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Nada que perder

diciembre 16, 2015

Imagen de “Nada que perder”: Cervantes, Cobrador del Frac

El último programa del 2015, este jueves 17, lo dedicamos a una obra de teatro, estrenada hace poco y que ya tiene prácticamente las entradas agotadas. Se trata de “Nada que perder”. Y ha provocado tan buena acogida que volverá el próximo año, en primavera, a la sala Cuarta Pared.

¿Qué tiene la obra que ha conseguido tan buen recibimiento? No se trata de un entretenimiento o apuesta comercial, en una gran Sala o con el habitual marketing mediático, que desde hace tiempo ya utilizan también los Teatros Públicos. Tampoco entra dentro de la categoría de actividades culturales varias donde la profundidad no existe, las que se hacen fácilmente populares. “Nada que perder” habla, como anticipa el título, de la situación insostenible de El/Ella, aquellos que nada tiene que perder, todos los que se encuentran en esa situación socio-económica, que son muchos en el mundo, pero que en la obra no se avistan tan lejos, sino que se ubican aquí y ahora, en la España actual, que no es Marca España.

Es fácil hablar de problemas políticos o económicos: el descrédito es casi absoluto, mientras su popularidad sigue al alza, acercándose cada vez más por su información y opiniones a la tipología de contenidos basura, especialmente en los Medios de Comunicación. “Nada que perder” no se conforma con esos fuegos de artificio momentáneos que llegan a máximos de audiencia y provocan estrellas mediáticas. Esta obra no puede perderse en el corto plazo, su preocupación es social y cultural, asuntos que viven a largo, tan eternos como el propio ser humano, entendido como humanidad.

El éxito de la Sala Cuarta Pared no ha llegado de la nada, en 2016 cumplirá 30 años y, a lo largo de estas tres décadas, tiene otras muchas obras importantes y premios. En la entrevista de este jueves 17, Javier García Yagüe, uno de los fundadores y su director desde 1991, nos confirma su trabajo en equipo, su línea artística de compromiso social, su capacidad de reflexión y crítica. “Nada que perder” surge del trabajo de cuatro dramaturgos que se preguntan -y nos preguntan- por los fallos de nuestra mecánica social, y cómo ello afecta toda nuestra existencia, desde los principios de convivencia a la cultura laboral, mientras nos entretenemos con los fuegos de artificio políticos o económicos también presentes en el texto.

La obra  surge en un Teatro donde se ama y se trabaja por la cultura y, por si esto fuera poco, se la valora socialmente, como necesidad imprescindible. Lejos de los responsables culturales de otros ámbitos, incluso mediáticos, que ahora abogan porque la cultura entre en el debate político electoral, ¿a estas alturas del siglo XXI?, ¿en este país seguimos pidiendo eso?, ¿por qué no aspirar a que la política sea un pequeño ámbito de la cultura? Quizá porque los grandes Medios están en una situación lamentable, zarandeados por intereses políticos y económicos, como constatamos en octubre en el programa “libertad de información en el siglo XXI” y posteriormente en la Jornada de mismo título que organizamos en la URJC.

Por todo ello, son siempre necesarios los pequeños-grandes lugares como Cuarta Pared o Radio Círculo. Ahí intentamos desde hace tiempo otra comunicación, lo intentamos. En las anteriores elecciones regionales, en la primavera de este año, desde “El Planeta de los Libros” pedí a los cinco principales candidatos una entrevista para hablar de Cultura en la emisora. La respuesta fue nula. Los políticos siguen sin tomar en serio la cultura y todo lo que sea a largo plazo, pero las ideas acaban reflejadas, aunque sea cínicamente, en los grandes medios, y de ahí las peticiones de que al menos mencionen un autor o un ensayo (con el título adecuado).

En otros países los políticos tienen un currículo cultural, previo y conocido antes de su elección. Aquí y en buena parte de los países menos avanzados seguimos con la incapacidad de entendimiento entre cultura y política. Ocurre incluso ahora cuando tenemos bastantes estrellas culturales en la política (y por tanto en los poderes mediáticos y económicos asociados). Siempre tuvimos algún escritor metido a político, normalmente saliendo escaldado, pero ahora la tendencia va a más. Hay un cierto glamur en incluir un escritor@ en las listas electorales independientemente de su valía como tal, de hecho los que aceptan suelen ser los más mediocres.

En el info-entretenimiento político en el que nos encontramos, me fijo especialmente en estas estrellas culturales que llevan meses haciendo pinitos como candidatos a próximo ministr@ de cultura. Antes del verano leí el anuncio de un evento titulado: “Qué haría si llegara a ser ministro de cultura” (o algo así) se celebraba en una librería donde un supuesto escritor de izquierdas respondía a las preguntas de un supuesto periodista (creo que de derechas).

Como suelo hacer no doy nombres, porque más que señalar a las personas me interesa el esperpento embellecido siglo XXI al que asistimos. Por otra parte, simplemente por mencionar estas artimañas, los aludidos se enteran y ya señalan a la culpable, con los vetos y problemas consecuentes. Sólo añadir que a aquel supuesto escritor lo tuvimos gestando en Radio Círculo, hace tiempo, y le pusimos el siguiente mote “si quieres conocer a fulanillo dale un carguillo”. En la emisora desde hace más de tres temporadas no tenemos técnico de sonido, nuestra FM fue vendida hace más de un año y, últimamente, no podemos editar programas (nos llevamos nuestro propio ordenador) y a veces no funcionan los equipos.

Si llega a Ministro el de la charla, no quiero imaginarme cómo acabaremos. Aunque nunca se sabe si hay males mayores esperándonos. También suenan posibles ministros de cultura en los partidos de la derecha y -casualidades de la vida- también ahí tenemos un@ conocid@ de la emisora. Entre los más firmes candidatos, una llamada escritora que ni menciona Radio Círculo en su currículo, quizá no quiera que se investigue. Como me comentaba García Yagüe off the record, lo peor de las actuaciones poco éticas es que van a más cuanto mayor es el poder que se tiene: “el carguillo”. El Currículo ético tampoco se trabaja en Política.

Así y todo esperamos el 2016 con cierta alegría, no puede ser tan malo como nos lo pintan. No hay “Nada que perder”, lo perdimos hace tiempo, estamos en situación extrema, aunque como bien dice el director de la obra de teatro, son esas situaciones las que tiene que evitar la sociedad, no podemos esperar que a pesar de la injusticia nunca ocurra nada.

Cerremos 2015 con una anécdota de la Radio, entre las muchas de programa a programa y fuera de ellos: “Saben aquel@ que dice.. “, estilo el gran humorista Eugenio, “¿qué necesitáis en Radio Círculo?, yo se lo hago llegar a Carmena (Alcaldesa de Madrid)”. Quizá los nuevos políticos empiecen a preocuparse por la cultura, más allá de festivales culturales navideños, de momento respondí a la pregunta que me dijera con quién tenía que hablar para llegar a Carmena, me encargaría encantada y personalmente de exponerle nuestras necesidades. Sabía que no habría respuesta. Muchos asuntos tienen que cambiar este 2016 y, desde luego, sería sólo el inicio de un cambio que requiere tiempo. Feliz Año, Felices Años.

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Miedo a hablar

septiembre 15, 2014

TallerRadioEl título podía haber sido diferente: “Taller de Radio“, “Antes de la 11ª Temporada“. Se trata también de eso, antes de la nuevas emisiones haremos un Taller abierto al público en el que queremos reivindicar la capacidad, y la necesidad, de la Radio; la importancia de hablar públicamente, de comunicarnos socialmente, más si cabe en el ámbito de la cultura. Y todo ello con miras a las 11ª, porque también es verdad que tal y como está el panorama de las ondas culturales o aunamos y hasta descubrimos nuevos valores, o el fin del precipicio se acerca.

Haremos el Taller el último fin de semana de septiembre, como dice el cartel de La Puerta Estrecha, y será precisamente en este Teatro, uno de los que más se preocupa por unir escena y literatura y, también avatares del destino, el lugar donde surgió la idea.

Desde que lo anunciamos, las personas interesadas son muy variadas. Hay dos grupos que destacan: profesionales de la comunicación o de profesiones en las que la comunicación es imprescindible, desde la abogacía a la psicología. Y, en segundo lugar, a los que quiero dirigirme especialmente, otras muchas personas que, con menos experiencia, han realizado trabajos o aficiones que mucho tienen que ver con la comunicación verbal, empezando por la interna, también llamada pensamiento: teatro, lecturas, escrituras, reseñas, presentaciones y un largo etc.

Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos hablamos, con nosotros y con los otros. Y hablamos mucho los españoles, dicen algunos. Y será cierto, pero no destacamos especialmente por nuestra comunicación pública, o al menos no como los mejores. Hace más de 20 años me maravillaba la radio de la BBC, no sólo por sí misma sino por sus oyentes. En las relaciones interpersonales los españoles podemos ser más comunicativos que los anglosajones pero después de años viviendo allí (y muchos más aquí), no me cabe la menor duda de que al oyente medio le cuesta más trabajo hablar públicamente en las emisoras de radio de nuestro país. Me refiero no sólo a la forma, a la educación y al civismo, sino también a la elaboración del discurso, a la relevancia y hasta profundidad del contenido. Será que seguimos la estela de tanto tertuliano, tanto político, tanto empresario, y hasta financiero, que tenemos por aquí y que no destacan precisamente por su verbo.

En la última entrevista que le hice a Soledad Puértolas, en la Feria del Libro de Valladolid 2013, la escritora me sorprendía con una reflexión que creo refleja muy bien nuestra trayectoria y situación: “En España nos da miedo hablar”.  Sea la historia del país, su nivel educativo, la cultura en general, o cierta desvalorización hacia la comunicación pública y colectiva, lo cierto es que en esta esfera parece que siempre hablan los mismos, y no precisamente muy bien. ¿Cómo revertir una situación tan pobre y que parece ir a más si no lo remediamos? Sin duda, mejorando todos esas carencias que mencionaba y otras muchas, pero también enfrentándonos al miedo a hablar. Para ello, la Radio puede ser una de nuestras mejores herramientas.

Es mi propia experiencia. La primera vez que me senté delante de un micrófono me quedé en blanco. De nada valió mi gesto de terror, los ojos como platos, lo bien vestida que iba o la ansiedad del resto de contertulios; sólo la voz, sólo sobreponerme a ese instante de pánico y hablar, podía salvarme. Por supuesto no lo hice, el director de aquella emisora habló por mí. La moraleja: nunca más volví a quedarme en blanco, podría volverme a ocurrir, cierto, pero ese recuerdo se me quedó mucho más grabado que otro tan importante como aprender a hablar de niña, de lo que ni me acuerdo. A hablar en público aprendí con las únicas herramientas de las que se dispone en la Radio: la voz y el pensamiento. Da igual todo lo demás que ocurra alrededor, la palabra y su sonido se sitúan por encima. ¿Se imaginan mejor aprendizaje para cualquier otra comunicación pública?

Al cabo de los años, no es que sea la gran comunicadora que me gustaría ser, hay que seguir aprendiendo pero, si recuerdo a aquella niña que no despegaba los labios ante las visitas, ya tengo mucho que agradecerle a la Radio, y no sólo en lo profesional.

Si se animan a acompañarnos, recuerden que la vergüenza la dejaremos fuera del taller, que no estarán solos, sino dentro de un grupo de Cómplices Radiofónicos. Y que nosotros somos los primeros que queremos que disfruten y aprendan de la experiencia, que aprendan y disfruten mucho, tanto como para colaborar después en El Planeta de los Libros, o allí donde quiera que les apetezca.

Radio española

junio 26, 2013
V Premios Música Independiente

V Premios Música Independiente

 

Poco se habla de la Radio Española, ¿no es necesaria la autocrítica a la vista del panorama actual? No se trata de criticar  lo fácil, no vamos a ocuparnos de los divos de la radio, de momento, sean de uno u otro bando y censurados más por eso que por la radio que hacen.

La politización de la sociedad, al menos de sus medios de comunicación más vistosos, no es nada nuevo. Junto a ello, otro fenómeno es casi más preocupante: la concentración en unas pocas manos. No me refiero a la concentración empresarial de los medios privados que, como cualquier empresa, tienden a ello y ahora más con el beneplácito de la última Ley General Audiovisual, aprobada por los socialistas.

La concentración más preocupante para mí es la que se hace con dinero público, léase Radio Nacional de España. Es verdad que internamente andan a la gresca entre las distintas emisoras, lo que  no es nuevo y hace que unas tengan más poder que otras según el reparto del momento. Externamente sin embargo es otra onda.

Poco se sabe de los patrocinios culturales de Radio Nacional,  esa forma de publicidad que existe en sus emisoras como ocurre en TVE, ya que la Transparencia no es habitual en la casa. A no ser que haya una Auditoría no nos enteramos ni de la mitad. Como pasó cuando nos informaron que Rafa Nadal estaba recibiendo una pasta pública sólo por informarnos qué tal le había ido el partido. Algunos están de acuerdo: que el dinero público pague a las estrellas, para mí es una barbaridad, una aberración de otros tiempos,  residuo de otros regímenes independientemente del nombre que quieran ponerle acorde con estos tiempos. ¿Y si iniciamos una campaña para que Nadal devuelva ese dinero público? Más ironía aún ¿quién más cobra, quién más podría cobrarlo? ¿Es acaso nuestro Nobel de Literatura Vargas Llosa menos relevante que Nadal?

Y es que no sólo de estrellas deportivas vive el Ente Público. La Concentración que estamos pagando llega a todos los ámbitos. Hace poco asistía a la gala de los Premios de la Música Independiente y, ¿qué me encontré allí entre las estrellas independientes de la música? A RNE, más concretamente Radio 3, copando el acto hasta el paroxismo. A uno le puede extrañar que cuando se habla de Independencia se hable de Radio Nacional; también estaba allí la Fundación Autor de la SGAE, otro tan Independiente como para llevarse el dinero de sus propios socios.

Cómo sería la actuación de Radio 3 en la gala que la única otra emisora presente: “Radio Gladys” tuvo que contestar al grito de Mara Torres: “Cuando digo radio, digo radio 3” con un “Cuando digo radio, digo radio española”. En fin, digamos, al menos de momento, radio española. Por nuestra parte, en la pequeña -pero digna- Radio Círculo, se ha cerrado ya la programación hasta octubre. Quizá emulando a los grandes, la última emisión de “El Planeta de los Libros” fue la semana pasada, y en directo en mayo, como “Cuéntame”.

Ellos y nosotros esperamos volver en Octubre. Si es que todavía hay espacio para la radio cultural y para Radio Círculo en la radio española; que no se cumplan los peores augurios de Xavier Caño Tamayo:  Los medios de comunicación, cómplices necesarios de la crisis-estafa

 

El precio de la literatura

junio 4, 2013
Feria del Libro de Madrid 2013

Feria del Libro de Madrid 2013

Estos últimos días me han deparado más de una sorpresa, como es habitual en el planeta al que nos llega información de todo tipo, de libros y actividades relacionadas. Lo curioso en esta ocasión es el cariz repetitivo de algunas de ellas ¿Qué hace una Antigua Responsable de Cultura -nada menos que de la Moncloa o Presidencia del Gobierno si lo prefieren– dentro de un ciclo de Poetas en la Resistencia? ¿Le costará llegar a fin de mes, a pesar de que suponemos tiene ya ganada una pensión o similar tras ocho años de numerosos esfuerzos? ¿Le entraron ganas, de repente, de situarse junto a los que nunca confraternizaron con el poder, o sencillamente le gusta estar en los dos lados, en todos lados?

¿Qué hacía uno de los máximos responsables del mayor libródromo del país hablando recientemente de la necesidad de resistir culturalmente en los tiempos en los que estamos? ¿Va a poner sus escaparates al servicio de la resistencia cultural? ¿O se trata de utilizarla, convertirla en una mera fachada, en esta ocasión en una entrega de premios? ¿Es posible contentar al personal “cultural” de esta manera rápida y eficiente, hasta el punto de que le aplaudan entre vapores de vinos y cervezas?

¿Qué hace un escritor, que tampoco desdeñó el poder hasta el punto de dirigir el Instituto Cervantes en Nueva York, escribiendo ahora sobre los desmanes en la administración pública, y los políticos que otrora frecuentó, en las últimas décadas? Por muchos Salvados TV que le hagan, me temo que inicie una bajada por la senda de credibilidad, pareja a la de esos programas de televisión que con su cuidado sensacionalismo resultan una auténtica enseñanza maquiavélica, al menos para los de la profesión, o para los que no aplauden como en los toros o el fútbol al grito de viva el espectáculo.

Volvamos a estos tres casos, ejemplos de los muchos Intelectuales de Consumo a los que se refería José Antonio Fortes en el audio de uno de nuestro programa hace años. La Primera –que se sepa- hizo poco o nada por la poesía de la resistencia, cuando pudo hacerlo, cuando tuvo todo su dinero -el del pueblo- al que ahora parece no le queda otra que seguir resistiendo las malas gestiones pasadas, y aplaudir los supuestos beatíficos deseos de sus responsables.

El Segundo, indudablemente, está más interesado en vender cultura que en la cultura en sí misma. Claro que también saben los comerciales que hay que apelar a misión, valores y hasta responsabilidad social empresarial para llegar a ciertos públicos. Y ya me dirán si los de la cultura no aprecian precisamente que se les endulce el producto, hasta el punto de que llegue a pagar incluso más de su valor gracias a una buena campaña de ventas. Aquí entra el título de este artículo.

Antes de llegar a él, hablemos de El Tercero. Es sin duda el caso que más me apena. Por supuesto lleva décadas perteneciendo a la élite cultural e institucional, esa a la que alguna vez pedí en este blog que ayudara a elevar nuestra situación cultural y hasta mediática (también pertenece a uno de los mayores escenarios mediáticos). Sus amigos quizá crean que pretende por fin iniciar ese camino, responsabilizarse él mismo de la situación y cambiar de rumbo. Personalmente, estoy empezando a dejar de creer.

El precio de la literatura es un título que hace referencia a lo que pagamos por un libro, aunque también hay referencias más sutiles: lo que pagan los autores, el precio de venderse, lo que dan más allá de la literatura hasta el punto de acabar cargándose su propia creación.

Después de escuchar al responsable del mayor libródromo del país la pasada semana, surge una conversación con un poeta sobre el precio de la literatura. Me hace reflexionar lo caro que pagamos un Premio Planeta o cualquier otro cada vez más carente de valor literario (20 €?) cuando por 11€ nos hacemos con toda la poesía de Quevedo. Arguyo que el insigne escritor del Siglo de Oro no está en el candelero mediático, no se hace dinero rápido con su literatura, no se consiguen fondos para montar un festival pongamos por caso en Getafe. La literatura no está en consonancia con su precio de mercado, ni con los fondos de dinero público, ni con un mínimo de coherencia.

Karl Marx, esa mujer

Karl Marx, esa mujer

Como colofón, acaba de llegarnos a este planeta El Capital de Karl Marx en versión manga. Herder Editorial anuncia que se han vendido más de 120.000 ejemplares de este libro sólo en Japón. Comprar y leer no presupone estar de acuerdo con los contenidos, y quizá sea buena la actualización, la ilustración, y relectura en estos tiempos. Hace unos días asistí en el Teatro La Puerta Estrecha a una representación de Marx en Lavapiés; a pesar de algunos problemas de libreto y ciertos monólogos excesivos por extensos e intensos, la obra es recomendable aunque sólo sea por observar a Marx interpretado por una mujer. Otra forma de actualizar permanentemente iconos propios y ajenos.

Iconos como La Divina Comedia, a la que ya dicen los críticos no ha conseguido ni acercarse Dan Brown, qué esperaban. Eso sí, sus ventas siguen elevadas, al igual que su precio (y ya saben que los libros una vez pagados, si no te satisfacen, no te devuelven el dinero). La semana pasada preferí el Brunch de la Editorial Bruño, con su nueva colección para niños de 0-3 años, que escuchar su rueda de prensa, nada menos que en la Biblioteca Nacional, ¿para eso está? El mundo al revés. No le escuché en directo pero, lógicamente, me llegaron algunas de sus grandes reflexiones, en concreto ese argumento tantas veces utilizado por lo peor del mundillo editorial: gracias a esas grandes ventas, otros autores pueden publicar. Me imagino a un mal artista plástico vendiendo a mansalva y justificándose así ante la crítica y resto de artistas. ¿No han caído tan bajo, no? Quizá estén a punto de ello, y la literatura pueda ayudarles en el camino. Crear salva-patrias parecía algo del pasado, pero de nuevo mis esperanzas se disuelven. En realidad no teníamos suficiente con los salvadores aguantados todos estos años en la política, la economía, la judicatura, el periodismo… Ahora llegan los Salvadores Literarios. buen y elevado precio. Y nadie dice: nadie dice nada.

Una sonrisa para el final. A primera hora de la tarde, cuando abandonaba la Feria del Libro de Madrid (posiblemente hasta el 2014), dos chicas me preguntan si quiero un marca-páginas, así sin más, sentadas en uno de esos sombreados bancos del Retiro. Con la mente puesta en este artículo, pregunté, ¿cuál es el precio? Nada, me contestaron, es gratis, los chicos han cogido demasiados, para qué queremos tantos. ¿Qué podía hacer ante mi pregunta y su respuesta? ¿Cómo agradecer la llegada de  nuevos lectores tan generosos? ¿Queréis aparecer en el Blog del Planeta, el blog de un programa de radio que se llama El Planeta de los Libros? Sí, dijeron encantados. Y posaron para la foto.

Nos regalaron marca-páginas

Nos regalaron marca-páginas

Ha llegado un nuevo sol

junio 4, 2011

Cartel en Biblioteca Acampada Sol

Después de la llegada del “Sálvame” de los libros , esa Feria  que todavía no hemos pisado, por suerte (porque no nos ha hecho falta), damos la bienvenida a otros eventos, otros encuentros, donde sí pisamos, y nos involucramos. Son nuevas apuestas, y por tanto arriesgadas pero a las que la situación cultural y mediática nos empuja. Necesitamos arriesgarnos, los intentos lo valen incluso aunque se queden en eso y, además, creemos que sólo colectivamente saldremos de esa olla hirviendo donde pretenden cocernos a casi todos como ranas. Sí, me refiero a la historia de la rana hervida, esa que circula por internet y que contamos hace poco en Ágora Sol Radio, a partir de la hora y cuarto de este podcast 

En la nueva emisora digital, Ágora Sol, idea de la Comisión de Comunicación de la Acampada de la Puerta del Sol, llegué a proponer hacer un programa de libros, aunque dado los múltiples pluriempleos a los que una se ve obligada, de momento vamos a dejarlo en colaboraciones literarias y/o culturales en los programas que ya se van estableciendo. A nueve días de su nacimiento, he participado en un par de programas y sin duda la entrada más literaria fue la del jueves pasado. Ese 2 de junio me hice eco de la iniciativa de casi 40 blogueros que llevaron microrrelatos por y para la Acampada a la Puerta del Sol.

Resumiendo, después de contarle a Gerardo en La persiana la Historia de la Rana, pasé a leer algunos de esos microrrelatos. Claro, la conexión telefónica no es muy buena, pero si esto es así a los siete días de nacer, imagínense a los catorce días, a los tres meses, o al año. La fuerza de todo lo que surge en Acampada Sol es impresionante. No sólo por lo que digan desde fuera. Desde dentro se ve gente trabajar unida, que dos días antes no se conocían, trabajar por secciones, trabajar la parte técnica, trabajar el diseño, trabajar la redacción, trabajar la relación con los demás, y sobre todo tomárselo muy en serio. Hay deserciones también claro. Pero en todo movimiento de cambio, de progreso en el sentido de mejora, lo importante es mantener el objetivo común.

Un día antes de emitir ese streaming (directo por internet) de Ágora Sol Radio, grabo El Planeta de los Libros que podrán escuchar este domingo en Radio Círculo, y el lunes en nuestra web. En el estudio cuento con Adaya, a la que bautizo como el espíritu de la acampada, como ya hizo Gerardo antes que yo en Ágora Sol. Ha venido aunque se encuentra mal ese día, y a pesar de la precariedad laboral de su 18 años. Nos cuenta su experiencia, que participa en seis comisiones, también lee algunos de los microrrelatos de los blogueros. Kike y Nacho, del grupo Derrumbe, son casi igual de jóvenes que Adaya, y con la misma energía valiosa y positiva tan habitual en la Acampada, esta vez expresada en canciones: “un día más”, o “ha llegado un nuevo sol”, que da título a este artículo.

Y no entiendo cómo no se habla más en los Medios de Comunicación de la cultura de la Acampada. Debe ser un tabú. Que siguen más preocupados por los famosos de las páginas cuché que por los movimientos colectivos. A Ágora Sol Radio han llegado las primeras peticiones de entrevistas, pero creo que la mayoría son de medios extranjeros. Aquí no debe ser noticia una emisora digital nacida en la Acampada.

¿Y la Biblioteca de la Acampada? Quizá ni se han enterado  de su existencia. Su historia nos la cuenta Gonzalo en El Planeta de los Libros. Y, de nuevo, me vuelve a sorprender su claridad mental, como la de tantos otros acampados. Al hablar del movimiento que se desarrolla bajo este “nuevo sol”, dice Gonzalo: requiere organización pero también paciencia (…) es un modelo en el que no estamos educados (…), creo que es muy interesante pasar por el proceso de ser educados en esta forma de decidir y de participar democráticamente, y eso va a costar un poquito de tiempo

Por supuesto podría hablarles también de las dificultades que atraviesa el nuevo sol, pero ya reciben esa información de los medios de comunicación masivos, como denuncia Gonzalo en el programa. Incluso hay gente que -considerándose cercana a las ideas que se defienden en la Acampada- observan lo que allí ocurre con cierta superioridad. Las lecciones son ya conocidas, el camino está por andar.