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Yo, Daniel Blake

noviembre 14, 2016

Todos somos Daniel BlakeLo han vuelto a hacer. El dúo Ken Loach y Paul Laverty han retratado una buena parte de nuestra sociedad, y lo han hecho con la profundidad y comprensión de los grandes maestros. “Yo, Daniel Blake” representa no sólo el sufrimiento de muchos trabajadores, desempleados y enfermos del Reino Unido, representa los dramas de una Europa cada vez menos del Bienestar.

La película ha creado un gran debate en el país, seguramente porque allí tienen una larga tradición de cuestionar públicamente todo lo que les atañe colectivamente. En España, a pesar de la buena crítica y el éxito en algún festival, la película ha mostrado una vez más nuestra incapacidad de valorar la cuestión social y humana que nos rodea.

Será por eso que en nuestro cine ha triunfado la superficialidad, o la pura apariencia, estilo Almodóvar o – todavía peor- estilo creador de Torrente. No paramos de celebrarlo y mirarnos al ombligo. Almodóvar hasta en la sopa y su “Julieta” a los Óscar. Como ya comentamos en las redes: la Nobel de Literatura Alice Munro podría decir “Qué he hecho yo para merecer esto”. Respecto a Santiago Segura, en breve recibirá la Medalla de Oro de la Academia de Cine.

No sé Uds., a mi todo esto me preocupa; incluso aunque el Cine patrio sea sólo Puro Dinero, abandonado a manos de Productores y Mercadotecnia barata, comida rápida para quien poco conoce el Séptimo Arte. También es verdad que esto no ocurre sólo con el Cine. Respecto a lo que llamamos “Literatura” nuestro país acaba de crear la TeleLiteratura Basura, gracias a Mercedes Milá.

Según dice el artículo enlazado y del que copiamos la expresión, la nueva basura huele tan mal como la de siempre: no hay ni un crítico literario o mero escritor, y de los periodistas culturales ni se habla. La nueva telebasura apuesta como la vieja por el higadillo de los humanos: buenos lectores o no, sólo necesitan las vísceras para opinar. El Populismo, en su peor acepción, también llega a los libros y si no que se lo digan a Trump: se reedita en España su gran obra del 2000, “Nunca tires la toalla”.

Pero volvamos a lo que nos interesa en nuestro pequeño planeta, “El Planeta de los Libros”. Anunciábamos en el último artículo que íbamos a impartir un taller de Comunicación en Derechos Humanos, desde la Literatura y el Periodismo. Finalmente no ha podido ser, aunque seguimos colaborando con la URJC y esperamos volver a hacerlo con su Departamento de DDHH, gracias al cual pudimos organizar el año pasado la jornada “La Libertad de Información en el siglo XXI”.

Como anunciamos en el programa de radio con alumnos del Máster de Periodismo Cultural de esta Universidad: seguiremos colaborando con todas las entidades culturales y educativas que tengan a bien trabajar con nosotros, de forma profesional y acorde con los tiempos.

“Todos somos Daniel Blake” dice la chapita que ilustra este artículo y que Caramel Films nos entregó en su preestreno. Denunciar el incumplimiento de los Derechos Humanos fundamentales: a la vida, al trabajo, al mínimo bienestar, debería ser una cuestión de todos, aunque en ello nos vaya la propia vida; y sin embargo en esto también hay quien pretende sólo aprovecharse para sus propios fines.

Derechos Humanos como Libertad de Expresión o Cultura llevan tiempo mermándose en nuestro país. Tampoco teníamos gran tradición en ello. La falta de madurez explica expresiones tan habituales como esta: si no te gusta el programa de la Tele no lo veas. A lo que cabría añadir: si no te gusta la universidad, el hospital, la escuela o el político: no lo veas. Así, no viendo, será que no existe, que no te va a afectar.

Esta semana el programa de radio tratará un tema humano especialmente delicado. Saben que hasta el mismo jueves por la mañana no desvelamos el contenido, solo adelantar que tiene que ver con estas palabras de Albert Camus: Juzgar si la vida vale o no vale la pena de vivir es responder a la pregunta fundamental de la filosofía. Esa Filosofía que nos hace Humanos. Les esperamos.

Comunicación en Derechos Humanos

octubre 16, 2016
Taller Comunicación DDHH

Taller Comunicación DDHH_URJC

Como indica el cartel, vamos a impartir un Taller de Comunicación en Derechos Humanos (DDHH) en la Universidad Rey Juan Carlos, la Vicedecana de Calidad y Unidades Docentes Delegadas de la Facultad de Ciencias de la Comunicación, Sonia Valle de Frutos, y una servidora, gracias al apoyo del Departamento de DDHH de esta Universidad Pública. El resto de entidades colaboradoras nos ayudarán con información, experiencia y logística, según les iremos contando. Por ejemplo, está prevista una entrega final de Diplomas y Premios, los últimos días de Febrero, si no hay cambio de fechas.

El viernes pasado empezó la difusión de la convocatoria, y el objetivo es que, haciendo honor a su nombre, el Taller sirva de Comunicación en DDHH dentro de la Universidad, base formativa de toda sociedad avanzada que se precie, proyectándose luego a esa misma sociedad, a través de Medios de Comunicación y Entidades Colaboradoras, como en este caso la FAPE (Federación de Asociaciones de Prensa de España), la ACE (Asociación Colegial de Escritores), (AI) Amnistía Internacional y la Representación Española de la Comisión Europea.

La Comunicación en Derechos Humanos, a pesar de los años con que cuenta la materia, casi siempre resulta escasa, pobre, inexistente a veces, y hasta objeto de manipulación y polémica; lo comentábamos en el primer programa de la 13ª Temporada con Iratxe Momoitio, Directora del Museo de la Paz de Gernika. Cuando hemos llevado algún tema de DDHH a “El Planeta de los Libros”: especialmente La Libertad de Información (el enlace es de una de las últimas veces porque ha habido varias desde los inicios; muy recomendable todavía hoy las palabras de Carlos Carnicero hace 4 años en Libertad de Expresión), u otros temas como, por poner dos ejemplos: el Negocio de la Xenofobia, o Niños en Guerra, siempre nos ha parecido poco; quizá por eso intentábamos que los DDHH estuvieran lo más presentes posible en cualquier programa. Así terminamos la temporada anterior con el poeta Marcos Ana, hablando de su obra pero también de sus años de prisión y sus penas de muerte en la Dictadura de Franco.

Recuerdo también la entrevista con Rafael Argullol: Contra la Codicia. A pesar de tener una obra extensa y brillante en muchos aspectos, el Catedrático de Estética nos sedujo por un sólo poema: el que relata el suicidio de un jubilado griego en la Plaza Syntagma de Atenas en 2012. Públicamente, este hombre, abrumado por la indignidad económica, no quiso que éste fuera el legado a sus descendientes, prefirió quitarse la vida y hacer público su mensaje.

Otros muchos programas tienen que ver con nosotros, los humanos, en su totalidad y en cualquier parte del planeta. Hace 10 años, en Letras desde el Continente Africano, hablamos con Antonio Lozano de “El Caso Sankara“, su novela basada en hechos reales que todavía hoy debería enrojecer a algún país que puede llevar el post-colonialismo hasta el asesinato. En el mismo programa Manuel Esquinas, Editorial Zanzíbar, nos nombraba grandes autores africanos como Ngugi wa Thiong’o, desde hace años en las quinielas del Nobel de Literatura, donde tampoco funcionan muy bien los DDHH: “Toda persona tiene los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición” Art. 1, Declaración Universal DDHH (1948)

Volviendo al Taller, el objetivo es que los participantes realicen trabajos escritos desde el periodismo y la literatura en un sentido amplio; además de los conocidos géneros periodísticos, todos los literarios; incluyendo los que pueden tener sólo parte de ello: performances, guiones, o canciones escritas; por poner algunos ejemplos. Todavía más, la Literatura y el Periodismo tienen tantos nexos en común que el Periodismo puede acabar siendo un género literario o la Literatura pura Comunicación periodística.

En el Taller habrá muchas fuentes de información/formación, desde legales a noticias de la actualidad, y por supuesto libros y cualquier otra manifestación escrita y/o artística. El único criterio para valorar los trabajos finales serán los méritos de los textos presentados.

-el Nobel de Literatura,

o lo que debería ser en nuestros tiempos-

Los que nos siguen en Redes ya saben que nos ha parecido falto de criterio que el último Nobel de Literatura fuera para alguien cuyas letras nos dicen poco sobre el papel, habiendo tanto autor vivo merecedor de ello. Después de la boca abierta en el dentista (iba de camino al enterarme y ya no pude cerrarla), reflexiono por qué nos duele a muchos este Nobel, seguramente teníamos este Premio en más de lo que es.

Suecia los inició y fue aplaudida por ello pero, ¿hoy no deberían contar con mayor aprobación global? Nacieron allí pero se convirtieron en referente planetario y, como tales, deben empezar a serlo. Faltan criterios no sólo de méritos sino de reparto equitativo que evite las desigualdades que los DDHH denuncian: raza, sexo, lugar de nacimiento, etc… Falta  transparencia en el proceso de concesión, igual que en la mayoría de Premios, dadas las injerencias no literarias que suele haber. Es verdad que los países nórdicos son referente en muchas cuestiones, y siempre adoré su Ley de Jante, decálogo que incluiría que tampoco ellos son mejores que los demás.

Me comentan amigos nórdicos que en Suecia, además de la Monarquía, gobiernan la Economía 3 o 4 familias acaudaladas. Las concentraciones de poder no suelen llevarse bien con los Derechos Humanos, a pesar de que sea un país reconocido por su labor internacional en esta materia, la ciudadana sueca Barbara Hendricks es un buen ejemplo de ello, después de sufrir de joven la segregación racial en Estados Unidos.

Como decía el guión: “Nadie es perfecto”. Quizá Astrid Lindgren tenga que renacer en su país, y su revolucionaria “Pippi Calzaslargas” volver a hablar con claridad: la comida rápida (aunque le guste a ella misma) es diferente a la Gastronomía. Unir ambas -como reclaman linchadores profesionales en Redes o articulistas oportunistas- sólo nos llevará a incidir en la falta de criterio, deshumanización y banalización, que cada vez más gobierna el Planeta.

2015, Feliz Debate

enero 18, 2015

La Fura

Tras mi sentido pésame a las víctimas del atentado a Charlie Hebdo, y la consternación consecuente aquel 7 de enero, llevo días oyendo de todo; desde el que justifica la rabia de los terroristas en París, al que considera que Rajoy hizo bien manifestándose en la capital francesa cinco días después, defendiendo la libertad de expresión junto a sus colegas europeos.

Ya imaginarán que no comparto ninguna de estas posiciones. No justifico el asesinato, sobre todo de inocentes. No justifico la falsa foto de quien tras los flashes elabora una Ley Mordaza. Lo único que puedo rescatar de todo este horror es el posible despertar de conciencias (por fin a este lado de los Pirineos) que nos alejemos de estereotipos y frases hechas que, aunque sigan enturbiando la mirada, den paso a preguntarnos sobre cuestiones más esenciales: ¿qué es la libertad de expresión?, ¿cuáles sus límites?

La famosa frase de Voltaire: no estoy de acuerdo con lo que dices pero lucharía hasta la muerte porque tengas el derecho a decirlo, fue pronunciada por Javier Campillo en el primer programa del año: En defensa de la cultura y la libertad de expresión. La sentencia del filósofo francés sigue siendo actual siglos después porque mantiene la altura de un Derecho Fundamental vilmente agredido ahora y todavía no suficientemente entendido. Si no, que se lo pregunten al Papa Bergoglio, que ha confundido la palabra con la violencia; y no es el primero ni el último. La propia Iglesia Católica, entre otros, ha utilizado la palabra con fines violentos.

Lo primero que hay que delimitar es que la palabra no debe ser considerada violencia. Si eso ocurre – y lamentablemente es así muchas veces-, tenemos déficit de libertad de expresión: no sólo no estaríamos dispuestos a defender hasta la muerte que otro diga algo con lo que no estamos de acuerdo, nos arrogamos la capacidad de hablar con violencia o – lo que es igual- asumirla, acobardarnos ante ella. Lo mejor que se puede hacer para paliar esta situación es reivindicar la libertad de expresión, la necesidad de debate.

Mi otro contertulio en el primer programa del 2015, Francisco del Barrio– ante una pregunta en torno a los casos más fragantes de falta de libertad de expresión en España, y el caldo de cultivo de la censura más sutil que sirve para cocinar el día a día en los grandes medios- lanzaba lo que podía ser un gran titular: “en España la libertad de expresión es un tabú. Está todo por hacer”. Un tabú que del Barrio  -barruntando las declaraciones de Bergoglio- puso en relación con la religión Católica “que ocupa todo en nuestro país” (a partir del minuto 19).

Los días 5, 6 y 7 de marzo, vamos al Congreso que organiza la Plataforma en Defensa de la Cultura, y a las actividades previas y posteriores que anuncian, incluyendo el evento “Todos somos Cultura” el domingo 15 de marzo. El objetivo es claro, unir Cultura y Libertad de Expresión, como hicimos en este programa de radio, porque o van unidas, o no van.

La foto de este artículo pertenece a la cantata de Carmina Burana de Carl Orff por La Fura dels Baus, este fin de semana en Madrid. Un gran espectáculo, de hasta 90€ la entrada, en un teatro público de la Comunidad de Madrid. Impresionante ejecución musical y puesta en escena (llegaban los olores y el agua a la segunda fila); pero cómo no preguntarse en estos tiempos por todo lo que se podría hacer con este tipo de presupuestos por la cultura más democrática y cotidiana, y su necesaria difusión. Qué ocurriría si la cultura fuera menos elitista, más reflexiva, y viajara en compañía de la libertad de expresión y el debate.

Feliz 2015.