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Menos Madrid

mayo 22, 2019

Feria del Libro de Madrid 2019

Las Fiestas de San Isidro no han dejado espacio para escuchar cuestiones importantes, como ha sido la queja de la reciente Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Madrid, resumida en menos visitas, menos ventas. Asistimos impasibles a un Menos Madrid en general, gracias a los últimos cuatro años de gobierno, sobre todo en cultura y comunicación: versiones originales, radios o revistas con las que el municipio ha intentado vestir sus desnudeces, y así pueden seguir otros cuatro años.

Un amigo extranjero me dijo hace poco: “Madrid es un pueblo”. Acaba de volver de Barcelona y me confesaba que no entendía como nadie hablaba del desastre económico de allí; le comenté que en todo el país se aparenta siempre justo lo que no se es, y si es necesario hasta la hecatombe. Finalmente me daba un consejo: “una vez que aceptas que Madrid es un pueblo, puedes sobrevivir“.

Pensaba en esta frase y no paraba de preguntarme, ¿por qué tenemos que aceptar que Madrid es un pueblo, en 2019? Si la propaganda oficial es que somos la capital, si desde fuera se espera que lo seamos; si ese es el imaginario incluso, aunque nos lo creamos a costa de despojar al resto de ciudades de su reconocimiento, o de despoblar todo lo que no sea Madrid y alguna que otra gran ciudad, ¿cómo vamos a vivir realmente aquí, como sobrevivir y tener la cabeza en su sitio?

Quizá toda España es un pueblo y Madrid es solo su mayor espejo. En Barcelona se quejan de que la Cultura sea una consellería menor. En Madrid ni Concejala casi durante cuatro años, y que respondieran del área menos.

Parece que es el momento de Desplazar el centro como titulamos el último programa, con el escritor y pensador africano Ngũgĩ wa Thiong’o. Ese es el título de uno de sus mejores ensayos y, a la pregunta de si no sería mejor terminar con el centro que desplazarlo, sabiamente contestaba que había que crear muchos centros, cada uno su centro del planeta y nadie más centro que el otro.

Acabar con los “excesivos” centros, que no solo hacen que ahora el Premio Nobel de Literatura sea reconocido más como machista, elitista y blanco, que por su valía; también los excesos crean imágenes falsas: Europa, el centro del mundo. Lo decía Ngũgĩ y, curiosamente, después de comentar el saqueo europeo a su continente, también ahora tras las independencias. Quizá es una peculiaridad de los que se creen el Centro, barra libre para el saqueo.

Este escritor al que le deseamos ser el tercer nobel del programa de radio, se declara feminista y socialista. A sus 81 años, no había estado nunca en Madrid, más allá de camino de un sitio a otro. En Barcelona sí había sido invitado varias veces, como esta misma. Madrid no es siquiera el centro de España, aunque su propagandístico  CentroCentro Cibeles lo repita constantemente. Es lo que ocurre con el lema de la alcaldable, no deja de repetir Más y Más cuando la realidad es Menos y Menos.

Instituciones públicas y dinero público han servido a grupos de amigos, intereses económicos y culturales varios; aunque el propio PSOE en el Ayuntamiento ha hecho alguna crítica, especialmente por contrataciones poco transparentes, cuando no corruptas o ajenas a la ley. De poco ha servido, Madrid empobrece cada día más a sus vecinos, hasta acabar con la convivencia mínima necesaria; por razones no sólo económicas, cada vez más madrileños se ven obligados a vivir en pueblos o ciudades alrededor y, temiéndome que en 4 años esto ande peor, tendré que hacer varias visitas.

Después de las elecciones municipales, llega la Feria del Libro de Madrid, que este año ha sido demandada, como comentamos en el programa del 4 de febrero. Era lógico que la apertura de un evento público como este no ajeno a la polémica tuviera que esperar después de las votaciones. Me dicen que la responsable del libro en el Ayuntamiento se marchó ya. Cuatro años han sido demasiado incluso con las mejores intenciones. Ngũgĩ, en uno de sus ensayos, dice que la imposición cultural es peor que la de cualquier otro tipo, incluida la militar.

No sólo han sido las polémicas de la Feria del Libro del Retiro o la Feria del Paseo de Recoletos, otros frentes siguen sin resolver como la situación de la Cuesta de Moyano. Mientras, el ayuntamiento se ha dedicado a campañas de escasa repercusión, como dar a cada recién nacido un librito de Gato o Gata. Me comentaban hace más de un año en una librería que no era apropiado para bebés, que allí las cajas se apilaban y nadie se acercaba a pedirlo. Una iniciativa más sin control que hemos pagado todos.

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Archipiélago Cultural

febrero 28, 2015

Pedro Barbeito_Fundación Barrié_CentroCentro CibelesDesde hace años, décadas, la cultura en España sufre el poder abusivo de los designios políticos y económicos. Todavía hoy parece incapaz de sobreponerse a ellos. Culturalmente sigue habiendo una gran producción creativa; una buena muestra de ello es la coincidencia estos días de Just Madrid, Art Madrid y ARCO. Además de multitud de exposiciones en espacios permanentes, como CentroCentro Cibeles, donde la Fundación Barrié presenta obras como la de Pedro Barbeito que ilustra esta entrada.

Sin embargo, salvando excepciones, los grandes centros políticos y económicos apoyan mayoritariamente la cultura espectáculo, la cultura no crítica o complaciente. Grandes exhibiciones, grandes obras, pero no hay espacio para el debate cultural, menos aún si es cotidiano o periódico. Acudimos a las salas a disfrutar del arte dejando para otra ocasión el pensamiento o la reflexión crítica.¿Es esto auténtica cultura? ¿O se trata más bien de un creciente Turismo Cultural? ¿Tiene la propia Cultura responsabilidad en ello? Respondiendo afirmativamente a la última cuestión se responde a las anteriores. La pérdida de crítica cultural en España se me asemeja a la pérdida de crítica política, de la que de repente todos hablamos gracias a la incursión de nuevos partidos políticos que así lo denuncian, no porque la política dominante, convencional, encorsetada y obsoleta hiciera de la autocrítica su bandera.

Esta falta de actitud crítica se venía extendiendo a prácticamente todas las demás esferas sociales, desde la ciencia a la atención médica, o los medios de comunicación como servicio público, convertidos mayoritariamente en medios de publicidad. Tuvo que llegar la crisis para que al menos empezáramos a hablar de ello.

Una diferencia me parece ver en todas estas pérdidas, en esos retrocesos que tantos años nos costará remontar: la pérdida cultural, que debería ser la principal señal de desgaste de toda la sociedad, es la que adquiere menos visibilidad. La política está en boca de todos. La pérdida cultural que lleva unida a la mediática muchos años, en una simbiosis quizá más perfecta y perversa; como si todos los referentes culturales decidieran que son un archipiélago de islas sin necesidad de conexión, y hasta despreciaran ese mar de intercomunicación cultural y de ahí comunicar al resto del planeta.

Independientemente de ideologías, los partidos políticos emergentes como Podemos o Ciudadanos están dando una lección de comunicación a los grupos políticos convencionales. Y me pregunto dónde está la correspondencia en el apartado cultural, ¿Cuáles son las nuevas formas de cultura aliadas cómplices de la comunicación? ¿Donde la Cultura ha empezado a apreciar el valor de la Comunicación?

Hay excepcionales muestras de buena comunicación cultural, el homenaje a Gil de Biedma en Málaga, que no sólo fue una apuesta cultural sino también una buena forma de comunicación de calidad y variedad a través de una excelente exposición, documental, conferencias y publicaciones.

Hay profesionales cada vez mejor formados en la comunicación cultural, como nos demostraron los periodistas del Máster de Periodismo Cultural de la Universidad Rey Juan Carlos, único en el panorama universitario público madrileño.

Sin embargo, el propio sector cultural – como ocurría antes con las viejas políticas- sigue sin apostar por la comunicación, sin ver su importancia. Como si de una conjunto de islas se tratase, ajenas al conjunto del paisaje al que pertenecen, ensimismadas en sus Congresos, Festivales o creaciones varias. Un retroceso sin visos de cambio. Un mundo cultural que no evoluciona en la nueva sociedad de la información y que sigue anclada en los viejos usos del siglo XX.

Es por ello que, mientras esto ocurre, crece también imparable la incultura en los grandes medios de comunicación, ya no sólo hablamos de fútbol o programas de corazón-hígadillo. Hace poco leía este titular en un gran periódico nacional “Un soplo de aire fresco en la ficción nacional”, se refería al estreno de una nueva serie de TVE: “El Ministerio del Tiempo”, según la redactora: una entretenidísima e inteligente mezcla de humor, aventuras y divulgación histórica. Acudí interesada a ver el primer capítulo. No pude acabarlo. Me recordó cuando hacía informes de lectura para una editorial y leía primeras obras en las que Santa Teresa se trastocada en madre y esposa amantísima en el siglo XXI, o el malvado pirata inglés resultaba ser un tiburón financiero; eso sí siempre consiguiendo que apareciera un pasadizo temporal que nos mostrara la relación entre ficciones y personajes. Eran, en fin, guiones que aprovechaban un cóctel de llamaradas entre la seudo-historia y las creencias en el más allá.

Años después descubro que lo que sólo podía editarse gracias al bolsillo de sus autores, se emite en horario estelar en la primera televisión pública del país. Por si esto fuera poco, el salto a la pantalla es menos creíble que en los libros. Ni los propios actores dan crédito a sus papeles, ¿cómo hacerlo con un guión tan disparatado? Sólo algunos periodistas obedientes ensalzan desde los grandes púlpitos estas muestras de Incultura Galopante.