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No Goya

febrero 11, 2014

No GoyaEste fin de semana me invitaron unos amigos al teatro. Llegué sabiendo que era un monólogo y que duraría una hora. Lo que me encontré fue diferente: Pedro Ruiz y más de dos horas de yuxtaposiciones sin sentido. De entrada no me lo tomé muy mal, aunque poco a poco no conseguía encontrar la magia de la función, todavía más pretencioso hablar de arte, con la excepción de la música en directo del pianista.

Tengo escrito un artículo sobre los populista y facilón que me resultó el tedioso espectáculo. La España de Pandereta en esta ocasión estaba además interpretada por puros chillidos; la media de edad se acercaba a los 70 y el cómico debía pensar que tenían problemas de oído.  A punto estuve de irme, pero aguanté estoicamente por los amigos. Y no se preocupen, no voy a transcribir todo el artículo. No merece la pena, por mucho incluso que el acaudalado madurito se meta con las excentricidades del Maduro venezolano, o se empeñara en mostrar su caridad con los desempleados. Es lo que tienen los ricos, les sigue gustando la limosna y en este caso bajo la oferta de butacas gratis previa acreditación de la miseria de estar desempleados. Una amiga me decía, qué bien así no piensan en sus problemas, yo pensaba sin embargo: lo que les faltaba para huir de España, y aún con esas, el teatro no estaba ni medio lleno.

El populismo está creciendo, como suele ocurrir en tiempos de crisis, pero sobre todo en este país en el que prima más el espectáculo que la cultura. Populismo y espectáculo es una pareja peligrosa. Lo ha sido muchas veces en política (acuérdense de los que montaban los grandes dictadores y genocidas). En el caso de los cómicos también es peligroso. Estos días que se critica no sólo la politización de la entrega de Los Goya, sino también el bajo nivel de las películas premiadas, no está de más preguntarse donde estuvo el auténtico espectáculo en la última gala.

Pedro Ruiz no ganaría ni una nominación a Los Goya, pero hay quien todavía piensa que por subirse a las tablas uno es Dios, o no puede ser criticado. Así que la crítica que debería ejercitarse desde el criterio brilla por su ausencia, no llega, no aparece, no se difunde. Quizá sea porque la Crítica necesita Cultura. No es lo mismo que Pedro Ruiz berree sobre la situación en España entre banderolas y pasodobles, que escuchar a Peio H. Riaño hablar de las dificultades del mundo del arte.

¿A dónde vamos con todo esto? A apoyar el auténtico arte, la cultura y la crítica. A que un Máster en Periodismo Cultural como el de la Universidad Rey Juan Carlos no sea una excepción (como lo es ahora mismo en las Universidades Públicas madrileñas); y sobre todo que sus alumnos, que sus profesores, no sean la rara avis de este país, sino una especie que cuente con el apoyo de toda la sociedad, sólo así ella podrá tener el apoyo cultural que necesita –si me permiten- de manera urgente. Seguramente muchos no veremos ese aprecio por la cultura, lo único que podemos hacer es apoyar a los que vienen ya con más fuerza, invirtiendo en preparación, dedicación, esfuerzo y generosidad. En comentario aparte les dejo las Novedades Literarias para el 2014 que uno de los grupos de este Máter tuvo a bien enviarnos tras comentarlas en antena. Novedades firmadas por Sara Prieto Mato, Juan Manuel Calvache, Lian Deng, Xiaoyin Guan, Clara Calleja Fernández, Laura Rodríguez y Sergio Batllés.

Grandes veladas

febrero 19, 2013

Jorge Javier Vázquez homenajeado por las ventas de su libro

Los últimos siete días asisto como espectadora a dos grandes veladas. Una en el sector editorial: Jorge Javier Vázquez recibe el Libro de Oro de la Editorial Planeta por los 250.000 ejemplares vendidos de su último y único libro, por el momento.

Los números cuentan como siempre, aunque no sea para bien, aunque exista un abuso de la cuantificación. También en nuestros índices de lectura. Quizá primero tengamos que alcanzar los datos de nuestros vecinos europeos para preocuparnos entonces, no tanto por cuánto, sino qué leemos. Así cerraríamos el círculo, volviendo al libro de oro del famoso, y caeríamos en la cuenta que la abundancia no significa nutrición, sino más bien malnutrición: se come demasiado y con efectos perniciosos. Pero hasta en Facebook me respondían sobre esta noticia con el típico: “con tal de que la gente lea”, y hasta agradecida estaba yo a mi interlocutora, que lo habitual es que estos temas ni reciban comentarios, que nos resignemos a ello.

En el país de la prensa rosa y el fútbol, como grandes eventos mediáticos, o como grandes veladas aguantadas noche tras noche y tarde tras tarde, no es extraño que aquel día acabara hablando de fútbol, no había forma de hablar de lectura, o de literatura, y supongo que no era el lugar para hablar de sus cosas, las rosas.

En la Página de Facebook de “El Planeta de los Libros” mantenemos la foto de una pancarta que dice “el fútbol no es cultura”, y hablaba sobre ello con uno de los invitados, cuando su mujer, periodista y editora (de algunas de las famosas entrevistadoras del programa de Tele 5), me puso en el brete de elegir entre un partido de fútbol o un programa rosa (o del color del higadillo, que sería más apropiado), cuál de los dos elegiría para un niño de corta edad, me decía, y se suponía que tenía que optar por el Fútbol aunque curiosamente ella viviera del otro. Y me resultaba imposible elegir entre las dos caras de la misma moneda.

Y del show de Jorge Javier, donde quizá la única periodista estaba de incógnito (el incógnito ya pueden imaginar por qué, y lo de única a la vista de su poca difusión mediática), al show todavía más mediático de Los Goya. Los pillé empezados pero así y todo bastaba: ¿cómo consiguen año tras año mantener el halo casposo, recibir buenas críticas de la supuesta progresía y que les paguen incluso con dinero público? Por no hablar de que resulta cuanto menos extraño que muchos privilegiados, o subvencionados a fondo perdido, se acuerden de nosotros: los pobres, los desahuciados, por una vez, y nos dediquen unas palabras o hasta  sus Goyas. Debe ser lo único que pueden darnos de sus privilegios, una actuada dedicatoria.

La vi poco la Gala. No sólo porque llegué tarde, también porque el otro canal de la pública, la 2, emitía a la par un documental interesante sobre el suicido: distintas perspectivas y cómo darle un poco de dignidad a algo considerado vergonzoso por muchos. Y llegué a pensar que el documental era como un premio de consolación para los que no aguantábamos la Gala de la 1 (cuídenme esas voces y esos comentarios, que no quiero tener que repetir lo que dije en este blog hace un año, que repetiría en esta ocasión si no fuera porque quiero ser benévola).

Decía que la vi poco, la Gala, pero alcancé a escuchar a Eva Hache hablando de lo mal que escribimos y lo poco que leemos. Seguimos en ese tipo de Humor Paleto tan manido en nuestro país: lo gracioso que es que seamos incultos, o que hablemos tan mal. Un humor al que se apeló en más de una ocasión como en anteriores ediciones. Humor facilón, de poco coste (neuronal, el otro no lo quiero ni pensar), como aquellos chascarrillos del cine de barrio que tanto éxito tuvieron en décadas que ya pensábamos superadas. Eso sí, ahora cada vez más rancio, más tópico, más avistado. Viva la decadencia, la cara decadencia que no nos podemos permitir.

Y llegaron las películas ganadoras. El cine en competición y lo que dio de sí, y se salvaron algunos trabajos muy dignos (que se notaban incluso en la forma de recoger el premio, como en el caso de José Sacristán). Pero, más que Cine me quedó la sensación de Gala Cómica. Aunque recordando la primera velada, aquella entre rosa y futbolera, no sé que puede dar más risa, si nuestro Cine o nuestra Literatura.