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2018. Examen de Cipotudismo

enero 14, 2018

Méndez De Vigo, Ministro de Cultura. Ilustración de Javier Muñoz

Todos los buenos propósitos abocados a ser meramente eso: buenas palabras y no obras. Mientras estas no empiecen, difícil que las veamos si quiera medio acabadas. Si 2017 fue “El año que salieron mal las fotos“, según la crónica de Peio H. Riaño y Lorena G. Maldonado que dio pie a nuestro primer programa del año: Cultura Cipotuda; 2018 podría tener como epitafio: “El año que volvieron a salir mal las fotos“.

Y qué fotos. Hablamos de la Homocracia, el gobierno exclusivo de los hombres, salvo alguna que otra mujer que pase la prueba del Cipotudismo, como mera excepción para la regla. Las fotos son de ellos, 50% de la población, aunque el desarrollo sea conjunto, del 100%.

La prueba del Cipotudismo

Conocí esta prueba por propia experiencia, al principio no la entendí y ni siquiera sabía ponerle nombre. A mi generación no nos prepararon para una prueba que parecía superada. De nuevo buenos propósitos. Si el Cipotudismo es la Masculinidad como Imperio Absolutista, los primeros atisbos de esta prueba aparecen muy pronto para una mujer: “con los hombres no se discute, con los hombres no se compite”. ¿Quien quería competir?, me preguntaba una y otra vez. Y por fin lo descubrí: eran los hombres cipotudos. Los demás no tienen la necesidad, igual que las mujeres que tampoco queremos situarnos por encima por cuestión de sexo. Hablamos de no discriminación, derecho a la igualdad; no de privilegios por el sexo con el que nacimos.

De las muchas pruebas de cipotudismo que me han hecho, recuerdo especialmente la que no pasé en una Televisión Nacional. Era 2001, si no recuerdo mal. El jefe de informativos, subdirector quizá, me hacía una reflexión que yo debería haber compartido y alabado aunque sólo fuera por lo asustado que él estaba al preguntarme: “¿no es excesivo toda esta información de violencia de género?”. Ante sus ojos desorbitados, mis ojos me delataron. No podía creer que me hiciera esa pregunta, ese tipo de pregunta, y cómo me la hacía. El “ente” sigue su camino tan cipotudo como en la época franquista. De la Radio Nacional, ni les hablo.

Y tampoco crean que ahora estamos mejor. La última prueba de cipotudismo que no pasé- me refiero a otra prueba en medio de una propuesta laboral, porque examinarnos nos examinan todos los días-, fue hace poco más de un año, en los previos al nacimiento de Radio Carmena. Como bien dice nuestra invitada en el último programa de radio, es una falacia que la Izquierda o la Cultura sean menos cipotudas, a lo que añadiría: es una falacia que el Dinero Público sea menos cipotudo, aún con imagen de mujer incluida.  

Llega 2018 y me pregunto, como propósito de año nuevo: ¿la prueba de cipotudismo no deberían pasarla los hombres? Quizá muchos no estén preparados, se tengan que jubilar, o haya jóvenes que no puedan medrar al amparo de viejos o conocidos cipotudos, algunos ya señalados “En la era de la prosa cipotuda“, de Iñigo F. Lomana, el primero en describir este festival de amiguismo, banalidad y virilidad, a partir de la idea de otro hombre que prefiere permanecer en el anonimato. Pero, siguiendo con el propósito de Año Nuevo: ¿se imaginan un mundo donde los hombres admirasen y mostrasen su aprecio a las mujeres, quienes compartirían con ellos al 50% labores y espacio público? Habrá que empezar por la idea.

“Para que triunfe el mal, basta con que los hombres de bien no hagan nada “, decía Edmund Burke.

Todavía hay esperanza para que las personas de bien luchen contra al mal, ¿qué es la corrupción festivalera y los sillones giratorios, sino eso?

Todavía hay mujeres y hombres válidos por sí mismos, sin que los tengan que aupar otros, dados sus escasos méritos.

A ellos, a los que demuestran cada día su valía para no caer ante los mediocres, va dedicado este artículo.

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No Goya

febrero 11, 2014

No GoyaEste fin de semana me invitaron unos amigos al teatro. Llegué sabiendo que era un monólogo y que duraría una hora. Lo que me encontré fue diferente: Pedro Ruiz y más de dos horas de yuxtaposiciones sin sentido. De entrada no me lo tomé muy mal, aunque poco a poco no conseguía encontrar la magia de la función, todavía más pretencioso hablar de arte, con la excepción de la música en directo del pianista.

Tengo escrito un artículo sobre los populista y facilón que me resultó el tedioso espectáculo. La España de Pandereta en esta ocasión estaba además interpretada por puros chillidos; la media de edad se acercaba a los 70 y el cómico debía pensar que tenían problemas de oído.  A punto estuve de irme, pero aguanté estoicamente por los amigos. Y no se preocupen, no voy a transcribir todo el artículo. No merece la pena, por mucho incluso que el acaudalado madurito se meta con las excentricidades del Maduro venezolano, o se empeñara en mostrar su caridad con los desempleados. Es lo que tienen los ricos, les sigue gustando la limosna y en este caso bajo la oferta de butacas gratis previa acreditación de la miseria de estar desempleados. Una amiga me decía, qué bien así no piensan en sus problemas, yo pensaba sin embargo: lo que les faltaba para huir de España, y aún con esas, el teatro no estaba ni medio lleno.

El populismo está creciendo, como suele ocurrir en tiempos de crisis, pero sobre todo en este país en el que prima más el espectáculo que la cultura. Populismo y espectáculo es una pareja peligrosa. Lo ha sido muchas veces en política (acuérdense de los que montaban los grandes dictadores y genocidas). En el caso de los cómicos también es peligroso. Estos días que se critica no sólo la politización de la entrega de Los Goya, sino también el bajo nivel de las películas premiadas, no está de más preguntarse donde estuvo el auténtico espectáculo en la última gala.

Pedro Ruiz no ganaría ni una nominación a Los Goya, pero hay quien todavía piensa que por subirse a las tablas uno es Dios, o no puede ser criticado. Así que la crítica que debería ejercitarse desde el criterio brilla por su ausencia, no llega, no aparece, no se difunde. Quizá sea porque la Crítica necesita Cultura. No es lo mismo que Pedro Ruiz berree sobre la situación en España entre banderolas y pasodobles, que escuchar a Peio H. Riaño hablar de las dificultades del mundo del arte.

¿A dónde vamos con todo esto? A apoyar el auténtico arte, la cultura y la crítica. A que un Máster en Periodismo Cultural como el de la Universidad Rey Juan Carlos no sea una excepción (como lo es ahora mismo en las Universidades Públicas madrileñas); y sobre todo que sus alumnos, que sus profesores, no sean la rara avis de este país, sino una especie que cuente con el apoyo de toda la sociedad, sólo así ella podrá tener el apoyo cultural que necesita –si me permiten- de manera urgente. Seguramente muchos no veremos ese aprecio por la cultura, lo único que podemos hacer es apoyar a los que vienen ya con más fuerza, invirtiendo en preparación, dedicación, esfuerzo y generosidad. En comentario aparte les dejo las Novedades Literarias para el 2014 que uno de los grupos de este Máter tuvo a bien enviarnos tras comentarlas en antena. Novedades firmadas por Sara Prieto Mato, Juan Manuel Calvache, Lian Deng, Xiaoyin Guan, Clara Calleja Fernández, Laura Rodríguez y Sergio Batllés.