Un marco para la reflexión

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Aproximadamente una veintena de medios acudimos a la presentación de la novela “El abogado de Indias” de Amós Milton. No doy número exacto porque además de los de Madrid y Barcelona, estaban los locales más difíciles de controlar. El caso es que desde el principio andaba yo preguntando cuándo me tocaría entrevistar al autor, lo cual parecía una empresa nada fácil: después de la comida, en el Palacio de los Pinelo (actual sede de la Academia de las Buenas Letras de Andalucía), antes o después de la visita a los Baños Árabes.

Mientras me tomaba un té moro para recuperarme de las aguas y masajes relajantes de la calle Aire, maquiné cómo culminar la labor. Por suerte el camino estaba más despejado, algunos periodistas empezaban a mostrar signos de debilidad, se iban al hotel, se aseaban, o decidían cambiarse de ropa. Eso sí, cuando ya tenía la entrevista concertada, cuando nos dirigíamos a la espectacular azotea de los baños, entorpecía el camino otro tipo de espesura no prevista: los admiradores, los lectores en busca de autógrafo, y no uno, dos incluso por persona, y se hacían amigos, y le invitaban, y Amos Milton siempre atento con todos los se acercan.

Finalmente, lo tengo sólo para mí. Empezamos a grabar: él, yo, la Giralda, los tejados. Y, al minuto, empiezan a llegar periodistas, cámaras, admiradores, amigos. El micrófono evita que se cuelen en la grabación, pero mis oídos y mis ojos captan, ven y oyen.

No pude extenderme más. Le robé sólo quince minutos. Qué diferente este periodismo de carreras del otro que prefiero, una entrevista más calmada, más íntima, profunda, larga. Espero que la disfruten (en breve la subiremos a la web), Amós Milton tiene otras muchas preguntas, que intentaré hacerle cuando salga la segunda parte de “El Abogado de Indias”. También se me queda en el tintero una interesante visita, sugerida por el autor, al Castillo de Triana o Castillo de San Jorge, sede durante 300 años del Tribunal de la Inquisición sevillano, y donde también transcurren algunos episodios de la novela.

El paseo entre las ruinas del temido Santo Oficio se puede hacer de la mano de un formativo y gratuito sistema de audio y es anunciado como “un marco para la reflexión”. Al final del recorrido, coronando una serie de artículos de la Declaración Universal de Derechos Humanos (que siguen siendo poco universales), se lee la siguiente pregunta: “¿sigues pensando que este lugar no tiene nada que ver contigo?” Lean o visiten, y saquen sus propias conclusiones. De momento yo me dirijo a otro evento literario, Voces del Extremo.

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3 comentarios to “Un marco para la reflexión”

  1. Lola Sanabria Says:

    Buena lectura, té moro, aguas, masajes, entrevistas, comida, paseos… ¡Qué más se puede pedir! Disfruta, hija, disfruta.

    Besos calurosos.

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