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Verano en Pekín (año 2013)

agosto 6, 2012

Es bonito el tópico: “leer es viajar”, y muy real cuando no se tienen medios. En ocasiones incluso, gracias a las lecturas podemos planificar esos viajes futuros que quizá, algún día,  se realicen. Esto me ha ocurrido con un libro que también tiene mucho que ver con la situación económica.

Se trata de “Años de prosperidad”, título cargado de cinismo, utopía irónica y perversa (o distopía, aunque la RAE no acepte el término). Un libro para leer tranquilamente, anotar al margen y hasta utilizar para ir de la literatura al cine en la China de las últimas décadas, pasando por las relaciones más actuales entre los países de su influencia y su relación con Occidente.

Su autor, Chan Koonchung, escritor y periodista, tiene esa fascinante habilidad para atrapar desde las primeras páginas: “En un futuro cercano” (en ese futuro que todos querríamos conocer) empezamos con “El primer encuentro”, al que seguirán otros también imprevistos cuyo protagonista no es otro que el ficticio escritor Lao Chen, intelectual de reconocido prestigio en China, Hong Kong y Taiwán. Alguien irrumpe su matinal paseo con estas frases que son las primeras del libro:

“-¡Falta un mes! Un mes entero se ha perdido, lo hemos olvidado, ha desaparecido.”

Cualquiera podría pensar que se trata de una locura. ¿O sería posible perder la noción de un día, de un mes? ¿No ha ocurrido nunca? ¿Qué interés puede tener? ¿Es que acaso no hemos perdido ya la conciencia del pasado sobre determinados asuntos? ¿Sería tan diferente perder un poco de tiempo? Koonchung parece escribir desde la verdad, y mucho más adelante llegará a plantear lo olvidadizos que pueden ser los Chinos, con respecto a su Historia, igual que el resto de Humanos añadiría yo. Pero no adelantemos tanto, porque la mayor intriga es darse cuenta del misterio, y si nos extrañaba perder un mes entero en la primera página, en la segunda nuestro protagonista confiesa:

“al principio, yo tampoco me había dado cuenta de que se había perdido un mes entero”.

Claro, si esto le ocurre al intelectual-escritor, imagínense al resto de la población; ni se habían dado cuenta, ni se esperaba. ¿Y cómo consiguieron obnubilar la mente de tantos millones de personas en esta ficción tan real? No les voy a descubrir el final, sólo incidir en la reflexión que plantea, cómo el dinero –la prosperidad- provoca nuestra felicidad en un doble sentido: olvidamos las penurias y –el sentido menos estudiado- los dueños del dinero nos engañan más fácilmente con todo tipo de señuelos y hasta sustancias. Y, si uno es feliz, puede perder la memoria, al menos en cierta clase de felicidad complaciente.

Felicidad egoísta que no pregunta ni investiga, controlada por el silencio de la opinión pública, no sólo en China sino en otros muchos países democráticos. Felices en la no participación en lo colectivo, porque sólo lo nuestro importa. Felices en la ignorancia, y hasta dispuestos a fomentarla, sin que nadie se de por aludido; sin que no sepamos los meses, los años, que llevamos sumidos en la servicial felicidad: “un falso paraíso” frente a “un infierno bueno” parafraseando al autor.

Hay mucho más en este libro, de escritura intensa y rápida: amor, amistad, filosofía, historia, la actualidad de la sociedad china, el capitalismo Oriental, sus relaciones con Occidente, y con zonas en principio más desprotegidas como Latinoamérica o África; todo aquello que nos puede hacer integrar al otro como parte nuestra, o al menos intentarlo, porque si ya es difícil conciliar trayectorias tan diferentes como la china, la hongkonesa o la taiwanesa, está claro que la identificación Este-Oeste o la Norte-Sur son – esas sí- unas bellas utopías por perseguir.

Hay un tramo final del libro, diferente y más arduo, que es casi una conferencia económica-política, donde se enumeran las cinco grandes estrategias que posibilitarían “Años de Prosperidad” en China frente a la total debacle occidental (si no estamos ya en ella). Una Hoja de Ruta hacia la Prosperidad China de la que siempre se puede aprender (interesantes sus medidas anti-corrupción desde el Partido a toda la escala de Funcionarios, aunque sea sólo en la ficción de la novela)

Una conferencia, discurso, o crónica anunciada, que mueve al debate de los que lo escuchan, o los que lo leen. El problema con la Prosperidad, como saben, no es sencillamente generar dinero, sino los controles sociales que implica, ya sea en China o en el resto del planeta. Controles que quizá serían lo primero que deberíamos considerar, antes incluso que la prosperidad. Controles que ya funcionaban como contrapartida en “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, un mundo que Chan Koonchung se encarga de actualizar, de replantear, en un futuro tan cercano que es presente, sin olvidar el clamor por la justicia y los derechos humanos tan presentes en el libro y en nuestra propia sociedad.