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La novela moderna, ese invento cervantino

octubre 7, 2012

Recorriendo el Madrid de la letras con Dostoievski

Por Salvador Moreno Valencia

 

En la novela la acción liberadora proviene del sueño de libertad del autor.
María Zambrano

¿Se imaginan a Cervantes acudiendo a talleres literarios para escribir la historia El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha?

-Va a ser que no, mi querido Sancho –dice nuestro conferenciante, que sigue en su disquisición sobre literatura.

-Seguro que no, mi querido amigo Ramón María –responde el maestro ruso.

-Vamos a ver, hablemos de la novela, sí, hablemos de la novela que yo nunca conseguí escribir, y no especulemos con que si esto o si aquello, vamos a hablar de la novela moderna, que ya sabemos bien de dónde procede y a que mano pertenece la primera de ellas.

-¡Cervantes en unos talleres literarios? –pregunta uno de los asistentes, un joven de entradas pronunciadas, rasgo por el cual se deja ver una amplia frente bajo la que se mueven como ratones dos ojillos marrones, perdón por el ripio.

-Sí, amigo, sí, Cervantes no habría ido nunca a unos talleres literarios, entre otras cosas porque en su época parece que no los había, y si los había, yo no tengo constancia de ello, y de haberlos, reconozco aquí mi ignorancia sobre el tema, no sobre este tema solo, sino sobre muchos, pero no dejemos que el diablo nos entretenga con cháchara, vayamos al grano del asunto: la novela moderna.

-Corren malos tiempos para escribir novela, ni moderna, ni –apunta un jovencito con patillas largas, gafas de culo de vaso, nariz aguileña, y sobre el mentón, lugar natural donde deben ir los labios, precisamente eso, los labios como dos líneas paralelas con la rara excepción de que éstas no siguen sin tocarse hasta el infinito, sino que para confirmar la regla, se une bajo sendos hoyitos, a diestra y siniestra y bajo los rojos mofletes donde se vislumbran como meandros una decena de venitas azuladas, rasgo este, quizás, producido por la afición que el sujeto debe tenerle al vino.

No nos desviemos del tema, vamos a dejar al señor Ramón María que nos cuente qué piensa de la novela moderna.

-Decía, amigos, que tengo una frustración por no haber podido escribir la novela que me consagrara como lo hizo Don Quijote con su autor, será quizás que no tengo esa necesidad de liberarme que probablemente tenía Miguel de Cervantes, esto, mis queridos amigos, lo ensayará años más tarde una escritora, más filósofa que escritora de novelas, la sin par María Zambrano en su libro Cervantes (Ensayos de crítica literaria).

Nuestro mago ha vuelto hacer de las suyas, y ahora nos va a dejar con la miel en los labios, al menos a mí, que soy lector empedernido y seguidor de este folletín que capítulo a capítulo irá llegando a su fin, y para remitirse a las pequeñas limitaciones de escribir un capítulo con quinientas palabras -este capítulo tiene veinte más- , decía que nuestro mago nos emplaza a seguir el folletín la próxima semana, no ya los viernes, sino los domingos a primera hora para afrontar la imbecilidad de los que creen, todavía, ya mayorcitos, que de los talleres literarios puede salir un libro como el del Hidalgo.

 

 

Unos gigantes a lo lejos

junio 1, 2012

Recorriendo el Madrid de la letras con Dostoievski

Por Salvador Moreno Valencia

Autor: Sergio Cabanillas Sirelion

Autor de la imagen Sergio Cabanillas Sirelion

 Nos disponíamos a salir del mentidero cuando vino a asaltarnos un tipo algo ciego a decir por su apariencia, pero por lo que pudimos comprobar veía, incluso, más que nosotros sumando cuatro ojos. Este tipo nos llevó a un aparte y nos quiso engatusar con unas coplas que las llevaba, según él, muy baratas. Nos desprendimos de él como dos buenos caballeros y por fin salimos a la calle bajo un despejado cielo de diciembre en el que todavía podía verse con absoluta claridad el color azul intenso que nos deslumbraba. Años más tarde este cielo iría a ser sustituido por una especie de hongo de color marrón como si a Madrid un sombrerero algo espléndido le hubiera regalado una gran chistera de color humo ennegrecido.

Bajamos la calle y al final de la misma pudimos observar el movimiento de unas figuras que a mi acompañante le parecieron gigantes.

<<La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o poco más desaforados gigantes con quien pienso hacer batalla, y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer: que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.

-¿Qué gigantes?- dijo Sancho Panza.

-Aquellos que allí ves- respondió su amo-, de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.

-Mire vuestra merced- respondió Sancho-, que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que volteadas del viento hacen andar la piedra del molino.

-Bien parece- respondió Don Quijote-, que no estás cursado en esto de las aventuras; ellos son gigantes, y si tienes miedo quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.>>

Mi querido Rodia, no le parece excelente este párrafo que viene a colación de lo que mis ojos están viendo allá al final de la calle.

-¿Qué gigantes batuchka?, no ve que son los andamios del convento de las Trinitarias.

-Mi apreciado amigo, no deja usted que su imaginación fluya, a ver si no es mejor imaginar que aquellos andamios son lo que al Hidalgo le parecían gigantes en su imaginación.

-¿Quiere decir que usted además de gigantes ve molinos de viento?

-Mi sentido común me dice que lo que veo es lo mismo que ve usted: los andamios de las Trinitarias, pero mi insensatez, me dice que son gigantes, pero ¿quién es más insensato el que no se sale de la realidad o el que vence el miedo al mundo y crea de su vida una ficción literaria como soñaban ser, sueñan y esperemos que sigan soñando, tantos escritores, ellos mismos literatura pura y dura, o grandes enciclopedias?

-Es eso lo que anhelaba Proust entre otros, o Kafka, o usted mismo, o Tolstoi, o Joyce, también ahora Vila-Matas, Rafael Soler, Enrique Gracia, Edgar Borges

-¿Tienen algo que ver ese Edgar Borges con el Borges del Aleph?

-No que yo sepa, pero el primero es un escritor de ahora que tiene como referente a muchos de los grandes como Julio Cortázar, Camus, Poe, Wals, Rodavlas Onerom, Chéjov, Nebúr…

-¡Amigo!, ¿qué sería del mundo sin la literatura?

-Creo que sería un lodazal peor del que lo es ahora, y quizá tiene razón mi querido batuchka mejor será creer que aquellos andamios son gigantes y deleitémonos con ese maravilloso episodio en el que nuestro infeliz Hidalgo nos dice después del paso de los años lo necio que somos.

<<-¡Válame Dios!- dijo Sancho-; ¿no le dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que hacía, que no eran sino molinos de viento, y no los podía ignorar sino quien llevase otros tales en la cabeza?

-Calla, amigo Sancho- respondió Don Quijote-, que las cosas de la guerra, más que otras, están sujetas a continua mudanza, cuanto más que yo pienso, y es así verdad, que aquel sabio Frestón, que me robó el aposento y los libros, ha vuelto estos gigantes en molinos por quitarme la gloria de su vencimiento: tal es la enemistad que me tiene; mas al cabo al cabo han de poder poco sus malas artes contra la voluntad de mi espada>>.

-Querido Rodia, ¿no es aquél que viene por allí el manco de Lepanto?- me pregunta Fiódor. Sus ojos puestos en la figura negra de alguien que se acerca a lo lejos.