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La insurrección que viene

septiembre 3, 2012

Este es el título que publicó Melusina en 2011, una traducción del original en francés, que había aparecido unos años antes, y que recoge las revueltas y movimientos sociales en Francia y en otros países desde el 2005. Desde Francia para el mundo, escribe el llamado “Comité invisible”, un colectivo imaginario constituido por simples escribas de la situación, algunos de cuyos miembros habrían sido encarcelados, según relata. El país de la “igualdad, libertad y fraternidad” habría detenido también a portadores de este libro, nada menos que bajo la ley antiterrorista, según destaca la contraportada de la edición española.

Si el libro no ha tenido muchas críticas literarias, al menos en nuestro país, quizá se deba a que pocos lo consideran una joya literaria – aunque mucho habría que decir respecto a esa expresión a veces elitista-. Sin embargo, es de esos libros que se recomiendan a los amigos (a Ud. también). A mí me lo recomendó Pino, de la Librería Enclave, y le estoy agradecida. Aunque no coincida con el Comité Invisible en todo, bienvenidos los libros que hacen pensar, especialmente si es un estudio ameno y de actualidad.

La editorial española afirma en la información del libro “su compromiso con la libertad de expresión a ultranza y la propagación de materiales semióticos altamente peligrosos”. Para la mayoría de los lectores este libro puede ser todo esto y más; no sólo denuncia el “chiringuito de la libertad de expresión” (página 22), o la “omertá mediáticas” (31) –en Francia, aquí en España no sabemos los calificativos-, también dedica varios pasajes a la necesidad de asumir la guerra también en el lenguaje: “O más bien en la manera como se ligan las palabras, los gestos y la vida”, sin duda uno de los principales logros del libro, empezar desde la palabra –sincera y reflexiva- a vivir y poner en orden nuestra vida. Logro también el papel que se le da a las asambleas como foro de debate (tan necesario), no de votaciones, para que lleven a decisiones necesarias, esas que caen por su propio peso.

Hay otros aspectos que no convencen en el libro. En apenas 171 páginas pretende condensar todos los círculos de alienación en los que nos encontramos (el personal, social, laboral, económico, etc.) además de ofrecer fórmulas para la lucha revolucionaria. Sí es un ensayo para el debate, la reflexión, el aprendizaje y la duda razonable. Quizá la unión en pequeños grupos afines no acabe con Goliat – léase Capitalismo en su forma más totalitaria- pero también es cierto que los grandes cambios empezaron siempre por pequeños gestos. Y aunque éstos empiecen en las situaciones más lamentables, como la Nueva Orleans azotada por el Katrina, cuya recuperación a través de la organización civil es uno de los ejemplos comentados.

El libro también cuestiona movimientos aparentemente enfrentados o que quieren mejorar el sistema que nos gobierna: desde el ecologismo (“el nuevo capitalismo verde”), al decrecimiento, ATTAC, o la escuela excesiva y castrante. Esto último me recordaba la película “La educación prohibida”, que se acaba de estrenar en internet (y gratis), y que hace días compartía en las redes sociales con una triste reflexión: si la educación auténtica está prohibida en las aulas, no digamos en los medios de Comunicación.

Nada se salva, ni siquiera la literatura “espacio para divertimento de los castrados” (en Francia, e imagínense cómo pone a los intelectuales en la página 109 y siguientes) Y nada es lo que parece, incluida “la insurrección que viene” este mes de Septiembre a Madrid, sea el día 15 ó el 25. Me ponen sobre aviso que los grandes poderes se aprovechan de las peores situaciones; sean poderes sindicales o fuerzas reaccionarias. Así que, en el pequeño “El Planeta de los Libros” seguiremos leyendo este mes, e incluso aprendiendo de la historia, para elaborar los primeros programas de la temporada. El futuro nos exigirá mayor esfuerzo en la 9ª, no sólo por la falta de remuneración en la emisora del Círculo de Bellas Artes, ahora también necesitamos un técnico de sonido propio. Así funciona la radio cultural en España. La injusticia del reparto – también presente en “La insurrección que viene” – es el caldo de cultivo de la mayoría de nuestros problemas, colectivos.