Responsabilidad intelectual: una breve reflexión a partir del caso de Lars Von Trier

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¡Qué complicada es la relación entre el creador, su obra y su público! Por un lado, está la genialidad, la transgresión, la técnica, la inserción del creador dentro de una tradición artística (literaria, cinematográfica, musical, o incluso filosófica), por otro está el hombre, producto de su tiempo, de la historia, de sus limitaciones y debilidades. A veces él es víctima de su entorno, tragado por su circunstancia, por una vida mezquina o sufrida, por la incapacidad de buscar la libertad cuando ésta le está inicialmente restringida; otras veces está dotado de semejante capacidad de comprensión y apertura que es capaz de sobreponerse a ese entorno, por más opresor y totalizador que sea. Casos de ambos tipos pululan en la historia del pensamiento intelectual.

El reciente caso del cineasta Lars Von Trier en el Festival de Cannes, hablando en broma (de muy mal gusto) sobre su supuesta adhesión al antisemitismo nazi, es sólo uno entre muchos y, exactamente por eso, debe ser cuestionado. Sus posteriores disculpas, intentos de arreglos y de desdecir lo mal dicho, quizás lo eximan de la culpa, pero no deja de suscitar interrogantes.

Primero, partimos del principio básico de que no estamos hablando de ningún idiota, sino de un pensador de alto nivel, con películas intrigantes como Bailando en la oscuridad o Dogville, que cuestiona en su obra la servidumbre, la humillación, el bien o el mal como intrínsecos al hombre. Es decir, los planteamientos filosóficos no le son ajenos. ¿Por qué se metería a hablar de algo tan rotundamente controvertido y absurdo como ser nazi? Segundo, aunque sus películas fueran idiotizantes, que no dijera más que tonterías en su vida y en su obra, ¿qué derecho tiene de defender una perspectiva como la que hizo? Mi respuesta es rotunda: ¡ninguno!

Por mucho que defienda la genialidad de la obra por encima de las equivocaciones del hombre (para citar algunos nombres, se puede mencionar a Ferdinand Céline, Elia Kazan, Martin Heidegger, Julio Verne en el caso Dreyfuss o incluso el muy poco genial Mel Gibson), el hombre público y, principalmente, aquél que vive de su trabajo intelectual, sea en las artes, en la academia, en los medios de comunicación, tiene una responsabilidad moral ante los que lo escuchan o leen, y que va más allá de su interés personal de provocar o trasgredir el status quo. Aunque en el recóndito de su casa y sus pensamientos pueda tener las opiniones más nefastas, como persona pública se acepta una responsabilidad. De no ser así, que no se manifieste. El mismo ganador de la Palma de Oro de 2011, Terrence Malick, es un ejemplo de un gran artista (e intelectual) que prefiere expresarse solamente a través de sus obras, ha dado poquísimas entrevistas y ni siquiera estuvo en la entrega de premios. Una cosa es la obra y el artista, otra, muy diversa, es la relación entre el artista con los medios y el público. Su obra entabla un diálogo con una tradición; el hombre lo hace con sus contemporáneos y tiene, por ende, una responsabilidad hacia ellos.

¿Hay excusa para las absurdidades de Lars Von Trier? Obvio que sí. Un hombre puede equivocarse y mejor creemos en sus disculpas. Pero queda aquí el tema de debate, que suele salir a flote sólo en casos extremos como éste, pero que es discutible en las pequeñas declaraciones cotidianas de personas públicas.

En su libro “The reckless mind“, Mark Lilla, en un diálogo histórico con “The captive mind“, del Nobel de Literatura Czeslaw Milosz, afirma la dificultad de juzgar a los intelectuales que, desde el seno de gobiernos totalitarios, se ven obligados a ceder ante el riesgo de perder sus propias vidas; no obstante, ¿qué decir de los intelectuales que, viviendo en democracia, se entregan a las demencias tiránicas o defienden cualquier cosa que no sea la libertad, el ser humano pleno y la paz?

La responsabilidad intelectual, por la que tanto abogó el epistemólogo Karl Popper y Mark Lilla, como su seguidor, es un tema a menudo abandonado por los grandes medios que, por conveniencia (¿o connivencia?), prefieren callarse ante el poder. Porque los medios, como cualquier entidad o persona que exprese sus ideas de forma pública y abierta, tienen el deber (no sólo el derecho) de hacerlo en aras de ensanchar la democracia, y no de pisotearla.

Otras breves reflexiones sobre el tema: “O intelectual aprisionado“, “Karl Popper  y la responsabilidad intelectual“.

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6 comentarios to “Responsabilidad intelectual: una breve reflexión a partir del caso de Lars Von Trier”

  1. Nieves Martín Díaz_El Planeta de los Libros Says:

    Me ha gustado la inclusión de los medios en la responsabilidad intelectual, cómo los grandes medios la abandonan. Para muestra un ejemplo: no he visto el debate y la reflexión que planteas en esos medios, ¿o me he perdido algo?

    • Lucy Leite Says:

      Nieves, creo que los medios, infelizmente, solo están por el dinero. Es una lástima, pero parece que la gente tampoco se molesta… Entonces, por un lado, ellos tienen la culpa, pero estoy segura de que si no tuvieran su público, si la gente se quejara, las cosas podrían ser diferentes.

      • Nieves Martín Díaz_El Planeta de los Libros Says:

        No lo habría dicho mejor, si bien cada vez hay más “indignados” con los medios tradicionales 😉

  2. victor del Arbol Says:

    En mi opinión, la peor autocensura es la que se impone uno mismo, y no me refiero a aquella que llega a través de la propia reflexión, sino por mor del que dirán o de lo mediáticamente adecuado.
    No creo que ningún género, ya no de las artes, sino incluso de las ciencias, pueda progresar sin ser transgresor. En este sentido, el tutelaje de la creación debe ser rechazado de plano, guste o no guste la propuesta del creador.
    Ahora bien, utilizar la capacidad de atraer medios, de llamar la atención, con estupideces que son perfectamente estudiadas, boutades se les llama en francés, denigra a quien se vale de ese recurso. Todo tiene un límite, y ese límite lo impone el sentido común.
    Gracias por tu artículo, muy ilustrativo.

    • Lucy Leite Says:

      Victor, estoy totalmente de acuerdo. La transgresión es necesaria, pero hay que transgredir para innovar, no para retroceder. Excelente comentario. Gracias!

  3. Aaron J Martin Says:

    También hace falta una revolución sexual, lo pedimos, el ser humano lo pide como ya hizo con la liberación y descubrimiento de nuevas drogas en los años 60.
    http://ensayossociales.blogspot.com.es/2013/11/esperando-ser-felices.html

    Aunque von Trier puede que tenga unos métodos para representarlo un poco excesivos.

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