Los hombres que no leían a las mujeres

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Me gustaría comenzar con una anécdota, arriesgándome a que penséis que se trata de una banalidad. La anécdota se define como un suceso irrelevante, curioso o entretenido. A veces, definimos un hecho como tal simplemente por comodidad, para evitar el esfuerzo de reflexionar, cuando sabemos, o al menos intuimos, que se trata de algo más: un síntoma revelador del pensamiento y de la ideología que hemos ido adquiriendo en la sociedad y en la cultura en la que nos desarrollamos como personas.

índiceVivo en un apartamento pequeño y los libros que no caben en las estanterías andan desparramados, entre otros sitios, encima de una mesa y, aunque no es el caso, parecen colocados estratégicamente, como las novedades de una librería. Así que, una tarde que recibí la visita de un amigo, antes de sentarse en el sofá, reparó en ellos y los echó un vistazo. Recuerdo que todos libros de esa mesa estaban escritos por hombres. Observé a mi amigo. Primero tomó uno, luego otro, leía la sinopsis de los libros e hizo algunos comentarios como: «Cuánto lees», «Parecen interesantes», «Siempre andas rodeada de libros». A las pocas semanas, se acercó otro amigo y el proceso fue similar, tanto en actitud como en comentarios, os puedo asegurar que casi calcó las palabras (y no se conocen entre sí).

Pasados unos meses, estos dos amigos volvieron (por separado también). Poco había cambiado en este tiempo salvo la cantidad y lugar de descanso de los libros; sobre la mesa tenía, como siempre, varios libros pendientes de leer, esta vez, todos escritos por mujeres. Ellos, de nuevo, se acercaron a la mesa y al comprobar que eran libros de autoras y no de autores, no se atrevieron a tocarlos mucho. Uno, cogió una novela y sin leer de qué trataba la tiró de nuevo sobre la mesa con el ceño fruncido y girando la cabeza. Ambos me dijeron frases como: «¿por qué todos son libros escritos por mujeres?», «Siempre estás leyendo lo mismo».

big-eyes-margaret-keane-300x199Mis ojos se abrieron, se hicieron grandes, se pusieron tensos, como los de las niñas que retrataba la pintora Margaret Keane. Me asaltaron algunas preguntas: ¿Por qué la primera vez no les importó que sólo tuviera libros escritos por hombres ni pensaron que mis lecturas eran todas iguales? ¿Por qué dieron por supuesto que los libros de autoras son todos iguales? ¿Leían libros escritos por mujeres para hacer tal afirmación? ¿En qué se basaban? Mi conclusión: su forma de pensar, de expresarse y de opinar era patriarcal, poniendo como punto de referencia, en todos los aspectos, a los hombres, y menospreciando la literatura escrita por mujeres.

Estaréis de acuerdo conmigo en que necesitamos repensar y cuestionar la validez de dichas afirmaciones, ancladas en nuestro subconsciente más de lo que nos atrevemos a reconocer, y que lanzamos al aire sin pensar. Lamentablemente, son tan generalizadas y comunes que pasan de ser la mera opinión de una persona para convertirse en pensamiento colectivo de una sociedad.

Desde mi modesta posición, os invito a realizar una autocrítica a la que solemos ser reacias, quizás porque no nos gusta hurgar en esos elementos que entran en juego en la lectura (he seguido los expuestos por Constantino Bertolo en La cena de los notables). Es decir, creo que tenemos miedo de enfrentarnos a nuestra propia competencia lectora, a nuestra biografía, a las lecturas que hemos hecho a lo largo de la vida y a nuestra ideología. Pero es necesario. Yo también viví, hace un tiempo, mi particular proceso de reubicación lectora: desde dónde leo, a quién leo, dónde me representan, cómo lo hacen.

Bertolo, en el mismo libro citado arriba, también habla de la responsabilidad del que lee, elemento clave en las ideas que intento plasmar en este artículo. Para mí, esta responsabilidad está relacionada con ejercer la autocrítica de nuestras lecturas y nuestra posición ante ellas. Somos lectores responsables en cuanto somos capaces de auto-cuestionarnos.

En este proceso nos ayudará tener presente que el saber está relacionado con el poder porque el primero se genera siempre desde un lugar particular, como afirman Marta Malo y Débora Ávila, investigadoras y activistas sociales. Así, podemos preguntarnos: ¿quién crea ese saber? ¿A quién se dirige? ¿Para quién lo creó? ¿Con qué propósito?

800px-La_lectoraY una pregunta más. ¿A dónde nos llevan estas reflexiones? Si revisamos la historia de la literatura veremos que es claramente androcéntrica y que a lo largo de los siglos ha estado dominada por hombres en todos sus aspectos: escritura, personajes, crítica, incluso, hubo un tiempo en que las mujeres tenían prohibido leer. Ante esta situación, son muchas las escritoras que han hecho por visibilizar otras escritoras como Mª Ángeles Cabré, que en su libro Leer y escribir en femenino, da a conocer un gran número de mujeres que la literatura oficial, de una manera u otra, ha ocultado. Más recientemente, la poetisa Clara Janés ha publicado Guardar la casa y cerrar la boca donde recopila a las poetisas olvidadas de diferentes culturas y períodos de la historia. Otras escritoras, como la coreana Moon Chung-hee cambió el código de la poesía para poder liberarse del lenguaje androcéntrico y poder expresarse con libertad y hasta Bathsheba Everdene la protagonista de la novela Lejos del mundanal ruido escrita por Thomas Hardy afirma que el lenguaje está creado por y para los hombres y que las mujeres no pueden expresarse con él.

A la mujer, considerada «la otra», se le niega la voz, y, sin embargo, tiene derecho a expresarse. Por ello, Mª Ángeles Cabré, entre otras, reconoce la existencia de una narración hegemónica y otra marginal. La narración predominante tiene que ver con esa autoridad que establece determinado saber como superior y margina, no sólo en función del sexo sino también de la cultura, la raza, la orientación sexual y la religión.

Otro tema que Constantino Bertolo toca  en su libro y que nos resultará de utilidad es el de la lectura como aprendizaje: de emociones, de comportamientos individuales y colectivos, de sentimientos o de la conducta humana. ¿Enriquecemos nuestras vidas y nuestras lecturas si tenemos como referente casi mayoritario el referente occidental, blanco, heterosexual y… hombre? (éste último olvidado y obviado normalmente por parte del sexo masculino). Las mismas historias contadas por las mismas personas no nos aportan nada, por mucho que nos empeñemos. Necesitamos la voz de «las otras».

Extremadamente significativa resulta la conferencia dada en 2009 por la escritora nigeriana Chimamanda Adichie: El peligro de una sola historia. En ella, cuenta su experiencia y evolución como escritora y la mirada sesgada que tenemos del mundo debido a la existencia de una sola historia. Explica de una forma maravillosa como el punto de vista único y la reducción a lo simple y a los estereotipos conlleva perder la complejidad y la riqueza sobre una persona, una cultura o un país.

La literatura transforma el mundo y lo hace en cuanto literatura abierta a visibilizar de forma justa e igualitaria las diferentes formas de estar en el mundo y evitando, de este modo, la violencia literaria a la que nos vemos sometidos; literatura abierta a recoger lecturas de calidad y diversas porque nos convertiremos en mejores lectoras y personas si vamos más allá del yo y nos atrevemos a conocer a las otras y los otros.

En definitiva, ser lectores responsables implica rebelarnos contra una autoridad lectora que es cuestionable e incorporar nuevos elementos de juicio a nuestras lecturas para llegar a ser realmente libres.

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10 comentarios to “Los hombres que no leían a las mujeres”

  1. Lucy Says:

    Este es un tema importantísimo y ya es hora que la literatura escrita por mujeres pierda su estigma “rosa”.

    • Noelia_Alvarez Says:

      Gracias por los comentarios. Nieves, efectivamente, la cultura en este país tiene que dar un giro de 360 grados pero no sé si soy yo la persona adecuada😉

      Lucy, estoy totalmente de acuerdo. Las mujeres escriben de temas muy variados y con una gran calidad.

      • Nieves Martín Díaz_El Planeta de los Libros Says:

        Noelia, me acaban de pasar un trabajo del destituido concejal de Cultura por Madrid para que lo valorara: “Lo que tú Quieras Oír” en YouTube – https://youtu.be/12Z3J1uzd0Q

        Mejor no comento y que juzguen los que leen este artículo y los que ven ese video. Pensar que este señor se quedará de todas formas en el equipo municipal cobrando dinero de todos los madrileños…

      • Noelia_Alvarez Says:

        Nieves, gracias por el enlace al video. Lo veo y lo comentamos😉

  2. Nieves Martín Díaz_El Planeta de los Libros Says:

    Te voto para concejala de Cultura😉 Es en serio, a ver si empezamos a valorar lo que tiene mérito

  3. Noelia_Alvarez Says:

    Reblogueó esto en Diario de una documentalistay comentado:

    Y un espacio para la literatura

  4. Marjorie Says:

    Muy interesante el artículo. Algo que puedo compartir partiendo de mi experiencia personal es que el desinterés que muestran los hombres hacia textos de autoras mujeres en las distintas ciencias viene acompañada de comentarios de corte despectivo, minimizando la labor y el aporte de la mujer en los distintos campos sociales. Al inicio me resultaba incómodo y hasta algo tedioso tener que explicarle el por q

  5. lola Says:

    Libros como las sombras de Grey, escrito por una mujer, no nos hacen ningún favor.

  6. Noelia_Alvarez Says:

    Marjorie, completamente de acuerdo con tu comentario. Los textos escritos por mujeres están infravalorados. Partimos de lugares diferentes y es difícil, como sociedad, hacernos cambiar el punto de vista desde el que miramos. Y sin embargo, es tan necesario…

  7. Noelia_Alvarez Says:

    Hola, Lola. Gracias por comentar el artículo. Personalmente, al igual que tú, creo que ese libro refuerza estereotipos sobre mujeres, hombres y las relaciones. Pero hay otros muchos libros escritos por mujeres y no comerciales que son de gran calidad y que son obviados por el ámbito del libro y es a todos esos libros a los que nos referimos, que tienen el mismo derecho de ser conocidos y leídos que los escritos por hombres.

    La idea del artículo es resaltar que por norma general se otorga más valor a lo escrito por un hombre (aunque sea de peor calidad que lo escrito por otras muchas mujeres). Eso no significa que tengamos que ensalzar cualquier libro de una autora. También, por supuesto, es importante, entre otros aspectos, valorar la calidad literaria.

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