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I Tertulias de Literatura Coreana

marzo 28, 2016

I Tertulias Literatura Coreana

Como anunciamos en las redes sociales, desde Marzo hasta Mayo colaboramos con el Centro Cultural Coreano en España en sus I Tertulias de Literatura Coreana. Es un placer leer buena literatura, como nos ocurrió el año pasado con la obra de Moon Chung-hee y Gong Ji-jong, a las que pudimos entrevistar en público. Este año además de la entrevista pública con el reconocido escritor Kim Young-ha, dentro de la Noche de los Libros el 28 de abril, estamos leyendo gracias a las Tertulias otros autores que personalmente estoy disfrutando: por su Literatura y por el diálogo posterior con los asistentes a estas tertulias.

Me gusta llamarles pioneros de la Literatura Coreana, o pioneras, la mayoría son mujeres como suele ocurrir en las actividades culturales. Pioneras no sólo de España, en el grupo seleccionado de unas 20 personas hay otras nacionalidades: Argentina, Chile, Ecuador, Brasil, etc. Muy presente pues la diferencia cultural, con la riqueza que eso conlleva, cuando precisamente hablamos de otra Cultura.

La Literatura, como cualquier Arte, no tiene fronteras, especialmente tras décadas de globalización que lamentablemente han estado sobre todo dedicadas a la política y la economía, por eso unir Culturas es todavía más necesario en este desarrollos global ineludible e imparable; la única forma de acercarnos y entendernos más allá de falsos intereses: con el conocimiento, la empatía y el disfrute de otras creatividades.

La conocida cortesía de la República de Corea les ha llevado, en esta ocasión, a regalar los tres libros seleccionado para estas I Tertulias. Empezamos con el libro de relatos “Narradoras coreanas contemporáneas“. Nacidas entre 1947 y 1981, 10 autoras que demuestran la evolución y la variedad literaria de las diferentes épocas y sensibilidades que atraviesan.

Recuerdo que una contertulia me decía antes del inicio de las Tertulias que el libro no era muy actual, publicado en 2011. Como se puso de relieve ya en la primera sesión que tuvimos el día 3 para presentar el libro: todavía queda mucha Literatura Coreana por traducir al Español, lo hace lentamente y – en ocasiones- como en este libro con deficiencias de traducción y corrección lingüística. El 17 de marzo, cuando nos reunimos por segunda vez para analizarlo, las críticas eran generalizadas respecto a los dos temas, también la demanda de que las editoriales se tomen en serio la publicación de otras Lenguas.

En nuestro país somos todavía poco eficientes en la publicación de Literatura Coreana, a pesar de su calidad y que el Instituto de Traducción Literaria de Corea apoye generosamente la labor. Como muestra de esto, el segundo libro que analizaremos en las I Tertulias este mes de Abril nos llega directamente de Argentina: “Tengo derecho a destruirme“, de Kim Young-ha, reconocido autor con obras traducidas a varios idiomas.

Esta novela en concreto, escrita en 1996, además de premiada y llevada al cine, es ya un clásico internacional que – como sugiere el título- aborda el suicidio, casi sin nombrarlo, mostrando sin tapujos vidas y relaciones previas, como quizá sea la única forma posible de acercarnos a un tema tan complejo como actual, y tan dado al debate.

Dice Publisher’s Weekly en la contraportada de este libro: “la obra de Kim Young-ha es una exploración literaria consciente de la verdad, la muerte, el deseo y la identidad, y a pesar de que trafica con temas picantes, nunca cae en el voyeurismo“. No quiero desvelar más sobre el autor que analizaremos en las tertulias de abril, pero sí invitarles a que lo conozcan personalmente el 28 de Abril, a las 19.30h, en el Centro Cultural Coreano. Acérquense antes de la hora porque el aforo es limitado y el escritor lo merece. Y si quieren leerlo antes, quizá todavía queden ejemplares en Casa del Libro.

Para terminar, no he podido evitar empezar a leer el libro que llevaremos a las Tertulias en Mayo:  “El canto de la espada” de Kim Hoon. Además de lo que dice la Editorial Trotta, que parece tener el libro agotado y esperamos reedite, el mismo escritor dice en el prólogo que se retiró de la civilización en 2000 y fue entonces cuando se encontró con el Santuario y la espada de I Sunsin. De ahí surge una recreación histórica que va más allá de un momento y un lugar: “Aquella espada me habló de amor, de la imposibilidad en él contenida; me dijo que, en el fondo, enamorarse no consistía sino en amar esa propia imposibilidad”.

Quizá compartan conmigo que la Literatura Coreana tiene, en muchas ocasiones, intensidad y profundidad difíciles de olvidar.

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Todos deberíamos ser feministas

diciembre 31, 2015

Los propósitos de Año Nuevo vienen a ser lo que las promesas electorales antes de las elecciones. Sirven para no cumplirlos. Una se plantea con toda su buena intención algún que otro objetivo que se esfuma en cuanto se presume un poco delante de amigas y familiares. Del mismo modo, a los políticos se les llena la boca de los temas que preocupan a la ciudadanía durante la campaña electoral y sueltan discursos demasiado preparados y artificiales para después padecer una amnesia repentina y negar todo aquello que prometieron.

La política en este país funciona así. ¿Y la política cultural? Nefasta. No existe interés por la cultura, por la cultura de verdad, porque una población culta es una población peligrosa… para ellos. Por otro lado, los medios culturales cada vez comunican menos y cada vez son más pseudoculturales. Los grandes medios culturales no ayudan a promover un cambio e incluso, a veces, parece que intentan poner la zancadilla a otros medios que sí están por la labor. Y las personas cada vez renegamos más de la cultura, como si no fuera algo importante.

En este artículo quiero hablar de feminismo. ¿Y por qué hablo entonces de cultura? Porque el feminismo, aunque solemos verlo como una cuestión política y social, es también una cuestión de cultura.

Todos deberíamos ser feministas No me sorprende que libros como Todos deberíamos ser feministas de Chimamanda Ngozi Adichie apenas haya tenido repercusión en los medios culturales. Vivimos en sociedades patriarcales, en un planeta donde la mitad de la población, hombres, quieren mantener los privilegios a costa de la otra mitad de la población, mujeres, y, por tanto, la mayoría de ellos prefieren el inmovilismo y el statu quo a mostrar interés real por hablar de feminismo.

¿Por qué tanto miedo? ¿Saben los hombres qué significa ser feminista?

El feminismo, como se recoge en el libro Feminismo para principiantes de Nuria Varela, es una teoría de la igualdad que pretende hacer justicia social, un movimiento social y político [y cultural, como he comentado] que lucha por la igualdad real entre mujeres y hombres. Sin embargo, el machismo es una teoría de la inferioridad en la que se considera a las mujeres inferiores a los hombres. El feminismo no simboliza ir en contra de los hombres, sino que se posiciona en contra de los privilegios que la sociedad patriarcal les otorga y lucha por cambiar esa estructura que perjudica a las mujeres, pero también a los hombres. No se trata en ningún momento en ser superior a los hombres, más bien en ser iguales. Fácil y claro.

Te miran con buenos ojos si eres ecologista, vegana, acudes a las manifestaciones en contra del cambio climático o del TPPI, si perteneces a algún movimiento social o si eres una participante activa de algún partido político o asociación. Sin embargo, di que eres feminista y poco faltará para que te miren como si fueras la propia encarnación del mal. Para muchas personas es fácil ver la opresión de las grandes empresas, de los bancos o de algunos políticos sobre la ciudadanía, sobre la clase trabajadora pero se niegan a ver la opresión de los hombres sobre las mujeres por el mero hecho de ser mujeres. Parece ser algo ajeno a ellos.

Por ello, recomiendo la lectura de Todos deberíamos ser feministas. Inicialmente fue una conferencia que la escritora dio en 2012 y que se ha convertido en libro. Se trata de un breve ensayo que intenta explicar de forma clara por qué es importante el género, qué significa y qué situaciones sexistas o discriminatorias del día a día vivimos las mujeres. Me parece muy acertada la idea de emplear situaciones cotidianas porque en esos detalles, que para algunos resultan banales o una versión descafeinada del feminismo, es donde comienza la desigualdad y la violencia contra las mujeres.

Aunque el contexto del libro se centra en África, las situaciones contadas nos resultarán bastante familiares, situaciones discriminatorias y sexistas en diferentes esferas de nuestra vida: en el trabajo, en el ámbito personal,Chimamanda Ngozi Adichie social y de pareja o en relación a las emociones y la expresión de sentimientos. Chimamanda Ngozi argumenta con un lenguaje directo la necesidad de conversar sobre feminismo, tanto por parte de mujeres como de hombres, y quitarle de una vez por todas las connotaciones negativas que conlleva ese término porque «si es verdad que no forma parte de nuestra cultura el hecho de que las mujeres sean seres humanos de pleno derecho, entonces podemos y debemos cambiar nuestra cultura».

Amigos, compañeros, ¿nos tomamos un café el año que viene y hablamos de feminismos?

Cambiemos el cuento, sigamos contando (2)

noviembre 26, 2015

¿Y si jugamos a cambiar el cuento? Para aquellas personas que no le leyeron, en el artículo previo escribí sobre literatura infantil (y juvenil) alternativa, aquella que va más allá de las normas establecidas, revolucionaria porque intenta ser plural y no encorsetada y no tiene miedo a mostrar otras realidades, otras personas, otras relaciones.

Para que esto sea posible, es imprescindible que las autoras y autores sean conscientes de la realidad que nos rodea y de los cambios que se producen en ella y que estén dispuestos a mostrarlo en las historias que escriben. Pero también es necesario que las editoriales establezcan más criterios que el comercial a la hora de publicar y que no sean tan reacias a trabajar con una literatura infantil diferente. Es importante la labor de editoriales como Kalandraka, Lumen (que a través de Esther Tusquets tradujo al español la colección de libros “A favor de las niñas” de Adela Turín) o Bellaterra pero también de editoriales más pequeñas como Ópera Prima, Obelisco u Hotel Papel o proyectos autofinanciados como el de Pandora Mirabilia o Cuatro Tuercas.

No soy perfectaVivimos pendientes de los espejos, cual madrastra de Blancanieves, en una sociedad que prioriza la belleza y el culto al cuerpo en las mujeres. Estereotipos que también se reproducen en los libros infantiles. Sin embargo, y es una buena noticia, podemos encontrar cuentos que apuestan por una belleza alejada de los cánones y que trabajan la aceptación de una misma reivindicando la originalidad y la imaginación. Y si no, haceos amigas de Perfecta Nueno, Mara o Malena que en No soy perfecta de Jimmy Liao, Orejas de Mariposa de Luisa Aguilar y Malena Ballena de Davide Cali, respectivamente, se rebelan contra las burlas, las risas o las exigencias de la sociedad.

Princesas botas montañaLas princesas también se han cansado de estar encerradas en torres, de dormir durante cien años o de vestir de rosa y con zapatos de tacón y autoras como Nunila López y Myriam Camero saben que por ahí anda La cenicienta que no quería comer perdices ¡Ah! Y no es un secreto que Las princesas también se tiran pedos y si no que os lo cuente Ilan Brenman y si os preguntáis si ¿Las princesas usan botas de montaña? Carmela Lavigna lo responde en su libro.

TransBirdA la familia tradicional se le ha unido otro tipo de familias que es necesario que las niñas y los niños conozcan. También es aconsejable que sepan que la heterosexualidad no es el único referente, como pretende el patriarcado y así lo intentan mostrar libros como Paula tiene dos mamás de Newman Leslea, Aitor tiene dos mamás de Mª José Mendieta o Cada familia a su aire: el libro de las pequeñas diferencias de Beatrice Bougtinon. No quiero olvidarme de un libro tierno y, al mismo tiempo, atrevido sobre las personas transgénero como es Transbird de Nacho Donoso que cuenta la historia de un pajarillo valiente que escapa de las estrictas normas que le imponen en su bandada y buscar su lugar en el mundo.

Las niñas cada día gritan con más fuerza para pedir la igualdad, para empoderarse y tomar sus propias decisiones. Así en Once damas atrevidas de Xosé M. González “Oli” las mujeres se van de Arturo y Clementinaviaje y viven aventuras. También conoceremos a aquellas que no quieren ser amas de casa o desempeñar profesiones tradicionalmente asociadas a hombres o simplemente quieren ser ellas mismas en Laura aprende a volar de Irma González, en Mercedes quiere ser bombera de Beatriz Monco, en Rosa Caremelo o Arturo y Clementina de Adela Turín, de la que ya hablamos en el primer artículo. Y de esto también saben las niñas clásicas y rebeldes como Alicia en el País de las Maravillas o Pipi Calzaslargas o el siempre ingenioso y políticamente incorrecto Mark Twain que en 1865 en Consejos a niñas pequeñas «invita a las niñas pequeñas a ignorar las restricciones impuestas por la sociedad y a pensar por sí mismas».

Un cuento propioActualmente es fácil encontrar biografías adaptadas para visibilizar el papel de las mujeres en la historia como las de Virginia Woolf o Maruja Mallo de Luisa Antolín, Gloria Fuertes o Isadora Duncan de Patricia Alonso, entre otras. También es destacable Un cuento propio de Pandora Mirabilia y Camila Monasterio, un precioso proyecto que a través de un audio libro cuenta diversas historias basadas en la vida de grandes heroínas y del que se está preparando una segunda edición con la biografía de otras siete mujeres.

bellaPor último, se ha intentado dar una vuelta de tuerca a los cuentos clásicos y reescribirlos como hizo Roald Dahl en Cuentos en verso para niños perversos o las segundas oportunidades para Caperucita, Blancanieves y Cenicienta, Hansel y Gretel y La sirenita en la serie Érase dos veces.

Para terminar, una advertencia importante. Estos libros son aptos también para personas adultas. Os lo aseguro. Disfrutaréis como niñas.

Cambiemos el cuento, sigamos contando (1)

noviembre 20, 2015

Los sábados por la mañana mi abuelo nos recogía a mis hermanas y a mí en casa, subíamos en su coche, bibliotecaun seiscientos amarillo, y nos llevaba a la biblioteca. Nos entraba ansiedad, porque aunque la biblioteca estaba cerca mi abuelo conducía despacio y no veíamos el momento de llegar. Una vez allí, corríamos hacia la sección infantil y cada una, a su aire, nos perdíamos en las estanterías, entre nuestros libros o autoras favoritas. Recuerdo que, al principio, leía, sobre todo, para obtener un premio. Sí, cada 25 libros leídos y apuntados en una ficha, la bibliotecaria me entregaba una chapa conmemorativa de mi logro. ¡Una gran satisfacción! Después, enganchada a leer, no me importaba el premio, el simple hecho de leer y disfrutar de una historia diferente era ya un premio. Y, menos mal, enseguida me di cuenta de que era el más grande que podía obtener.

El primer libro que me regaló mi padre fue Los Gnomos: gnomo de los bosques. Seguramente tuve algún otro antes pero, sin saber por qué, este es el que recuerdo. En casa, cuando ya era algo más mayor, recorría las estanterías en busca de los libros que mi madre tenía y los leía. Recuerdo desde los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós hasta novelas completamente desconocidas de Ken Follet. Con 13 años leía obras juveniles de teatro y junto a compañeras de clase, las representábamos, emocionadas con el trabajo de relectura y adaptación a nuestro tiempo en clase y a nuestras capacidades.

Poco a poco fue naciendo mi pasión por la literatura y con el tiempo, como es lógico, establecí mis propios criterios y gustos sobre las lecturas que hacía. Eso es lo mágico de la literatura para mí: es una amiga inseperable que te ayuda a ser quien eres, a rebelarte, a buscar tu sitio y a encontrarte y reinventarte a lo largo de toda la vida.

lectura

Janet, Ruth and Susan Charles reading a story. National Library of Wales

Una parte importante de nuestro hábito lector surge, por tanto, en el ámbito familiar (otros lugares pueden ser a través del profesorado, las amistades, las bibliotecarias). Con los libros que las madres y padres leen o dan a leer a sus hijos, éstos pueden entender la realidad que viven pero también les otorga la oportunidad de conocer otras realidades distintas a la suya o saber qué es posible cambiar el mundo. Les permite aprender a empatizar con lo diferente, a cuestionarse la norma social establecida, que no siempre es la mejor, salvo para el capitalismo, y por supuesto, a imaginar, soñar y crear sus propios mundos. Los niños sienten una curiosidad enorme, están ávidos de aventuras y de explorar su entorno y lo desconocido. Con los libros poseen la llave que abre la puerta a cualquier lugar que deseen ir.

Yo crecí, como tantas otras niñas y niños de mi generación con los cuentos clásicos infantiles: La Cenicienta, Blancanieves, El patito feo, Caperucita Roja, La ratita presumida, La Bella durmiente, La Sirenita, Hansel y Gretel, entre otros muchos. Estos cuentos se convierten en el primer puente para formarnos como lectoras pero no lo son todo. ¡Cuidado!

princesa

En: The British Library

Por poner un ejemplo, la mayoría de cuentos de princesas transmite unos mensajes muy claros y diferenciados a niñas y niños. Las primeras aprenden a ser pasivas, a esperar a un príncipe con el casarse y realizarse. Los segundos, a tener que ser fuertes siempre y ser los salvadores de princesas. Yo nunca me sentí identificada con estos mensajes, nunca quise ser princesa, nunca quise que me rescataran, ¿de qué? Yo quería vivir mis propias aventuras: matar dragones, acabar con las brujas, vivir con un gato y no tener que limpiar para nadie (Cenicienta limpia, La ratita presumida limpia, Blancanieves limpia, Ricitos de oro limpia). ¿Queremos que nuestras hijas sean dependientes? ¿Queremos que nuestros hijos crezcan teniendo que demostrar siempre algo?

Las niñas y los niños tienen derecho a elegir quiénes quieran ser y, para ello, es responsabilidad de madres y padres no sólo prestar atención a la calidad literaria o a la belleza de las ilustraciones sino también a los mensajes (textos e ilustraciones). Los cuentos tradicionales forman parte de nuestra cultura y no tienen por qué desaparecer (algunos de los valores que transmiten pueden seguir siendo útiles como la solidaridad entre mujeres, la importancia de la familia o la relación respetuosa con la naturaleza) pero es necesario que no se muestre a los niños y a las niñas una sola forma de estar en el mundo porque les limitamos. A través de lecturas diversas los niños se divertirán, jugarán y serán más libres (las niñas no están sólo para jugar con muñecas o casarse; los niños no tienen por qué jugar con coches y ser los más fuerte o los más valientes todo el tiempo) y es posible que no abandonen la lectura porque serán conscientes de las posibilidades que ofrece, tanto de ocio como de ayuda a procesos internos suyos. Además, si se realiza una lectura conjunta permitirá un aprendizaje mutuo entre la persona adulta y los pequeños y creará un vínculo más fuerte entre ambos.

Símbolos sexistas

Símbolos sexistas en los cuentos

La sociedad evoluciona y existen nuevas estructuras familiares, sociales y culturales que deben reflejarse en los libros para conocerlas y respetarlas. Seamos conscientes de que en los cuentos tradicionales abunda el sexismo, tema sobre el que la escritora italiana Adela Turín ha realizado una gran aportación (desde los años 60) para evitar el sexismo en los cuentos e ilustraciones infantiles. Pero también es  complicado encontrar historias que hablen de familias diferentes a la tradicional, personas de otras razas, religiones u orientación sexual que no sea la heterosexual. Por ello, aúnemos a los cuentos de siempre, las historia de ahora. Fomentemos la comprensión de lo distinto, la igualdad y la tolerencia.

Cuando era pequeña no tuve la oportunidad de leer estas otras historias así que he aprovechado la escritura de este artículo para recuperar la inocencia, convertirme de nuevo en niña y disfrutar con la mente abierta y con el corazón y poder, así, compartir, en la segunda parte de este artículo, algunas sugerencias y recomendaciones. Las posibilidades de los libros son infinitas y las niñas y niños merecen conocerlas. 

¿Jugamos a cambiar el cuento?

Micrófonos de paz

septiembre 9, 2015

Reseña: Micrófonos de paz: conversaciones con Caddy Adzuba. Madrid: Catarata, 2015. 111p.

«Cada guerra es una destrucción del espíritu humano» Henry Miller.  (1891-1980) Escritor estadounidense.

¿Qué tienen en común Nigeria, Irak, México, Libia, Sudán, Colombia, Ucrania, Siria, Palestina, Israel, Afganistán y la República Democrática del Congo? Son países donde la población está viviendo grandes guerras o conflictos armados. Actualmente, a través de los medios, conocemos los sufrimientos que están padeciendo en Siria pero existen 65 países en el mundo en los que existe algún tipo de guerra: 27 en África, 16 en Asia, 9 en Europa, 8 en el Oriente Medio y 5 en América.

Los medios de comunicación tienden a mediatizar las guerras, a convertirlas durante un tiempo en merecedoras de las primeras planas de los periódicos o de las noticias más relevantes a tratar en radio o televisión. Pero, como por arte de magia, pasado un tiempo, desaparecen como si todo hubiera terminado y vuelto a la normalidad. Ya no es noticia pero no por ello significa que hayan parado las bombas o los disparos, y aunque un día lo hagan, es posible que el dolor, el hambre, la falta de recursos, de un lugar donde vivir y los traumas y el miedo continuen. No se evaporan de la noche a la mañana por mucho que los medios pretendan ocultarlo.

microfonosUna de esas guerras olvidadas es la que desde 1996 se desarrolla en la República Democrática del Congo. En 2008, la periodista Elisa García Mingo viajó allí para conocer de primera mano lo que estaba sucediendo. De este viaje, surgió Micrófonos de paz: conversaciones con Caddy Adzuba.

Es un libro que, por un lado, intenta cambiar la visión que los medios de comunicación ofrecen sobre el Congo y terminar con la visión estereotipada y simplista que se cuenta de los acontecimientos. Se trata de ofrecer un periodismo alternativo, basado en un «periodismo ético, sensible, respetuoso, autocrítico dialógico y colaborativo». Un periodismo que cubra las carencias del periodismo extranjero en las zonas de guerra, muy «centrado en las fuentes institucionales, la fascinación por la guerra, la ideología de la objetividad y la estructura de la comunicación» y donde, a veces, no tienen tiempo ni herramientas para acudir al lugar de los hechos. Así surge la radio como un medio de paz, comunitario y participativo y que pretende la transformación social a través del empoderamiento y visibilización de las mujeres congoleñas.

Por otro lado, mediante las conversaciones con Caddy Adzuba, periodista en Radio Okapi y activista de los derechos humanos y ganadora del Premio Princesa de Asturias de la Concordia en 2014, podemos conocer su opinión sobre los motivos de la guerra, la violencia y la lucha y las reivindicaciones a través de la radio, como medio para empoderar a las mujeres y practicar periodismo ciudadano.

En 2003 se creó en la región Sur Kivu la Asociación de Mujeres de los Medios (AFEM-SK) con el fin de denunciar la violencia contra las mujeres. El objetivo es cosmopolitizar el feminicidio congoleño, es decir, que exista una identificación mundial con el feminicidio, y promover los derechos de las mujeres. Su acción se fundamenta en el empoderamiento de las mujeres (las radios convencionales las dirigen hombres y se suele negar la voz de las mujeres), la colaboración con el pequeño periodismo para dar voz a lo local frente a los expertos o las élites (periodismo desarrollado por mujeres rurales que habitan en los espacios de la violencia), la superación del papel de víctimas y la posibilidad de desarrollar otras identidades.

El periodismo activista que desempeñan las mujeres de AFEM-SK tiene una cultura periodística algo diferente del canon occidental y de lo recogido tradicionalmente en los libros. Se basa en la parcialidad, la radicalidad y la abogacía y en unos valores propios, no en lo foráneo. Apuestan por la emoción, la empatía y el compromiso como valores fundamentales. Y es algo que está funcionando porque muchas mujeres que han sufrido violaciones pueden salir del papel de víctimas en el que se les intenta perpetuar, formarse, si lo desean, como periodistas y colaborar con la Asociación.

Posiblemente, pueda chocar esta forma de hacer periodismo pero necesitamos miradas diferentes de la realidad y respeto por el quehacer de otras culturas. Como dice la profesora de teoría de la comunicación María José Sánchez Leyva «los medios de comunicación no sólo divulgan los acontecimientos que ocurren en el mundo, sino también las reglas de su representación y entendimiento». Y es necesario un periodismo plural, no sensacionalista, diverso e independiente que sea capaz de mostrar aquello que el periodismo cercano al poder oculta o muestra en función de sus intereses políticos, económicos o empresariales.

«El periodismo de paz explica la historia de la mujer, explica cómo logró salir de la situación, ofrece posibles soluciones políticas a un problema que se repite una y otra vez y que está protagonizado por diferentes mujeres en diferentes historias que tienen un sufrimiento compartido». Caddy Adzuba.

Caddy Adzuba

Erase una vez… Ana María Matute

agosto 11, 2015

Nació en Barcelona en 1925 y murió en la misma ciudad en 2014. Ha pasado algo más de un año de su fallecimiento y pocos medios culturales han realizado algún tipo de mención u homenaje a la escritora. Tan sólo, la Biblioteca Nacional de España, de cuyo patronato formó parte, celebró un acto en su honor.

ana_mariaUno de los motivos parece ser que, a estas alturas del siglo XXI, aún nos cuesta reconocer la aportación a la literatura y a la cultura por parte de las mujeres. El otro, es que Ana María Matute escribió además de novelas cuentos (para más inri, infantiles) y el cuento es un género literario con poca tradición y poco valorado en España. Tenemos la combinación perfecta para no tenerla demasiado en cuenta: mujer que escribe cuentos infantiles.

Pero Matute nunca se dejó amedrentar. Aunque desde pequeña se sentía diferente al resto de niñas y niños, siempre siguió su camino. Quizás por eso le gustaba esconderse en el bosque, bosqueese lugar maravilloso y sorprendente donde todo puede ocurrir. El lugar donde puede ser ella misma y sentir la libertad. Y a diferencia de otros niños, cuando creció, no se olvidó de esa magia y el bosque estuvo presente de alguna forma en sus libros. Siempre quiso ser niña y esa angustia de llegar al mundo adulto se recogió, por ejemplo, en Primera Memoria que recibió dos premios: en 1954 el Premio Nacional de Literatura y en 1959 el Nadal. Sin embargo había escrito su primera novela con 17 años, Pequeño teatro, que obtuvo años más tarde, en 1954, el Premio Planeta. Y en 2010 el Premio Cervantes por toda su trayectoria.

A Ana María Matute le hubiera gustado ser ilustradora antes que escritora. Las ilustraciones de Arthur Rackham para los libros Hans Christian Andersen eran sus preferidas. De pequeña escribía cuentos y también los ilustraba. Incluso fue ella misma quien retrató a los personajes de su conocida novela Olvidado Rey Gudú. Desde mi punto de vista, otro gran mérito en el sentido de que se trata de un género también poco trabajado en España.

Es curioso. Me ha venido a la memoria a Alice Munro. En una entrevista concedida a la revista Leer Ana María Matute reescribió el final del cuento de La Bella Durmiente. Alice Munro hizo lo mismo con La Sirenita. Son personas especiales, valientes y grandes escritoras que se atrevieron a retocar los cuentos clásicos y a reinterpretarlos según su visión del mundo.

contentPero no todo fue tan mágico e idílico como nos pueden transmitir la fantasía y aventura de los cuentos. Le tocó vivir los durísimos años de la guerra, algo que le marcó profundamente, como a otros muchos niños de su generación. Aún, con cerca de 90 años, se estremecía al recordar durante la guerra a un hombre muerto, tirado en la calle que aún tenía un trozo de pan y chocolate en la mano. Al igual que el bosque, la guerra tomará un papel relevante en muchas de sus novelas, como en su última novela publicada Demonios familiares; la guerra es el escenario donde Eva la protagonista luchará contra los demonios familiares pero también contra los demonios sociales que imponen normas y comportamientos a las mujeres.

Los años 50 se le quedaron pequeños. Muchas de las personas que la conocieron como las escritoras Espido Freire o Lucia Etxeberría o la fotógrafa Colita están de acuerdo en que Ana María Matute fue siempre una mujer rebelde e independiente, que hizo lo que quiso a pesar de los demás. Desde luego, si leemos algunas de las entrevistas recientes seguimos viendo una mujer fuerte, entusiasta y con las ideas claras.

No aceptó el papel que la sociedad tenía marcado para una chica de clase burguesa y de buena cuna. Como ella misma reconoció no fue virgen al matrimonio, algo que en aquella época era una provocación. Se divorció de su primer marido (algo también impensable) y luchó por la custodia de su hijo al que estuvo varios años sin ver.

A pesar de la edad, nunca dejó de soñar, de seguir siendo un poco niña y de amar la fantasía y la imaginación. Y de alguna forma, siempre siguió su personal camino de baldosas amarillas, tanto en lo personal como en lo profesional.

Erase una vez… Ana María Matute.

Más información: La niña de los cabellos blancos [documental]

Lo que encontré en El cuarto de las maravillas

abril 12, 2015

Quien no me conoce, dice que apenas como o lo hago de una manera frugal. Quien me conoce, afirma todo lo contrario. Y a mí parecer, creo que me alimento de forma sana y ordenada, sin grandes excesos, ni en comida basura ni en comidas saturadas de grasa. Sólo devoro libros. Pierdo el control. Como si llevara años sin comer. Como si fuera el último día en la tierra. Como si hubiera vivido una hambruna en medio de una guerra. Como si fuera una anoréxica recuperada.

Así comenzó la aventura. Con ansia de libros. Cuando empecé las lecturas que comentaré a continuación, tenía hambre de historias y como quien te recomienda ir a un restaurante, decidí lanzarme y probar la nueva colección que la editorial Turner lanzó a finales de septiembre de 2014: El cuarto de las maravillas. Se estrenaba con un menú atrevido de tres libros muy distintos entre sí: Hacer el bien de Matt Sumell; La Comemadre de Roque Larraquy y Las esposas de los álamos de Tarashea Nesbit.

cuartoSe denomina Cuarto de las maravillas a los antiguos gabinetes de curiosidades, predecesores de los museos actuales. Para mí, un cuarto de las maravillas, sería aquel lugar lleno de libros, gran cantidad para tocar, oler, leer, releer y recomendar con insistencia. Con este poético pensamiento me adentré en las nuevas lecturas, decidida, al igual que cuando salgo un sábado a ese restaurante pequeño y recogido, en una calle céntrica pero desconocida de una gran ciudad, a disfrutar de una buena cena, en este caso, de varias novelas.

He tardado varios meses en leer estos tres libros, (para ser sincera, con otras lecturas de por medio). Quizás me encontraba condicionada por el sugerente título de la colección y mi ilusión inicial fue decayendo porque al avanzar en la lectura, sentía una ligera decepción, un malestar interno; no tanto una sensación de empacho de lecturas pesadas, sino más bien una falta de emoción, pérdida repentina del apetito, dándole vueltas a la comida haciéndome la remolona sin querer probar ni un bocado más… en definitiva, unas ganas persistentes de abandonar el plato a medias.

¿Por qué? Os preguntaréis. En las siguientes líneas, brevemente, os intento responder.

Hacer el bien es la historia de un joven de 30 años que intenta afrontar los distintos devenires de su vida. Aunque la novela contiene un evidente humor negro, el ingrediente principal, resulta complicado sentir empatía por un personaje tan estrafalario. Primero, porque la agilidad en la escritura y la acidez de la historia no son suficientes para digerir una alienación de la vida por parte del protagonista de tales dimensiones. En segundo lugar, éste queda reducido a un mero cliché y no deja de parecer algo tan típico como un plato de macarrones con tomate: hombre violento, agresivo, soez y misógino, hasta el punto que su madre antes de morir le hace prometer que tratará bien a las mujeres a partir de ese momento.

La Comemadre tiene en común con la novela anterior un cierto humor negro, sazonada de una pizca de sarcasmo, al abordar de forma un tanto humorística una cuestión ética como es la experimentación con humanos;  y aquí se hace necesario tener un buen estómago, o haber utilizado un protector para conocer cuál es la última palabra que pronuncia una cabeza decapitada; sí, habéis leído bien. Un dilema similar para muchas personas a ¿me como los caracoles? o ¿me gusta la casquería? El escritor argentino pone muchas ganas intentando contar la relación entre dos historias distantes en el tiempo pero con un nexo de unión entre ambas al que le falta consistencia, y algo de sal, al menos, para la segunda historia.

las esposasLa novela de Nesbit, Las esposas de los álamos es de las tres novelas, sin duda, el postre. La que apetece tomar con más ganas y no produce tanto desazón. Resulta llamativa por la utilización de la primera persona del plural para narrar. Su autora cuenta, de este modo, la parte más desconocida del proyecto Manhattan, la voz invisibilizada y muda de las mujeres. Nesbit, no se centra en la historia de los científicos que trabajaron en la creación de la bomba atómica sino que le da la palabra a las mujeres que reflexionan sobre quiénes son, sus relaciones con otras mujeres, la maternidad, los hijos e hijas, su lugar en la sociedad y su futuro.

Conseguí finalizar las lecturas y, en cierto modo, aunque puede ser cuestión de mala suerte, tengo la sensación de haberme decepcionado con la carta a pesar de lo apetitoso y sugerente de la presentación y de no haber hallado ese cuarto de las maravillas que imaginaba.

Literatura Coreana en Madrid

marzo 20, 2015

Nuestros tiempos felicesHace años dedicamos un Programa a la Literatura Coreana . Fue el 27 de febrero de 2007 y nuestros invitados: Pío Serrano, fundador de Editorial Verbum, y su traductora, Lee Hye-Kyung. Ocho años después volvemos a reencontrarnos con las letras de Corea y, como nos ocurrió entonces, con la misma o atracción o más.

Acabamos de anticipar en las Redes (Facebook: Página  y  PerfilLinkedin  y Twitter ) que vamos a participar en el Ciclo Literario sobre las escritoras Gong Ji-young y Moon Chung-hee, que organiza el Centro Cultural Coreano  en Madrid los próximos días 8, 15 y 22 de Abril. Los interesados en participar pueden apuntarse hasta este lunes 23 de marzo siguiendo el enlace anterior o llamando, para cualquier consulta, al 91 702 45 50.

En el programa por el Día Mundial de la Poesía, “Se buscan poetas “, que se emitirá el jueves 26 (el 19 era festivo en Madrid y Radio Círculo emitía sólo música), y que ya hemos anticipado en la web y en las redes por hacer honor al 21 de marzo, comentamos lo que hemos disfrutado leyendo a estas autoras.

Moon Chung-hee (Boseong, 1947) es una reconocida poeta con muchos aspectos por descubrir. Lo haremos en el taller y en el encuentro público que tendremos con las dos escritoras coreanas el día 22 de abril. De entrada destacaría especialmente su amor por la literatura, sus valores humanos. De su libro “Yo soy Moon“: unos versos ya compartidos en Facebook y en el programa:

 

“Siempre que digo estoLUNA

lloro un poco.

En tu vida usarás más palabras

que agua o fuego,

o aún más que dinero.  

Así que deberás reunir cuantas palabras puedas,

y darles un buen uso.”

 

Me agradó que José Elgarresta, nuestro principal invitado en “Se Buscan poetas” junto al griego Evángelos Cazzoulas, o Cazzoas, relacionara este poema “Canto de la flecha” con uno propio “La Flecha”. Al principio de la conversación lo dejaba claro: la intensidad es lo que mide un un poeta. Luego hablábamos de Universalidad y Eternidad, de la Grecia Eterna, Más allá de fronteras espacio-temporales; o de “Literaturas exóticas”, como nos dicen cuando hablamos, por ejemplo, de libros que nos llegan de Corea. La falta de cultura también es universal, y aspira a la eternidad si no se corrige la tendencia. Una carencia cuanto mayor más atrevida a la par que atrasada al hablar, dando por conocido lo que no conoce. Dice Cazzoulas en “Un Mensaje para después de mi muerte”

José Elgarresta

Todos somos uno

 

 

Como el sol es uno.

 

La Intensidad literaria también está en otras formas, otros géneros literarios. Elgarresta rechaza precisamente esta división. En su libro “Cazzoas incluye cartas o reflexiones junto a los bellos poemas de su heterónimo griego. Esta misma semana, Caballero Bonald en la Presentación de “Desaprendizajes pedía que no se hablara de este libro como prosa poética: “Es poesía. No importa que no esté dividida en versos”.

Y con esta recomendación termino: “Nuestros Tiempos felices” de Gong Ji-young (Seúl, 1963), que tiene esta habilidad de la que hablaba: novela, diálogo, ensayo, capaz de alcanzar una intensidad poética tan emotiva como para provocar la congoja, y el lloro . No en vano, el libro es Premio de Comunicación de Amnistía Internacional. En tiempos convulsos en los que, no sólo las guerras, sino también las desigualdades sociales y económicas cotidianas ponen en entredicho los Derechos Humanos Fundamentales, Gong consigue confrontar extremos que todos padecemos, de forma universal, y hasta ahora eterna. Los dos extremos de la balanza económica: la riqueza excesiva que produce monstruos egoístas, a veces suicidas, y la pobreza insoportable que incluye -demasiadas veces- violencia extrema. Saber apreciar y mostrar las dos caras de este mundo injusto -enfrentarlas hasta llegar a encontrar un tiempo del feliz y común entre ambas, puede ser un primer paso para el equilibrio social al que todos aspiramos. Personalmente no estoy de acuerdo con la coletilla incluida por su editorial en la portada “La Paulo Coelho de la literatura oriental”, la escritura de Gong deja huella, siembra, como toda buena literatura.GONG

Les espero los días 8, 15 y 22 de abril en el Ciclo de Literatura Coreana, impartido por la profesora Chung Mi-gang. No es indispensable acudir todos los días. Y, si no pueden apuntarse al ciclo, están igualmente invitados al encuentro público con las escritoras el 22 de abril, en el Centro Cultural Coreano.

Las mujeres que hacen política son peligrosas

marzo 18, 2015

Reseña: Goldman, Emma. Viviendo mi vida. Madrid: Capitan Swing: Fundación Anselmo Lorenzo, 2014.

Emma Goldman, la roja; Emma Goldman, la arroja-bombas; Emma Goldman, una mujer peligrosa. Cuando existe cierto miedo a perder privilegios, muchas sociedades, gobiernos u hombres rechazan la igualdad y emplean calificativos de este tipo, muy alejados de argumentos sólidos que justifiquen una posición; suelen recurrir a ellos, personas que consideran a las mujeres inteligentes, valientes y adelantadas a su tiempo, una amenaza. Personas que no creen en la justicia social ni en los derechos de las mujeres y, que por ello, las tildan de peligrosas, sin más, porque sencillamente, no me voy a andar con florituras, hay que quitarlas de en medio.

índiceQuizás, Emma Goldman (Kovno 1869- Toronto 1940) es menos conocida que otras mujeres políticas contemporáneas como Rosa Luxemburgo, Alexandra Kollontai o la española Federica Montseny; sin embargo, fue una figura relevante, que, de joven, emigró a los Estados Unidos huyendo de los malos tratos que recibía de su padre. Allí, el hecho de ser mujer o de no conocer a la perfección el idioma no la impidió convertirse en una gran activista del movimiento anarquista y feminista a comienzos del siglo XX y en un referente imprescindible de esa época.

En apenas dos meses, se celebran en España elecciones municipales y autonómicas y aunque las mujeres empiezan a ocupar puestos políticos desde hace algún tiempo, aún sufren discriminación en cuanto al número, la posición que desempeñan y las oportunidades para ascender sin darse de bruces con el techo de cristal. Es bien sabido, que la política, ha sido tradicionalmente (y continuamos con esta tradición tan poco beneficiosa) un espacio público ocupado por los hombres. Como decía, no es extraño encontrar mujeres políticas pero, en general, tampoco es extraño que reciban un trato diferente a los hombres, que no tengan la misma consideración ni que se mida con el mismo rasero su trabajo. Un ejemplo reciente y que trascendió en algunos medios, es el de Tania Sánchez, ex diputada de Izquierda Unida, y fundadora de Convocatoria por Madrid. Los medios de comunicación estuvieron refiriéndose a ella, en gran cantidad de artículos, como la novia de y preguntándola temas relativos a su pareja y su vida familiar y no a su trabajo, algo impensable que se realice de forma sistemática a ningún hombre. Y no se trata de un caso aislado; si prestamos un poco de atención a lo que leemos y lo analizamos, la mayoría de veces, se habla de las mujeres o se las entrevista en relación a su pareja, sus embarazos, su forma de vestir, su familia, etc. más que en relación a las funciones que desempeñan.

oradoraPor este motivo, considero importante destacar la figura de Emma Goldman. Porque reivindicó y luchó por hacerse hueco en un mundo dominado por hombres, que para más inri se definían de izquierdas pero cargaban con el lastre del machismo (como si por el mero hecho de ser de izquierdas se libraran de ello); pero también porque vivió la política de forma coherente, tuvo convicciones muy firmes y se convirtió en una gran oradora, con argumentos muy bien hilados y expuestos, gran capacidad de razonamiento y persuasión. ¡Ya desearían para sí esa habilidad de comunicar muchos de nuestros políticos actuales! Porque nadie va a negar que, en muchas ocasiones, reducen su oratoria a los insultos y a los ataques personales e infantiles como justificaciones válidas de sus ideas o actuaciones. ¿Y eso lo llamamos política?

Además, fue una gran defensora de la libertad de expresión, un derecho que, a día de hoy, en vista de sucesos como el de Charlie Hebdo, parece no estar consolidado. Emma Goldman destacó, en relación a este tema, la siguiente frase pronunciada por su amiga Voltairine de Clayre en una conferencia y que continúa siendo un lema con vigencia: «la libertad de expresión no quiere decir nada si no quiere decir libertad de decir lo que los demás no quieren escuchar».

Por otro lado, no podemos olvidar su gran cultura y su pasión por la literatura y la música. Al contrario, de muchos compañeros de causa, Emma Goldman creía que la belleza, es decir, el arte, la música y la literatura debían formar parte de la vida de cualquier persona. Esta idea le llevó a enfrentarse en un baile a un conocido que la apartó del resto para, precisamente, recriminarle que bailara ya que, según él, se trataba de una actividad poco adecuada para una integrante de la causa anarquista; ella, por supuesto, le plantó cara y se negó a renunciar a algo con lo que disfrutaba. De este incidente, se le atribuye la frase si no puedo bailar, no es mi revolución.

Aparte de temas como el anarquismo, las prisiones, el puritanismo, la sociedad y el individuo o el patriotismo, puso gran entusiasmo en reivindicaciones feministas como el matrimonio y el amor, el tráfico de mujeres, el sufragio femenino, la prostitución o los métodos anticonceptivos. De hecho, fue la precursora del amor libre e incluso, habló antes que la mismísima Virginia Woolf, de una habitación propia: ante la sorpresa de una de sus parejas, reclamó para la convivencia la necesidad de tener una habitación para ella sola.

Otorgó gran relevancia a la educación y fundó junto a su compañero Sasha Berkman la Escuela Moderna Francisco Ferrer, a la que acudió a colaborar otra activista defensora y precursora del control de la natalidad, Margaret Sanger… una mujer rebelde.

emmaTambién se llevó a cabo otro proyecto con la creación de la revista Mother Earth en 1906 donde se publicaban artículos políticos, de agitación laboral y social y de oposición al gobierno de los Estados Unidos.

Para no alargar más la extensión del artículo, os recomiendo leer Viviendo mi vida, la autobiografía de Emma Goldman que ha sido traducida al español por Ana Useros y editada por Capitán Swing y la Fundación Anselmo Lorenzo; este año, está previsto que se publique el segundo volumen. Su lectura nos permite conocer la trayectoria política y personal de una mujer con mucha personalidad, con sus contradicciones interiores pero íntegra y sincera consigo misma, incluso, más que esos hombres que la historia siempre ensalza por encima de cualquier mujer aunque el mérito sea menor.

Emma Goldman, un buen ejemplo de cómo la palabra puede convertirse en una gran arma para la lucha y el cambio social.

 

Recomendaciones:

Goldman, Emma. La palabra como arma. Madrid: Tierra de Fuego: La Malatesta, 2008.

Emma Goldman: una mujer sumamente peligrosa [documental]. Accesible en: https://www.youtube.com/watch?v=pBHSDUMyghc

Leed, leed malditos pero no cualquier libro

septiembre 24, 2014

Me encantan el chocolate y los libros. Y aunque parezca extraño, pensar en chocolate, a veces, me lleva a pensar en libros. Leo comiendo chocolate y como chocolate pensando cuál será mi próxima lectura.

Mientras escribo este artículo estoy comiendo una porción, jugosa y tierna. Me he vestido adrede, he camin2825541490_b8dd9ef8c8_mado, entre aceras y calles levantadas por obras, hasta la pastelería del barrio y he comprado una (tamaño pequeño). Y ahora, mientras intento que migas de bizcocho no caigan encima del teclado del ordenador, pienso (aparte de lo rica que sabe) que una tarta de chocolate de gran tirada, esas de supermercado, no puede competir con una tarta de chocolate casera o con una comprada en una pastelería artesanal. La tarta industrial se ha fabricado en cadena (ni siquiera con la gracia y el colorido de Charlie y la fábrica de chocolate), es fácilmente accesible, sin mayor interés que el dinero rápido y fácil. En la tarta casera o artesana se seleccionan los ingredientes con cuidado, hay esmero en la preparación, mimos en la elaboración y un sabor tan exquisito que seguro que en más de una ocasión has tomado trozos más pequeños para que el placer se alargue como yo en este instante. La misma pena que cuando terminas un buen libro.

Y de este modo, me veo hablando de tartas de chocolate en un blog de literatura y cultura, asociando mis tartas a las ideas que tenían algunos editores, como Jaume Vallcorba, sobre la literatura (y me pongo seria). Vallcorba distinguía entre la literatura de calidad y la litimageseratura de consumo. La literatura de calidad contiene complejidad de tipo estilístico y retórico y psicológico, variedad de recursos técnicos, profundidad, algo que conmueve, frente a la literatura de consumo que remite a meros tics, lugares comunes o clichés toscos, esquemas que pretenden ser literarios sin serlos, una receta simple para una tarta prefabricada.

Sin embargo, muchas veces, esta última es la literatura que se escoge leer. Y cuestiono lo de escoger porque es posible que hayamos permitido que otros elijan por nosotros. El supermercado está lleno de tartas de chocolate. Y nos las ponen a la vista. Tienen que estar ricas, para qué buscar más. Ya tengo mi sabrosa tarta. Y así, obnubilados por los cantos de sirena, también nos decantamos por uno (o varios, mayor empacho aún) de los 10 libros más vendidos de cualquier estantería del Top ventas de una gran librería, ¿pero son los 10 mejores? ¿Has decidido tú que se lo merecen o simplemente otras personas lo han colocado por arte de magia? No te han preguntado aunque pienses que sí.

Generalmente, detrás de este tipo de literatura existe un marketing agresivo donde prevalecen los intereses económicos de grandes editoriales o grupos de comunicación por encima de la calidad literaria. La intención es vendernos un mero producto y hacernos creer, como comentó hace poco Nieves Martín de El Planeta de los libros que nos llevamos grandes libros; sí, quizás es así, nos venden libros de gran tamaño. Nada más.

El marketing en sí no es malo. Es una herramienta, que bien empleada, sirve para hacer más atractivo, en este caso, un libro, y darle una mayor difusión. Pero sí es poco ético hacer de él un instrumento de engaño y abuso.

Dubravka Ugresic, escritora y ensayista croata, escribió un breve artículo titulado Los Torcedores que aparece junto a otros en Gracias por no leer en el que comenta: […] «lo trivial ha anegado la vida literaria contemporánea hasta cobrar, a lo que parece, más importancia que los libros. La propaganda de un libro es más importante que el libro en sí; tal como la foto del autor de la solapa es más importante que el contenido y la apariencia del autor en los diarios de gran tirada y en la televisión es más importante que lo que el autor haya escritor realmente.» […] «las librerías parecen cada vez más flamantes supermercados

¿Qué os parece? A mí, turbador y terrorífico. Y como lectoras no podemos recurrir a ese argumento trillado y carente de fundamento que, a menudo, lanzamos sin pensar: lo importante son las emociones, lo que el libro me transmite.

Sí, las emociones importan pero no deben convertirse en el único elemento de análisis y juicio de la calidad de un libro. Me puede gustar el sabor de una tarta de chocolate de supermercado, pero, sin lugar a dudas, me enloquecerá el de una tarta casera o artesanal. ¿Y de qué manera llego a esa conclusión? Porque poseo criterios objetivos para valorarlo… y porque las he probado. Y me refiero tanta a las tartas como a los libros.

Hay buena literatura escondida más allá de los superventas, de las grandes librerías, de las grandes editoriales, de los cuatro grandes escritores de siempre. ¿Por qué no catar esos otros libros también?

8601668462_4fcf2fb3eb_mResulta útil, casi indispensable, me atrevería a decir, convertirnos en lectoras y lectores serios, críticos, reflexivos con lo que leemos y con nosotras mismas. Es nuestra pequeña pero no irrelevante contribución a llenar las librerías, las bibliotecas y nuestras casas de literatura de calidad. Podemos evitar caer en la simplicidad y la monotonía. Ser críticas no significa ser fan de literatura aburrida y pedante. Significa abrir nuestra mente.

Por otro lado, es importante ser conscientes de que la edición y venta de libros no siempre implica una carga cultural grande. En este sentido, el escritor italiano Elio Vittorini diferenciaba entre literatura de consolación versus literatura de provocación. La primera se asemeja a la literatura de consumo, vaga y sin mucho contenido. La segunda, a la literatura de calidad: nos sorprende, nos hace pensar, imaginar o soñar.

pensandoLa literatura juega una función cultural, educativa y social básica y si queremos que continúe su labor debemos abogar por la literatura de provocación, que una vez descubierta, no querremos abandonar (me apuesto una tarta). Está en nuestras manos elegir libros que muestren sociedades justas, que representen mujeres y hombres en condiciones de igualdad, sin estereotipos que perpetúan una sociedad y unas relaciones perjudiciales y nocivas. Vayamos en busca de historias variadas, originales, divertidas, atrayentes, asombrosas. Olvidemos el mismo molde de siempre decorado con virutas de chocolate y lancémonos a por algo diferente. Al menos, probemos.

Como explica Nuccio Ordine en La utilidad de lo inútil, la literatura y los saberes humanísticos, la cultura y la enseñanza constituyen el líquido amniótico ideal en el que las ideas de democracia, libertad, justicia, laicidad, derecho a la crítica, tolerancia, solidaridad, bien común, pueden experimentar un vigoroso desarrollo. ¿Vamos a dejar que nos lo quiten?

Seamos lectoras y lectores críticos para vivir con libertad, independencia, poder de decisión y capacidad para producir un cambio a nivel cultural, político y social. En definitiva, para ser felices. Recuerda: la literatura de buena calidad es comer chocolate del bueno.