Historia de un quiste

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Ayer andaba debatiéndome entre la posibilidad de grabar un programa este martes o tener que armar de repente un programa alternativo para el miércoles. No pretendo liarles con mis imposibles días y horarios (de grabación, se entiende) si ni yo misma me aclaro, o consigo que me aclaren, porque todos somos humanos empezando por mí misma. Y la humanidad seguramente empieza por el error, o por el error que luego se convierte en acierto. Y quizá, sobre todo, empieza por el sufrimiento.  

Se trataba de una muela, pequeña, cercada, pidiendo a gritos ser arrojada de la aún más pequeña boca. En su compañía andaba el día que grabamos “mujeres y letras”. Menos mal que, como las tres invitadas además de profesionales eran humanas, ellas  me ayudaron a realizar el programa, terminando después incluso –y a pesar de los dolores- tomando unas cañas. Al día siguiente, mi dentista, otra mujer profesional y humana, hendía el sacamuelas en la encía y alzaba la pieza entre asombrada y admirada: ¡menudo quiste tenías! 

Tengo que agradecer al quiste, que quisiera salir de aquel cobijo encontrado bajo mi muela, que me avisara de que estaba ahí, que peor sería que hubiera decidido quedarse allí alojado. Se fue y se llevó todos mis espantosos dolores de los últimos días. Así que asentí agradecida a la alegría de mi dentista, que me enseñó el minúsculo apéndice crecido a la raíz de mi muela como quien enseña un tesoro. Todavía dolorida lo fui contando a los amigos, la suerte que tuve en esta extraña lotería que es la salud.

Nunca más espero saber del quiste, ni que me visite algún familiar o amigo suyo, aunque estaré atenta por si llaman a la puerta. El capítulo final de este pequeño adminículo se cerró ayer mismo. En una acalorada conversación sobre temas culturales, sobre si uno debe o no sumarse a la ola comercial literaria que nos inunda, porque “tienen tantos medios…” (la facilidad manda, resultados visibles y a corto plazo), comentaba yo las penurias de los que no tenemos chóferes, dietas, ni sueldos si quiera (ya sé que me repito, ya) para añadir además la historia de mi quiste. Y he aquí que a través del teléfono escucho, más o menos, “qué asco, no me cuentes esas cosas que acabo de comer”. Pedí perdón. Seguimos hablando de Cultura.

Unas horas después recordé la defensa que Mª Ángeles Maeso hizo del asco como impulso creativo (programa 200). Y pensé en el asco. En el asco que no estaba en mi quiste (era pequeño y rosado), en el asco que creamos en nuestras mentes, en los puntos negros que ahogan a las culturas más poderosas (o eso se creen), y recordé otra frase de la poeta, que tomo prestada de la revista Zurgai: “el arte tiene su razón de ser en la medida que representa el sufrimiento del mundo”.

 Algunos todavía se preguntan por qué hay tanta indiferencia (indiferencia o desprecio) ante las masacres, violaciones y atrocidades, o incluso las pequeñas injusticias, que ocurrieron y ocurren en el planeta tierra. Estamos muy ocupados ganando dinero, vanagloriándonos de nuestros excelentes resultados.

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8 comentarios to “Historia de un quiste”

  1. Lucy Leite Says:

    Una muela que rinde historias. Qué bueno!

    • Nieves Martín Díaz_El Planeta de los Libros Says:

      La muela como punto de arranque…jeje. Lo que me inquieta es la realidad cultural, o social. Lo expresaban muy bien los maestros de antaño. Ahora es cada vez más difícil encontrar una “muela” crítica… 😉

  2. Miguel López Castanier Says:

    creo que eran los cherokees los que decían que nada bueno nace sin dolor. Jejeje

    • Nieves Martín Díaz_El Planeta de los Libros Says:

      entonces en la sociedad acomodada… (los que en ella están acomodados), es imposible que nazca nada bueno. Nada o demasiado poco, nada

  3. Paqui Solana Says:

    Genial, Nieves, me has recordado la finura cínica de ” La elegancia del erizo” (un libro genial a mi modo de ver) : El ave asco pus y las disquisiciones culturales/ filosóficas/ existenciales versus tu quiste y las mismas disquisiciones…

    Al final , todos estamos como en la idea profunda nº 1 :

    Ansío las estrellas
    mas abocada estoy
    a la pecera…

    • Nieves Martín Díaz_El Planeta de los Libros Says:

      Me voy a quedar en la pecera con el agüita a ras de la boca (me refiero a la infusión). Las estrellas queman 😉

  4. juan Says:

    Pues sí, Nieves, podríamos unir el “quiste”, médicamente hablando tal como lo define la RAE (“Vejiga membranosa que se desarrolla anormalmente en diferentes regiones del cuerpo y que contiene líquido o materias alteradas”) con la cultura y los excesivos quistes que se encuentran alojados en su medio, desarrollados anormalmente y que contienen “líquido o materias alteradas”, tanto respecto a autores, temas y textos… que no son tan fáciles de eliminar, por no decir casi imposible.

    • Nieves Martín Díaz_El Planeta de los Libros Says:

      Tenemos muchos quistes en la cultura, sí. Y los medios somos buena parte del problema, aupamos autores, temas y textos muchas veces por la necesidad económica, o porque son autores de editoriales del propio medio, o porque son autores del gobierno de turno. Mientras que la cultura esté supeditada al poder económico o político seguiremos con quistes enormes, tan enormes que hasta se creen los propios protagonistas de la cultura. Ya lo decía Cervantes con las novelas de caballería, y en cuatro siglos lo que hemos progresado 😉

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