Antes de que llegue la nieve

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Podría ser un título de un libro, Antes de que llegue la nieve, pero no. Solo me viene a la memoria, Antes de que llegue la lluvia, que recomendamos hace tiempo.

En todo caso, de libros va el artículo. Tantos recibidos este año que es difícil leerlos todos, recomendar o no, hacer reseñas positivas o negativas.

Decía Ricardo Dudda hace dos días, en The Objective, que no existen en España reseñas negativas, o muy pocas. En su Twitter recordé una reseña no solo negativa sino además en formato libro: El infinito No cabe en un junco.

Esa reseña-libro tenía y tiene su importancia. Ha pasado más de un año de aquel Premio Nacional de Ensayo y, todavía, no hemos encontrado a ninguna persona que nos explique cuál es el aporte ensayístico del premio.

Sí nos hemos encontrado con profesores de Filología Clásica, la misma carrera que hizo la premiada, que nos hablaron de dos libros de sus estudios en los que estaba gran parte del famoso título. El arte de copiar las palabras, decía yo ayer en Twitter.

Hay materias cada vez más arrinconadas, desde la propia educación, como las clásicas. Sus licenciados, profesores y expertos se han manifestado por toda España; por escrito y en persona. La premiada fue contactada pero se negó a manifestarse, según nos cuentan. Quizá ella sabía que no iba a servir de nada.

El poder político, de uno u otro signo, arroja políticas educativas cada vez más superficiales. ¿Cómo vamos a enterarnos de lo que escribieron hace siglos nuestros ancestros, si todo va a corto plazo?

Sí les interesa, a los poderosos, servirnos como alimento de hoy, esas escrituras antiguas. Bien envueltas en positivismo, colores amables y un premio nacional que circule, no solo en este país, sino por todo el mundo.

Personalmente lo recuerdo en la Feria del Libro de Lisboa del 2021, o recientemente en la de Frankfurt. Todo un hito de la famosa campaña «creatividad desbordante» del Ministerio de Cultura, más gasto feriante.

Otra campaña pagada por todos, criticada en RRSS pero bien cobrada por muchos medios de Comunicación: «hambre de cultura», debería titularse hambre de contenido. Firma, el ministerio de la cantidad.

Hablo de hambre e, inconscientemente, me voy al cocinado de todo esto. Por ejemplo, se sabe cómo se cocinan premios suculentos como el Planeta, pero se habla poco de la cocina de los premios públicos nacionales. De los intereses partidistas y todavía menos de sus precocinados.

Algunos precocinados han requerido seis o doce meses para llegar a la mesa. Los periodistas freelance (y no vendidos al poder) somos uno de los entrantes habituales, aunque pueda parecer extraño.

Al entrante se le come antes, como bien saben. Cuando nos pasa a nosotros, olemos que ahí se está precocinando algo, ya se dijo a quiénes tiene que comerse el posible premiado.

Entre otros, o junto a otros, los futuros premiados deben comerse a periodistas erróneos caso de que les hayan agraciado con sus palabras. Me provoca cierta sonrisa algún caso concreto; una premio nacional e internacional que, antes de ser candidata, me llamaba y escribía whatsapps, muchos, y muchos meses después de una entrevista.

Silenció toda comunicación seis o siete meses antes de recibir el gran premio. Como no era l@ primer@, ya imaginé que iba a ello, nacional o internacional, Reina Sofía de Poesía o Cervantes. Y así fue.

Esto es lo que tiene vivir en aquel mundo imaginario de 1984 a punto de llegar el 2023: llevamos años gobernados con corruptelas para que no sea evidente la sustracción de lo importante. Y la cultura lo es.

Con cautela, que nadie se dé cuenta de la prevaricación de fichajes a nivel estatal (el resto de administraciones proceden igual, en general) Y, de ahí, con todos los contertulios en RTVE o en medios que reciben cientos de miles de euros, llegará la falta de reseñas negativas, los silencios.

Antes de que llegue la nieve (Antes de que llegue el 2023) avisa del helado año electoral que nos espera, y la cultura no será ajena a ello. Si ya está en el Congreso el debate de la cultura de la violación, imagínense lo que viene. Muy cultos su señoríes.

Posiblemente me quedé corta con aquel artículo Violencia «Artística», que me sirvió para ser vetada en algún lugar que se llama teatro. En cuanto pueda haré una lista de vetos, porque seguiremos hablando de libros, teatro, música, cine, arte, en 2023. Como viene a decir Pinkola Estés en el libro que acompaña el artículo: tenemos raíces para rato 😉

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