Feriantes culturales

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Me llegan noticias de todas partes del planeta, ferias culturales por doquier, esa nueva forma de vender literatura que ya hace años se practica. Nueva forma de vender porque, como ya comenté en otras ocasiones, sin novedad no hay venta y para eso, cada año –edición tras edición- se reinventan. O lo intentan, es difícil que cada doce meses surjan nuevos escritores, nuevas obras, que ensalzar en los púlpitos literarios, pero allá se reúnen: cientos de escritores, periodistas culturales de los medios establecidos (“Establish Media“, en inglés), organizadores, productores, ayudantes de comunicación.

Ahora, que se va conociendo en los tribunales la corrupción cultural que se practicaba durante años en la SGAE. Ahora, que no se sabe si seguiremos teniendo Ministerio de Cultura los próximos cuatro años. Me surgen preguntas respecto a esos recorridos feriales con todo su cortejo incluido, ¿seguirá habiendo dinero público que financie este tipo de eventos?, ¿seguirá habiendo la misma transparencia respecto a los presupuestos que manejan? E incluso, oso preguntarme, ¿seguirá la organización delegada en manos privadas? Y si se tiene que mantener en este tipo de manos, ¿cambiarán éstas cuando cambien las públicas manos?

Públicas. Privadas. Entrelazadas. Se confunden entre sí, intercambian intereses, o sólo apuestan por intereses de grupo. Ocurre entre los organizadores de la cultura, como en los Medios de Comunicación de Masas, falta vocación de servicio público, al menos en España.

Ya sé que parece de locos, que no me entienden, o no mucho. O me entenderán un poco, sólo unos cuantos. La ambigüedad es necesaria. Este Planeta, ya casi planetilla, continúa la octava temporada con bastante asfixia, queremos seguir dando algunas bocanadas de aire. Que nos gusta respirar de vez en cuando.

Hace tiempo, el director de un suplemento literario de México, me comentaba que veía en España el mismo amiguismo cultural que tenían en su país, que eso debía ser parte de la herencia. Yo asentía, y añadía que peor que eso era que, además, los dos amiguismos se hermanasen; una bella palabra que en este caso querría decir que las mafias son internacionales (y que a estas alturas no son sólo de narcotráfico). En fin, ya sabemos cómo está el mundo, pero a una le gustaría que fuéramos abandonando las tribus y las sombras, civilizándonos.

Por cierto, este miércoles no podemos hacer nuestro programa semanal, por razones ajenas a nuestra voluntad, pero lo haremos la próxima semana, aunque haya puente. Repetiremos el último, dedicado a “Pensar el 15M”, un título tomado prestado a Félix Rodrigo Mora por el libro en el que asegura que tanto Stéphane Hessel como el nuevo premio nacional de las letras españolas 2011, José Luis Sampedro, son “cabezas no pensantes”. Juzguen ustedes a partir del minuto 3.30.

Por último, aviso a los bolsillos navideños: no es sólo que Amazon España ya esté aquí (y a partir del jueves al completo), la oferta de libros en buen estado de segunda mano aumenta por doquier, no sólo se venden los pisos a precio de saldo, también las grandes bibliotecas.

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3 comentarios to “Feriantes culturales”

  1. Salvador Says:

    Demasidas mafias en todos los campos, y acabar con ellas es ardua tarea pero no imposible. Besos
    s

  2. Miguel López Castanier Says:

    No son mafias lo que hay. Bien se dice que los escribidores pertenecen a cuadras. Unos destinados a las carreras, otros a aprender y difundir los pasos a golpe de zanahoria, otros a deambular por los circos, y unos pocos tratad@s como sementales en los verdes o violetas prados, según la moneda
    de cobro. Y siempre al ritmo marcado por el de la fusta. Que como bien dices es cada vez más parecida a si misma, y solo hay unas pocas.

    También quedan algunos que van de furia, soñando ser garañon
    es, en prados que de tanto esquilmarse han quedado en páramos ricos en pedregal y, albricias, pedernal que se incendia y quema el chocar de sus cascos.

    Pues claro que es así El pensamiento único se divide en dos. Lo
    que dices de vivo, y lo que dicen que fuiste de muerto.

    Mandan los que ponen el parné, si es público, y los que lanzan e
    se papanatismo, que a veces es privado. Es un negocio? Claro. Pero es cultura? Como cuando un@ ragaz@ se tatúa el nombre de su amad@ en el ombligo. (ser egoísta es cultura) Se merece un ministerio? Lo dudo. Nadie debería interferir en eso. Pero, claro, quitando ese ministerio, es que nos queremos cargar la cultura? Creo que no. Solo amordazarla..Aún más. Solo acallar la boba molestia de que ciertas cosas se plasmen en papel o tablet. Pero si nadie lo lee.

    Cada vez se lee más. Y cada vez más de segunda mano? Poshclaro. Para buscar lo bueno. Lo menos malo. Lo menos políticamente correcto.

    Pero aquí no nos pasará nunca lo de México y su protolider que no
    sabí­a el tí­tulo de tres libros.

    Normal, no nos dejan hacer la insidiosa pregunta al prócer de turno.

  3. alvaeno Says:

    Buen artículo, verdades dice y verdades se quedarán pero sin llegar a modificar la estructura de la realidad negocio-literario, si en este planeta “planetilla” se siguen premiando los mediocres porque es el mejor negocio de todos los tiempos, y de paso aborregan algo más a la peña. Bueno, no es una lucha, son mil batallas que con toda seguridad ya hemos perdido de ante mano, y no lo digo yo ahora, ya lo dijo mucho antes otro caballero “Don dinero poderoso caballero”, y otro más tarde que dijera que con dinero cualquiera publicaba sus bodrios o ladrillos, un romántico, también denostado por el bien hacer de los mediocres que lentamente y si pausa van cercenando cualquier ápice de genialidad que surja, por eso la cultura se convierte en mafia, la mafia en mediocridad pura y absoluta y el pensamiento único en moneda de cambio. Debemos pensar el 15M, pero con información veraz y saber qué, quién, está detrás de toda esa pantomima, otra farsa inventada para hacer de válvula del sistema que la crea, la válvula del 15M, una farsa para idiotizar más, para atomizar más, para dividir más, para vencer con la máscara de la revolución, no hay revoluciones, ni pensadores, ni intelectuales con dos cojones, no sé si Stéphane Hessel o José Luis Sampedro, son “cabezas no pensantes”. Pero si lo son beben en el mismo pilar que los que los premian, le publican sus libros y los hacen ver a los ojos de la masa, los pensadores por excelencia, los que filosofan sobre cómo hacer revoluciones en el mundo, eso sí, desde el sillón del parnaso que para tal fin le otorgan los gerifaltes del mundo de los mercados.
    Y mucho más, pero ya me he hartado…

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