El tiempo de la Literatura

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SOLEDAD PUÉRTOLAS. Foto: Leopoldo Pita

Preparando la Conversación con Soledad Puértolas,  releo su ensayo “La vida oculta”, en el que reflexiona sobre la Literatura creadora de otros universos, el medio que nos permite mirar la realidad, de otra manera, el exponente de un tiempo más rico y poderoso que el real. Los tiempos de la literatura son más complejos, elásticos y eternos; sobre todo si comparamos con los de presentaciones, conversaciones y programas de radio, obedientes a sus respectivas limitaciones, aunque permanezcan y pertenezcan al acervo colectivo, y a veces incluso sean más decisivos.

Igualmente limitados los entrevistadores en sí mismos. Nos lo recordaba Puértolas comentando su relato “La indiferencia de Eva”, a partir de su propia experiencia como entrevistadora. Hay relatos como éste que desbordan su tiempo; y más allá de la literatura, como si ahí también siguiéramos relacionándonos en la punta del iceberg. Sólo hablando conseguimos descubrir muchas de las reflexiones que llevamos dentro, la literatura y nosotros.

La sociedad humana que tanto le debe al habla -como nos recordaba hace poco Emilio Lledó– se empeña en no reconocérselo y hasta en amordazarla: -enlace ejemplo de un panorama mediático y cultural en el que no caben las islas, solo las excepciones. Ocurrió ya en los tiempos más oscuros de nuestra memoria– más brutal, menos sutilmente. Tiempos recientes, llevados a los tiempos de la literatura en libros como el de Andrés Trapiello: “Ayer no más”. Tan cerca del ayer que sigue habiendo asuntos no del todo hablados: guerra civil, posguerra o época actual, donde aquellos  que dicen querer hablar esconden tantas veces intereses propios.  El tiempo de la literatura querría acabar con el provecho momentáneo, estirar nuestro propio tiempo una y otra vez.

Este mes de noviembre, también reflexionamos sobre una lucha que va más allá de la marea blanca, o la lucha económico-laboral en el ámbito de la salud. Fernando Ramasco, coautor del blog “la princesa en peligro”, contraponía la fuerza del espíritu del Hospital de la Princesa a los desastrosos resultados del ensayo “La corrosión del carácter” de Richard Sennett. Lo decía también su colega el Dr. García Pérez: lucha moral cuando la moral es la más afectada por la situación, y un estrato social inmoral pretende desmoralizarnos a todos.

Ese estrato inmoral se muestra incluso en la Literatura. Cobijado en grandes premios comerciales (y algunos nacionales), best sellers, populismo, o amarillismo mediático. Podríamos hacer un gran atlas de la geografía inmoral de la literatura. Hasta los periodistas somos cada vez más anunciantes de esta nueva, la literatura bonita que nada arriesga, que hasta nos hace más fácil encontrar amigos, aunque sean superfluos, o en facebook, y así creer que somos amados.

Jorge Javier Vázquez, uno de estos presentadores de la llamada televisión basura, montó hace poco una ficción de lectores en un plató donde estos, más que preguntarle, alababan su libro, al igual que los contertulios del programa. Me dicen que en su última aparición ya enviaba a los telespectadores a comprar su libro con una frase que indica todo sobre su autor: “que ningún hogar español se quede sin el libro”. Después del show de Belén Esteban con un escritor (que comentamos en este blog), y considerando la Marea Mediática que nos ahoga día a día, poco o nada extraña del lamentable estado de los medios de comunicación, quizá sólo que los periodistas, los intelectuales y el mundo cultural en general –al contrario que los médicos, el personal sanitario y los pacientes- acepta esto y mucho más; a salvo en su torre de Marfil, hasta que alguien decida por fin revivir al Quijote, eso sí ahora contra los nuevos – o renovados- libros de caballerías, convertidos en cursilerías.

“La sociedad del cansancio”, de Byung-Chul Han, es otro libro que estoy leyendo y cuya tesis central suscribo: el exceso de positividad (también informativa) está conduciendo a una sociedad del cansancio, que patológicamente deja atrás las bacterias y los virus para situarnos en la enfermedad neuronal. Enfermedad imparable aunque no seamos conscientes de la violencia -neuronal- a la que nos vemos sometidos.

PD: No se pierdan, el miércoles 12 de Diciembre, la conversación con Santos Juliá en la Biblioteca Regional de la Comunidad de Madrid, a las 7 y media de la tarde, C/ Ramírez de Prado, 3. Madrid 28045

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