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La pre- 13

octubre 3, 2016
"Otello, el Moro de Venecia"

“Otelo, el Moro de Venecia”

13 es el número de Temporada que queremos empezar este primer jueves de Octubre. Antes, todo el verano, vamos de pre-Temporada; seleccionando y leyendo, especialmente en Septiembre con la llegada de las “novedades”, algunas sólo de nombre, hay mucho repetitivo y, sobre todo, hay demasiadas novedades. Creo que fue Pessoa el que dijo que la Literatura no moriría por la falta de escritores sino por el exceso de publicaciones, y está bien recordarlo. Tal es la avalancha que, a veces, recomendamos un libro en las Redes al principio de leerlo y luego no nos da tiempo ni a acabarlo, lo cual es necesario para llevarlo a la Radio, o al Blog. Les parecerá caótico, con razón, y cada vez más.

En enero del 2017 cumpliremos 12 años en antena. Así que ya estamos cambiando la piel, o con ganas de hacerlo, veremos con qué medios contamos para ello. De momento la sociedad en la que estamos no ayuda mucho: no sólo por la actual parálisis política (con las consiguientes parálisis educativas, mediáticas, culturales, sociales y económicas). Lo peor es que si echamos la vista a los inicios del programa, el deterioro y el retroceso general es tan inmenso que nos ha hecho recordar a Aminata Traoré y su libro “La Violación del Imaginario” en el inicio de la 7ª Temporada: que no sólo se roba y viola lo físico, también nuestra propia imagen. Imaginario colectivo del que algunos se salvan, como dice un amigo: “los que siempre caen de pie”.

El juego de supuestos avances y retrocesos, parece la ficción real que nos toca vivir en todos los ámbitos. En Septiembre asistía a la Ópera de Otello, siguiendo mi admiración por Verdi y Shakespeare, y en honor al Bicentenario del Teatro Real (cuyas obras son cada vez más accesibles gracias a los avances de las NNTT). No fue muy aplaudida la Dirección de Escena de David Alden, por muchas razones ampliamente difundidas, aunque también tuviera buenas críticas. Entre bastidores se quedó el avance-retroceso que me inspiró la obra al verla. Ya en la Rueda de Prensa previa se valoró altamente el recorte casi total de la Xenofobia que contiene la tragedia “Otelo, el Moro de Venecia”; tras lo cual a la pregunta de un periodista (hombre) por la cuestión de Violencia de Género, supimos que aquí no había recorte, siquiera pequeño ajuste: “una obra de arte no puede ser valorada por cuestiones de género”. El Derecho Humano a la Vida, de la Mitad de la Población, permanece en las Tablas como en 1603.

Volviendo al inicio, hay libros que recomendamos en las Redes que sí hemos leído plenamente. Es el caso de Los Hijos Muertos (Premio de la Crítica en el 58, Nacional de Literatura en el 59) de Ana María Matute, reeditado por Cátedra  este 2016 en el 80 aniversario de la Guerra Civil y sus sucesivas pos-guerras. Más que recomendable. Resulta poco conocido, poco difundido en las aulas y fuera de ellas. Pero hay quien todavía se preocupa por estos imprescindibles y encontramos a uno: el director de Sobretextos, en la Radio de la Universidad de Jaén. En el enlace anterior les dejo su entrevista a la responsable de esta 1ª edición crítica de la obra, Maria Teresa Mateu.

Eso sí, me supo a poco, estimado Julio Ángel Olivares, porque sin duda estaría horas y horas hablando de la que fue considerada primera novela anti-franquista, que quizá por eso sigue sin tener la difusión merecida.

Erase una vez… Ana María Matute

agosto 11, 2015

Nació en Barcelona en 1925 y murió en la misma ciudad en 2014. Ha pasado algo más de un año de su fallecimiento y pocos medios culturales han realizado algún tipo de mención u homenaje a la escritora. Tan sólo, la Biblioteca Nacional de España, de cuyo patronato formó parte, celebró un acto en su honor.

ana_mariaUno de los motivos parece ser que, a estas alturas del siglo XXI, aún nos cuesta reconocer la aportación a la literatura y a la cultura por parte de las mujeres. El otro, es que Ana María Matute escribió además de novelas cuentos (para más inri, infantiles) y el cuento es un género literario con poca tradición y poco valorado en España. Tenemos la combinación perfecta para no tenerla demasiado en cuenta: mujer que escribe cuentos infantiles.

Pero Matute nunca se dejó amedrentar. Aunque desde pequeña se sentía diferente al resto de niñas y niños, siempre siguió su camino. Quizás por eso le gustaba esconderse en el bosque, bosqueese lugar maravilloso y sorprendente donde todo puede ocurrir. El lugar donde puede ser ella misma y sentir la libertad. Y a diferencia de otros niños, cuando creció, no se olvidó de esa magia y el bosque estuvo presente de alguna forma en sus libros. Siempre quiso ser niña y esa angustia de llegar al mundo adulto se recogió, por ejemplo, en Primera Memoria que recibió dos premios: en 1954 el Premio Nacional de Literatura y en 1959 el Nadal. Sin embargo había escrito su primera novela con 17 años, Pequeño teatro, que obtuvo años más tarde, en 1954, el Premio Planeta. Y en 2010 el Premio Cervantes por toda su trayectoria.

A Ana María Matute le hubiera gustado ser ilustradora antes que escritora. Las ilustraciones de Arthur Rackham para los libros Hans Christian Andersen eran sus preferidas. De pequeña escribía cuentos y también los ilustraba. Incluso fue ella misma quien retrató a los personajes de su conocida novela Olvidado Rey Gudú. Desde mi punto de vista, otro gran mérito en el sentido de que se trata de un género también poco trabajado en España.

Es curioso. Me ha venido a la memoria a Alice Munro. En una entrevista concedida a la revista Leer Ana María Matute reescribió el final del cuento de La Bella Durmiente. Alice Munro hizo lo mismo con La Sirenita. Son personas especiales, valientes y grandes escritoras que se atrevieron a retocar los cuentos clásicos y a reinterpretarlos según su visión del mundo.

contentPero no todo fue tan mágico e idílico como nos pueden transmitir la fantasía y aventura de los cuentos. Le tocó vivir los durísimos años de la guerra, algo que le marcó profundamente, como a otros muchos niños de su generación. Aún, con cerca de 90 años, se estremecía al recordar durante la guerra a un hombre muerto, tirado en la calle que aún tenía un trozo de pan y chocolate en la mano. Al igual que el bosque, la guerra tomará un papel relevante en muchas de sus novelas, como en su última novela publicada Demonios familiares; la guerra es el escenario donde Eva la protagonista luchará contra los demonios familiares pero también contra los demonios sociales que imponen normas y comportamientos a las mujeres.

Los años 50 se le quedaron pequeños. Muchas de las personas que la conocieron como las escritoras Espido Freire o Lucia Etxeberría o la fotógrafa Colita están de acuerdo en que Ana María Matute fue siempre una mujer rebelde e independiente, que hizo lo que quiso a pesar de los demás. Desde luego, si leemos algunas de las entrevistas recientes seguimos viendo una mujer fuerte, entusiasta y con las ideas claras.

No aceptó el papel que la sociedad tenía marcado para una chica de clase burguesa y de buena cuna. Como ella misma reconoció no fue virgen al matrimonio, algo que en aquella época era una provocación. Se divorció de su primer marido (algo también impensable) y luchó por la custodia de su hijo al que estuvo varios años sin ver.

A pesar de la edad, nunca dejó de soñar, de seguir siendo un poco niña y de amar la fantasía y la imaginación. Y de alguna forma, siempre siguió su personal camino de baldosas amarillas, tanto en lo personal como en lo profesional.

Erase una vez… Ana María Matute.

Más información: La niña de los cabellos blancos [documental]

Fuentes de Verano

julio 29, 2014

Fuentes de VeranoCon este calor pienso en las fuentes. No las de agua que también, sino las periodísticas, muchas veces invisibles, ocultas, conspiratorias, que guardan multitud de secretos, o reflejan la caverna mediática. Y ahí, adentrándonos en lo más oculto, encuentro la primera fuente. No es el maligno, nosotros mismos, ciudadanos y periodistas que decimos, emitimos -queriendo y sin querer- agrupados en una u otra cascada o fuente mayor convertida en medio o medios, donde a su vez intentan darnos cobijo a cada uno, o construyen una cascada monocorde donde lo diferente es sólo el toque de color que sirve a ciertos intereses, intereses poderosos y dominantes que sin mucho análisis en el río revuelto se nos escapan y ya saben quién acaba llevándose los peces.

Hace poco me hice eco en las Redes Sociales del enésimo abuso de una gran editorial que es a la vez un emporio mediático: Planeta. Parece ser que una de las grandes castas del país no tiene dinero para pagar una portada de un libro de Ana María Matute (imagínense con el resto) y entonces  pone a trabajar gratis a decenas o cientos de ilustradores vía concurso. Compartido en las redes, con indignación y con comentarios que por sí solos explican la esencia del país: no es que no haya trabajo,lo que hay es quien NO recibe pago por el suyo y, por el contrario, a quien se le paga demasiado. El caso es que yo misma ponía el ejemplo de los contertulios de la Sexta y una encantadora facebookiana me respondía “a los miserables decidí hace mucho tiempo no verlos ni escucharlos”, a lo cual le puse título librero: “Los Miserables de la Sexta”.

¿Y qué tiene esto que ver con las fuentes? Pues que no sólo asistimos y consentimos un robo económico, político y social, también nos roban las fuentes. Ya sé que me dirán que lo de la plaza pública hace tiempo pasó a la historia y que no hay lugares de conversación pública más allá de los pequeños escenarios (y ojo que ya te dispersan a la mínima). Pero lo curioso de ello es que son los propios medios convencionales de masas los que pretenden decirnos que no, que todavía hacen su función. Ocurría hace un par de semanas en La Sexta Noche , como ya comentamos en este blog, y volvió a ocurrir en su última emisión. El gran periodismo había sido tocado y había que lanzar un hueso que fuera más difícil de roer, ¿qué periodismo les quedaba en la guantera? El de Guerra, como no, con la que está cayendo encima.

Así que en lugar de hacer periodismo del bueno, sea informando de las miserias internacionales – o de las nacionales- se opta por una entrevista a un reportero de guerra. Ramón Lobo entra al trapo, dice sus verdades y – suponemos- se lleva una pasta como todos los demás o incluso más. Denuncia que los periodistas ya no controlan al poder, claro, no se ha dado cuenta que el poder ya se hizo con el periodismo hace mucho, por eso él tuvo que salir de El País y le vemos en pleno circo mediático. Leo en Twitter que destacan una de sus frases, algo así como que lo mejor de su trabajo es “estar lejos de los jefes”. Vaya, ahora entiendo por qué tiene la ilusión de que el poder no nos controla y hasta puede vendemos esa ilusión en sus viajes al lado de las víctimas (a las que no ayuda porque su ética periodística no le permite otra cosa que informar, nunca entendí esa ética). Y otra cosa es para los que nos quedamos aquí tan cerca del jefe que no podemos respirar, mucho menos decir la verdad. De ayudar económicamente ni hablamos: o no nos pagan o reducen nuestros sueldos hasta la miseria

Ramón Lobo dice que todos los conflictos son un desastre, que ninguno se ha solucionado satisfactoriamente: Irak, Libia, Palestina. No sé que le extraña, si ni siquiera manejamos nuestro país, y esto ya nos viene de la Historia. Habría que escuchar más lo que dicen de nuestras acciones salvadoras por ahí. Seguramente ya nos estamos cubriendo de gloria como hicimos y hacemos en Guinea Ecuatorial, el Sahara o América Latina. Así que no es nada personal respecto a los periodistas de guerra, o respecto a ciertos periodistas de guerra, pero qué fue a contar Ramón Lobo en esta ocasión que no conociéramos ya, con la que está cayendo en la profesión y en la sociedad en general, mucho interés público no tenía, la verdad.

En España vivimos el Tiempo de los Medios desprovistos de Periodismo, que nunca tuvo el peso que gozó en otros países, por lo que todavía ha sido más fácil que se acabara convirtiendo en la comparsa elaborada entre intereses y anuncios que, aunque caducos, siguen siendo sostenidos por las diferentes castas.