Archive for the ‘Crítica Social’ Category

Leed, leed malditos pero no cualquier libro

septiembre 24, 2014

Me encantan el chocolate y los libros. Y aunque parezca extraño, pensar en chocolate, a veces, me lleva a pensar en libros. Leo comiendo chocolate y como chocolate pensando cuál será mi próxima lectura.

Mientras escribo este artículo estoy comiendo una porción, jugosa y tierna. Me he vestido adrede, he camin2825541490_b8dd9ef8c8_mado, entre aceras y calles levantadas por obras, hasta la pastelería del barrio y he comprado una (tamaño pequeño). Y ahora, mientras intento que migas de bizcocho no caigan encima del teclado del ordenador, pienso (aparte de lo rica que sabe) que una tarta de chocolate de gran tirada, esas de supermercado, no puede competir con una tarta de chocolate casera o con una comprada en una pastelería artesanal. La tarta industrial se ha fabricado en cadena (ni siquiera con la gracia y el colorido de Charlie y la fábrica de chocolate), es fácilmente accesible, sin mayor interés que el dinero rápido y fácil. En la tarta casera o artesana se seleccionan los ingredientes con cuidado, hay esmero en la preparación, mimos en la elaboración y un sabor tan exquisito que seguro que en más de una ocasión has tomado trozos más pequeños para que el placer se alargue como yo en este instante. La misma pena que cuando terminas un buen libro.

Y de este modo, me veo hablando de tartas de chocolate en un blog de literatura y cultura, asociando mis tartas a las ideas que tenían algunos editores, como Jaume Vallcorba, sobre la literatura (y me pongo seria). Vallcorba distinguía entre la literatura de calidad y la litimageseratura de consumo. La literatura de calidad contiene complejidad de tipo estilístico y retórico y psicológico, variedad de recursos técnicos, profundidad, algo que conmueve, frente a la literatura de consumo que remite a meros tics, lugares comunes o clichés toscos, esquemas que pretenden ser literarios sin serlos, una receta simple para una tarta prefabricada.

Sin embargo, muchas veces, esta última es la literatura que se escoge leer. Y cuestiono lo de escoger porque es posible que hayamos permitido que otros elijan por nosotros. El supermercado está lleno de tartas de chocolate. Y nos las ponen a la vista. Tienen que estar ricas, para qué buscar más. Ya tengo mi sabrosa tarta. Y así, obnubilados por los cantos de sirena, también nos decantamos por uno (o varios, mayor empacho aún) de los 10 libros más vendidos de cualquier estantería del Top ventas de una gran librería, ¿pero son los 10 mejores? ¿Has decidido tú que se lo merecen o simplemente otras personas lo han colocado por arte de magia? No te han preguntado aunque pienses que sí.

Generalmente, detrás de este tipo de literatura existe un marketing agresivo donde prevalecen los intereses económicos de grandes editoriales o grupos de comunicación por encima de la calidad literaria. La intención es vendernos un mero producto y hacernos creer, como comentó hace poco Nieves Martín de El Planeta de los libros que nos llevamos grandes libros; sí, quizás es así, nos venden libros de gran tamaño. Nada más.

El marketing en sí no es malo. Es una herramienta, que bien empleada, sirve para hacer más atractivo, en este caso, un libro, y darle una mayor difusión. Pero sí es poco ético hacer de él un instrumento de engaño y abuso.

Dubravka Ugresic, escritora y ensayista croata, escribió un breve artículo titulado Los Torcedores que aparece junto a otros en Gracias por no leer en el que comenta: […] «lo trivial ha anegado la vida literaria contemporánea hasta cobrar, a lo que parece, más importancia que los libros. La propaganda de un libro es más importante que el libro en sí; tal como la foto del autor de la solapa es más importante que el contenido y la apariencia del autor en los diarios de gran tirada y en la televisión es más importante que lo que el autor haya escritor realmente.» […] «las librerías parecen cada vez más flamantes supermercados

¿Qué os parece? A mí, turbador y terrorífico. Y como lectoras no podemos recurrir a ese argumento trillado y carente de fundamento que, a menudo, lanzamos sin pensar: lo importante son las emociones, lo que el libro me transmite.

Sí, las emociones importan pero no deben convertirse en el único elemento de análisis y juicio de la calidad de un libro. Me puede gustar el sabor de una tarta de chocolate de supermercado, pero, sin lugar a dudas, me enloquecerá el de una tarta casera o artesanal. ¿Y de qué manera llego a esa conclusión? Porque poseo criterios objetivos para valorarlo… y porque las he probado. Y me refiero tanta a las tartas como a los libros.

Hay buena literatura escondida más allá de los superventas, de las grandes librerías, de las grandes editoriales, de los cuatro grandes escritores de siempre. ¿Por qué no catar esos otros libros también?

8601668462_4fcf2fb3eb_mResulta útil, casi indispensable, me atrevería a decir, convertirnos en lectoras y lectores serios, críticos, reflexivos con lo que leemos y con nosotras mismas. Es nuestra pequeña pero no irrelevante contribución a llenar las librerías, las bibliotecas y nuestras casas de literatura de calidad. Podemos evitar caer en la simplicidad y la monotonía. Ser críticas no significa ser fan de literatura aburrida y pedante. Significa abrir nuestra mente.

Por otro lado, es importante ser conscientes de que la edición y venta de libros no siempre implica una carga cultural grande. En este sentido, el escritor italiano Elio Vittorini diferenciaba entre literatura de consolación versus literatura de provocación. La primera se asemeja a la literatura de consumo, vaga y sin mucho contenido. La segunda, a la literatura de calidad: nos sorprende, nos hace pensar, imaginar o soñar.

pensandoLa literatura juega una función cultural, educativa y social básica y si queremos que continúe su labor debemos abogar por la literatura de provocación, que una vez descubierta, no querremos abandonar (me apuesto una tarta). Está en nuestras manos elegir libros que muestren sociedades justas, que representen mujeres y hombres en condiciones de igualdad, sin estereotipos que perpetúan una sociedad y unas relaciones perjudiciales y nocivas. Vayamos en busca de historias variadas, originales, divertidas, atrayentes, asombrosas. Olvidemos el mismo molde de siempre decorado con virutas de chocolate y lancémonos a por algo diferente. Al menos, probemos.

Como explica Nuccio Ordine en La utilidad de lo inútil, la literatura y los saberes humanísticos, la cultura y la enseñanza constituyen el líquido amniótico ideal en el que las ideas de democracia, libertad, justicia, laicidad, derecho a la crítica, tolerancia, solidaridad, bien común, pueden experimentar un vigoroso desarrollo. ¿Vamos a dejar que nos lo quiten?

Seamos lectoras y lectores críticos para vivir con libertad, independencia, poder de decisión y capacidad para producir un cambio a nivel cultural, político y social. En definitiva, para ser felices. Recuerda: la literatura de buena calidad es comer chocolate del bueno.

8ª Temporada: miércoles en directo

octubre 3, 2011

Cambio de hora y día, existiremos, seremos, Miércoles. Empezamos a las seis y media de la tarde, y lo extraño de empezar a la media puede ser más permanente en la memoria. A esa hora en que ya se tomó el té, o la merienda, y se plantea cómo terminar el resto del día, o decide hacer un alto en el camino, puede escuchar en directo El Planeta de los Libros, los más incondicionales, como siempre, en su propio horario, cuando quieran, a través de la página web

Como no podía ser menos, al Planeta también le están afectando los recortes, y no hablo de los económicos (esos ya estaban a cero) sino lo que se desprende de ellos, o hasta de las gestiones abusivas que se hacen con la excusa de los recortes. Esta temporada sólo tendremos media hora a la semana. Un recorte del 50%. No diré que los programas de libros seamos una especie en peligro de extinción. Quizá sea mejor definirnos como un rara avis, cada vez más rara.

Y hasta lo raro es indispensable, porque lo raro no es tan raro al fin. Hay muchos autores, lectores, millones de libros, novelas, poesías, obras de teatro…. Me sigue sorprendiendo al inicio de esta octava temporada, igual que lo hacía en la primera, que existan tan pocos programas de radio dedicados a los libros, al menos en nuestro país. Asombro también por las solicitudes de participación que recibimos, lo cual indudablemente no se corresponde con nuestra pequeñez, en medios y, seguramente, alcance. Quizá los autores, los buenos, no buscan números de audiencia. Ellos saben dónde quieren estar, dónde se consigue por derecho propio, no por amiguismos u otras prebendas como norma. Vale, vale, ya sé que algunos se hacen los interesantes. En todo caso, también los lectores aprecian la literatura más allá del escaparate mediático, o librero, que se confunde tantas y tantas veces. Ya lo decía Lucy Leite en su último artículo en el blog del planeta “Por un abordaje cualitativo de la lectura”

Frente a lo cualitativo, el escaparatismo librero-mediático parece no tener límites. A partir del 15M y todos los movimientos ciudadanos en pro de una Democracia Real, ha habido oportunistas en toda la cadena librera –desde autores hasta editores- dispuestos a enseñarnos las necesidades demócratas de nuestro país. Podríamos asegurar: nos acostamos con pocas reivindicaciones demócratas y nos levantamos Demócratas Reales (parafraseando el inicio de la II República española tras el régimen monárquico). Y no sólo surgieron libros “Reales”, también escritores y escritoras que poco apoyaron una auténtica cultura demócrata, que actuaron como auténticas élites culturales de una dictadura cualquiera y que ahora de repente se hacen “Reales”. Porque así lo dicen, no porque sus escritos o acciones arriesguen lo que hay que arriesgar para ser considerados como tales.

El tema de la Democracia en España es cada día más prioritario, por eso lo elegimos como el primer programa de la temporada. Para ello, como los intentos democráticos vienen de largo, hemos buscado un experto politólogo, un estudioso de las ciencias políticas, que se dedica a investigar nuestra Democracia y sus raíces más allá de los últimos cinco meses. No les digo el nombre, la sorpresa es parte de nuestro primer programa y seguramente, o eso espero, escucharán hablar de él en boca de otros (si es que no lo hacen personalmente). Les puedo adelantar que es una voz crítica, que no se conforma, que no se resignan. En este pequeño planeta creemos que sólo así, investigando críticamente y denunciando públicamente seremos capaces de mejorar la situación. Por octava temporada: Bienvenidos al Planeta de los Libros.

Y a ti quien te cuida

septiembre 18, 2011

18 Sept 2011_Manifestación en Madrid

Quince de Septiembre, ocho de la mañana. Subo el ascensor de un gran hospital del centro de Madrid. Cuarta planta. Cirugía Mayor Ambulatoria. Hace veinticinco años que no me someto a una cirugía, pero veinticinco años no son nada. Parece que tengo ganas, ansias, de volver. Me meto directamente en quirófano y un simpático joven me indica que debo ir a “registrarme” primero, qué despiste. En el mostrador de admisiones no me hacen mucho caso, permanezco muda y espero a establecer contacto visual. Ya me ven. ¿Nombre? (la que suscribe) Habitación 421 (es un decir), letra B (hmm?). No se preocupe, yo le acompaño (qué detalle).

Póngase el camisón, abertura hacia atrás, siéntese en el sillón y espere. A la media hora llega una chica joven, simpática y profesional. Me toma datos, presiones y temperaturas. Empiezo a pensar que no será tan duro. Media hora después el celador viene a por mi cama (conmigo dentro) y le da varios virajes a la otra (llamémosla cama A), hasta que finalmente despotricando cambia la disposición de A para que B pueda salir. Esto debe ser todo un reto, y quizá haya alterado sus nervios porque cuando llegamos al ascensor hay saludos que le parecen maleducados. Me lo cuenta todo cuando nos quedamos solos en una especie de pre-operatorio. Por suerte a los pocos minutos llega la que el desconocido celador presenta como “alma blanca”, la joven que dice encargarse de los entremeses de la anestesia general: “para que sueñe bonito”. El miedo me abandona (ilusamente) y caigo en un sueño sonriente.

El alma blanca me había dicho que el miedo estaba justificado, que a los sanitarios les gustan menos los que van de resabidos. En mi caso estaba justificadísimo. Llámenlo intuición, premonición, temor a anestesias, o que el anestesista me había dado mala espina en la visita obligada unos meses antes. Mientras duermo sonriente, este profesional de la entubación me provoca una hemorragia y, por lo poco que me entero cuando me despierto (como paciente no tengo derecho a que me den datos exactos), sencillamente corta la sangre con abundantes algodones en mi tabique nasal. De esta forma se pone en marcha la operación maxilofacial prevista.

Mi primera conciencia de que algo me pasa en la nariz es en la sala de reanimación, aunque sigo adormilada de vez en cuando necesito quitarme el respirador, el tabique izquierdo obstruido, necesito dar bocanadas grandes de aire, me agito, no sé ni de donde me viene el dolor, pido calmantes.

Me despierto más, el celador me lleva de vuelta a la habitación. La cama A está ocupada. Alcanzo a decir “hola”. Quiero seguir durmiendo y casi lo consigo. Entonces empieza la fiesta de los móviles. Madre A e Hija A llaman a todo el mundo para comentar detalles de su intervención, hacer arreglos logísticos, aprovechan para hablar con Jazztel para conocer más de sus últimas ofertas. De la fiesta de los móviles me separa una fina cortinilla. Ojos que no ven corazón que no siente, o eso deben pensar mis compañeras, llamadas por una letra, como podrían ser llamadas por un número, aquí todo se resume a eso. Hasta se echan en falta las mínimas normas de cortesía, por ejemplo no hay ninguna que prohíba el uso de móviles en habitaciones de postoperatorios. Las pacientes abusan. Andando la tarde me admira también su trato para con las celadoras. Quedan pocas enfermeras en los grandes hospitales, pero eso no debería fomentar el desprecio al resto de personal hospitalario.

Como no había enfermeras, tampoco había quien se me acercara con un simple enjuague bucal, antiinflamatorio o antibiótico, al menos hasta las 8 y media de la tarde: llega un doctor apresurado a darme el alta, con las recetas pertinentes, las que yo imaginaba y “Nolotil” para el dolor cada 8 horas. En busca del tiempo perdido, pensé. Y eso me recordó el libro con el que pasé mis primeros minutos en el hospital “el mapa y el territorio” de Houellebecq, que me enganchó tan poco como para pensar en todo lo que quiero leer antes que la salud o los que cuidan de ella tengan a bien que abandone este mundo.

De momento llevo cuatro días sin poder concentrarme en la lectura de un libro. Sólo hojeo prensa e internet. El dolor maxilofacial es llevadero. Incluso los cardenales. Lo peor es mi nariz. La poca pericia del maxilofacial al quitarme los primeros algodones nasales, su incompetencia todavía mayor al colocarme el nuevo y enorme apósito (que obediente y doloridamente llevé dos días), me hacen preguntarme ¿me he llevado dos operaciones por una? ¿Se tratará de una nueva oferta de gestión hospitalaria? No dos operaciones por una, dos postoperatorios por uno (cuidado con quejarse, que le damos tres). Vuelvo a casa y un amigo me pregunta ¿y a ti, quien te cuida? Y sigo preguntármelo hoy, el mismo día que miles de personas en Barcelona, Madrid y otros lugares protestan contra los recortes sociales, principalmente en educación y sanidad.

Gracias querido Otorrino (el que liberó finalmente mi tabique), gracias por utilizar algo tan barato como el tiempo y tan caro como la vaselina. ¿Me equivoco de adjetivos, de nombres? Lo llaman hospitales y no lo son…. Gracias, Otorrinos y no Otorrinos, por saber tocar las narices.

Un marco para la reflexión

julio 7, 2011

Aproximadamente una veintena de medios acudimos a la presentación de la novela “El abogado de Indias” de Amós Milton. No doy número exacto porque además de los de Madrid y Barcelona, estaban los locales más difíciles de controlar. El caso es que desde el principio andaba yo preguntando cuándo me tocaría entrevistar al autor, lo cual parecía una empresa nada fácil: después de la comida, en el Palacio de los Pinelo (actual sede de la Academia de las Buenas Letras de Andalucía), antes o después de la visita a los Baños Árabes.

Mientras me tomaba un té moro para recuperarme de las aguas y masajes relajantes de la calle Aire, maquiné cómo culminar la labor. Por suerte el camino estaba más despejado, algunos periodistas empezaban a mostrar signos de debilidad, se iban al hotel, se aseaban, o decidían cambiarse de ropa. Eso sí, cuando ya tenía la entrevista concertada, cuando nos dirigíamos a la espectacular azotea de los baños, entorpecía el camino otro tipo de espesura no prevista: los admiradores, los lectores en busca de autógrafo, y no uno, dos incluso por persona, y se hacían amigos, y le invitaban, y Amos Milton siempre atento con todos los se acercan.

Finalmente, lo tengo sólo para mí. Empezamos a grabar: él, yo, la Giralda, los tejados. Y, al minuto, empiezan a llegar periodistas, cámaras, admiradores, amigos. El micrófono evita que se cuelen en la grabación, pero mis oídos y mis ojos captan, ven y oyen.

No pude extenderme más. Le robé sólo quince minutos. Qué diferente este periodismo de carreras del otro que prefiero, una entrevista más calmada, más íntima, profunda, larga. Espero que la disfruten (en breve la subiremos a la web), Amós Milton tiene otras muchas preguntas, que intentaré hacerle cuando salga la segunda parte de “El Abogado de Indias”. También se me queda en el tintero una interesante visita, sugerida por el autor, al Castillo de Triana o Castillo de San Jorge, sede durante 300 años del Tribunal de la Inquisición sevillano, y donde también transcurren algunos episodios de la novela.

El paseo entre las ruinas del temido Santo Oficio se puede hacer de la mano de un formativo y gratuito sistema de audio y es anunciado como “un marco para la reflexión”. Al final del recorrido, coronando una serie de artículos de la Declaración Universal de Derechos Humanos (que siguen siendo poco universales), se lee la siguiente pregunta: “¿sigues pensando que este lugar no tiene nada que ver contigo?” Lean o visiten, y saquen sus propias conclusiones. De momento yo me dirijo a otro evento literario, Voces del Extremo.

La novela hecha realidad

julio 4, 2011

Hacer la novela realidad, al menos un poco, eso persigue el autor de “El abogado de Indias”, Amós Milton, quien nos invita este martes a recorrer los espacios sevillanos de la historia recién publicada por Almuzara.

Después de leer una novela histórica, es fácil sentir la tentación de trasladarse a otra época, ser protagonista o al menos espectador in situ, recrear un tiempo ya pasado, compartir las idas y venidas de los personajes, pensar que algo del mismo aire, la misma luz, los mismos espacios, todavía pueden ser disfrutados.

En esta ocasión espero sentir la fastuosidad de algunos monumentos sevillanos en los que transcurre la obra a finales del siglo XVI. Aguardo con interés la llegada al Palacio Pinelo, donde viven algunos de sus personajes, ¿será tan lujoso como nos describe Milton? Y después de esa visita, está previsto que disfrutemos nada menos que de los auténticos baños árabes que utilizaban los abogados de la calle Aire (ahora reconvertidos en Aire de Sevilla-Baños Árabes, por si algún lector u oyente quiere visitar). Un placer adecuado, dicen los organizadores, para disipar el calor sevillano.

Que este martes vaya a vivir parte de una lectura me sugiere muchas ideas. Para empezar por qué no se hacen más presentaciones de este tipo: lectura con viaje y visita histórica incluida, gastronomía sevillana, un buen vino, o un té frío, tan habitual en la cultura árabe de la época de la novela. Dan ganas de llevar la literatura a todos los rincones, no sólo al cobijo habitual de la lectura, a muchos lectores les gustaría visitar los espacios de sus novelas preferidas. En todo caso, le preguntaremos a Milton por esta obra, cuya segunda parte ya anuncia, y su vivencia de la literatura (próximo audio en Grabaciones de Verano)

Por lo demás, abandono Madrid con una extraña sensación de déjà vu sobre dos actuaciones diferentes que en mi cerebro –quizá extrañamente- se muestran relacionadas. Por un lado ese manifiesto de intelectuales (escritores y músicos entre ellos) en los que reclaman una regeneración de la izquierda política. A muchos ha extrañado que los mismos conocidos como “el clan de la ceja” – por su apoyo a Zapatero- abandonen el barco a las primeras de cambio, quizá sólo interesados en él cuando está cargado de prebendas. Y más de uno se pregunta si no deberían empezar por una regeneración propia, al fin y al cabo se consideran intelectuales de izquierda y dicen que es ésta la que está en entredicho. Yo incluso me pregunto, dónde estaban los últimos meses, los últimos años. Se les veía en los medios pero no precisamente tan indignados como ahora dicen estar.   

La segunda actuación, que persiste en relacionarse con la anterior, no es otra que la intervención de la Guardia Civil en la dirección de la Sociedad General de Autores (SGAE) por presuntos delitos societarios y de apropiación indebida. Se trata de otro clan cultural, el de su presidente Teddy, que justo el día anterior volvía a ganar las elecciones internas. Siempre me pareció injusta la posición dominante de esta gestora privada de derechos de autor, una injusticia que rozaba el abuso (acuérdense de lo de las peluquerías), o los excesos, empezando por el jefe de todo ello, que en breve se retirará con una pensión de más de 4 millones de las antiguas pesetas, al mes…  No parece justo en el mismo país que acaba de endurecer su sistema de pensiones.

Por supuesto son diferentes actuaciones en el ámbito de la cultura. Incluso diferentes escenarios: Círculo de Bellas Artes de Madrid (donde se presentaron los intelectuales de izquierda), la SGAE, los tribunales… Sin embargo, hay conexiones, hay músicos y escritores famosos que están tanto en la noticia del Círculo como en la de la SGAE. Y no son los únicos círculos que comparten. No nos olvidemos que una entidad cultural no es ajena al resto (ni siquiera ajena a otras no culturales). Siempre hay flujos, reflujos, visitas e intereses.

Por terminar, y como hemos dicho en otras ocasiones, la burbuja cultural ya está bien engordada. Es hora de que empiece a desinflarse. Habrá que ver si contaremos para ello con el apoyo de la inteligencia cultural y mediática del país, que parece ya no quiere seguir siendo el coro del poder, ¿o sí? Nos tememos que los que son recibidos en Ministerios y Presidencias necesiten todavía más escándalos culturales, o más indignados culturales (de los reales, los que no somos recibidos), para dar un paso al frente, para enfrentarse realmente a la maquinaria que hasta ahora han engordado.

 

El Coro del Poder

junio 19, 2011

Hace poco Jorge Riechmann, en la presentación de la antología Futuralgia, leía unos versos inspirados en la muerte del poeta chileno Gonzalo Rojas. Comentaba que se había despertado a las 4 de la mañana con la necesidad de escribir y que hasta que no lo hizo, y tardó en ello, no pudo hacer otra cosa.

Andaba yo este 19 J en las mismas. Ayer paseé por la Puerta del Sol, que ya no es Acampada, pero se le parece mucho, y paso a paso anécdota a anécdota, me impresionaba el cambio. Una mujer decía “cuidado con las carteras, que viene el Papa” y algún paseante se reía, y otro contestaba, y era contestado. Ágora Sol no es sólo la emisora aquí surgida, en esta plaza se sigue hablando, y eso es lo que importa.

Impresiona el cambio, eso sí. La Puerta ya no es lo que es. Se nota que los grupos de trabajo no están ahí. De madrugada también, me llega el correo de http://referendum15deoctubre.org/ De lo real a lo virtual, que es lo que toca. Y me sigue pareciendo mentira que los políticos vayan siempre tan detrás.

No son los únicos. Todavía colean otros más allá. Podría agruparlos en ese título que supongo no original: “el coro del poder”, y con el que no me refiero a banqueros, empresarios gubernamentales, o sindicatos de esos que se llaman mayoritarios (que realmente lo son por arrimarse al poder).

El título va dedicado a esos miembros de la inteligencia cultural y mediática que intentan mantener sus privilegios denostando un movimiento cívico y definitivamente pacífico, aunque algunos quieran reflejar en él la misma violencia que anida en el sistema. Incluso hay a quien se le nota el plumero cuando dice que son unos cuantos “anti-sistema anarquistas”, lo dice una señora periodista que se sitúa delante o detrás del 15M según la conviene, dedica poco tiempo a pensar y todavía considera el anarquismo como movimiento violento.

Y todo esto no es nuevo, el coro del poder lleva siglos haciendo el trabajo de fondo. Lo nuevo es cómo abunda el conjunto de figurines en las televisiones privadas y también en las públicas, que para eso son directamente del poder, sin intermediarios, y ni les cuento lo que pagamos todos por la opinión de estos modelos en pantalla.

El coro periodístico va afinando según conviene. Según les conviene. Enterarse no se enteran de nada, ni falta que hace, siguen confiando en el poder, que para eso es suyo. Y el coro seudo-literario no se queda atrás. Ya decía una integrante de este segundo o primer coro (que tanto monta, monta tanto) algo así como que los acampados eran cipreses (¿!). A mí me daba la risa cuando lo descubrí esta misma madrugada, porque la verdad a esta señora no la leo pero alguien me recomendó la burrada. Me tenía que reír no sólo por la poca capacidad de expresión y observación de esta soprano (bueno, de la voz mejor no hablar), mira que intentan quitarnos nuestra naturaleza de sujetos, y hasta de humanos. Y nos puso como árboles, algo vivo al fin, porque otros nos machacan hasta hacernos piedra pómez.

TVE, que algo bueno tiene, a pesar de todos los periodistas y políticos que mantiene a dedo, me regala, también en la madrugada, un estupendo reportaje sobre la mentira, y Miguel Catalán, al que tengo que invitar sin falta a “El Planeta de los libros” me deja este presente: “El poder intenta siempre engañar al pueblo”. O este otro: “Lo peor es la mentira del poderosos sobre el débil”. Y ponía el ejemplo de la política… Y un consejo final “para averiguar la verdad, hay que investigar”

Espero que disfruten la manifestación de hoy. Aprovecho para comentar que el jueves 23 a las 6/7 de la tarde (la información que tengo no es precisa), en la Puerta del Sol nos visita el islandés Hördur Torfason. Ya anunciamos que ayer estuvo en Barcelona, y para los que no lo vieran en facebook, les dejo su video de presentación

Hoy además, en el programa sobre Cine y Literatura, despedimos la 7ª temporada. Ha sido difícil hasta el último momento, quizá lo noten incluso, casi no teníamos tiempo de despedirnos. Pero no se olviden de este pequeño planeta. Ya estamos preparando la 8ª. Habrá sorpresas 😉

Ha llegado un nuevo sol

junio 4, 2011

Cartel en Biblioteca Acampada Sol

Después de la llegada del “Sálvame” de los libros , esa Feria  que todavía no hemos pisado, por suerte (porque no nos ha hecho falta), damos la bienvenida a otros eventos, otros encuentros, donde sí pisamos, y nos involucramos. Son nuevas apuestas, y por tanto arriesgadas pero a las que la situación cultural y mediática nos empuja. Necesitamos arriesgarnos, los intentos lo valen incluso aunque se queden en eso y, además, creemos que sólo colectivamente saldremos de esa olla hirviendo donde pretenden cocernos a casi todos como ranas. Sí, me refiero a la historia de la rana hervida, esa que circula por internet y que contamos hace poco en Ágora Sol Radio, a partir de la hora y cuarto de este podcast 

En la nueva emisora digital, Ágora Sol, idea de la Comisión de Comunicación de la Acampada de la Puerta del Sol, llegué a proponer hacer un programa de libros, aunque dado los múltiples pluriempleos a los que una se ve obligada, de momento vamos a dejarlo en colaboraciones literarias y/o culturales en los programas que ya se van estableciendo. A nueve días de su nacimiento, he participado en un par de programas y sin duda la entrada más literaria fue la del jueves pasado. Ese 2 de junio me hice eco de la iniciativa de casi 40 blogueros que llevaron microrrelatos por y para la Acampada a la Puerta del Sol.

Resumiendo, después de contarle a Gerardo en La persiana la Historia de la Rana, pasé a leer algunos de esos microrrelatos. Claro, la conexión telefónica no es muy buena, pero si esto es así a los siete días de nacer, imagínense a los catorce días, a los tres meses, o al año. La fuerza de todo lo que surge en Acampada Sol es impresionante. No sólo por lo que digan desde fuera. Desde dentro se ve gente trabajar unida, que dos días antes no se conocían, trabajar por secciones, trabajar la parte técnica, trabajar el diseño, trabajar la redacción, trabajar la relación con los demás, y sobre todo tomárselo muy en serio. Hay deserciones también claro. Pero en todo movimiento de cambio, de progreso en el sentido de mejora, lo importante es mantener el objetivo común.

Un día antes de emitir ese streaming (directo por internet) de Ágora Sol Radio, grabo El Planeta de los Libros que podrán escuchar este domingo en Radio Círculo, y el lunes en nuestra web. En el estudio cuento con Adaya, a la que bautizo como el espíritu de la acampada, como ya hizo Gerardo antes que yo en Ágora Sol. Ha venido aunque se encuentra mal ese día, y a pesar de la precariedad laboral de su 18 años. Nos cuenta su experiencia, que participa en seis comisiones, también lee algunos de los microrrelatos de los blogueros. Kike y Nacho, del grupo Derrumbe, son casi igual de jóvenes que Adaya, y con la misma energía valiosa y positiva tan habitual en la Acampada, esta vez expresada en canciones: “un día más”, o “ha llegado un nuevo sol”, que da título a este artículo.

Y no entiendo cómo no se habla más en los Medios de Comunicación de la cultura de la Acampada. Debe ser un tabú. Que siguen más preocupados por los famosos de las páginas cuché que por los movimientos colectivos. A Ágora Sol Radio han llegado las primeras peticiones de entrevistas, pero creo que la mayoría son de medios extranjeros. Aquí no debe ser noticia una emisora digital nacida en la Acampada.

¿Y la Biblioteca de la Acampada? Quizá ni se han enterado  de su existencia. Su historia nos la cuenta Gonzalo en El Planeta de los Libros. Y, de nuevo, me vuelve a sorprender su claridad mental, como la de tantos otros acampados. Al hablar del movimiento que se desarrolla bajo este “nuevo sol”, dice Gonzalo: requiere organización pero también paciencia (…) es un modelo en el que no estamos educados (…), creo que es muy interesante pasar por el proceso de ser educados en esta forma de decidir y de participar democráticamente, y eso va a costar un poquito de tiempo

Por supuesto podría hablarles también de las dificultades que atraviesa el nuevo sol, pero ya reciben esa información de los medios de comunicación masivos, como denuncia Gonzalo en el programa. Incluso hay gente que -considerándose cercana a las ideas que se defienden en la Acampada- observan lo que allí ocurre con cierta superioridad. Las lecciones son ya conocidas, el camino está por andar.

Lo que los blogueros le deben a Montaigne

mayo 28, 2011

El texto presentado abajo es de la autora Sara Bakewell, que ha sido originalmente publicado en The Paris Review. Sarah Bakewell ha escrito How to Live, un libro que analisa la obra de Mointaigne y la relaciona con su biografía. Un verdadero placer para aquellos que están encantados con los Ensayos y los que quieren leerlos desde una nueva perspectiva, más liviana, más fresca, aunque, infelizmente, el libro todavía no está traducido al castellano. Este texto sigue la lína del How to Live, en el sentido que muestra la actualidad no sólo de la obra de Mointaigne, sino de su forma de pensar y actuar. Pero los Ensayos son para otra entrada, por ahora, quedamos con el texto de Bakewell, en esta traducción la encontré en el blog Solo un día en la vida, que publico aquí con la autorización del traductor. Mis notas están entre conchetes, las del traductor, en paréntesis.

Los periódicos del fin de semana están llenos de ellos. Nuestras pantallas de ordenador están llenos de ellos. Tienen diferentes nombres -columnas, artículos de opinión, diarios, blogs-, pero los ensayos personales están vivos y gozan de buena salud en el siglo XXI. Florecen como lo hicieron en el Nueva York del siglo XX de James Thurber y E.B. White, o en el Londres del siglo XIX de William Hazlitt y Charles Lamb. Parece no haber fin a la llamada del ensayista, su idea básica de que se puede escribir de forma espontánea y divagadora sobre uno mismo y sus intereses, y que el mundo estará agradecido por ello.

No tiene fin, pero hubo un comienzo. La tradición del ensayo floreció en los países de habla inglesa sólo después de haber sido inventado por un francés del siglo XVI, Michel Eyquem de Montaigne. Su contemporáneo, el escritor inglés Francis Bacon, también utilizó el título de Ensayos (Essays en el original), pero los suyos eran consultas intelectuales bien ordenadas. Mientras Bacon compilaba claramente sus pensamientos, el noble y abiertamente autoproclamado diletante y viticultor Montaigne fue dejando que los suyos corrieran alborotados del otro lado del Canal. En sus Essays [“intentos” o “ensayos” en español]*, publicados en 1580 y posteriormente ampliados en grandes ediciones, escribía como si estuviera charlando con sus lectores: tan sólo dos amigos, entretenidos en una tarde de conversación.

Montaigne planteó preguntas más que dar respuestas. Escribió acerca de cualquier cosa que llamó su atención: guerra, psicología, animales, sexo, magia, diplomacia, vanidad, gloria, violencia, hermafroditismo, duda. Por encima de todo, escribió sobre sí mismo y se sorprendió de la variedad que encontró en su interior. ”No puedo seguir un tema rectamente”, dijo. ”Se abre paso aturdido y tambaleándose con una embriaguez natural.” Sus escritos siguieron el mismo travieso camino.

Al hacer esto, rechazó todas las virtudes literarias que los franceses apreciaron en los siguientes siglos: la claridad, el rigor, la belleza y elegancia. Sin embargo, su estilo rebelde le otorgó un inmenso atractivo para autores británicos, irlandeses y americanos. Durante más de 450 años, se inspiraron en Montaigne y sus sinuosos encantos.

Uno de los primeros fue William Shakespeare. Un monólogo entero de La Tempestad -aquel en el que Gonzalo evoca una sociedad ideal en un estado natural-, parece copiado de la traducción de John Florio de los Essais, publicada en 1603 pero distribuida anteriormente en manuscrito. ”Ningún tipo de transacción / Admitiría”, dice Gonzalo, ”ningún magistrado; / Las letras no serían conocidas; riquezas, pobreza, / Y uso de servicio, ninguno”. El Montaigne de Florio habla de un estado con ”ningún tipo de tráfico, sin conocimiento de letras ni de números, sin magistrados ni superioridad política; sin uso del servicio, ni de riquezas o pobreza.” No son sólo las palabras lo que suena similar. Ambos, Shakespeare y Montaigne, mantenían un atractivo sueño sobre una utopía inocente, a la vez que dudaban de su viabilidad.

Es posible que Shakespeare también se sirviera un poco del carácter de Montaigne cuando trabajó en Hamlet [A]. Al igual que el príncipe, Montaigne pensaba demasiado y estaba obsesionado por su propia inconsistencia e indecisión. ”Somos, no sé cómo, el doble dentro de nosotros mismos”, escribió. ”Estamos hechos de retazos y tan amorfos y diversos en composición que cada pequeña cosa, cada instante, juega su propio juego.” Incluso observó que meditar sobre todas las consecuencias de las acciones hace que sea imposible llevar nada a cabo, exactamente el problema de Hamlet.

Si bien la literatura francesa se volvió cada vez más equilibrada y formal, la Inglaterra del siglo XVII produjo una serie de excéntricos muy parecidos a Montaigne, a quién frecuentemente rendían explícito tributo. Escritores como Robert Burton, en cuya Anatomía de la Melancolía corría ”de un lado para otro, como un perro que ladra a la todas las aves que ve”, o Sir Thomas Browne, que escribió en enredada prosa sobre médicos, jardines, urnas funerarias y bibliotecas imaginarias. En siglos posteriores, cada vez más escritores ingleses pertenecieron a lo que el crítico Walter Pater llamó ”la verdadera familia de Montaigne.” Tenían ”aquella intimidad, aquella subjetividad moderna, que podría ser llamada el elemento montaignesco en la literatura.” Se puede ver en Oliver Goldsmith, Alexander Pope, John Dryden, e incluso el pomposamente clásico Samuel Johnson, cuyos ensayos como The Rambler (The Rambler puede ser traducido al español como El Divagador, El Paseante, El Enredante) tienen el título más montaignesco imaginable.

El más divagador (”The rambliest” en el original) de todos fue el anglo-irlandés Laurence Sterne, cuya divagadora novela Tristram Shandy varias veces menciona los Ensayos, que parecen bien ordenados en comparación. El supuesto argumento del Tristram se desvanece, y todos sus elementos parecen fuera de lugar, con un prólogo del autor apareciendo en el capítulo 20 del volumen 3. El resto se rige por el capricho y el juego. ”¿Acaso no he prometido al mundo un capítulo de nudos?” Sterne pregunta en un momento dado, ”¿dos capítulos sobre el lado correcto y el lado equivocado de una mujer?, ¿un capítulo sobre bigotes?, ¿un capítulo sobre los deseos?, ¿un capítulo sobre narices? -No, no tengo ése-. Un capítulo sobre la modestia de mi tío Toby. Por no hablar de un capítulo sobre capítulos, que terminaré antes de dormir.” Los nudos siguen enmarañados y los deseos no se cumplen; nunca llegamos a ningún destino, puesto que distracciones ilimitadas se entrometen en el camino. Como remarcó Montaigne acerca de su año de viaje por Italia, nadie pudo haber dicho que él falló siguiendo un itinerario, porque sólo tenía un plan sencillo: mantenerse en movimiento y ver cosas interesantes. Mientras hiciera esto se ceñía al programa.

”Al tomar la pluma”, escribió el gran ensayista William Hazlitt de Montaigne, ”no se erigió en filósofo, ingenioso, orador o moralista, pero se convirtió en todo eso por atreverse simplemente a decirnos cualquier cosa que pasaba por su mente.” Escribió acerca de las cosas tal y como son, no de cómo deberían ser -y en esto se incluía a sí mismo. Expresó su ser en sus páginas, como cambiaba de un momento a otro; todos podemos reconocer partes de nosotros mismos en el retrato.

En Estados Unidos, Ralph Waldo Emerson sintió esa descarga de familiaridad la primera vez que cogió a Montaigne en la biblioteca de su padre. ”Me pareció como si yo mismo hubiera escrito el libro, en alguna vida anterior, tan sinceramente expresaba mi pensamiento y mi experiencia”, escribió. ”Ningún libro antes ni después significó tanto para mí como este.” Desde un viticultor del Renacimiento hasta un trascendentalista del siglo XIX parece un gran salto, sin embargo, Emerson no podía decir dónde terminaba él y dónde comenzaba Montaigne.[B]

En estos días, la montaignesca voluntad de seguir los pensamientos a donde nos lleven, y buscar la comunicación y la reflexión entre las personas, surge en los escritores de habla inglesa de Joan Didion a Jonathan Franzen, de Annie Dillard a David Sedaris. Y florece sobre todo on-line, donde los escritores reflexionan sobre su experiencia con más brío y experimentalismo que nunca.

Los blogueros pueden sorprenderse al saber que están manteniendo viva una tradición creada hace más de cuatro siglos. Montaigne, a su vez, podría no haber esperado ser tenido en cuenta después de tanto tiempo, y menos aún en lengua inglesa -sin embargo, siempre creyó que tal entendimiento entre culturas y épocas remotas era posible. ”Cada hombre lleva consigo la forma entera de la condición humana”, dijo. Estamos unidos en el hecho mismo de nuestra diversidad y ”este gran mundo es el espejo en el que debemos mirarnos a nosotros mismos para reconocernos desde el ángulo adecuado.” Su libro es un mundo y cuando nos adentramos en él, no hay fin a la extrañeza y la familiaridad que podemos llegar a encontrar.

Notas:

[A] Comparen en breve ensayo de Montaigne “Es locura remitirnos a nuestra inteligencia para lo verdadero y lo falso” con el famoso “Hay más cosas entre el cielo y la tierra, Horacio, que las que sospecha tu filosofía.”

[B] Stephan Zweig, en su pequeño grande libro “Montaigne” comparó el autor de los Ensayos a un amigo, por la cercanía que establece con el lector.

Llega el “Sálvame” de los libros

mayo 27, 2011
Puerta de Sol. Mayo 2011

Puerta de Sol. Mayo 2011

Para los que no vean Telebasura en España, sería preciso una aclaración: “Sálvame” es un exitoso programa de actual producción, de Telebasura. Este espacio, o “La Noria”, o algunas series de ficción o ciertos falsos debates, se caracterizan por dirigirse a nuestros instintos. Si hay algo de racionalidad en ellos suele ser para ocultar esa naturaleza propia proclive a desmenuzar las entrañas (por eso son llamados también “prensa del higadillo”). De esta forma se dirigen a los que ellos llaman comúnmente idiotas, y su principal objetivo es idiotizarlos aún más.

Y ¿cuál es la traslación de “Sálvame” a los libros? ¿Cuál es la acción programada y costosa (con dinero público incluso) que más apela a nuestro instinto, a nuestro ego lector (incluyendo el cómo nos ven los demás), contando con nuestras vísceras más que con nuestra cabeza, considerándonos lectores poco serios, y por tanto susceptibles de ser idiotizados todavía más? Sin duda, cualquier Feria del Libro al estilo de la que se organiza y promociona, estos días, en Madrid.

Vaya por delante la defensa de muchos editores y libreros buenos, que buscan en la feria no el desinformado consumidor que compre cualquier cosa y les salve de la ruina económica, sino un encuentro literario de verdad, un intercambio fructífero para ambas partes, en el que el lector acabe comprando, o no.

Algunos pensarán que es exagerado decir que una Feria del Libro considera idiotas a los lectores. Cualquier Feria que se precie se encargará además de decirles lo contrario, apelar a su prurito lector, a sus ganas de conocimiento, y todo ello en un marco incomparable elegido para tal fin; en Madrid nada menos que su parque más emblemático: la industria del papel también tiene que esconder, rodeada de árboles, su escasa conciencia ecológica.

Pero de lo que se trata es de pasear, y qué mejor que un parque. Cuanta más gente mejor, la cifra importante de una Feria como ésta, además de las ventas, es el número de visitantes. Y ya se sabe para atraer a los niños, a los ancianos, a los jóvenes y a los no tan jóvenes, lo que funciona no son sólo las buenas vistas; en estos tiempos mediáticos, lo que arrasa es el famoso, o la famosa…, desgraciadamente. 

Da igual que Ana Rosa no haya escrito su libro (“Sabor a hiel”, que la editorial Planeta tuvo que retirar hace año y medio), la fila de compradores y cazadores de firmas da varias vueltas entre las casetas, lo anuncian por megafonía, lo dicen los titulares -cada vez más convertidos en anuncios publicitarios. Y siempre hay alguno que se pregunta, ¿cuál es la venta estrella hoy en la feria?

Entre las estrellas y la masificación de la oferta, es fácil sentirte impotente para localizar libros que le interesen o podrían interesarle. Podemos acabar comprando nueve libros que nunca leeremos y uno para mantener nuestro espíritu lector. A quien le importa.

Como dicen los Acampados de la Puerta del Sol: no estamos contra el sistema, el sistema está contra nosotros. Un sistema en el que siempre están los mismos, en la organización o en la lista de firmas invitadas. Hablamos de una casta o élite feriante cada vez más alejada de los lectores, cada vez más obsesionada por las ventas. Sólo le faltaba a la feria la llegada de la gran locomotora de las finanzas europeas. Y llegó. El país de Ángela Merkel limpia a golpe de comercialización literaria lo que todavía esconde una cultura no repuesta de su historia hitleriana (como bien nos recordaba Heleno Saña recientemente en un programa)

Los libros no tienen la culpa de todo esto. Son utilizados, como un producto más del mercado, o un arma de poder. Si lo que quiere es leer, no necesita de todo esto, todo lo contrario.

Responsabilidad intelectual: una breve reflexión a partir del caso de Lars Von Trier

mayo 24, 2011

¡Qué complicada es la relación entre el creador, su obra y su público! Por un lado, está la genialidad, la transgresión, la técnica, la inserción del creador dentro de una tradición artística (literaria, cinematográfica, musical, o incluso filosófica), por otro está el hombre, producto de su tiempo, de la historia, de sus limitaciones y debilidades. A veces él es víctima de su entorno, tragado por su circunstancia, por una vida mezquina o sufrida, por la incapacidad de buscar la libertad cuando ésta le está inicialmente restringida; otras veces está dotado de semejante capacidad de comprensión y apertura que es capaz de sobreponerse a ese entorno, por más opresor y totalizador que sea. Casos de ambos tipos pululan en la historia del pensamiento intelectual.

El reciente caso del cineasta Lars Von Trier en el Festival de Cannes, hablando en broma (de muy mal gusto) sobre su supuesta adhesión al antisemitismo nazi, es sólo uno entre muchos y, exactamente por eso, debe ser cuestionado. Sus posteriores disculpas, intentos de arreglos y de desdecir lo mal dicho, quizás lo eximan de la culpa, pero no deja de suscitar interrogantes.

Primero, partimos del principio básico de que no estamos hablando de ningún idiota, sino de un pensador de alto nivel, con películas intrigantes como Bailando en la oscuridad o Dogville, que cuestiona en su obra la servidumbre, la humillación, el bien o el mal como intrínsecos al hombre. Es decir, los planteamientos filosóficos no le son ajenos. ¿Por qué se metería a hablar de algo tan rotundamente controvertido y absurdo como ser nazi? Segundo, aunque sus películas fueran idiotizantes, que no dijera más que tonterías en su vida y en su obra, ¿qué derecho tiene de defender una perspectiva como la que hizo? Mi respuesta es rotunda: ¡ninguno!

Por mucho que defienda la genialidad de la obra por encima de las equivocaciones del hombre (para citar algunos nombres, se puede mencionar a Ferdinand Céline, Elia Kazan, Martin Heidegger, Julio Verne en el caso Dreyfuss o incluso el muy poco genial Mel Gibson), el hombre público y, principalmente, aquél que vive de su trabajo intelectual, sea en las artes, en la academia, en los medios de comunicación, tiene una responsabilidad moral ante los que lo escuchan o leen, y que va más allá de su interés personal de provocar o trasgredir el status quo. Aunque en el recóndito de su casa y sus pensamientos pueda tener las opiniones más nefastas, como persona pública se acepta una responsabilidad. De no ser así, que no se manifieste. El mismo ganador de la Palma de Oro de 2011, Terrence Malick, es un ejemplo de un gran artista (e intelectual) que prefiere expresarse solamente a través de sus obras, ha dado poquísimas entrevistas y ni siquiera estuvo en la entrega de premios. Una cosa es la obra y el artista, otra, muy diversa, es la relación entre el artista con los medios y el público. Su obra entabla un diálogo con una tradición; el hombre lo hace con sus contemporáneos y tiene, por ende, una responsabilidad hacia ellos.

¿Hay excusa para las absurdidades de Lars Von Trier? Obvio que sí. Un hombre puede equivocarse y mejor creemos en sus disculpas. Pero queda aquí el tema de debate, que suele salir a flote sólo en casos extremos como éste, pero que es discutible en las pequeñas declaraciones cotidianas de personas públicas.

En su libro “The reckless mind“, Mark Lilla, en un diálogo histórico con “The captive mind“, del Nobel de Literatura Czeslaw Milosz, afirma la dificultad de juzgar a los intelectuales que, desde el seno de gobiernos totalitarios, se ven obligados a ceder ante el riesgo de perder sus propias vidas; no obstante, ¿qué decir de los intelectuales que, viviendo en democracia, se entregan a las demencias tiránicas o defienden cualquier cosa que no sea la libertad, el ser humano pleno y la paz?

La responsabilidad intelectual, por la que tanto abogó el epistemólogo Karl Popper y Mark Lilla, como su seguidor, es un tema a menudo abandonado por los grandes medios que, por conveniencia (¿o connivencia?), prefieren callarse ante el poder. Porque los medios, como cualquier entidad o persona que exprese sus ideas de forma pública y abierta, tienen el deber (no sólo el derecho) de hacerlo en aras de ensanchar la democracia, y no de pisotearla.

Otras breves reflexiones sobre el tema: “O intelectual aprisionado“, “Karl Popper  y la responsabilidad intelectual“.