Posts Tagged ‘critica literaria’

Los hombres que no leían a las mujeres

junio 15, 2015

Me gustaría comenzar con una anécdota, arriesgándome a que penséis que se trata de una banalidad. La anécdota se define como un suceso irrelevante, curioso o entretenido. A veces, definimos un hecho como tal simplemente por comodidad, para evitar el esfuerzo de reflexionar, cuando sabemos, o al menos intuimos, que se trata de algo más: un síntoma revelador del pensamiento y de la ideología que hemos ido adquiriendo en la sociedad y en la cultura en la que nos desarrollamos como personas.

índiceVivo en un apartamento pequeño y los libros que no caben en las estanterías andan desparramados, entre otros sitios, encima de una mesa y, aunque no es el caso, parecen colocados estratégicamente, como las novedades de una librería. Así que, una tarde que recibí la visita de un amigo, antes de sentarse en el sofá, reparó en ellos y los echó un vistazo. Recuerdo que todos libros de esa mesa estaban escritos por hombres. Observé a mi amigo. Primero tomó uno, luego otro, leía la sinopsis de los libros e hizo algunos comentarios como: «Cuánto lees», «Parecen interesantes», «Siempre andas rodeada de libros». A las pocas semanas, se acercó otro amigo y el proceso fue similar, tanto en actitud como en comentarios, os puedo asegurar que casi calcó las palabras (y no se conocen entre sí).

Pasados unos meses, estos dos amigos volvieron (por separado también). Poco había cambiado en este tiempo salvo la cantidad y lugar de descanso de los libros; sobre la mesa tenía, como siempre, varios libros pendientes de leer, esta vez, todos escritos por mujeres. Ellos, de nuevo, se acercaron a la mesa y al comprobar que eran libros de autoras y no de autores, no se atrevieron a tocarlos mucho. Uno, cogió una novela y sin leer de qué trataba la tiró de nuevo sobre la mesa con el ceño fruncido y girando la cabeza. Ambos me dijeron frases como: «¿por qué todos son libros escritos por mujeres?», «Siempre estás leyendo lo mismo».

big-eyes-margaret-keane-300x199Mis ojos se abrieron, se hicieron grandes, se pusieron tensos, como los de las niñas que retrataba la pintora Margaret Keane. Me asaltaron algunas preguntas: ¿Por qué la primera vez no les importó que sólo tuviera libros escritos por hombres ni pensaron que mis lecturas eran todas iguales? ¿Por qué dieron por supuesto que los libros de autoras son todos iguales? ¿Leían libros escritos por mujeres para hacer tal afirmación? ¿En qué se basaban? Mi conclusión: su forma de pensar, de expresarse y de opinar era patriarcal, poniendo como punto de referencia, en todos los aspectos, a los hombres, y menospreciando la literatura escrita por mujeres.

Estaréis de acuerdo conmigo en que necesitamos repensar y cuestionar la validez de dichas afirmaciones, ancladas en nuestro subconsciente más de lo que nos atrevemos a reconocer, y que lanzamos al aire sin pensar. Lamentablemente, son tan generalizadas y comunes que pasan de ser la mera opinión de una persona para convertirse en pensamiento colectivo de una sociedad.

Desde mi modesta posición, os invito a realizar una autocrítica a la que solemos ser reacias, quizás porque no nos gusta hurgar en esos elementos que entran en juego en la lectura (he seguido los expuestos por Constantino Bertolo en La cena de los notables). Es decir, creo que tenemos miedo de enfrentarnos a nuestra propia competencia lectora, a nuestra biografía, a las lecturas que hemos hecho a lo largo de la vida y a nuestra ideología. Pero es necesario. Yo también viví, hace un tiempo, mi particular proceso de reubicación lectora: desde dónde leo, a quién leo, dónde me representan, cómo lo hacen.

Bertolo, en el mismo libro citado arriba, también habla de la responsabilidad del que lee, elemento clave en las ideas que intento plasmar en este artículo. Para mí, esta responsabilidad está relacionada con ejercer la autocrítica de nuestras lecturas y nuestra posición ante ellas. Somos lectores responsables en cuanto somos capaces de auto-cuestionarnos.

En este proceso nos ayudará tener presente que el saber está relacionado con el poder porque el primero se genera siempre desde un lugar particular, como afirman Marta Malo y Débora Ávila, investigadoras y activistas sociales. Así, podemos preguntarnos: ¿quién crea ese saber? ¿A quién se dirige? ¿Para quién lo creó? ¿Con qué propósito?

800px-La_lectoraY una pregunta más. ¿A dónde nos llevan estas reflexiones? Si revisamos la historia de la literatura veremos que es claramente androcéntrica y que a lo largo de los siglos ha estado dominada por hombres en todos sus aspectos: escritura, personajes, crítica, incluso, hubo un tiempo en que las mujeres tenían prohibido leer. Ante esta situación, son muchas las escritoras que han hecho por visibilizar otras escritoras como Mª Ángeles Cabré, que en su libro Leer y escribir en femenino, da a conocer un gran número de mujeres que la literatura oficial, de una manera u otra, ha ocultado. Más recientemente, la poetisa Clara Janés ha publicado Guardar la casa y cerrar la boca donde recopila a las poetisas olvidadas de diferentes culturas y períodos de la historia. Otras escritoras, como la coreana Moon Chung-hee cambió el código de la poesía para poder liberarse del lenguaje androcéntrico y poder expresarse con libertad y hasta Bathsheba Everdene la protagonista de la novela Lejos del mundanal ruido escrita por Thomas Hardy afirma que el lenguaje está creado por y para los hombres y que las mujeres no pueden expresarse con él.

A la mujer, considerada «la otra», se le niega la voz, y, sin embargo, tiene derecho a expresarse. Por ello, Mª Ángeles Cabré, entre otras, reconoce la existencia de una narración hegemónica y otra marginal. La narración predominante tiene que ver con esa autoridad que establece determinado saber como superior y margina, no sólo en función del sexo sino también de la cultura, la raza, la orientación sexual y la religión.

Otro tema que Constantino Bertolo toca  en su libro y que nos resultará de utilidad es el de la lectura como aprendizaje: de emociones, de comportamientos individuales y colectivos, de sentimientos o de la conducta humana. ¿Enriquecemos nuestras vidas y nuestras lecturas si tenemos como referente casi mayoritario el referente occidental, blanco, heterosexual y… hombre? (éste último olvidado y obviado normalmente por parte del sexo masculino). Las mismas historias contadas por las mismas personas no nos aportan nada, por mucho que nos empeñemos. Necesitamos la voz de «las otras».

Extremadamente significativa resulta la conferencia dada en 2009 por la escritora nigeriana Chimamanda Adichie: El peligro de una sola historia. En ella, cuenta su experiencia y evolución como escritora y la mirada sesgada que tenemos del mundo debido a la existencia de una sola historia. Explica de una forma maravillosa como el punto de vista único y la reducción a lo simple y a los estereotipos conlleva perder la complejidad y la riqueza sobre una persona, una cultura o un país.

La literatura transforma el mundo y lo hace en cuanto literatura abierta a visibilizar de forma justa e igualitaria las diferentes formas de estar en el mundo y evitando, de este modo, la violencia literaria a la que nos vemos sometidos; literatura abierta a recoger lecturas de calidad y diversas porque nos convertiremos en mejores lectoras y personas si vamos más allá del yo y nos atrevemos a conocer a las otras y los otros.

En definitiva, ser lectores responsables implica rebelarnos contra una autoridad lectora que es cuestionable e incorporar nuevos elementos de juicio a nuestras lecturas para llegar a ser realmente libres.

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El pequeño libro rojo del activista en la red

mayo 3, 2015

Peirano, Marta. El pequeño libro rojo del activista en la red. Barcelona: Roca Editoria, 2015. 136 páginas.

En la película Mad Max, la escasez de combustible y el desorden social provocan que unos motociclistas se apoderen de las carreteras de Australia. Y entonces aparece Mel Gibson para poner orden. En España, ocurre algo parecido. Escasea la libertad de expresión, de la que se están apropiando una especie de pandilleros entre los que es fácil encontrar casos de abusos de poder y corrupción. Si se tratara de una película, no sabría cómo titularla. Quizás no haga falta, porque la pena es que bien sabemos que ni es película ni es ciencia ficción.

ScreenShot001Primero, fue la aprobación de la Ley Mordaza, oficialmente llamada Ley de Seguridad Ciudadana, de lo que contiene poco. Ahora, le toca al Ministro de Justicia, Rafael Catalá, que ha declarado su intención de multar las filtraciones periodísticas que se realicen. ¿Qué clase de democracia tenemos donde no podemos expresarnos, manifestarnos, decir lo que sentimos ni denunciar las injusticias ni los casos de corrupción?

La Ley Mordaza, sólo pretende acallar nuestras voces, prohibir que salgamos a las calles, que no utilicemos las redes sociales para movilizar a la gente al mismo tiempo que vulnera nuestra privacidad. Pero la seguridad no puede producirse coartando nuestros derechos fundamentales, ni a costa de inmovilizarnos con el miedo y las amenazas.

En cuanto al asunto de las filtraciones, el periodismo tendría que entenderse como una de las herramientas que vigile la democracia, que investigue y busque la verdad sin estar al servicio de aquellos que tienen el poder, de forma objetiva e independiente. Debe ser uno de los Mel Gibson que ponga orden. Pero, muchas veces, publicar la verdad supone que el periodista se juegue la vida o arriesgar la de quien filtra la información. Para evitarlo, necesitamos saber cómo funciona el mundo digital en el que nos comunicamos.

Marta Peirano lo explica en El pequeño libro rojo del activista en la red, publicado recientemente por la editorial Roca. Actualmente, es directora de la sección de cultura de eldiario.es. Escribe sobre cultura, tecnología, arte digital y software libre para diferentes revistas y diarios, ha publicado libros sobre tecnología y protección de las comunicaciones y tiene dos blogs.

libro rojoEste breve manual puede ser considerado una guía esencial para aprender a comunicarse y transferir información de forma segura en Internet. Aunque está dirigido principalmente al periodista de investigación, puede resultar útil para cualquier persona que esté interesada en conocer cómo funciona Internet y establecer medidas de seguridad para garantizar su privacidad.

El pequeño libro rojo del activista en la red nos ayuda a proteger nuestra identidad y con él podemos aprender desde cómo instalar un navegador seguro como Tor, un sistema operativo Linux, crear discos duros virtuales o utilizar herramientas para limpiar espacio en nuestro ordenador hasta como encriptar chats y correos electrónicos.

A raíz de la lectura del libro, y comprobando que la privacidad y la seguridad nos afecta a todos, he descargado la información que Facebook y Google guardan de mí. Aunque ya había leído artículos sobre la gran cantidad de metadatos que guardan las redes sociales de nosotras y las polémicas suscitadas, hasta que no lo vemos in situ, parece que no somos conscientes ello. ¡Me quedé impresionada! Es posible que sepan más de mí que mis amigos, mi familia, o quién sabe, hasta que yo misma. Nuestro menor problema es que una compañera de trabajo sepa de nosotras a través del perfil de Facebook, por ejemplo. El gran problema es que esa información puede caer en manos del gobierno, de empresas o bancos sin nuestro permiso y sin saber muy bien para qué (o sí). No sólo se generan unos big data en nuestros procesos de comunicación; detrás, hay unos big eyes que los analizan y nos vigilan.

happiness-450369_640Como dice Marta Peirano, vendemos nuestra intimidad por la supuesta felicidad que unas máquinas nos ofrecen mostrándonos de manera personalizada compras de viajes, de libros o sugerirnos gente que podríamos conocer en nuestras redes. ¡Ingenuidad la nuestra! Ni privacidad, ni felicidad.

Irónicamente, para lo serio del asunto y el cariz tecnológico que tiene, se trata de un libro ameno y divertido (acertada elección) del que incluso los más profanos en la materia pueden sacar provecho. En poco espacio y de forma clara y didáctica ha condensado todos los puntos que debemos tener en cuenta a la hora de mejorar nuestros hábitos de navegación y comunicación en relación a la seguridad.

Sin embargo, a pesar de lo atrayente que puede resultar un breve prólogo de Edward Snowden, he echado en falta -porque se ha despertado mi curiosidad- un poco más de reflexión y ensayo sobre la libertad expresión y el periodismo (soy consciente de que la idea es ser un manual práctico). Aunque podemos ampliar información viendo el documental Citizenfour de la documentalista Laura Poitras (con quien Snowden contactó) ya que parte del contenido se menciona en el libro, me voy a tomar la libertad de recomendar otro libro, como complemento al de Peirano, que nos permite entender por qué es necesario tomar las medidas que aquella recomienda.

Se trata de El Kit de la lucha en Internet de Margarita Padilla y publicado por Traficantes de Sueños en 2012. En él, la autora analiza el caso Wikileaks y reflexiona, entre otros aspectos, sobre  los medios de comunicación y su papel en la democracia y si ha surgido una nueva forma de hacer periodismo; también habla sobre los medios contra informativos así como de comunidades hackers o del hacktivismo. Me gusta especialmente un slogan ciberpunk que se recoge en el libro y que condensa una idea central sobre la que gira las cuestiones que estamos planteando. Ese slogan afirma que «tras toda arquitectura informacional se esconde una estructura de poder». Es necesario conocer esas estructuras para saber qué se esconde tras de ellas, qué está sucediendo y por qué y si debemos combatirlas o cambiarlas.

La lectura, estas semanas en torno a las mencionadas cuestiones, me ha hecho concluir que estos asuntos no son únicamente imprescindibles para los periodistas sino que las ciudadanas y ciudadanos deberíamos estar informadas en la medida de lo posible. Es una cuestión de cultura general y de compromiso con la democracia.

¡No dejemos que se agote la libertad de expresión!

Prohibido no leer

septiembre 2, 2014

Reseña: Hrabal, Bohumil. Una soledad demasiado ruidosa. Barcelona: Ediciones Destino, 2001. 160 p.

Bohumil HrabalUna taberna, una cerveza y horas charlando. Bohumil Hrabal (Brno, 1914- Praga, 1997), gustó de mezclarse y conversar con la gente corriente. De hecho, en sus novelas, novedosas y transgresoras, utiliza vulgarismos y el argot propio de las tabernas. De este anhelo por conocer a la gente de la calle, a los sin voz, y también gracias a los trabajos variopintos que desempeñó a lo largo de su vida, surgió la inspiración para muchos de sus libros.

Empezó a escribir en 1937, un día de lluvia. El recuerdo de El paseo de Robert Walser y La tarde de un escritor de Peter Handke, vienen a mi mente. La trama en ambas novelas se desarrolla en torno al paseo que los protagonistas dan por la ciudad, poeta y escritor respectivamente. Son muestras de la capacidad de observación y el contacto con el mundo de alrededor como motor de la creación artística. Al igual que aquellos personajes, Hrabal encontró su musa en un paseo aparentemente insignificante. Y supo convertir aquello que grababan sus sentidos en elementos de sus novelas, como lo es, por ejemplo, la ciudad de Praga en Una soledad demasiado ruidosa.

Durante estos años escribió, pero fue en los años 60 cuando su carrera se consolidó. Su obra literaria sufrió las idas y venidas de los regímenes políticos; primero, fue censurada por el régimen soviético, aunque estaban al alcance de sus lectores copias clandestinas mecanografiadas. En los años 70, con cierta apertura política, y ya viviendo en el campo junto a su mujer y sus gatos (se negó al exilio tras el fracaso de La Primavera de Praga y la invasión de tropas soviéticas), comenzó a publicar todo lo que había sido censurado anteriormente.Una soledad demasiado ruidosa

Bohumil Hrabal escribió Una soledad demasiado ruidosa en 1976. Esta novela, de una prosa poética conmovedora, estuvo rumiándose en el interior del escritor cerca de 20 años. En 1954 Hrabal trabajó como operario clasificando y empaquetando los libros fuera de circulación y las obras de autores prohibidas por la censura.

A partir de esa experiencia, escribe esta historia donde Hanta, el protagonista, un hombre solitario, llena su soledad con pensamientos y reflexiones procedentes de los libros que recibe para prensar (entre ellos, Hegel o Lao Tse); lee, no con el objetivo de pasar el rato, sino «para que la lectura me produzca escalofríos». Los libros le hacen feliz porque se siente un «Don Quijote del infinito y de la eternidad». Además, y quizás él no lo sepa, genera un debate sobre el libro como objeto de arte al experimentar con él para crear balas de libros de gran belleza artística.

Es un personaje por el que, desde el principio, se siente aprecio y simpatía. El autor nos presenta a alguien sencillo, que vive rodeado de libros hermosos, de jarras de cerveza, que da su particular visión del mundo – imperfecto- en el que vive y no se avergüenza, que exprime su soledad para escuchar lo que los libros tienen que contarle y que es fiel a sí mismo cuando la maquinaria del capitalismo destruye su vida.

Sin duda, sin menospreciar Trenes rigurosamente vigilados o La pequeña ciudad donde se detuvo el tiempo, es la novela que más ha removido mi interior, tan llena de surrealismo pero, al mismo tiempo, irónica y con sentido del humor.

El capitalismo nos sumerge en el frenesí de consumismo y aislamiento en el mundo virtual; la necesidad de consumo apremia, el valor no importa y la cultura no escapa al pozo sin fondo al que nos dirigimos. Lecturas, las justas, de mala calidad y, por supuesto, que se puedan engullir, porque no disponemos (o no queremos tenerlo) de tiempo para detenernos y saborearlas, al contrario de lo que hace Hanta: «…cuando leo, de hecho no leo, sino que tomo una frase bella en el pico y la chupo como un caramelo, la sorbo como una copita de licor, la saboreo hasta que, como el alcohol, se disuelve en mí, la saboreo durante tanto tiempo que acaba no sólo penetrando mi cerebro y mi corazón, sino que circula por mis venas hasta las raíces mismas de los vasos sanguíneos».

Así, la lectura de Una soledad demasiado ruidosa es una oda al amor por los libros y nos hipnotiza y nos insta a querer estar a solas y aprender de los buenos libros. Una relación auténtica, real, sincera y profunda como muestra, la propia reacción que producen en Hanta.

 

Y no debemos menospreciar el valor de estos momentos de reposo,  relajación y disfrute porque, parafraseando a Cortázar, los libros van siendo el único lugar de la casa (el único lugar del mundo, diría yo, si se me permite) donde todavía se puede estar tranquilo.

 

Para saber más:

Literatura de compasión: https://elplanetadeloslibros.wordpress.com/2011/01/18/bohumil-hrabal/ [acceso el 28 de agosto de 2014]

Bohumil Hrabal, el plus ultra de la literatura checa http://www.elcultural.es/noticias/LETRAS/6093/Bohumil_Hrabal_el_plus_ultra_de_la_literatura_checa [acceso el 28 de agosto de 2014]

Al rescate de Bohumil Hrabal http://periodistas-es.com/al-rescate-de-bohumil-hrabal-33466 [acceso el 28 de agosto de 2014]