El Palacio de la Luna

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Analizando El Palacio de La Luna

El Palacio de la Luna es, tal vez, el mejor guiño que un escritor pueda hacer a otro escritor y el mejor regalo que un escritor pueda hacerse a sí mismo. Paul Auster utiliza recursos de la novela policíaca y de  ficción , también recurre a la novela de aventuras o al western para construir uno de los libros más sutiles y llenos de resonancias de la literatura americana contemporánea. El Palacio de la Luna puede ser leído  mil y una vez y de mil y una formas distintas; en cada relectura encontraríamos un detalle nuevo con el que equipar nuestro conocimiento.

Tema:

La búsqueda de la identidad intrínsecamente ligada a la coincidencia, al azar, a la relación / percepción con/de  los otros, el lenguaje como vehículo de esa interacción con los demás , la cultura  y  el espacio  y  contexto. Héroes singulares que a menudo parecen formar parte, como una pieza más, del gran teatro de la vida.

Auster nos guía por un camino  de aprendizaje de finales falsos, abiertos , truncados, en el que aprendemos “ la aceptación” : la vida es como es, con sus luces y sombras, si bien  Auster  acomete un  profundo canto a la ausencia. El recuerdo de los muertos. Ahonda en lo absoluto para tratar de descubrir la verdad sobre uno mismo y sobre el mundo; los protagonistas se encuentran aislados, como náufragos, en medio de una realidad cambiante.

Auster hace de un tema  en apariencia sencillo un proceso mistérico  que  bebe de los clásicos, del misticismo trascendentalista , de una amalgama de corrientes filosóficas, del  judaísmo , del psicoanálisis etc.

Hay una fuerte vinculación entre la escritura de Auster y  Jaques Lacan ( psiquiatra y psicoanalista francés conocido por los aportes teóricos que hiciera al psicoanálisis basándose en una nueva lectura de Freud que incorpora elementos del estructuralismo, de la lingüística estructural, de las matemáticas, y de la filosofía) que sostenía que entramos a formar parte del mundo mediante las  palabras. Observamos el mundo con nuestros sentidos pero el mundo que detectamos se estructura en nuestra mente  a través  del lenguaje. El mundo se puede construir únicamente mediante la lengua  y que «El inconsciente está estructurado  como un lenguaje» aunque  sobre esta capacidad humana del lenguaje flote siempre el azar y la contingencia. Lacan decía  que hay una  imposibilidad en el inconsciente    para  representar los objetos reales de manera absoluta en el lenguaje. Lo inconsciente remitiría a lo no-dicho en el lenguaje. El palacio de la luna está  fértilmente regado con las teorías de Lacan .

Otras influencias claramente detectables en Auster son Jacques Derrida, Jean Baudrillard y Michel de CerteauNathaniel Hawthorne, Ralph Waldo Emerson, Henrio David Thoreau ,Edgar Allan Poe, Samuel Beckett, y Herman Melville,

Los protagonistas de Auster son  personajes que establecen el significado de sus vidas con la escritura e intentan encontrar su lugar  en el mundo y su orden natural para poder vivir otra vez en la civilización. En el palacio de la luna  se pueden vislumbrar retazos de autobiografía y  guiños a Poe. Fogg  y Effing , Auster y Poe .Edgar Allan Poe a quién  “El Palacio de la Luna” pretende homenajear.

Hay temas  reincidentes, que reaparecen y desaparecen, en la trama de “El Palacio de la Luna” :

  • Coincidencia, contingencia, azar
  • Representación simbólica de la vida ascética
  • La determinación y un cierto sentido de desastre inminente
  • Personajes centrales obsesivos o de perfil esquizofrénico
  • La pérdida de la capacidad de entender
  • La pérdida de la capacidad de hablar
  • Escenas costumbristas de la América de los 60
  • La culpa
  • La ausencia de seres queridos o de los  progenitores , padre en este caso
  • Un cierto toque de metaficción
  • Historia  norte americana
  • Espacio americano
  • Los contrastes, las contradicciones, las paradojas, incoherencias e inconsistencias humanas

La coincidencia

La coincidencia  aparece  por todas partes de la trama  influenciando o determinando  el devenir mismo de la historia. Auster ejerce , con maestría, el arte del laberinto, la digresión; dibuja  el  mundo como  vivero de contingencias, de las no casualidades, de las encrucijadas necesarias ante las que los personajes tratan de dar un sentido a la vida.

Auster nos remite a Montaigne, Jung, Breton, Engels , Freud, etc.

Montaigne  dio vida al concepto de “azar objetivo”, que podría relacionarse con la crisis de las  ciencias que sobrevino a finales del siglo XIX y Auster lo ha usado de forma magistral ;  también ha utilizado , subliminalmente, el concepto de  “sincronía” como principio de encadenamiento acausal elaborado por Jung ;de  Engels  usó la “la forma de manifestación de la necesidad” y  de  Freud  el análisis  que nos permite encontrar un “deseo” en el acto que parecía fruto de una mera coincidencia.

La culpa

Se vehicula  mediante la constante lucha interior  que mantienen sus personajes. Reflejada en  los contrastes, contradicciones, paradoja,  los pensamientos, las acciones de los personajes. Sin este ingrediente revulsivo los personajes no están en el constante cambio del que Auster quiere imbuir su obra.

La identidad/subjetividad

Los protagonistas comienzan una búsqueda de la  propia identidad y reducen su vida, si es necesario para lograr ese objetivo, al mínimo absoluto. Una vez , y de nuevo, en el punto de partida (  mito de Sísifo) los personajes  adquieren una nueva fuerza  para recomenzar y  conseguir  conectar  con su realidad , su contexto, su sociedad , a modo de reinserción.

Los personajes, a menudo, son privados, voluntaria o involuntariamente, de lo más esencial: del contacto con su familia y amigos, tienen hambre, pierden sus pertenencias y/o posesiones materiales, todo ello  mediante un desarrollo argumental  que reduzca su existencia al necesario  cero absoluto. La vida se convierte en un gran salto, una odisea de la que pueden salir  refortalecidos , volviendo a conectar con el mundo ( aceptando que la realidad es lo que es, incierta, insegura, en constante movimiento, ambigua) que les rodea  o pueden   fallar y finalmente desaparecer.

El contexto ambiental

Para la historia  resultaría superfluo el lugar concreto en el que trascurra; cualquier lugar cabe en la memoria y la mirada de sus personajes. A través del lenguaje, el hombre, los personajes  existen en el universo; un universo  que puede ser tanto una habitación como  un parque o una ciudad. La ciudad es vista como una extensión de los personajes, una extensión que podemos recorrer como haríamos con el cuerpo del protagonista.

“Porque es el más desesperado y abandonado de los lugares, el más abyecto, el más roto o desarraigado es también el más universal.”

Los personajes de Auster  tienen Pinceladas de ascetismo, o una suerte de trascendentalismo que, a veces, se hace persistente y  les hace  acabar  haciendo piruetas mentales; un  prototipo de personajes que  mantienen un constante debate filosófico- trascendental  por todo y por nada,  por  cualquier cosa pequeña o grande,  signos inequívocos de la  patología esquizoide. Así terminan   caminando mentalmente y creando vínculos imposibles, una palabra , una fecha, un símbolo pueden ser el desencadenante que ponga en marcha su  cabeza, la gran ficción, dentro de la ficción.

“Un cuerpo se pone en movimiento. O se queda inmóvil. Si se mueve, algo comienza. Si se queda inmóvil, algo comienza también”

El sentido de la vida

Es la errante  búsqueda de la  identidad que conduce a comprender  el mundo   mediante  la palabra, hasta perder la propia  tratando de aprender a ser alguien. El mundo es un  Babel  que puede estar situado en cualquier ciudad o cualquier espacio, incluso en la luna .

La omnipresencia de  luna, en el libro,  es algo más que un simbolismo. Parafraseando a Auster:

“La omnipresencia de la luna en mis libros subraya el hecho de que era la última frontera que le quedaba a América por alcanzar y que, desgraciadamente, allí no  había nada especialmente interesante que descubrir.”

El espiritualismo

Auster deja entrever su afinidad por el judaísmo al dotar a David Zimmer de tan nobles cualidades , si bien no subraya ningún aspecto religioso del judaísmo. La fe como concepto religioso no significa nada para él. Dios no constituye una de sus  preocupaciones existenciales. Dios no es más que una mera palabra, un concepto, válido para los filósofos. Sustrae al hombre de toda tentación metafísica y lo remite a su tarea principal: “Llevar la humana vida de acuerdo con la humana condición.”

El materialismo, el dinero, la herencia.

Auster  da al dinero  un valor  de artífice . Tener dinero significa algo más que poder comprar cosas, significa tener la capacidad de hacer o no hacer cosas.

La herencia es tratada con reverencia como un legado material y espiritual de la familia. La herencia conlleva siempre para el personaje principal una interrupción de la rutina. Un golpe de suerte , un golpe del destino que desencadenará un proceso irreversible. El dinero circula  y salva. La herencia cambia la vida y  puede cambiarla totalmente.

El propio Auster heredó a los treinta y un años, tras la muerte de su padre, una suma modesta que cambió  el rumbo de su vida. Parafraseándole nuevamente :

“Ese dinero me proporcionó la sensación de seguridad y, por  primera vez en mi vida, tuve tiempo de escribir, de meterme en proyectos de largo  alcance sin tener que preguntarme cómo iba a pagar el alquiler”

“ En un sentido, todas las novelas que he escrito salen de ese dinero que me dejó mi padre. Me dio dos o tres años

y eso me bastó para levantar cabeza. Me resulta imposible ponerme a escribir sin pensar

en eso.”

En el Palacio de la Luna , Marco Stanley Fogg hereda unos libros de su tío músico, víctima mortal de un ataque al corazón . Después del consumo progresivo de la herencia, el personaje se encuentra sin nada, quizás una obsesión, sin duda una certidumbre: la herencia -terrible ecuación- ha salvado la vida a un personaje en busca de existencia que ya no sabe qué hacer con esa donación inesperada, con esa prolongación, con esa ausencia diferida que acabará dejando una gran laguna que los demás tratarán de colmar. Todo ello, antes de una temporada desastrosa desde el punto de vista económico y moral que le obliga a abandonar su apartamento (El Palacio de la Luna).

La filiación

La necesidad de filiación aparece como una constante en  toda la obra abrazando a tres generaciones, hijo, padre, abuelo.

El Palacio de la Luna revela la historia de un huérfano que se cría con su tío, un músico frustrado, y que, a través de una serie de peripecias y de encuentros, descubrirá a su abuelo y a su padre.

Fogg, hijo de padre desconocido, alcanza la edad adulta cuando el hombre llega a la luna. Rescatado por la bella Kitty Wu  y Zimmer  de la indigencia y la locura. Fogg escribe la biografía de un anciano pintor paralítico, que éste quiere legar a un hijo al que jamás llegó a conocer. Tras un fascinante periplo marcado por el influjo de la luna, Fogg descubrirá los misterios de su origen y la identidad de su progenitor.

La lucha

La lucha es una virtud, un valor  ético-moral . En el Libro queda claro que la lucha es el verdadero motor de nuestras vidas.

En palabras de Auster:

“Para avanzar, para progresar -y ésa es la esperanza de todo escritor-, hay que luchar. La

adversidad es necesaria: sin ella, dejaríamos de plantearnos tantas preguntas.”

La novela tiene un toque de   Heráclito: “Si buscas la verdad, prepárate para lo inesperado, pues es difícil de encontrar y sorprendente cuando la encuentras.” . E igual que para Heráclito  la vida es  cambio constante, es permanente movilidad  que se fundamenta en una estructura de contrarios. La contradicción está en el origen de todas las cosas.

El contexto americano

Estados Unidos es un tubo de ensayo, un crisol por el momento victorioso pese a las convulsiones que lo sacuden de cuando en cuando, un anticipo general de lo que podría ser un mundo global en el futuro.

Los desarraigados, los vagabundos, encuentran cauce en una América surcada sin descanso; la vida es el vértigo de la búsqueda y del vagabundeo, porque “Cada cual trata de descifrar su propio caos en el de los demás”. “Vagar es una búsqueda, de uno mismo, de los demás. Fascinado por una extraña soledad un viaje iniciático a las tinieblas de un personaje”

El Palacio de la Luna, escribe que Chinatown era como “un país  extranjero” para Fogg y que cada vez que salía de su casa se sentía “completamente desorientado y confuso”.

En 1994 encontré un cuaderno de mis tiempos de estudiante. Lo usaba para tomar notas, para guardar mis ideas. Hubo una cita que me impresionó especialmente: “El mundo está en mi cabeza. Mi cuerpo está  en el mundo.” Tenía diecinueve años y mi filosofía sigue siendo la misma. Mis libros se limitan a desarrollar esa constatación.”

“Ante un mundo poblado de una multitud de seres perdidos, que adoptan personalidades ajenas para sentir que existen. Hombres que vuelan o Ícaros de la caída, permanecen inmóviles o aspiran a la perennidad y su biografía únicamente les proporciona respuestas que no son tales: “La mayoría de mis novelas adoptan la forma de la biografía de alguien.”

Paul Auster asigna a sus personajes una tarea legendaria: la de atravesar un espacio que no es otro que el de la soledad. La vida se presenta así como un enigma que hay que descifrar .En definitiva: el enigma del enigma.

Aunque atraviesen los Estados Unidos o no salgan de su habitación,  los héroes austerianos buscan su identidad en una vida errabunda urbana y fantástica.

“La sensación de la fragilidad de la vida me persigue sin descanso.”

“Tengo un espíritu sumamente propenso a la digresión.”

La posibilidad real del milagro

En  El Palacio de la Luna encontramos la admiración de Auster por Pascal no sólo al citarlo sino al  entretejer  elementos de su tesis con la  propia trama de su  novela.  “ El vacío dentro del vacío” y  los elementos de la tríada humana: “Condición del hombre: inconstancia, hastío…”

“Había saltado desde lo alto de un acantilado y, entonces, justo en el  momento en que me iba a estrellar contra el fondo, sobrevino un acontecimiento  extraordinario: supe que la gente me quería.”

Con el fin de desterrar para siempre una antigua creencia de escuela -el horror de la naturaleza ante el vacío-, Pascal inventó tres experimentos, uno de los cuales se conoce como “el vacío dentro del vacío”. Así, su universo material y espiritual, más allá incluso de la invención del barómetro, fruto de una psicología intelectual geómetra y matemática, era comparable al universo de Dante, con sus grandes círculos concéntricos, de los que únicamente se puede escapar por milagro.

En El Palacio de la Luna, Barber se cae, se rompe la columna y acaba muriendo

En El Palacio de la Luna en la última página del libro , Fogg  se encuentra  mirando sin mirar al Oriente y la China, observa su propio vacío, el de las conspiraciones del destino tras la caída. Y, en medio de todas estas pistas revueltas, una ligera esperanza: “Sólo el amor es capaz de detener al hombre en su caída”, constata el vagabundo erudito.

.

La política

“La política  no se puede eludir”.  Auster pone de manifiesto que vivimos en una sociedad y que necesitamos a los otros. La solidaridad es un valor esencial para la vida.

El Palacio de la Luna Fogg se cruza con Zimmer  y con  Kitty Wu  que personalizan esos valores de humanidad y solidaridad.

Las mujeres

Las mujeres aparecen poco , cuando lo hacen tienen el sentido del sacrificio amoroso como la madre de Fogg  o  bien son cálidas y redentoras como la maravillosa Kitty Wu .

La naturaleza

Los parques, “esa naturaleza sublimada” ocupan un lugar importante dentro de su universo, especialmente el más neoyorquino de todos ellos: Central Park. Fogg piensa que el parque puede brindarle “una oportunidad de recuperar su vida interior”…

El parque no es únicamente un lugar de reposo: Fogg se descubre en él. ¿Dónde vivir? Ésa es la pregunta que se plantea, y como no encuentra ninguna respuesta, decide quedarse a vivir en Central Park unas semanas. Es una solución que elige empujado por la desesperación y la necesidad.El parque es una especie de drenaje , de naturaleza en pleno corazón urbano.

La metaficción

Encuentra un verdadero  catalizador  en la necrología de Effing.

El singular relato de Effing , que Fogg transcribe, es en sí mismo el guiño más audaz a Poe, a la novela de ficción, a un escritor y a la locura.

Conclusión

En definitiva El Palacio de la Luna es una biografía dedicada a Edgar Allan Poe. El núcleo central de la obra es inalcanzable y abierto a todas las  interpretaciones.

En palabras de Auster:

“El núcleo central de la obra es inalcanzable,como una estrella resplandeciente. No nos podemos acercar sin aceptar correr el riesgo

de una posible destrucción. Existe un riesgo y un peligro. Podemos dar vueltas

alrededor de la estrella, observarla de lejos, pero penetrar en ella es imposible. Viene a ser como cavar un agujero sin fondo.”

“La escritura es sin duda una enfermedad. Escribimos para compensar una carencia, algo que no va. Escribimos quizás para curarnos. No sé. Nunca encontramos realmente lo que andamos buscando, pero nunca perdemos la esperanza. Joubert dijo algo sublime: “Aquellos para los que el mundo no basta: los poetas, los filósofos y todos los lectores de libros.”

“La escritura no cura nunca nada”

Citas del libro

Fue el verano en que el hombre pisó por primera vez la luna. Yo era muy joven entonces, pero no creía que hubiera futuro. Quería vivir peligrosamente, ir lo más lejos posible y luego ver qué me sucedía cuando llegara allí. Tal y como salieron las cosas, casi no lo consigo. Poco a poco, vi cómo mi dinero iba menguando hasta quedar reducido a cero; perdí el apartamento; acabé viviendo en las calles. De no haber sido por una chica que se llamaba Kitty Wu, probablemente me habría muerto de hambre. La había conocido por casualidad muy poco antes, pero con el tiempo llegué a considerar esa casualidad una forma de predisposición, un modo de salvarme por medio de la mente de otros. Esa fue la primera parte. A partir de entonces me ocurrieron cosas extrañas. Acepté el trabajo que me ofreció el viejo de la silla de ruedas. Descubrí quién era mi padre. Crucé a pie el desierto desde Utah a California. Eso fue hace mucho tiempo, claro, pero recuerdo bien aquellos tiempos, los recuerdo como el principio de mi vida.
( … )
Con todo el fervor y el idealismo de un joven que ha pensado demasiado y ha leído demasiados libros, decidí que lo mejor era no hacer nada: mi acción consistiría en una negativa militante a realizar ninguna acción. Esto era nihilismo elevado al nivel de una proposición estética. Convertiría mi vida en una obra de arte, sacrificándome en aras de tan exquisitas paradojas que cada respiración me enseñaría a saborear mi propia condena. Las señales apuntaban a un eclipse total, y aunque buscaba a tientas otra lectura, la imagen de esa oscuridad me iba atrayendo gradualmente, me seducía por la simplicidad de su diseño. No haría nada por impedir que ocurriera lo inevitable, pero tampoco correría a su encuentro. Si por ahora la vida podía continuar como siempre había sido, tanto mejor. Tendría paciencia, aguantaría firme. Simplemente, sabía lo que me esperaba, y tanto daba que sucediera hoy o mañana, porque sucedería de todas formas. Eclipse total. El animal había sido sacrificado; sus entrañas, descifradas. La luna ocultaría el sol y, en ese momento, yo me desvanecería. Estaría completamente arruinado, sería un desecho de carne y hueso sin un céntimo en el bolsillo.
( … )
Para mí, los libros no eran tanto el soporte de las palabras como las palabras mismas y el valor de un libro estaba determinado por su calidad espiritual más que por su estado físico. Un Homero con las esquinas levantadas era más valioso que un Virgilio impecable, por ejemplo; tres volúmenes de Descartes, menos que uno de Pascal. Esas eran diferencias esenciales para mí, pero para Chandler no existían. Para él, un libro no era más que un objeto, una cosa que pertenecía al mundo de las cosas y, como tal, no era radicalmente distinto de una caja de zapatos, una escobilla del retrete o una cafetera. Cada vez que le traía otra parte de la biblioteca del tío Víctor, el viejo empezaba con su rutina. Tocaba los libros con desprecio, examinaba los lomos, buscaba marcas y manchas, dando siempre la impresión de alguien que está manejando un montón de basura.
( … )
Hicimos el amor durante varias horas en la decreciente luz vespertina del apartamento de Zimmer. Sin duda, fue una de las cosas más memorables que me han sucedido nunca y creo que al final estaba completamente transformado por la experiencia. No estoy hablando solamente de sexualidad ni de las permutaciones del deseo, sino de un espectacular derrumbe de muros interiores, de un terremoto en el corazón de mi soledad. Me había acostumbrado de tal modo a estar solo que no creí que algo semejante pudiera ocurrirme. Me había resignado a cierta clase de vida y luego, por razones totalmente oscuras para mí, aquella preciosa muchacha china había caído ante mí, descendiendo de otro mundo como un ángel. Hubiera sido imposible no enamorarse de ella, imposible no quedar arrebatado por el simple hecho de que estuviera allí.
( … )
Byrne me dijo que uno no puede fijar su posición exacta en la tierra si no es por referencia a un punto en el cielo. Algo que tenía que ver con la triangulación, la técnica de medida, no recuerdo los detalles. Lo esencial del asunto, sin embargo, me resultó fascinante y no lo he olvidado nunca. Un hombre no puede saber dónde está en la tierra salvo en relación con la luna o con una estrella. Lo primero es la astronomía; luego vienen los mapas terrestres, que dependen de ella. Justo lo contrario de lo que uno esperaría. Si lo piensas mucho tiempo, acabas con el cerebro del revés. Existe un aquí sólo en relación con un allí, no al contrario. Hay esto sólo porque hay aquello; si no miramos arriba nunca sabremos qué hay abajo. Piénselo, muchacho. Nos encontramos a nosotros mismos únicamente mirando lo que no somos. No puedes poner los pies en la tierra hasta que no has tocado el cielo.
( … )
Eres un soñador, muchacho -me dijo-. Tienes la cabeza en la luna y me parece a mí que nunca vas a tenerla en otro sitio. No eres ambicioso, el dinero te importa un pepino, y eres demasiado filósofo para tener ningún talento artístico. ¿Qué voy a hacer contigo? Necesitas a alguien que te cuide, alguien que se asegure de que tengas comida en el estómago y un poco de dinero en el bolsillo. Una vez que yo me vaya, estarás donde estabas al principio

(…)

“Nuestras vidas están determinadas por múltiples contingencias -dije, tratando de ser lo más sucinto posible- y luchamos todos los días contra estas sorpresas y accidentes para mantener nuestro equilibrio. Hace dos años, por razones tanto personales como filosóficas, decidí dejar de luchar. No era que quisiera matarme, no debe usted creer eso, sino que pensé que, abandonándome al caos del mundo, quizá el mundo acabaría por revelarme alguna secreta armonía, alguna forma o esquema que me ayudaría a penetrar en mí mismo. La idea era aceptar las cosas tal y como son, dejarse llevar por la corriente del universo. No digo que consiguiera hacerlo muy bien. La verdad es que fracasé miserablemente. Pero el fracaso no invalida la sinceridad del intento. Aunque estuve a punto de morirme, creo, no obstante, que ahora soy mejor por haberlo intentado.”

“Resultó ser una extraña mezcla, embalados sin ningún orden o propósito aparente. Había novelas y obras de teatro, libros de historia y de viajes, manuales de ajedrez y novelas policíacas, ciencia ficción y filosofía; un caos absoluto de letra impresa. No me importaba. Leí todos los libros hasta el final y me negué a juzgarlos. Por lo que a mi concernía, cada libro era igual a todos los demás, cada frase se componía del número adecuado de palabras y cada palabra estaba exactamente donde tenía que estar. Esa fue la forma que elegí de llorar la muerte del tío Víctor. Una por una, abriría cada caja, y uno por uno, leería cada libro. Esa era la tarea que me habla fijado, y la cumplí hasta el final.”

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Una respuesta to “El Palacio de la Luna”

  1. Antonio Says:

    me gusta y está muy bien documentado

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