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El sertão y la sequía en el imaginario brasileño

octubre 22, 2011
Criança Morta, Cândido Portinari, 1944

CANDIDO PORTINARI, Criança Morta (Criatura muerta), 1944 Óleo s/ tela, 176 x 190 cm. Colección MASP, São Paulo, Brasil

Desde afuera, Brasil es exhuberante con su selvas frondosas, ríos llenos de especies raras como las pirañas, mujeres corpulentas y sensuales, sol, playa y palmeras. A la vez es el país del futuro, del crecimiento económico, del milagro. Pero un estereotipo está a menudo tan lejos de la verdad como de la mentira. Lo más concreto es que está basado en cómo uno quiere ver al otro, es una imputación basada en la ignorancia. El conocimiento muestra siempre una complejidad inabarcable, en todos los sentidos. Pocas personas que haya conocido fuera de Brasil, excepto los muy brasilófilos (categoría peculiar, pero harto diseminada), saben que en el medio del noreste, en la misma región donde están esas playas de ensueño, hay también una enorme zona semiárida, donde prevalece la miseria. El “sertão” evoca el vacío de tierras vastas y las sequías que hacen que los pobres necesiten migrar hacias zonas más fértiles.

A la vez, en el noreste es donde pulsa la sangre más creativa de Brasil, en las letras, en la música, en las tradiciones. Aunque la samba y la bossa nova sean las formas musicales conocidas internacionalmente, el noreste vive de ritmos como el forró, el xaxado, el maracatú, y tantos otros, con canciones que hablan de amor, como todas las canciones, pero también de la miseria y de la sequía. Los más grandes autores de la literatura brasileña han hablado del “sertão”: como João Guimarães Rosa (en mi opinión, el mejor escritor de Brasil), en su “Grande Sertón: Veredas“, pero también en muchas otras obras; Graciliano Ramos, en el clásico, “Vidas secas” (que también dio origen a una película imprescindible, con el mismo título, premiada en Cannes en el año 1963); y entre muchos, muchos otros, uno de nuestros grandes poetas, João Cabral de Melo Neto, en “Muerte y Vida Severina”. También en el cine, nuestro Glauber Rocha, con “Antonio das mortes” y “Deus e o diabo na terra do sol”, entre otras películas.

Para el brasileño, el sertão tiene una riqueza simbólica mucho más fuerte que la selva (que tiene también sus propios mitos y riqueza cultural), y eso se debe a que la cultura popular está plagada de referencias a ese espacio y sus tradiciones. Para empezar, el sertão ha sido mucho más representado en la literatura, música, artes plásticas, que la selva; a la vez, por mucho tiempo, era la región de Brasil que se igualaba a África en términos de pobreza, una herida ardiendo en el medio de un país tan rico en recursos. No obstante, nada de eso suele ser conocido en el exterior.

El siguiente párrafo da cuenta, en un sentido amplio y teórico, de lo que representa el “sertão” en Brasil.

“Está el sentido espacial – el sertão es el interior lejado y despoblado, o poblado por una raza mestiza, o el locus amoenus de las bucólicas grecorromanas; el sentido económico – el sertão mantiene una economía distante de la economía de la metrópoli y del litoral, agraria y subdesarrollada frente a la economía industrial y más desarrollada de la metrópoli; el sentido social – el sertão mantiene otro tipo de asociación de sus habitantes, más comunitaria, otro tipo de usos y costumbres; la alianza sociopolítica – el poder de los caudillos, la desvalidez de los camaradas, la lucha social de los estados periféricos; el sentido psicosocial, en la perspectiva de la antropologia – el sertão detiene un universo psíquico más ritualizado, con formas de pensamientos más míticas y agónicas; el sentido histórico – el sertão posee la clave de nuestro origen histórico típico y genuino, a partir de las entradas y las banderas [similar a los “adelantados” de la América española], por ejemplo, y el sentido del imaginario propiamente dicho – cuando el sertão se ensancha como local de vida heroica o trágica, de vida saludable y genuina, o de vida identitaria. Y otros tantos, que subrayan una perspectiva romántica, o realista, o conservadora, o de denuncia social, o determinista etc.”, Albertina Vicentini, Regionalismo literario e sentidos do sertão. In: Sociedade e Cultura, v. 10, jul./dez. 2007.*

En la literatura, uno de los poemas más significativo es “Muerte y Vida Severina”, de João Cabral de Melo Neto, poeta de principios de siglo XX que estuvo viviendo en España como diplomático. En ese poema, se narra el viaje de Severino en busca de mejores tierras en épocas de sequía. Desde entrada, se hace un juego entre la “vida severina/severa” y el nombre del personaje que padece su severidad. Aunque la poesía de João Cabral no esté influenciada sólamente por la temática del sertão, éste es uno de sus poemas más conocidos en Brasil. Aquí va una pequeña parte, llamada “Funeral de un labrador” que fue musicada por Chico Buarque para una obra de teatro que se estrenó en los años 1970 en São Paulo. En ella se proyectan cuestiones claves del sertão: la pobreza, el hambre, la distribución de la tierra y el predominio de los latifundios:

Esta tumba en la que estás, con palmos medida
Es la cuenta menor que sacaste en vida
Es de buen tamaño, ni largo, ni profundo
Es la parte que te cabe de este latifundio
No es tumba grande, es tumba medida
Es la tierra que querías ver dividida
Es una tumba grande para tu poco difunto
Pero estarás más ancho que estabas en el mundo
Es una tumba grande para tu difunto parco
Aunque más que en el mundo, te sentirás largo
Es una tumba grande para tu carne poca
Pero a tierra regalada no se abre la boca

El 18 de octubre en el Ateneo de Madrid, Antonio Carlos Secchin habló sobre João Cabral de Melo Neto y la literatura brasileña, en un evento promocionado por la Fundación Cultural Hispano Brasileña. Fue una excelente oportunidad para acercarse un poco más a ese país misterioso por sus contradicciones, pero que de a poco da a conocer sus maravillas que están mucho más allá de los estereotipos y de lo que se ha vendido internacionalmente como “Brasil”.

*Traducción libre realizada por mí.

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