Viaje alrededor de tu habitación

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Pronto llegará el momento en el que todos empiecen a plantearse qué hacer en las vacaciones de verano. No obstante, puede ser que este año no te apetezca o favorezca la idea de patear el mundo, ni callejear París, Nueva York o Londres, ni desbravar el Oriente (como mínimo, por si te pilla un tsunami o una revolución política), ni cruzar el charco, ni siquiera irte a Huelva; sea porque ya no soportas más escuchar las promociones de cigarrillos sin humo en los vuelos de RyanAir ni las colas alocadas llenas de viejos color de rosa en EasyJet, sea porque no dispones de efectivo para pagarte un vuelo estándar, de los que aún te sirven un bocadillo; o quizás porque en Booking.com sólo quedan los hoteles cinco estrellas y justo este año te ha pillado la crisis (aunque eso no venga al caso); o aún si te toca trabajar en pleno agosto agotador porque el año pasado saliste de vacaciones mientras tu compañero se quedó cocinando en la oficina; pero también puede ser porque simplemente, como persona sensata, conocedora de que salir de vacaciones en pleno verano te hará pagar los aviones más caros (incluso los low costs se hacen high), los hoteles más llenos y es muy posible, además, que, como todos tus conocidos también se sumarán a la huida veraniega masiva, no tengas con quién dejar tu perro (o tu gato, da lo mismo). Pero no sólo eso, sino que hace poco, unos días apenas, hay que decir la verdad, te has dado cuenta de que prefieres tomarte vacaciones en invierno, porque el esquí te gusta más que la playa, tanto porque no tienes motivo para esconder que estás forrado de dinero en pleno caos ibérico-financiero como porque te gusta cómo te queda el bronceado de la montaña nevada cuando todos los demás tienen un tono de piel blanco-teta-de-monja. Sea por lo que sea, siempre es válida la opción de quedarte en casa todo el mes de agosto. Quizás tengas que dar algunas explicaciones a tus amigos estupefactos, porque, al fin y al cabo, la sublevación no es propiamente el rasgo más común de nuestra época. ¡Pero no hay por qué desesperarse!

Nada como tomar decisiones de la mano de un guía, un gurú, alguien que haya recorrido el mismo camino que tú piensas seguir. Sí, porque hay alguien que ya lo ha hecho (hace mucho, pero eso no viene al caso), y no sólo eso: se quedó 42 días en su habitación (con un criado, claro está, que le hacía la comida, traía periódicos, cartas, lo que tampoco viene al caso). Pero hay que decir la verdad: no era una habitación de las de hoy (dos por dos, con suerte, armario empotrado de Ikea con sus puertas de correr que ahorran tanto espacio). Se trataba de un Conde, nada más y nada menos, pero ¿quién va a negar que desde el siglo XVIII, con el aumento del Índice de Desarrollo Humano, hoy vivimos quizás aún mejor que los condes (y quién sabrá si los reyes) de aquella época? Tenemos baño con cadena automática, papel higiénico, aire acondicionado e Internet. No es poco.

Si alguien lo ha hecho en épocas tan poco propicias, ¿por qué no tú en pleno siglo XXI? Él, Xavier de Maistre, se quedó 42 días en su habitación de Conde que era. Entonces, se puso a escribir una novelita (eso hacían los condes cuando no tenían mucho más que hacer –pero ya no se hacen Condes ni habitaciones como antes–), y además pintó un cuadrito u otro. Para eso, se sentó armado con el espíritu de su época. Estaba cansado de tanto positivismo, decidió ver el mundo desde su propia persona, su entorno, como un solipsista laxo, un pre-romántico, un enamorado de sí mismo (su alma) y de su doble (su bestia), o viceversa. Y, aunque hablase francés, era de la Saboya, que pertenecía a Italia, y París no le entusiasmaba demasiado, como parece coherente para un hombre que no se aburre mirando cada detalle de su propia habitación por más de un mes. No estar en París también le habrá salvado quizás de un guillotinazo en la colleja, pero eso no viene al caso. Resulta que uno podría decir incluso que la parodia que hizo Xavier de Maistre de la literatura de viajes que se puso de moda en su tiempo (Swift, Dafoe, entre otros) fue por purísimo despecho, porque hay que decir la verdad, él estaba confinado por cuestiones de guerra y no por voluntad propia, y es muy fácil cuando uno convierte lo inevitable en opción, y lo ensalza de modo tal que parezca la mejor elección que uno podría haber hecho.

Pero nada de eso viene al caso. Hay una jornada y hay un héroe. Tú no estás solo.

 

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2 comentarios to “Viaje alrededor de tu habitación”

  1. Anita Gambler Says:

    Buenísimo!!!! Me ha gustado mucho este artículo. Felicidades al autor! ;). Está muy pertinente todo, desde las descripciones de los vuelos en verano hasta como uno se convence de que la mejor opción es la que toma, aún cuando no tiene más ninguna jejeje. Empece a leer esto porque me llamó la atención la foto y terminé muerta de la risa. Me encantó! Un gran abrazo 🙂

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