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Morir de hambre

febrero 12, 2011

II Congreso Estudios Literarios Hispanoafricanos

Un escritor proyecta morir de hambre. Tiene toda la comida que necesita, pero ha decidido no tomarla. ¿Qué puede haberle pasado por su cabeza? Él que sabía cómo combatir con las palabras. Con las escritas y también con las habladas. Sólo hace unos meses me dirigía entre sonriente y sarcástico en mi papel de moderadora, en una mesa de encuentro con escritores, organizada por Wilfrid Miampika dentro del II Congreso Internacional de Estudios Literarios Hispanoafricanos.

Ahí en la foto, aparece pensativo Juan Tomás, observando a la audiencia. Yo entonces andaba leyendo “Avión de ricos, ladrón de cerdos”. Y el propio Wilfrid me recomendaba la obra más reciente de Juan Tomás Ávila Laurel: “Arde el monte”. Pensé esperar a leerla para entrevistarle. La solicité a la editorial Calambur, pero los libros a veces se pierden, o los pierden los intermediarios, y sólo este viernes conseguí hacerme con un ejemplar, eso sí electrónico, ante el urgente reclamo que provocaron los hechos.

Juan Tomás eligió el viernes 11 de febrero para iniciar una huelga de hambre, y para hacer pública una carta al presidente del Parlamento español, José Bono, que reproducimos en facebook: http://www.facebook.com/notes/el-planeta-de-los-libros/ante-la-visita-de-bono-a-guinea-ecuatorial-huelga-de-hambre-de-un-escritor/180274768681492

Hay quien dice que se le pasará, que no durará mucho su huelga de hambre, que no nos preocupemos, que todos los medios de comunicación españoles se harán eco, añadiendo que este tipo de noticias son las que les interesan. De momento, muy pocos medios nos hemos hecho “eco”. ¿ Interesará más esta noticia cuando el hambre empiece a hacer estragos?

Además de su valía como escritor, Juan Tomás es certero en su análisis de la realidad de Guinea Ecuatorial, también acierta cuando nos habla de las relaciones de su país con España y con el mundo. Uno de sus artículos hizo que le ofreciera participar en este blog, aunque entendí que declinara la oferta porque, como dijo, ya se pelea bastante con el mal funcionamiento de internet en Malabo. Aquel artículo todavía puede leerse en la página de la Fundación Sur y lleva por título “La UNESCO muestra su pobreza al mundo entero”: http://www.africafundacion.org/spip.php?article7406

La UNESCO efectivamente mostraba su pobreza al mundo entero. Como la han mostrado los sucesivos gobiernos de la democracia española, más interesados en las riquezas de Guinea Ecuatorial que en el apoyo a sus gentes. Esto lo vienen denunciando desde hace tiempo varios escritores ecuatoguineanos, como Donato Ndongo al que entrevisté en octubre del 2009- http://elplanetadeloslibros.com/html/audio-158-las-tinieblas-de-tu-memoria-negra.htm – En el minuto 38 decía:

Un país de 500.000 habitantes y que produce 700.000 barriles diarios de petróleo es de cajón que no necesita ningún tipo de cooperación, de ayuda (…) Esto solamente sirve para favorecer la dictadura, perpetuarla, la única forma de ayuda que necesitamos los africanos en general, y los guineanos en particular, es una complicidad de los países desarrollados para que exijan de sus propios gobiernos comportamientos éticos

La falta de democracia en Guinea (y la falta de ética en la democracia española) cada vez es más difícil de esconder, y aguantar. Uno se contagia de la euforia tunecina y egipcia, asiste admirado a la caída de un tirano tras otro, llega a pensar que por qué esto no puede ocurrir en su propio país. ¿Qué piensa un escritor cuando después de 31 años de poder absoluto en su país observa que nada cambia, que todo se perpetúa?

Qué piensa día a día, cada hora, cada mes, cuando vive dentro de esa dictadura, y cuando afuera quieren darle premios, abrazos, y visitas oficiales, los que dicen llamarse demócratas, o presidente de un parlamento democrático. El lenguaje falso e hipócrita es como un dictador: pretende obligarnos a pensar y creer lo que no es. Todavía no hemos aprendido de la ola de protesta que se extiende en el norte de África. Es la gente de a pie la que se revuelve contra el dictador, como la ola de a pié que se levanta contra un lenguaje prostituido y maloliente.

Otro lenguaje es posible, un lenguaje que actúe buscando el bien común. Aunque sea escrito con sangre (como tantas páginas de la historia) como dice la canción Saut al-hurria, “La voz de la libertad”, que se escuchaba estos días en la Plaza Tahrir de El Cairo, y que se escucha en cualquier parte del mundo ahora que el pensamiento circula a la velocidad de la luz en la Era Internet.

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