Archive for the ‘Cine Documental Creativo’ Category

La Mirada del Silencio. II Parte del Genocidio Indonesio (*)

diciembre 19, 2015
The Look of Silence

Las gafas de oftalmología_Cartel de la Película

La Mirada del Silencio (The Look of Silence, 2014, 103 minutos) de Joshua Oppenheimer recibió hace unos meses el premio del público en el Festival DocumentaMadrid 2015. Esta película es la II parte de El Acto de Matar (The Act of Killing, 2012, versiones de 159 y 115 minutos); ambas cintas fueron concebidas por su director desde el principio del rodaje, hace más de 10 años, como un Díptico Documental del Genocidio Indonesio.

Oppenheimer llegó a Indonesia preocupado por las muertes prematuras de trabajadoras de una plantación que aplicaban herbicidas sin protección. Cuando les preguntaron por qué no protestaban y pedían mejores condiciones, les respondieron que sus padres habían sido asesinados por pedir lo mismo. El director comprendió: la razón de que murieran no eran los herbicidas, sino el miedo a morir a manos del gobierno militar en el poder desde 1965.

El mismo Joshua contaba, tras la proyección en DocumentaMadrid (gracias a la distribuidora y productora AVALON), antes del estreno en España y otros países, cómo comenzó a involucrarse en uno de los genocidios más olvidados, o silenciados. Las grabaciones se iniciaron en pequeñas aldeas, el glamur del cine consiguió que cada vez más implicados en las masacres quisieran aparecer en la película. Les explicaba que quería contar lo ocurrido: cómo el régimen militar de 1965 acabó con el anterior régimen comunista, y que también filmaría el propio proceso de grabación.

La idea de un díptico, frente a una trilogía, surgió de la necesidad de enfrentar las dos visiones del conflicto, la de los asesinos y la de sus víctimas. La primera cinta exhibía el orgullo, aún hoy, de los genocidas: encantados con su papel estelar en la película, reproduciendo ante las cámaras muertes, torturas y todo tipo de vejaciones. Esta segunda mirada es efectivamente la del silencio, colectivo y personal, de las víctimas y sus descendiente. Mirada llena de simbolismos, empezando por quien nos guía como protagonista y a la vez parte activa del rodaje, un joven oftalmólogo nacido tras la contienda, en la que fue asesinado su hermano.

La mirada de Adi en busca de respuestas

Adi y su familia son los personajes principales de esta película. En torno a ellos todos los puntos de vista: otras víctimas, verdugos, o descendientes de ambos. Miradas no excluyentes, que se sitúan en distintos niveles de silencios y voces, se relacionan y multiplican afectándose continuamente: la mirada ciega y demente del padre; la mirada de la madre que perdió un hijo y buscó consuelo concibiendo otro: el propio Adi. Gracias a él recorremos los distintos niveles de poder y ejecución implicados en la muerte de su hermano, y de miles de personas. A través de su trabajo como oftalmólogo, probando gafas a algunos implicados en la masacre para proveerles quizá metafóricamente de una mirada mejor, y con Oppenheimer al lado cámara al hombro, se graban los momentos más tensos, los encuentros de víctimas y victimarios.

La mirada del silencio está llena de valentía y de miedo. En una entrevista con uno de los autores intelectuales de las matanzas, Adi se calla cuando le preguntan dónde vive; su madre y su mujer se angustian ante la posibilidad de perderlo; sus hijos, también en la película, pueden quedar huérfanos. De hecho, la codirección y muchas otras labores cinematográficas llevan el crédito de Anónimo.

Director Joshua Oppenheimer

Director Joshua Oppenheimer

El miedo lo sufre también Oppenheimer, desde el primer rodaje y después, con pesadillas a partir de algunas escenas. Tuvo que ser Adi quien le convenciera de terminar un proyecto que cada vez le costaba más: enviándole unas imágenes de su padre demente y ciego, también incluidas en La Mirada del Silencio.

La valentía de los dos, el director y el protagonista de esta película, llega hasta lo más cercano, el entorno familiar de víctimas y verdugos tristemente entrelazado. Frente a las cámaras, el joven oftalmólogo habla con el hermano de su madre, antiguo guardián en una cárcel de la que salían camiones llenos de presos para su muerte, como su propio hermano. Dice su tío que no pudo hacer nada por él. Dice la madre que no sabía que su hermano trabajaba en esto.

Al hermano de Adi lo torturaron y le cortaron el pene antes de echarlo a un río. Los ejecutores lo cuentan y recrean ante las cámaras. Tiempo después, cuando uno de ellos ha muerto, Adi visita su familia; las reacciones son diversas: la viuda pide perdón, alguno de los hijos responde violentamente. Adi también mantiene una tensa conversación con el comandante que ordenó su muerte.

Adi junto al comandante Amir Siahaan, el que ordenó la muerte de su hermano.

Adi junto al comandante Amir Siahaan,
el que ordenó la muerte de su hermano.

A pesar de que la primera película ya fue vista públicamente en Indonesia, poco se ha avanzado en cuestiones de justicia dentro y fuera del país. El régimen militar acabó no sólo con el comunismo también con los intelectuales, o cualquier otra oposición. A preguntas de quien escribe por la situación actual, Oppenheimer en DocumentaMadrid recordaba que en Indonesia se había creado recientemente una Conferencia Nacional sobre el asunto y que, internacionalmente, era difícil llevarlo a la Corte Penal Internacional, dada la posibilidad de veto por el Consejo de Seguridad de la ONU: “ahí están sentados dos países cómplices del genocidio: Estados Unidos y Reino Unido”. Por otra parte, sus intentos de que el Congreso de EEUU desclasifique documentos relacionados tampoco han dado resultados positivos, de momento, sin duda Documentales como estos ayudarán a la consecución de cierta justicia.

(*) Publicado previamente en Aljazeera Documentary Film Festival, en Árabe 

Otras reseñas publicadas en Aljazeera:

Ushuaia, la cárcel del fin del mundo

Edificio España

El último abrazo

Anuncios

Oliver Stone: escribir es lo más doloroso

octubre 12, 2015

Oliver Stone. Octubre 2015Uno de los grandes cineastas estadounidenses, sino el mayor, decía la frase del título, y a continuación explicaba por qué creía que dar evidencia – de los horrores- puede producirnos tanto sufrimiento o más, que vivirlos.

Conocedor sobre el terrero de graves conflictos y guerras, su alegato de lo vivido -con imágenes y palabras, desde El Salvador a Vietnam y tantos otros lugares- hace que el escritor reviva y reinterprete una y mil veces el dolor. Un desesperado intento de no recrearse o hundirse en la barbarie sino sobrellevarla lo más dignamente posible, creando hacia afuera diálogos ya clásicos, duras reflexiones, denuncias -testimonios muchas veces reales- contra la militarización y los grandes poderes imperialistas.

Oliver Stone era el invitado que acudimos a ver al reciente WOBI en Madrid, y no nos defraudó. Pocos escritores y cineastas critican los abusos del Poder, con tanta pasión y razón como para ser un referente mundial.

Esta conferencia la escuchábamos un día antes de grabar el primer programa de las 12 Temporada: “Controles Migratorios“, a partir del libro de la experta francesa, Claire Rodier: El Negocio de la xenofobia. ¿Para qué sirven los controles migratorios?

Después de esta emisión, nos enteramos que Stone sigue en España. En concreto en Mallorca International Film & Media Festival, donde continúa dando duros y reales testimonios: cómo Barack Obama ha aumentado el uso de drones en acciones de guerra en Oriente Medio, cómo ha perseguido “ferozmente” a periodistas, algunos “hasta arruinarles la vida”. Me pregunto qué dirá su mujer Michelle Obama, que tanto sabe de utilizar los Medios para mostrarnos su simpatía o bailes (tanto éxito ha tenido que políticas aquí ya la copian). No es esquizofrenia, no, se puede bailar y al mismo tiempo instalar concertinas en las fronteras o superarlas con fines bélicos.

A pesar de sus tres Óscar y sus cinco Globos de Oro, entre otros premios, Oliver Stone decía en Madrid que, por supuesto, él nunca será amado por la Industria de Hollywood. Esa es la coherencia que distingue a un creador, a un conocedor de la realidad que quiere mostrarla reinterpretándola. La industria cultural cada vez es más un lobby, una plataforma de hacer dinero sin querer difundir y ampliar nuestra cultura, nuestra visión del mundo. La cuestión es dónde se sitúa cada uno frente a estos grandes poderes, hasta qué punto te adscribes y te haces cómplice de ellos. Oliver Stone comentaba que siempre tenía que equilibrar sus posibilidades económicas con el trabajo que quería hacer, y hasta con el momento de hacerlo.

Y así iniciamos esta 12ª Temporada, más arruinados por el sistema si cabe-como cualquier ser humano no adscrito al Poder-, y cada vez con más ganas de contar historias auténticas, esas que tienen un pie en la realidad, vista o leída.

Bienvenidos, un año más, a El Planeta de los Libros. Este 12 de Octubre que algunos dicen es “de todos” como Hacienda. El lenguaje publicitario sigue su marcha desbocada, intentaremos que no sea el único lenguaje.

Ushuaia, la cárcel del fin del mundo (*)

junio 12, 2015
Los primeros habitantes de Ushuaia: los prisioneros y sus guardianes en la prisión-ciudad

Llegan los primeros habitantes de Ushuaia, la prisión-ciudad.

El Documental La cárcel del fin del mundo ( 105 minutos) de la argentina Lucía Vassallo fue rodado en 2013 en Ushuaia, provincia de Tierra de Fuego (Argentina). Estrenada en 2014, la película recupera el origen de la ciudad, concebida como prisión a finales del XIX. Prisión del fin del mundo, que se mantuvo hasta 1947 y posteriormente fue utilizada como penal militar. Hoy todavía, la Colonia Penal del Sur está en el imaginario colectivo de la ciudad, de todo un país.

La película ha sido declarada de interés por la Secretaría de Derechos Humanos de Argentina. A partir de testimonios y experiencias reales, vemos como los encarcelados carecían entonces de las mínimas condiciones de dignidad humana, y como sus Derechos Fundamentales fueron vulnerados. Hablamos de sistemas carcelarios, prisiones militares, que no hace tanto tiempo dejaron de existir, que todavía siguen existiendo.

Los primeros pobladores de Ushuaia fueron los propios presos y sus carceleros. Las fotografías antiguas, que recupera el documental, nos muestran su llegada en barco, los primeros días construyendo las instalaciones, el trato violento, o las míseras condiciones de habitabilidad en barracones, en un entorno frío a menudo cubierto de nieve frente a la Antártida.

Se apela a los sentimientos y a la razón desde el principio, empezando por unas escenas de teatro vivencial: recreación de lugares y hechos allí vividos como si fueran nuestra propia realidad. Obra de teatro, al fin, creada por Carlos Pedro Vairo, autor de la mayoría de libros sobre el presidio austral, al que ha dedicado numerosas investigaciones, y que desde hace tiempo es el director del Museo Marítimo y ex-Presidio de Ushuaia.

El pasado va más allá de la recreación, y se adentra en investigaciones y estudios, testimonios escritos por los propios presos, y otras voces: incluyendo, por qué no, la de los  propios carceleros, o sus descendientes. Ellos también dejaron impreso, o cuentan de viva voz, lo que allí vivieron.

El penal acogió gran variedad de presos y condenas. El sistema carcelario no distinguía por entonces, ni en eso ni en otros muchos conceptos que hoy nos parecen básicos. Habría que esperar a la nueva política carcelaria del General Perón en 1947, que oficialmente cerró el penal y lo convirtió en Base Naval. Entonces comenzó a considerarse a los encarcelados algo más que un número, que su vida tuviera algún tipo de derecho, aunque sólo fuera en teoría.

Entre los presos comunes, el famoso asesino en serie Petiso Orejudo, llamado así porque cuando cometió los crímenes era tan joven que le operaron las orejas para intentar modificar su carácter. Lo acabaron matando en la propia prisión por cargarse al gato mascota de la misma.

Entre los presos políticos, el anarquista Simón Radowitzky, que participó en el atentado que costó la vida al jefe de policía Ramón Falcón. De él se conserva una carta de 1927, a la Federación Obrera de Argentina, en la que relata sus torturas y, a la par, sus ganas de seguir luchando por la vida.

Otros documentos de los presos muestran la dureza del día a día: lavarse -rompiendo antes el hielo formado por el agua., evitar las temidas heridas del frío -cuando no hay nada con qué curarse-, la obsesión por la libertad -intentos de fuga incluidos-, el ansia de luz y calor -en una latitud en la que a las tres de la tarde es ya de noche-. La angustia por el futuro,  la incomunicación durante años.

Descendientes de carceleros u otros trabajadores del Penal- provenientes de Argentina, de España o Europa- recuerdan sus trabajos en torno a los presos. Familias enteras que vivían del penal, que conservan testimonios muy diversos: obras, reparaciones, talleres de aprendizaje y- como no- también torturas.

Experiencias enfrentadas, donde no faltan las poesías de los presos, recopiladas por la escritora Alicia Lazzaroni, o la inmejorable narración de Javier Valentín Diment sobre textos -entre otros- del preso número 21: Santiago Vaca, quien en 1927 relata cómo se prepara para el intento de fuga en el trenecito que les lleva a talar los bosques: “comía copos de nieve para que se entremezclaran con la sangre, exigía a mi cuerpo lo máximo para cuando llegara la ocasión. No podía fallar”.  El escape en grupo acabó en matanza.

La historia real del penal es tristemente célebre y bien conocida en Argentina, a pesar de haberse perdido la mayor parte de los documentos oficiales, o de que se desarrolle en el último confín de la tierra, alejado y aislado, especialmente en aquellos años. Como se afirma en el propio documental, ya no hay material para una mayor producción escrita.

El principal aporte de la película es el irónico final: imágenes de la última Fiesta de la Asociación en apoyo al Hospital Naval Militar (antes hospital del presidio), desfiles de la Armada en Ushuaia se entrecruzan con las anotaciones del diario del preso Comodoro Lapuente en 1956: “Hoy cumplo 9 meses en prisión (…). Un mes y cuatro días confinado, sin comunicación. Esta democracia liberadora, que es la dictadura más grande que jamás ha tenido el país, procede así. Ni Perón, el tirano, como le llamaban ellos, hizo cosas iguales”.

(*) Publicado previamente en Aljazeera Documentary Film Festival, en Árabe e Inglés.

Otras reseñas publicadas en Aljazeera:

Edificio España

El último abrazo

El último abrazo *

marzo 27, 2015

Cartas encontradasEl importante testimonio de vidas quebradas, no terminadas, tras las guerras.

Nominado a los Premios Goya 2015, el Documental El último abrazo (29 minutos), del español Sergi Pitarch, reconstruye una historia real para crear un bello paradigma de las vidas quebradas, mutiladas, durante las guerras y después de ellas. Esas vidas que pueden finalmente subsistir, con dignidad, para dejarnos un importante legado lleno de esperanza.

Todo comienza en una subasta nocturna: el Director y Guionista del Documental compra fortuitamente un viejo bolso por 1€ y, entre otros documentos, encuentra en él dos cartas que informan de un inminente suicidio.

Ambas cartas están fechadas en la España de 1946 que, tras la Guerra Civil (1936-1939), vive los duros años de la posguerra, la represión y el hambre. En el marco de una Europa todavía convulsa tras la II Guerra Mundial.

Circunstancias históricas que rodean esta película documental con profundas raíces europeas e internacionales, que iremos conociendo por las cartas, firmadas con un solo nombre: Mariano, y una breve despedida “El último abrazo”.

¿Por qué las cartas no se enviaron y aparecen casi 70 años después en un viejo bolso en sus sobres cerrados? ¿Se suicidó Mariano finalmente? Estas preguntas son las bases argumentales del Documental, en el que el propio Director se transforma en épico Investigador para informarnos de sus descubrimientos, primero en España, a través de los destinatarios de las misivas.

Sergi Pitarch procede a una reconstrucción vital técnicamente observacional, que se sirve no sólo de los legados escritos y los testimonios de personas relacionadas con la vida de Mariano, también incorpora imágenes auténticas de la posguerra española, u opiniones de expertos como un perito calígrafo, un historiador, un psicólogo, un librero, o una historiadora del diseño.

Tras numerosas pesquisas, finalmente el autor de la cartas es identificado. Se trata de Mariano Rawicz (1908-1974), uno de los diseñadores gráficos más interesantes del siglo XX, un polaco que, tras formarse en Europa, llega a España con importantes innovaciones, aplicadas con éxito en  revistas, portadas de libros y carteles publicitarios

Durante la Guerra Civil, Rawicz trabaja para el Ministerio de la Propaganda de la República, que le otorgará en reconocimiento la nacionalidad Española. Al perder la guerra este bando en el 39, es detenido, despojado de la nacionalidad y condenado a Cadena Perpetua, lo cual provocará además el suicidio de su mujer.

Y también en prisión pierde prácticamente al resto de su familia, en campos de concentración de la Alemania nazi de la II Guerra Mundial. Él se salva finalmente de la cadena perpetua y es liberado en la primavera de 1946.

Tras siete años de prisión se encuentra una España trágicamente distinta; la vida en colores ha pasado al blanco y negro, o “marrón empastado” como recuerda el Documental. Su situación personal es difícil, social, profesionalmente, y sin familia y apenas amigos. En junio, tan sólo tres meses después de su liberación, escribe las cartas que ya conocemos, sin esperanza, determinado al suicidio:

“… han muerto millones de hombres que valían muchísimo. No se pierde nada cuando muere un hombre tan insignificante como yo“.

El hombre que escribe, y llega a definirse a sí mismo como inútil, no piensa en el legado profesional y humano que ha dejado y dejará en todos aquellos que lo conocieron, legado que llega también a los que visionamos “El último abrazo”. Como tantos otros de indudable valor a los que las guerras y posguerras silenciaron, Mariano podía haber caído en el olvido.

Sin embargo, el hombre sensible que llegó a ver la muerte como única liberación para superar lo vivido, consiguió salvarse. En las cartas, antes de “el último abrazo, pedía un sólo favor: comunicar su suicidio a la joven Lolita, para que lo olvide cuanto antes. Esta  mujer fue la que sospechó y evitó su muerte, sin saber si quiera que estaba ya escrita. Con ella Mariano iniciará una nueva vida en Latinoamérica, como tantos otros exiliados españoles y europeos, lejos de las posguerras y de la vieja Europa.

Comienza su nueva vida en Santiago de Chile, de nuevo el aprecio profesional, amigos y familia. Ésta es sin duda la parte más emotiva y poética de la cinta. Junto a otros testimonios chilenos, su única hija, Virginia, recuerda la figura de un hombre querido, que disfrutó finalmente de una vida tranquila, feliz, lejos del horror. Cuando Virginia recibe conmovida las cartas que anunciaban el suicidio de su padre, sentimos, como dice Sergi Pitarch, que todos nosotros somos también sus destinatarios, casi 70 años después. Sin duda más esperanzados por un final feliz, con el dulce sabor de la canción final: “ese último abrazo que nunca llegaste a dar”.

(*) Publicado previamente en Aljazeera Documentary Film Festival, en Árabe e Inglés.