Grandes veladas

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Jorge Javier Vázquez homenajeado por las ventas de su libro

Los últimos siete días asisto como espectadora a dos grandes veladas. Una en el sector editorial: Jorge Javier Vázquez recibe el Libro de Oro de la Editorial Planeta por los 250.000 ejemplares vendidos de su último y único libro, por el momento.

Los números cuentan como siempre, aunque no sea para bien, aunque exista un abuso de la cuantificación. También en nuestros índices de lectura. Quizá primero tengamos que alcanzar los datos de nuestros vecinos europeos para preocuparnos entonces, no tanto por cuánto, sino qué leemos. Así cerraríamos el círculo, volviendo al libro de oro del famoso, y caeríamos en la cuenta que la abundancia no significa nutrición, sino más bien malnutrición: se come demasiado y con efectos perniciosos. Pero hasta en Facebook me respondían sobre esta noticia con el típico: “con tal de que la gente lea”, y hasta agradecida estaba yo a mi interlocutora, que lo habitual es que estos temas ni reciban comentarios, que nos resignemos a ello.

En el país de la prensa rosa y el fútbol, como grandes eventos mediáticos, o como grandes veladas aguantadas noche tras noche y tarde tras tarde, no es extraño que aquel día acabara hablando de fútbol, no había forma de hablar de lectura, o de literatura, y supongo que no era el lugar para hablar de sus cosas, las rosas.

En la Página de Facebook de “El Planeta de los Libros” mantenemos la foto de una pancarta que dice “el fútbol no es cultura”, y hablaba sobre ello con uno de los invitados, cuando su mujer, periodista y editora (de algunas de las famosas entrevistadoras del programa de Tele 5), me puso en el brete de elegir entre un partido de fútbol o un programa rosa (o del color del higadillo, que sería más apropiado), cuál de los dos elegiría para un niño de corta edad, me decía, y se suponía que tenía que optar por el Fútbol aunque curiosamente ella viviera del otro. Y me resultaba imposible elegir entre las dos caras de la misma moneda.

Y del show de Jorge Javier, donde quizá la única periodista estaba de incógnito (el incógnito ya pueden imaginar por qué, y lo de única a la vista de su poca difusión mediática), al show todavía más mediático de Los Goya. Los pillé empezados pero así y todo bastaba: ¿cómo consiguen año tras año mantener el halo casposo, recibir buenas críticas de la supuesta progresía y que les paguen incluso con dinero público? Por no hablar de que resulta cuanto menos extraño que muchos privilegiados, o subvencionados a fondo perdido, se acuerden de nosotros: los pobres, los desahuciados, por una vez, y nos dediquen unas palabras o hasta  sus Goyas. Debe ser lo único que pueden darnos de sus privilegios, una actuada dedicatoria.

La vi poco la Gala. No sólo porque llegué tarde, también porque el otro canal de la pública, la 2, emitía a la par un documental interesante sobre el suicido: distintas perspectivas y cómo darle un poco de dignidad a algo considerado vergonzoso por muchos. Y llegué a pensar que el documental era como un premio de consolación para los que no aguantábamos la Gala de la 1 (cuídenme esas voces y esos comentarios, que no quiero tener que repetir lo que dije en este blog hace un año, que repetiría en esta ocasión si no fuera porque quiero ser benévola).

Decía que la vi poco, la Gala, pero alcancé a escuchar a Eva Hache hablando de lo mal que escribimos y lo poco que leemos. Seguimos en ese tipo de Humor Paleto tan manido en nuestro país: lo gracioso que es que seamos incultos, o que hablemos tan mal. Un humor al que se apeló en más de una ocasión como en anteriores ediciones. Humor facilón, de poco coste (neuronal, el otro no lo quiero ni pensar), como aquellos chascarrillos del cine de barrio que tanto éxito tuvieron en décadas que ya pensábamos superadas. Eso sí, ahora cada vez más rancio, más tópico, más avistado. Viva la decadencia, la cara decadencia que no nos podemos permitir.

Y llegaron las películas ganadoras. El cine en competición y lo que dio de sí, y se salvaron algunos trabajos muy dignos (que se notaban incluso en la forma de recoger el premio, como en el caso de José Sacristán). Pero, más que Cine me quedó la sensación de Gala Cómica. Aunque recordando la primera velada, aquella entre rosa y futbolera, no sé que puede dar más risa, si nuestro Cine o nuestra Literatura.

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