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El tiempo de la Literatura

noviembre 26, 2012

SOLEDAD PUÉRTOLAS. Foto: Leopoldo Pita

Preparando la Conversación con Soledad Puértolas,  releo su ensayo “La vida oculta”, en el que reflexiona sobre la Literatura creadora de otros universos, el medio que nos permite mirar la realidad, de otra manera, el exponente de un tiempo más rico y poderoso que el real. Los tiempos de la literatura son más complejos, elásticos y eternos; sobre todo si comparamos con los de presentaciones, conversaciones y programas de radio, obedientes a sus respectivas limitaciones, aunque permanezcan y pertenezcan al acervo colectivo, y a veces incluso sean más decisivos.

Igualmente limitados los entrevistadores en sí mismos. Nos lo recordaba Puértolas comentando su relato “La indiferencia de Eva”, a partir de su propia experiencia como entrevistadora. Hay relatos como éste que desbordan su tiempo; y más allá de la literatura, como si ahí también siguiéramos relacionándonos en la punta del iceberg. Sólo hablando conseguimos descubrir muchas de las reflexiones que llevamos dentro, la literatura y nosotros.

La sociedad humana que tanto le debe al habla -como nos recordaba hace poco Emilio Lledó– se empeña en no reconocérselo y hasta en amordazarla: -enlace ejemplo de un panorama mediático y cultural en el que no caben las islas, solo las excepciones. Ocurrió ya en los tiempos más oscuros de nuestra memoria– más brutal, menos sutilmente. Tiempos recientes, llevados a los tiempos de la literatura en libros como el de Andrés Trapiello: “Ayer no más”. Tan cerca del ayer que sigue habiendo asuntos no del todo hablados: guerra civil, posguerra o época actual, donde aquellos  que dicen querer hablar esconden tantas veces intereses propios.  El tiempo de la literatura querría acabar con el provecho momentáneo, estirar nuestro propio tiempo una y otra vez.

Este mes de noviembre, también reflexionamos sobre una lucha que va más allá de la marea blanca, o la lucha económico-laboral en el ámbito de la salud. Fernando Ramasco, coautor del blog “la princesa en peligro”, contraponía la fuerza del espíritu del Hospital de la Princesa a los desastrosos resultados del ensayo “La corrosión del carácter” de Richard Sennett. Lo decía también su colega el Dr. García Pérez: lucha moral cuando la moral es la más afectada por la situación, y un estrato social inmoral pretende desmoralizarnos a todos.

Ese estrato inmoral se muestra incluso en la Literatura. Cobijado en grandes premios comerciales (y algunos nacionales), best sellers, populismo, o amarillismo mediático. Podríamos hacer un gran atlas de la geografía inmoral de la literatura. Hasta los periodistas somos cada vez más anunciantes de esta nueva, la literatura bonita que nada arriesga, que hasta nos hace más fácil encontrar amigos, aunque sean superfluos, o en facebook, y así creer que somos amados.

Jorge Javier Vázquez, uno de estos presentadores de la llamada televisión basura, montó hace poco una ficción de lectores en un plató donde estos, más que preguntarle, alababan su libro, al igual que los contertulios del programa. Me dicen que en su última aparición ya enviaba a los telespectadores a comprar su libro con una frase que indica todo sobre su autor: “que ningún hogar español se quede sin el libro”. Después del show de Belén Esteban con un escritor (que comentamos en este blog), y considerando la Marea Mediática que nos ahoga día a día, poco o nada extraña del lamentable estado de los medios de comunicación, quizá sólo que los periodistas, los intelectuales y el mundo cultural en general –al contrario que los médicos, el personal sanitario y los pacientes- acepta esto y mucho más; a salvo en su torre de Marfil, hasta que alguien decida por fin revivir al Quijote, eso sí ahora contra los nuevos – o renovados- libros de caballerías, convertidos en cursilerías.

“La sociedad del cansancio”, de Byung-Chul Han, es otro libro que estoy leyendo y cuya tesis central suscribo: el exceso de positividad (también informativa) está conduciendo a una sociedad del cansancio, que patológicamente deja atrás las bacterias y los virus para situarnos en la enfermedad neuronal. Enfermedad imparable aunque no seamos conscientes de la violencia -neuronal- a la que nos vemos sometidos.

PD: No se pierdan, el miércoles 12 de Diciembre, la conversación con Santos Juliá en la Biblioteca Regional de la Comunidad de Madrid, a las 7 y media de la tarde, C/ Ramírez de Prado, 3. Madrid 28045

Maridajes imperfectos

junio 2, 2012

El viernes 25 de mayo me dirijo al centro de Madrid y, todavía con la imagen de la pancarta descubierta en el aniversario del 15M: “El fútbol no es cultura”, se me ofrecían al natural más y más fotografías, con idéntico mensaje. A punto estaba de inmortalizar algunas de ellas en mi móvil en el trayecto de Metro. A mi izquierda, dos lectores de libro electrónico, sentados, callados, en actitud hasta diría reflexiva. A mi derecha cuatro energúmenos futboleros cuya contaminación acústica superaba la visual. Aunque parezca increíble, losdelosberridos nos tenían a todos los demás sufridos viajeros tapándonos los oídos como podíamos, tanto que me recordaron una parecida situación en la que alguien me recomendaba llevar tapones, comomedidahabitual; fue el verano pasado, cuando los fans del Papa nos atronaban con sus cantos en cualquier vagón de metro. Hordas invasivas hay muchas y variadas.

La imagen barriobajera, inculta y prepotente de los aficionados se repetía ese día en Madrid en cualquier esquina – en grupo, como borregos- (el resto de días también, y en la mayor parte del planeta). Pienso que no es necesario explicar la frase “El futbol no es cultura”, porque estaríamos peor todavía si hubiera que explicarla. Sí quizá por qué siempre hay quien desearía poner la frase al contrario. Interesados de las dos partes, es el maridaje de los contrarios, aunque sea imperfecto o imposible. A unos les interesa la cabeza del otro, especialmente el habla, donde ellos están peor (les recuerdo que su tipo de vocablo preferido es el insulto); a los otros les podrían interesar las piernas o los cuerpos, hasta el cuello, pero no, lo que les interesa es los millones, el dinero del fútbol, el dinero que se le da al fútbol.

En facebook, a partir de la foto de “El fútbol no es cultura”, Esther Pérez de Eulate recordaba  los imperfectos maridajes económicos que, cómo no, tienen en el fútbol uno de sus vórtices fundamentales: “… Esta historia tiene otro dato importante. En 2009, fue Caja Madrid la caja que financió con un crédito de 75 millones de euros una parte importante de los fichajes de Kaká y Cristiano Ronaldo. En aquella época, Caja Madrid (ahora integrada en Bankia) era una caja controlada, como tantas otras en todo el país, por políticos e ilusionistas que jugaban a meter un fajo de billetes en un sombrero…”

El fútbol siempre se ha vendido bien (como los políticos y no digamos los banqueros). La cultura se le acerca en busca de pasta (ya poca consigue de políticos y banqueros) y él se hincha de orgullo cuando alguien lo relaciona con algoquesepuedaleer. Éxito de ventas, tipo feriadellibrodemadrid (uy, que todavía no he ido a la “manifestación por el centro” como decía Jesús Arroyo en el último programa). Otra cosa es que hablemos de literatura. Sólo una pregunta más, ¿por qué el fútbol no se casa con otras artes? Desde la papiroflexia al ganchillo, pasando por las finas artes del Olimpo, todas necesitan fondos.

De un viernes a otro. El de ayer me hace volver muy tarde de un bolo en Almería. Mientras deshago la maleta, zapeo por la radio y la televisión (con la excusa habitual de la deformación profesional de los periodistas). Y salta la alarma, ¿un escritor con Belén Esteban?, ¿un escritor que hemos entrevistado en El Planeta de los Libros? Querido Amós Milton, espero que sepas dónde te metes. Queridos otros escritores, ¿se iniciará un nuevo maridaje imperfecto entre el libro y la tele del higadillo? Tomen posiciones, el primero que se lleve un famoso, a cual más ignorante e inculto, alcanzará la meta.

Nota: La foto del artículo la encontré en esta entrada, cuya lectura recomiendo, especialmente a los que nos leen desde otros países, y no conocen el “fenómeno” Esteban, o los que quieran recordar el aprecio que le profesaba la “llamada Ministra de Cultura”, Ángeles González-Sinde.