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Sin miedo a volar: literatura erótica para todos los gustos

febrero 1, 2016

Tenía una amiga que, algunas veces, le decía a su pareja: “Paco, hazme volar”. Y las demás, como adolescentes, nos reíamos (que también era el propósito de mi amiga). Un comentario, aparentemente banal y, por supuesto, con doble sentido e intenciones juguetonas. Sin embargo, cuando te sientas a analizarlo tiene mucho de roles género: el hombre como dador de placer, el hombre sabe qué nos gusta y cómo. ¿No nos iría mejor si nos responsabilizamos nosotras de nuestro placer? (ya seamos, mujeres, hombres, trans, o como cada persona se quiera definir)canvas

Somos muchas las mujeres que nos hemos cansado de lo que implica en nuestras vidas una educación sexual patriarcal y de ser meros objetos de deseo. Por ello, nos hemos decidido a buscar una forma más igualitaria, plena, libre y sin culpa de vivir el erotismo y la sexualidad.

La literatura puede ser una buena fuente de inspiración para fantasear y explorar nuevas formas de sentir placer. El mercado editorial ha llenado las estanterías de las librerías de literatura erótica, pero quizás de una literatura cortada por el mismo patrón, encajonada en los estereotipos y roles de género impuestos a las mujeres en las sociedades actuales y que nos impide indagar y elegir más allá de la moda o de lo que se vende. ¡Y queremos algo más! Al menos, diversidad y poder elegir.

Rebelarse contra la norma establecida puede abrirnos a nuevas experiencias placenteras. ¿Te has cuestionado? ¿Has probado? ¿Te has dado permiso? ¿Has explorado, en este caso, otras lecturas que cuenten ¿la misma historia?, sí, quizás, pero con un enfoque y una actitud diferentes.

Me pareció interesante obtener el punto de vista de una profesional que además trabaja desde la perspectiva de género y aproveché la asistencia a la conferencia introductoria a la serie de talleres Empoderamiento a través del autoconocimiento erótico (en febrero empieza una nueva edición) en Los Placeres de Lola, en Madrid, para posteriormente realizar una breve charla con Mentxu Abril, psicóloga y terapeuta sexual encargada de impartir dichos talleres.

Noelia Álvarez: ¿Cómo se puede vivir la sexualidad rompiendo los estereotipos educacionales recibidos por mujeres y hombres?

Mentxu Abril: Un ejemplo: una mujer decide tomar la iniciativa y acercarse a una persona que le gusta para proponerle algo y sin querer le surge una sensación de eso no está bien. Es necesario cuestionar los pensamientos limitantes y saber que el sentimiento negativo surge del aprendizaje del rol de género. El hecho de cuestionar la norma impuesta y saber que esa sensación surge de ese aprendizaje y no de que el acto que se quiere hacer en sí esté mal, ayuda a plantearse otras opciones y a actuar como realmente nos gustaría. Si esto lo hago más veces al final estaré poniendo a prueba mi antiguo esquema y comportamiento sexuales y estaré adquiriendo otra forma de pensar y de sentir más acorde a mis deseos.

N.A.: ¿El consumismo y el capitalismo intentan controlar el cuerpo de las mujeres?

M.A.: Siempre se ha intentado controlar el cuerpo de las mujeres, su sexualidad y forjar sus límites ya que eso asegura el control sobre la institución familiar, la procreación, la productividad, las creencias, etc. El capitalismo, aliado del patriarcado, intenta sacar provecho económico de él fomentando sentimientos de frustración, de inferioridad, de falsa ilusión. De esta manera, puede comerciar con estas emociones a través del manejo de las necesidades personales. El objetivo es seguir manteniendo el poder para quien tiene el poder.

N.A.: ¿Qué nos puede aportar la literatura erótica?

Con la literatura erótica podemos descubrirnos y saber cuáles son nuestros gustos y nuestras necesidades sexuales. También nos permite desarrollar nuestro erotismo de forma más amplia, potenciar el deseo, la excitación o la capacidad orgásmica. Leer literatura erótica nos ayuda a concentrarse en las sensaciones y en los estímulos cuando estamos a solas o con una pareja.

N.A. ¿Qué recomendaciones literarias nos harías sobre literatura erótica que deconstruyan la concepción actual de erotismo y sexualidad?

hqdefaultM.A.: Tanto en literatura erótica como en pornografía contamos con escritoras y directoras feministas que ofrecen enfoques y actitudes diferentes de la sexualidad, lo que se denomina postporno. No obstante, el hecho de fantasear con lo queramos, o de practicar lo que queramos, nos hace más libres y posibilita que trabajemos nuestro erotismo para llevarlo hacia donde nos apetezca. Como ejemplo, podemos citar a Erika Lust, directora de cine porno feminista y autora de relatos y novelas eróticos.

Aunque, Mentxu también nos comentó que ella está a favor de cualquier tipo de literatura sirva de motor para fantasear y experimentar, he dedicado un tiempo a investigar y buscar por Internet (y también a repensar en mis lecturas) para ofreceros  algunas sugerencias más allá de lo establecido (sin poder recoger todo, por espacio y porque seguramente hay mucho que desconozco) que, por supuesto, pueden ser comentadas, ampliadas y criticadas.

¿Nos lanzamos? Sin miedo a volar.

Si quieres empezar por algo ligth pero muy útil para cambiar la mirada, puedes leer La canción de Nora de Erika Lust.

Miedo a volar de Erica JongPara las que piensan que los clásicos no defraudan: El amante de Lady Chaterly de D.H Lawrence, del que se dice que conocía muy bien la psique femenina. Miedo a volar de Erica Jong, considerado un indespensable del erotismo feminista y rompedor en Estados Unidosen los años 70 . Las relaciones peligrosas de Pierre Choderlos de Laclos, con un poco de perversión entre los miembros de la nobleza.

Si te van los triángulos amorosos: Castillos de cartón de Almudena Grandes o Delta de Venus o Henry y June de Anis Niin cuyos deseos eróticos giraban en torno al matrimonio formado por Henry Miller y June Miller.

Una novedad editorial: La pasión de Mademoiselle S., un texto anónimo que recoge unas cartas eróticas fechadas entre 1928-1930 y que dirige una mujer a su amante.

También existen opciones para esa sexualidad más oculta como  pueden ser las lesbianas, las personas con discapacidad, las personas transexuales, etc., el libro Relatos marranos. Antología recoge 34 textos que tratan el tema de la sexualidad desde diversas ópticas. El azul es un color cálido de Julie Maroh, un comic que aborda la sexualidad entre mujeres jóvenes.

Si te gusta el BDSM, quizás también te guste una novela que también es un clásico: Historia de O de Pauline Reage o una obra desconocida de Anne Rice, la autora de la famosa novela Entrevista con el vampiro, La Trilogía de la Bella Durmiente que nada se parece a las dulcificadas versiones del cuento. Por su parte, Claudine en la escuela de Grabielle Colette se centra en el clásico alumna-profesora, sus deseos y algún que otro castigo.El oso de Marian Engel

Con un toque de humor negro, Zonas húmedas de Charlotte Roche e, incluso encontramos novelas eróticas donde se siente deseo por animales como en  El Oso de la canadiense Marian Engel, donde una bibliotecaria intima con un oso. Esta y otras pasiones animales (y también algunas que no lo son) recomienda Alberto Manguel en su artículo Pasión animal y literaria.

Por último, si algún día te levantas con ganas de reflexionar sobre el tema puedes leer, entre otros: El postporno era eso de María LLopis, duro y radical pero con ideas muy interesantes. Neoliberalismo sexual: el mito de la libre elección de Ana de Miguel. Política sexual de Kate Millet, con una parte sobre reflexiones en el ámbito literario. Autobiografía de una mujer sexualmente emancipada de Alexandra Kollontai, escritora, revolucionaria y activista del siglo XX.

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Todos deberíamos ser feministas

diciembre 31, 2015

Los propósitos de Año Nuevo vienen a ser lo que las promesas electorales antes de las elecciones. Sirven para no cumplirlos. Una se plantea con toda su buena intención algún que otro objetivo que se esfuma en cuanto se presume un poco delante de amigas y familiares. Del mismo modo, a los políticos se les llena la boca de los temas que preocupan a la ciudadanía durante la campaña electoral y sueltan discursos demasiado preparados y artificiales para después padecer una amnesia repentina y negar todo aquello que prometieron.

La política en este país funciona así. ¿Y la política cultural? Nefasta. No existe interés por la cultura, por la cultura de verdad, porque una población culta es una población peligrosa… para ellos. Por otro lado, los medios culturales cada vez comunican menos y cada vez son más pseudoculturales. Los grandes medios culturales no ayudan a promover un cambio e incluso, a veces, parece que intentan poner la zancadilla a otros medios que sí están por la labor. Y las personas cada vez renegamos más de la cultura, como si no fuera algo importante.

En este artículo quiero hablar de feminismo. ¿Y por qué hablo entonces de cultura? Porque el feminismo, aunque solemos verlo como una cuestión política y social, es también una cuestión de cultura.

Todos deberíamos ser feministas No me sorprende que libros como Todos deberíamos ser feministas de Chimamanda Ngozi Adichie apenas haya tenido repercusión en los medios culturales. Vivimos en sociedades patriarcales, en un planeta donde la mitad de la población, hombres, quieren mantener los privilegios a costa de la otra mitad de la población, mujeres, y, por tanto, la mayoría de ellos prefieren el inmovilismo y el statu quo a mostrar interés real por hablar de feminismo.

¿Por qué tanto miedo? ¿Saben los hombres qué significa ser feminista?

El feminismo, como se recoge en el libro Feminismo para principiantes de Nuria Varela, es una teoría de la igualdad que pretende hacer justicia social, un movimiento social y político [y cultural, como he comentado] que lucha por la igualdad real entre mujeres y hombres. Sin embargo, el machismo es una teoría de la inferioridad en la que se considera a las mujeres inferiores a los hombres. El feminismo no simboliza ir en contra de los hombres, sino que se posiciona en contra de los privilegios que la sociedad patriarcal les otorga y lucha por cambiar esa estructura que perjudica a las mujeres, pero también a los hombres. No se trata en ningún momento en ser superior a los hombres, más bien en ser iguales. Fácil y claro.

Te miran con buenos ojos si eres ecologista, vegana, acudes a las manifestaciones en contra del cambio climático o del TPPI, si perteneces a algún movimiento social o si eres una participante activa de algún partido político o asociación. Sin embargo, di que eres feminista y poco faltará para que te miren como si fueras la propia encarnación del mal. Para muchas personas es fácil ver la opresión de las grandes empresas, de los bancos o de algunos políticos sobre la ciudadanía, sobre la clase trabajadora pero se niegan a ver la opresión de los hombres sobre las mujeres por el mero hecho de ser mujeres. Parece ser algo ajeno a ellos.

Por ello, recomiendo la lectura de Todos deberíamos ser feministas. Inicialmente fue una conferencia que la escritora dio en 2012 y que se ha convertido en libro. Se trata de un breve ensayo que intenta explicar de forma clara por qué es importante el género, qué significa y qué situaciones sexistas o discriminatorias del día a día vivimos las mujeres. Me parece muy acertada la idea de emplear situaciones cotidianas porque en esos detalles, que para algunos resultan banales o una versión descafeinada del feminismo, es donde comienza la desigualdad y la violencia contra las mujeres.

Aunque el contexto del libro se centra en África, las situaciones contadas nos resultarán bastante familiares, situaciones discriminatorias y sexistas en diferentes esferas de nuestra vida: en el trabajo, en el ámbito personal,Chimamanda Ngozi Adichie social y de pareja o en relación a las emociones y la expresión de sentimientos. Chimamanda Ngozi argumenta con un lenguaje directo la necesidad de conversar sobre feminismo, tanto por parte de mujeres como de hombres, y quitarle de una vez por todas las connotaciones negativas que conlleva ese término porque «si es verdad que no forma parte de nuestra cultura el hecho de que las mujeres sean seres humanos de pleno derecho, entonces podemos y debemos cambiar nuestra cultura».

Amigos, compañeros, ¿nos tomamos un café el año que viene y hablamos de feminismos?

Cambiemos el cuento, sigamos contando (1)

noviembre 20, 2015

Los sábados por la mañana mi abuelo nos recogía a mis hermanas y a mí en casa, subíamos en su coche, bibliotecaun seiscientos amarillo, y nos llevaba a la biblioteca. Nos entraba ansiedad, porque aunque la biblioteca estaba cerca mi abuelo conducía despacio y no veíamos el momento de llegar. Una vez allí, corríamos hacia la sección infantil y cada una, a su aire, nos perdíamos en las estanterías, entre nuestros libros o autoras favoritas. Recuerdo que, al principio, leía, sobre todo, para obtener un premio. Sí, cada 25 libros leídos y apuntados en una ficha, la bibliotecaria me entregaba una chapa conmemorativa de mi logro. ¡Una gran satisfacción! Después, enganchada a leer, no me importaba el premio, el simple hecho de leer y disfrutar de una historia diferente era ya un premio. Y, menos mal, enseguida me di cuenta de que era el más grande que podía obtener.

El primer libro que me regaló mi padre fue Los Gnomos: gnomo de los bosques. Seguramente tuve algún otro antes pero, sin saber por qué, este es el que recuerdo. En casa, cuando ya era algo más mayor, recorría las estanterías en busca de los libros que mi madre tenía y los leía. Recuerdo desde los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós hasta novelas completamente desconocidas de Ken Follet. Con 13 años leía obras juveniles de teatro y junto a compañeras de clase, las representábamos, emocionadas con el trabajo de relectura y adaptación a nuestro tiempo en clase y a nuestras capacidades.

Poco a poco fue naciendo mi pasión por la literatura y con el tiempo, como es lógico, establecí mis propios criterios y gustos sobre las lecturas que hacía. Eso es lo mágico de la literatura para mí: es una amiga inseperable que te ayuda a ser quien eres, a rebelarte, a buscar tu sitio y a encontrarte y reinventarte a lo largo de toda la vida.

lectura

Janet, Ruth and Susan Charles reading a story. National Library of Wales

Una parte importante de nuestro hábito lector surge, por tanto, en el ámbito familiar (otros lugares pueden ser a través del profesorado, las amistades, las bibliotecarias). Con los libros que las madres y padres leen o dan a leer a sus hijos, éstos pueden entender la realidad que viven pero también les otorga la oportunidad de conocer otras realidades distintas a la suya o saber qué es posible cambiar el mundo. Les permite aprender a empatizar con lo diferente, a cuestionarse la norma social establecida, que no siempre es la mejor, salvo para el capitalismo, y por supuesto, a imaginar, soñar y crear sus propios mundos. Los niños sienten una curiosidad enorme, están ávidos de aventuras y de explorar su entorno y lo desconocido. Con los libros poseen la llave que abre la puerta a cualquier lugar que deseen ir.

Yo crecí, como tantas otras niñas y niños de mi generación con los cuentos clásicos infantiles: La Cenicienta, Blancanieves, El patito feo, Caperucita Roja, La ratita presumida, La Bella durmiente, La Sirenita, Hansel y Gretel, entre otros muchos. Estos cuentos se convierten en el primer puente para formarnos como lectoras pero no lo son todo. ¡Cuidado!

princesa

En: The British Library

Por poner un ejemplo, la mayoría de cuentos de princesas transmite unos mensajes muy claros y diferenciados a niñas y niños. Las primeras aprenden a ser pasivas, a esperar a un príncipe con el casarse y realizarse. Los segundos, a tener que ser fuertes siempre y ser los salvadores de princesas. Yo nunca me sentí identificada con estos mensajes, nunca quise ser princesa, nunca quise que me rescataran, ¿de qué? Yo quería vivir mis propias aventuras: matar dragones, acabar con las brujas, vivir con un gato y no tener que limpiar para nadie (Cenicienta limpia, La ratita presumida limpia, Blancanieves limpia, Ricitos de oro limpia). ¿Queremos que nuestras hijas sean dependientes? ¿Queremos que nuestros hijos crezcan teniendo que demostrar siempre algo?

Las niñas y los niños tienen derecho a elegir quiénes quieran ser y, para ello, es responsabilidad de madres y padres no sólo prestar atención a la calidad literaria o a la belleza de las ilustraciones sino también a los mensajes (textos e ilustraciones). Los cuentos tradicionales forman parte de nuestra cultura y no tienen por qué desaparecer (algunos de los valores que transmiten pueden seguir siendo útiles como la solidaridad entre mujeres, la importancia de la familia o la relación respetuosa con la naturaleza) pero es necesario que no se muestre a los niños y a las niñas una sola forma de estar en el mundo porque les limitamos. A través de lecturas diversas los niños se divertirán, jugarán y serán más libres (las niñas no están sólo para jugar con muñecas o casarse; los niños no tienen por qué jugar con coches y ser los más fuerte o los más valientes todo el tiempo) y es posible que no abandonen la lectura porque serán conscientes de las posibilidades que ofrece, tanto de ocio como de ayuda a procesos internos suyos. Además, si se realiza una lectura conjunta permitirá un aprendizaje mutuo entre la persona adulta y los pequeños y creará un vínculo más fuerte entre ambos.

Símbolos sexistas

Símbolos sexistas en los cuentos

La sociedad evoluciona y existen nuevas estructuras familiares, sociales y culturales que deben reflejarse en los libros para conocerlas y respetarlas. Seamos conscientes de que en los cuentos tradicionales abunda el sexismo, tema sobre el que la escritora italiana Adela Turín ha realizado una gran aportación (desde los años 60) para evitar el sexismo en los cuentos e ilustraciones infantiles. Pero también es  complicado encontrar historias que hablen de familias diferentes a la tradicional, personas de otras razas, religiones u orientación sexual que no sea la heterosexual. Por ello, aúnemos a los cuentos de siempre, las historia de ahora. Fomentemos la comprensión de lo distinto, la igualdad y la tolerencia.

Cuando era pequeña no tuve la oportunidad de leer estas otras historias así que he aprovechado la escritura de este artículo para recuperar la inocencia, convertirme de nuevo en niña y disfrutar con la mente abierta y con el corazón y poder, así, compartir, en la segunda parte de este artículo, algunas sugerencias y recomendaciones. Las posibilidades de los libros son infinitas y las niñas y niños merecen conocerlas. 

¿Jugamos a cambiar el cuento?

El poder del lenguaje. Política, literatura y sexismo

octubre 9, 2015

Las palabras que decimos y las que nos dicen provocan sentimientos y emociones en nuestro interior. Por ello, elegimos con cuidado aquellas que deseamos pronunciar. Por citar un ejemplo básico, no produce la misma reacción en aquella persona con la que hablamos: «Eso es una tontería» que «No estoy de acuerdo contigo». La primera frase emite un juicio, carece de empatía y puede hacer daño. La segunda, habla desde el yo y es, a priori, más cortés. Además, utilizar una u otra deja entrever quiénes somos, cómo nos comunicamos y cuáles son nuestras intenciones. Como tampoco es lo mismo escribir: «Ha llegado una invasión de refugiados a un determinado país» que obviar la palabra invasión.

lenguaje

Por M. Adiputra

En líneas generales, esto es el lenguaje. Un sistema de códigos que sirve para comunicar ideas y pensamientos y para representar la realidad y el mundo en el que vivimos. El lenguaje y el pensamiento se interrelacionan ya que en función de lo que pensemos así se definirá nuestra forma de hablar pero, al mismo tiempo, según interpretemos el mundo y el uso que hagamos del lenguaje iremos cambiando nuestra forma de pensar. Como dijo George Orwell: «Pero si el pensamiento corrompe el lenguaje, el lenguaje también puede corromper el pensamiento».

Además, en contra de lo que en muchas ocasiones creemos, el lenguaje no es algo puramente innato. Se trata de una construcción cultural porque es un sistema que se aprende y que varía en función del contexto ya sea geográfico, social o familiar.

El lenguaje tampoco es aséptico ni estático. No es aséptico porque puede, entre otras cosas, sugerir, provocar cambios, insinuar, generar emociones en las personas, etc. Al mismo tiempo, es dinámico, se modifica y evoluciona con la sociedad y con los tiempos.

Al comienzo del artículo he mencionado el uso del lenguaje en nuestra vida cotidiana pero, ¿qué sucede en otros ámbitos? ¿Nos hemos planteado el poder del lenguaje como discurso?  ¿Ycomo medio transformador? 

En política, el lenguaje suele estar asociado a la manipulación y a las mentiras. Con un uso determinado del lenguaje, los políticos nos intentar mostrar la realidad que ellos desean, no necesariamente la que es. Nos crean un estado de ánimo y una manera de entender el mundo que únicamente apela a sus intereses políticos y económicos. De esta tergiversación trata el breve artículo «Sometidos a la propaganda» de Soledad Gallego-Díaz. También en «Diccionario de neolengua: sobre el uso políticamente manipulador del lenguaje» de Carlos Taibo nos daremos cuenta de cómo un lenguaje tecno-científico y poco creativo escogido adrede es la herramienta utilizada en política con el fin de eliminar cualquier posible indicio de reflexión libre y creatividad y condicionar la realidad.

Alberto Manguel en «La ciudad de las palabras: mentiras políticas, verdades literarias» intenta explicar cómo los relatos y la literatura nos sirven para entender el mundo (escuchar entrevista hace 5 años en El Planeta de los Libros). En este ámbito, el lenguaje se convierte en algo evocador y transformador. Como se comenta en el ensayo, escuchar y leer nos enseña a pensar y para algunos políticos que seamos capaces de pensar, hacer autocrítica (para lo que es necesario conocer y utilizar el lenguaje) es un peligro porque ellos nos prefieren mansos y dóciles, sin capacidad de reacción.

Por Jeff Arsenault

Por Jeff Arsenault

Podemos llegar a pensar, entonces, tras estas lecturas, que el lenguaje político y el literario son antagonistas: el primero es reduccionista, utilitarista y poco imaginativo; el segundo, tiene capacidad de cambio, no etiqueta y fomenta la creatividad y la imaginación, no afirma de forma absoluta ni da respuestas concluyentes. Es más abierto y libre.

El lenguaje también puede ser sexista y androcéntrico y, a nuestro pesar, puede serlo tanto en el ámbito de la política como de la literatura y convertirse en algo limitador. La Real Academia de la Lengua (RAE) es la principal institución de referencia en cuanto a la utilización correcta del lenguaje. Sin embargo, es muy lenta y reacia a los cambios. En su diccionario continúa existiendo definiciones sexistas y misóginas como puede ser una de las acepciones de femenino: endeble, débil que recoge Pilar Careaga en su ensayo «El libro del buen hablar: una apuesta por un lenguaje no sexista». Careaga, además de explicar qué es el lenguaje y por qué es sexista, también menciona el miedo de muchas personas a ser tachadas de incultas  si no siguen al pie de las letras las normas de la RAE. ¿Así seguimos en el siglo XXI?

Desde los lugares de poder hay miedo a los cambios que les perjudican, a los cambios que les quitarían privilegios porque, de alguna forma, mantener esta forma sexista de hablar permite seguir manteniendo las relaciones de poder a favor de los hombres y que la otra mitad, las mujeres, quedemos invisibilizadas y sometidas. También los políticos se apropian del lenguaje para seguir manteniendo su poder y sus prebendas a costa del resto de la ciudadanía. Unos pocos quieren acaparar ese poder y una de las formas de hacerlo es a través del lenguaje (quizás el poder empiece en él), en los discursos y en la forma de nombrar y definir a las personas que estamos en el mundo.

En conclusión, el lenguaje es un medio poderoso al que se le resta importancia, sobre todo, por aquellos que saben de su valía. El lenguaje sirve para dar poder a una minoría, para aislar, para manipular y discriminar y para herir pero también, y esta es la parte maravillosa, para conseguir un mundo mejor, para crear diversidad y respeto, para emocionar, para soñar y para dialogar con respeto y tolerancia. El lenguaje es de todos. No permítamos que unos cuantos hagan mal uso de él. Utilicémoslo para comunicarnos con amor y cambiar el mundo: un mundo más justo y más solidario.

Erase una vez… Ana María Matute

agosto 11, 2015

Nació en Barcelona en 1925 y murió en la misma ciudad en 2014. Ha pasado algo más de un año de su fallecimiento y pocos medios culturales han realizado algún tipo de mención u homenaje a la escritora. Tan sólo, la Biblioteca Nacional de España, de cuyo patronato formó parte, celebró un acto en su honor.

ana_mariaUno de los motivos parece ser que, a estas alturas del siglo XXI, aún nos cuesta reconocer la aportación a la literatura y a la cultura por parte de las mujeres. El otro, es que Ana María Matute escribió además de novelas cuentos (para más inri, infantiles) y el cuento es un género literario con poca tradición y poco valorado en España. Tenemos la combinación perfecta para no tenerla demasiado en cuenta: mujer que escribe cuentos infantiles.

Pero Matute nunca se dejó amedrentar. Aunque desde pequeña se sentía diferente al resto de niñas y niños, siempre siguió su camino. Quizás por eso le gustaba esconderse en el bosque, bosqueese lugar maravilloso y sorprendente donde todo puede ocurrir. El lugar donde puede ser ella misma y sentir la libertad. Y a diferencia de otros niños, cuando creció, no se olvidó de esa magia y el bosque estuvo presente de alguna forma en sus libros. Siempre quiso ser niña y esa angustia de llegar al mundo adulto se recogió, por ejemplo, en Primera Memoria que recibió dos premios: en 1954 el Premio Nacional de Literatura y en 1959 el Nadal. Sin embargo había escrito su primera novela con 17 años, Pequeño teatro, que obtuvo años más tarde, en 1954, el Premio Planeta. Y en 2010 el Premio Cervantes por toda su trayectoria.

A Ana María Matute le hubiera gustado ser ilustradora antes que escritora. Las ilustraciones de Arthur Rackham para los libros Hans Christian Andersen eran sus preferidas. De pequeña escribía cuentos y también los ilustraba. Incluso fue ella misma quien retrató a los personajes de su conocida novela Olvidado Rey Gudú. Desde mi punto de vista, otro gran mérito en el sentido de que se trata de un género también poco trabajado en España.

Es curioso. Me ha venido a la memoria a Alice Munro. En una entrevista concedida a la revista Leer Ana María Matute reescribió el final del cuento de La Bella Durmiente. Alice Munro hizo lo mismo con La Sirenita. Son personas especiales, valientes y grandes escritoras que se atrevieron a retocar los cuentos clásicos y a reinterpretarlos según su visión del mundo.

contentPero no todo fue tan mágico e idílico como nos pueden transmitir la fantasía y aventura de los cuentos. Le tocó vivir los durísimos años de la guerra, algo que le marcó profundamente, como a otros muchos niños de su generación. Aún, con cerca de 90 años, se estremecía al recordar durante la guerra a un hombre muerto, tirado en la calle que aún tenía un trozo de pan y chocolate en la mano. Al igual que el bosque, la guerra tomará un papel relevante en muchas de sus novelas, como en su última novela publicada Demonios familiares; la guerra es el escenario donde Eva la protagonista luchará contra los demonios familiares pero también contra los demonios sociales que imponen normas y comportamientos a las mujeres.

Los años 50 se le quedaron pequeños. Muchas de las personas que la conocieron como las escritoras Espido Freire o Lucia Etxeberría o la fotógrafa Colita están de acuerdo en que Ana María Matute fue siempre una mujer rebelde e independiente, que hizo lo que quiso a pesar de los demás. Desde luego, si leemos algunas de las entrevistas recientes seguimos viendo una mujer fuerte, entusiasta y con las ideas claras.

No aceptó el papel que la sociedad tenía marcado para una chica de clase burguesa y de buena cuna. Como ella misma reconoció no fue virgen al matrimonio, algo que en aquella época era una provocación. Se divorció de su primer marido (algo también impensable) y luchó por la custodia de su hijo al que estuvo varios años sin ver.

A pesar de la edad, nunca dejó de soñar, de seguir siendo un poco niña y de amar la fantasía y la imaginación. Y de alguna forma, siempre siguió su personal camino de baldosas amarillas, tanto en lo personal como en lo profesional.

Erase una vez… Ana María Matute.

Más información: La niña de los cabellos blancos [documental]

Los hombres que no leían a las mujeres

junio 15, 2015

Me gustaría comenzar con una anécdota, arriesgándome a que penséis que se trata de una banalidad. La anécdota se define como un suceso irrelevante, curioso o entretenido. A veces, definimos un hecho como tal simplemente por comodidad, para evitar el esfuerzo de reflexionar, cuando sabemos, o al menos intuimos, que se trata de algo más: un síntoma revelador del pensamiento y de la ideología que hemos ido adquiriendo en la sociedad y en la cultura en la que nos desarrollamos como personas.

índiceVivo en un apartamento pequeño y los libros que no caben en las estanterías andan desparramados, entre otros sitios, encima de una mesa y, aunque no es el caso, parecen colocados estratégicamente, como las novedades de una librería. Así que, una tarde que recibí la visita de un amigo, antes de sentarse en el sofá, reparó en ellos y los echó un vistazo. Recuerdo que todos libros de esa mesa estaban escritos por hombres. Observé a mi amigo. Primero tomó uno, luego otro, leía la sinopsis de los libros e hizo algunos comentarios como: «Cuánto lees», «Parecen interesantes», «Siempre andas rodeada de libros». A las pocas semanas, se acercó otro amigo y el proceso fue similar, tanto en actitud como en comentarios, os puedo asegurar que casi calcó las palabras (y no se conocen entre sí).

Pasados unos meses, estos dos amigos volvieron (por separado también). Poco había cambiado en este tiempo salvo la cantidad y lugar de descanso de los libros; sobre la mesa tenía, como siempre, varios libros pendientes de leer, esta vez, todos escritos por mujeres. Ellos, de nuevo, se acercaron a la mesa y al comprobar que eran libros de autoras y no de autores, no se atrevieron a tocarlos mucho. Uno, cogió una novela y sin leer de qué trataba la tiró de nuevo sobre la mesa con el ceño fruncido y girando la cabeza. Ambos me dijeron frases como: «¿por qué todos son libros escritos por mujeres?», «Siempre estás leyendo lo mismo».

big-eyes-margaret-keane-300x199Mis ojos se abrieron, se hicieron grandes, se pusieron tensos, como los de las niñas que retrataba la pintora Margaret Keane. Me asaltaron algunas preguntas: ¿Por qué la primera vez no les importó que sólo tuviera libros escritos por hombres ni pensaron que mis lecturas eran todas iguales? ¿Por qué dieron por supuesto que los libros de autoras son todos iguales? ¿Leían libros escritos por mujeres para hacer tal afirmación? ¿En qué se basaban? Mi conclusión: su forma de pensar, de expresarse y de opinar era patriarcal, poniendo como punto de referencia, en todos los aspectos, a los hombres, y menospreciando la literatura escrita por mujeres.

Estaréis de acuerdo conmigo en que necesitamos repensar y cuestionar la validez de dichas afirmaciones, ancladas en nuestro subconsciente más de lo que nos atrevemos a reconocer, y que lanzamos al aire sin pensar. Lamentablemente, son tan generalizadas y comunes que pasan de ser la mera opinión de una persona para convertirse en pensamiento colectivo de una sociedad.

Desde mi modesta posición, os invito a realizar una autocrítica a la que solemos ser reacias, quizás porque no nos gusta hurgar en esos elementos que entran en juego en la lectura (he seguido los expuestos por Constantino Bertolo en La cena de los notables). Es decir, creo que tenemos miedo de enfrentarnos a nuestra propia competencia lectora, a nuestra biografía, a las lecturas que hemos hecho a lo largo de la vida y a nuestra ideología. Pero es necesario. Yo también viví, hace un tiempo, mi particular proceso de reubicación lectora: desde dónde leo, a quién leo, dónde me representan, cómo lo hacen.

Bertolo, en el mismo libro citado arriba, también habla de la responsabilidad del que lee, elemento clave en las ideas que intento plasmar en este artículo. Para mí, esta responsabilidad está relacionada con ejercer la autocrítica de nuestras lecturas y nuestra posición ante ellas. Somos lectores responsables en cuanto somos capaces de auto-cuestionarnos.

En este proceso nos ayudará tener presente que el saber está relacionado con el poder porque el primero se genera siempre desde un lugar particular, como afirman Marta Malo y Débora Ávila, investigadoras y activistas sociales. Así, podemos preguntarnos: ¿quién crea ese saber? ¿A quién se dirige? ¿Para quién lo creó? ¿Con qué propósito?

800px-La_lectoraY una pregunta más. ¿A dónde nos llevan estas reflexiones? Si revisamos la historia de la literatura veremos que es claramente androcéntrica y que a lo largo de los siglos ha estado dominada por hombres en todos sus aspectos: escritura, personajes, crítica, incluso, hubo un tiempo en que las mujeres tenían prohibido leer. Ante esta situación, son muchas las escritoras que han hecho por visibilizar otras escritoras como Mª Ángeles Cabré, que en su libro Leer y escribir en femenino, da a conocer un gran número de mujeres que la literatura oficial, de una manera u otra, ha ocultado. Más recientemente, la poetisa Clara Janés ha publicado Guardar la casa y cerrar la boca donde recopila a las poetisas olvidadas de diferentes culturas y períodos de la historia. Otras escritoras, como la coreana Moon Chung-hee cambió el código de la poesía para poder liberarse del lenguaje androcéntrico y poder expresarse con libertad y hasta Bathsheba Everdene la protagonista de la novela Lejos del mundanal ruido escrita por Thomas Hardy afirma que el lenguaje está creado por y para los hombres y que las mujeres no pueden expresarse con él.

A la mujer, considerada «la otra», se le niega la voz, y, sin embargo, tiene derecho a expresarse. Por ello, Mª Ángeles Cabré, entre otras, reconoce la existencia de una narración hegemónica y otra marginal. La narración predominante tiene que ver con esa autoridad que establece determinado saber como superior y margina, no sólo en función del sexo sino también de la cultura, la raza, la orientación sexual y la religión.

Otro tema que Constantino Bertolo toca  en su libro y que nos resultará de utilidad es el de la lectura como aprendizaje: de emociones, de comportamientos individuales y colectivos, de sentimientos o de la conducta humana. ¿Enriquecemos nuestras vidas y nuestras lecturas si tenemos como referente casi mayoritario el referente occidental, blanco, heterosexual y… hombre? (éste último olvidado y obviado normalmente por parte del sexo masculino). Las mismas historias contadas por las mismas personas no nos aportan nada, por mucho que nos empeñemos. Necesitamos la voz de «las otras».

Extremadamente significativa resulta la conferencia dada en 2009 por la escritora nigeriana Chimamanda Adichie: El peligro de una sola historia. En ella, cuenta su experiencia y evolución como escritora y la mirada sesgada que tenemos del mundo debido a la existencia de una sola historia. Explica de una forma maravillosa como el punto de vista único y la reducción a lo simple y a los estereotipos conlleva perder la complejidad y la riqueza sobre una persona, una cultura o un país.

La literatura transforma el mundo y lo hace en cuanto literatura abierta a visibilizar de forma justa e igualitaria las diferentes formas de estar en el mundo y evitando, de este modo, la violencia literaria a la que nos vemos sometidos; literatura abierta a recoger lecturas de calidad y diversas porque nos convertiremos en mejores lectoras y personas si vamos más allá del yo y nos atrevemos a conocer a las otras y los otros.

En definitiva, ser lectores responsables implica rebelarnos contra una autoridad lectora que es cuestionable e incorporar nuevos elementos de juicio a nuestras lecturas para llegar a ser realmente libres.

Moon Chung-hee, Gong Ji-young.

mayo 4, 2015

MoonGong

El título y las fotos yuxtapuestas quieren reivindicar la diferencia, a la par que la buena relación artística y humana, entre ambas autoras. “Grandes escritoras” las llamaba yo a su paso por Madrid, y hay quien me decía que esto era una simpleza. En el mundo, o la zona de Occidente y sus adláteres, nos hemos saciado de esta expresión, como si ya no significara nada, a punto de ser engullidos por los que gustan de enrocarse en adjetivos rebuscados, inoperantes y obsoletos, que sólo persiguen su propia grandeza.

Así de simple comienza este artículo. Las grandes no necesitan abalorios, coronas, o púlpitos, se reconocen por su humildad; y personalmente es el trato que quiero dispensarles. La poeta Moon y la novelista Gong han desarrollado una humanidad y una sensibilidad básicas, universales. Su aprendizaje y la obra consecuente no pueden ser vacíos o superficiales, como el que se pone un disfraz, literario o académico, y espera que nadie observe sus modales; hay demasiadas personas así ya en la literatura y el arte.

Lo más interesante de nuestro encuentro fue constatar que su naturaleza es real, que conversan de forma auténtica tal y como reivindican. Y que han conseguido por sí solas la fuerza imparable de lo verdadero, en unas circunstancias nada fáciles y quizá precisamente por ello. Una fuerza tal que, aún siendo humildes, les ha llevado a denunciar grandes malestares; tormentos sociales tan altos y arraigados como los grandes rascacielos. Lo hacen con total delicadeza, como semillas que lentamente van germinando, o plantas pequeñas que se convierten en árboles. Permítanme estas referencias a la naturaleza porque ésta es un elemento importante en las obras de las autoras, junto al lema de los ensayos que escribieron para la ocasión: “Mujer, vida y amor”

La noche de la Literatura Coreana

Hace algo más de dos meses, el Centro Cultural Coreano en España me propuso presentar ambas autoras en La Noche de la Literatura Coreana 2015, sería el 22 de abril. En Febrero ya las estaba leyendo y valorando. No obstante, la tarde previa a la presentación, andaba pensando cómo sería el encuentro, cómo serían las autoras. No era la primera vez que entrevistaba sin apenas hablar previamente, así ocurre normalmente. A veces las conversaciones fluyen a la par que la obra, otras producen desencuentros; no todo lo que se escribe es auténtico y los propios escritores se delatan al hablar.

Además de los libros, el cine, la cultura en general; me encantan los retos. Y, si no me falla la memoria, sólo entrevisté antes a un escritor de Asia, el Nobel de Literatura Mo Yan. Entrevista previa al galardón, luego suelen ser imposibles y la mayoría cae en discursos repetitivos, aunque en su caso podría ser lo contrario y todavía recuerdo su promesa de volver a Madrid si se lo daban, tal como recogió el Diario Milenio. El caso es que ahora tenía la oportunidad de entrevistar a dos grandes escritoras de Corea: dos retos, dos placeres y un honor que me hacían.

Para mí, la cultura si no es global no alcanza toda su posible plenitud. Y la Cultura Global existe, es real. Sus actores -escritores por ejemplo- se identifican rápidamente, se reconocen entre ellos, rompen estereotipos, derriban fronteras. Así lo decía Moon, con mucho más énfasis si cabe; mientras Gong apuntaba lo enriquecedor que sería que viviéramos nuestra cultura conjuntamente a la de otros, como “un matrimonio”. Esto y mucho más está en el programa de radio “La Noche de la Literatura Coreana” que emitimos la semana pasada y volvemos a emitir este jueves 7 de mayo.

Por supuesto, se habló de feminismo. Moon nació en 1947 y en esa época fue una de las pocas mujeres en acceder a la Universidad: 3% frente al 80% actual, aproximado. En medio siglo, además de todos los avances sociales y económicos -algunos demasiado rápidos e interesados como para desarrollarse de forma equitativa- la posición de la mujer está cambiando sustancialmente y hasta de forma necesaria, esperemos que para mayor equilibrio del planeta. Queda mucho por hacer, apuntaban ambas escritoras. Lo decían públicamente, con un empoderamiento que no admitía réplica: queda mucho por hacer. El propio tono también llamaba la atención. En España y en Occidente en general las escritoras suelen ser más calladas en estos asuntos, asumiendo la corrección política que cubre la literatura, la cultura en general, todavía dominada por los hombres.

En un aparte les comenté a Moon y Gong cómo disfrutaba con sus mensajes tan directos; aquí sufríamos de la “corrección”. Se sonrieron con gestos de complicidad: en Corea la mayoría de los escritores sufren la misma enfermedad, me dijeron. Será que sólo las grandes -sean de donde sean- se atreven a decir lo que piensan de tal forma que consiguen acabar con la corrección censora. Se liberan del yugo de los poderes establecidos, vuelan por encima de ellos y buscan formas más perfectas, más humanas.

Seguiría horas y horas escribiendo, o hablando de sus obras, creo que es mejor que las lean. Por cierto sólo hay dos libros publicados en España de estas autoras: Yo soy Moon y Nuestros Tiempos Felices. Si las han leído, o leen, me gustaría saber su opinión. Termino dejándoles un vídeo que ha realizado el Centro Cultural Coreano en España: un bello recuerdo de La Noche de la Literatura Coreana 2015.