Literatura de la compasión. Releyendo a Bohumil Hrabal.

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Bohumil Hrabal

Todos tenemos nuestras manías, excentricidades o locuras, pero nos relacionamos con los otros intentando ocultarlas o, como mínimo, convertirlas en meros hechos anecdóticos. ¿Qué pasaría si nos abriéramos del todo, exponiéndonos? Sacaríamos a la luz lo que nos hace diferentes, únicos. Nos haríamos personajes de las historias de Bohumil Hrabal, escritor checo indispensable. Cuando lo leo, siempre me acuerdo de Fernando Pessoa, o del poeta Manuel de Barros, o de Sócrates, pensadores que creaban a partir de su condición de polvo, de su pequeñez, con una compasión visceral por los infelices, por los miserables que tienen vidas llenas de milagros a pesar de sí mismos, por aquellos que no saben nada de la gran filosofía, ni de religión ni de literatura, simplemente porque viven inmersos en ello. Así fue la vida de Hrabal, al que, de joven, le gustaba salir todo engalanado con sus mejores trajes, pero con los pies descalzos, aunque sintiera mucha vergüenza y sus ojos estuvieran siempre fijos en el suelo.

Su obra retrata la ironía de los tiempos en los que él vivió durante sus 80 años, con personajes lacerados por deseos (a menudo pequeños) que no logran concretarse simplemente porque hay fuerzas (el poder instituido o la misma ironía de la vida) que no permiten su concreción.  Como una vez, en 1946, en que Hrabal, que había abandonado la carrera de derecho, estaba muy contento por haber sido ascendido de su puesto de soldado de artillería y por comenzar a usar un uniforme más importante, solo para finalmente, como en una historia cómica, su ascenso ser revocado. Después trabajó como obrero, metalúrgico, prensador de papeles, vendedor de juguetes, de redes para el bigote, y de todo tipo de cachivaches que lo tenían viajando por la Bohemia, en contacto con las personas que más le interesaban, los seres más sencillos, en los que se ve el dolor y la alegría de lo cotidiano. Por eso, los personajes de sus novelas tienen las profesiones más insólitas, como el viejo que trabaja en una prensa de papeles (Una Soledad Demasiado Ruidosa), el mesero Ditie (Yo que he Servido al Rey de Inglaterra), el anciano zapatero Jiri (Lecciones de Baile para Mayores), el empleado de la ferroviaria (Trenes Rigurosamente Vigilados).

Sus narraciones en primera persona, en las que se desgarra para mostrar pequeñas particularidades que son tan universales, nos acercan a un mundo melancólico, surrealista, lleno de belleza.

“[…] estaba tendido desnudo y miraba el techo, la rubia acostada a mi lado, miraba igualmente el techo, y de buenas a primeras me levanté y saqué del florero una peonía y quitándole los pétalos, cubrí el vientre de la señorita, todo él, aquello era tan hermoso que me sorprendí y la señorita se levantaba y miraba también su propio vientre, pero las peonías se caían, así que la volví a acostar tiernamente, para que quedase tendida, y fui a coger un espejo colgado de una escarpia y lo puse de tal manera que la señorita pudiese ver qué hermoso era su vientre decorado con los pétalos de peonías, le dije que sería hermoso, que siempre que viniese y hubiera flores a mano, le cubriría la tripita con ellas, y ella dijo que esto aún no le había sucedido nunca, semejante honor a su belleza, y me dijo también que se había enamorado de mí por aquellas flores y yo le dije que sería hermoso que, cuando en Navidades cortase ramitas de abeto, le cubriese la tripita con aquellas ramitas, y ella dijo que sería más hermoso si le decorase el vientre con muérdago, pero que lo mejor de todo sería, y esto lo tenía que encargar, que hubiese un espejo colgado desde el techo justo sobre el canapé, para que nos viésemos acostados, sobre todo ella, para que pudiera contemplar qué hermosa es cuando está desnuda con la corona de flores en torno al conejito, corona de flores que variaría según las estaciones del año y las flores típicas de cada mes, qué hermoso sería cuando más adelante la cubriera con margaritas y lagrimitas de la Virgen María, crisantemos y dalias y también con hojas de colores otoñales… y entonces yo me levanté y la abracé y me sentía grande […] comprendí que con dinero no sólo puede adquirirse una bella muchacha, sino que con dinero también es posible comprar poesía.” (Yo que he servido…)

Aquí vivió Hrabal

En este tramo de Yo que he Servido al Rey de Inglaterra, vemos el heroísmo del personaje, un éxtasis alcanzado a través de un simple acto de atención hacia una prostituta que se ve coronada de flores. Sus personajes están sumergidos en el absurdo a tal punto que sus corazones no logran dar cuenta de la realidad, sino que, más bien, la realidad los engulle mientras ellos intentan aprehenderla desde la sencillez de sus emociones.

Hrabal contaba sus historias como lo hacía su tío Pepin, con una verborrea en la que encadenaba relatos de muchas experiencias vividas, pero, principalmente, de alguien que ve la vida como una fiesta o una sorpres, también como hacían los escritores surrealistas con su escritura automática. Pepin era su ídolo, tanto como André Breton o Dali. En Lecciones de Baile para Mayores, por ejemplo, hay una sola oración que empieza y no termina, sin puntos seguidos ni apartes:  un hombre va recordando su pasado y una cosa le recuerda otra. Ese estilo está presente en todo Hrabal y hace que sus libros sean una pequeña explosión de milagros y uno se quede siempre pensando en lo sorprendente que es la vida.

“Los libres pensadores reprochaban a la Iglesia que Cristo, si era Dios, tuviera relación carnal con una mujer perdida, pero yo decía que en eso no había nada que hacer, que ante una belleza yo también me rendía, como no iba a sucumbir Cristo, Nuestro Señor, el hombre más seductor de su época, y ya ven, María Magdalena, aunque de oficio fue ramera en un bar, logró, no obstante, la santidad y conquistó  popularidad en el cielo y no traicionó  a Cristo; con su propio cabello limpió su sangre y él, pobrecito, clavado en la cruz por haber predicado a favor del progreso social y que todas las personas fueran iguales.” (Lecciones de baile para mayores)

Hrabal ha sido criticado por haberse mantenido ajeno a la política en su país, por haber cedido ante el régimen para poder seguir publicando, cuando tantos escritores se vieron obligados a exiliarse para sobrevivir. Para él, irse de su país natal era la muerte y allí se quedó ante el miedo, que lo empujó a escribir. Se fue a su casa en los bosques de Kersko, con sus gatos y su mujer Pipsi, y allí escribió dos de sus grandes obras, Una Soledad Semasiado Ruidosa (1971) y Yo que he Servido al Rey de Inglaterra (1976). Pero el pavor no lo abandonó nunca. En Cartas a Dubenka él lo describe muy bien. Lo que quería era ser publicado en su país y nunca traicionó lo que llevaba dentro: las ganas de libertad y de tomar cerveza en el Tigre de Oro sin que nadie le molestara.

 

El Tigre de Oro, Praga

El Tigre de Oro, Praga

Si los libros de Hrabal no tienen un tono consternado de denuncia, jamás dejan de abordar el peso de la cultura o del poder sobre el individuo. No el individuo político en tanto parte de una “clase para sí”, sino el hombre común, el que sufre cuando se le muere un gato o que aún intenta buscar dignidad en la humillación inventándose explicaciones que hagan el mundo un poco más plausible. Porque, antes que la política, es el sufrimiento humano lo que nos hace iguales.

Hrabal se destripaba en sus libros, en los que hablaba de sí mismo, de las personas que conocía, de las historias que escuchaba en los bares. Si su obra fuera pictórica, sería un Hieronymus Bosch, con esas personas con caras de cerdo, tan patéticas y tan dignas de compasión, en un cotidiano mágico, lleno de posibilidades.

 

Para leer más:

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12 comentarios to “Literatura de la compasión. Releyendo a Bohumil Hrabal.”

  1. Nieves Martín Díaz_El Planeta de los Libros Says:

    En los tiempos que corren, se agradece una literatura sobre todo humana. Gracias por los textos y por los enlaces. Le podíamos dedicar un programa de radio, contigo y con su biógrafa, Monika Zgustova 🙂

    • Lucy Leite Says:

      Nieves, estoy de acuerdo con que Hrabal merece un programa. El libro de Zgustová es una delicia y ella lo escribió a partir de conversaciones que tuvo con el mismo Hrabal. Lástima que está agotadísimo. Lo conseguí en la biblioteca.

  2. emeritalia Says:

    Cuando leí “Trenes rigurosamente vigilados” , a pesar de su sencillez, tuve que releerlo
    dos veces más. Los valores que en la obra se defienden y las atrocidades que se denuncian están tan exentas de superflua sensiblería y/o escatología que todo parecía estar centrado en la condición humana. Si bien es cierto que los valores están intrínsecamente enraizados a nuestra humana condición, los hombres y mujeres asumen reivindicaciones y por ello , más o menos volitivamente, se implican en el devenir de su historia, de su sociedad. Bohumil ha practicado una suerte de ética del cuidado : de personas, de una sociedad, una cultura, de una patria incluso. Valores que entendió que había que preservar, reivindicar e inculcar a futuras generaciones, tanto de hombres como de mujeres. Fue un excéntrico capaz de ser consecuente con sus ideas de una forma absolutamente estoica , tal vez por ello entendió que los hombres, todos los hombres, están unidos entre sí por vínculos que la mayoría de las veces no han elegido. Vínculos sociales, políticos, económicos y otros menos visibles que siempre condicionan en cierta medida nuestra evolución personal. Me enamoré de esa capacidad de aceptación involuntaria de constricciones voluntarias que Bohumil predicaba sin hacer ruido apenas , me apercibí de que sin esa premisa, ese axioma era muy difícil vivir en sociedad, y el hombre es un animal político y social antes que político.

    Por cierto la película , homónima, es el colofón al libro…
    Otro de los libros que tras leer “ Trenes rigurosamente vigilados” tuve la necesidad de leer fue “ Anuncio una casa donde ya no quiero vivir”

    Paqui Solana

    • Lucy Leite Says:

      Hermoso comentario, Paqui. Estoy totalmente de acuerdo contigo. También tuve que leer dos veces “Una soledad demasiado ruidosa”. De hecho, lo releo de vez en cuando… Como me ha tocado trabajar en Praga últimamente, cada vez que voy lo disfruto buscando sus libros (en inglés al menos, porque mi checo no va más allá de los saludos), yendo a sus bares, al barrio obrero donde vivió, cosas de fan. Hrabal es una joya!

  3. Emilio Porta Says:

    Hrabal es uno de los grandes, de los más grandes, no sólo de la Literatura checa, sino de la europea y mundial. Su obra es inmensa, magnífica. Un legado literario impresionantes que, aunque sea traducido, hay que conocer. Parte de la obra de Hrabal nos ha llegado a través del cine, precisamente a través de otro de los grandes maestros del Séptimo Arte, el también checo Jiri Menzel, que llevó a la pantalla, hace muchos años, “Trenes rigurosamente vigilados” y hace relativamente poco, otra joya literaria, y también cinematografica “Yo serví al Rey de Inglaterra”. Aconsejo a los que deseen tener una visión inmediata de ambos grandes creadores, Hrabal y Jiri Menzel, acercarse a su mundo a través de estas dos obras, tanto en libro como en cine. Espléndidas muestras de su fuerza creativa, su sensibilidad y su actitud e inteligencia. Magnífica entrada Lucy Leite. Y extraordinario texto el que has escrito. Gracias.

  4. Emilio Porta Says:

    Conozco bien Praga. Ahora a Kafka tenemos que añadir a Hrabal. Y, por lo que veo, a ti, Lucy. Praga es una ciudad maravillosa…y para un escritor…un lugar especial.

  5. Emilio Porta Says:

    TIEMPO ANTIGUO

    “Praga tiene los ojos llenos de tiempo antiguo.”

    Emilio Porta

    (Añade la foto del reloj de la Plaza y tenemos la entrada completa, tal y como fue publicada en uno de mis blogs)

    Te paso mi correo, Lucy Leite. Escríbeme, quiero comentarte un tema literario en relación con Chequia (Cesko)

    emilioport@hotmail.com

  6. Lucy Leite Says:

    Gracias por tus comentarios, Emilio. Ahora te mando un correo e intercambiamos impresiones de Praga. Mientras, te dejo aquí la entrada que hice en mi blog la primera vez que estuve en Praga: http://www.flanancias.com/praga-com-bohumil-hrabal Está en portugués, pero hay un “Google Translator” al lado para que lo traduzcas automáticamente al castellano, si lo necesitas. Un saludo.

  7. Praga com Bohumil Hrabal | Flanâncias Says:

    […] ** Para quem quiser saber mais, leia também o post que escrevi no blog do Programa El Planeta de los Libros. […]

  8. 28 de marzo « ¿Qué escritor nació el…? Says:

    […] https://elplanetadeloslibros.wordpress.com/2011/01/18/bohumil-hrabal/ […]

  9. “Una soledad demasiado ruidosa” Bohumil Hrabal | el mundo de Perejil Says:

    […] https://elplanetadeloslibros.wordpress.com/2011/01/18/bohumil-hrabal/ […]

  10. Prohibido no leer | El blog del Planeta Says:

    […] de compasión: https://elplanetadeloslibros.wordpress.com/2011/01/18/bohumil-hrabal/ [acceso el 28 de agosto de […]

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