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¿Qué es la buena literatura, quién la selecciona, cómo se llega a hacer buena literatura?

junio 15, 2012

Recorriendo el Madrid de la letras con Dostoievski

Por Salvador Moreno Valencia

-Leer, es la única forma de poder dar respuesta a esta pregunta. Al menos en lo referente a saber qué es la buena literatura, porque en lo referente a saber quién la selecciona, para mí es más que evidente, la literatura la selecciona uno mismo, pero engañado por los hados que son los que dotan a los libros de libre albedrío para ser ellos los que lo elijan a uno. Y sobre la tercera parte de la pregunta de cómo se llega a hacer buena literatura es quizá algo más compleja la respuesta, pero que sin duda, también los hados del mundo juegan un papel principal en ello, porque sin genio no hay escritor que valga. La técnica la podemos adquirir en cualquiera de los cientos de talleres literarios que actualmente existen en este y en otros países, pero lo que se refiere a ese toque como de magia con el que el buen escritor dota a sus creaciones no podremos adquirirlo por mucho que nos empeñemos en acudir a cientos de talleres impartidos por distintos profesores-escritores. Mi querido Rodia -dice el maestro haciendo una pausa en su alocución, que yo llamaría más bien conferencia. Mi querido amigo, observa el mundo desde una perspectiva distinta, pero como todos los hombres lleva consigo un defecto que lo pierde.

-Tiene razón, mi querido maestro. Pero a eso yo añadiría la situación en la que se encuentran unos escritores y otros. Actualmente escriben miles de personas, y es más que evidente que entre tanta paja se pueda aventar un buen grano, pero con éste tendríamos para hacer unos escasos kilos de pan. Hoy en día cualquier persona se define escritor o escritora. Cualquier persona tiene acceso a los talleres que antes mencionaba, mi estimado amigo, pero ¿tenemos por ello grandes escritores?

-¡Claro que sí, hombre! No sea derrotista y lea, bueno, busque en los anaqueles literarios y ahí encontrará algunos grandes genios, todavía no reconocidos por desgracia, tanto para éstos como para los lectores ávidos de buena literatura. No sea negativo y olvide todo eso de los talleres literarios de los que, a lo sumo, podremos disfrutar de uno o dos buenos libros.

-Pero…, mire maestro, un escritor con vocación de escritor, con auténtica vocación de escritor ¿usted cree que acudirá a uno de esos talleres literarios? Yo creo que no, que el verdadero escritor es como el verdadero pobre, que se niega a pedir limosna más por pecar de exceso de honestidad que por orgullo, aunque por ambas cosas; pero al escritor de vocación el acudir a un taller literario le parecerá una afrenta, algo indigno de él, no olvidemos que suelen estar dotados los escritores de un orgullo exacerbado, cuando no de una gran vanidad, porque el escritor, perdone que me repita, con verdadero talento, digamos, innato en él, se negará a que otro escritor (en la mayoría de los casos, mediocre, y que ha decidido impartir talleres literarios ante la perspectiva de que su talento es limitado a la hora de escribir aferrándose a las técnicas como a clavo ardiendo para no sucumbir) le dé clases o le indique el camino a seguir para encontrar el estilo literario que tanto dolor de cabeza les ha producido a los grandes escritores de la historia. No me dirá usted mi querido batuchka, que su talento no le daba quebraderos de cabeza a la hora de afrontar un libro, a la hora de poner sobre escrito una idea.

-¡Claro, mi querido Rodia, claro! Cómo no me iba a dar dolor de cabeza crear personajes como Raskolnikov, o rodearlo de un ambiente apropiado, aunque para esto no tenía más que observar en rededor mío para retratar lo más terrible de las bajezas del ser humano y hasta dónde pueden llevarlo factores externos como la miseria, o internos, porque la miseria no sólo existe en los hombres de una forma física, la peor de ellas no es ésta, sino la que subyace en el cordón umbilical, la que viene como sello de identidad de un individuo determinado, y estoy seguro que éstos son muchos. El mundo está en el estado en que está, bueno y en el que siempre ha estado, por esa calamidad, digamos por esa miseria intrínseca en los seres humanos. No olvide que el hombre, en el mayor de los casos posee un defecto, al menos yo creo que es un vicio, de acumular cosas aunque para ello prive a otro hombre, no sólo de una cosa, sino de su propia vida. El hombre es capaz de atesorar riquezas y ver cómo su hermano muere en la indigencia. Esta es la plaga más devastadora que sufre la humanidad, su propio egoísmo, que la hace incapaz de compartir, y por tanto incapaz de empatizar, de ser solidaria. Excepciones hay en esta gran viña del señor amigo Rodia, excepciones hay, pero éstas son convertidas inmediatamente en actos de ficción, o lo que es lo mismo, en actos de heroicidad, y se nos ha enseñado desde pequeños que los héroes son aquellos que sólo salen en los libros y que por tanto carecen de ese factor determinante que los hace hombres cercanos a nosotros y reales que puedan hacer realidad sus acciones.

-Estoy de acuerdo con usted maestro, pero andando el camino y con la charla hemos llegado a la casa de Quevedo, ¿qué le parece si le hacemos una visita?

-Me parece perfecto, un gran escritor con un genio sagaz lleno de sarcasmo, y ya que estamos hagámosle una visita. También me gustaría ir otro día a visitar la antigua Residencia de estudiantes donde se dio cita lo más florido de niños bien de aquella España, de niños adinerados que eligieron la literatura, o el arte como camino para salir de sus adocenadas vidas de señoritos de pueblo.

-Perfecto, además de que el tema se presta a una buena y extendida charla, y como desde la casa de Quevedo hasta allí hay un largo trecho, que espero hagamos caminando, tendremos tiempo de debatir sobre esos a los que usted, mi querido batuchka, llama señoritos venidos a la capital con el fin de espantar las moscas del tedio pueblerino. ¿Tenía verdadera vocación Lorca de escritor? ¿Acudiría Federico a un taller literario impartido por Espido Freire, por ejemplo, o por Vila Matas?, por citar un par de nombres, al menos de reconocido prestigio literario, otra cosa es que respondan sus obras a las preguntas expuestas en el título de este capítulo:

¿Qué es la buena literatura, quién la selecciona, cómo se llega a hacer buena literatura?

Dos negros literarios honestos

mayo 25, 2012

Recorriendo el Madrid de la letras con Dostoievski

Por Salvador Moreno Valencia

-Seamos honestos mi querido Rodia, pero lo mejor será comer y beber hoy, pasar la noche aquí en la “casilla” del gran Fénix de los ingenios y luego, mañana, cuando el maestro esté reposando de sus largas horas de aventura nocturna, nos vamos por donde hemos venido; no sea que nos quemen en alguna hoguera por decir que hemos escrito las obras de Lope de Vega.

-En verdad, dijo Jesús a sus discípulos…- hice el intento de seguir con esta frase del evangelio, pero me detuve porque acabábamos de llegar a la cocina precedidos por la ama de llaves, que lejos de ser una vieja gruñona, era todo lo contrario: una joven y simpática chica de unos veintitantos, que no escondía sus atributos y que en todo momento se mostró muy complaciente conmigo. Algo menos con Fiódor, pero para demostrar que las apariencias engañan, ésta a pesar de haber estado dándome a entender que me deseaba, acabó metiéndose en la cama con mi querido batuchka. Bien porque se confundió de cama, bien porque prefirió la experiencia de un hombre maduro como él.

Así que comimos y bebimos hasta que nos hubimos hartado, no sabíamos cuándo volveríamos a disfrutar de tan ricos manjares. Y como habíamos decido por unanimidad haciendo acopio de nuestro sentido común, irnos de la “casilla” aun a riesgo de seguir pasando penurias, disfrutamos de todo cuanto en la casa del Fénix se nos ofreció esa noche. Los detalles de alcoba quedan al albedrío de aquellos que gozan de una imaginación ardiente y azarosa. Pero tengo que decir que fuimos trinidad en el asunto: padre, hijo, y espíritu santo atendidos de una bella Magdalena.

Por la mañana, cuando “Eos la de los rosados dedos, hija de la mañana”  apenas había comenzado a teñir con sus suaves manos el lienzo del mundo, salimos de la casa del Fénix de los ingenios por considerar que no sabíamos nada del que nos había contratado: un gran genio, que lo tuvo que ser sin duda, porque dejar esas cientos de obras escritas, no puede ser otra cosa que el resultado del esfuerzo y sacrificio de una creador, aunque en este caso, el mismo, estuviera más tiempo entre los brazos de sus amantes que entre los de Calíope.

Hacía frío aquella mañana. La ama de llaves se apresuró a entregarnos sendas talegas repletas de vituallas, y efusivamente, y sin esconder sus atributos, de los que pudieron gozar los trinos en la noche, nos dijo que volviésemos cuando quisiéramos, ofrecimiento que nos venía como anillo al dedo. Ya sabíamos donde caer de tarde en tarde para satisfacer los deseos del cuerpo, porque, ¿qué es un hombre con un estómago vacío y un escroto lleno?

Mi querido batuchka y yo agradecimos el buen gesto de la Magdalena y ensimismados subimos la calle hasta llegar a la calle León, y allí fuimos hasta “El mentidero de los representantes”, por ver si alguien quería unas coplillas, o unos poemas para regalar a alguna amante díscola. No hubo suerte esa mañana, pero como habíamos comido, bebido y… la noche anterior, y llevábamos cada uno una talega repleta, no nos preocupó el asunto, así que decidimos ir a visitar a otro viejo amigo de las letras, éste con menos fortuna que el que acabábamos de dejar.