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Dediegos, un espejismo

julio 27, 2012

Recorriendo el Madrid de la letras con Dostoievski

Por Salvador Moreno Valencia

Llegamos a la calle Salitre número once, en la puerta vimos lo que podría ser un logotipo, dos medias lunas enfrentadas en las que una figura, que podría representar a un arquero, usa, precisamente, de arco. Número once de la calle Salitre, antigua Baltasar Bachero, otro héroe.

Encontramos la puerta abierta y entramos. Dentro no había nadie. Sólo un motón de objetos recogidos con toda probabilidad de la calle, cuadros sin acabar, esculturas, una televisión vieja, eso en la antesala de lo que era estudio y casa, más adentro en la penumbra del local, tras un cuadro que ocupaba toda la pared a modo de biombo separador de espacios, encontramos un colchón que hacía las veces de asiento y de cama posiblemente, el jergón y el tálamo de Dediegos, el escritor que me había plagiado mi novela Santa Compaña. Un microondas y un viejo ordenador en una mesa como de enanos, cuya silla era con toda seguridad la de un antiguo liliputiense, cerraban la lsita de objetos que a la vista teníamos.

-Aquí no parece estar su amigo -dijo el maestro.

-No, no parece estar, eso es más que evidente.

Echamos un vistazo a aquel lugar, la ropa tendida al fondo en plena oscuridad; a aquella parte del estudio no llegaba la luz que tan sólo podía entrar por la puerta de entrada al tugurio. Una ventana que daba a un patio interior no era más que un agujero de ventilación porque por ella tan sólo entraba el olor a berza y el sonido de la cotidianidad del vecindario, alguna vecina increpando a otra vecina, niños gritando al unísono de los ladridos de uno de esos perros horribles vestido para la ocasión: impermeable y lazos amarillo chillón. Dos casas más abajo, en La ratonera, la camarera, una chica llamada Ana,  flirteaba con el escritor al que habíamos venido a buscar.

Mientras estábamos sumidos en nuestra labor de observación sin que nos percatásemos entró alguien en el estudio.

-¡Hola! ¿Dediegos?

Al oír su voz salimos de la semipenumbra y nos hicimos presentes ante aquella ninfa.

-Hola, ¿han visto a Dediegos? -preguntó la chica con su timbre de voz por el que sin duda cabía pensar que era cantante.

-No, no lo hemos visto, pero estamos buscándolo -dije para tranquilizarla.

-Pero… ustedes… ¿son amigos de Dediegos?

-Sí, no se altere, ni se preocupe, no somos de la bofia, nada parecido, somos del mismo gremio que su amigo, que por cierto: ¿sabe dónde podremos encontrarlo?

-La verdad es que no, porque siempre deja el estudio abierto por mucho que le diga que debería cerrarlo por lo menos cuando se aleja del barrio, pero nada, él no hace caso. Lo mismo que no se da cuenta de que estoy loca por él -dijo la cantante. Sin duda era cantante porque nos dijo que llevaba su guitarra a que la arreglaran que había sufrido un percance y sin ella no podría cantar esa noche en la sala Caracol.

– Mira… perdona pero cómo te llamas -preguntó el maestro.

-Me llamo Malena, bueno, quiero decir Silvia, pero a Dediegos le gusta llamarme así.

-Está bien, Malena, mi nombre es Salvador -dije.

-Y el mío Fiódor -dijo el maestro ofreciéndole su mano.

-¿Y qué quieren ustedes de Dediegos? -preguntó la chica nerviosa con la guitarra en la mano.

-Nada, sólo queríamos saludarle -respondí anticipándome al maestro.

-Mejor será que me vaya entonces -dijo ella y dándose media vuelta nos dejó tal como estábamos. Así que decidimos salir de allí y bajar la calle para dirigirnos a la plaza de Lavapiés. Dos casas más abajo un bar llamado La ratonera nos llamó la atención, desde la puerta pudimos oír que alguien recitaba estos versos:

Deseo hacerlo,

conspirar contra lo establecido

hacer el amor bajo las escaleras

del absurdo inmediato,

amarte hasta que se acaben las olas

y el infinito mar

reniegue de nuestro amor.

 

Subir caderas arriba,

como por una escalera de caracol,

al cielo de tus pechos

y allí quedarme dormido

sobre las nubes de tus pezones.

 

Amar cuanto eres dentro y fuera

y descubrir bajo el vuelo

de tu vestido

el origen del mundo

y el oscuro deseo

que me lleva a escribirte

estos versos.

 

Y al entrar descubrimos que el que recitaba no era otro que Dediegos Gracia García, escritor al que habíamos ido a buscar. Así que entramos. El que me había robado la novela Santa Compaña no se percató de nuestra presencia, ensimismado como estaba intentando asaltar la fortaleza de la bella camarera que como una princesa custodiada por sus soldados se asomaba, aparentando timidez y pureza, a la muralla que se había construido con lo que para los clientes era simplemente la barra, tras ella su reino, y el amante desdichado pretendiendo el asedio como un caballero andante de blasón y espada se enfrenta a un legión de gigantes que el sabio Malandrín no dudará en convertir en molinos.

-¡Hombre mi querido Rodia, cómo tú por estos páramos! –dijo Ana que estaba atendiendo a unos clientes.

 

Extraños

julio 13, 2012

Recorriendo el Madrid de la letras con Dostoievski

Por Salvador Moreno Valencia

Tuvimos suerte, al llegar nos recibió el mismísimo director, el señor Jiménez Fraud. Lo que nos sorprendió porque parecía éste muy ilusionado con nuestra visita.

-¡Mis queridos señores! ¡Bienvenidos sean a nuestra humilde residencia! Los estudiantes y algunos invitados están ansiosos por oír sus ideas -No cabía duda, el señor Jiménez nos estaba confundiendo con sus conferenciantes, a los que no había visto nunca, pero de los que sí había leído todo.

-No se preocupe amigo -dijo Fiódor-, le agradecemos su calurosa bienvenida, pero creo que está usted equivocado, nosotros sólo pasábamos por aquí… -esta coletilla me recordó a una canción que años más tarde pondría de moda un cantante progre socialista o comunista, que hizo famosa aquella letra de “presiento que tras la noche vendrá la noche más larga, quiero que no me abandones, amor mío al alba…”.

-¿Cómo que una equivocación?, no puede ser, querido amigo, no podría confundirle a usted, a su amigo tal vez -dijo mirándome mientras me estrechaba la mano-. ¿Cómo puedo equivocarme con un talento como usted querido? -Efectivamente el señor Jiménez parecía conocer al maestro. ¿Me había engañado Fiódor y me había llevado hasta La Resi, donde estaba invitado a dar una conferencia, dándome a entender otra cosa? Pensé que debía de haber un error, mi querido amigo no me iba a engañar así, máxime cuando no tenía por qué, ¿o sí?

-Le presento a mi querido Rodia –dijo el maestro, el director de la residencia me había estado apretando la mano un buen rato hasta que por fin Fiódor dijo-. Perdone mi desatención con mi amigo, le decía que él es… -En ese momento en que se disponía a decir mi nombre al director se acercó presuroso un estudiante haciendo aspavientos con las manos.

-Ustedes me van a perdonar pero señor director ya están aquí los conferenciantes.

-Sí, ya lo sé, señor Buñuel, les estoy dando la bienvenida -El señor Buñuel, ya con las manos detenidas y colocadas en los bolsillos nos miraba atónito, y con extrañeza.

-Pero… -se detuvo y nos volvió a mirar de arriba abajo como si tuviera por ojos una cámara para hacer cine- …sin duda señor director aquí hay un error -volvió a decir.

-Efectivamente, amigo -respondió el maestro-, eso trataba de decirle al señor Jiménez, que nos ha debido confundir con otras dos personas, y él nos decía que no, que cómo se iba a equivocar habiendo leído toda nuestra obra, cosa esta que me extraña porque aquí ni mi querido Rodia ni yo tenemos muchas obras publicadas, al menos yo no las tengo traducidas todas, y mi compañero ni traducidas ni publicadas.

-Evidentemente, he debido cometer un error al confundirles con nuestros conferenciantes, cosa insólita en mí, que suelo documentarme bien sobre los que vienen a deleitarnos con sus arengas, sus ideas y sus conocimientos. Me van a permitir, y perdonen -dijo y se fue con el señor Buñuel dejándonos allí en la entrada de La Resi sin más atención. Yo me dije que ya que estábamos allí debíamos quedarnos a oír la conferencia y a salir de dudas y saber quiénes eran aquellos con los que habíamos sido confundidos. ¿Cuál no sería nuestra sorpresa cuando llegamos a la puerta por la que se accedía al salón donde se iba a dar la conferencia? No teníamos invitación y el señor que estaba en la puerta para permitir o no el acceso a la sala, hacía muy bien su papel, y cumplía al píe de la letras su cometido. No nos dejó entrar aunque apelamos a que se personase el director del centro para que nos dejase disfrutar de tan magnífica conferencia. Cosa que nos fue negada rotundamente por aquel gendarme de la cultura y la enseñanza libre.

Como no habíamos tenido éxito en La Resi, decidimos volver por donde habíamos venido con la sensación de haber sido ninguneados por unos cretinos. Por el camino de vuelta al centro deLa Villa, nos detuvimos en una taberna donde curiosamente conocimos a un inglés que había decido venir a vivir al sur de España, era un tipo alto, y como dicen en mi pueblo: tan lacio; con los brazos tan largos, y con aquel sombrero, y aquel traje de pana. Llamaba la atención no solo por su indumentaria, sino porque sobre la mesa a la que estaba sentado había un atillo de libros y él anotaba sin descanso y sin levantar la vista en un cuaderno de hojas amarillentas.

-¿Permite que compartamos su mesa? -pregunté al ensimismado escribiente. Se detuvo, me miró directamente a los ojos y me dijo:

-Les estaba esperando señores, qué alegría verles.

Nos sentamos con el inglés y pedimos una jarra de vino, y escuchamos de boca del escribiente la historia que éste estaba viviendo en un pueblo de Granada llamado Yegen.

La Residencia “La Resi”

julio 6, 2012

Recorriendo el Madrid de la letras con Dostoievski

Por Salvador Moreno Valencia

 

-Los marginados y exiliados somos gente sublime, perdone este adjetivo más propio de los románticos a los que todo les parecía de una elevación extraordinaria, pero es lo que creo. Mire, mi querido Rodia allá a lo lejos ya se puede ver La colina de los Chopos, ¿la ve, allí, la famosa Resi?

-Sí, maestro, puedo distinguir sobre aquel altozano el lugar donde se iría a reunir “una minoría selecta de hombres y mujeres cultos consagrados a mejorar el país y el destino de éste”*.

-Lo que pasa que como todo en la historia de la humanidad que está destinado a mejorar al hombre en un sentido de humanismo alejado de las convicciones establecidas por Estado, Iglesia… será atacado por mentes retrógradas y conservadoras.

-Más bien, diría yo, neoconservadoras.

-Sin duda, pero hay algo de destructor en sí en el proyecto -que dice haber nacido con fines altamente elogiables y dignos, ya que estaban destinados a dignificar al hombre y “a tender puentes entre las ciencias y las humanidades”**, según su director Alberto Jiménez Fraud, el mismo que seleccionaría cuidadosamente a los alumnos para asegurarse de que existiese siempre un equilibrio entre las “dos culturas”-, porque al mismo tiempo se practicaba, de algún modo, la exclusión, porque no todos podían entrar.

-Pero, ¿no cometió un gran error al ser tan selectivo?

-Al ser selectivo se es excluyente, porque deja exiliados a muchos y otorga privilegios a unos pocos, evidentemente a los que podían permitirse costear los gastos que suponía entrar en La Residencia.

-A los hijos de una clase burguesa que basa su riqueza en la opresión del obrero al que tiene sumido en la miseria, ¿no?

-A eso se le llama elitismo social, y por mucho que la junta de “La Resi”, procure dar plazas a los menos privilegiados, entre los mismos estudiantes que en ella residen se practica la selección y se elige a según qué estudiante por los méritos que éste haga, como es el caso de Lorca, que inmediatamente se ve inmerso en un grupo elitista de futuros intelectuales como Dalí, Buñuel, Bello…

-Pero por La Residencia pasó un gran número de escritores, pensadores y músicos que con sus conferencias y conciertos dejaron su impronta en los alumnos “privilegiados”.

-El mismo Federico García Lorca entra en “La Resi” recomendando por Fernando de los Ríos. Y Dalí solía jactarse diciendo: “Éramos realmente de una magnificencia y generosidad sin límites con el dinero ganado por nuestro padres por su trabajo” ***. Esta frase dice mucho sobre el carácter de los estudiantes que vienen a La Residencia.

-Sí, es cierto, entonces, ¿cree usted mi querido batuchka que La Residencia es un lugar excluyente que facilita las cosas a los niños bien que pertenecen a la clase burguesa?

-No sólo lo creo, sino que lo aseguro, pero hay que tener en cuenta que muchos de esos niños bien son verdaderos genios que vendrán a demostrarlo con el paso del tiempo, pero: ¿cuántos otros genios se quedan en la alcantarilla, por mucho que nos llenemos la boca cuando decimos que si se tiene “Talento” éste siempre tiende a salir a la luz para bien de la humanidad?

-Los genios no sólo necesitan serlo sino que además han de contar con la ayuda y el beneplácito de gente como Fernando de los Ríos, o su hermano Giner, o el mismo director de La residencia, en la que tan sólo unos pocos tienen la suerte de estar y por tanto de recibir una enseñanza acorde a lo que sus bolsillos pueden pagar. ¿Dónde está, mi querido Rodia, el verdadero concepto de “Libre Enseñanza”, y cómo se pone al alcance de la clase que tiene los medios para sustentarlo? La burguesía crea sus escritores, sus pintores, sus pensadores, sus científicos y los selecciona entre sus hijos, por tanto su actitud al respecto no puede ser de otro modo que cínica y perversa, ya que para que esto ocurra, debe mantener al resto en la más absoluta ignorancia.

-Muy acertado planteamiento, mi querido batuchka, ¿cómo cree que nos recibirán, según su argumento en “La Resi”?

-Cada cosa a su tiempo, no hay nada mejor que comprobar las cosas por uno mismo, así que hagamos el último trecho del camino y disfrutemos del jardín de adelfas que, al creador del burrito de algodón, le estuvo quitando el sueño cómo colocar tres adelfas rojas y una blanca rodeadas de un seto de boj, y es que para todo hay que ser un genio.

*, **,***: Datos sustraídos del libro Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca, de Ian Gibson.

Max Estrella

abril 27, 2012

Recorriendo el Madrid de la letras con Dostoievski
Por Salvador Moreno Valencia

Esta mañana al mirarme al espejo (cosa que hago con aprehendida rutina, y sin poderlo evitar, el espejo está ahí, me pregunto: ¿Soy yo el que se mira o es él el que me observa?), en el cuarto de baño de la pensión, mi querido batuchka, me dije <<estoy envejeciendo, voy a cumplir el medio siglo el próximo año, el mismo en el que he fijado mi boda, batuchka, con quien tú sabes>>. Más tarde el buen amigo Enrique me dice por teléfono que soy insultantemente joven; pero los espejos no mienten, muestran el esperpento como los espejos del callejón del Gato, cuando Max Estrella, moribundo, descubre el de España (hoy desaparecidos los espejos). ¿Soy joven y viejo a la vez, mi querido batuchka?

Dejo estos pensamientos sobre el halo que se ha creado en la superficie que refleja mi rostro y decido salir a la calle para respirar el entumecido aire de Madrid, y recorrer las calles por donde antaño pisaron los escritores de más renombre en este y en otros países donde todavía quedan algunos seguidores de la buena literatura. Pero me pregunto: ¿qué es la buena literatura, quién la selecciona, cómo se llega a hacer buena literatura? Tras el recorrido que me espera esta mañana por el Madrid de las letras junto a mi querido amigo Dostoievsky, que me acompaña con su Crimen y Castigo, tendré la respuesta a esta pregunta, pero no la desvelaré, entre otras cosas porque cada cual entenderá lo suyo sobre el tema en concreto, así que cada quien se haga sus preguntas y cada quien se las responda según sus perspectivas.

-¿Es una manera de justificar el crimen, Fiódor, cuando Raskolnikov intenta excusar el execrable doble asesinato que ha cometido?

-Mi querido batuchka, el hombre siempre intenta excusar su actos, sabemos que el crimen cometido por uno de ellos, o por un grupo de éstos, tiene diferentes componentes, digamos que se han cometido por móviles distintos, pero: ¿son tan condenables el que comete el individuo o el que comete el colectivo, según la justicia? No, mi querido amigo, la justicia es un arma creada por hombres para beneficio de hombres, pero para el beneficio de unos pocos y el perjuicio de unos muchos, o lo que es lo mismo, de la gran mayoría. Así un crimen cometido en pos de la patria, por ejemplo, o un genocidio cometido con el fin de alcanzar un ideal no es condenado como el crimen que comete Raskolnikov, o cualquier otro individuo. Tú mismo planteas este asunto en tu novela Pasos largos, el último bandolero, cuando en boca del forajido pones esta pregunta: << ¿Si los crímenes que comete la patria son siempre justificables, por qué el mío no lo es?>>, se pregunta Juan Antonio Mingolla, intentado comprender la perversidad con la que se muestra la ley a la hora de juzgar los delitos. ¿Napoleón, Hitler, Mussolini, Stalin, y por qué no, incluso Ulises, no fueron asesinos? A éste último se le definía como el destructor de ciudades y él mismo reconoce sus hazañas de destruir ciudades enteras y repartirse el botín. La Odisea de Homero describe a la clase dominante sobre el resto a los que tiene a su servicio. ¿Cómo vivían los unos, y cómo los otros? Los primeros estaban emparentados con los dioses, los segundos con las bestias. Otro ardid del hombre para gobernar y mantener la antonomasia de su estirpe.

-Raskolnikov es un pobre diablo que intenta sobrevivir, y cree que matando a la vieja usurera hará una gran revolución, él se compara con Napoleón, y de hecho en su ensayo clasifica a los hombres de extraordinarios y de ordinarios. Su lucha es pertenecer al grupo de los extraordinarios como Napoleón, por ejemplo, o como cualquier otro gobernante del mundo que comete crímenes y no es juzgado por las leyes, porque éstas las dictan ellos y sus acólitos.

-Pero qué hace mi querido Rodia, se envilece por su cobardía, y al final sólo el amor puede salvarlo. Descubre que el mundo se mueve sin cesar y que las leyes siempre estarán a favor de los que las decretan. Así ni su crimen, ni un simple robo es juzgado del mismo modo que un genocidio o una gran estafa o robo del erario público. Las pruebas las tienes en la actualidad, donde los ricos roban a diestro y siniestro, y donde sus acciones en La bolsa asesinan a millones de seres cada día: ¿son juzgados por las leyes por cometer estos crímenes? No, y sin embargo sí se juzgan crímenes y robos, por decirlo de algún modo, menores, y que han sido motivados por la miseria, por la desesperación y por causas que quizá sean justificables: estos actos son consecuencia de la injusticia con la que se distribuyen en el mundo las riquezas.

-Si los ricos algún día ven a un grupo de menesterosos rondando sus ricas mansiones llaman a la policía, que pagada por éstos, encarcelará a los segundos por delitos tipificados para tal fin: seguir excluyendo a los individuos para mantenerlos bajo su control.

-Conseguir lo contrario es derramar sangre, y si esos menesterosos se arman y atacan a los ricos, les  aplicarán leyes hechas para tal fin. Luego, todo aquel que ose levantarse contra el poder establecido, ya sea éste de izquierdas (ahí tienes la gran lección que dio en mi país el comunismo, tan atroz y desmedido, y aquí en tu país el fascismo, tan atroz y desmedido como el primero), como de derechas, está condenado a fracasar.

-¿Cómo podemos encontrar el término medio para que los hombres vivan en equilibrio y pacíficamente? Creo, mi querido batuchka, que esto será, si no imposible, verdaderamente utópico.

Guardé silencio escuchando las palabras de Fiódor, cuando fuimos a parar a la plaza de Las Cortes, donde Miguel de Cervantes Saavedra se ha convertido en piedra para recuerdo de los transeúntes que ensimismados en sus quehaceres de esclavos modernos, van de un lado a otro sirviendo a sus amos. El hidalgo en la llanura ve a lo lejos unos gigantes amenazantes contra los que temerariamente se lanza…

África en Madrid

mayo 20, 2011

El programa de este domingo lo dedicamos a África, su literatura (también oral), su realidad, la cooperación desde España… Hay un momento hacia el final del programa en el que Ángeles Alonso comenta el poco presupuesto y la mucha pasión del Salón Internacional del Libro Africano (SILA) y el invitado en el estudio, Jean Arsène Yao bromea diciendo que ahora sí África está en el Salón, que tener poco presupuesto y mucha pasión es muy africano.

Lo cierto es que España nunca estuvo muy lejos de África, para lo bueno y para lo que no es tan bueno. Jean Arsène mencionaba en el programa cómo los primeros esclavos negros que llegaron a América lo hacen desde la península ibérica, donde los árabes los habían traído previamente en los siglos que estuvieron en nuestro país.

Desde que empezaron las revueltas allí, en el norte de África, antes también con las demandas del pueblo saharaui, y después con el caso Juan Tomás, me parecían muy cercanas todas estas reivindicaciones. Lo que ocurría en otros países tenía mucho que ver con lo que teníamos aquí: falta de democracia real, insuficiencia de participación social, corrupción de las élites políticas, económicas y mediáticas… Y no me extrañan ahora las conexiones que se hacen a uno y otro lado del Estrecho. Conexiones que llegan también a otros países de Europa.

En el programa de este domingo 22 de Mayo, Jacint Creus, presidente de la ONG CEIBA, que en 2011 cumple 20 años trabajando en Guinea Ecuatorial, afirma que España se está dejando llevar por sus intereses económicos en sus relaciones con la antigua colonia. En el grupo de apoyo a Juan Tomás, venimos denunciando desde hace 3 meses la incoherencia de esta política, la vergüenza que supone mantener una relaciones de interés económico nada menos que los últimos 30 años; o igual que siempre: evidentemente la política franquista y la política colonial anteriores no eran mejores. ¿Y les parece raro que pidamos un cambio?

Como ya reivindicaban los liberales del siglo XVII (Programa “Liberales”, con José Mª Lasalle Ruiz) la política colonial (o neocolonial, que es en la que estamos) debía obedecer a la misma moral política del interior del país. De otra forma, lo que allí vemos no es más que un reflejo de nuestra realidad interior. Y lo que allí ocurre acaba conformando la imagen de lo que somos: no tenemos capacidad ni siquiera para que nuestras preguntas sean contestadas, los que las hacemos, hay muchos que ni siquiera las hacen, no pueden si quieren estar en la cresta de la ola mediática, en esos medios de masas que tanto deforman la realidad y nos desinforman.

Esta semana asistía a un encuentro de prensa en la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y al terminar, hablando de otros temas que nada tenían que ver con los que allí nos habían reunido, una persona que había trabajado para PRISA defendía la auto-publicidad encubierta que se publicaba en El País, o que se emitía en la SER, porque al fin y al cabo –decía- cómo no hacerse publicidad en la propia empresa.

Han viajado poco, o no en la dirección adecuada para aprender otros usos y costumbres. Es claro que si nuestra situación mediática se compara con países que están peor, salimos ganando. Y esto ha funcionado bien hasta ahora, un gran imperio mediático imponía su ley en la selva nacional y hasta en la de otros países. Ahora hay que civilizarse. Necesitamos mucha más regulación en los grandes Medios, en todos los medios, si no mejoran en credibilidad los pequeños peces mediáticos de internet acabarán comiéndoselos.

Carlos Carnicero reflexiona muy bien en su blog sobre la deriva de El País y, como en su caso, no es algo personal, se trata de precisar dónde está el periódico más leído de España y gran parte de América Latina. De ahí abajo, ni les cuento, sería muy largo hasta acabar por ejemplo en la emisora cultural de Madrid, Radio Círculo, en ese marco incomparable que es el Círculo de Bellas Artes, donde desde nuestros micrófonos sin sueldo ni compensación económica alguna observamos el discurrir de las grandes fiestas mediáticas (los premios Ortega y Gasset, lo más reciente), políticas o económicas ¿Y les parece raro que pidamos justicia?

Unos días antes de la gran manifestación del 15M, El Planeta de los Libros se sumó a las webs que se adhirieron a Democracia Real Ya  Todavía no sabíamos que el 15M sería mucho más que una manifestación pero necesitábamos manifestar el hartazgo, necesitábamos gritar y cansarnos de gritar. Ayer volví a la Puerta del Sol a manifestarme. Estuve poco tiempo, porque la Plaza estaba abarrotada y tampoco conviene morir de éxito. Hay que mantener la acampada. Para eso justo pedían firmas, o más bien teníamos que pedir firmar los que queríamos dejar huella, había demasiada gente también para eso. Nunca he visto tanta ansia por hacerse con una hoja, por añadir una firma, un nombre, un DNI, o más bien una sonrisa y una esperanza. La foto de las amigas, que se apretujaban para firmar, es uno de los mejores recuerdos que tengo de ayer en la manifestación de Madrid.