Lo que encontré en El cuarto de las maravillas

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Quien no me conoce, dice que apenas como o lo hago de una manera frugal. Quien me conoce, afirma todo lo contrario. Y a mí parecer, creo que me alimento de forma sana y ordenada, sin grandes excesos, ni en comida basura ni en comidas saturadas de grasa. Sólo devoro libros. Pierdo el control. Como si llevara años sin comer. Como si fuera el último día en la tierra. Como si hubiera vivido una hambruna en medio de una guerra. Como si fuera una anoréxica recuperada.

Así comenzó la aventura. Con ansia de libros. Cuando empecé las lecturas que comentaré a continuación, tenía hambre de historias y como quien te recomienda ir a un restaurante, decidí lanzarme y probar la nueva colección que la editorial Turner lanzó a finales de septiembre de 2014: El cuarto de las maravillas. Se estrenaba con un menú atrevido de tres libros muy distintos entre sí: Hacer el bien de Matt Sumell; La Comemadre de Roque Larraquy y Las esposas de los álamos de Tarashea Nesbit.

cuartoSe denomina Cuarto de las maravillas a los antiguos gabinetes de curiosidades, predecesores de los museos actuales. Para mí, un cuarto de las maravillas, sería aquel lugar lleno de libros, gran cantidad para tocar, oler, leer, releer y recomendar con insistencia. Con este poético pensamiento me adentré en las nuevas lecturas, decidida, al igual que cuando salgo un sábado a ese restaurante pequeño y recogido, en una calle céntrica pero desconocida de una gran ciudad, a disfrutar de una buena cena, en este caso, de varias novelas.

He tardado varios meses en leer estos tres libros, (para ser sincera, con otras lecturas de por medio). Quizás me encontraba condicionada por el sugerente título de la colección y mi ilusión inicial fue decayendo porque al avanzar en la lectura, sentía una ligera decepción, un malestar interno; no tanto una sensación de empacho de lecturas pesadas, sino más bien una falta de emoción, pérdida repentina del apetito, dándole vueltas a la comida haciéndome la remolona sin querer probar ni un bocado más… en definitiva, unas ganas persistentes de abandonar el plato a medias.

¿Por qué? Os preguntaréis. En las siguientes líneas, brevemente, os intento responder.

Hacer el bien es la historia de un joven de 30 años que intenta afrontar los distintos devenires de su vida. Aunque la novela contiene un evidente humor negro, el ingrediente principal, resulta complicado sentir empatía por un personaje tan estrafalario. Primero, porque la agilidad en la escritura y la acidez de la historia no son suficientes para digerir una alienación de la vida por parte del protagonista de tales dimensiones. En segundo lugar, éste queda reducido a un mero cliché y no deja de parecer algo tan típico como un plato de macarrones con tomate: hombre violento, agresivo, soez y misógino, hasta el punto que su madre antes de morir le hace prometer que tratará bien a las mujeres a partir de ese momento.

La Comemadre tiene en común con la novela anterior un cierto humor negro, sazonada de una pizca de sarcasmo, al abordar de forma un tanto humorística una cuestión ética como es la experimentación con humanos;  y aquí se hace necesario tener un buen estómago, o haber utilizado un protector para conocer cuál es la última palabra que pronuncia una cabeza decapitada; sí, habéis leído bien. Un dilema similar para muchas personas a ¿me como los caracoles? o ¿me gusta la casquería? El escritor argentino pone muchas ganas intentando contar la relación entre dos historias distantes en el tiempo pero con un nexo de unión entre ambas al que le falta consistencia, y algo de sal, al menos, para la segunda historia.

las esposasLa novela de Nesbit, Las esposas de los álamos es de las tres novelas, sin duda, el postre. La que apetece tomar con más ganas y no produce tanto desazón. Resulta llamativa por la utilización de la primera persona del plural para narrar. Su autora cuenta, de este modo, la parte más desconocida del proyecto Manhattan, la voz invisibilizada y muda de las mujeres. Nesbit, no se centra en la historia de los científicos que trabajaron en la creación de la bomba atómica sino que le da la palabra a las mujeres que reflexionan sobre quiénes son, sus relaciones con otras mujeres, la maternidad, los hijos e hijas, su lugar en la sociedad y su futuro.

Conseguí finalizar las lecturas y, en cierto modo, aunque puede ser cuestión de mala suerte, tengo la sensación de haberme decepcionado con la carta a pesar de lo apetitoso y sugerente de la presentación y de no haber hallado ese cuarto de las maravillas que imaginaba.

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