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Extraños

julio 13, 2012

Recorriendo el Madrid de la letras con Dostoievski

Por Salvador Moreno Valencia

Tuvimos suerte, al llegar nos recibió el mismísimo director, el señor Jiménez Fraud. Lo que nos sorprendió porque parecía éste muy ilusionado con nuestra visita.

-¡Mis queridos señores! ¡Bienvenidos sean a nuestra humilde residencia! Los estudiantes y algunos invitados están ansiosos por oír sus ideas -No cabía duda, el señor Jiménez nos estaba confundiendo con sus conferenciantes, a los que no había visto nunca, pero de los que sí había leído todo.

-No se preocupe amigo -dijo Fiódor-, le agradecemos su calurosa bienvenida, pero creo que está usted equivocado, nosotros sólo pasábamos por aquí… -esta coletilla me recordó a una canción que años más tarde pondría de moda un cantante progre socialista o comunista, que hizo famosa aquella letra de “presiento que tras la noche vendrá la noche más larga, quiero que no me abandones, amor mío al alba…”.

-¿Cómo que una equivocación?, no puede ser, querido amigo, no podría confundirle a usted, a su amigo tal vez -dijo mirándome mientras me estrechaba la mano-. ¿Cómo puedo equivocarme con un talento como usted querido? -Efectivamente el señor Jiménez parecía conocer al maestro. ¿Me había engañado Fiódor y me había llevado hasta La Resi, donde estaba invitado a dar una conferencia, dándome a entender otra cosa? Pensé que debía de haber un error, mi querido amigo no me iba a engañar así, máxime cuando no tenía por qué, ¿o sí?

-Le presento a mi querido Rodia –dijo el maestro, el director de la residencia me había estado apretando la mano un buen rato hasta que por fin Fiódor dijo-. Perdone mi desatención con mi amigo, le decía que él es… -En ese momento en que se disponía a decir mi nombre al director se acercó presuroso un estudiante haciendo aspavientos con las manos.

-Ustedes me van a perdonar pero señor director ya están aquí los conferenciantes.

-Sí, ya lo sé, señor Buñuel, les estoy dando la bienvenida -El señor Buñuel, ya con las manos detenidas y colocadas en los bolsillos nos miraba atónito, y con extrañeza.

-Pero… -se detuvo y nos volvió a mirar de arriba abajo como si tuviera por ojos una cámara para hacer cine- …sin duda señor director aquí hay un error -volvió a decir.

-Efectivamente, amigo -respondió el maestro-, eso trataba de decirle al señor Jiménez, que nos ha debido confundir con otras dos personas, y él nos decía que no, que cómo se iba a equivocar habiendo leído toda nuestra obra, cosa esta que me extraña porque aquí ni mi querido Rodia ni yo tenemos muchas obras publicadas, al menos yo no las tengo traducidas todas, y mi compañero ni traducidas ni publicadas.

-Evidentemente, he debido cometer un error al confundirles con nuestros conferenciantes, cosa insólita en mí, que suelo documentarme bien sobre los que vienen a deleitarnos con sus arengas, sus ideas y sus conocimientos. Me van a permitir, y perdonen -dijo y se fue con el señor Buñuel dejándonos allí en la entrada de La Resi sin más atención. Yo me dije que ya que estábamos allí debíamos quedarnos a oír la conferencia y a salir de dudas y saber quiénes eran aquellos con los que habíamos sido confundidos. ¿Cuál no sería nuestra sorpresa cuando llegamos a la puerta por la que se accedía al salón donde se iba a dar la conferencia? No teníamos invitación y el señor que estaba en la puerta para permitir o no el acceso a la sala, hacía muy bien su papel, y cumplía al píe de la letras su cometido. No nos dejó entrar aunque apelamos a que se personase el director del centro para que nos dejase disfrutar de tan magnífica conferencia. Cosa que nos fue negada rotundamente por aquel gendarme de la cultura y la enseñanza libre.

Como no habíamos tenido éxito en La Resi, decidimos volver por donde habíamos venido con la sensación de haber sido ninguneados por unos cretinos. Por el camino de vuelta al centro deLa Villa, nos detuvimos en una taberna donde curiosamente conocimos a un inglés que había decido venir a vivir al sur de España, era un tipo alto, y como dicen en mi pueblo: tan lacio; con los brazos tan largos, y con aquel sombrero, y aquel traje de pana. Llamaba la atención no solo por su indumentaria, sino porque sobre la mesa a la que estaba sentado había un atillo de libros y él anotaba sin descanso y sin levantar la vista en un cuaderno de hojas amarillentas.

-¿Permite que compartamos su mesa? -pregunté al ensimismado escribiente. Se detuvo, me miró directamente a los ojos y me dijo:

-Les estaba esperando señores, qué alegría verles.

Nos sentamos con el inglés y pedimos una jarra de vino, y escuchamos de boca del escribiente la historia que éste estaba viviendo en un pueblo de Granada llamado Yegen.

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La Residencia “La Resi”

julio 6, 2012

Recorriendo el Madrid de la letras con Dostoievski

Por Salvador Moreno Valencia

 

-Los marginados y exiliados somos gente sublime, perdone este adjetivo más propio de los románticos a los que todo les parecía de una elevación extraordinaria, pero es lo que creo. Mire, mi querido Rodia allá a lo lejos ya se puede ver La colina de los Chopos, ¿la ve, allí, la famosa Resi?

-Sí, maestro, puedo distinguir sobre aquel altozano el lugar donde se iría a reunir “una minoría selecta de hombres y mujeres cultos consagrados a mejorar el país y el destino de éste”*.

-Lo que pasa que como todo en la historia de la humanidad que está destinado a mejorar al hombre en un sentido de humanismo alejado de las convicciones establecidas por Estado, Iglesia… será atacado por mentes retrógradas y conservadoras.

-Más bien, diría yo, neoconservadoras.

-Sin duda, pero hay algo de destructor en sí en el proyecto -que dice haber nacido con fines altamente elogiables y dignos, ya que estaban destinados a dignificar al hombre y “a tender puentes entre las ciencias y las humanidades”**, según su director Alberto Jiménez Fraud, el mismo que seleccionaría cuidadosamente a los alumnos para asegurarse de que existiese siempre un equilibrio entre las “dos culturas”-, porque al mismo tiempo se practicaba, de algún modo, la exclusión, porque no todos podían entrar.

-Pero, ¿no cometió un gran error al ser tan selectivo?

-Al ser selectivo se es excluyente, porque deja exiliados a muchos y otorga privilegios a unos pocos, evidentemente a los que podían permitirse costear los gastos que suponía entrar en La Residencia.

-A los hijos de una clase burguesa que basa su riqueza en la opresión del obrero al que tiene sumido en la miseria, ¿no?

-A eso se le llama elitismo social, y por mucho que la junta de “La Resi”, procure dar plazas a los menos privilegiados, entre los mismos estudiantes que en ella residen se practica la selección y se elige a según qué estudiante por los méritos que éste haga, como es el caso de Lorca, que inmediatamente se ve inmerso en un grupo elitista de futuros intelectuales como Dalí, Buñuel, Bello…

-Pero por La Residencia pasó un gran número de escritores, pensadores y músicos que con sus conferencias y conciertos dejaron su impronta en los alumnos “privilegiados”.

-El mismo Federico García Lorca entra en “La Resi” recomendando por Fernando de los Ríos. Y Dalí solía jactarse diciendo: “Éramos realmente de una magnificencia y generosidad sin límites con el dinero ganado por nuestro padres por su trabajo” ***. Esta frase dice mucho sobre el carácter de los estudiantes que vienen a La Residencia.

-Sí, es cierto, entonces, ¿cree usted mi querido batuchka que La Residencia es un lugar excluyente que facilita las cosas a los niños bien que pertenecen a la clase burguesa?

-No sólo lo creo, sino que lo aseguro, pero hay que tener en cuenta que muchos de esos niños bien son verdaderos genios que vendrán a demostrarlo con el paso del tiempo, pero: ¿cuántos otros genios se quedan en la alcantarilla, por mucho que nos llenemos la boca cuando decimos que si se tiene “Talento” éste siempre tiende a salir a la luz para bien de la humanidad?

-Los genios no sólo necesitan serlo sino que además han de contar con la ayuda y el beneplácito de gente como Fernando de los Ríos, o su hermano Giner, o el mismo director de La residencia, en la que tan sólo unos pocos tienen la suerte de estar y por tanto de recibir una enseñanza acorde a lo que sus bolsillos pueden pagar. ¿Dónde está, mi querido Rodia, el verdadero concepto de “Libre Enseñanza”, y cómo se pone al alcance de la clase que tiene los medios para sustentarlo? La burguesía crea sus escritores, sus pintores, sus pensadores, sus científicos y los selecciona entre sus hijos, por tanto su actitud al respecto no puede ser de otro modo que cínica y perversa, ya que para que esto ocurra, debe mantener al resto en la más absoluta ignorancia.

-Muy acertado planteamiento, mi querido batuchka, ¿cómo cree que nos recibirán, según su argumento en “La Resi”?

-Cada cosa a su tiempo, no hay nada mejor que comprobar las cosas por uno mismo, así que hagamos el último trecho del camino y disfrutemos del jardín de adelfas que, al creador del burrito de algodón, le estuvo quitando el sueño cómo colocar tres adelfas rojas y una blanca rodeadas de un seto de boj, y es que para todo hay que ser un genio.

*, **,***: Datos sustraídos del libro Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca, de Ian Gibson.