El fin de la Sexta

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Tras la emisión del último programa -el último de la 6ª temporada, en Octubre volvemos a por la 7º-, un sabor agridulce invade el Planeta. No sé si es lo propio de todo final, porque cada final es diferente, o así lo ha sido en estos seis años. Quizá hay más cansancio del habitual, y quizá cuanto más se conoce más se abren las profundidades no edulcoradas. El dulce se pone encima de todo y cada vez andamos nosotros más en los bajos fondos, correteando por los cimientos áridos del abismo, lo cual tanto tanto tiene de bueno como de malo.

Si paladeo amarguras (ya saben que el blog me sirve de desahogo) por qué no recordar la última, la que compartía con los finalistas del VI Concurso de Microcuentos, esos que han llegado aquí por sus propios méritos, como una excepción en la descomunal convocatoria de premios comprados, o amigados, que nos invade. Recordaba con los finalistas la anécdota -me gusta llamarla así- de un Editor, un pequeño Editor que -en el clima de amiguismo que enturbia nuestra literatura- me enviaba un relato añadiendo una carta en la que explicitaba que, a pesar de editar en papel y tenerlo a gala, le interesaba ese libro electrónico que había como premio. Nada dijo del lote de libros, físicos (nada menos que 10) o virtuales por valor de 20€, que en la Editorial Digital Luarna dan para mucho, o la impresionante fotografía original, ya montada y todo, de Jesús Mª Muñoz Monge (http://www.jesusmunozmonge.com), valorada en 500€. No pude contestar al correo. Por eso quizá lo menciono aquí. Lo que se queda en el tintero ya saben que acaba llegando a la pluma (me lo acabo de inventar, pero seguro que hay una cita parecida y les agradecería me dijeran).

Pero vamos también con algo dulce, que además me gusta tanto. Los tres finalistas han sido todo un lujo, cada uno a su manera, como los de ediciones anteriores. Ahora me doy cuenta que nunca escribí sobre ellos, sobre los finalistas del concurso anual. Tanto que disfruto de ellos y de todos los relatos que nos envían (menos mal que lo digo en antena) y con mi habitual pereza escritora no les había dedicado ni una línea. Aquí tendría que decir que a veces en la vida no hace falta escribir, ni siquiera leer. Hay personas que son pura literatura. Ayer, a los que llegaron a la final de la 6ª, les comentaba que algún Editor (no confundir con el Editor antes mencionado) estaba interesado en publicar los relatos seleccionados en las sucesivas convocatorias. Puede que lo hagamos, o puede que esperemos a mejor postor. En todo caso, quizá entonces podamos recuperar más relatos. Este año hemos recibido unos 400 y ha sido difícil seleccionar sólo 3 de ellos.

Busco la guinda del pastel, y el mismo miércoles 23 me acerco al ciclo “nuevos narradores latinoamericanos” en Casa de América de Madrid. Sólo acierto a guardar en el tintero una pregunta ¿por qué perdieron las ganas de hacer la “gran” novela? Esta falsa modestia esconde una auténtica burbuja, que no guinda, literaria.

Así que les dejo mejor con el último premio de ensayo Jovellanos: “Universidad, ciudadanos y nómadas”. Sólo con lo que pude escuchar esta mañana, Víctor Pérez-Díaz ya tiene un programa reservado en la 7ª. Nos habló, entre otras muchas cosas, de la necesidad de procesos largos en los Medios de Comunicación a la hora de mostrar la realidad, que no nos quedáramos con el incidente dramático, con el carácter espasmódico. Con ese espíritu, ya estamos pensando en la 7ª.

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