Archive for the ‘Crítica Cultural’ Category

Cambiemos el cuento, sigamos contando (2)

noviembre 26, 2015

¿Y si jugamos a cambiar el cuento? Para aquellas personas que no le leyeron, en el artículo previo escribí sobre literatura infantil (y juvenil) alternativa, aquella que va más allá de las normas establecidas, revolucionaria porque intenta ser plural y no encorsetada y no tiene miedo a mostrar otras realidades, otras personas, otras relaciones.

Para que esto sea posible, es imprescindible que las autoras y autores sean conscientes de la realidad que nos rodea y de los cambios que se producen en ella y que estén dispuestos a mostrarlo en las historias que escriben. Pero también es necesario que las editoriales establezcan más criterios que el comercial a la hora de publicar y que no sean tan reacias a trabajar con una literatura infantil diferente. Es importante la labor de editoriales como Kalandraka, Lumen (que a través de Esther Tusquets tradujo al español la colección de libros “A favor de las niñas” de Adela Turín) o Bellaterra pero también de editoriales más pequeñas como Ópera Prima, Obelisco u Hotel Papel o proyectos autofinanciados como el de Pandora Mirabilia o Cuatro Tuercas.

No soy perfectaVivimos pendientes de los espejos, cual madrastra de Blancanieves, en una sociedad que prioriza la belleza y el culto al cuerpo en las mujeres. Estereotipos que también se reproducen en los libros infantiles. Sin embargo, y es una buena noticia, podemos encontrar cuentos que apuestan por una belleza alejada de los cánones y que trabajan la aceptación de una misma reivindicando la originalidad y la imaginación. Y si no, haceos amigas de Perfecta Nueno, Mara o Malena que en No soy perfecta de Jimmy Liao, Orejas de Mariposa de Luisa Aguilar y Malena Ballena de Davide Cali, respectivamente, se rebelan contra las burlas, las risas o las exigencias de la sociedad.

Princesas botas montañaLas princesas también se han cansado de estar encerradas en torres, de dormir durante cien años o de vestir de rosa y con zapatos de tacón y autoras como Nunila López y Myriam Camero saben que por ahí anda La cenicienta que no quería comer perdices ¡Ah! Y no es un secreto que Las princesas también se tiran pedos y si no que os lo cuente Ilan Brenman y si os preguntáis si ¿Las princesas usan botas de montaña? Carmela Lavigna lo responde en su libro.

TransBirdA la familia tradicional se le ha unido otro tipo de familias que es necesario que las niñas y los niños conozcan. También es aconsejable que sepan que la heterosexualidad no es el único referente, como pretende el patriarcado y así lo intentan mostrar libros como Paula tiene dos mamás de Newman Leslea, Aitor tiene dos mamás de Mª José Mendieta o Cada familia a su aire: el libro de las pequeñas diferencias de Beatrice Bougtinon. No quiero olvidarme de un libro tierno y, al mismo tiempo, atrevido sobre las personas transgénero como es Transbird de Nacho Donoso que cuenta la historia de un pajarillo valiente que escapa de las estrictas normas que le imponen en su bandada y buscar su lugar en el mundo.

Las niñas cada día gritan con más fuerza para pedir la igualdad, para empoderarse y tomar sus propias decisiones. Así en Once damas atrevidas de Xosé M. González “Oli” las mujeres se van de Arturo y Clementinaviaje y viven aventuras. También conoceremos a aquellas que no quieren ser amas de casa o desempeñar profesiones tradicionalmente asociadas a hombres o simplemente quieren ser ellas mismas en Laura aprende a volar de Irma González, en Mercedes quiere ser bombera de Beatriz Monco, en Rosa Caremelo o Arturo y Clementina de Adela Turín, de la que ya hablamos en el primer artículo. Y de esto también saben las niñas clásicas y rebeldes como Alicia en el País de las Maravillas o Pipi Calzaslargas o el siempre ingenioso y políticamente incorrecto Mark Twain que en 1865 en Consejos a niñas pequeñas «invita a las niñas pequeñas a ignorar las restricciones impuestas por la sociedad y a pensar por sí mismas».

Un cuento propioActualmente es fácil encontrar biografías adaptadas para visibilizar el papel de las mujeres en la historia como las de Virginia Woolf o Maruja Mallo de Luisa Antolín, Gloria Fuertes o Isadora Duncan de Patricia Alonso, entre otras. También es destacable Un cuento propio de Pandora Mirabilia y Camila Monasterio, un precioso proyecto que a través de un audio libro cuenta diversas historias basadas en la vida de grandes heroínas y del que se está preparando una segunda edición con la biografía de otras siete mujeres.

bellaPor último, se ha intentado dar una vuelta de tuerca a los cuentos clásicos y reescribirlos como hizo Roald Dahl en Cuentos en verso para niños perversos o las segundas oportunidades para Caperucita, Blancanieves y Cenicienta, Hansel y Gretel y La sirenita en la serie Érase dos veces.

Para terminar, una advertencia importante. Estos libros son aptos también para personas adultas. Os lo aseguro. Disfrutaréis como niñas.

Cambiemos el cuento, sigamos contando (1)

noviembre 20, 2015

Los sábados por la mañana mi abuelo nos recogía a mis hermanas y a mí en casa, subíamos en su coche, bibliotecaun seiscientos amarillo, y nos llevaba a la biblioteca. Nos entraba ansiedad, porque aunque la biblioteca estaba cerca mi abuelo conducía despacio y no veíamos el momento de llegar. Una vez allí, corríamos hacia la sección infantil y cada una, a su aire, nos perdíamos en las estanterías, entre nuestros libros o autoras favoritas. Recuerdo que, al principio, leía, sobre todo, para obtener un premio. Sí, cada 25 libros leídos y apuntados en una ficha, la bibliotecaria me entregaba una chapa conmemorativa de mi logro. ¡Una gran satisfacción! Después, enganchada a leer, no me importaba el premio, el simple hecho de leer y disfrutar de una historia diferente era ya un premio. Y, menos mal, enseguida me di cuenta de que era el más grande que podía obtener.

El primer libro que me regaló mi padre fue Los Gnomos: gnomo de los bosques. Seguramente tuve algún otro antes pero, sin saber por qué, este es el que recuerdo. En casa, cuando ya era algo más mayor, recorría las estanterías en busca de los libros que mi madre tenía y los leía. Recuerdo desde los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós hasta novelas completamente desconocidas de Ken Follet. Con 13 años leía obras juveniles de teatro y junto a compañeras de clase, las representábamos, emocionadas con el trabajo de relectura y adaptación a nuestro tiempo en clase y a nuestras capacidades.

Poco a poco fue naciendo mi pasión por la literatura y con el tiempo, como es lógico, establecí mis propios criterios y gustos sobre las lecturas que hacía. Eso es lo mágico de la literatura para mí: es una amiga inseperable que te ayuda a ser quien eres, a rebelarte, a buscar tu sitio y a encontrarte y reinventarte a lo largo de toda la vida.

lectura

Janet, Ruth and Susan Charles reading a story. National Library of Wales

Una parte importante de nuestro hábito lector surge, por tanto, en el ámbito familiar (otros lugares pueden ser a través del profesorado, las amistades, las bibliotecarias). Con los libros que las madres y padres leen o dan a leer a sus hijos, éstos pueden entender la realidad que viven pero también les otorga la oportunidad de conocer otras realidades distintas a la suya o saber qué es posible cambiar el mundo. Les permite aprender a empatizar con lo diferente, a cuestionarse la norma social establecida, que no siempre es la mejor, salvo para el capitalismo, y por supuesto, a imaginar, soñar y crear sus propios mundos. Los niños sienten una curiosidad enorme, están ávidos de aventuras y de explorar su entorno y lo desconocido. Con los libros poseen la llave que abre la puerta a cualquier lugar que deseen ir.

Yo crecí, como tantas otras niñas y niños de mi generación con los cuentos clásicos infantiles: La Cenicienta, Blancanieves, El patito feo, Caperucita Roja, La ratita presumida, La Bella durmiente, La Sirenita, Hansel y Gretel, entre otros muchos. Estos cuentos se convierten en el primer puente para formarnos como lectoras pero no lo son todo. ¡Cuidado!

princesa

En: The British Library

Por poner un ejemplo, la mayoría de cuentos de princesas transmite unos mensajes muy claros y diferenciados a niñas y niños. Las primeras aprenden a ser pasivas, a esperar a un príncipe con el casarse y realizarse. Los segundos, a tener que ser fuertes siempre y ser los salvadores de princesas. Yo nunca me sentí identificada con estos mensajes, nunca quise ser princesa, nunca quise que me rescataran, ¿de qué? Yo quería vivir mis propias aventuras: matar dragones, acabar con las brujas, vivir con un gato y no tener que limpiar para nadie (Cenicienta limpia, La ratita presumida limpia, Blancanieves limpia, Ricitos de oro limpia). ¿Queremos que nuestras hijas sean dependientes? ¿Queremos que nuestros hijos crezcan teniendo que demostrar siempre algo?

Las niñas y los niños tienen derecho a elegir quiénes quieran ser y, para ello, es responsabilidad de madres y padres no sólo prestar atención a la calidad literaria o a la belleza de las ilustraciones sino también a los mensajes (textos e ilustraciones). Los cuentos tradicionales forman parte de nuestra cultura y no tienen por qué desaparecer (algunos de los valores que transmiten pueden seguir siendo útiles como la solidaridad entre mujeres, la importancia de la familia o la relación respetuosa con la naturaleza) pero es necesario que no se muestre a los niños y a las niñas una sola forma de estar en el mundo porque les limitamos. A través de lecturas diversas los niños se divertirán, jugarán y serán más libres (las niñas no están sólo para jugar con muñecas o casarse; los niños no tienen por qué jugar con coches y ser los más fuerte o los más valientes todo el tiempo) y es posible que no abandonen la lectura porque serán conscientes de las posibilidades que ofrece, tanto de ocio como de ayuda a procesos internos suyos. Además, si se realiza una lectura conjunta permitirá un aprendizaje mutuo entre la persona adulta y los pequeños y creará un vínculo más fuerte entre ambos.

Símbolos sexistas

Símbolos sexistas en los cuentos

La sociedad evoluciona y existen nuevas estructuras familiares, sociales y culturales que deben reflejarse en los libros para conocerlas y respetarlas. Seamos conscientes de que en los cuentos tradicionales abunda el sexismo, tema sobre el que la escritora italiana Adela Turín ha realizado una gran aportación (desde los años 60) para evitar el sexismo en los cuentos e ilustraciones infantiles. Pero también es  complicado encontrar historias que hablen de familias diferentes a la tradicional, personas de otras razas, religiones u orientación sexual que no sea la heterosexual. Por ello, aúnemos a los cuentos de siempre, las historia de ahora. Fomentemos la comprensión de lo distinto, la igualdad y la tolerencia.

Cuando era pequeña no tuve la oportunidad de leer estas otras historias así que he aprovechado la escritura de este artículo para recuperar la inocencia, convertirme de nuevo en niña y disfrutar con la mente abierta y con el corazón y poder, así, compartir, en la segunda parte de este artículo, algunas sugerencias y recomendaciones. Las posibilidades de los libros son infinitas y las niñas y niños merecen conocerlas. 

¿Jugamos a cambiar el cuento?

Oliver Stone: escribir es lo más doloroso

octubre 12, 2015

Oliver Stone. Octubre 2015Uno de los grandes cineastas estadounidenses, sino el mayor, decía la frase del título, y a continuación explicaba por qué creía que dar evidencia – de los horrores- puede producirnos tanto sufrimiento o más, que vivirlos.

Conocedor sobre el terrero de graves conflictos y guerras, su alegato de lo vivido -con imágenes y palabras, desde El Salvador a Vietnam y tantos otros lugares- hace que el escritor reviva y reinterprete una y mil veces el dolor. Un desesperado intento de no recrearse o hundirse en la barbarie sino sobrellevarla lo más dignamente posible, creando hacia afuera diálogos ya clásicos, duras reflexiones, denuncias -testimonios muchas veces reales- contra la militarización y los grandes poderes imperialistas.

Oliver Stone era el invitado que acudimos a ver al reciente WOBI en Madrid, y no nos defraudó. Pocos escritores y cineastas critican los abusos del Poder, con tanta pasión y razón como para ser un referente mundial.

Esta conferencia la escuchábamos un día antes de grabar el primer programa de las 12 Temporada: “Controles Migratorios“, a partir del libro de la experta francesa, Claire Rodier: El Negocio de la xenofobia. ¿Para qué sirven los controles migratorios?

Después de esta emisión, nos enteramos que Stone sigue en España. En concreto en Mallorca International Film & Media Festival, donde continúa dando duros y reales testimonios: cómo Barack Obama ha aumentado el uso de drones en acciones de guerra en Oriente Medio, cómo ha perseguido “ferozmente” a periodistas, algunos “hasta arruinarles la vida”. Me pregunto qué dirá su mujer Michelle Obama, que tanto sabe de utilizar los Medios para mostrarnos su simpatía o bailes (tanto éxito ha tenido que políticas aquí ya la copian). No es esquizofrenia, no, se puede bailar y al mismo tiempo instalar concertinas en las fronteras o superarlas con fines bélicos.

A pesar de sus tres Óscar y sus cinco Globos de Oro, entre otros premios, Oliver Stone decía en Madrid que, por supuesto, él nunca será amado por la Industria de Hollywood. Esa es la coherencia que distingue a un creador, a un conocedor de la realidad que quiere mostrarla reinterpretándola. La industria cultural cada vez es más un lobby, una plataforma de hacer dinero sin querer difundir y ampliar nuestra cultura, nuestra visión del mundo. La cuestión es dónde se sitúa cada uno frente a estos grandes poderes, hasta qué punto te adscribes y te haces cómplice de ellos. Oliver Stone comentaba que siempre tenía que equilibrar sus posibilidades económicas con el trabajo que quería hacer, y hasta con el momento de hacerlo.

Y así iniciamos esta 12ª Temporada, más arruinados por el sistema si cabe-como cualquier ser humano no adscrito al Poder-, y cada vez con más ganas de contar historias auténticas, esas que tienen un pie en la realidad, vista o leída.

Bienvenidos, un año más, a El Planeta de los Libros. Este 12 de Octubre que algunos dicen es “de todos” como Hacienda. El lenguaje publicitario sigue su marcha desbocada, intentaremos que no sea el único lenguaje.

El poder del lenguaje. Política, literatura y sexismo

octubre 9, 2015

Las palabras que decimos y las que nos dicen provocan sentimientos y emociones en nuestro interior. Por ello, elegimos con cuidado aquellas que deseamos pronunciar. Por citar un ejemplo básico, no produce la misma reacción en aquella persona con la que hablamos: «Eso es una tontería» que «No estoy de acuerdo contigo». La primera frase emite un juicio, carece de empatía y puede hacer daño. La segunda, habla desde el yo y es, a priori, más cortés. Además, utilizar una u otra deja entrever quiénes somos, cómo nos comunicamos y cuáles son nuestras intenciones. Como tampoco es lo mismo escribir: «Ha llegado una invasión de refugiados a un determinado país» que obviar la palabra invasión.

lenguaje

Por M. Adiputra

En líneas generales, esto es el lenguaje. Un sistema de códigos que sirve para comunicar ideas y pensamientos y para representar la realidad y el mundo en el que vivimos. El lenguaje y el pensamiento se interrelacionan ya que en función de lo que pensemos así se definirá nuestra forma de hablar pero, al mismo tiempo, según interpretemos el mundo y el uso que hagamos del lenguaje iremos cambiando nuestra forma de pensar. Como dijo George Orwell: «Pero si el pensamiento corrompe el lenguaje, el lenguaje también puede corromper el pensamiento».

Además, en contra de lo que en muchas ocasiones creemos, el lenguaje no es algo puramente innato. Se trata de una construcción cultural porque es un sistema que se aprende y que varía en función del contexto ya sea geográfico, social o familiar.

El lenguaje tampoco es aséptico ni estático. No es aséptico porque puede, entre otras cosas, sugerir, provocar cambios, insinuar, generar emociones en las personas, etc. Al mismo tiempo, es dinámico, se modifica y evoluciona con la sociedad y con los tiempos.

Al comienzo del artículo he mencionado el uso del lenguaje en nuestra vida cotidiana pero, ¿qué sucede en otros ámbitos? ¿Nos hemos planteado el poder del lenguaje como discurso?  ¿Ycomo medio transformador? 

En política, el lenguaje suele estar asociado a la manipulación y a las mentiras. Con un uso determinado del lenguaje, los políticos nos intentar mostrar la realidad que ellos desean, no necesariamente la que es. Nos crean un estado de ánimo y una manera de entender el mundo que únicamente apela a sus intereses políticos y económicos. De esta tergiversación trata el breve artículo «Sometidos a la propaganda» de Soledad Gallego-Díaz. También en «Diccionario de neolengua: sobre el uso políticamente manipulador del lenguaje» de Carlos Taibo nos daremos cuenta de cómo un lenguaje tecno-científico y poco creativo escogido adrede es la herramienta utilizada en política con el fin de eliminar cualquier posible indicio de reflexión libre y creatividad y condicionar la realidad.

Alberto Manguel en «La ciudad de las palabras: mentiras políticas, verdades literarias» intenta explicar cómo los relatos y la literatura nos sirven para entender el mundo (escuchar entrevista hace 5 años en El Planeta de los Libros). En este ámbito, el lenguaje se convierte en algo evocador y transformador. Como se comenta en el ensayo, escuchar y leer nos enseña a pensar y para algunos políticos que seamos capaces de pensar, hacer autocrítica (para lo que es necesario conocer y utilizar el lenguaje) es un peligro porque ellos nos prefieren mansos y dóciles, sin capacidad de reacción.

Por Jeff Arsenault

Por Jeff Arsenault

Podemos llegar a pensar, entonces, tras estas lecturas, que el lenguaje político y el literario son antagonistas: el primero es reduccionista, utilitarista y poco imaginativo; el segundo, tiene capacidad de cambio, no etiqueta y fomenta la creatividad y la imaginación, no afirma de forma absoluta ni da respuestas concluyentes. Es más abierto y libre.

El lenguaje también puede ser sexista y androcéntrico y, a nuestro pesar, puede serlo tanto en el ámbito de la política como de la literatura y convertirse en algo limitador. La Real Academia de la Lengua (RAE) es la principal institución de referencia en cuanto a la utilización correcta del lenguaje. Sin embargo, es muy lenta y reacia a los cambios. En su diccionario continúa existiendo definiciones sexistas y misóginas como puede ser una de las acepciones de femenino: endeble, débil que recoge Pilar Careaga en su ensayo «El libro del buen hablar: una apuesta por un lenguaje no sexista». Careaga, además de explicar qué es el lenguaje y por qué es sexista, también menciona el miedo de muchas personas a ser tachadas de incultas  si no siguen al pie de las letras las normas de la RAE. ¿Así seguimos en el siglo XXI?

Desde los lugares de poder hay miedo a los cambios que les perjudican, a los cambios que les quitarían privilegios porque, de alguna forma, mantener esta forma sexista de hablar permite seguir manteniendo las relaciones de poder a favor de los hombres y que la otra mitad, las mujeres, quedemos invisibilizadas y sometidas. También los políticos se apropian del lenguaje para seguir manteniendo su poder y sus prebendas a costa del resto de la ciudadanía. Unos pocos quieren acaparar ese poder y una de las formas de hacerlo es a través del lenguaje (quizás el poder empiece en él), en los discursos y en la forma de nombrar y definir a las personas que estamos en el mundo.

En conclusión, el lenguaje es un medio poderoso al que se le resta importancia, sobre todo, por aquellos que saben de su valía. El lenguaje sirve para dar poder a una minoría, para aislar, para manipular y discriminar y para herir pero también, y esta es la parte maravillosa, para conseguir un mundo mejor, para crear diversidad y respeto, para emocionar, para soñar y para dialogar con respeto y tolerancia. El lenguaje es de todos. No permítamos que unos cuantos hagan mal uso de él. Utilicémoslo para comunicarnos con amor y cambiar el mundo: un mundo más justo y más solidario.

Micrófonos de paz

septiembre 9, 2015

Reseña: Micrófonos de paz: conversaciones con Caddy Adzuba. Madrid: Catarata, 2015. 111p.

«Cada guerra es una destrucción del espíritu humano» Henry Miller.  (1891-1980) Escritor estadounidense.

¿Qué tienen en común Nigeria, Irak, México, Libia, Sudán, Colombia, Ucrania, Siria, Palestina, Israel, Afganistán y la República Democrática del Congo? Son países donde la población está viviendo grandes guerras o conflictos armados. Actualmente, a través de los medios, conocemos los sufrimientos que están padeciendo en Siria pero existen 65 países en el mundo en los que existe algún tipo de guerra: 27 en África, 16 en Asia, 9 en Europa, 8 en el Oriente Medio y 5 en América.

Los medios de comunicación tienden a mediatizar las guerras, a convertirlas durante un tiempo en merecedoras de las primeras planas de los periódicos o de las noticias más relevantes a tratar en radio o televisión. Pero, como por arte de magia, pasado un tiempo, desaparecen como si todo hubiera terminado y vuelto a la normalidad. Ya no es noticia pero no por ello significa que hayan parado las bombas o los disparos, y aunque un día lo hagan, es posible que el dolor, el hambre, la falta de recursos, de un lugar donde vivir y los traumas y el miedo continuen. No se evaporan de la noche a la mañana por mucho que los medios pretendan ocultarlo.

microfonosUna de esas guerras olvidadas es la que desde 1996 se desarrolla en la República Democrática del Congo. En 2008, la periodista Elisa García Mingo viajó allí para conocer de primera mano lo que estaba sucediendo. De este viaje, surgió Micrófonos de paz: conversaciones con Caddy Adzuba.

Es un libro que, por un lado, intenta cambiar la visión que los medios de comunicación ofrecen sobre el Congo y terminar con la visión estereotipada y simplista que se cuenta de los acontecimientos. Se trata de ofrecer un periodismo alternativo, basado en un «periodismo ético, sensible, respetuoso, autocrítico dialógico y colaborativo». Un periodismo que cubra las carencias del periodismo extranjero en las zonas de guerra, muy «centrado en las fuentes institucionales, la fascinación por la guerra, la ideología de la objetividad y la estructura de la comunicación» y donde, a veces, no tienen tiempo ni herramientas para acudir al lugar de los hechos. Así surge la radio como un medio de paz, comunitario y participativo y que pretende la transformación social a través del empoderamiento y visibilización de las mujeres congoleñas.

Por otro lado, mediante las conversaciones con Caddy Adzuba, periodista en Radio Okapi y activista de los derechos humanos y ganadora del Premio Princesa de Asturias de la Concordia en 2014, podemos conocer su opinión sobre los motivos de la guerra, la violencia y la lucha y las reivindicaciones a través de la radio, como medio para empoderar a las mujeres y practicar periodismo ciudadano.

En 2003 se creó en la región Sur Kivu la Asociación de Mujeres de los Medios (AFEM-SK) con el fin de denunciar la violencia contra las mujeres. El objetivo es cosmopolitizar el feminicidio congoleño, es decir, que exista una identificación mundial con el feminicidio, y promover los derechos de las mujeres. Su acción se fundamenta en el empoderamiento de las mujeres (las radios convencionales las dirigen hombres y se suele negar la voz de las mujeres), la colaboración con el pequeño periodismo para dar voz a lo local frente a los expertos o las élites (periodismo desarrollado por mujeres rurales que habitan en los espacios de la violencia), la superación del papel de víctimas y la posibilidad de desarrollar otras identidades.

El periodismo activista que desempeñan las mujeres de AFEM-SK tiene una cultura periodística algo diferente del canon occidental y de lo recogido tradicionalmente en los libros. Se basa en la parcialidad, la radicalidad y la abogacía y en unos valores propios, no en lo foráneo. Apuestan por la emoción, la empatía y el compromiso como valores fundamentales. Y es algo que está funcionando porque muchas mujeres que han sufrido violaciones pueden salir del papel de víctimas en el que se les intenta perpetuar, formarse, si lo desean, como periodistas y colaborar con la Asociación.

Posiblemente, pueda chocar esta forma de hacer periodismo pero necesitamos miradas diferentes de la realidad y respeto por el quehacer de otras culturas. Como dice la profesora de teoría de la comunicación María José Sánchez Leyva «los medios de comunicación no sólo divulgan los acontecimientos que ocurren en el mundo, sino también las reglas de su representación y entendimiento». Y es necesario un periodismo plural, no sensacionalista, diverso e independiente que sea capaz de mostrar aquello que el periodismo cercano al poder oculta o muestra en función de sus intereses políticos, económicos o empresariales.

«El periodismo de paz explica la historia de la mujer, explica cómo logró salir de la situación, ofrece posibles soluciones políticas a un problema que se repite una y otra vez y que está protagonizado por diferentes mujeres en diferentes historias que tienen un sufrimiento compartido». Caddy Adzuba.

Caddy Adzuba

Calderón Cadáver

julio 25, 2015

El Cadáver de Calderón, representadoTerminamos la 11ª Temporada con más sobresaltos que celebraciones. Así va el periodismo cultural en este país. De periodismo en general no hablamos, ya conocemos las tercermundistas condiciones en que trabajamos los freelance, sea en Siria o en España. Sí publicaremos sobre ello en septiembre, en un artículo ya redactado sobre el anti-periodismo de “versión original“; las eternas ínfulas del poder por controlar la información, que sólo su versión sea original, que no existen otras fuentes porque nos encontramos en presencial del Absoluto. También hablaremos de cómo gusta al Poder rodearse de intelectuales, creadores o escritores. O mejor autores, porque como dice José Elgarresta en “Cutrelandia. La república de las letras“: el escritor quiere trascender, mientras el autor busca el peculio en esta vida mortal (mejor vayan a la página 14, que esto es resumido).

Acompañada de las olas de calor que recorren Hispania, creo que es más conveniente de momento hablarles sólo de escritores. Ya llegará el hedor y chirriar de cadenas en el inicio del nuevo curso. De momento intentemos usar la literatura – y la cultura en general- para el bien de la humanidad y no para el enriquecimiento de unos pocos.

El 21 de agosto se estrena en España la película Mr. Holmes, dirigida por Bill Condon, basada en la novela homónima de Mitch Cullin. Interesante no sólo por el logrado personaje de Conan Doyle sino porque el libro y la película van más allá; es Sherlock Holmes el que escribe, el personaje se convierte en el escritor, o al menos quiere serlo en su epitafio.

La imagen del detective impacta, resulta original y creíble. Por su puesto, va por delante la maestría anglosajona a la hora de recrear personajes históricos, reales o ficticios, y aunque el director sea estadounidense (o por eso mismo que el imperio llega hasta allí). Recreación que echamos en falta en producciones propias, lamentablemente, como en el “biopic” de Juan Ramón Jiménez, “La luz con el tiempo dentro” que vimos hace unos meses. Comentábamos entonces que la película cumple el objetivo de animar a la lectura del Nobel, pero cinematográficamente falta de todo, desde guión hasta realización, o actuación. Sin duda pocos la vieron además por su falta de distribución comercial.

Además de escritores que el cine no ha podido mostrarnos como debe, hay películas donde los escritores son de cartón piedra, no humanos. Quizá eso quería reflejar Win Wenders – que todos estamos perdiendo humanidad- en la recién estrenada “Todo saldrá bien“. La historia de un novelista que más parece un psicópata (ya saben esa manía de relacionar el arte con estados alterados de la psicología), y al que acompañan figuras no menos extrañas como el personaje de Charlotte Gainsbourg, la madre que pierde a un hijo y reacciona con la misma frialdad que el escritor asesino (y no les desvelo nada, éste es el inicio de la peli).

Me hizo pensar en otra película que recientemente se proyectó en el Ciclo de Cine Serbio del Ateneo de Madrid, La Trampa (accesible en YouTube y basada en la novela homónima de Nenad Teofilović), donde sólo la idea de perder a un hijo puede tener terribles consecuencias, donde la frialdad de nuestra época (también reflejada) no puede con la maltratada raíz humana, ¿ o sí?

Todavía más compleja si cabe me ha parecido la obra de teatro que da título a este artículo, Calderón cadáver, que empieza como si fuera una revisión poco interesante del gran autor barroco. Quizá es lo que quiere transmitir la escenografía inicial y la actuación previa de los personajes: simples dualidades de imagen y géneros:

Calderón Cadáver inicio

Inicio de “Calderón Cadáver”, en Nave 73. Madrid

Así era también la obra de Calderón, las fuerzas antagónicas del bien y el mal siempre en guerra. La obra- y hasta los personajes- se revelan y rebelan poco a poco, mostrándonos no sólo la grandeza del primer escritor (como siempre, más reconocido y entendido fuera que dentro) sino la de los otros 8 que crean el libreto de esta obra. Lamentablemente, la exhibición teatral en España es tan parca que sólo se pudo ver unos días en Madrid. Vamos a estar atentos a que vuelva, o al menos, hacernos con el texto teatral si es posible, que nos pareció impecable y muy bien actuado.

Esta obra consigue que el Cadáver de Calderón esté todavía muy vivo, evidentemente nunca murieron sus creaciones. Y, dado que Presidencia de Gobierno nos invita este lunes a la primera reunión de la Comisión Nacional para el aniversario mortuorio de Cervantes (1616), recomendamos vivamente a sus miembros que se ocupen de revivir el cadáver de Miguel – al estilo de este Calderón- con la grandeza intelectual de su obra, y no de sus huesos.

Los hombres que no leían a las mujeres

junio 15, 2015

Me gustaría comenzar con una anécdota, arriesgándome a que penséis que se trata de una banalidad. La anécdota se define como un suceso irrelevante, curioso o entretenido. A veces, definimos un hecho como tal simplemente por comodidad, para evitar el esfuerzo de reflexionar, cuando sabemos, o al menos intuimos, que se trata de algo más: un síntoma revelador del pensamiento y de la ideología que hemos ido adquiriendo en la sociedad y en la cultura en la que nos desarrollamos como personas.

índiceVivo en un apartamento pequeño y los libros que no caben en las estanterías andan desparramados, entre otros sitios, encima de una mesa y, aunque no es el caso, parecen colocados estratégicamente, como las novedades de una librería. Así que, una tarde que recibí la visita de un amigo, antes de sentarse en el sofá, reparó en ellos y los echó un vistazo. Recuerdo que todos libros de esa mesa estaban escritos por hombres. Observé a mi amigo. Primero tomó uno, luego otro, leía la sinopsis de los libros e hizo algunos comentarios como: «Cuánto lees», «Parecen interesantes», «Siempre andas rodeada de libros». A las pocas semanas, se acercó otro amigo y el proceso fue similar, tanto en actitud como en comentarios, os puedo asegurar que casi calcó las palabras (y no se conocen entre sí).

Pasados unos meses, estos dos amigos volvieron (por separado también). Poco había cambiado en este tiempo salvo la cantidad y lugar de descanso de los libros; sobre la mesa tenía, como siempre, varios libros pendientes de leer, esta vez, todos escritos por mujeres. Ellos, de nuevo, se acercaron a la mesa y al comprobar que eran libros de autoras y no de autores, no se atrevieron a tocarlos mucho. Uno, cogió una novela y sin leer de qué trataba la tiró de nuevo sobre la mesa con el ceño fruncido y girando la cabeza. Ambos me dijeron frases como: «¿por qué todos son libros escritos por mujeres?», «Siempre estás leyendo lo mismo».

big-eyes-margaret-keane-300x199Mis ojos se abrieron, se hicieron grandes, se pusieron tensos, como los de las niñas que retrataba la pintora Margaret Keane. Me asaltaron algunas preguntas: ¿Por qué la primera vez no les importó que sólo tuviera libros escritos por hombres ni pensaron que mis lecturas eran todas iguales? ¿Por qué dieron por supuesto que los libros de autoras son todos iguales? ¿Leían libros escritos por mujeres para hacer tal afirmación? ¿En qué se basaban? Mi conclusión: su forma de pensar, de expresarse y de opinar era patriarcal, poniendo como punto de referencia, en todos los aspectos, a los hombres, y menospreciando la literatura escrita por mujeres.

Estaréis de acuerdo conmigo en que necesitamos repensar y cuestionar la validez de dichas afirmaciones, ancladas en nuestro subconsciente más de lo que nos atrevemos a reconocer, y que lanzamos al aire sin pensar. Lamentablemente, son tan generalizadas y comunes que pasan de ser la mera opinión de una persona para convertirse en pensamiento colectivo de una sociedad.

Desde mi modesta posición, os invito a realizar una autocrítica a la que solemos ser reacias, quizás porque no nos gusta hurgar en esos elementos que entran en juego en la lectura (he seguido los expuestos por Constantino Bertolo en La cena de los notables). Es decir, creo que tenemos miedo de enfrentarnos a nuestra propia competencia lectora, a nuestra biografía, a las lecturas que hemos hecho a lo largo de la vida y a nuestra ideología. Pero es necesario. Yo también viví, hace un tiempo, mi particular proceso de reubicación lectora: desde dónde leo, a quién leo, dónde me representan, cómo lo hacen.

Bertolo, en el mismo libro citado arriba, también habla de la responsabilidad del que lee, elemento clave en las ideas que intento plasmar en este artículo. Para mí, esta responsabilidad está relacionada con ejercer la autocrítica de nuestras lecturas y nuestra posición ante ellas. Somos lectores responsables en cuanto somos capaces de auto-cuestionarnos.

En este proceso nos ayudará tener presente que el saber está relacionado con el poder porque el primero se genera siempre desde un lugar particular, como afirman Marta Malo y Débora Ávila, investigadoras y activistas sociales. Así, podemos preguntarnos: ¿quién crea ese saber? ¿A quién se dirige? ¿Para quién lo creó? ¿Con qué propósito?

800px-La_lectoraY una pregunta más. ¿A dónde nos llevan estas reflexiones? Si revisamos la historia de la literatura veremos que es claramente androcéntrica y que a lo largo de los siglos ha estado dominada por hombres en todos sus aspectos: escritura, personajes, crítica, incluso, hubo un tiempo en que las mujeres tenían prohibido leer. Ante esta situación, son muchas las escritoras que han hecho por visibilizar otras escritoras como Mª Ángeles Cabré, que en su libro Leer y escribir en femenino, da a conocer un gran número de mujeres que la literatura oficial, de una manera u otra, ha ocultado. Más recientemente, la poetisa Clara Janés ha publicado Guardar la casa y cerrar la boca donde recopila a las poetisas olvidadas de diferentes culturas y períodos de la historia. Otras escritoras, como la coreana Moon Chung-hee cambió el código de la poesía para poder liberarse del lenguaje androcéntrico y poder expresarse con libertad y hasta Bathsheba Everdene la protagonista de la novela Lejos del mundanal ruido escrita por Thomas Hardy afirma que el lenguaje está creado por y para los hombres y que las mujeres no pueden expresarse con él.

A la mujer, considerada «la otra», se le niega la voz, y, sin embargo, tiene derecho a expresarse. Por ello, Mª Ángeles Cabré, entre otras, reconoce la existencia de una narración hegemónica y otra marginal. La narración predominante tiene que ver con esa autoridad que establece determinado saber como superior y margina, no sólo en función del sexo sino también de la cultura, la raza, la orientación sexual y la religión.

Otro tema que Constantino Bertolo toca  en su libro y que nos resultará de utilidad es el de la lectura como aprendizaje: de emociones, de comportamientos individuales y colectivos, de sentimientos o de la conducta humana. ¿Enriquecemos nuestras vidas y nuestras lecturas si tenemos como referente casi mayoritario el referente occidental, blanco, heterosexual y… hombre? (éste último olvidado y obviado normalmente por parte del sexo masculino). Las mismas historias contadas por las mismas personas no nos aportan nada, por mucho que nos empeñemos. Necesitamos la voz de «las otras».

Extremadamente significativa resulta la conferencia dada en 2009 por la escritora nigeriana Chimamanda Adichie: El peligro de una sola historia. En ella, cuenta su experiencia y evolución como escritora y la mirada sesgada que tenemos del mundo debido a la existencia de una sola historia. Explica de una forma maravillosa como el punto de vista único y la reducción a lo simple y a los estereotipos conlleva perder la complejidad y la riqueza sobre una persona, una cultura o un país.

La literatura transforma el mundo y lo hace en cuanto literatura abierta a visibilizar de forma justa e igualitaria las diferentes formas de estar en el mundo y evitando, de este modo, la violencia literaria a la que nos vemos sometidos; literatura abierta a recoger lecturas de calidad y diversas porque nos convertiremos en mejores lectoras y personas si vamos más allá del yo y nos atrevemos a conocer a las otras y los otros.

En definitiva, ser lectores responsables implica rebelarnos contra una autoridad lectora que es cuestionable e incorporar nuevos elementos de juicio a nuestras lecturas para llegar a ser realmente libres.

Oficialidad Cultural

mayo 31, 2015

ForSaleLos últimos días llegan correos del poco caso que hacemos a nuestras figuras y referentes culturales. Sea Giner de los Ríos, fallecido justo hace un siglo, o el poeta libertario Jesús Lizano, que perdimos recientemente. La escasa repercusión mediática revela una vez más la fatalidad cultural en la que nos encontramos: todo lo que no sea Cultural Oficial se ve abocado al silencio, a la invisibilidad, salvo contadas excepciones para confirmar la regla.

Desde hace tiempo hay una Nueva Cultura que lucha por ser reconocida, de acuerdo con su valor, más ampliamente, situarse incluso mano a mano con la Oficial por derecho propio. La Cultura no puede oficializarse casi completamente, salvo que queramos volver a tiempos que mejor olvidar.

Ayer en un triple teatral, que espero no volver a repetir (mejor de uno en uno), iba transitando desde la Oficialidad al nacimiento de nuevas propuestas. En el Centro Dramático Nacional, dirigido por Ernesto Caballero, asistía a su propia obra: “Oraciones de María Guerrero”, en el Teatro que lleva el nombre de la actriz. Más que de una obra en sí, se trataba de una ponencia histórica del teatro oficial los últimos ciento y pico años, con perspectiva de género. La escena teatral se crea a partir de unas conferencias dramatizadas en la Biblioteca Nacional, que dan pie al director para crear un nuevo género: Confedrama, un híbrido que salva la dirección -marcando los tiempos a la intemporalidad del arte- y la actuación de Ester Bellver y Elena González.

Dos horas después. En La Cuarta Pared, una de las salas decanas del teatro alternativo, escucho “La Fiebre”. Un monólogo que no alcanza la expresión teatral, escenográfica o corporal, ni si quiera una guinda final que recordar, como el reggaetón La Gasolina con el que terminaban (muy anti- oficial y sacrílegamente) las previas Oraciones de María Guerrero.

El texto de La Fiebre resulta inconexo y acelerado, verborrea lanzada al público sin posibilidad de defensa. Cualquier guión de radio cuida más ritmo y argumento. Nos sorprendió en una sala donde hace poco descubríamos “La Mirada del Otro“, a cuyos protagonistas invitamos al programa. El recorrido es siempre así, sinuoso e imprevisible.

A las 12 de la noche estábamos en los nuevos Teatros Luchana, todo un síntoma del despertar teatral madrileño: un gran cine cerrado hace tres años reabre como escenario múltiple. La novedad – como tantas otras en el mundo de la cultura- tarda en conocerse. Muchos se acercan al bar de la entrada, y allí se enteran de que están en el vestíbulo de 4 salas de teatro; a falta de comunicación, difusión, o al menos un buen rótulo que lo señale.

Sin ninguna expectativa previa, “For sale” me impactó de entrada por la energía y simpatía de sus actores. Como en los teatros más populares, ellos – o mejor ellas, que son la mayoría- nos invitan a entrar en la sala, nos acogen con tanta alegría y movimiento que la cuarta pared empieza a evaporarse muy rápido.

La compañía hace un cabaret socio-político cuyo formato y actuación convence. Las actrices pareces auténticas bailarinas y quizá por ello se echa en falta escuchar más y mejor el texto, o que el texto sea más atrevido. Este cabaret es una denuncia al poder abusivo del dinero: la especulación financiera, los empleos basura, los desahucios, todo lo que conocemos ya, a veces incluso en lo personal. Lo impactante es que el arte haga suyo todo eso: que las actrices del cabaret se transformen en brujas malignas, divertidos payasos, anti-disturbios o plañideras. Un intento de catarsis necesario al que el público reacciona de forma diversa: indiferente o pidiendo más.“Soy Política, pueden hacerme un escrache” se queja cómicamente Irene Galán en el papel de Política-Clown ¡Es Esperanza Aguirre!-gritan a mi lado. 

No quisiera despedirme sin mencionar la Oficialidad Cultural más actual en el mundo del libro, esa Feria del Libro de Madrid que año tras año sigue cayendo en los mismos errores. Hace poco un periodista añoraba aquellos años en los que las compras de la Reina Sofía en la inauguración eran apuntadas con devoción y augur de buenas ventas.

Miro alrededor, buena parte de los escritores que más admiro no pisan la Feria desde hace años: un evento comercial donde la literatura es mera excusa. Menos aún, se fijan en lo que compra la Reina Sofía, o cualquier otro miembro de la Monarquía. Quizá quisieran otra inauguración, más acorde con los tiempos, que reivindicara la Cultura Republicana o Libertaria, que siguen siendo tan nuestras, o que no hubiera ese mismo día y el anterior ataques neonazis a la librería La Malatesta. Mientras tanto la Feria sigue tirando de nuestras reliquias, paseándolas con extrema oficialidad y sin que suene un pitido, como los de ayer en el fútbol al llamado Nuevo Rey. Como llevamos años anunciando en nuestra página de facebook, el fútbol no es cultura. Quizá la cultura pueda plantearse otras formas de protesta, preguntarse incluso si la Feria del Libro de Madrid es realmente cultura o sólo oficialidad, y cómo mejorarla. De colofón les dejo este cartel que ha sido contestado por algunos colectivos como Mas Mujeres, aunque por supuesto sin respuesta oficial de la oficial feria.

FLM2015

 

Una belleza el cartel para la próxima Feria del Libro de Madrid, pero… ¿por qué la flecha? ¿No puede una mujer ser feliz y entretenerse con un libro sin que sea de asuntos del corazón? Una vez más la mujer es retratada según estereotipos flojos, que la acercan a la futilidad, al romance, al flechazo. Hermoso el arte, pero, ¡por favor, quita la flecha del libro! #‎quitalaflecha‬

Edificio España, historia colectiva de un gran rascacielos*

abril 27, 2015

Edificio EspañaLa película documental “Edificio España” (94 minutos) del realizador Víctor Moreno es una metáfora del pasado reciente del país hasta la actualidad socio-económica. La cinta cuenta la reciente demolición interna, el vaciado, del que fuera el más alto rascacielos construido en España en 1953: 28 plantas por las que se distribuían cientos de oficinas, viviendas, galerías comerciales, restaurantes y un lujoso hotel de renombre internacional.

En la línea de los grandes edificios-ciudades de mediados del XX, la construcción iniciada en 1947 sirvió a la Dictadura de Franco (1939-1975) para dar una imagen de prosperidad que contrarrestara la pobreza de los años de la posguerra; mostrar al mundo el poderío económico de la nación, con alegorías tan explícitas como la del gran mural del Hall Principal, donde encontramos esculpido al Dios de Dioses, Zeus, y otros símbolos de riqueza y abundancia.

Cuando el Director de “Edificio España” pidió permiso para filmar el inicio de la reforma, la demolición interna, en 2007, poco suponía que éste sería un documental complicado. La realización y la grabación cámara al hombro no supusieron ningún problema y el documental fue dedicado a todos los que colaboraron y aparecieron en él. Después, sin embargo, el Banco Santander, propietario del edificio desde 2005, que había aceptado la grabación, no consideró conveniente su exhibición y distribución.

Al capital español, que en su día también inspiró la creación del edificio, no le gustó un documental que muestra desde una perspectiva humilde, incluso devastadora, una reforma integral en su fase inicial y que, al cabo de los años, no ha concluido sino que mantiene el edificio vacío: puro esqueleto y fachada.

La demolición del interior, salvo algunos elementos protegidos, como el Hall Principal o las suntuosas escaleras, responde a la modernización necesaria de la estructura, e incluía mejora del sistema eléctrico, medidas de seguridad o creación de plazas de aparcamiento.

Tras algunos datos históricos del Edificio, la película muestra unas primeras imágenes en silencio: la gran construcción, vieja y desnuda; los últimos restos abandonados: ropa desechada en viviendas, teclados de ordenador en lavabos de oficinas. Tras el silencio, el ruido de las obras. Picos y palas sobre paredes y suelos, taladradoras o mazos haciendo su trabajo. Los 200 obreros, de diversas nacionalidades, y los últimos empleados que cuidan el edificio son los principales actores de la película.

El edificio pierde sus entrañas y también su pasado. Atrás queda el lujo, las viviendas con vistas espectaculares, o la impresionante azotea con piscina incluida. Sólo se cuentan algunas anécdotas que, de nuevo, huyen de los grandes personajes y se acercan a la vida humilde y cotidiana, el que consiguió pasar allí su noche de bodas, la leyenda del fantasma que toda gran construcción debe tener, o el triste abandono de una vivienda ya iniciadas las obras, cuyo inquilino recuerda a su mujer fallecida pocos años antes del anuncio de la reforma.

Los vestigios todavía suntuosos de algún restaurante, o las magníficas vistas panorámicas, apuntalan más la ruina circundante. Desde los sótanos, donde estuvieran los vestuarios del personal o el taller de reparaciones del gran edificio, subimos de una planta a otra, de lo que fue un grupo de viviendas a otro, nos movemos arriba y abajo hasta perdernos en esta mole, como le ocurre incluso a algún trabajador. Y nos llegamos a marear, como comentan los invitados a ver las obras; posiblemente periodistas que deben difundir la gran mejora.

A pesar del inicio de la crisis, en los trabajos de demolición oímos por la radio los anuncios de crecimiento y empleo del ex Presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero (2004-2011). Los obreros ajenos a la política o la economía, hacen mención a sus amores, comidas, países, culturas o religiones.

Tras la demolición, en 2010 el proyecto inicial de reforma es suspendido. Así se mantiene en 2012 cuando se termina esta película, y cuando la mayoría de los obreros han vuelto a sus países o están en paro.

El grupo inversor chino Delian Wanda, propiedad del hombre más rico de China, Wang Jianlin, compró el año pasado el Edificio, por 265 millones de euros, frente a los 389 que costó en 2005. Recientemente ha anunciado su reforma definitiva, al igual que su participación en la rehabilitación de la emblemática zona en que se encuentra, Plaza España. Mientras llegan las obras, la película documental ya ha empezado a difundirse en festivales, ha sido nominada a los Goya 2015 y, todavía más importante, ha sido capaz de crear una memoria colectiva, más cercana a la Intrahistoria de Miguel de Unamuno que a la Historia oficial.

(*) Publicado previamente en Aljazeera Documentary Film Festival, en Árabe e Inglés.

Archipiélago Cultural

febrero 28, 2015

Pedro Barbeito_Fundación Barrié_CentroCentro CibelesDesde hace años, décadas, la cultura en España sufre el poder abusivo de los designios políticos y económicos. Todavía hoy parece incapaz de sobreponerse a ellos. Culturalmente sigue habiendo una gran producción creativa; una buena muestra de ello es la coincidencia estos días de Just Madrid, Art Madrid y ARCO. Además de multitud de exposiciones en espacios permanentes, como CentroCentro Cibeles, donde la Fundación Barrié presenta obras como la de Pedro Barbeito que ilustra esta entrada.

Sin embargo, salvando excepciones, los grandes centros políticos y económicos apoyan mayoritariamente la cultura espectáculo, la cultura no crítica o complaciente. Grandes exhibiciones, grandes obras, pero no hay espacio para el debate cultural, menos aún si es cotidiano o periódico. Acudimos a las salas a disfrutar del arte dejando para otra ocasión el pensamiento o la reflexión crítica.¿Es esto auténtica cultura? ¿O se trata más bien de un creciente Turismo Cultural? ¿Tiene la propia Cultura responsabilidad en ello? Respondiendo afirmativamente a la última cuestión se responde a las anteriores. La pérdida de crítica cultural en España se me asemeja a la pérdida de crítica política, de la que de repente todos hablamos gracias a la incursión de nuevos partidos políticos que así lo denuncian, no porque la política dominante, convencional, encorsetada y obsoleta hiciera de la autocrítica su bandera.

Esta falta de actitud crítica se venía extendiendo a prácticamente todas las demás esferas sociales, desde la ciencia a la atención médica, o los medios de comunicación como servicio público, convertidos mayoritariamente en medios de publicidad. Tuvo que llegar la crisis para que al menos empezáramos a hablar de ello.

Una diferencia me parece ver en todas estas pérdidas, en esos retrocesos que tantos años nos costará remontar: la pérdida cultural, que debería ser la principal señal de desgaste de toda la sociedad, es la que adquiere menos visibilidad. La política está en boca de todos. La pérdida cultural que lleva unida a la mediática muchos años, en una simbiosis quizá más perfecta y perversa; como si todos los referentes culturales decidieran que son un archipiélago de islas sin necesidad de conexión, y hasta despreciaran ese mar de intercomunicación cultural y de ahí comunicar al resto del planeta.

Independientemente de ideologías, los partidos políticos emergentes como Podemos o Ciudadanos están dando una lección de comunicación a los grupos políticos convencionales. Y me pregunto dónde está la correspondencia en el apartado cultural, ¿Cuáles son las nuevas formas de cultura aliadas cómplices de la comunicación? ¿Donde la Cultura ha empezado a apreciar el valor de la Comunicación?

Hay excepcionales muestras de buena comunicación cultural, el homenaje a Gil de Biedma en Málaga, que no sólo fue una apuesta cultural sino también una buena forma de comunicación de calidad y variedad a través de una excelente exposición, documental, conferencias y publicaciones.

Hay profesionales cada vez mejor formados en la comunicación cultural, como nos demostraron los periodistas del Máster de Periodismo Cultural de la Universidad Rey Juan Carlos, único en el panorama universitario público madrileño.

Sin embargo, el propio sector cultural – como ocurría antes con las viejas políticas- sigue sin apostar por la comunicación, sin ver su importancia. Como si de una conjunto de islas se tratase, ajenas al conjunto del paisaje al que pertenecen, ensimismadas en sus Congresos, Festivales o creaciones varias. Un retroceso sin visos de cambio. Un mundo cultural que no evoluciona en la nueva sociedad de la información y que sigue anclada en los viejos usos del siglo XX.

Es por ello que, mientras esto ocurre, crece también imparable la incultura en los grandes medios de comunicación, ya no sólo hablamos de fútbol o programas de corazón-hígadillo. Hace poco leía este titular en un gran periódico nacional “Un soplo de aire fresco en la ficción nacional”, se refería al estreno de una nueva serie de TVE: “El Ministerio del Tiempo”, según la redactora: una entretenidísima e inteligente mezcla de humor, aventuras y divulgación histórica. Acudí interesada a ver el primer capítulo. No pude acabarlo. Me recordó cuando hacía informes de lectura para una editorial y leía primeras obras en las que Santa Teresa se trastocada en madre y esposa amantísima en el siglo XXI, o el malvado pirata inglés resultaba ser un tiburón financiero; eso sí siempre consiguiendo que apareciera un pasadizo temporal que nos mostrara la relación entre ficciones y personajes. Eran, en fin, guiones que aprovechaban un cóctel de llamaradas entre la seudo-historia y las creencias en el más allá.

Años después descubro que lo que sólo podía editarse gracias al bolsillo de sus autores, se emite en horario estelar en la primera televisión pública del país. Por si esto fuera poco, el salto a la pantalla es menos creíble que en los libros. Ni los propios actores dan crédito a sus papeles, ¿cómo hacerlo con un guión tan disparatado? Sólo algunos periodistas obedientes ensalzan desde los grandes púlpitos estas muestras de Incultura Galopante.