Muchos se acercan al bar de la entrada, y allí se enteran de que están en el vestíbulo de 4 salas de teatro; a falta de comunicación, difusión, o al menos un buen rótulo que lo señale.

Sin ninguna expectativa previa, “For sale” me impactó de entrada por la energía y simpatía de sus actores. Como en los teatros más populares, ellos – o mejor ellas, que son la mayoría- nos invitan a entrar en la sala, nos acogen con tanta alegría y movimiento que la cuarta pared empieza a evaporarse muy rápido.

La compañía hace un cabaret socio-político cuyo formato y actuación convence. Las actrices pareces auténticas bailarinas y quizá por ello se echa en falta escuchar más y mejor el texto, o que el texto sea más atrevido. Este cabaret es una denuncia al poder abusivo del dinero: la especulación financiera, los empleos basura, los desahucios, todo lo que conocemos ya, a veces incluso en lo personal. Lo impactante es que el arte haga suyo todo eso: que las actrices del cabaret se transformen en brujas malignas, divertidos payasos, anti-disturbios o plañideras. Un intento de catarsis necesario al que el público reacciona de forma diversa: indiferente o pidiendo más.“Soy Política, pueden hacerme un escrache” se queja cómicamente Irene Galán en el papel de Política-Clown ¡Es Esperanza Aguirre!-gritan a mi lado. 

No quisiera despedirme sin mencionar la Oficialidad Cultural más actual en el mundo del libro, esa Feria del Libro de Madrid que año tras año sigue cayendo en los mismos errores. Hace poco un periodista añoraba aquellos años en los que las compras de la Reina Sofía en la inauguración eran apuntadas con devoción y augur de buenas ventas.

Miro alrededor, buena parte de los escritores que más admiro no pisan la Feria desde hace años: un evento comercial donde la literatura es mera excusa. Menos aún, se fijan en lo que compra la Reina Sofía, o cualquier otro miembro de la Monarquía. Quizá quisieran otra inauguración, más acorde con los tiempos, que reivindicara la Cultura Republicana o Libertaria, que siguen siendo tan nuestras, o que no hubiera ese mismo día y el anterior ataques neonazis a la librería La Malatesta. Mientras tanto la Feria sigue tirando de nuestras reliquias, paseándolas con extrema oficialidad y sin que suene un pitido, como los de ayer en el fútbol al llamado Nuevo Rey. Como llevamos años anunciando en nuestra página de facebook, el fútbol no es cultura. Quizá la cultura pueda plantearse otras formas de protesta, preguntarse incluso si la Feria del Libro de Madrid es realmente cultura o sólo oficialidad, y cómo mejorarla. De colofón les dejo este cartel que ha sido contestado por algunos colectivos como Mas Mujeres, aunque por supuesto sin respuesta oficial de la oficial feria.

FLM2015

 

Una belleza el cartel para la próxima Feria del Libro de Madrid, pero… ¿por qué la flecha? ¿No puede una mujer ser feliz y entretenerse con un libro sin que sea de asuntos del corazón? Una vez más la mujer es retratada según estereotipos flojos, que la acercan a la futilidad, al romance, al flechazo. Hermoso el arte, pero, ¡por favor, quita la flecha del libro! #‎quitalaflecha‬

Moon Chung-hee, Gong Ji-young.

mayo 4, 2015 by

MoonGong

El título y las fotos yuxtapuestas quieren reivindicar la diferencia, a la par que la buena relación artística y humana, entre ambas autoras. “Grandes escritoras” las llamaba yo a su paso por Madrid, y hay quien me decía que esto era una simpleza. En el mundo, o la zona de Occidente y sus adláteres, nos hemos saciado de esta expresión, como si ya no significara nada, a punto de ser engullidos por los que gustan de enrocarse en adjetivos rebuscados, inoperantes y obsoletos, que sólo persiguen su propia grandeza.

Así de simple comienza este artículo. Las grandes no necesitan abalorios, coronas, o púlpitos, se reconocen por su humildad; y personalmente es el trato que quiero dispensarles. La poeta Moon y la novelista Gong han desarrollado una humanidad y una sensibilidad básicas, universales. Su aprendizaje y la obra consecuente no pueden ser vacíos o superficiales, como el que se pone un disfraz, literario o académico, y espera que nadie observe sus modales; hay demasiadas personas así ya en la literatura y el arte.

Lo más interesante de nuestro encuentro fue constatar que su naturaleza es real, que conversan de forma auténtica tal y como reivindican. Y que han conseguido por sí solas la fuerza imparable de lo verdadero, en unas circunstancias nada fáciles y quizá precisamente por ello. Una fuerza tal que, aún siendo humildes, les ha llevado a denunciar grandes malestares; tormentos sociales tan altos y arraigados como los grandes rascacielos. Lo hacen con total delicadeza, como semillas que lentamente van germinando, o plantas pequeñas que se convierten en árboles. Permítanme estas referencias a la naturaleza porque ésta es un elemento importante en las obras de las autoras, junto al lema de los ensayos que escribieron para la ocasión: “Mujer, vida y amor”

La noche de la Literatura Coreana

Hace algo más de dos meses, el Centro Cultural Coreano en España me propuso presentar ambas autoras en La Noche de la Literatura Coreana 2015, sería el 22 de abril. En Febrero ya las estaba leyendo y valorando. No obstante, la tarde previa a la presentación, andaba pensando cómo sería el encuentro, cómo serían las autoras. No era la primera vez que entrevistaba sin apenas hablar previamente, así ocurre normalmente. A veces las conversaciones fluyen a la par que la obra, otras producen desencuentros; no todo lo que se escribe es auténtico y los propios escritores se delatan al hablar.

Además de los libros, el cine, la cultura en general; me encantan los retos. Y, si no me falla la memoria, sólo entrevisté antes a un escritor de Asia, el Nobel de Literatura Mo Yan. Entrevista previa al galardón, luego suelen ser imposibles y la mayoría cae en discursos repetitivos, aunque en su caso podría ser lo contrario y todavía recuerdo su promesa de volver a Madrid si se lo daban, tal como recogió el Diario Milenio. El caso es que ahora tenía la oportunidad de entrevistar a dos grandes escritoras de Corea: dos retos, dos placeres y un honor que me hacían.

Para mí, la cultura si no es global no alcanza toda su posible plenitud. Y la Cultura Global existe, es real. Sus actores -escritores por ejemplo- se identifican rápidamente, se reconocen entre ellos, rompen estereotipos, derriban fronteras. Así lo decía Moon, con mucho más énfasis si cabe; mientras Gong apuntaba lo enriquecedor que sería que viviéramos nuestra cultura conjuntamente a la de otros, como “un matrimonio”. Esto y mucho más está en el programa de radio “La Noche de la Literatura Coreana” que emitimos la semana pasada y volvemos a emitir este jueves 7 de mayo.

Por supuesto, se habló de feminismo. Moon nació en 1947 y en esa época fue una de las pocas mujeres en acceder a la Universidad: 3% frente al 80% actual, aproximado. En medio siglo, además de todos los avances sociales y económicos -algunos demasiado rápidos e interesados como para desarrollarse de forma equitativa- la posición de la mujer está cambiando sustancialmente y hasta de forma necesaria, esperemos que para mayor equilibrio del planeta. Queda mucho por hacer, apuntaban ambas escritoras. Lo decían públicamente, con un empoderamiento que no admitía réplica: queda mucho por hacer. El propio tono también llamaba la atención. En España y en Occidente en general las escritoras suelen ser más calladas en estos asuntos, asumiendo la corrección política que cubre la literatura, la cultura en general, todavía dominada por los hombres.

En un aparte les comenté a Moon y Gong cómo disfrutaba con sus mensajes tan directos; aquí sufríamos de la “corrección”. Se sonrieron con gestos de complicidad: en Corea la mayoría de los escritores sufren la misma enfermedad, me dijeron. Será que sólo las grandes -sean de donde sean- se atreven a decir lo que piensan de tal forma que consiguen acabar con la corrección censora. Se liberan del yugo de los poderes establecidos, vuelan por encima de ellos y buscan formas más perfectas, más humanas.

Seguiría horas y horas escribiendo, o hablando de sus obras, creo que es mejor que las lean. Por cierto sólo hay dos libros publicados en España de estas autoras: Yo soy Moon y Nuestros Tiempos Felices. Si las han leído, o leen, me gustaría saber su opinión. Termino dejándoles un vídeo que ha realizado el Centro Cultural Coreano en España: un bello recuerdo de La Noche de la Literatura Coreana 2015.

El pequeño libro rojo del activista en la red

mayo 3, 2015 by

Peirano, Marta. El pequeño libro rojo del activista en la red. Barcelona: Roca Editoria, 2015. 136 páginas.

En la película Mad Max, la escasez de combustible y el desorden social provocan que unos motociclistas se apoderen de las carreteras de Australia. Y entonces aparece Mel Gibson para poner orden. En España, ocurre algo parecido. Escasea la libertad de expresión, de la que se están apropiando una especie de pandilleros entre los que es fácil encontrar casos de abusos de poder y corrupción. Si se tratara de una película, no sabría cómo titularla. Quizás no haga falta, porque la pena es que bien sabemos que ni es película ni es ciencia ficción.

ScreenShot001Primero, fue la aprobación de la Ley Mordaza, oficialmente llamada Ley de Seguridad Ciudadana, de lo que contiene poco. Ahora, le toca al Ministro de Justicia, Rafael Catalá, que ha declarado su intención de multar las filtraciones periodísticas que se realicen. ¿Qué clase de democracia tenemos donde no podemos expresarnos, manifestarnos, decir lo que sentimos ni denunciar las injusticias ni los casos de corrupción?

La Ley Mordaza, sólo pretende acallar nuestras voces, prohibir que salgamos a las calles, que no utilicemos las redes sociales para movilizar a la gente al mismo tiempo que vulnera nuestra privacidad. Pero la seguridad no puede producirse coartando nuestros derechos fundamentales, ni a costa de inmovilizarnos con el miedo y las amenazas.

En cuanto al asunto de las filtraciones, el periodismo tendría que entenderse como una de las herramientas que vigile la democracia, que investigue y busque la verdad sin estar al servicio de aquellos que tienen el poder, de forma objetiva e independiente. Debe ser uno de los Mel Gibson que ponga orden. Pero, muchas veces, publicar la verdad supone que el periodista se juegue la vida o arriesgar la de quien filtra la información. Para evitarlo, necesitamos saber cómo funciona el mundo digital en el que nos comunicamos.

Marta Peirano lo explica en El pequeño libro rojo del activista en la red, publicado recientemente por la editorial Roca. Actualmente, es directora de la sección de cultura de eldiario.es. Escribe sobre cultura, tecnología, arte digital y software libre para diferentes revistas y diarios, ha publicado libros sobre tecnología y protección de las comunicaciones y tiene dos blogs.

libro rojoEste breve manual puede ser considerado una guía esencial para aprender a comunicarse y transferir información de forma segura en Internet. Aunque está dirigido principalmente al periodista de investigación, puede resultar útil para cualquier persona que esté interesada en conocer cómo funciona Internet y establecer medidas de seguridad para garantizar su privacidad.

El pequeño libro rojo del activista en la red nos ayuda a proteger nuestra identidad y con él podemos aprender desde cómo instalar un navegador seguro como Tor, un sistema operativo Linux, crear discos duros virtuales o utilizar herramientas para limpiar espacio en nuestro ordenador hasta como encriptar chats y correos electrónicos.

A raíz de la lectura del libro, y comprobando que la privacidad y la seguridad nos afecta a todos, he descargado la información que Facebook y Google guardan de mí. Aunque ya había leído artículos sobre la gran cantidad de metadatos que guardan las redes sociales de nosotras y las polémicas suscitadas, hasta que no lo vemos in situ, parece que no somos conscientes ello. ¡Me quedé impresionada! Es posible que sepan más de mí que mis amigos, mi familia, o quién sabe, hasta que yo misma. Nuestro menor problema es que una compañera de trabajo sepa de nosotras a través del perfil de Facebook, por ejemplo. El gran problema es que esa información puede caer en manos del gobierno, de empresas o bancos sin nuestro permiso y sin saber muy bien para qué (o sí). No sólo se generan unos big data en nuestros procesos de comunicación; detrás, hay unos big eyes que los analizan y nos vigilan.

happiness-450369_640Como dice Marta Peirano, vendemos nuestra intimidad por la supuesta felicidad que unas máquinas nos ofrecen mostrándonos de manera personalizada compras de viajes, de libros o sugerirnos gente que podríamos conocer en nuestras redes. ¡Ingenuidad la nuestra! Ni privacidad, ni felicidad.

Irónicamente, para lo serio del asunto y el cariz tecnológico que tiene, se trata de un libro ameno y divertido (acertada elección) del que incluso los más profanos en la materia pueden sacar provecho. En poco espacio y de forma clara y didáctica ha condensado todos los puntos que debemos tener en cuenta a la hora de mejorar nuestros hábitos de navegación y comunicación en relación a la seguridad.

Sin embargo, a pesar de lo atrayente que puede resultar un breve prólogo de Edward Snowden, he echado en falta -porque se ha despertado mi curiosidad- un poco más de reflexión y ensayo sobre la libertad expresión y el periodismo (soy consciente de que la idea es ser un manual práctico). Aunque podemos ampliar información viendo el documental Citizenfour de la documentalista Laura Poitras (con quien Snowden contactó) ya que parte del contenido se menciona en el libro, me voy a tomar la libertad de recomendar otro libro, como complemento al de Peirano, que nos permite entender por qué es necesario tomar las medidas que aquella recomienda.

Se trata de El Kit de la lucha en Internet de Margarita Padilla y publicado por Traficantes de Sueños en 2012. En él, la autora analiza el caso Wikileaks y reflexiona, entre otros aspectos, sobre  los medios de comunicación y su papel en la democracia y si ha surgido una nueva forma de hacer periodismo; también habla sobre los medios contra informativos así como de comunidades hackers o del hacktivismo. Me gusta especialmente un slogan ciberpunk que se recoge en el libro y que condensa una idea central sobre la que gira las cuestiones que estamos planteando. Ese slogan afirma que «tras toda arquitectura informacional se esconde una estructura de poder». Es necesario conocer esas estructuras para saber qué se esconde tras de ellas, qué está sucediendo y por qué y si debemos combatirlas o cambiarlas.

La lectura, estas semanas en torno a las mencionadas cuestiones, me ha hecho concluir que estos asuntos no son únicamente imprescindibles para los periodistas sino que las ciudadanas y ciudadanos deberíamos estar informadas en la medida de lo posible. Es una cuestión de cultura general y de compromiso con la democracia.

¡No dejemos que se agote la libertad de expresión!

Edificio España, historia colectiva de un gran rascacielos*

abril 27, 2015 by

Edificio EspañaLa película documental “Edificio España” (94 minutos) del realizador Víctor Moreno es una metáfora del pasado reciente del país hasta la actualidad socio-económica. La cinta cuenta la reciente demolición interna, el vaciado, del que fuera el más alto rascacielos construido en España en 1953: 28 plantas por las que se distribuían cientos de oficinas, viviendas, galerías comerciales, restaurantes y un lujoso hotel de renombre internacional.

En la línea de los grandes edificios-ciudades de mediados del XX, la construcción iniciada en 1947 sirvió a la Dictadura de Franco (1939-1975) para dar una imagen de prosperidad que contrarrestara la pobreza de los años de la posguerra; mostrar al mundo el poderío económico de la nación, con alegorías tan explícitas como la del gran mural del Hall Principal, donde encontramos esculpido al Dios de Dioses, Zeus, y otros símbolos de riqueza y abundancia.

Cuando el Director de “Edificio España” pidió permiso para filmar el inicio de la reforma, la demolición interna, en 2007, poco suponía que éste sería un documental complicado. La realización y la grabación cámara al hombro no supusieron ningún problema y el documental fue dedicado a todos los que colaboraron y aparecieron en él. Después, sin embargo, el Banco Santander, propietario del edificio desde 2005, que había aceptado la grabación, no consideró conveniente su exhibición y distribución.

Al capital español, que en su día también inspiró la creación del edificio, no le gustó un documental que muestra desde una perspectiva humilde, incluso devastadora, una reforma integral en su fase inicial y que, al cabo de los años, no ha concluido sino que mantiene el edificio vacío: puro esqueleto y fachada.

La demolición del interior, salvo algunos elementos protegidos, como el Hall Principal o las suntuosas escaleras, responde a la modernización necesaria de la estructura, e incluía mejora del sistema eléctrico, medidas de seguridad o creación de plazas de aparcamiento.

Tras algunos datos históricos del Edificio, la película muestra unas primeras imágenes en silencio: la gran construcción, vieja y desnuda; los últimos restos abandonados: ropa desechada en viviendas, teclados de ordenador en lavabos de oficinas. Tras el silencio, el ruido de las obras. Picos y palas sobre paredes y suelos, taladradoras o mazos haciendo su trabajo. Los 200 obreros, de diversas nacionalidades, y los últimos empleados que cuidan el edificio son los principales actores de la película.

El edificio pierde sus entrañas y también su pasado. Atrás queda el lujo, las viviendas con vistas espectaculares, o la impresionante azotea con piscina incluida. Sólo se cuentan algunas anécdotas que, de nuevo, huyen de los grandes personajes y se acercan a la vida humilde y cotidiana, el que consiguió pasar allí su noche de bodas, la leyenda del fantasma que toda gran construcción debe tener, o el triste abandono de una vivienda ya iniciadas las obras, cuyo inquilino recuerda a su mujer fallecida pocos años antes del anuncio de la reforma.

Los vestigios todavía suntuosos de algún restaurante, o las magníficas vistas panorámicas, apuntalan más la ruina circundante. Desde los sótanos, donde estuvieran los vestuarios del personal o el taller de reparaciones del gran edificio, subimos de una planta a otra, de lo que fue un grupo de viviendas a otro, nos movemos arriba y abajo hasta perdernos en esta mole, como le ocurre incluso a algún trabajador. Y nos llegamos a marear, como comentan los invitados a ver las obras; posiblemente periodistas que deben difundir la gran mejora.

A pesar del inicio de la crisis, en los trabajos de demolición oímos por la radio los anuncios de crecimiento y empleo del ex Presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero (2004-2011). Los obreros ajenos a la política o la economía, hacen mención a sus amores, comidas, países, culturas o religiones.

Tras la demolición, en 2010 el proyecto inicial de reforma es suspendido. Así se mantiene en 2012 cuando se termina esta película, y cuando la mayoría de los obreros han vuelto a sus países o están en paro.

El grupo inversor chino Delian Wanda, propiedad del hombre más rico de China, Wang Jianlin, compró el año pasado el Edificio, por 265 millones de euros, frente a los 389 que costó en 2005. Recientemente ha anunciado su reforma definitiva, al igual que su participación en la rehabilitación de la emblemática zona en que se encuentra, Plaza España. Mientras llegan las obras, la película documental ya ha empezado a difundirse en festivales, ha sido nominada a los Goya 2015 y, todavía más importante, ha sido capaz de crear una memoria colectiva, más cercana a la Intrahistoria de Miguel de Unamuno que a la Historia oficial.

(*) Publicado previamente en Aljazeera Documentary Film Festival, en Árabe e Inglés.

Lo que encontré en El cuarto de las maravillas

abril 12, 2015 by

Quien no me conoce, dice que apenas como o lo hago de una manera frugal. Quien me conoce, afirma todo lo contrario. Y a mí parecer, creo que me alimento de forma sana y ordenada, sin grandes excesos, ni en comida basura ni en comidas saturadas de grasa. Sólo devoro libros. Pierdo el control. Como si llevara años sin comer. Como si fuera el último día en la tierra. Como si hubiera vivido una hambruna en medio de una guerra. Como si fuera una anoréxica recuperada.

Así comenzó la aventura. Con ansia de libros. Cuando empecé las lecturas que comentaré a continuación, tenía hambre de historias y como quien te recomienda ir a un restaurante, decidí lanzarme y probar la nueva colección que la editorial Turner lanzó a finales de septiembre de 2014: El cuarto de las maravillas. Se estrenaba con un menú atrevido de tres libros muy distintos entre sí: Hacer el bien de Matt Sumell; La Comemadre de Roque Larraquy y Las esposas de los álamos de Tarashea Nesbit.

cuartoSe denomina Cuarto de las maravillas a los antiguos gabinetes de curiosidades, predecesores de los museos actuales. Para mí, un cuarto de las maravillas, sería aquel lugar lleno de libros, gran cantidad para tocar, oler, leer, releer y recomendar con insistencia. Con este poético pensamiento me adentré en las nuevas lecturas, decidida, al igual que cuando salgo un sábado a ese restaurante pequeño y recogido, en una calle céntrica pero desconocida de una gran ciudad, a disfrutar de una buena cena, en este caso, de varias novelas.

He tardado varios meses en leer estos tres libros, (para ser sincera, con otras lecturas de por medio). Quizás me encontraba condicionada por el sugerente título de la colección y mi ilusión inicial fue decayendo porque al avanzar en la lectura, sentía una ligera decepción, un malestar interno; no tanto una sensación de empacho de lecturas pesadas, sino más bien una falta de emoción, pérdida repentina del apetito, dándole vueltas a la comida haciéndome la remolona sin querer probar ni un bocado más… en definitiva, unas ganas persistentes de abandonar el plato a medias.

¿Por qué? Os preguntaréis. En las siguientes líneas, brevemente, os intento responder.

Hacer el bien es la historia de un joven de 30 años que intenta afrontar los distintos devenires de su vida. Aunque la novela contiene un evidente humor negro, el ingrediente principal, resulta complicado sentir empatía por un personaje tan estrafalario. Primero, porque la agilidad en la escritura y la acidez de la historia no son suficientes para digerir una alienación de la vida por parte del protagonista de tales dimensiones. En segundo lugar, éste queda reducido a un mero cliché y no deja de parecer algo tan típico como un plato de macarrones con tomate: hombre violento, agresivo, soez y misógino, hasta el punto que su madre antes de morir le hace prometer que tratará bien a las mujeres a partir de ese momento.

La Comemadre tiene en común con la novela anterior un cierto humor negro, sazonada de una pizca de sarcasmo, al abordar de forma un tanto humorística una cuestión ética como es la experimentación con humanos;  y aquí se hace necesario tener un buen estómago, o haber utilizado un protector para conocer cuál es la última palabra que pronuncia una cabeza decapitada; sí, habéis leído bien. Un dilema similar para muchas personas a ¿me como los caracoles? o ¿me gusta la casquería? El escritor argentino pone muchas ganas intentando contar la relación entre dos historias distantes en el tiempo pero con un nexo de unión entre ambas al que le falta consistencia, y algo de sal, al menos, para la segunda historia.

las esposasLa novela de Nesbit, Las esposas de los álamos es de las tres novelas, sin duda, el postre. La que apetece tomar con más ganas y no produce tanto desazón. Resulta llamativa por la utilización de la primera persona del plural para narrar. Su autora cuenta, de este modo, la parte más desconocida del proyecto Manhattan, la voz invisibilizada y muda de las mujeres. Nesbit, no se centra en la historia de los científicos que trabajaron en la creación de la bomba atómica sino que le da la palabra a las mujeres que reflexionan sobre quiénes son, sus relaciones con otras mujeres, la maternidad, los hijos e hijas, su lugar en la sociedad y su futuro.

Conseguí finalizar las lecturas y, en cierto modo, aunque puede ser cuestión de mala suerte, tengo la sensación de haberme decepcionado con la carta a pesar de lo apetitoso y sugerente de la presentación y de no haber hallado ese cuarto de las maravillas que imaginaba.


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