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De Campoamor a Vargas Llosa

mayo 2, 2022

Iba a ser esto: “De Pérez Galdós a Vargas Llosa” pero se cruzó en el camino Clara Campoamor, con tanta fuerza como los dos laureados escritores.

En el Ateneo de Madrid, cuando Vargas Llosa presentó en abril su libro homenaje a Pérez Galdós “La mirada quieta”, algunos periodistas comentamos asombrados su defensa de “Misericordia”, una novela reconocida de Don Benito que ninguno recordábamos tan excepcional. No sé ellos; conociendo la sensibilidad literaria de Don Mario, yo me agencié rápidamente una edición digital (accesible en Internet). Empecé a leer y, hasta que terminé, no pude dejarla, salvo para lo necesario.

La recomiendo, incluso la relectura. No creo que el no recordar si la había leído o si era una de mis terribles lagunas lectoras sea lo importante. Preguntando a una amiga canaria que ha leído todo del autor canario, recordaba que la leyeron en su colegio de monjas, con 13 o 14 años, principalmente por el escándalo de la madre de una compañera por un pequeño pasaje. Al poco de empezar a releerla, lo encontró: cuando el moro ciego palpa -indistintamente- ropas y carnes de la borracha con la que vive, en busca de algo de valor.

Aquello era el Madrid de 1897. En lo material hemos mejorado. En lo humano, sin duda no. Don Benito supo emocionar con la pobreza ética que se encontraba día a día y, 125 años después, poco hemos mejorado, aunque solo se hable de la miseria económica, y así y todo menos de lo que deberíamos

Escasean extensas informaciones, o libros a esa altura ética. Que no digo que no haya, alguno recomiendo, pero será que no me llegan todos. Lo que sí me he encontrado recientemente es alguna película con mucha ética. Por ejemplo, no se pierdan “Mentes Maravillosas” que se estrena el 13 de mayo, verán la miseria humana en la que seguimos pero con un conmovedor optimismo que nunca hay que perder.

En el mismo Ateneo, la víspera del 50 aniversario de la muerte en el exilio de Clara Campoamor, Rafael Alcázar me invita a ver su último documental: “Ecos de Campoamor”. Rafael tiene la capacidad de ver, aunque desde hace un tiempo sufre de ceguera, tiene la capacidad de ver de forma ética: el atrevimiento y honestidad de esta mujer, no ya por conseguir el voto para las españolas, sino además poner por escrito los errores de la República, lo que finalmente le granjearían el rechazo de todos los bandos políticos.

No extraña mucho, conociendo lo que ella sufrió y la miseria humana que nos caracteriza, que ahora prácticamente todos se la quieran llevar a su terreno (o eso parecía en Twitter). Alcázar está terminando otro documental, largometraje, «Clara Campoamor, un voto para despertar», imperdible, para el mes de julio.

Como hoy es 2 de mayo, Día de la Comunidad Autónoma de Madrid, cierro con un pequeño apunte sobre cómo se festeja. Porque no hay una sola forma. La historia, igual que el presente y, por ello, el futuro sigue en un terreno infectado por la ideología y poco dado a la reflexión.

Nuestra presidenta Ayuso daba este titular: Madrid no tolera invasiones de nadie. Por supuesto con clave ideológica o electoralista (ya vivimos un permanente período electoral), pero también podríamos dedicar el día a la reflexión. Entre un grupo de conocidos hace poco una voz decía textualmente “cada vez me cuesta más festejar esta fecha”.

Tuve que preguntar las razones. La voz respondió con todas las bondades francesas que imaginarse pueda, o hubiera, hasta que tal día como hoy en 1808, Madrid rechazase la invasión y comenzara nuestra Guerra de Independencia. Le recordé a la voz que aquellas bondades para con nosotros fueron puntuales, por no hablar de la situación de muchas de sus excolonias. “Nosotros no seríamos una colonia”, me respondió. Le comenté mis dudas sobre ello, considerando la historia de los imperios, incluido el francés.

En todo caso, esto me recordó el pensamiento de un amigo holandés: hablando de las diferencias entre países de la UE, se colgaba una gran medalla por la independencia y capacidad de lucha de Europa del Norte. Frente a ella, venía a decir, Portugal, España y Grecia estamos a la cola precisamente por no luchar lo suficiente por lo nuestro, el país que queremos y su mejora.

Imagino que un protectorado, francés o de otros países, no sería suficiente para mi amigo ni para muchos otros. Protectorados, invasiones y fronteras no deberían estar de actualidad, para sufrimiento de la mayoría y enriquecimiento de unos pocos. Otra muestra de la miseria humana de este siglo XXI

Concurso Auto-Diccionarios

noviembre 14, 2013

Hoy leemos en el programa de radio los primeros auto-diccionarios recibidos en el Concurso. Como decíamos en las Redes, estamos recibiendo muchos escritos, ingeniosos, provocadores y hasta un poco extraños. Es curioso también que el concurso surja del interés del Balneario de La Hermida por la literatura, habría que unir mucho más cultura y turismo, que cada uno fuera un aliciente para el otro.

En las bases del concurso se especifica una valoración especial para los auto-diccionarios que tengan que ver con Balnearios “y todos los aspectos y elementos relacionados con ellos”. Turismo saludable, médico, termal, más interior, más hacia la búsqueda de uno mismo.

Hace unos días, con motivo de este Concurso, me entrevistaban en una emisora de radio, cuyo nombre no debo decir porque ya ese día me pidieron que no mencionara Radio Círculo en la conversación, así que no creo que les gustara verse aquí. Algunas Cadenas consideran la competencia como si fueran armas de destrucción masiva, incluso con tan pocas flechas como las de nuestra emisora en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Ya saben que la guerra mediática está en su punto más encarnizado por causa de la crisis (o como justificación) y hasta los más pequeños la sufrimos, aunque poco se hable de nosotros, o se calle más de lo que se cuenta.

A lo que iba. En esa entrevista llegué a decir: Turismo es Literatura, y me quedé tan tranquila y hasta parecieron aceptarlo los contertulios. No recuerdo ya si añadí: y viceversa, pero siguiendo la lógica así debería ser, en ambos casos tomando una parte por el todo. Se ha hablado mucho de la literatura de viajes más que turística, la literatura como viaje, etc., con lo cual es fácil preguntarse lo contrario, qué hay en el turismo que sea literatura. Y rápidamente de encuentran coincidencias.

El viaje se presenta como una inquietud, un estado mental y emocional. Un recorrido que empieza en el imaginario que voy creando alrededor; me cuento no sólo una sino muchas historias, y las relaciono, y hasta puedo empezar a escribirlas antes de iniciar físicamente el viaje. Quizá muchos no lo hagan antes, durante o después de los viajes, pero es fácil que el imaginario literario lo lleven en la cabeza, aunque sólo sea para contárnoslo después.

Si me permiten un consejo, también sería bueno que llevaran un Cervantes Touch Light en su equipaje. No es sólo que se el 1º premio de nuestro concurso cortesía de BQReaders (además de la estancia en el Balneario para el Ganador y los dos Finalistas), la lectura electrónica es aconsejable y este dispositivo lleva además luz incorporada, “ilumina tus noches de lectura” es su eslogan, y me ha recordado a todos aquellos que alguna vez hemos leído apenas sin luz, y los daños que con ello hemos causado a nuestra vista.

La recomendación también tiene otro motivo. Hace dos días pude saludar a nuestro último Nobel de Literatura en español, Mario Vargas Llosa, al que sólo conocía radiofónicamente. Aunque es encantador en lo personal y en su forma de comunicar, me sorprendía su discurso en contra de los dispositivos electrónicos de lectura, a los que llegaba a culpar del descenso de profundidad literaria. Ni qué decir tiene que el escenario era el adecuado: la Asociación de Editores de Madrid le concedía el premio Antonio de Sancha. También insistió en ello el Ministro Wert quien, a pesar de su cargo, no se ha dado cuenta del poder educativo de las pantallas, o del inminente congreso de Cultura Digital en el que se afana su Departamento de Comunicación; lo cual no es de extrañar si dicho Departamento tampoco sabía  explicarnos muy bien su organización.

La banalización de la cultura tiene que ver mucho con nuestros dirigentes, con la banalización social que nos muestran, con la banalización de su educación, o el estado banal de sus medios de comunicación, que también educan e incluso más, aunque nos refiramos a ello sólo cuando lo hacen mal y pocos se plantean la necesidad de hacerlo bien, o intentarlo.

Sigue habiendo revistas muy serias, pero sólo las leen cuatro. La batalla lleva tiempo desarrollándose en otra parte: en los medios audiovisuales, pero cuando algunos se quieran dar cuenta ya estará perdida. De hecho la próxima batalla está ya servida: en las Redes Sociales, hasta un 30% de los estadounidenses se informan vía Facebook

Perderemos los pocos medios de comunicación audiovisual todavía preocupados por la cultura, entre otras razones porque ni los editores ni los escritores han considerado su importancia cultural, más allá de su propio beneficio. Siempre habrá honrosas excepciones, pero insuficientes. Como ya dijo Umberto Eco en “Apocalípticos e Integrados”, a los apocalípticos nadie los escucha y, mientras tanto, los integrados siguen manejando el poder, integrándose en él y pensando por qué los demás no siguen su camino, por obvias que sean las razones.