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Antes de que llegue la OTAN

junio 25, 2022

Prácticamente ya está en Madrid: con restricciones, pantallas de avisos y la información que nos han ido dando poco a poco. Cuando Biden llegue, acompañado en cada desplazamiento por 50 vehículos, más de uno vamos a verlo y hasta tomar una foto porque el espectáculo está garantizado.

Que la OTAN es más que militares y políticos es obvio, aunque con la guerra en Europa pensemos más en su participación en conflictos armados y, al fin y al cabo, sus guerras son lo más visible, polémico y noticioso.

La OTAN tiene una importante vertiente de relaciones internacionales, de estrategia mundial y diplomacia que, en general, poco vemos en los medios. Hace años, en un evento conjunto con el Real Instituto Elcano, conversé con uno de sus responsables. A mi juicio, todo un diplomático, y cultivado como la mayoría.

No les comento esto porque esté orgullosa de que la OTAN se reúna en Madrid justo en estos momentos, pero así lo dijo esta semana hasta Rita Maestre, admirando al gran poder mundial en su carrera por la alcaldía de la capital.

Como estamos dentro de la OTAN desde hace 40 años, y no es nada nuevo, lo que me sugiere la primera gran reunión en Madrid es la escenificación del supuesto maridaje entre las armas y las letras. Como aquel famoso encuentro entre Goethe y Napoleón (1808), del que nos hicimos eco en el programa de radio que dedicamos al gran escritor.

El emperador era un gran lector y exclamó ante el viejo poeta: «¡He aquí a un hombre!». Mantuvieron una larga conversación sobre libros, autores e historia. Y el alemán más tarde escribiría: «He visto a Napoleón; es imposible ser más grande».

Seguramente las letras ya no tengan esa capacidad de verse con las armas, o quizás sí y nos encontremos con alguna sorpresa en esta macro reunión. De hecho entre otros lugares ya se ha anunciado el cierre del Museo del Prado. Eso nos han comunicado, solo eso. Porque imagínense cómo va la comunicación interna y externa en estos eventos.

En todo caso, aunque se ponga un broche cultural, lo que está claro, al menos para mí, es que la cultura tiene cada vez menos peso. Me explico, antes de que llegue la OTAN, he pensado que estaría bien comentar las dos reuniones sobre Cultura a las que tuve el placer de asistir esta semana en Madrid.

El lunes la Fundación Gabeiras organizó un encuentro cuyo título era:
𝐋𝐚 𝐂𝐮𝐥𝐭𝐮𝐫𝐚 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐛𝐢𝐞𝐧 𝐛𝐚́𝐬𝐢𝐜𝐨 𝐲 𝐝𝐞 𝐩𝐫𝐢𝐦𝐞𝐫𝐚 𝐧𝐞𝐜𝐞𝐬𝐢𝐝𝐚𝐝: 𝐮𝐧𝐚 𝐨𝐩𝐨𝐫𝐭𝐮𝐧𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐞𝐱𝐜𝐞𝐩𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚𝐥 𝐲 𝐪𝐮𝐢𝐳𝐚́𝐬 𝐮́𝐧𝐢𝐜𝐚.

Como leen: un bien básico y de primera necesidad. Está en vigor legalmente desde octubre pasado. Desde el ministerio de Cultura sería bueno que nos explicaran si esto es propaganda legal, o tiene desarrollo real y práctico; no solo con el objeto libro (quíteme de aquí un poco de IVA) sino con toda la Cultura en España.

La Fundación alternativas (recordemos, vinculada a la izquierda política) organizó el martes la presentación de su Informe sobre el estado de la Cultura en España 2022, accesible en su página web. La foto al inicio de este artículo muestra a Belén Álvarez Cabrera, directora del departamento de Derecho de la Cultura en Gabeiras &Asociados, dirigiéndose a los ponentes de este segundo encuentro.

En Gabeiras, la participación y el debate había resultado tan rico y auténtico que no paré de tomar notas, y hasta comenté la importancia que deberían tener los medios de comunicación en esta #CulturaBienBásico, si es que va a ser real.

En la Fundación Alternativas, el informe este año se dedicó al sector audiovisual, apunté muchas cuestiones también. Lo más penoso sin duda: la distancia formativa y presupuestaria entre los proyectos nacionales y los internacionales. Parece que estamos vendidos en el panorama mundial, salvo excepciones, de las que no vive todo un sector. Con la nueva Ley General Audiovisual, recién aprobada, la brecha entre esas excepciones (grandes producciones) y el resto (productores independientes) será mayor.

Seguimos caminando hacia la concentración cultural (y mediática), hacía la pérdida de cultura, mientras avanzan imparables las armas y las narrativas hegemónicas.

Buen finde, buena semana en Madrid y, si hacen fotos a la OTAN, recuerden la ley mordaza (esa que nadie se atreve a tocar). Porque la difusión puede costarles caro. Aunque bien podrían aprovechar esas fotos para cualquier creación cultural: cine, literatura o cualquier otro arte, el relato está por hacer y seguimos gozando de libertad de pensar y crear.