Archive for the ‘Mundo’ Category

Todo empezó apenas como un sueño

septiembre 3, 2015

Andre Agassi

La historia de un niño al que lo que más le gustaba en el mundo era no despertar. Le gustaba ganar, tal vez a lo que fuera, al fútbol, a sus hermanos, a todo salvo cuando jugaba al tenis y el tenis sin embargo era su despertar. “Odiaba el tenis, sí”, afirma Andre Agassi en sus memorias.

Y como no soportaba la férrea disciplina que su padre le impuso para que se convirtiera en uno de los mejores jugadores de tenis de la historia, ni el zumbido constante que el miedo le producía si abandona su raqueta y el patio de su casa en Las Vegas, donde su padre había construido una pista de tenis en el que albergaba una maquina diabólica, “ese dragón, dotado de un cuello extra largo, que retrocede agitándose como un látigo cada vez que el dragón dispara cientos de pelotas de tenis”, se convirtió en alguien que no era para despistar al fantasma que más lo aterraba, que era lo poco que se conocía a sí mismo.

El niño que no podía salir de su territorio, sólo frente al dragón que arrojaba 2.500 pelotas al día y todo para que se convirtiera en el número uno del ranking del tenis. Mientras, las piernas temblorosas y el hombro destrozado y una sola obsesión, el niño odiaba el tenis.

El tenis nunca fue su elección, fue más su eterna pesadilla. Su padre se lo impuso, eternas horas practicando y luego despedirse de su hogar para residir en la Academia Bollettieri y convertirse en un profesional. Mientras él medio niño, medio adolescente, buscaba su identidad, su eterno laberinto de emociones, que lo convirtió en el foco de todo un público que le decía quién era o cómo era. Su rebeldía frente al mundo, su pelo encrespado, sus coloridos atuendos o su picardía debutando en Wimbledon en pantalones vaqueros, hizo que se ganara muchas críticas pero también hizo suyo un fuerte carisma.

Nick Bollettierie se fijó en él al entrar en su academia de Florida donde formaba futuras grandes estrellas del tenis. A coste cero, se encargaría de convertirlo en una estrella y lo representaría en su carrera profesional. Para Andre lo que iba a ser una experiencia de unos meses durmiendo en barrancones y conviviendo con sus miedos y su lucha por hacerse un camino, se convirtió en un remolino adolescente, alcohol, drogas, una cresta teñida de rosa, gritaban su desesperación y su ambulante pérdida. Bollettierie lo castigó por su vestimenta durante los partidos, pantalones rotos, ojos maquillados y un pendiente que lo acompañaría durante mucho tiempo más.

Y sin embargo se transformó en el centro de sus compañeros. Su fama de rebelde le hizo convertirse en el centro de las miradas del resto de los adolescentes. Mientras, se aferraron en él sus condiciones innatas para jugar al tenis, su atrevimiento en el juego y su fuerte exigencia de perfección, o eras perfecto o eras un perdedor. “No es que la perfección sea la meta en nuestra casa, es que es la ley. Si no eres perfecto, eres un perdedor. Un perdedor nato”, escribe Agassi en sus memorias.

Con 14 años, entró en el ranking de la ATP, abandonó la escuela y se adentró en el sendero del tenis profesional. Tal vez lo odiara pero tampoco supo buscar algún camino alternativo para labrarse un futuro. A los 16 años, comenzó su recorrido como jugador profesional y sintió el peso de su decisión, “me siento como si acabara de meterme en una carretera larga, muy larga, que parece descender hasta un bosque siniestro”.

Pronto llegó la fama, su primer contrato con un sponsor importante y su primera gran victoria que le hizo embolsarse 90.000 dólares y su nombre comenzaba a llegar a los oídos de todos.

El éxito fue de la mano de su comportamiento excéntrico, de sus encontronazos con el público y con la prensa. Llegaron derrotas, rivales infranqueables como Pete Sampras pero también triunfos, como formar parte del equipo estadounidense de la Copa Davis con 18 años. Y su madera de campeón, su espíritu deportivo, seguía emborronado y lleno de dudas.

Llegó su primer Gran Slam al ganar la final de Roland Garros en 1991 y continuó su competición, contra sí mismo y contra los demás. En aquellas fechas conoció a Gil Reyes, su nuevo entrenador físico y su guardián más preciado, le regaló sus hombros para que fuera capaz de alcanzar las estrellas.

Vinieron las despedidas, Wendi su primera novia le decía adiós, su representante Bolletieri dejó de trabajar para él a través de un comunicado en “USA Today” y su amor platónico, Steffi Graf no respondió nunca a su primer mensaje.

Un viejo amigo acudió a representarlo, Perry Rogers y consiguió además un nuevo entrenador para él, Brad Gilbert. La victoria en el Open de EEUU de 1994 le dio la confianza para hacer lo que tanto ansiaba: deshacerse del postizo y raparse el pelo. Su primera victoria calvo.

Se impuso de nuevo el vacío, su relación con Brooke Shields avanzaba como muchas cosas a su alrededor, simplemente por inercia. La apatía, su acercamiento a las drogas y una mediática boda con Brooke, hicieron que de nuevo su estela de jugador estrella se difuminara y volvieran las dudas. LA ATP encontró en una prueba de dopaje trazas de droga en su orina y su respuesta inmediata fue negarlo a través de una mentira más y así archivar el caso.

Cuando tal vez uno cae a lo más hondo del abismo, es cuando llegan las fuerzas para levantarse. Resurgir de sus cenizas empezando de nuevo desde abajo, desde el puesto 141 del ranking al que cayó en 1997 hasta el número 1 que recuperó en 1999 y de nuevo en 2003, con 33 años, su divorcio de Brooke Shields y su conquista por fin de Roland Garros, en el 2001.

Y sin embargo su partido vital con el tenis por fin llegó, su verdadera reconciliación con el deporte que le meció desde niño, lo arrojó al abismo de adolescente y le marcó su camino de adulto. El tenis le proporcionó finalmente la vida que quería, su matrimonio con Steffi Graf, sus dos hijos, una fundación para niños con escasos medios para sobrevivir y al fin y al cabo el sendero que marcó su estela. “El tenis me daba mucho, pero me creaba tanta confusión que no podía disfrutarlo. Entonces me dio a mi mujer, a mis hijos, y entendí que había renunciado a mi infancia por la de ellos. Y ahora, cuando miro atrás, veo el tenis como un gran regalo”.

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Moon Chung-hee, Gong Ji-young.

mayo 4, 2015

MoonGong

El título y las fotos yuxtapuestas quieren reivindicar la diferencia, a la par que la buena relación artística y humana, entre ambas autoras. “Grandes escritoras” las llamaba yo a su paso por Madrid, y hay quien me decía que esto era una simpleza. En el mundo, o la zona de Occidente y sus adláteres, nos hemos saciado de esta expresión, como si ya no significara nada, a punto de ser engullidos por los que gustan de enrocarse en adjetivos rebuscados, inoperantes y obsoletos, que sólo persiguen su propia grandeza.

Así de simple comienza este artículo. Las grandes no necesitan abalorios, coronas, o púlpitos, se reconocen por su humildad; y personalmente es el trato que quiero dispensarles. La poeta Moon y la novelista Gong han desarrollado una humanidad y una sensibilidad básicas, universales. Su aprendizaje y la obra consecuente no pueden ser vacíos o superficiales, como el que se pone un disfraz, literario o académico, y espera que nadie observe sus modales; hay demasiadas personas así ya en la literatura y el arte.

Lo más interesante de nuestro encuentro fue constatar que su naturaleza es real, que conversan de forma auténtica tal y como reivindican. Y que han conseguido por sí solas la fuerza imparable de lo verdadero, en unas circunstancias nada fáciles y quizá precisamente por ello. Una fuerza tal que, aún siendo humildes, les ha llevado a denunciar grandes malestares; tormentos sociales tan altos y arraigados como los grandes rascacielos. Lo hacen con total delicadeza, como semillas que lentamente van germinando, o plantas pequeñas que se convierten en árboles. Permítanme estas referencias a la naturaleza porque ésta es un elemento importante en las obras de las autoras, junto al lema de los ensayos que escribieron para la ocasión: “Mujer, vida y amor”

La noche de la Literatura Coreana

Hace algo más de dos meses, el Centro Cultural Coreano en España me propuso presentar ambas autoras en La Noche de la Literatura Coreana 2015, sería el 22 de abril. En Febrero ya las estaba leyendo y valorando. No obstante, la tarde previa a la presentación, andaba pensando cómo sería el encuentro, cómo serían las autoras. No era la primera vez que entrevistaba sin apenas hablar previamente, así ocurre normalmente. A veces las conversaciones fluyen a la par que la obra, otras producen desencuentros; no todo lo que se escribe es auténtico y los propios escritores se delatan al hablar.

Además de los libros, el cine, la cultura en general; me encantan los retos. Y, si no me falla la memoria, sólo entrevisté antes a un escritor de Asia, el Nobel de Literatura Mo Yan. Entrevista previa al galardón, luego suelen ser imposibles y la mayoría cae en discursos repetitivos, aunque en su caso podría ser lo contrario y todavía recuerdo su promesa de volver a Madrid si se lo daban, tal como recogió el Diario Milenio. El caso es que ahora tenía la oportunidad de entrevistar a dos grandes escritoras de Corea: dos retos, dos placeres y un honor que me hacían.

Para mí, la cultura si no es global no alcanza toda su posible plenitud. Y la Cultura Global existe, es real. Sus actores -escritores por ejemplo- se identifican rápidamente, se reconocen entre ellos, rompen estereotipos, derriban fronteras. Así lo decía Moon, con mucho más énfasis si cabe; mientras Gong apuntaba lo enriquecedor que sería que viviéramos nuestra cultura conjuntamente a la de otros, como “un matrimonio”. Esto y mucho más está en el programa de radio “La Noche de la Literatura Coreana” que emitimos la semana pasada y volvemos a emitir este jueves 7 de mayo.

Por supuesto, se habló de feminismo. Moon nació en 1947 y en esa época fue una de las pocas mujeres en acceder a la Universidad: 3% frente al 80% actual, aproximado. En medio siglo, además de todos los avances sociales y económicos -algunos demasiado rápidos e interesados como para desarrollarse de forma equitativa- la posición de la mujer está cambiando sustancialmente y hasta de forma necesaria, esperemos que para mayor equilibrio del planeta. Queda mucho por hacer, apuntaban ambas escritoras. Lo decían públicamente, con un empoderamiento que no admitía réplica: queda mucho por hacer. El propio tono también llamaba la atención. En España y en Occidente en general las escritoras suelen ser más calladas en estos asuntos, asumiendo la corrección política que cubre la literatura, la cultura en general, todavía dominada por los hombres.

En un aparte les comenté a Moon y Gong cómo disfrutaba con sus mensajes tan directos; aquí sufríamos de la “corrección”. Se sonrieron con gestos de complicidad: en Corea la mayoría de los escritores sufren la misma enfermedad, me dijeron. Será que sólo las grandes -sean de donde sean- se atreven a decir lo que piensan de tal forma que consiguen acabar con la corrección censora. Se liberan del yugo de los poderes establecidos, vuelan por encima de ellos y buscan formas más perfectas, más humanas.

Seguiría horas y horas escribiendo, o hablando de sus obras, creo que es mejor que las lean. Por cierto sólo hay dos libros publicados en España de estas autoras: Yo soy Moon y Nuestros Tiempos Felices. Si las han leído, o leen, me gustaría saber su opinión. Termino dejándoles un vídeo que ha realizado el Centro Cultural Coreano en España: un bello recuerdo de La Noche de la Literatura Coreana 2015.

Rumbo a una vida mejor, palabras que inspiran – Jorge Bucay

septiembre 19, 2014

9788490562611[1]

Una mañana en el Hotel de las Letras de la ruidosa Gran Vía de Madrid. El espacio del hall vestido de blanco y el atuendo de Jorge Bucay entero de negro, parecía que se deslizara como una sombra entre tanta luz. Sentados los dos en un cómodo sofá, frente a una pared de cristal que deja pasar toda la vida de la ciudad, comenzamos a charlar sobre su carrera profesional y sobre su actualidad, su último libro, Rumbo a una vida mejor.

Jorge Bucay, se autodefine como “ayudador profesional” y a través de sus libros nos ofrece herramientas terapéuticas para ser capaces de sanarnos a nosotros mismos. Pero a su vez, nos recuerda la irremplazable mirada de un profesional para algunos momentos de la vida y para algunos problemas que requieren de alguien más a nuestro lado. La ayuda que uno tiene, puede venir de un amigo, de la pareja, etc pero otras veces es necesaria la cercanía de un psicoterapeuta para poder ayudarnos.

Así a nuestra pregunta de cómo cree que ha podido ayudar más, como terapeuta o a través sus libros, nos responde que sin lugar a duda como terapeuta, ejerciendo una de las tareas más nobles dentro de la medicina relacionada con la salud mental, al asistir a un paciente en persona. Nos dice, que tal vez ha sido lo mejor que ha hecho en su vida pero cierto es que con sus publicaciones, ha llegado a mayor número de personas que a través de la consulta personal.

A sus 19 años, nos cuenta que su pasión era el teatro y a raíz de ahí, vino todo lo demás. De todo aquello queda para él su inclinación por el arte, como un vehículo que conduce a mejores cosas. Platón decía que ética y estética son la misma cosa, entonces uno no se puede olvidar que la belleza es lo bueno y lo bueno es la belleza. La belleza se vincula con el arte y con lo artístico y a partir de ahí la creatividad y el crecimiento. Pero para Jorge la educación que tenemos no está centrada en la creación artística ni en la creación en sí, está centrada en lo práctico y en lo concreto. La última ola de reformas educativas se ha llevado a cabo a través del aumento del número de centros docentes y de equiparlos con mayor tecnología pero es importante privilegiar las materias que hoy necesitamos que nuestros niños aprendan, que nuestros jóvenes desarrollen y que nuestros adultos finalmente practiquen. Es necesario, una educación más centrada en enseñar a los jóvenes a pensar, a buscar y reconocer lo que uno está buscando. Las ciencias humanísticas deberían de tener cierta prevalencia sobre las ciencias exactas.

Nuestro autor, comenzó su andadura como docente terapéutico, hace ya cuarenta años, estudiando psicología en Argentina a través del psicoanálisis ortodoxo. Luego tuvo la inquietud de buscar otras cosas, le parecía que no servía para el psicoanálisis y encontró el modelo Gestalt, cuyo trabajo es mucho más personalizado y más comprometido, ya que crea un vínculo más afectivo y presente con el paciente. A partir de ahí, comenzó a sentir que el terapeuta se parecía más a un docente y trabajaba no como un médico, sino como un maestro.

En sus libros, la gran protagonista es la felicidad anhelada y el camino para encontrarla. Él nos dice que la felicidad es puramente la serenidad que se siente cuando uno sabe que está en el camino correcto. La felicidad tiene que ver con esta paz de espíritu, con la sensación de que no estás perdido y no tiene tanto que ver con la alegría.

Dueños del timón de nuestro barco y conscientes de nuestras posibilidades, le gusta pensar que lo que a cada uno le pase, depende mucho de lo que uno haga aunque siempre hay una parte que depende de ti y otro del exterior.

Con cierta relación a su forma de entender la vida, Jorge nos habla sobre la fe y la actitud de los creyentes. El creyente verdadero tiene una fuente de inspiración suprema en la idea que tiene de Dios. Si se considera a Dios como un maestro, tener una imagen así a la cual referirse es de gran ayuda. Los creyentes tienen una actitud hacía la vida que favorece al crecimiento personal porque poseen un aspecto espiritual que cultivan. Aunque no hace falta ser creyente para tener este lado espiritual pero sí es necesario cuidarlo para poder crecer.

Rumbo a una vida mejor, su último libro, donde reflexiona sobre la felicidad, no como una meta sino como el camino que elegimos para nuestra propia evolución y la pauta que nos marca es hacernos la contundente pregunta, para qué vivo yo, qué diferencia existe en este mundo porque tu existas o no. Y una vez que uno lo sepa, alinearte en este camino. El sentido de la vida, siempre hay que buscarlo.

Abraza a todos sus libros aunque como todo escritor puntúa que el libro que más te necesita suele ser el último. Rumbo a una vida mejor, es para él un regalo donde selecciona una serie de ideas en las que él cree y las comparte en una mesa de café con un buen amigo. No está planteado como los otros, que exponen un tema que se desarrolla de principio a fin, éste está pensado con el objetivo, de que los que leen la revista Mente Sana y sus reseñas, puedan encontrar aquí una serie de ideas expandidas un poco más, para compartir y regalar, ya que éste es un libro para leerlo y después regalarlo.

Jorge no se considera un escritor, sino más bien un docente que escribe sobre lo que mejor sabe. Hay mucho de él en sus cuentos, él es el protagonista de cada uno de ellos, el que se siente perdido o el que finalmente encuentra a su maestro. Y escribe para cualquiera que le interese conocerse un poco más.

En su mesita de noche, te puedes encontrar autores de novela negra y policiaca. Leer a Freud para él es un paseo y de Paulo Coelho resalta La quinta montaña.

Se aprende leyendo, nos dice, porque leer es como vivir, vivir vidas ajenas sin pagar las consecuencias.

El sertão y la sequía en el imaginario brasileño

octubre 22, 2011
Criança Morta, Cândido Portinari, 1944

CANDIDO PORTINARI, Criança Morta (Criatura muerta), 1944 Óleo s/ tela, 176 x 190 cm. Colección MASP, São Paulo, Brasil

Desde afuera, Brasil es exhuberante con su selvas frondosas, ríos llenos de especies raras como las pirañas, mujeres corpulentas y sensuales, sol, playa y palmeras. A la vez es el país del futuro, del crecimiento económico, del milagro. Pero un estereotipo está a menudo tan lejos de la verdad como de la mentira. Lo más concreto es que está basado en cómo uno quiere ver al otro, es una imputación basada en la ignorancia. El conocimiento muestra siempre una complejidad inabarcable, en todos los sentidos. Pocas personas que haya conocido fuera de Brasil, excepto los muy brasilófilos (categoría peculiar, pero harto diseminada), saben que en el medio del noreste, en la misma región donde están esas playas de ensueño, hay también una enorme zona semiárida, donde prevalece la miseria. El “sertão” evoca el vacío de tierras vastas y las sequías que hacen que los pobres necesiten migrar hacias zonas más fértiles.

A la vez, en el noreste es donde pulsa la sangre más creativa de Brasil, en las letras, en la música, en las tradiciones. Aunque la samba y la bossa nova sean las formas musicales conocidas internacionalmente, el noreste vive de ritmos como el forró, el xaxado, el maracatú, y tantos otros, con canciones que hablan de amor, como todas las canciones, pero también de la miseria y de la sequía. Los más grandes autores de la literatura brasileña han hablado del “sertão”: como João Guimarães Rosa (en mi opinión, el mejor escritor de Brasil), en su “Grande Sertón: Veredas“, pero también en muchas otras obras; Graciliano Ramos, en el clásico, “Vidas secas” (que también dio origen a una película imprescindible, con el mismo título, premiada en Cannes en el año 1963); y entre muchos, muchos otros, uno de nuestros grandes poetas, João Cabral de Melo Neto, en “Muerte y Vida Severina”. También en el cine, nuestro Glauber Rocha, con “Antonio das mortes” y “Deus e o diabo na terra do sol”, entre otras películas.

Para el brasileño, el sertão tiene una riqueza simbólica mucho más fuerte que la selva (que tiene también sus propios mitos y riqueza cultural), y eso se debe a que la cultura popular está plagada de referencias a ese espacio y sus tradiciones. Para empezar, el sertão ha sido mucho más representado en la literatura, música, artes plásticas, que la selva; a la vez, por mucho tiempo, era la región de Brasil que se igualaba a África en términos de pobreza, una herida ardiendo en el medio de un país tan rico en recursos. No obstante, nada de eso suele ser conocido en el exterior.

El siguiente párrafo da cuenta, en un sentido amplio y teórico, de lo que representa el “sertão” en Brasil.

“Está el sentido espacial – el sertão es el interior lejado y despoblado, o poblado por una raza mestiza, o el locus amoenus de las bucólicas grecorromanas; el sentido económico – el sertão mantiene una economía distante de la economía de la metrópoli y del litoral, agraria y subdesarrollada frente a la economía industrial y más desarrollada de la metrópoli; el sentido social – el sertão mantiene otro tipo de asociación de sus habitantes, más comunitaria, otro tipo de usos y costumbres; la alianza sociopolítica – el poder de los caudillos, la desvalidez de los camaradas, la lucha social de los estados periféricos; el sentido psicosocial, en la perspectiva de la antropologia – el sertão detiene un universo psíquico más ritualizado, con formas de pensamientos más míticas y agónicas; el sentido histórico – el sertão posee la clave de nuestro origen histórico típico y genuino, a partir de las entradas y las banderas [similar a los “adelantados” de la América española], por ejemplo, y el sentido del imaginario propiamente dicho – cuando el sertão se ensancha como local de vida heroica o trágica, de vida saludable y genuina, o de vida identitaria. Y otros tantos, que subrayan una perspectiva romántica, o realista, o conservadora, o de denuncia social, o determinista etc.”, Albertina Vicentini, Regionalismo literario e sentidos do sertão. In: Sociedade e Cultura, v. 10, jul./dez. 2007.*

En la literatura, uno de los poemas más significativo es “Muerte y Vida Severina”, de João Cabral de Melo Neto, poeta de principios de siglo XX que estuvo viviendo en España como diplomático. En ese poema, se narra el viaje de Severino en busca de mejores tierras en épocas de sequía. Desde entrada, se hace un juego entre la “vida severina/severa” y el nombre del personaje que padece su severidad. Aunque la poesía de João Cabral no esté influenciada sólamente por la temática del sertão, éste es uno de sus poemas más conocidos en Brasil. Aquí va una pequeña parte, llamada “Funeral de un labrador” que fue musicada por Chico Buarque para una obra de teatro que se estrenó en los años 1970 en São Paulo. En ella se proyectan cuestiones claves del sertão: la pobreza, el hambre, la distribución de la tierra y el predominio de los latifundios:

Esta tumba en la que estás, con palmos medida
Es la cuenta menor que sacaste en vida
Es de buen tamaño, ni largo, ni profundo
Es la parte que te cabe de este latifundio
No es tumba grande, es tumba medida
Es la tierra que querías ver dividida
Es una tumba grande para tu poco difunto
Pero estarás más ancho que estabas en el mundo
Es una tumba grande para tu difunto parco
Aunque más que en el mundo, te sentirás largo
Es una tumba grande para tu carne poca
Pero a tierra regalada no se abre la boca

El 18 de octubre en el Ateneo de Madrid, Antonio Carlos Secchin habló sobre João Cabral de Melo Neto y la literatura brasileña, en un evento promocionado por la Fundación Cultural Hispano Brasileña. Fue una excelente oportunidad para acercarse un poco más a ese país misterioso por sus contradicciones, pero que de a poco da a conocer sus maravillas que están mucho más allá de los estereotipos y de lo que se ha vendido internacionalmente como “Brasil”.

*Traducción libre realizada por mí.

Lo que de Saer no se borra

junio 30, 2011

El primer Saer es inolvidable. El mío fue el cuento Sombras sobre vidrio esmerilado, recomendado por Pablo Fuentes, en su taller de lectura en Buenos Aires. Allí es harto conocido, su nombre ya me era familiar, pero faltaba el contacto. Ese día, cuando terminé de leerlo, me acuerdo con la claridad imposible de la memoria: “¡es él!”, pensé. A él anduve yo buscando hasta que lo tuve en mis manos. No sé cuántas veces he leído ese mismo relato hasta hoy y me sigue pareciendo uno de los mejores jamás escritos. Pero después, claro, la pasión no se sacia fácilmente, vino Cicatrices, Glosa, El limonero real y ya no hubo nadie más. Saer empezó a marcar mi recorrido literario desde entonces: lo que leo, lo que me interesa y, de cierto modo, lo que busco. A través de él llegué a Antonio di Benedetto, a Alain Robbe-Grillé, a Michel Butor, a Gombrowicz, a Céline. A través de Saer me he hecho amigos queridos, tal vez porque, de cierto modo, nos sentimos una pandilla.

Si la literatura tiene el poder de transformar, como se dice, Saer es incapaz de dejarte inmutable. Primero, porque la “Zona” empieza a formar parte de tu Atlas. Ese ambiente acuoso, lento, algo mórbido y pesado, con personajes que languidecen en el calor del Río Paraná, o algún lugar de por allí, hacia un pueblo que antes se llamaba Serodino, en la provincia argentina de Santa Fe y que hoy se llama otra cosa, pero da lo mismo. Para los que conocemos el río, sus pequeñas islas, sus márgenes de laberintos, dibujar la Zona de Saer es fácil y placentero. Además, es un juego que él mismo propone con toda su literatura: crear un espacio físico para la memoria, esa cosa que se pierde y se recrea cada día, al contrario que buscar una historia palpable, una realidad incontestable. La obra de Saer está hecha de recuerdos.

Segundo, la melancolía de Saer se te pega a la piel. Su crítico y estudioso Julio Premat le llamó saturnino, entre otras cosas porque en su obra hay una constante representación de la nada, un eterno retorno. Dice Premat, hablando de sus novelas:

“… El encierro en una intimidad dolorosa, las trabas repetidas que le interceptan el paso cuando intenta salir a la calle, las alusiones recurrentes al vacío moral –o a una perversión moral– simbolizado por la televisión, todos ellos son signos que permiten suponer (…) un sufrimiento psicológico y una situación política extremada. Agonía de la madre, convertida en materia regresiva, agonía de la Argentina, hundida en pulsiones primarias: la analogía es quizás demasiado evidente, aunque esté sugerida con insistencia.”

Es paradójico que, exactamente por eso, quizás, Saer sea tan poco (y uso aquí un eufemismo benevolente) publicado en España. Él no tiene nada de la melancolía juguetona e imaginativa de Cortázar, ni del exotismo que el europeo suele esperar de un latinoamericano. De hecho, Saer vivió casi toda su vida en París, dando clases de literatura en la Universidad de Rennes, jugando a las cartas y leyendo a los clásicos griegos y romanos. Cuando fui a París el año pasado, busqué su antiguo piso, al lado de la estación de Montparnasse. Tampoco tenía el aire bohemio y misterioso del Quartier Latin, lleno de escritores refugiados de las dictaduras tropicales, ni el ambiente decimonónico de las passages couvertes de las que tanto hablaba Cortázar.

Y aunque Saer también fuera un escritor que huía de las desgracias argentinas de fines de los 60, nunca se adhirió a la ola del realismo mágico. A la vez, tampoco pudo despegarse de su faceta de exiliado que mira a su país desde la distancia, desde la memoria que recrea, porque mientras uno está lejos, las cosas cambian y lo que uno se imagina ya no existe más en la realidad, aunque siga vivo en la imaginación. Esa realidad mediada por una cultura ajena, que se mezcla con la que uno lleva dentro, empieza a parecerse más y más a una ficción. La relativización de lo real desemboca, ineludiblemente, en la narrativización o ficcionalización de lo real. La “verdad” es siempre suspendida mientras la memoria ocupa una posición real, en el sentido “limonero” de la palabra.

Él mismo ha dicho, acerca de la literatura, en su soberbio ensayo Narrathon:

“Es abriendo grietas en la falsa totalidad, la cual no pudiendo ser más que imaginaria no puede ser más que alienación e ideología, que la narración destruirá esa escarcha convencional que se pretende hacer pasar por una realidad unívoca.”

Tercero, Saer se te queda pegado a la piel porque sus personajes pasan a formar parte de la vida de uno. De hecho, cuanto más uno lee su obra, más los conoce. Aparecen desparramados por las novelas y los relatos. Algo que no se explica en Glosa se va a terminar de comprender en A medio borrar o algún otro cuento. Por otro lado, sus personajes son capaces de adquirir tal materialidad que uno se pregunta cómo eso es posible si ni siquiera son figuras simpáticas por las que uno siente empatía o compasión. Es que Saer se zambulle en sus defectos, en sus vicios y sufrimientos. Los personajes adquieren vida no por la bondad o belleza que tienen, sino por su melancolía. Eso sí quizás nos sea común, en mayor o menor medida, a todos. Yo misma ya he soñado con Tomatis. Y sé que más personas han padecido de esa misma patología, si se quiere, saeriana.

Hoy Juanito cumpliría 74 años y lo echamos de menos porque, en España, él va, poco o poco, desapareciendo de los estantes de las librerías sin aviso de retorno. Aquí él suele ser como mucho un nombre de un “escritor difícil”, pero rara vez leído. Hoy, en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires, se celebra el encuentro Lo imborrable, donde intelectuales discutirán su obras y, espero, brindarán por la salud de sus libros.

Me falta una novela suya por leer: La grande, que su muerte dejó inconclusa y de la que nadie habla demasiado bien. Quizás sea un buen día para empezarla.

Lea también:

Más datos sobre Juan José Saer en Wikipedia.

“Sombra sobre vidrio esmerilado”, en el excelente blog La Audacia de Aquiles.

“El concepto de ficción”, en Literatura.org.

Hoy en Página 12 – La vuelta completa sobre la obra de un clásico

África en Madrid

mayo 20, 2011

El programa de este domingo lo dedicamos a África, su literatura (también oral), su realidad, la cooperación desde España… Hay un momento hacia el final del programa en el que Ángeles Alonso comenta el poco presupuesto y la mucha pasión del Salón Internacional del Libro Africano (SILA) y el invitado en el estudio, Jean Arsène Yao bromea diciendo que ahora sí África está en el Salón, que tener poco presupuesto y mucha pasión es muy africano.

Lo cierto es que España nunca estuvo muy lejos de África, para lo bueno y para lo que no es tan bueno. Jean Arsène mencionaba en el programa cómo los primeros esclavos negros que llegaron a América lo hacen desde la península ibérica, donde los árabes los habían traído previamente en los siglos que estuvieron en nuestro país.

Desde que empezaron las revueltas allí, en el norte de África, antes también con las demandas del pueblo saharaui, y después con el caso Juan Tomás, me parecían muy cercanas todas estas reivindicaciones. Lo que ocurría en otros países tenía mucho que ver con lo que teníamos aquí: falta de democracia real, insuficiencia de participación social, corrupción de las élites políticas, económicas y mediáticas… Y no me extrañan ahora las conexiones que se hacen a uno y otro lado del Estrecho. Conexiones que llegan también a otros países de Europa.

En el programa de este domingo 22 de Mayo, Jacint Creus, presidente de la ONG CEIBA, que en 2011 cumple 20 años trabajando en Guinea Ecuatorial, afirma que España se está dejando llevar por sus intereses económicos en sus relaciones con la antigua colonia. En el grupo de apoyo a Juan Tomás, venimos denunciando desde hace 3 meses la incoherencia de esta política, la vergüenza que supone mantener una relaciones de interés económico nada menos que los últimos 30 años; o igual que siempre: evidentemente la política franquista y la política colonial anteriores no eran mejores. ¿Y les parece raro que pidamos un cambio?

Como ya reivindicaban los liberales del siglo XVII (Programa “Liberales”, con José Mª Lasalle Ruiz) la política colonial (o neocolonial, que es en la que estamos) debía obedecer a la misma moral política del interior del país. De otra forma, lo que allí vemos no es más que un reflejo de nuestra realidad interior. Y lo que allí ocurre acaba conformando la imagen de lo que somos: no tenemos capacidad ni siquiera para que nuestras preguntas sean contestadas, los que las hacemos, hay muchos que ni siquiera las hacen, no pueden si quieren estar en la cresta de la ola mediática, en esos medios de masas que tanto deforman la realidad y nos desinforman.

Esta semana asistía a un encuentro de prensa en la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y al terminar, hablando de otros temas que nada tenían que ver con los que allí nos habían reunido, una persona que había trabajado para PRISA defendía la auto-publicidad encubierta que se publicaba en El País, o que se emitía en la SER, porque al fin y al cabo –decía- cómo no hacerse publicidad en la propia empresa.

Han viajado poco, o no en la dirección adecuada para aprender otros usos y costumbres. Es claro que si nuestra situación mediática se compara con países que están peor, salimos ganando. Y esto ha funcionado bien hasta ahora, un gran imperio mediático imponía su ley en la selva nacional y hasta en la de otros países. Ahora hay que civilizarse. Necesitamos mucha más regulación en los grandes Medios, en todos los medios, si no mejoran en credibilidad los pequeños peces mediáticos de internet acabarán comiéndoselos.

Carlos Carnicero reflexiona muy bien en su blog sobre la deriva de El País y, como en su caso, no es algo personal, se trata de precisar dónde está el periódico más leído de España y gran parte de América Latina. De ahí abajo, ni les cuento, sería muy largo hasta acabar por ejemplo en la emisora cultural de Madrid, Radio Círculo, en ese marco incomparable que es el Círculo de Bellas Artes, donde desde nuestros micrófonos sin sueldo ni compensación económica alguna observamos el discurrir de las grandes fiestas mediáticas (los premios Ortega y Gasset, lo más reciente), políticas o económicas ¿Y les parece raro que pidamos justicia?

Unos días antes de la gran manifestación del 15M, El Planeta de los Libros se sumó a las webs que se adhirieron a Democracia Real Ya  Todavía no sabíamos que el 15M sería mucho más que una manifestación pero necesitábamos manifestar el hartazgo, necesitábamos gritar y cansarnos de gritar. Ayer volví a la Puerta del Sol a manifestarme. Estuve poco tiempo, porque la Plaza estaba abarrotada y tampoco conviene morir de éxito. Hay que mantener la acampada. Para eso justo pedían firmas, o más bien teníamos que pedir firmar los que queríamos dejar huella, había demasiada gente también para eso. Nunca he visto tanta ansia por hacerse con una hoja, por añadir una firma, un nombre, un DNI, o más bien una sonrisa y una esperanza. La foto de las amigas, que se apretujaban para firmar, es uno de los mejores recuerdos que tengo de ayer en la manifestación de Madrid.

Letras Transversales

febrero 27, 2011

Así se llama la antología de obras escogidas de Juan Tomás Ávila Laurel, que próximamente publicará Verbum. Y así hemos llamado al programa que tenía que haberse emitido hoy a las 8 de la tarde pero que no ha podido ser, nos imaginamos que por problemas técnicos en la emisora del Círculo de Bellas Artes. En todo caso, ya pueden escucharlo en internet:  http://elplanetadeloslibros.com/html/audio-199-letras-transversales.htm

Lo grabamos el 23 F y eso influyó lógicamente en el programa, pequeño desfase que no evita que todo confluya finalmente de forma satisfactoria, de forma transversal y colectiva, porque como dice Enrique Falcón en Las prácticas literarias del conflicto: “es un enorme error seguir considerando la literatura como un problema individual”.

Me interesa ese ser colectivo transversal –el literario y el vital- cada vez más conectado, más consciente en todo el mundo. Una de las principales máximas del poder es “divide y vencerás”, así que la necesidad del ser social siempre anda buscando otras formas y recovecos para desarrollarse. Por ello, no es extraño que una pueda coincidir más con la idea que de nuestro país tiene un ecuatoguineano que con la que tienen muchos españoles, en muchos casos más preocupados por defender el honor patrio que por tomarse la molestia de mirarlo.

Aludía antes a la obra de Enrique Falcón porque ayer mismo pude asistir a un seminario que se hizo sobre ella en la Sala Youkali. Me gusto adentrarme en Vallecas, lejos de los jactanciosos foros literarios que, al menos en Madrid, resultan ya excesivamente previsibles, si no con olor a naftalina. Además aquello no era literatura para la literatura, o no tanto. Entre la veintena de los asistentes, junto a escritores y gestores culturales y algún editor, había representantes de movimientos vecinales, grupos sociales, feministas incluso, y hasta tomé la palabra para expresar mis propias inquietudes de que la unión medios-cultura es posible.

Las letras transversales van mucho más allá de los estamentos, de las diferentes disciplinas, y hasta de a lo que cada uno dedique su tiempo. Aquella tarde hablamos de comunidades, comunidades creíbles (de las aparentes y vacías ya tenemos) y para que haya una auténtica comunidad quizá lo primero es hacer una puesta en común desde todos los ángulos posibles, sobre todo materias que tanto tienen que ver. ¿No es éste el inicio de las revoluciones sociales? O al menos de comunidades precursoras.

Hablamos el sábado de poesía social y no pude menos que mencionar a Ávila Laurel, al que en un momento no le sirvió la literatura, a la que había dedicado toda su vida, y apostó por una forma de expresarse pacífica pero extrema, la huelga de hambre. La dificultad estriba en cómo derribar barreras. Mostrar las miradas de los que están al otro lado, miradas que también son las nuestras, por una razón u otra, por la simple humanidad que nos iguala o por aspectos geográficos o temporales: Juan Tomás nació en el 66, cuando Guinea Ecuatorial era todavía una provincia española.

Miradas en las que percibo esperanza y verdad: “Me estoy dando cuenta que la Democracia de los países desarrollados no es como lo vemos, estoy viendo que hay muchísimo miedo, que hay una grave censura en España (…), estoy percibiendo como si el gobierno fuera una organización mafiosa, actúa igual, porque no puede ser que la gente tenga tanto miedo por contar algo que ocurre de verdad…” (Minuto 14.48 de “Letras Transversales”)

Letras transversales que también proponen nuevos espacios, contactos, o formas de comunicación en comunidad. Y como ya anticipaba en este blog nuestro Chef más literario, Miguel López Castanier, el 13 de marzo iniciamos un nuevo acercamiento a la literatura: entre los manjares de la Taberna de Liria y la voz de una poeta excepcional: Mª Ángeles Maeso. Ese segundo domingo de marzo realizaremos nuestra primera Comida de Autor, un grupo reducido de comensales abierto a toda persona que quiera participar. Eso sí, las reservas serán aceptadas por estricto orden de llegada: http://elplanetadeloslibros.com/archivos/menu-final.pdf

Dictadura

febrero 19, 2011

Juan Tomás. Salón Internacional Libro Africano. Tenerife. Septiembre 2010

En el artículo anterior, huelga de hambre, hablaba de lenguaje prostituido y maloliente. Y justo a la semana me encuentro un buen ejemplo de ello, o varios ejemplos, que tampoco hay que cargar las tintas sobre uno, pero bien sirve este: en una información del diario El País sobre el fin de la huelga de hambre del escritor Juan Tomás Ávila Laurel se habla de régimen “dictatorial”, las comillas son del periodista que firma la información, de ese “gran medio” de comunicación (estas comillas son mías). O sea, estamos ante una dictadura entre comillas, y lo dicen a bombo y platillo, y no les da vergüenza. 

Si esto es así ahora, no quiero ni pensar lo que los dineros de Liberty y Berlusconi (acuérdense que no había nadie mejor para invertir en PRISA) podrán hacer en el futuro. En fin, que las pocas firmas que todavía aguantan el examen periodístico en El País, no sé que hacen aguantando ese medio y no creando su propia plataforma de comunicación. Soledad Gallego-Díaz, o Ramón Lobo, ¿no tienen nada que decir sobre Ávila Laurel? Sobre los más de 30 años de Dictadura de Teodoro Obiang creo que ya escribieron, pero hace mucho.

Mañana emitimos en el Planeta de los Libros un programa dedicado a Ortega y Gasset con motivo de las obras completas que, tras años de trabajo y un elevado presupuesto, han llegado a su fin. En ese programa, grabado hace unos días, quise dar la voz al escritor ecuatoguineano que estaba entonces en huelga de hambre. Casualmente, en la conversación con Sánchez Lambás y Francisco Zamora recordamos la lucha de Ortega y Gasset frente a la Dictadura de Franco, entre el exilio y la creación de un Instituto de Humanidades en territorio español, y me surgió una pregunta que luego hice a Ávila Laurel.

Los tiempos son muy diferentes, y la historia no sólo lo atestigua sino que también nos sirve para marcar esas diferencias, y para poner una piedra más en su edificio. Una piedra nueva, porque copiar tiempos históricos es un vicio demasiado extendido. Ahora se escribe que los levantamientos populares del norte de África son nuevas caídas del muro de Berlín ¿pero es que somos tan simples y reduccionistas como para aceptar estas comparaciones? Nunca se trata de copiar la historia, si acaso se trataría de establecer con ella un diálogo intercultural, algo que favorezca y que apoye los avances sociales allí donde todavía están por conseguir. 

Por lo demás, otro apunte necesario al “gran medio” de comunicación del que antes hablaba. No considerar al escritor Ávila Laurel en su condición de escritor reconocido en todo el mundo, sino por su primer gran acto de disidencia pública contra la dictadura de Obiang (“el disidente Ávila”), significa hacerle el juego a una dictadura “sangrienta y empobrecedora” (estas comillas son mías: los adjetivos que utilicé en el programa de radio de este domingo).

Además del sucio juego mediático, la Dictadura de Obiang se sirve de otros medios igualmente indecentes, como es el silencio del Estado Español y sus diferentes administraciones, desde el jefe del parlamento a la ministra de exteriores. Ayer en una información de la agencia de noticias Afrol (www.afrol.com) se decía que seguían esperando respuesta al caso Juan Tomás por parte de la Embajada española. Personalmente yo también espero respuesta de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), especialmente de su dirección cultural. En concreto la espero desde el miércoles. Aunque después de leer esto, entiendo que callen: España-Guinea Ecuatorial: El timo de la cooperación (Agustín Velloso), P. 54. Revista Pueblos. Septiembre 2007 http://www.revistapueblos.org/spip.php?article652

Y un poco de aire fresco para terminar. Recomendarles la poesía de Paqui Solana “a tu lado (dedicada a Juan Tomás)”, publicada en este mismo blog, y “El Planeta de los Libros” del 27 de febrero, que estará dedicado a la obra de este escritor ecuatoguineano del que venimos hablando y al que venimos leyendo. No pretendemos hacer un programa de “justicia poética” como el que dedicamos recientemente a Javier Egea (por suerte Juan Tomás sigue vivo) pero sí queremos paliar la ceguera -bien pagada- tan habitual en este otro lado –no “a tu lado”- del Atlántico Norte.

Morir de hambre

febrero 12, 2011

II Congreso Estudios Literarios Hispanoafricanos

Un escritor proyecta morir de hambre. Tiene toda la comida que necesita, pero ha decidido no tomarla. ¿Qué puede haberle pasado por su cabeza? Él que sabía cómo combatir con las palabras. Con las escritas y también con las habladas. Sólo hace unos meses me dirigía entre sonriente y sarcástico en mi papel de moderadora, en una mesa de encuentro con escritores, organizada por Wilfrid Miampika dentro del II Congreso Internacional de Estudios Literarios Hispanoafricanos.

Ahí en la foto, aparece pensativo Juan Tomás, observando a la audiencia. Yo entonces andaba leyendo “Avión de ricos, ladrón de cerdos”. Y el propio Wilfrid me recomendaba la obra más reciente de Juan Tomás Ávila Laurel: “Arde el monte”. Pensé esperar a leerla para entrevistarle. La solicité a la editorial Calambur, pero los libros a veces se pierden, o los pierden los intermediarios, y sólo este viernes conseguí hacerme con un ejemplar, eso sí electrónico, ante el urgente reclamo que provocaron los hechos.

Juan Tomás eligió el viernes 11 de febrero para iniciar una huelga de hambre, y para hacer pública una carta al presidente del Parlamento español, José Bono, que reproducimos en facebook: http://www.facebook.com/notes/el-planeta-de-los-libros/ante-la-visita-de-bono-a-guinea-ecuatorial-huelga-de-hambre-de-un-escritor/180274768681492

Hay quien dice que se le pasará, que no durará mucho su huelga de hambre, que no nos preocupemos, que todos los medios de comunicación españoles se harán eco, añadiendo que este tipo de noticias son las que les interesan. De momento, muy pocos medios nos hemos hecho “eco”. ¿ Interesará más esta noticia cuando el hambre empiece a hacer estragos?

Además de su valía como escritor, Juan Tomás es certero en su análisis de la realidad de Guinea Ecuatorial, también acierta cuando nos habla de las relaciones de su país con España y con el mundo. Uno de sus artículos hizo que le ofreciera participar en este blog, aunque entendí que declinara la oferta porque, como dijo, ya se pelea bastante con el mal funcionamiento de internet en Malabo. Aquel artículo todavía puede leerse en la página de la Fundación Sur y lleva por título “La UNESCO muestra su pobreza al mundo entero”: http://www.africafundacion.org/spip.php?article7406

La UNESCO efectivamente mostraba su pobreza al mundo entero. Como la han mostrado los sucesivos gobiernos de la democracia española, más interesados en las riquezas de Guinea Ecuatorial que en el apoyo a sus gentes. Esto lo vienen denunciando desde hace tiempo varios escritores ecuatoguineanos, como Donato Ndongo al que entrevisté en octubre del 2009- http://elplanetadeloslibros.com/html/audio-158-las-tinieblas-de-tu-memoria-negra.htm – En el minuto 38 decía:

Un país de 500.000 habitantes y que produce 700.000 barriles diarios de petróleo es de cajón que no necesita ningún tipo de cooperación, de ayuda (…) Esto solamente sirve para favorecer la dictadura, perpetuarla, la única forma de ayuda que necesitamos los africanos en general, y los guineanos en particular, es una complicidad de los países desarrollados para que exijan de sus propios gobiernos comportamientos éticos

La falta de democracia en Guinea (y la falta de ética en la democracia española) cada vez es más difícil de esconder, y aguantar. Uno se contagia de la euforia tunecina y egipcia, asiste admirado a la caída de un tirano tras otro, llega a pensar que por qué esto no puede ocurrir en su propio país. ¿Qué piensa un escritor cuando después de 31 años de poder absoluto en su país observa que nada cambia, que todo se perpetúa?

Qué piensa día a día, cada hora, cada mes, cuando vive dentro de esa dictadura, y cuando afuera quieren darle premios, abrazos, y visitas oficiales, los que dicen llamarse demócratas, o presidente de un parlamento democrático. El lenguaje falso e hipócrita es como un dictador: pretende obligarnos a pensar y creer lo que no es. Todavía no hemos aprendido de la ola de protesta que se extiende en el norte de África. Es la gente de a pie la que se revuelve contra el dictador, como la ola de a pié que se levanta contra un lenguaje prostituido y maloliente.

Otro lenguaje es posible, un lenguaje que actúe buscando el bien común. Aunque sea escrito con sangre (como tantas páginas de la historia) como dice la canción Saut al-hurria, “La voz de la libertad”, que se escuchaba estos días en la Plaza Tahrir de El Cairo, y que se escucha en cualquier parte del mundo ahora que el pensamiento circula a la velocidad de la luz en la Era Internet.