Posts Tagged ‘Lope de Vega’

Dos negros literarios honestos

mayo 25, 2012

Recorriendo el Madrid de la letras con Dostoievski

Por Salvador Moreno Valencia

-Seamos honestos mi querido Rodia, pero lo mejor será comer y beber hoy, pasar la noche aquí en la “casilla” del gran Fénix de los ingenios y luego, mañana, cuando el maestro esté reposando de sus largas horas de aventura nocturna, nos vamos por donde hemos venido; no sea que nos quemen en alguna hoguera por decir que hemos escrito las obras de Lope de Vega.

-En verdad, dijo Jesús a sus discípulos…- hice el intento de seguir con esta frase del evangelio, pero me detuve porque acabábamos de llegar a la cocina precedidos por la ama de llaves, que lejos de ser una vieja gruñona, era todo lo contrario: una joven y simpática chica de unos veintitantos, que no escondía sus atributos y que en todo momento se mostró muy complaciente conmigo. Algo menos con Fiódor, pero para demostrar que las apariencias engañan, ésta a pesar de haber estado dándome a entender que me deseaba, acabó metiéndose en la cama con mi querido batuchka. Bien porque se confundió de cama, bien porque prefirió la experiencia de un hombre maduro como él.

Así que comimos y bebimos hasta que nos hubimos hartado, no sabíamos cuándo volveríamos a disfrutar de tan ricos manjares. Y como habíamos decido por unanimidad haciendo acopio de nuestro sentido común, irnos de la “casilla” aun a riesgo de seguir pasando penurias, disfrutamos de todo cuanto en la casa del Fénix se nos ofreció esa noche. Los detalles de alcoba quedan al albedrío de aquellos que gozan de una imaginación ardiente y azarosa. Pero tengo que decir que fuimos trinidad en el asunto: padre, hijo, y espíritu santo atendidos de una bella Magdalena.

Por la mañana, cuando “Eos la de los rosados dedos, hija de la mañana”  apenas había comenzado a teñir con sus suaves manos el lienzo del mundo, salimos de la casa del Fénix de los ingenios por considerar que no sabíamos nada del que nos había contratado: un gran genio, que lo tuvo que ser sin duda, porque dejar esas cientos de obras escritas, no puede ser otra cosa que el resultado del esfuerzo y sacrificio de una creador, aunque en este caso, el mismo, estuviera más tiempo entre los brazos de sus amantes que entre los de Calíope.

Hacía frío aquella mañana. La ama de llaves se apresuró a entregarnos sendas talegas repletas de vituallas, y efusivamente, y sin esconder sus atributos, de los que pudieron gozar los trinos en la noche, nos dijo que volviésemos cuando quisiéramos, ofrecimiento que nos venía como anillo al dedo. Ya sabíamos donde caer de tarde en tarde para satisfacer los deseos del cuerpo, porque, ¿qué es un hombre con un estómago vacío y un escroto lleno?

Mi querido batuchka y yo agradecimos el buen gesto de la Magdalena y ensimismados subimos la calle hasta llegar a la calle León, y allí fuimos hasta “El mentidero de los representantes”, por ver si alguien quería unas coplillas, o unos poemas para regalar a alguna amante díscola. No hubo suerte esa mañana, pero como habíamos comido, bebido y… la noche anterior, y llevábamos cada uno una talega repleta, no nos preocupó el asunto, así que decidimos ir a visitar a otro viejo amigo de las letras, éste con menos fortuna que el que acabábamos de dejar.

Sin argumentos

mayo 18, 2012

Recorriendo el Madrid de la letras con Dostoievski

Por Salvador Moreno Valencia

-¡Mis queridos escribanos!- dijo el Fénix de los ingenios a la vez que alargaba su mano para estrechar la del maestro Fiódor, y tras haberle estrechado a éste la misma hizo ademán de asir la mía, pero yo lo evité con un movimiento de ésta, que fue a dar a mi nariz-. ¡Rásquese joven, rásquese! Ya habrá tiempo para estrechar lazos- diciendo esto se sentó junto a mi querido batuchka.

-Buenos días, Félix– dijo Fiódor dirigiéndose al dramaturgo como si lo conociera de toda la vida.

-Es una alegría verles a ambos por mi humilde casa, ya ven ustedes, aquí en el güertecillo paso las horas de reflexión, cuando no estoy en los quehaceres de un hombre como yo- dijo el Fénix. Y tanto que debía ser un hombre ingenioso porque para desarrollar toda su creatividad, su pasión por la vida y las mujeres, y por los santos, debía de ser todo un portento.

-Un hombre como usted que ha desempeñado tantas profesiones: militar, secretario… ¿Cómo se le ocurrió hacerse sacerdote?- pregunté al genio creador de Fuenteovejuna (que no es más que una obra que entre mi querido batuchka y yo pusimos sobre escrito en la que la mano del Fénix brilló por su ausencia, nos dio algunos consejos que otros sobre la obra, pero poco más).

-Querido amigo, eso es una historia muy larga de la que en el futuro contarán esos cronistas oficiales, afines al poder establecido: iglesia-estado, lo que les venga en gana, y dirán que según lo escrito es el escritor, pues ellos allá. Qué sabrán dentro de un siglo cómo era yo. Estudiarán todos los papeles en los que he puesto mi nombre, y por mis actos me juzgarán. Y yo les digo, amigos escribanos, que no atinarán a dar pie con bola- soltó una leve carcajada, y luego como si este acto no hubiese estado a la altura de la circunstancia, pidió disculpas-. Ustedes perdonen caballeros pero no pude evitarlo.

-No se preocupe querido Félix- dijo Fiódor-, podemos entender la razón por la que se ríe- ¿no es cierto querido Rodia?

-Sí, batuchka, nosotros podemos entenderlo y además sabemos que esos cronistas a falta de argumentos se los inventarán para seguir chupando de la sopa boba con la que les pagan sus príncipes con tal de que hagan la crónica más acertada y apropiada con el fin de que éstos queden bien retratados para la posteridad.

-Cierto es, amigo Rodia, la verdad tergiversada por razones obvias, y porque los que gobiernan son vanidosos y egoístas como cualquier hombre, y lo único que quieren es, como dicen en estos tiempos, salir guapos en la foto- aseveró Lope, luego dijo:- Está bien, desde hoy mismo estáis a mi servicio. Id a que el ama de llaves os instale, y luego pasad a la cocina que os den algo de beber y comer, no hay nada mejor que éstos argumentos para tener a los hombres felices y contentos; y ahora les dejo, tengo que atender a una de mis numerosas amantes.

Se marchó Lope, el apodado Fénix de los ingenios y mi querido maestro y yo nos quedamos embelesados pensando en que por fin, tras varios días sin comer, íbamos a probar bocado nada más y nada menos que en la “casilla” del dramaturgo que declaró haber escrito más de mil quinientas obras, aunque sólo están confirmadas unas trescientas y pico como de su autoría. Y yo me pregunto: ¿de dónde sacaba el tiempo para escribir, y hacerle el amor a sus mujeres y amantes, y  dedicarse a otros menesteres que lejos de acercar a la escritura, a los que nos dedicamos a ella, nos aleja?

La vida de un genio

mayo 11, 2012

Recorriendo el Madrid de la letras con Dostoievski

Por Salvador Moreno Valencia

 

“Mi casilla, mi quietud, mi güertecillo y estudio”. Así define su casa Félix Lope de Vega en una carta dirigida a un amigo.

En el güertecillo nos sentamos al fondo en un banco de madera desde el que contemplamos, mi querido batuchka y yo, la puerta trasera de la casa por la que hemos entrado al jardín. Todo parece haber sido mantenido de igual modo, árboles, arriates, gallinero (pero sin gallinas), quizá el Fénix de los ingenios las tuviera en su tiempo.

-Imaginemos, mi querido Rodia, al genio entrando por esa puerta, y nos ve aquí sentados esperando su entrevista. Tengamos en cuenta que somos dos escribientes llamados por el genio para ayudarle en sus tareas de redactar sus obras. O, mejor todavía Rodia, como el Fénix estaba siempre tan ocupado con las fiestas, las mujeres, las misas y sus correrías, digamos que somos dos “negros literarios” cuyos servicios ha reclamado el dramaturgo, autor de obras tan insignes como La Arcadia, La Dorotea, Peribáñez y el comendador, El perro del hortelano, y Fuenteovejuna, por citar algunas de las más reconocidas.

-¿Cree Fiódor, que Félix Lope de Vega tuvo “negros literarios” que le escribieron su obra?

-Sin duda amigo, si no ¿cómo se explica esa intensa actividad social? Uno o escribe o se divierte.

-Pero no hay que dudar que el maestro era un genio.

-Como usted y como yo: “Santo que mea no crea”

-Es algo escéptico al respecto.

– Sí, más bien diría yo incrédulo. Mire la época en la que le tocó vivir, por menos de nada te daban garrote vil o te encarcelaban, a Cervantes se lo hicieron, y por qué Cervantes no llegaba a despuntar como escritor y sí Lope, ¿era éste último mejor literariamente hablando, más prolífico? Pero no se debe juzgar a un autor por lo prolífico de su obra, sino, como bien sabe por el contenido.

-Sin duda…- hago una pausa y mis ojos no dan credibilidad  a lo que ven, mi cerebro no da crédito a la imagen que éstos le trasmiten- ¿no es ése ni más ni menos que Lope de Vega?- le pregunto a mi acompañante sempiterno.

-Sí, amigo, sí, el mismo que se pavoneaba en su falsa modestia queriendo presumir de humildad con su frase: “Mi casilla, mi quietud, mi güertecillo y estudio”. ¿Sabe cuántos reales costaba una casa como esta en aquella época? ¿Si para Lope esta casa era una “casilla” qué era entonces la morada de un miserable que vivía en los arrabales del Madrid de aquella época? Esta casa señorial debió costarle muchos miles de reales, que pocos podían permitirse ese lujo; y las fiestas que organizaba, y toda esa parte que no se ha contado. Porque, como bien sabe, mi querido Rodia, la historia siempre omite la verdad, y nos cuenta lo que a los que la escriben en su momento les interesa. ¿Había que otorgarle a Félix Lope de Vega la etiqueta del escritor oficial afín a la reina, y a Cervantes la otra del escritor maldito?

-Pero Fiódor, no puede poner en duda la calidad de su obra literaria.

-No, no la pongo en duda, y aquí entramos nosotros, dos “negros literarios” que hoy Lope ha decido contratar a su servicio, y nosotros (dos muertos de hambre porque la pluma no nos da nada más que para disgustos, y un trozo de pan duro de tarde en tarde y porque alguna alma caritativa se ha apiadado de nosotros y nos ha encargado unos poemas para su amada, o para su amante,  o un viejo noble ya en su chochez nos ha llamado para que escribamos, en el mejor de los casos, su vida, aunque tengamos que dotarla de algo de ficción para darle un toque de aventura, y en el peor de los casos para escribirle un epitafio, y que mal cobramos, le digo mi querido Rodia), que a nada que el Fénix de los ingenios nos ofrezca techo, cama y comida, mas, de vez en cuando, los servicios sexuales de alguna de sus sirvientas… ¿Qué diremos? ¿Seguiremos por el camino tortuoso de las letras y el hambre, o nos venderemos al mejor postor para que con su nombre haga de nuestros hijos los suyos, y sea glorificado por ello?

-No sé mi querido batuchka, si de un modo u otro vamos a quedar relegados al olvido, nosotros y nuestros hijos, mejor será darles un padre aunque sea falso para su bien, andando el tiempo llegará el día en que se descubra toda la verdad, como ocurrirá con el autor de Hamlet, al final ni la máscara podrá salvarlo de que se descubra quién había tras ella.

-Muy bien dicho, amigo, y ahora preparemos nuestra entrevista que se acerca el que nos ha de dar la inmortalidad, y por ahora el que nos quitará esta miseria que llevamos encima.

Félix Lope de Vega, también conocido como el Fénix de los ingenios, se acercó mirándonos penetrante y profundamente. En su rostro se dibujó una sonrisa como si acabara de intuir que los dos tipos que tenía delante le habían caído del cielo: sus, a partir de aquel momento, “negros literarios”.