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Sin miedo a volar: literatura erótica para todos los gustos

febrero 1, 2016

Tenía una amiga que, algunas veces, le decía a su pareja: “Paco, hazme volar”. Y las demás, como adolescentes, nos reíamos (que también era el propósito de mi amiga). Un comentario, aparentemente banal y, por supuesto, con doble sentido e intenciones juguetonas. Sin embargo, cuando te sientas a analizarlo tiene mucho de roles género: el hombre como dador de placer, el hombre sabe qué nos gusta y cómo. ¿No nos iría mejor si nos responsabilizamos nosotras de nuestro placer? (ya seamos, mujeres, hombres, trans, o como cada persona se quiera definir)canvas

Somos muchas las mujeres que nos hemos cansado de lo que implica en nuestras vidas una educación sexual patriarcal y de ser meros objetos de deseo. Por ello, nos hemos decidido a buscar una forma más igualitaria, plena, libre y sin culpa de vivir el erotismo y la sexualidad.

La literatura puede ser una buena fuente de inspiración para fantasear y explorar nuevas formas de sentir placer. El mercado editorial ha llenado las estanterías de las librerías de literatura erótica, pero quizás de una literatura cortada por el mismo patrón, encajonada en los estereotipos y roles de género impuestos a las mujeres en las sociedades actuales y que nos impide indagar y elegir más allá de la moda o de lo que se vende. ¡Y queremos algo más! Al menos, diversidad y poder elegir.

Rebelarse contra la norma establecida puede abrirnos a nuevas experiencias placenteras. ¿Te has cuestionado? ¿Has probado? ¿Te has dado permiso? ¿Has explorado, en este caso, otras lecturas que cuenten ¿la misma historia?, sí, quizás, pero con un enfoque y una actitud diferentes.

Me pareció interesante obtener el punto de vista de una profesional que además trabaja desde la perspectiva de género y aproveché la asistencia a la conferencia introductoria a la serie de talleres Empoderamiento a través del autoconocimiento erótico (en febrero empieza una nueva edición) en Los Placeres de Lola, en Madrid, para posteriormente realizar una breve charla con Mentxu Abril, psicóloga y terapeuta sexual encargada de impartir dichos talleres.

Noelia Álvarez: ¿Cómo se puede vivir la sexualidad rompiendo los estereotipos educacionales recibidos por mujeres y hombres?

Mentxu Abril: Un ejemplo: una mujer decide tomar la iniciativa y acercarse a una persona que le gusta para proponerle algo y sin querer le surge una sensación de eso no está bien. Es necesario cuestionar los pensamientos limitantes y saber que el sentimiento negativo surge del aprendizaje del rol de género. El hecho de cuestionar la norma impuesta y saber que esa sensación surge de ese aprendizaje y no de que el acto que se quiere hacer en sí esté mal, ayuda a plantearse otras opciones y a actuar como realmente nos gustaría. Si esto lo hago más veces al final estaré poniendo a prueba mi antiguo esquema y comportamiento sexuales y estaré adquiriendo otra forma de pensar y de sentir más acorde a mis deseos.

N.A.: ¿El consumismo y el capitalismo intentan controlar el cuerpo de las mujeres?

M.A.: Siempre se ha intentado controlar el cuerpo de las mujeres, su sexualidad y forjar sus límites ya que eso asegura el control sobre la institución familiar, la procreación, la productividad, las creencias, etc. El capitalismo, aliado del patriarcado, intenta sacar provecho económico de él fomentando sentimientos de frustración, de inferioridad, de falsa ilusión. De esta manera, puede comerciar con estas emociones a través del manejo de las necesidades personales. El objetivo es seguir manteniendo el poder para quien tiene el poder.

N.A.: ¿Qué nos puede aportar la literatura erótica?

Con la literatura erótica podemos descubrirnos y saber cuáles son nuestros gustos y nuestras necesidades sexuales. También nos permite desarrollar nuestro erotismo de forma más amplia, potenciar el deseo, la excitación o la capacidad orgásmica. Leer literatura erótica nos ayuda a concentrarse en las sensaciones y en los estímulos cuando estamos a solas o con una pareja.

N.A. ¿Qué recomendaciones literarias nos harías sobre literatura erótica que deconstruyan la concepción actual de erotismo y sexualidad?

hqdefaultM.A.: Tanto en literatura erótica como en pornografía contamos con escritoras y directoras feministas que ofrecen enfoques y actitudes diferentes de la sexualidad, lo que se denomina postporno. No obstante, el hecho de fantasear con lo queramos, o de practicar lo que queramos, nos hace más libres y posibilita que trabajemos nuestro erotismo para llevarlo hacia donde nos apetezca. Como ejemplo, podemos citar a Erika Lust, directora de cine porno feminista y autora de relatos y novelas eróticos.

Aunque, Mentxu también nos comentó que ella está a favor de cualquier tipo de literatura sirva de motor para fantasear y experimentar, he dedicado un tiempo a investigar y buscar por Internet (y también a repensar en mis lecturas) para ofreceros  algunas sugerencias más allá de lo establecido (sin poder recoger todo, por espacio y porque seguramente hay mucho que desconozco) que, por supuesto, pueden ser comentadas, ampliadas y criticadas.

¿Nos lanzamos? Sin miedo a volar.

Si quieres empezar por algo ligth pero muy útil para cambiar la mirada, puedes leer La canción de Nora de Erika Lust.

Miedo a volar de Erica JongPara las que piensan que los clásicos no defraudan: El amante de Lady Chaterly de D.H Lawrence, del que se dice que conocía muy bien la psique femenina. Miedo a volar de Erica Jong, considerado un indespensable del erotismo feminista y rompedor en Estados Unidosen los años 70 . Las relaciones peligrosas de Pierre Choderlos de Laclos, con un poco de perversión entre los miembros de la nobleza.

Si te van los triángulos amorosos: Castillos de cartón de Almudena Grandes o Delta de Venus o Henry y June de Anis Niin cuyos deseos eróticos giraban en torno al matrimonio formado por Henry Miller y June Miller.

Una novedad editorial: La pasión de Mademoiselle S., un texto anónimo que recoge unas cartas eróticas fechadas entre 1928-1930 y que dirige una mujer a su amante.

También existen opciones para esa sexualidad más oculta como  pueden ser las lesbianas, las personas con discapacidad, las personas transexuales, etc., el libro Relatos marranos. Antología recoge 34 textos que tratan el tema de la sexualidad desde diversas ópticas. El azul es un color cálido de Julie Maroh, un comic que aborda la sexualidad entre mujeres jóvenes.

Si te gusta el BDSM, quizás también te guste una novela que también es un clásico: Historia de O de Pauline Reage o una obra desconocida de Anne Rice, la autora de la famosa novela Entrevista con el vampiro, La Trilogía de la Bella Durmiente que nada se parece a las dulcificadas versiones del cuento. Por su parte, Claudine en la escuela de Grabielle Colette se centra en el clásico alumna-profesora, sus deseos y algún que otro castigo.El oso de Marian Engel

Con un toque de humor negro, Zonas húmedas de Charlotte Roche e, incluso encontramos novelas eróticas donde se siente deseo por animales como en  El Oso de la canadiense Marian Engel, donde una bibliotecaria intima con un oso. Esta y otras pasiones animales (y también algunas que no lo son) recomienda Alberto Manguel en su artículo Pasión animal y literaria.

Por último, si algún día te levantas con ganas de reflexionar sobre el tema puedes leer, entre otros: El postporno era eso de María LLopis, duro y radical pero con ideas muy interesantes. Neoliberalismo sexual: el mito de la libre elección de Ana de Miguel. Política sexual de Kate Millet, con una parte sobre reflexiones en el ámbito literario. Autobiografía de una mujer sexualmente emancipada de Alexandra Kollontai, escritora, revolucionaria y activista del siglo XX.

Everything comes to an end – Neil Young

enero 19, 2016

Neil YoungEste tipo creció en una zona rural de Canadá donde las casas no tenían número. Para él fue un descubrimiento comenzar a moverse entre calles que sí numeraban sus edificios, esto las hacía importantes. Luego vinieron ciudades pronunciadas como Toronto o Nueva York.

A través de la autopista de peaje de Nueva Jersey comenzó a distinguir los nuevos Pontiac de 1955 y asomado de puntillas desde lo más alto del Empire State Building observaba con la frente pegada a la barandilla a los minúsculos taxis amarillos que se escurrían a toda prisa entre el asfalto. ¿Fue éste entonces el comienzo de su largo y eterno romance con los coches?

A través de su segundo libro Special Deluxe, Neil Young nos conduce a su memoria y alrededor de cada uno de los coches de los que se enamoró nos traslada a etapas importantes de su vida: su música y todos los artistas con los que compartió estudio, el nacimiento de sus hijos, matrimonios y rupturas. Y al hablar de su relación con los automóviles explica qué piensa sobre el cambio climático, el calentamiento global y las políticas adoptadas por los Estados Unidos ante estos retos mundiales.

Músico y compositor, considerado como uno de los más influyentes de su generación. Para él su vida tomó su propio rumbo en los años 60: un hogar fracturado, su flechazo con los coches y la música marcaban definitivamente su adolescencia. Con el dinero que ganaba como repartidor de periódicos, comenzó a comprarse cosas, lo primero fue una guitarra Harmony Sovereing. Ensayaba sin parar y formó su primer grupo, Los Jades.

Su tiempo lo inundaba la música. Su pérdida de interés por los estudios la sustituyo por las horas de ensayo, tocar con algunos grupos y observar a los músicos en directo. Por aquel entonces, su madre cada vez bebía más, hubo un tiempo en el que pareció mucho más feliz pero luego parecía que siempre sostuviera una copa en su mano en algún club.

Con la emoción de los primeros seguidores de sus conciertos y la juventud pegada a los talones vino su traslado a California donde fundó Buffalo Springfield. Más tarde comenzó su carrera en solitario que ha durado más de 45 años y 37 álbumes de estudio hasta 2015. Swing, blues y rockabilly, hasta llegar a ser uno de los mejores compositores e intérpretes de rock and roll.

Las largas autopistas que marcaban la trayectoria de su vida, el ritmo personal de sus canciones y la colección de coches que lo ha ido atrapando, le han convertido en un coleccionista amante de los detalles de sus automóviles. Asientos espaciosos de piel color rojo y negro, embellecedores cromados, salpicaderos brillantes y largos viajes cautivadores, marcan a este tipo tan genuino en su estilo y en sus letras.

En su rancho al norte de California, nació su primer hijo Zeke, que sufre un caso leve de parálisis cerebral. Aquel momento de estabilidad se refleja en algunas de sus canciones “A Man needs a Maid”.

En medio de la carretera, más cerca de la cuneta que de un camino trazado con líneas rectas, conoció a Pegi Morton con la que contrajo matrimonio a finales de los 70 y con la que tuvo dos hijos, Ben y Amber. Ben sufre tetraplejia y parálisis cerebral y para saber cómo interactuar con su hijo, fundó junto con su mujer Pegi una escuela donde poder integrar a los niños con necesidades especiales mediante el empleo de sistemas de comunicación alternativos y tecnologías de apoyo.

A lo largo de sus años de matrimonio, Young compuso varias canciones inspiradas en su mujer como «Such a Woman» y «Unknown Legend», del álbum Harvest Moon y “Once an Angel” del álbum Old Ways.

Su música ha influido a otros muchos grandes como Nirvana y Pearl Jam, convirtiéndolo en el padrino del grunge y en un tipo de eternos viajes.

When somebody is haunting your mind,

Look in my eyes. Let me hide you

From yourself and all your old friends.

Every good things comes to an end.

“Drive Back”

 

 

 

Cambiemos el cuento, sigamos contando (2)

noviembre 26, 2015

¿Y si jugamos a cambiar el cuento? Para aquellas personas que no le leyeron, en el artículo previo escribí sobre literatura infantil (y juvenil) alternativa, aquella que va más allá de las normas establecidas, revolucionaria porque intenta ser plural y no encorsetada y no tiene miedo a mostrar otras realidades, otras personas, otras relaciones.

Para que esto sea posible, es imprescindible que las autoras y autores sean conscientes de la realidad que nos rodea y de los cambios que se producen en ella y que estén dispuestos a mostrarlo en las historias que escriben. Pero también es necesario que las editoriales establezcan más criterios que el comercial a la hora de publicar y que no sean tan reacias a trabajar con una literatura infantil diferente. Es importante la labor de editoriales como Kalandraka, Lumen (que a través de Esther Tusquets tradujo al español la colección de libros “A favor de las niñas” de Adela Turín) o Bellaterra pero también de editoriales más pequeñas como Ópera Prima, Obelisco u Hotel Papel o proyectos autofinanciados como el de Pandora Mirabilia o Cuatro Tuercas.

No soy perfectaVivimos pendientes de los espejos, cual madrastra de Blancanieves, en una sociedad que prioriza la belleza y el culto al cuerpo en las mujeres. Estereotipos que también se reproducen en los libros infantiles. Sin embargo, y es una buena noticia, podemos encontrar cuentos que apuestan por una belleza alejada de los cánones y que trabajan la aceptación de una misma reivindicando la originalidad y la imaginación. Y si no, haceos amigas de Perfecta Nueno, Mara o Malena que en No soy perfecta de Jimmy Liao, Orejas de Mariposa de Luisa Aguilar y Malena Ballena de Davide Cali, respectivamente, se rebelan contra las burlas, las risas o las exigencias de la sociedad.

Princesas botas montañaLas princesas también se han cansado de estar encerradas en torres, de dormir durante cien años o de vestir de rosa y con zapatos de tacón y autoras como Nunila López y Myriam Camero saben que por ahí anda La cenicienta que no quería comer perdices ¡Ah! Y no es un secreto que Las princesas también se tiran pedos y si no que os lo cuente Ilan Brenman y si os preguntáis si ¿Las princesas usan botas de montaña? Carmela Lavigna lo responde en su libro.

TransBirdA la familia tradicional se le ha unido otro tipo de familias que es necesario que las niñas y los niños conozcan. También es aconsejable que sepan que la heterosexualidad no es el único referente, como pretende el patriarcado y así lo intentan mostrar libros como Paula tiene dos mamás de Newman Leslea, Aitor tiene dos mamás de Mª José Mendieta o Cada familia a su aire: el libro de las pequeñas diferencias de Beatrice Bougtinon. No quiero olvidarme de un libro tierno y, al mismo tiempo, atrevido sobre las personas transgénero como es Transbird de Nacho Donoso que cuenta la historia de un pajarillo valiente que escapa de las estrictas normas que le imponen en su bandada y buscar su lugar en el mundo.

Las niñas cada día gritan con más fuerza para pedir la igualdad, para empoderarse y tomar sus propias decisiones. Así en Once damas atrevidas de Xosé M. González “Oli” las mujeres se van de Arturo y Clementinaviaje y viven aventuras. También conoceremos a aquellas que no quieren ser amas de casa o desempeñar profesiones tradicionalmente asociadas a hombres o simplemente quieren ser ellas mismas en Laura aprende a volar de Irma González, en Mercedes quiere ser bombera de Beatriz Monco, en Rosa Caremelo o Arturo y Clementina de Adela Turín, de la que ya hablamos en el primer artículo. Y de esto también saben las niñas clásicas y rebeldes como Alicia en el País de las Maravillas o Pipi Calzaslargas o el siempre ingenioso y políticamente incorrecto Mark Twain que en 1865 en Consejos a niñas pequeñas «invita a las niñas pequeñas a ignorar las restricciones impuestas por la sociedad y a pensar por sí mismas».

Un cuento propioActualmente es fácil encontrar biografías adaptadas para visibilizar el papel de las mujeres en la historia como las de Virginia Woolf o Maruja Mallo de Luisa Antolín, Gloria Fuertes o Isadora Duncan de Patricia Alonso, entre otras. También es destacable Un cuento propio de Pandora Mirabilia y Camila Monasterio, un precioso proyecto que a través de un audio libro cuenta diversas historias basadas en la vida de grandes heroínas y del que se está preparando una segunda edición con la biografía de otras siete mujeres.

bellaPor último, se ha intentado dar una vuelta de tuerca a los cuentos clásicos y reescribirlos como hizo Roald Dahl en Cuentos en verso para niños perversos o las segundas oportunidades para Caperucita, Blancanieves y Cenicienta, Hansel y Gretel y La sirenita en la serie Érase dos veces.

Para terminar, una advertencia importante. Estos libros son aptos también para personas adultas. Os lo aseguro. Disfrutaréis como niñas.

Cambiemos el cuento, sigamos contando (1)

noviembre 20, 2015

Los sábados por la mañana mi abuelo nos recogía a mis hermanas y a mí en casa, subíamos en su coche, bibliotecaun seiscientos amarillo, y nos llevaba a la biblioteca. Nos entraba ansiedad, porque aunque la biblioteca estaba cerca mi abuelo conducía despacio y no veíamos el momento de llegar. Una vez allí, corríamos hacia la sección infantil y cada una, a su aire, nos perdíamos en las estanterías, entre nuestros libros o autoras favoritas. Recuerdo que, al principio, leía, sobre todo, para obtener un premio. Sí, cada 25 libros leídos y apuntados en una ficha, la bibliotecaria me entregaba una chapa conmemorativa de mi logro. ¡Una gran satisfacción! Después, enganchada a leer, no me importaba el premio, el simple hecho de leer y disfrutar de una historia diferente era ya un premio. Y, menos mal, enseguida me di cuenta de que era el más grande que podía obtener.

El primer libro que me regaló mi padre fue Los Gnomos: gnomo de los bosques. Seguramente tuve algún otro antes pero, sin saber por qué, este es el que recuerdo. En casa, cuando ya era algo más mayor, recorría las estanterías en busca de los libros que mi madre tenía y los leía. Recuerdo desde los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós hasta novelas completamente desconocidas de Ken Follet. Con 13 años leía obras juveniles de teatro y junto a compañeras de clase, las representábamos, emocionadas con el trabajo de relectura y adaptación a nuestro tiempo en clase y a nuestras capacidades.

Poco a poco fue naciendo mi pasión por la literatura y con el tiempo, como es lógico, establecí mis propios criterios y gustos sobre las lecturas que hacía. Eso es lo mágico de la literatura para mí: es una amiga inseperable que te ayuda a ser quien eres, a rebelarte, a buscar tu sitio y a encontrarte y reinventarte a lo largo de toda la vida.

lectura

Janet, Ruth and Susan Charles reading a story. National Library of Wales

Una parte importante de nuestro hábito lector surge, por tanto, en el ámbito familiar (otros lugares pueden ser a través del profesorado, las amistades, las bibliotecarias). Con los libros que las madres y padres leen o dan a leer a sus hijos, éstos pueden entender la realidad que viven pero también les otorga la oportunidad de conocer otras realidades distintas a la suya o saber qué es posible cambiar el mundo. Les permite aprender a empatizar con lo diferente, a cuestionarse la norma social establecida, que no siempre es la mejor, salvo para el capitalismo, y por supuesto, a imaginar, soñar y crear sus propios mundos. Los niños sienten una curiosidad enorme, están ávidos de aventuras y de explorar su entorno y lo desconocido. Con los libros poseen la llave que abre la puerta a cualquier lugar que deseen ir.

Yo crecí, como tantas otras niñas y niños de mi generación con los cuentos clásicos infantiles: La Cenicienta, Blancanieves, El patito feo, Caperucita Roja, La ratita presumida, La Bella durmiente, La Sirenita, Hansel y Gretel, entre otros muchos. Estos cuentos se convierten en el primer puente para formarnos como lectoras pero no lo son todo. ¡Cuidado!

princesa

En: The British Library

Por poner un ejemplo, la mayoría de cuentos de princesas transmite unos mensajes muy claros y diferenciados a niñas y niños. Las primeras aprenden a ser pasivas, a esperar a un príncipe con el casarse y realizarse. Los segundos, a tener que ser fuertes siempre y ser los salvadores de princesas. Yo nunca me sentí identificada con estos mensajes, nunca quise ser princesa, nunca quise que me rescataran, ¿de qué? Yo quería vivir mis propias aventuras: matar dragones, acabar con las brujas, vivir con un gato y no tener que limpiar para nadie (Cenicienta limpia, La ratita presumida limpia, Blancanieves limpia, Ricitos de oro limpia). ¿Queremos que nuestras hijas sean dependientes? ¿Queremos que nuestros hijos crezcan teniendo que demostrar siempre algo?

Las niñas y los niños tienen derecho a elegir quiénes quieran ser y, para ello, es responsabilidad de madres y padres no sólo prestar atención a la calidad literaria o a la belleza de las ilustraciones sino también a los mensajes (textos e ilustraciones). Los cuentos tradicionales forman parte de nuestra cultura y no tienen por qué desaparecer (algunos de los valores que transmiten pueden seguir siendo útiles como la solidaridad entre mujeres, la importancia de la familia o la relación respetuosa con la naturaleza) pero es necesario que no se muestre a los niños y a las niñas una sola forma de estar en el mundo porque les limitamos. A través de lecturas diversas los niños se divertirán, jugarán y serán más libres (las niñas no están sólo para jugar con muñecas o casarse; los niños no tienen por qué jugar con coches y ser los más fuerte o los más valientes todo el tiempo) y es posible que no abandonen la lectura porque serán conscientes de las posibilidades que ofrece, tanto de ocio como de ayuda a procesos internos suyos. Además, si se realiza una lectura conjunta permitirá un aprendizaje mutuo entre la persona adulta y los pequeños y creará un vínculo más fuerte entre ambos.

Símbolos sexistas

Símbolos sexistas en los cuentos

La sociedad evoluciona y existen nuevas estructuras familiares, sociales y culturales que deben reflejarse en los libros para conocerlas y respetarlas. Seamos conscientes de que en los cuentos tradicionales abunda el sexismo, tema sobre el que la escritora italiana Adela Turín ha realizado una gran aportación (desde los años 60) para evitar el sexismo en los cuentos e ilustraciones infantiles. Pero también es  complicado encontrar historias que hablen de familias diferentes a la tradicional, personas de otras razas, religiones u orientación sexual que no sea la heterosexual. Por ello, aúnemos a los cuentos de siempre, las historia de ahora. Fomentemos la comprensión de lo distinto, la igualdad y la tolerencia.

Cuando era pequeña no tuve la oportunidad de leer estas otras historias así que he aprovechado la escritura de este artículo para recuperar la inocencia, convertirme de nuevo en niña y disfrutar con la mente abierta y con el corazón y poder, así, compartir, en la segunda parte de este artículo, algunas sugerencias y recomendaciones. Las posibilidades de los libros son infinitas y las niñas y niños merecen conocerlas. 

¿Jugamos a cambiar el cuento?

Los hombres que no leían a las mujeres

junio 15, 2015

Me gustaría comenzar con una anécdota, arriesgándome a que penséis que se trata de una banalidad. La anécdota se define como un suceso irrelevante, curioso o entretenido. A veces, definimos un hecho como tal simplemente por comodidad, para evitar el esfuerzo de reflexionar, cuando sabemos, o al menos intuimos, que se trata de algo más: un síntoma revelador del pensamiento y de la ideología que hemos ido adquiriendo en la sociedad y en la cultura en la que nos desarrollamos como personas.

índiceVivo en un apartamento pequeño y los libros que no caben en las estanterías andan desparramados, entre otros sitios, encima de una mesa y, aunque no es el caso, parecen colocados estratégicamente, como las novedades de una librería. Así que, una tarde que recibí la visita de un amigo, antes de sentarse en el sofá, reparó en ellos y los echó un vistazo. Recuerdo que todos libros de esa mesa estaban escritos por hombres. Observé a mi amigo. Primero tomó uno, luego otro, leía la sinopsis de los libros e hizo algunos comentarios como: «Cuánto lees», «Parecen interesantes», «Siempre andas rodeada de libros». A las pocas semanas, se acercó otro amigo y el proceso fue similar, tanto en actitud como en comentarios, os puedo asegurar que casi calcó las palabras (y no se conocen entre sí).

Pasados unos meses, estos dos amigos volvieron (por separado también). Poco había cambiado en este tiempo salvo la cantidad y lugar de descanso de los libros; sobre la mesa tenía, como siempre, varios libros pendientes de leer, esta vez, todos escritos por mujeres. Ellos, de nuevo, se acercaron a la mesa y al comprobar que eran libros de autoras y no de autores, no se atrevieron a tocarlos mucho. Uno, cogió una novela y sin leer de qué trataba la tiró de nuevo sobre la mesa con el ceño fruncido y girando la cabeza. Ambos me dijeron frases como: «¿por qué todos son libros escritos por mujeres?», «Siempre estás leyendo lo mismo».

big-eyes-margaret-keane-300x199Mis ojos se abrieron, se hicieron grandes, se pusieron tensos, como los de las niñas que retrataba la pintora Margaret Keane. Me asaltaron algunas preguntas: ¿Por qué la primera vez no les importó que sólo tuviera libros escritos por hombres ni pensaron que mis lecturas eran todas iguales? ¿Por qué dieron por supuesto que los libros de autoras son todos iguales? ¿Leían libros escritos por mujeres para hacer tal afirmación? ¿En qué se basaban? Mi conclusión: su forma de pensar, de expresarse y de opinar era patriarcal, poniendo como punto de referencia, en todos los aspectos, a los hombres, y menospreciando la literatura escrita por mujeres.

Estaréis de acuerdo conmigo en que necesitamos repensar y cuestionar la validez de dichas afirmaciones, ancladas en nuestro subconsciente más de lo que nos atrevemos a reconocer, y que lanzamos al aire sin pensar. Lamentablemente, son tan generalizadas y comunes que pasan de ser la mera opinión de una persona para convertirse en pensamiento colectivo de una sociedad.

Desde mi modesta posición, os invito a realizar una autocrítica a la que solemos ser reacias, quizás porque no nos gusta hurgar en esos elementos que entran en juego en la lectura (he seguido los expuestos por Constantino Bertolo en La cena de los notables). Es decir, creo que tenemos miedo de enfrentarnos a nuestra propia competencia lectora, a nuestra biografía, a las lecturas que hemos hecho a lo largo de la vida y a nuestra ideología. Pero es necesario. Yo también viví, hace un tiempo, mi particular proceso de reubicación lectora: desde dónde leo, a quién leo, dónde me representan, cómo lo hacen.

Bertolo, en el mismo libro citado arriba, también habla de la responsabilidad del que lee, elemento clave en las ideas que intento plasmar en este artículo. Para mí, esta responsabilidad está relacionada con ejercer la autocrítica de nuestras lecturas y nuestra posición ante ellas. Somos lectores responsables en cuanto somos capaces de auto-cuestionarnos.

En este proceso nos ayudará tener presente que el saber está relacionado con el poder porque el primero se genera siempre desde un lugar particular, como afirman Marta Malo y Débora Ávila, investigadoras y activistas sociales. Así, podemos preguntarnos: ¿quién crea ese saber? ¿A quién se dirige? ¿Para quién lo creó? ¿Con qué propósito?

800px-La_lectoraY una pregunta más. ¿A dónde nos llevan estas reflexiones? Si revisamos la historia de la literatura veremos que es claramente androcéntrica y que a lo largo de los siglos ha estado dominada por hombres en todos sus aspectos: escritura, personajes, crítica, incluso, hubo un tiempo en que las mujeres tenían prohibido leer. Ante esta situación, son muchas las escritoras que han hecho por visibilizar otras escritoras como Mª Ángeles Cabré, que en su libro Leer y escribir en femenino, da a conocer un gran número de mujeres que la literatura oficial, de una manera u otra, ha ocultado. Más recientemente, la poetisa Clara Janés ha publicado Guardar la casa y cerrar la boca donde recopila a las poetisas olvidadas de diferentes culturas y períodos de la historia. Otras escritoras, como la coreana Moon Chung-hee cambió el código de la poesía para poder liberarse del lenguaje androcéntrico y poder expresarse con libertad y hasta Bathsheba Everdene la protagonista de la novela Lejos del mundanal ruido escrita por Thomas Hardy afirma que el lenguaje está creado por y para los hombres y que las mujeres no pueden expresarse con él.

A la mujer, considerada «la otra», se le niega la voz, y, sin embargo, tiene derecho a expresarse. Por ello, Mª Ángeles Cabré, entre otras, reconoce la existencia de una narración hegemónica y otra marginal. La narración predominante tiene que ver con esa autoridad que establece determinado saber como superior y margina, no sólo en función del sexo sino también de la cultura, la raza, la orientación sexual y la religión.

Otro tema que Constantino Bertolo toca  en su libro y que nos resultará de utilidad es el de la lectura como aprendizaje: de emociones, de comportamientos individuales y colectivos, de sentimientos o de la conducta humana. ¿Enriquecemos nuestras vidas y nuestras lecturas si tenemos como referente casi mayoritario el referente occidental, blanco, heterosexual y… hombre? (éste último olvidado y obviado normalmente por parte del sexo masculino). Las mismas historias contadas por las mismas personas no nos aportan nada, por mucho que nos empeñemos. Necesitamos la voz de «las otras».

Extremadamente significativa resulta la conferencia dada en 2009 por la escritora nigeriana Chimamanda Adichie: El peligro de una sola historia. En ella, cuenta su experiencia y evolución como escritora y la mirada sesgada que tenemos del mundo debido a la existencia de una sola historia. Explica de una forma maravillosa como el punto de vista único y la reducción a lo simple y a los estereotipos conlleva perder la complejidad y la riqueza sobre una persona, una cultura o un país.

La literatura transforma el mundo y lo hace en cuanto literatura abierta a visibilizar de forma justa e igualitaria las diferentes formas de estar en el mundo y evitando, de este modo, la violencia literaria a la que nos vemos sometidos; literatura abierta a recoger lecturas de calidad y diversas porque nos convertiremos en mejores lectoras y personas si vamos más allá del yo y nos atrevemos a conocer a las otras y los otros.

En definitiva, ser lectores responsables implica rebelarnos contra una autoridad lectora que es cuestionable e incorporar nuevos elementos de juicio a nuestras lecturas para llegar a ser realmente libres.

Las mujeres que hacen política son peligrosas

marzo 18, 2015

Reseña: Goldman, Emma. Viviendo mi vida. Madrid: Capitan Swing: Fundación Anselmo Lorenzo, 2014.

Emma Goldman, la roja; Emma Goldman, la arroja-bombas; Emma Goldman, una mujer peligrosa. Cuando existe cierto miedo a perder privilegios, muchas sociedades, gobiernos u hombres rechazan la igualdad y emplean calificativos de este tipo, muy alejados de argumentos sólidos que justifiquen una posición; suelen recurrir a ellos, personas que consideran a las mujeres inteligentes, valientes y adelantadas a su tiempo, una amenaza. Personas que no creen en la justicia social ni en los derechos de las mujeres y, que por ello, las tildan de peligrosas, sin más, porque sencillamente, no me voy a andar con florituras, hay que quitarlas de en medio.

índiceQuizás, Emma Goldman (Kovno 1869- Toronto 1940) es menos conocida que otras mujeres políticas contemporáneas como Rosa Luxemburgo, Alexandra Kollontai o la española Federica Montseny; sin embargo, fue una figura relevante, que, de joven, emigró a los Estados Unidos huyendo de los malos tratos que recibía de su padre. Allí, el hecho de ser mujer o de no conocer a la perfección el idioma no la impidió convertirse en una gran activista del movimiento anarquista y feminista a comienzos del siglo XX y en un referente imprescindible de esa época.

En apenas dos meses, se celebran en España elecciones municipales y autonómicas y aunque las mujeres empiezan a ocupar puestos políticos desde hace algún tiempo, aún sufren discriminación en cuanto al número, la posición que desempeñan y las oportunidades para ascender sin darse de bruces con el techo de cristal. Es bien sabido, que la política, ha sido tradicionalmente (y continuamos con esta tradición tan poco beneficiosa) un espacio público ocupado por los hombres. Como decía, no es extraño encontrar mujeres políticas pero, en general, tampoco es extraño que reciban un trato diferente a los hombres, que no tengan la misma consideración ni que se mida con el mismo rasero su trabajo. Un ejemplo reciente y que trascendió en algunos medios, es el de Tania Sánchez, ex diputada de Izquierda Unida, y fundadora de Convocatoria por Madrid. Los medios de comunicación estuvieron refiriéndose a ella, en gran cantidad de artículos, como la novia de y preguntándola temas relativos a su pareja y su vida familiar y no a su trabajo, algo impensable que se realice de forma sistemática a ningún hombre. Y no se trata de un caso aislado; si prestamos un poco de atención a lo que leemos y lo analizamos, la mayoría de veces, se habla de las mujeres o se las entrevista en relación a su pareja, sus embarazos, su forma de vestir, su familia, etc. más que en relación a las funciones que desempeñan.

oradoraPor este motivo, considero importante destacar la figura de Emma Goldman. Porque reivindicó y luchó por hacerse hueco en un mundo dominado por hombres, que para más inri se definían de izquierdas pero cargaban con el lastre del machismo (como si por el mero hecho de ser de izquierdas se libraran de ello); pero también porque vivió la política de forma coherente, tuvo convicciones muy firmes y se convirtió en una gran oradora, con argumentos muy bien hilados y expuestos, gran capacidad de razonamiento y persuasión. ¡Ya desearían para sí esa habilidad de comunicar muchos de nuestros políticos actuales! Porque nadie va a negar que, en muchas ocasiones, reducen su oratoria a los insultos y a los ataques personales e infantiles como justificaciones válidas de sus ideas o actuaciones. ¿Y eso lo llamamos política?

Además, fue una gran defensora de la libertad de expresión, un derecho que, a día de hoy, en vista de sucesos como el de Charlie Hebdo, parece no estar consolidado. Emma Goldman destacó, en relación a este tema, la siguiente frase pronunciada por su amiga Voltairine de Clayre en una conferencia y que continúa siendo un lema con vigencia: «la libertad de expresión no quiere decir nada si no quiere decir libertad de decir lo que los demás no quieren escuchar».

Por otro lado, no podemos olvidar su gran cultura y su pasión por la literatura y la música. Al contrario, de muchos compañeros de causa, Emma Goldman creía que la belleza, es decir, el arte, la música y la literatura debían formar parte de la vida de cualquier persona. Esta idea le llevó a enfrentarse en un baile a un conocido que la apartó del resto para, precisamente, recriminarle que bailara ya que, según él, se trataba de una actividad poco adecuada para una integrante de la causa anarquista; ella, por supuesto, le plantó cara y se negó a renunciar a algo con lo que disfrutaba. De este incidente, se le atribuye la frase si no puedo bailar, no es mi revolución.

Aparte de temas como el anarquismo, las prisiones, el puritanismo, la sociedad y el individuo o el patriotismo, puso gran entusiasmo en reivindicaciones feministas como el matrimonio y el amor, el tráfico de mujeres, el sufragio femenino, la prostitución o los métodos anticonceptivos. De hecho, fue la precursora del amor libre e incluso, habló antes que la mismísima Virginia Woolf, de una habitación propia: ante la sorpresa de una de sus parejas, reclamó para la convivencia la necesidad de tener una habitación para ella sola.

Otorgó gran relevancia a la educación y fundó junto a su compañero Sasha Berkman la Escuela Moderna Francisco Ferrer, a la que acudió a colaborar otra activista defensora y precursora del control de la natalidad, Margaret Sanger… una mujer rebelde.

emmaTambién se llevó a cabo otro proyecto con la creación de la revista Mother Earth en 1906 donde se publicaban artículos políticos, de agitación laboral y social y de oposición al gobierno de los Estados Unidos.

Para no alargar más la extensión del artículo, os recomiendo leer Viviendo mi vida, la autobiografía de Emma Goldman que ha sido traducida al español por Ana Useros y editada por Capitán Swing y la Fundación Anselmo Lorenzo; este año, está previsto que se publique el segundo volumen. Su lectura nos permite conocer la trayectoria política y personal de una mujer con mucha personalidad, con sus contradicciones interiores pero íntegra y sincera consigo misma, incluso, más que esos hombres que la historia siempre ensalza por encima de cualquier mujer aunque el mérito sea menor.

Emma Goldman, un buen ejemplo de cómo la palabra puede convertirse en una gran arma para la lucha y el cambio social.

 

Recomendaciones:

Goldman, Emma. La palabra como arma. Madrid: Tierra de Fuego: La Malatesta, 2008.

Emma Goldman: una mujer sumamente peligrosa [documental]. Accesible en: https://www.youtube.com/watch?v=pBHSDUMyghc

La conversación y la cultura

enero 27, 2015

Nos encontramos sometidas a múltiples estímulos. Desde la televisión, pasando por la publicidad hasta las nuevas tecnologías y los teléfonos inteligentes. Nos sometemos a estos manteniendo la cabeza agachada constantemente, más pendientes de las posibles notificaciones de mensajes que nos lleguen que de prestar atención a las personas con la que estamos compartiendo nuestro tiempo en ese momento o a las actividades que estamos realizando.

Es posible, incluso, que no continues leyendo este artículo. Y una de las causas más probables (aparte de que pueda que no te interese), teniendo en cuenta cómo nos relacionamos con el mundo, es que no puedas querido lector, querida lectora, quizás, dejar pasar más tiempo sin mirar el móvil, sobre todo, si has recibido algún mensaje.

Intento reflexionar sobre la alienación tecnológica que vivimos. Ni siquiera tenemos tiempo de hablar con nosotras mismas: de encontrarnos, de crecer, de reinventarnos, de compartir lo mejor de nosotras, de aprender de lo mejor de los otros. En definitiva, estamos perdiendo la posibilidad de conocer la visión del mundo que tienen otras personas y quizás, lo más importante, la oportunidad de interactuar y de establecer un vínculo más profundo y enriquecedor con ellas, es decir, estamos olvidando el arte de conversar.

La conversación, según expone Theodore Zeldin en su libro Conversaciones: cómo el diálogo puede transformar tu vida, sería aquel diálogo que al terminar hace que las personas sean un poco diferentes a como eran antes de empezar la conversación. Ésta no se entiende como el simple hecho de intercambio de información. No vale la mera anécdota, ni ideas sueltas, éstas tienen más que encontrarse, tienen que abrazarse, provocar, producir un cosquilleo…«significa que la conversación necesita pausas y los pensamientos, tiempos para hacer el amor».

V0039096 A group of women sit around a table talking and drinking tea

Así, conversar se diferencia de charlar o hablar en que la conversación implica que las personas «se transforman, se remodelan, extraen de ella implicaciones diferentes y emprenden nuevas sendas del pensamiento».

En el mundo cultural se hace cada vez más necesario fomentar las conversaciones inteligentes, que generen pensamiento, reflexión y cambio. Sería conveniente, por ejemplo, ir más allá de la supuesta intelectualidad de los tertulianos de la televisión o de los gurús de la cultura (escritores superventas, mega librerías, editoriales y empresas en busca del negocio y del dinero) que parecen haberse convertido en un referente de inteligencia, cultura y conversación, algo que dista mucho de ser cierto. ¿En qué lugares se debate seriamente sobre cultura, literatura, música, arte, etc.? ¿Existen espacios abiertos, diversos para este tipo de conversaciones?

Hace unos meses, Nieves Martín, directora de El Planeta de los Libros y Jesús Espino del grupo editorial Akal tras la entrevista en uno de los programas sobre edición crítica independiente, conversaban sobre la importancia de crear sinergias literarias con el objetivo de generar una cultura comprometida, valiente y atrevida que cambie la manera de ver y enfrentarse al mundo.

Desde mi punto de vista, estas sinergias o redes literarias entre diferentes agentes (escritores/as, editoriales, crítica literaria, medios de comunicación culturales…) pasan por tener conversaciones más inteligentes, interés por aprender, por ser tolerante, tener la mente abierta, por escuchar activamente otras posturas sin querer interrumpir y pretender ser protagonistas todo el tiempo. También es indispensable aumentar nuestro nivel cultural, que en este país se encuentra bajo mínimos por diversos factores, como el escaso apoyo y la poca valoración que se da a la educación y a la cultura como medio para convertirnos en personas más libres y con capacidad de crear pensamientos propios.

Las conversaciones se convierten, por tanto, en una potencial experiencia de aprendizaje; podemos llegar a cambiar aquello que no nos gusta del mundo en que vivimos, cambiar nuestra forma de entender el trabajo, la tecnología o el amor, generar igualdad, justicia, comprensión hacia lo diferente y sentirnos realmente unidos a otras personas.

¿Faltan conversaciones inteligentes en este país? ¿Qué opináis? Reflexionemos sobre ello porque pensar de forma diferente, requiere hablar de forma diferente.

Leed, leed malditos pero no cualquier libro

septiembre 24, 2014

Me encantan el chocolate y los libros. Y aunque parezca extraño, pensar en chocolate, a veces, me lleva a pensar en libros. Leo comiendo chocolate y como chocolate pensando cuál será mi próxima lectura.

Mientras escribo este artículo estoy comiendo una porción, jugosa y tierna. Me he vestido adrede, he camin2825541490_b8dd9ef8c8_mado, entre aceras y calles levantadas por obras, hasta la pastelería del barrio y he comprado una (tamaño pequeño). Y ahora, mientras intento que migas de bizcocho no caigan encima del teclado del ordenador, pienso (aparte de lo rica que sabe) que una tarta de chocolate de gran tirada, esas de supermercado, no puede competir con una tarta de chocolate casera o con una comprada en una pastelería artesanal. La tarta industrial se ha fabricado en cadena (ni siquiera con la gracia y el colorido de Charlie y la fábrica de chocolate), es fácilmente accesible, sin mayor interés que el dinero rápido y fácil. En la tarta casera o artesana se seleccionan los ingredientes con cuidado, hay esmero en la preparación, mimos en la elaboración y un sabor tan exquisito que seguro que en más de una ocasión has tomado trozos más pequeños para que el placer se alargue como yo en este instante. La misma pena que cuando terminas un buen libro.

Y de este modo, me veo hablando de tartas de chocolate en un blog de literatura y cultura, asociando mis tartas a las ideas que tenían algunos editores, como Jaume Vallcorba, sobre la literatura (y me pongo seria). Vallcorba distinguía entre la literatura de calidad y la litimageseratura de consumo. La literatura de calidad contiene complejidad de tipo estilístico y retórico y psicológico, variedad de recursos técnicos, profundidad, algo que conmueve, frente a la literatura de consumo que remite a meros tics, lugares comunes o clichés toscos, esquemas que pretenden ser literarios sin serlos, una receta simple para una tarta prefabricada.

Sin embargo, muchas veces, esta última es la literatura que se escoge leer. Y cuestiono lo de escoger porque es posible que hayamos permitido que otros elijan por nosotros. El supermercado está lleno de tartas de chocolate. Y nos las ponen a la vista. Tienen que estar ricas, para qué buscar más. Ya tengo mi sabrosa tarta. Y así, obnubilados por los cantos de sirena, también nos decantamos por uno (o varios, mayor empacho aún) de los 10 libros más vendidos de cualquier estantería del Top ventas de una gran librería, ¿pero son los 10 mejores? ¿Has decidido tú que se lo merecen o simplemente otras personas lo han colocado por arte de magia? No te han preguntado aunque pienses que sí.

Generalmente, detrás de este tipo de literatura existe un marketing agresivo donde prevalecen los intereses económicos de grandes editoriales o grupos de comunicación por encima de la calidad literaria. La intención es vendernos un mero producto y hacernos creer, como comentó hace poco Nieves Martín de El Planeta de los libros que nos llevamos grandes libros; sí, quizás es así, nos venden libros de gran tamaño. Nada más.

El marketing en sí no es malo. Es una herramienta, que bien empleada, sirve para hacer más atractivo, en este caso, un libro, y darle una mayor difusión. Pero sí es poco ético hacer de él un instrumento de engaño y abuso.

Dubravka Ugresic, escritora y ensayista croata, escribió un breve artículo titulado Los Torcedores que aparece junto a otros en Gracias por no leer en el que comenta: […] «lo trivial ha anegado la vida literaria contemporánea hasta cobrar, a lo que parece, más importancia que los libros. La propaganda de un libro es más importante que el libro en sí; tal como la foto del autor de la solapa es más importante que el contenido y la apariencia del autor en los diarios de gran tirada y en la televisión es más importante que lo que el autor haya escritor realmente.» […] «las librerías parecen cada vez más flamantes supermercados

¿Qué os parece? A mí, turbador y terrorífico. Y como lectoras no podemos recurrir a ese argumento trillado y carente de fundamento que, a menudo, lanzamos sin pensar: lo importante son las emociones, lo que el libro me transmite.

Sí, las emociones importan pero no deben convertirse en el único elemento de análisis y juicio de la calidad de un libro. Me puede gustar el sabor de una tarta de chocolate de supermercado, pero, sin lugar a dudas, me enloquecerá el de una tarta casera o artesanal. ¿Y de qué manera llego a esa conclusión? Porque poseo criterios objetivos para valorarlo… y porque las he probado. Y me refiero tanta a las tartas como a los libros.

Hay buena literatura escondida más allá de los superventas, de las grandes librerías, de las grandes editoriales, de los cuatro grandes escritores de siempre. ¿Por qué no catar esos otros libros también?

8601668462_4fcf2fb3eb_mResulta útil, casi indispensable, me atrevería a decir, convertirnos en lectoras y lectores serios, críticos, reflexivos con lo que leemos y con nosotras mismas. Es nuestra pequeña pero no irrelevante contribución a llenar las librerías, las bibliotecas y nuestras casas de literatura de calidad. Podemos evitar caer en la simplicidad y la monotonía. Ser críticas no significa ser fan de literatura aburrida y pedante. Significa abrir nuestra mente.

Por otro lado, es importante ser conscientes de que la edición y venta de libros no siempre implica una carga cultural grande. En este sentido, el escritor italiano Elio Vittorini diferenciaba entre literatura de consolación versus literatura de provocación. La primera se asemeja a la literatura de consumo, vaga y sin mucho contenido. La segunda, a la literatura de calidad: nos sorprende, nos hace pensar, imaginar o soñar.

pensandoLa literatura juega una función cultural, educativa y social básica y si queremos que continúe su labor debemos abogar por la literatura de provocación, que una vez descubierta, no querremos abandonar (me apuesto una tarta). Está en nuestras manos elegir libros que muestren sociedades justas, que representen mujeres y hombres en condiciones de igualdad, sin estereotipos que perpetúan una sociedad y unas relaciones perjudiciales y nocivas. Vayamos en busca de historias variadas, originales, divertidas, atrayentes, asombrosas. Olvidemos el mismo molde de siempre decorado con virutas de chocolate y lancémonos a por algo diferente. Al menos, probemos.

Como explica Nuccio Ordine en La utilidad de lo inútil, la literatura y los saberes humanísticos, la cultura y la enseñanza constituyen el líquido amniótico ideal en el que las ideas de democracia, libertad, justicia, laicidad, derecho a la crítica, tolerancia, solidaridad, bien común, pueden experimentar un vigoroso desarrollo. ¿Vamos a dejar que nos lo quiten?

Seamos lectoras y lectores críticos para vivir con libertad, independencia, poder de decisión y capacidad para producir un cambio a nivel cultural, político y social. En definitiva, para ser felices. Recuerda: la literatura de buena calidad es comer chocolate del bueno.

8ª Temporada: miércoles en directo

octubre 3, 2011

Cambio de hora y día, existiremos, seremos, Miércoles. Empezamos a las seis y media de la tarde, y lo extraño de empezar a la media puede ser más permanente en la memoria. A esa hora en que ya se tomó el té, o la merienda, y se plantea cómo terminar el resto del día, o decide hacer un alto en el camino, puede escuchar en directo El Planeta de los Libros, los más incondicionales, como siempre, en su propio horario, cuando quieran, a través de la página web

Como no podía ser menos, al Planeta también le están afectando los recortes, y no hablo de los económicos (esos ya estaban a cero) sino lo que se desprende de ellos, o hasta de las gestiones abusivas que se hacen con la excusa de los recortes. Esta temporada sólo tendremos media hora a la semana. Un recorte del 50%. No diré que los programas de libros seamos una especie en peligro de extinción. Quizá sea mejor definirnos como un rara avis, cada vez más rara.

Y hasta lo raro es indispensable, porque lo raro no es tan raro al fin. Hay muchos autores, lectores, millones de libros, novelas, poesías, obras de teatro…. Me sigue sorprendiendo al inicio de esta octava temporada, igual que lo hacía en la primera, que existan tan pocos programas de radio dedicados a los libros, al menos en nuestro país. Asombro también por las solicitudes de participación que recibimos, lo cual indudablemente no se corresponde con nuestra pequeñez, en medios y, seguramente, alcance. Quizá los autores, los buenos, no buscan números de audiencia. Ellos saben dónde quieren estar, dónde se consigue por derecho propio, no por amiguismos u otras prebendas como norma. Vale, vale, ya sé que algunos se hacen los interesantes. En todo caso, también los lectores aprecian la literatura más allá del escaparate mediático, o librero, que se confunde tantas y tantas veces. Ya lo decía Lucy Leite en su último artículo en el blog del planeta “Por un abordaje cualitativo de la lectura”

Frente a lo cualitativo, el escaparatismo librero-mediático parece no tener límites. A partir del 15M y todos los movimientos ciudadanos en pro de una Democracia Real, ha habido oportunistas en toda la cadena librera –desde autores hasta editores- dispuestos a enseñarnos las necesidades demócratas de nuestro país. Podríamos asegurar: nos acostamos con pocas reivindicaciones demócratas y nos levantamos Demócratas Reales (parafraseando el inicio de la II República española tras el régimen monárquico). Y no sólo surgieron libros “Reales”, también escritores y escritoras que poco apoyaron una auténtica cultura demócrata, que actuaron como auténticas élites culturales de una dictadura cualquiera y que ahora de repente se hacen “Reales”. Porque así lo dicen, no porque sus escritos o acciones arriesguen lo que hay que arriesgar para ser considerados como tales.

El tema de la Democracia en España es cada día más prioritario, por eso lo elegimos como el primer programa de la temporada. Para ello, como los intentos democráticos vienen de largo, hemos buscado un experto politólogo, un estudioso de las ciencias políticas, que se dedica a investigar nuestra Democracia y sus raíces más allá de los últimos cinco meses. No les digo el nombre, la sorpresa es parte de nuestro primer programa y seguramente, o eso espero, escucharán hablar de él en boca de otros (si es que no lo hacen personalmente). Les puedo adelantar que es una voz crítica, que no se conforma, que no se resignan. En este pequeño planeta creemos que sólo así, investigando críticamente y denunciando públicamente seremos capaces de mejorar la situación. Por octava temporada: Bienvenidos al Planeta de los Libros.

Y a ti quien te cuida

septiembre 18, 2011

18 Sept 2011_Manifestación en Madrid

Quince de Septiembre, ocho de la mañana. Subo el ascensor de un gran hospital del centro de Madrid. Cuarta planta. Cirugía Mayor Ambulatoria. Hace veinticinco años que no me someto a una cirugía, pero veinticinco años no son nada. Parece que tengo ganas, ansias, de volver. Me meto directamente en quirófano y un simpático joven me indica que debo ir a “registrarme” primero, qué despiste. En el mostrador de admisiones no me hacen mucho caso, permanezco muda y espero a establecer contacto visual. Ya me ven. ¿Nombre? (la que suscribe) Habitación 421 (es un decir), letra B (hmm?). No se preocupe, yo le acompaño (qué detalle).

Póngase el camisón, abertura hacia atrás, siéntese en el sillón y espere. A la media hora llega una chica joven, simpática y profesional. Me toma datos, presiones y temperaturas. Empiezo a pensar que no será tan duro. Media hora después el celador viene a por mi cama (conmigo dentro) y le da varios virajes a la otra (llamémosla cama A), hasta que finalmente despotricando cambia la disposición de A para que B pueda salir. Esto debe ser todo un reto, y quizá haya alterado sus nervios porque cuando llegamos al ascensor hay saludos que le parecen maleducados. Me lo cuenta todo cuando nos quedamos solos en una especie de pre-operatorio. Por suerte a los pocos minutos llega la que el desconocido celador presenta como “alma blanca”, la joven que dice encargarse de los entremeses de la anestesia general: “para que sueñe bonito”. El miedo me abandona (ilusamente) y caigo en un sueño sonriente.

El alma blanca me había dicho que el miedo estaba justificado, que a los sanitarios les gustan menos los que van de resabidos. En mi caso estaba justificadísimo. Llámenlo intuición, premonición, temor a anestesias, o que el anestesista me había dado mala espina en la visita obligada unos meses antes. Mientras duermo sonriente, este profesional de la entubación me provoca una hemorragia y, por lo poco que me entero cuando me despierto (como paciente no tengo derecho a que me den datos exactos), sencillamente corta la sangre con abundantes algodones en mi tabique nasal. De esta forma se pone en marcha la operación maxilofacial prevista.

Mi primera conciencia de que algo me pasa en la nariz es en la sala de reanimación, aunque sigo adormilada de vez en cuando necesito quitarme el respirador, el tabique izquierdo obstruido, necesito dar bocanadas grandes de aire, me agito, no sé ni de donde me viene el dolor, pido calmantes.

Me despierto más, el celador me lleva de vuelta a la habitación. La cama A está ocupada. Alcanzo a decir “hola”. Quiero seguir durmiendo y casi lo consigo. Entonces empieza la fiesta de los móviles. Madre A e Hija A llaman a todo el mundo para comentar detalles de su intervención, hacer arreglos logísticos, aprovechan para hablar con Jazztel para conocer más de sus últimas ofertas. De la fiesta de los móviles me separa una fina cortinilla. Ojos que no ven corazón que no siente, o eso deben pensar mis compañeras, llamadas por una letra, como podrían ser llamadas por un número, aquí todo se resume a eso. Hasta se echan en falta las mínimas normas de cortesía, por ejemplo no hay ninguna que prohíba el uso de móviles en habitaciones de postoperatorios. Las pacientes abusan. Andando la tarde me admira también su trato para con las celadoras. Quedan pocas enfermeras en los grandes hospitales, pero eso no debería fomentar el desprecio al resto de personal hospitalario.

Como no había enfermeras, tampoco había quien se me acercara con un simple enjuague bucal, antiinflamatorio o antibiótico, al menos hasta las 8 y media de la tarde: llega un doctor apresurado a darme el alta, con las recetas pertinentes, las que yo imaginaba y “Nolotil” para el dolor cada 8 horas. En busca del tiempo perdido, pensé. Y eso me recordó el libro con el que pasé mis primeros minutos en el hospital “el mapa y el territorio” de Houellebecq, que me enganchó tan poco como para pensar en todo lo que quiero leer antes que la salud o los que cuidan de ella tengan a bien que abandone este mundo.

De momento llevo cuatro días sin poder concentrarme en la lectura de un libro. Sólo hojeo prensa e internet. El dolor maxilofacial es llevadero. Incluso los cardenales. Lo peor es mi nariz. La poca pericia del maxilofacial al quitarme los primeros algodones nasales, su incompetencia todavía mayor al colocarme el nuevo y enorme apósito (que obediente y doloridamente llevé dos días), me hacen preguntarme ¿me he llevado dos operaciones por una? ¿Se tratará de una nueva oferta de gestión hospitalaria? No dos operaciones por una, dos postoperatorios por uno (cuidado con quejarse, que le damos tres). Vuelvo a casa y un amigo me pregunta ¿y a ti, quien te cuida? Y sigo preguntármelo hoy, el mismo día que miles de personas en Barcelona, Madrid y otros lugares protestan contra los recortes sociales, principalmente en educación y sanidad.

Gracias querido Otorrino (el que liberó finalmente mi tabique), gracias por utilizar algo tan barato como el tiempo y tan caro como la vaselina. ¿Me equivoco de adjetivos, de nombres? Lo llaman hospitales y no lo son…. Gracias, Otorrinos y no Otorrinos, por saber tocar las narices.