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De Campoamor a Vargas Llosa

mayo 2, 2022

Iba a ser esto: “De Pérez Galdós a Vargas Llosa” pero se cruzó en el camino Clara Campoamor, con tanta fuerza como los dos laureados escritores.

En el Ateneo de Madrid, cuando Vargas Llosa presentó en abril su libro homenaje a Pérez Galdós “La mirada quieta”, algunos periodistas comentamos asombrados su defensa de “Misericordia”, una novela reconocida de Don Benito que ninguno recordábamos tan excepcional. No sé ellos; conociendo la sensibilidad literaria de Don Mario, yo me agencié rápidamente una edición digital (accesible en Internet). Empecé a leer y, hasta que terminé, no pude dejarla, salvo para lo necesario.

La recomiendo, incluso la relectura. No creo que el no recordar si la había leído o si era una de mis terribles lagunas lectoras sea lo importante. Preguntando a una amiga canaria que ha leído todo del autor canario, recordaba que la leyeron en su colegio de monjas, con 13 o 14 años, principalmente por el escándalo de la madre de una compañera por un pequeño pasaje. Al poco de empezar a releerla, lo encontró: cuando el moro ciego palpa -indistintamente- ropas y carnes de la borracha con la que vive, en busca de algo de valor.

Aquello era el Madrid de 1897. En lo material hemos mejorado. En lo humano, sin duda no. Don Benito supo emocionar con la pobreza ética que se encontraba día a día y, 125 años después, poco hemos mejorado, aunque solo se hable de la miseria económica, y así y todo menos de lo que deberíamos

Escasean extensas informaciones, o libros a esa altura ética. Que no digo que no haya, alguno recomiendo, pero será que no me llegan todos. Lo que sí me he encontrado recientemente es alguna película con mucha ética. Por ejemplo, no se pierdan “Mentes Maravillosas” que se estrena el 13 de mayo, verán la miseria humana en la que seguimos pero con un conmovedor optimismo que nunca hay que perder.

En el mismo Ateneo, la víspera del 50 aniversario de la muerte en el exilio de Clara Campoamor, Rafael Alcázar me invita a ver su último documental: “Ecos de Campoamor”. Rafael tiene la capacidad de ver, aunque desde hace un tiempo sufre de ceguera, tiene la capacidad de ver de forma ética: el atrevimiento y honestidad de esta mujer, no ya por conseguir el voto para las españolas, sino además poner por escrito los errores de la República, lo que finalmente le granjearían el rechazo de todos los bandos políticos.

No extraña mucho, conociendo lo que ella sufrió y la miseria humana que nos caracteriza, que ahora prácticamente todos se la quieran llevar a su terreno (o eso parecía en Twitter). Alcázar está terminando otro documental, largometraje, «Clara Campoamor, un voto para despertar», imperdible, para el mes de julio.

Como hoy es 2 de mayo, Día de la Comunidad Autónoma de Madrid, cierro con un pequeño apunte sobre cómo se festeja. Porque no hay una sola forma. La historia, igual que el presente y, por ello, el futuro sigue en un terreno infectado por la ideología y poco dado a la reflexión.

Nuestra presidenta Ayuso daba este titular: Madrid no tolera invasiones de nadie. Por supuesto con clave ideológica o electoralista (ya vivimos un permanente período electoral), pero también podríamos dedicar el día a la reflexión. Entre un grupo de conocidos hace poco una voz decía textualmente “cada vez me cuesta más festejar esta fecha”.

Tuve que preguntar las razones. La voz respondió con todas las bondades francesas que imaginarse pueda, o hubiera, hasta que tal día como hoy en 1808, Madrid rechazase la invasión y comenzara nuestra Guerra de Independencia. Le recordé a la voz que aquellas bondades para con nosotros fueron puntuales, por no hablar de la situación de muchas de sus excolonias. “Nosotros no seríamos una colonia”, me respondió. Le comenté mis dudas sobre ello, considerando la historia de los imperios, incluido el francés.

En todo caso, esto me recordó el pensamiento de un amigo holandés: hablando de las diferencias entre países de la UE, se colgaba una gran medalla por la independencia y capacidad de lucha de Europa del Norte. Frente a ella, venía a decir, Portugal, España y Grecia estamos a la cola precisamente por no luchar lo suficiente por lo nuestro, el país que queremos y su mejora.

Imagino que un protectorado, francés o de otros países, no sería suficiente para mi amigo ni para muchos otros. Protectorados, invasiones y fronteras no deberían estar de actualidad, para sufrimiento de la mayoría y enriquecimiento de unos pocos. Otra muestra de la miseria humana de este siglo XXI

Prokófiev, poeta

marzo 21, 2022
El Ángel de fuego, en esta producción de Calixto Bleito estrenada en la Ópera de Zurich en 2017.

¿Por qué la poesía suele ceñirse solo a los escritores cuando hay tantas formas de crear poesía? Quizás es una continuación de los hábitos más generalizados, de las constricciones propias de cada sociedad.

Entiendo que los poetas auténticos no reducen al arte de la poesía a la escritura; que también la ven y la viven en cada obra artística que lo merezca. Este Día de la Poesía 2022, como cada año, me uno a ese sentimiento poético que se descubre en tantas creaciones humanas, y en la propia naturaleza, que es la nuestra.

La idea de que la poesía es espléndia donde quiera que se encuentre, la he compartido siempre  y, ayer tarde, en el ensayo general de El ángel de fuego, volvia en cada escena, en cada nota. En esta gran Ópera de Prokófiev que, con gran acierto, el Teatro Real de Madrid ha programado, la poesía iba más allá del texto del compositor ucraniano, o de la novela rusa en la que se inspiró.

Un pequeño pasaje de su Suite 2 de Romeo y Julieta ha sonado en cada una de las emisiones en radio de El planeta de los libros, desde enero de 2005, para presentar una u otra sección. Mi admiración, desde hace tantos años, era sobre todo hacia sus ballets y otras obras musicales.

Gracias al estreno de esta ópera en España mañana 22, Prokófiev no solo me admira más, también tendrá más y más admiradores en nuestro país; no en vano la ópera será transmitida por Radio Clásica y por ese canal de televisión que desafía la banalidad de los canales públicos y privados del país, con una programación cultural admirable. Me refiero al Canal de TV ARTE.

El ángel de fuego llega a España en un momento en el que nuestros ojos y oídos están atentos y sufriendo por Ucrania; no se puede negar esta situación incluso cuando la magnífica ópera te eleva fuera de la realidad.

A principios de marzo, el Teatro Real canceló las actuaciones del Ballet del Teatro Bolshoi de Moscú, previstas para mayo, dado su carácter público. En la rueda de prensa previa a este estreno se preguntó por los pocos artistas rusos dentro del gran elenco de la obra, por si pudiera afectarla.

Evidentemente no, sino todo lo contrario, porque estos artistas rusos no eligen, ni tienen nada que ver con la actual invasión del Estado ruso. El apoyo humano debe dirigirse a Ucrania y hacía todos los seres humanos, rusos o de otras nacionalidades, que también sufren esta guerra.

Lo que les está ocurriendo a estos mismos actores rusos, comentaba el director artístico del Teatro Real, Joan Matabosch, que también señalaba este estreno como uno de los más importantes de los últimos años. Una obra que ni el propio Prokófiev pudo ver en escena y en la que el compositor como buen creador llegaba hasta sus propios límites.

El libreto de El ángel de fuego une la alquimia, la brujería, la cabalística, el exorcismo o la inquisición vigentes en la Alemania oscurantista pre-luterana. La dirección de Calixto Bleito nos la acerca a los años 50-60 del pasado siglo, trasladando su trama satánica a la mente desquiciada y desvalida de la protagonista, violada en su infancia. La orquestación del maestro valenciano Gustavo Gimeno mantiene la tensión dramática desde el principio in crescendo, hasta un final que eriza la piel y satura todos los sentidos.

El mal tiene muchas formas y surge de las peores pesadillas del ser humano. Prokófiev lo entendió perfectamente, y aquí lo muestra de forma que no podemos quedarnos en los estereotipos, imágenes o palabras, cuyo uso solo aporta insensibilidad. Por útlimo, dar la enhorabuena a todos y cada uno de los que ayer hicieron posible admirar esta poesía. Poesía que no se olvida y forma ya parte nuestra.

Disfruten de el Día de la Poesía, Día de los Bosques y Día Europeo de la Música Antigua, coincidiendo con el aniversario del nacimiento de Bach.

Ucrania y Rusia, más allá del día a día

marzo 3, 2022

Documental «Rusia, la revolución conservadora»

En un desayuno informativo de Fórum hace poco, el director del periódico La Vanguardia, Jordi Juan Raja, apostaba por un periodismo explicativo. Magnífico adjetivo. Cuanto más se explique, mejor podremos entender, o acercarnos al entendimiento de la realidad.

El «periodismo» más explicativo que se hace masivamente en nuestro país (Tv por ejemplo) suele «explicar» corazones e higadillos personales (hay incluso un planeta dedicado a sacarles los entresijos a los famosos a cambio de un suculento viaje por la tierra). A esto se dedica mucho dinero, porque el espectáculo lo vale, pero lo peor es que esta forma de sedarnos, como otra cualquiera, produce mucho daño informativo a futuro, especialmente en la población menos crítica.

El periodismo explicativo auténtico lo encontramos demasiadas veces en los bordes (en España) y no solo en prensa o radio. Hay un periodismo audiovisual que crece con pocos medios, que analiza las situaciones con profundidad, tiempo y conocimiento. Un periodismo que significa especializarse, durante años, en áreas temáticas precisas, pendiente de la actualidad del día a día para integrarla en un relato mayor.

Buscando ese periodismo en la actualidad de Ucrania y Rusia, nos hemos encontrado con dos Documentales de Ricardo Marquina Montañana, muy recomendables. El primero que vimos fue «Rusia, revolución conservadora» , una mirada a los últimos treinta años del país, incluyendo una perspectiva histórica. Su director, guionista y cámara subió gratuitamente a Internet hace pocos meses.

Unos años antes, Ricardo realizó su primer documental y, como especialista en la zona, que nos regala también en su canal de YouTube: «Ucrania: El año del Caos» Desde las primeras manifestaciones en la plaza Maidán en diciembre de 2013 a todo el 2014, cuando el independentismo se asienta en el este de Ucrania y se apunta a la gran disyuntiva: UE (Occidente y más cercanía a la OTAN) o Rusia

Ricardo Marquina llena sus documentales de fuentes informativas muy variadas y, especialmente en el primero, recoge informaciones de otros periodistas en la zona. Ahí vemos entre otros a Pablo Gonzalez, entonces trabajando para el diario Gara. Hacia el final del documental Ricardo le pregunta por la posibilidad de que esos territorios vuelvan a Ucrania, Pablo dice que no, que ve un país dividido. Ese 2014 fue también el referéndum de Crimea y otros episodios bélicos, tantos que para contarlos Ricardo precisa más de dos horas. Muy bien aprovechadas.

Gracias a este periodismo serio y generoso se puede entender mejor la invasión rusa de Ucrania, a ocho días de guerra, con muertes y sufrimiento injustificable. Se puede atisbar la verdad de lo que ocurre, confrontando todos los puntos de vista posibles, hilando las diferentes situaciones en el tiempo y cómo se comportan sus actores. Además de Rusia y Ucrania, otros países juegan un papel importante. Polonia, en la primera línea divisora entre la OTAN y la zona de influencia rusa, está prestando una ayuda humanitaria memorable a los exiliados. Pero Polonia no pasa su mejor momento en el seno de la UE y algunos fanatismos gubernamentales de control son injustificables.

Ayer y hoy el diario Público informa, hasta donde puede, de la retención en Polonia de Pablo González, el mismo que participaba en el Documental en 2014, y muchos años conocedor de la zona: Polonia vulnera 18 artículos de la Carta de Derechos Fundamentales de la UE con la detención del periodista

La libertad de expresión es difícil dentro y alrededor de una guerra, malinterpretando incluso a especialistas internacionales, otras fuentes imprescindibles de información, y análisis. Es el caso de Pedro Baños Bajo, que ve la realidad desde todos los ángulos posibles y hace dos días en Twitter tenía que explicar nuevamente su posición: «mi repulsa absoluta por la actual guerra desatada por la #Rusia de #Putin en #Ucrania». Hago mía su frase. También la esperanza de que la invasión no lleve a mayores guerras.

Países y pandemias

enero 10, 2022
Foto Wikipedia

Después de más de un año viviendo en Lisboa, acostumbrándome de nuevo a Madrid y esperando que este 2022 nos permita hacer más actividades culturales. Esperanza en general y con cautela porque si algo nos faltaba a la Cultura en España era la llegada del COVID.

Es cierto que en Portugal la sanidad pública está más privatizada que en España. Solo por poner un ejemplo, si uno necesita hacerse un análisis de sangre, le puede costar la broma de 30 €, incluso cuando se lo recomienda el médico de turno de su centro de salud. Cierto también que en materia de COVID, Lisboa me ha demostrado una mayor solidaridad y organización que lo que estoy viendo por Madrid. El sistema de vacunación es por supuesto gratuito, como en todos los países, y más o menos coinciden en tiempos. Vamos a la gran diferencia a día de hoy.

Test de antígenos gratis y organizados.

En diciembre antes de volver a España, por si además del certificado de vacunación exigían una prueba de las últimas 48 o 72 horas, fui a la farmacia que tenía frente a mi vivienda en Lisboa. Allí mismo, un test de antígenos gratis solo requería mi número de usuario de la salud pública portuguesa y un correo electrónico (o móvil) donde enviarme el resultado.

Casi un mes y medio después me encuentro que en las farmacias de Madrid no solo no se hace la prueba, se analiza y se añade al currículum médico de cada uno, aquí se habla de vender los test y, todavía más, se utiliza la venta de ellos en los supermercados de Portugal Allí a 1 €, aquí no se sabe ni si llegarán, mientras en farmacias se venden hasta casi por 10€, las que lo tienen.

Curiosamente a los políticos en las comparaciones internacionales se les suelen olvidar las ventajas del otro. El país vecino empezó la venta en supermercados cuando llevaba meses con puestos para realizarse la prueba gratuitamente en distintos puntos de Lisboa: 31 de marzo de 2021.

Mientras, el virus sigue sin detenerse. En diciembre pasado se cumplieron 2 años de pandemia; de su inicio oficial, que no de su anuncio ni las medidas correspondientes. Seguramente tenemos virus para el 2023, y no sé si más allá. La gran pregunta es si por fin los políticos, atrincherados en millonarios sueldos y beneficios, y que también reparten millones entre agentes sociales para mantenerlos callados, acabarán entendiendo que estamos ante la gran catástrofe de salud pública del siglo. De momento.

Preguntas y más preguntas. Si los políticos actuales mostrarán este año menos ignorancia, y al menos algo de credibilidad. O si en 2022 no seguirán matando, vía Covid u otras enfermedades mortales mal atendidas.

Alabo la sanidad pública española pero, ¿es el COVID el caballo Troya para acostumbrarnos a la muerte, a la privatización y al copago?

Este invierno del 22, el Covid y la pobreza energética perfeccionan ese troyano, y hasta es mejorable. En los medios no deja de aparecer una antoñita la fantástica que augura un futuro “maravilloso».

En qué planeta vive, qué tiempos, qué ideología totalitaria y propagandística. Pintan bastos, y solo estamos a principios de año. Cuídense.

 

 

A la vera de Pessoa y Camões

septiembre 13, 2021

Otra temporada más. Nunca hay que renunciar a la libertad de expresión y a la verdad, salvo que se sea político (permítanme la broma, o melancólica verdad), en España y en la mayoría de países. Es verdad que en España, si se miente más y mejor, se gana más. Otras sociedades son más escépticas. La mentira está hace décadas al alza y ahora más en España, con esos políticos que se quieren llamar periodistas o, al menos, tertulianos. Tenemos que poner un límite al exceso de politización, sobre todo cuando la política es tan mala. Dicho lo cual, paso a comentar el inicio de la 18ª Temporada. Seguramente será solo en Redes Sociales y este blog, donde tuvimos que refugiarnos desde el inicio de la Pandemia. También confirmar lo que muchos ya intuyen por los últimos enlaces: la mayor parte del tiempo estamos en Lisboa; me gusta decir que con un pie en Madrid, acudiendo cada dos por tres, como pez al que le gusta bailar entre dos aguas.

Estamos tan acostumbrados a la perspectiva territorial que nos perdemos las ventajas (y algún inconveniente) de vivir entre dos países, incluso siendo tan cercanos como España y Portugal. Ya se ocupan los gobiernos de alejar lo que física e históricamente está tan unido. Es ingenuo pensar que con la Unión Europea estos dos países podían quizás mirarse un poquito más, favorecer sus comunicaciones. Ahí tienen la última propaganda que nos llegó directamente de la UE el 1 de septiembre: “Conecting Europe Express”. Después de año y medio sin tren Lisboa-Madrid, después de 18 meses en que la vieja línea fue cortada por la pandemia, esta bella mentira salía de Lisboa rumbo a Madrid. Ojo, en El Año Europeo del Ferrocarril. Vergüenza ajena, sí. En Portugal hay excelentes reportajes sobre esta desconexión sinrazón, en España como es habitual ni se quiere ser testigo de ella (salvo alguna voz que se alza en Extremadura, que tampoco es que se escuche mucho)

Este mes de agosto me he encontrado a bastantes españoles visitando Lisboa y alrededores: Sintra, Setúbal, Sesimbra. A veces me confundían con una portuguesa, a veces yo a ellos. Donde más diferencia hay es en el carácter tranquilo de los portugueses, en lo respetuosos que son. Aquí por ejemplo vas a la feria del libro e incluso con todo tipo de chiringuitos para comer y beber, la feria transcurre sin aglomeraciones ni empujones. En Madrid me dicen que hubo colas kilométricas este fin de semana en la Feria del Libro, por la falta de organización. Quizá somos así, poco previsores e invasores por naturaleza. Y ojo que Portugal también está reparando sus heridas coloniales, pero oiga no escucho ninguna estridencia. Es más, con la muerte de Sampaio se oyeron condolencias desde todo el antiguo imperio lusófobo, y hasta del presidente chino.

Hablando de literatura, que es lo que más les puede interesar, se espera un otoño caliente en Lisboa. Solo mencionar algunos eventos, los que pueden sonar más a oídos y ojos españoles. En octubre, Congreso Internacional de Pessoa. El Nobel no solo tiene esculturas tan famosas como la de la foto en Lisboa, también su casa (recuerdos a la Asociación de Amigos de Vicente Aleixandre en Madrid que siguen luchando para que nuestro nobel la tenga, y ya van 26 años). Entre la Casa Fernando Pessoa, convertido en Centro de la Poesía, y el reconocido Museo Calouste Gulbenkian, se volverán a reconocer las palabras del poeta.

En noviembre, el 16, arranca el centenario del nacimiento de Saramago. No será una foto del primer ministro y poco más, como ocurrió en Lanzarote. Aquí ya se anuncian cinco grandes conferencias coordinadas por el escritor argentino Alberto Manguel (al que hace años entrevistamos) y, por supuesto con la organización y apoyo de la Fundación que lleva su nombre.

El mismo Aberto Manguel participa en los actos conmemorativos de Dante por su 700 aniversario, con una esperada exposición de Marionetas, que esperamos disfrutar. No olviden la importante tradición portuguesa que hasta tiene un bello Museo de Marionetas en Lisboa, y otro en Oporto.

Y llegamos, como no, a Camões, siempre presente en la literatura portuguesa. En España solemos llamarle «el Cervantes portugués», y no se trata de llamar a Cervantes «el Camões español» pero nuestro Miguel admiró profundamente a Luís, como escritor y como soldado. Lo recuerdan bien en este diálogo el entonces Director del Instituto Cervantes en Lisboa, Javier Rioyo, y Juan Manuel de Barandica y Luxán, Exembajador de España en Portugal en el Diário de Notícias portugués, comentando además la etapa de Miguel en Portugal, donde llegó el año siguiente de la muerte de Luís. En mayo de este 2021 el gobierno aprobó un programa de conmemoraciones por el V Centenario Camões, del 12 de marzo del 2024 al 10 de junio de 2025.

Por supuesto, en Portugal también hay crítica a la acción política sobre la cultura. No todo son flores. Eso sí, todavía no he encontrado aquí algo parecido a la Cultura de la Ceja de Zapatero, que ya lleva comprando voluntades tantos años. Hasta ahora había cierta sutileza pero, de acuerdo con las informaciones de unos y otros medios, cada vez menos sutileza y más cara, que quizá eso es lo único que no le falta al flamante Ministro de Cultura. Les dejo con uno de los resúmenes que me ha parecido más acertado, el de Víctor Lenore en Voz Populi, sobre los dineros para viajes al extranjero -en esta España necesitada- solo para escritores; solo para escritores amigos: https://www.vozpopuli.com/altavoz/cultura/miquel-iceta-mamandurrias-culturales.html

Aquí no acabará este nuevo despropósito político, seguro que será jugoso saber en qué termina tanto viaje. Me sigue sorprendiendo lo fácil que se venden algunos por un viajecito, será que a nosotros nos gusta viajar sin ataduras. Y, ya saben, si se dan una vuelta por Lisboa, avisen. Y que sea pronto, empezamos en Lisboa y no sabemos donde terminaremos esta temporada 😉

Violencia “artística”

marzo 6, 2021

Líder Asalto Capitolio EEUU. Enero 2021

Busco la expresión en Internet y me remiten a lo contrario de lo que quiero hablar. Quiero escribir sobre el arte como mero término para blanquear la Violencia. Violencia a gritos, con música o sin ella. Violencia física o silenciosa. Cuando no hay razones para la violencia y el arte es el pesebre agradecido en el que la Violencia se alimenta. Las artes, todas las artes, pueden servir de alimento.

A veces un libro, o solo algunas de sus hojas, vomita una Violencia que no aguantamos. Dejamos de leer. Quizá la primera vez que escribí sobre ello fue hace 13 años, leyendo al eterno aspirante a Nobel Murakami que, después de aquellas páginas y aquel libro en general, se cayó definitivamente de la lista de mis favoritos. Cuando lea, protéjase titulaba entonces.

La Violencia, Violencia “artística” (Va) está de moda, al menos en los países “desarrollados”. Es cada vez más premiada, y no me refiero a que se vendan más discos, se consigan más clics, o hasta el estrellato circense. Otro libro que tenía que dejar de leer hace poco -porque más que Literatura contenía Violencia- se llevaba nada menos que El Premio Nacional de Narrativa 2019.

La Va es cada vez más cercana, más enraizada en la actual Violencia política. El presunto arte sirve más peligrosamente a esta Violencia, con canciones o tuits. La Va ha crecido y madurado con las RRSS y esta Violencia quiere ser populista ¿Qué sería del asalto al Capitolio hace unos meses sin esas “artísticas» imágenes en internet? ¿No nos enseñó más el violento cabeza de búfalo que todos los titulares de aquel día? ¿Qué queda en el inconscientemente colectivo?

La Violencia se ha hecho “Artista” en el mundo y en España. Además de los libros comentados, recuerdo especialmente una representación en el Teatro del Barrio, Madrid. No me acuerdo de la fecha. La obra se anunciaba como una “creación teatral” a partir del hecho lamentable de la muerte de Carlo Giuliani en la Contracumbre del G8 en Génova, hace casi 20 años. En realidad era un intento de blanquear la Violencia, aquí revestida de teatro.

El futuro vicepresidente del gobierno nacional de España, Pablo Iglesias, participaba en el coloquio posterior donde el resto parecía pura comparsa. Lo más interesante de aquella otra representación fue constatar a ojos vista (las pantallas engañan mucho) la pobreza cultural oculta bajo el chismorreo de sus varoniles andanzas protestonas (y no sé si violentas) por Europa.

Podría extenderme más, ya me dicen en comentarios si quieren. La falta de carisma, el mensaje del machito camorra, acabó con el colofón de despreciar a los medios de comunicación que no le dieran millones de audiencia. En fin, Diagonal, La Marea y El Planeta de los Libros, entre pocos más, patidifusos nos quedamos ante el populismo barato.

Estas experiencias no se suelen contar en los periódicos, no al menos en los cercanos ideológicamente y que pueden depender de sus ayudas económicas. Los que acudimos a todas las representaciones “artísticas” vengan de donde vengan y que nunca recibimos dinero de partido alguno, ni los pretendemos, tenemos esa pequeña libertad; no solo de ir sino de contar.

Espero que la moda de la Va se diluya. Aunque me temo que lleva décadas perfeccionándose, y dando buenos réditos. Además tiene hermanas gemelas que empiezan a preocupar. La Violencia “cultural” sería una de ellas. Aquí entramos en el envoltorio cultural/circense que acompaña este 8 de Marzo y que ya gateaba el año pasado. Si el feminismo es cultura, o así lo creo yo (igual que el antirracismo u otros movimientos en pro de la justicia humana) espero que este 2021 no asuma más circo del que ya se ve, o más violencias físicas o de palabra.

Defender la igualdad de la mujer nunca fue violento pero en estos tiempos hasta las ideas más justas y humanas se ponen el altavoz de los insultos, cuando no de provocaciones físicas. Este 8 de Marzo no voy a manifestarme por los derechos de la mujer, si acaso me manifestaría por un gobierno igualitario, que ahora no tenemos mientras la Moncloa se llena cada vez más de chiringuitos y populismos baratos.

Este 8 de marzo voy a seguir leyendo el libro que recomendaba hace unos días en RRSS: Conexión el ensayo de Kae Tempest que mañana publica la editorial Sexto Piso. Aunque no coincida necesariamente con le escritore en la cuestión de género, su libro es toda una lección de humanidad.

Cuídense.

Cuando dejamos de leer

octubre 18, 2020
El Retiro, Madrid 8/06/2020

Nadie está hablando de otras pandemias más silenciosas que acompañan al Covid-19. Lo rodean o siguen pero parece que nadie quiere verlas, o muchos quieren ocultarlas al menos aquí en España, el clásico: «no hablar de un problema para que no exista».

Esas pandemias no están en los medios de comunicación, de propaganda en su mayoría. Tampoco están en las redes sociales, que tan libres se erigen, ya que la libertad sin pensamiento es el gran tótem del momento. Una de esas pandemias es la que da título de este artículo: cuando dejamos de leer; asistimos callados a un abandono generalizado de la lectura como un virus menor.

Quizá leemos todavía en internet, en las redes. Como leen los ojos con velos, con la censura de algoritmos, que han sido bien aprendidos por los poderes. La cuestión es que no consideremos nuestras propias lecturas como una mordaza; la que nos ponemos nosotros mismos, para solo poner un «me gusta» cuando sea correcto políticamente. Cada vez más alejados de la lectura en libertad, la verdadera, la que profundiza y cuestiona los problemas reales que, por ser básicos, son los más duros de enfrentar, nos dedicamos a esta lectura politizada.

La coyuntura de estos últimos meses, vivir una pandemia y sobrevivir a ella, a pesar de la pésima gestión de nuestros «gobernantes», palabra entre comillas porque si gobierno ya es feo, «gobernantes» apenas se utiliza, no vayamos a descubrir que somos tan pequeños que necesitamos gobernantas y gobernantes; que esta coyuntura tan nueva y estridente nos ha hecho más pequeños, a través del miedo, a través de la desinformación, para que tampoco podamos pensar con claridad: la urgencia, como herramienta contra lo importante.

Más que buscar discursos intelectuales o sencillamente cuerdos, que apenas encuentro, escucho a la gente alrededor. Al llevar tantos años viviendo entre libros o intento de pensamiento, conocidos y amigos me comentan que no se concentran en la lectura de libros. Son gente habitualmente lectora, menos del 50% en España, mientras la otra mitad sigue observando los lomos ordenados que decoran su casa.

Disfruto de los libros, me refugio en ellos sobre todo cuando la realidad quiere más idiotizarnos. Realidad sobredimensionada, o propaganda institucional: ¿Cuántas exposiciones hay de Galdós, cuan cultos quieren hacernos sentir por dar un paseo entre foto y foto, o recorrer con mirada elevada cada libro en vitrina? Esos libros que ni siquiera ojearíamos si los tuviéramos en casa. Las exposiciones literarias sirven para eso; darnos la apariencia de lectores y cultos, aunque no lo seamos.

Sin duda es mucho más fácil, y rentable, montar una exposición «mona» que fomentar la lectura, no digamos ya intercambios entre lectores, diálogos o debates. ¿Debatir en España? Nos comunicarnos a palos, como ya supo bien recoger hace dos siglos el infinito Goya.

Hubo tiempos mejores. En la Transición aunque hubiera palos también había diálogo. Los parlantes venían leídos de casa, de muchos años, de fuentes profundas (o lo que pudieron acercarse a ellas, entonces, cuando todavía se valoraban)

Esta pandemia tendrá muchos efectos negativos. El no leer será sustituido por mayor visceralidad en la sociedad, mayor poder de la propaganda gubernamental (si es televisiva o visual mejor y más eficaz). La realidad es tan clara que siguen hablando de ella periódicos extranjeros. Aquí, dominan la polarización y los prejuicios (para qué esperar al juicio) que avanzan en tropel, solo con un poco más de silencio que las tropas armadas.

Pintadas como las que me encontré en ese banco del parque de El Retiro, el de la foto, se ven también en manifestaciones de extrema derecha. Y la extrema izquierda no le va a la zaga, aunque a veces parezca más sutil. El pasado miércoles 14, cuando salía de una presentación poco más tarde de las 14h, en plena Plaza de los Cubos, un extremista histérico interrumpe mi mobile reading waking (lectura en el móvil mientras se anda). Me viene a contar la sentencia del día, el caso Gürtel.

¿Quién adoctrina a estos jóvenes con más agresividad que cabeza? Sentí su rabia y no le hice ni caso. Según le esquivaba y me alejaba, se puso más y más cabreado, lanzando improperios contra mí ¿Qué había hecho yo? ¿no dejarme asaltar? ¿no dejarme intimidar? Cuando volví la cabeza para reconocerle mejor, por arte de magia, había desaparecido. Me recordó a un secreta israelí en un aeropuerto, hace años, no le vi llegar ni marchar ¿Serán auténticos fantasmas? Su tono fue más delicado, mejor adiestrado, la cólera en voz baja: «es una provocación que lleve ese pañuelo» (un recuerdo jordano).

La política polarizada se adentra en la justicia, la educación, la cultura, los medios de comunicación y la propia calle. Pocos protestamos, como si el tono sacerdotal del jefe de estado y el presidente del gobierno (no me digan que no se dieron cuenta) tuvieran capacidad de adormecernos, a pesar de las cuantiosas broncas en sedes parlamentarias.

La falta de lectura, la falta de calma y de conocimiento, son ya legados del Covid. El virus estará con nosotros unos años, así que multipliquen sus efectos, lo que ya se llama el «idiotavirus». Y cuídense, no solo físicamente, también mental y psicológicamente. Ya saben que somos un todo.

El Planeta 2021

octubre 5, 2020

lectora años luz

 FOTO Una lectora. Escaparate #AñosLuz. Madrid

Desde hace 15 años, en octubre saludamos la nueva temporada de podcasts. Este octubre no nos queda otra opción que saludar al famoso COVID-19. Al principio, allá por marzo, cuando no nos daban información sobre el virus, emitíamos podcasts anteriores con la esperanza de que terminara la pandemia y uno de sus peores confinamientos. Sin embargo, debido sobre todo a nuestros políticos, como ya saben y comentaremos en este artículo, la situación vital, social y económica sigue siendo insostenible, la vida cultural y mediática reducida a su mínima expresión, o libertad de expresión.

La vida es nuestra primera necesidad. Durante casi 7 meses sufrimos la ausencia de aquellos que deben preservarla, sobre todo expertos y sus criterios científicos. Ahora empiezan a pedir su lugar, aunque todavía sin una dirección o portavoz definido; una comunidad caótica que sirve para todos los gustos, y así es utilizada por el poder, por cualquier poder o partido.

A estas alturas ya sabemos cómo está la política, la ciencia y la sanidad en España, por mucho que hayan intentado ocultárnoslo. Tampoco nos van a engañar en lo que la «clase cultural» ha aportado a la pandemia de este 2020. Tanto los oficialistas politizados, como los magnates económicos de la cultura, han estado más preocupados por salvar su trasero, que trabajar para la sociedad en su conjunto. Ministerio de Cultura, Consejerías o Concejalías, ¿a qué se han dedicado? Igualmente, Fundaciones Privadas o semiprivadas, Empresarios Culturales, etc.

Lo peor sin duda ha sido el papel de esa oficialidad cultural, jugando todos estos meses, como siempre pero en una situación extraordinaria, con el dinero de todos. Pongamos como ejemplo ese Ministerio de Cultura permanentemente mirándose al ombligo, como un hombre sin más objetivo que rodearse de chicas jovencitas, que no le enmienden la plana, ya bastante ha tenido con el ala deportiva y los conflictos con su Secretaria de Estado.

El «llamado ministro» de Cultura (al que se unen bastantes otros «llamados», que cobran como tal y actúa en contra de la cultura, el progreso y el bien común) nos convocó por primera vez tras el confinamiento -cuando Madrid pasó a fase 1 y pudo hacerlo- a lo que vendieron como una gran acción «cultural» (El País lo recogió nada menos que en su portada el 26 de mayo y con una gran foto).

Aquel 25 de mayo, preferí acercarme a la abandonada Cuesta de Moyano, antes que ir a ver cómo limpiaban estatuas en la Biblioteca Nacional. ¿Prioridad ministerial después de casi 6 semanas de confinamiento?, ¿u otro envoltorio de los habituales? Reuniones y reuniones, anuncios y anuncios, resultados invisibles. Hay incluso un nuevo plan de fomento de la lectura (anuncio), quizá sepamos algo de él justo antes de las elecciones. Ni una convocatoria de interés desde su nombramiento, hasta la fecha.

Si Bill Gates decía en su último Goalkeepers Report que debido al Covid-19: «Hemos retrocedido 25 años en 25 semanas». En países como el nuestro el retroceso (algunas semanas después) puede ser de 40 años o más, y no está claro que podamos recuperarlos. Angela Merkel ya nos identifica como principal escollo para la recuperación en la UE por nuestra «Política tóxica», entre otras vulnerabilidades. Hace unos días The Economist hablaba de nuestra «venenosa clase política». Y de nuestro Estado de Derecho mejor hablamos otro día.

Virus, vulnerabilidades, venenos. Si hablamos del futuro de la UE, o del planeta, es posible que nuestro país sea uno de los que más difícil lo tenga. La debilidad actual no nos ayudará en la crisis climática o en cualquier otra crisis por venir, cuando ya se habla de «desgobernanza mundial» o «criminalidad sistémica». Y, si han visto el documental «The social dilemma» en Netflix, las Redes Sociales no nos ayudarán a mantener la cordura.

Seguimos de confinamiento en confinamiento. Desde el sábado Madrid y otros municipios, que no fueron los primeros ni serán los últimos. ¿Se investigan las acciones y responsabilidades de esto? No por culpabilizar; se trata de estudiar, conocer y, a partir de ahí, proponer soluciones. Después de tantos meses, las soluciones no llegan. Ni en lo nacional: ERTEs, funcionamiento de la Seguridad Social, etc. Ni en lo local: el ayuntamiento de Madrid todavía no ha conseguido que su aplicación móvil para el uso de espacios deportivos, entre otros servicios, funcione. Hay adolescentes maestros, creadores de estas aplicaciones. Madrid, España, sigue sin mirar al futuro.

Volviendo al área de «Cultura», por las convocatorias recibidas hasta ahora lo que queda de 2020 se presenta enlatado, oficialista y, en general, más dedicada a la propia promoción que a las obras en sí o a su difusión. Después de tantos años desperdiciados, la Cultura es cada vez más el gran adorno y la gran mentira. Si hubiéramos tenido cultura suficiente habríamos cuestionado no solo lo estrictamente cultural, sino también nuestro sistema político, económico, social y laboral; podríamos habernos situado mejor para lo pasado y lo que nos espera.

Quizá para 2021 surja algún movimiento cultural en sentido amplio, que aúne lo colectivo y lo individual, lo político y lo social. Pero si tenemos que recuperar tantos años perdidos quizá necesitemos más tiempo, o nunca lo consigamos.

En El Planeta de los Libros hemos decidido, Adrián y yo, que si hay un mínimo de esperanza quizá volvamos a emitir entrevistas en Octubre de 2021, quizás. Seguiremos activos en este blog y en las redes, y nuestra web permanecerá abierta. También mantenemos nuestros correos electrónicos, el más conocido participacion@elplanetadeloslibros.com para que nos envíen opiniones, escritos, libros. Sí, también libros, a partir de ahora solo en formato digital; la situación del país puede hacer que nos exiliemos (no sería la primera vez) por cuestiones laborales. Lo que tampoco se notaría mucho, habida cuenta de los cientos de miles que lo han hecho los últimos años.

Cuídense, y cuiden lo que nos queda de cultura y sociedad.

Esto no es Chernóbil

septiembre 29, 2020

Hace unas semanas, alguien me recomendó la serie #Chernóbil. Lo hacía con la mejor intención. Qué era la actual pandemia comparada con aquel desastre de 1986. Hice caso a la recomendación y me encontré con una buena miniserie de HBO. Muy lejos por cierto de lo que he visto de #Patria, o lo que me merece hasta la fecha, siguiendo con el estilo de telenovela iniciado por el libro de Aramburu.

#Chernóbil se basa en un buen libro: Voces de Chernóbil. Obra documental, a partir de informaciones recopiladas durante diez años y publicada en 1997, cuya autora ya dice mucho: la periodista bielorrusa Svetlana Aleksiévich, Premio Nobel de Literatura en 2015. No se trata de comparar libros y autores, porque entiendo que el orgullo patrio se sentiría herido. Sí, establecer diferencias de obras y calidades.

Aunque la haya visto ahora, #Chernóbil se emitió en 2019 y obtuvo nada menos que 19 nominaciones a los Emmy, llevándose algunos de los mejores galardones. Una serie que, después de una documentación digna de Nobel, es llevada a la pantalla 20 años después. Los tiempos son importantes cuando se quiere hacer un buen trabajo y, más aún, las formas son importantes.

Ante un desastre nuclear como el de #Chernóbil, la escritora no se entretuvo en hacer una obra de ficción; a veces los hechos son tan duros para la experiencia humana que la ficción resultaría ridícula. De hecho, me ocurrió con #Chernóbil, cuando busqué la serie me apareció en primer lugar #DespuésDeChernóbil. Amazon se adelantó en tiempos pero no en contenido, sino todo lo contrario; a punto estuve de decirle a la persona que me había recomendado la serie que era de las peores ficciones posibles. Me contuve y pregunté primero si era esta la serie. No, no, nada que ver con la ficción.

Quizá esa sea la razón por la que no pude terminar el libro de #Patria. Hay hechos que no pueden ser llevados a la ficción y, si lo hacen, los resultados son cuanto menos discutibles. Sí, sí, ya sé que la mayoría está a favor de la serie española, y que desde Rajoy a PRISA, pasando por los Gabilondo, Tele5 o Sálvame, todos andan extasiados. Pero digo yo que, al menos, me dejarán opinar diferente, que todavía no hemos llegado al autoritarismo soviético (aunque nos acerquemos).

En #Chernóbil no hay tiempo para ambigüedades ni decorados o personajes pastel. Los protagonistas se sitúan en dos planos bien definidos: los que supieron responder al desastre para que no fuera a más, o no volviera a ocurrir (bomberos, mineros, voluntarios e ingenieros), y los que lo causaron.

Especialmente interesante es el último capítulo de la miniserie. Casi al final, minuto 51 aproximadamente, está la razón y la importancia de llevar esta obra del libro a la pantalla: unas palabras del científico y camarada Legásov, que podríamos aplicar a la situación actual (la de la pandemia):

«Cuando la verdad ofende, mentimos y mentimos, hasta que no podemos recordar que está ahí. Pero está todavía ahí (la verdad). Cada una de las mentiras que decimos provoca una deuda con la verdad. Más pronto o más tarde, esa deuda se paga»

¿Cuál es el coste de las mentiras, cómo se pagan las deudas con la verdad? La serie termina recordando que Gorbachov, presidente de la URSS hasta su disolución en 1991, declaraba en 2006:

«Puede que el desastre nuclear de Chernóbil fuera la auténtica causa de la caída de la Unión Soviética» (subtítulos HBO)

Además de los cientos de miles de desplazados para evitar los efectos de Chernóbil, nunca sabremos cuántas personas murieron a causa del desastre. El cálculo se mantiene entre 4.000 y 93.000 muertos, según la miniserie, que afirma además que el recuento oficial de víctimas es de 31, sin modificar desde 1987.

Mi amiga tenía razón: esto (la Pandemia) no es Chernóbil. Solo que, mientras ella minusvalora lo que estábamos padeciendo en la actual pandemia, yo valoro en mucho las muertes (y las formas de morir) de más de un millón de personas en el mundo, más de 50.000 personas en España.

Que sepamos, porque seguramente pasarán años antes de conocer las víctimas del coronavirus. Y mucho más saber quienes fueron responsables, no supieron o no quisieron contenerlo. ¿Habrá alguien que nos cuente, 20 años después, que este fue el inicio de la caída? ¿Habrá alguien?

Gobernar sin Credibilidad

abril 27, 2020

Además de las palabras, el silencio es otra forma de engaño. Mientras en lo personal puede haber algún objetivo positivo. En lo público, callar la verdad es un atentado a nuestro derecho a la información, entre otros derechos y libertades fundamentales.

Gobiernos, como el de Portugal o Alemania, han gestionado, e informado sin silencios, sobre el Covid_19 y por tanto sus gobernados les dan suficiente credibilidad. Aquí estamos con un gobierno nacional y varios autonómicos entre silencios, con preguntas sin respuesta. Como niños a los que se echa de la conversación de mayores. Mayores, gobiernos, que reducen nuestros derechos, hasta el derecho a la propia vida.

Aborregarnos como niños no es nuevo en este país, solo que se ve más en situaciones difíciles, ahora hasta socialistas y podemitas parecen añorar la época de ordeno y mando. La ministra de defensa ayer mismo iba así contra los ciudadanos: «A veces España es un país donde todos sabemos de todo». Quizá sea que le queda grande el puesto y cuando no se tienen argumentos para su gestión recurre al menosprecio de los demás.

Seguimos. Son muchos casos, así que solo pondré algún otro de muestra. Otra ministra. La de educación. Ella se atreve a hablar incluso de comunicación gubernamental, con tan poco conocimiento que hasta dice: «No podemos aceptar que haya mensajes negativos, en definitiva falsos».

Una clase educativa gratis para la ministra: una noticia puede ser negativa y verdadera, igual que una positiva falsa. Veamos la diferencia en dos casos prácticos: España «el país con la mejor sanidad del mundo», mensaje, propaganda o noticia positiva y falsa. «España, el país con más sanitarios contagiados del mundo». Realidad más que negativa, desastrosa, y lamentablemente verdadera: 20%, frente a nuestro inmediato competidor, Italia, un 10%.

Después de 6 semanas de confinamiento y sufrimientos como los que veremos más adelante, los ciudadanos mantenemos el tipo, y a pesar de los gobiernos y su comunicaciones, o quizá precisamente por ellos. Es una necesidad ser críticos, no solo con los datos que nos dan, también con sus mensajes de propaganda.  

Como he conocido a responsables de comunicación de algunos gobiernos, sé que tienen una gran profesionalidad (algunos). Aunque no vale de nada si el jefe es un inepto. Hay ministras y ministros que siguen la comunicación populista de Trump o Putin. Ayer Trump suspendia las ruedas de prensa, aquí vamos por el mismo camino.

Los dos mencionados, como muchos otros de esta política actual donde vale más un imagen que un cerebro (imagen con billetes, se entiende), los dos dirigentes se unen, salvando sus supuestas diferencias ideológicas en un objetivo prioritario: aborregar a la población, empezando por los medios de comunicación (de ahí la pasta que se están llevando la mayoría por poner la cara sonriente, la alegría enlatada, la positividad casi religiosa)

Menos mal que no estamos en tiempos de autarquía y nos llegan noticias del exterior. Fíjense dónde coloca la Comunicación Gubernamental Bill Gates en sus 7 Tesis Para Vencer al Covid_19. Segundo lugar, sí. En España, como además de borregos, algunos dirigentes nos consideran ignorantes (nos ven como su fiel reflejo) ya llevamos una larga lista de errores y lapsus en comunicación. Situaciones de incompetencia gestora, que creen que aceptamos con un «mate al mensajero»: la comunicación.

La incertidumbre que todos sufrimos no solo viene del virus, sino más de la pésima gestión y comunicación. La ministra de defensa, de nuevo: Dice que llora (cuando llega a casa), como si ahí se confesara y lavara sus pecados. De casa a casa. Debería ponerse en contacto con los muertos en domicilios que, solo en Madrid, lleva contados Policía Nacional: hasta 70 muertos al día en sus casas, a la espera de salir a la luz, a la espera de que se hable con los familiares que sí debieron de llorar, mucho. Algunos velaron sus cadáveres en casa durante días.

Muertes ocultadas, no contadas, despreciadas como la mayoría en Madrid. Y sólo ahora, gracias a una fuente anónima de Policía Nacional, se nos informa de lo terrible de la situación.

Aquí y en el resto del país, lo importante sigue siendo mantener el poder político, no las vidas, ni siquiera las vidas de los que nos cuidan. Tiene que salir un enfermero de un hospital madrileño a contarnos que luchemos por ellos. Después de más de 35000 sanitarios contagiados y una querella ante el Tribunal Supremo, nuestros sanitarios sin respuesta gubernamental han decidido tomarse la comunicación por sus manos.  

La idea de comunicación de este gobierno se estudiará en universidades: manipulación, bulos, aborregamiento y no sé cuantos errores más. Hay que estudiarlo, si es que la Universidad no está a la altura de nuestra Política. El título: Propaganda versus Información. Ya comentaba algo en Comedias y Tragedias hace un mes.

¿Y la cultura? me preguntan algunos. Si de política gubernamental y de vidas estamos tan mal, a la Cultura no se la espera en España. Fue una de las primeras muertes, ya estaba enferma desde hace años, hasta el punto que en noviembre le dedicamos un programa: Cultura Oficial Española.

La Pandemia solo hace empeorarlo todo. Y aunque el virus se contenga, la ineficacia comunicativa creo que irá a más. En un mes, quién sabe, ¿un robot contestando a los periodistas?, ¿periodistas robots? Ahí sí pueden aducir fallos técnicos.

Como la comunicación gubernamental es tan pésima, nos preguntamos unos a otros. Hace poco una amiga me pedía, ante la falta de credibilidad reinante, que mirara en mi bolita de cristal. Sí, cree que tengo capacidad de prever; será por la falta de previsión que sufrimos. Y nos fuimos al más allá. Y le dije que imaginaba una estampida, lo normal cuando a los borreguitos los tienes demasiado atados:  saltar la cerca. En fin, he copiado un poco a Bill Gates, espero que ella no se entere.

Y hay algo que no consigo ver todavía, por si tienen respuesta: cuándo romperemos la cerca. Cuándo las mentiras, el hambre, la necesidad o la rabia nos harán salir a la calle. ¿Cuestión de tiempo? Entre tanto, como seguirán intentando silenciar y manipular nuestros derechos y libertades, seguiremos hablando entre nosotros. De la misma forma que nos cuidamos entre nosotros.

Salud y valor.