Entre la modernidad y la tradición.

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Así reza un cartel de Bamako, en el que junto a altos y modernos edificios aparecen zonas todavía sin construir en las que cualquiera puede cultivar un pequeño huerto o instalar libremente un negocio de compraventa al aire libre: muebles para el hogar, combustible para motos, o tarjetas de móviles y conexión a internet.

Hay muchas motos en Bamako, y vehículos de todo tipo: amplios mercedes o carros de tracción animal. El tráfico es muy difícil a ciertas horas, y algunas calles no están adaptadas, de manera que no es extraño ver pequeños choques. Casi no hay motoristas con cascos y sí algún niño sujeto en la moto entre dos adultos. Al principio uno se extraña, luego se pregunta cuál es la alternativa.

Hace unos días mencionaba el factor humano que todavía conservan los malienses, y los africanos en general. Y ello sin caer en falsos dogmas. Majid Rahnema habla del “homo economicus” en que dice muchos occidentales nos hemos convertido: un hombre despojado de cultura y de sentido moral –dicho esto con todos los respetos a la idiosincrasia de cada uno-. Sin llegar a tanto, y con apenas unos días en África Negra sólo me atrevo a constatar que los africanos conservan una forma, una comunicación –desde la corporal a la oral- cuya naturalidad y espontaneidad hemos perdido en gran medida en occidente. Me comentaba hace unos días un trabajador español en Bamako que los africanos poseen una libertad de pensamiento que nosotros no tenemos.

Recorriendo la ciudad en coche (a pie es muy cansado incluso para los propios bamakues), esa libertad de pensamiento se ve en muchos aspectos: la vestimenta, especialmente los vestidos de las mujeres, a veces obras de arte que utilizan elegantemente hasta en los barrios más humildes; la forma de caminar; o cómo observan al visitante. Uno quiere descubrir qué ideas preconcebidas tienen de nosotros pero quizá en eso nos superan y han aprendido a mirarnos individualmente, a cada uno tal y como se muestra.

Un responsable de Cooperación Internacional me comentaba que la creación aquí va más allá de la moda (impresionantes los desfiles de alta costura africana en 5TVMonde Afrique) o la artesanía. En Bamako y alrededores a la par que proyectos de cooperación surgen cada vez más residencias de artistas, lugares para que los de fuera también aprovechen estos espacios de creación.

Tampoco existe un mundo idílico en el que el capitalismo no esté presente: el ansia de dinero convive con la tradición e, incluso, con lo tribal presente también en Bamako. Por poner un ejemplo, me sorprendía encontrar aquí un Centro de Apuestas de Carreras de Caballos. No me parece el sitio indicado para jugarse el dinero; sin embargo las clases pudientes han aprendido a vivir ajenas a todas las necesidades alrededor. Igual o tan bien como el resto del mundo.

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