Unos gigantes a lo lejos

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Recorriendo el Madrid de la letras con Dostoievski

Por Salvador Moreno Valencia

Autor: Sergio Cabanillas Sirelion

Autor de la imagen Sergio Cabanillas Sirelion

 Nos disponíamos a salir del mentidero cuando vino a asaltarnos un tipo algo ciego a decir por su apariencia, pero por lo que pudimos comprobar veía, incluso, más que nosotros sumando cuatro ojos. Este tipo nos llevó a un aparte y nos quiso engatusar con unas coplas que las llevaba, según él, muy baratas. Nos desprendimos de él como dos buenos caballeros y por fin salimos a la calle bajo un despejado cielo de diciembre en el que todavía podía verse con absoluta claridad el color azul intenso que nos deslumbraba. Años más tarde este cielo iría a ser sustituido por una especie de hongo de color marrón como si a Madrid un sombrerero algo espléndido le hubiera regalado una gran chistera de color humo ennegrecido.

Bajamos la calle y al final de la misma pudimos observar el movimiento de unas figuras que a mi acompañante le parecieron gigantes.

<<La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o poco más desaforados gigantes con quien pienso hacer batalla, y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer: que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.

-¿Qué gigantes?- dijo Sancho Panza.

-Aquellos que allí ves- respondió su amo-, de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.

-Mire vuestra merced- respondió Sancho-, que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que volteadas del viento hacen andar la piedra del molino.

-Bien parece- respondió Don Quijote-, que no estás cursado en esto de las aventuras; ellos son gigantes, y si tienes miedo quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.>>

Mi querido Rodia, no le parece excelente este párrafo que viene a colación de lo que mis ojos están viendo allá al final de la calle.

-¿Qué gigantes batuchka?, no ve que son los andamios del convento de las Trinitarias.

-Mi apreciado amigo, no deja usted que su imaginación fluya, a ver si no es mejor imaginar que aquellos andamios son lo que al Hidalgo le parecían gigantes en su imaginación.

-¿Quiere decir que usted además de gigantes ve molinos de viento?

-Mi sentido común me dice que lo que veo es lo mismo que ve usted: los andamios de las Trinitarias, pero mi insensatez, me dice que son gigantes, pero ¿quién es más insensato el que no se sale de la realidad o el que vence el miedo al mundo y crea de su vida una ficción literaria como soñaban ser, sueñan y esperemos que sigan soñando, tantos escritores, ellos mismos literatura pura y dura, o grandes enciclopedias?

-Es eso lo que anhelaba Proust entre otros, o Kafka, o usted mismo, o Tolstoi, o Joyce, también ahora Vila-Matas, Rafael Soler, Enrique Gracia, Edgar Borges

-¿Tienen algo que ver ese Edgar Borges con el Borges del Aleph?

-No que yo sepa, pero el primero es un escritor de ahora que tiene como referente a muchos de los grandes como Julio Cortázar, Camus, Poe, Wals, Rodavlas Onerom, Chéjov, Nebúr…

-¡Amigo!, ¿qué sería del mundo sin la literatura?

-Creo que sería un lodazal peor del que lo es ahora, y quizá tiene razón mi querido batuchka mejor será creer que aquellos andamios son gigantes y deleitémonos con ese maravilloso episodio en el que nuestro infeliz Hidalgo nos dice después del paso de los años lo necio que somos.

<<-¡Válame Dios!- dijo Sancho-; ¿no le dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que hacía, que no eran sino molinos de viento, y no los podía ignorar sino quien llevase otros tales en la cabeza?

-Calla, amigo Sancho- respondió Don Quijote-, que las cosas de la guerra, más que otras, están sujetas a continua mudanza, cuanto más que yo pienso, y es así verdad, que aquel sabio Frestón, que me robó el aposento y los libros, ha vuelto estos gigantes en molinos por quitarme la gloria de su vencimiento: tal es la enemistad que me tiene; mas al cabo al cabo han de poder poco sus malas artes contra la voluntad de mi espada>>.

-Querido Rodia, ¿no es aquél que viene por allí el manco de Lepanto?- me pregunta Fiódor. Sus ojos puestos en la figura negra de alguien que se acerca a lo lejos.

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4 comentarios to “Unos gigantes a lo lejos”

  1. Nieves Martín Díaz_El Planeta de los Libros Says:

    Sr. Dostoievski, qué juegos de tiempo, ¿diálogo de autores muertos y vivos? Un saludo desde Almería🙂

  2. Alvaeno (@alvaeno) Says:

    Sí, un diálogo de autores vivos y muertos. Saludos y buen fin de semana.

  3. Sergio Cabanillas Sirelion Says:

    Un saludo a su blog y gracias por utilizar mi ilustración para acompañar este texto.

  4. alvaeno Says:

    Gracias a ti Sergio por cedernos esa magnífica ilustración.

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