La gata en La ratonera

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Recorriendo el Madrid de la letras con Dostoievski

Por Salvador Moreno Valencia

A Anna la había conocido un par de años antes en la parada del autobús, todos los días a la misma hora coincidíamos, y tras varias semanas decidí hablarle.

Anna es una mujer maravillosa, de eso no tengo dudas, es de esas mujeres digamos entrada en carnes, pero no gorda, sino apetitosa, al decir de un tipo como yo que se enamora de una escoba con faldas, pero Anna es dulce y cariñosa, amable, alegre y una mujer más que inteligente con la que se puede mantener una conversación sin que se habla de trapitos. Anna es una mujer excepcional y ahora me la encontraba allí en aquel bar, La ratonera.

-¿Qué hace una gata como tú en una ratonera como esta? -le pregunté para devolverle el saludo.

-¿Dónde mejor para una gata? -respondió dedicándome una mirada con sus ojos felinos.

-Tienes razón, qué mejor sitio que en el nido de los ratones.

Dediegos seguía ensimismado recitando poemas a aquella gata que se desenvolvía a su antojo entre su caterva de admiradores roedores.

 

Rozando la locura,

al extinguirme entre tus manos

como el agua

sin llegar a tu rostro

en forma de bruma.

 

Besos que salarán

El torrente mágico

De tus ojos.

 

La estrella que

Guía mis sentidos

Hacia tu mar bravío

Hasta tu insignia

De libertad y belleza

Hasta tu cuerpo

De arrebol.

 

Mi alabastro plateado

Como un diente de marfil

Que afilado

Desgarra mi corazón

Sentenciado a amarte

Virtualmente.

 

Cuando acabó su declamación me acerqué a él y lo saludé secamente.

-¿A quién tenemos aquí? Nada más y nada menos que a mi plagiador en persona -dije dándole golpecitos en la espalda. Dediegos al oír mi voz se dio vuelta y me encaró.

-Yo no te he plagiado nada, ya sabes quién es el que lo ha hecho, mi novela es mía, pero ese maldito Piojo la ha hecho circular por el mundo entregándola a gente sin escrúpulos que no ha dudado en copiarla y publicarla.

-No te sulfures, amigo -dijo Fiódor que acababa de acercarse para conocer a aquel personaje.

-¿Y tú quién eres? -preguntó a la defensiva.

-Nadie, hombre, nadie, como tú cuando pasen cien años o menos -respondió el maestro.

-¡Ah! Ya recuerdo, tu debes ser… -se detuvo Dediegos, miró a la gata Anna, ésta le dedicó una mirada cómplice y él siguió-. No puedes ser otro que el maldito Eladio Canteras, y ahora vas a pagarme lo que me hiciste en el apartamento de Fuengirola.

-¿De qué estás hablando idiota? -espeté cogiéndolo por la solapa de su raída chaqueta-. Me has plagiado mi novela y te quieres hacer el loco, eso no te va a servir porque pienso denunciarte a los tribunales -dije enfadado de veras.

-Los tribunales no harán nada, y no te parece poco lo que me has hecho sufrir ya con tu Sana Compaña, enviándome a esos mal nacidos, sí hombre, a Domenico Picota Petimetre y sus secuaces, déjame que viva en paz en este remanso donde la gata me acaricia y ronronea por las noches.

-Te dejaré cuando reconozcas públicamente que la novela es de mi autoría.

-Vamos a ver, amigos -intervino Fiódor-, de qué se trata, del reconocimiento de la obra en sí. ¿Qué más da? Si al fin y al cabo vamos a ser barridos por una…

-Pero mientras somos o no barridos por una…

-Disfrutemos de lo que nos pertenece como autores antes de ser barridos por una…

“Tormenta solar se avecina por las antípodas” decía una rubia platino en las noticias de la cuatro: una televisión más grande que La ratonera entera. Amenaza, ésta, la tormenta…

La rubia, también amenazadora, haciendo su papel a la perfección, enseñaba sus atributos pectorales, bueno la cuenca de los mismos por la que podíamos ser engullidos en cualquier instante…

Anna, la gata, se contoneó en el tejado de su elegancia. Dediegos dobló la esquina y se perdió de la mano de una tal Carmen, hija de un director de prisiones. Mi amigo Fiódor y yo nos quedamos allí viendo cómo una tormenta solar nos dejaba a todos sin luz, sin agua, sin gas… como si al maestro y a mí esto nos perjudicara en algo, si ya no teníamos de nada.

-Creo que será mejor tomar otro vino y que la noche nos pille borrachos -dijo mi querido batuchka.

-Será mejor, y luego acabemos la noche en Lola´s bar, donde una mujer Klimt nos hará disfrutar de la tormenta solar que irradian sus ojos. Anna nos sirvió una y otra vez hasta que nos quedamos solos con ella, omito lo que sucedió después…

 

El próximo capítulo

Anarquistas y bolcheviques

 

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2 comentarios to “La gata en La ratonera”

  1. Nieves Martín Díaz_El Planeta de los Libros Says:

    Cada vez está más apasionante el recorrido. No conozco a Eladio Canteras, ¿no será Contreras, el que dicen que trabajó de negro para Ana Rosa Quintana?

  2. alvaeno Says:

    Conocí a Eladio Canteras en Madrid poco antes de su muerte, fue un periodista maldito, a pesar de haber entrevistado a Charles de Gaulle, o a Desiree Lieven, me contó Eladio en La Taberna Encantada de calle Salitre (Madrid) una noche de vinos:
    <<Recuerdo que en la primera entrevista, que realicé, temblaba, tanto de emoción como de miedo, no obstante iba a tener el privilegio de entrevistarme con nada más y nada menos que Charles André Joseph Marie de Gaulle, recién elegido presidente de Francia tras la segunda vuelta en la que venció a Mitterrand. Y allí estaba yo, en mi bautismo de entrevistador -nada más y nada menos que entrevistando a un Presidente-, hecho un flan, con las preguntas ya preparadas, más que preparadas y ensayadas durante el viaje, pero con la incertidumbre de haber planteado bien o mal la entrevista, con tal de no ofender a tan ilustre personaje.
    Vienen siempre a mi memoria las horas previas a la entrevista, en las que fui a visitar, por encargo de un amigo, a Desirée Lieven. Tras el encuentro me quedé atónito por la excepcional belleza de la princesa.

    <<Además, del placer infinito de ver a mi estimada Desirée, iba a tener el privilegio de hallar en la casa del escritor a otros personajes (con la misma suerte que el gallego, no el de la falange, el otro, el del loquero), a los que había entrevistado, para el Matinal Costa de Madrid, donde tras acabar mis prácticas en El Correo de Galicia me ofrecieron una página completa dedicada a Cultura: artes, literatura, música, etcétera. ¿No imaginan cómo?: otra vez mi tío, mi inestimable tío que era, para variar, uno de los principales accionistas del citado diario.

    Eladio Canteras tuvo la gentileza de cederme los derechos para publicar sus entrevistas y el diario que fue llevando en el transcurso de las mismas, y que yo le he dado forma en un libro (inédito, Lovecraft murió sin haber publicado ni un solo libro), titulado Matinal Costa de Madrid. Y que comienza con esta cita, entre otras:

    "Cuando desaparezcan de la faz de la tierra los necios,
    gobernarán al fin los animales.

    Satoidi Olucled"

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