Silencios

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Entre palabra y palabra, los silencios son más intensos.

En los trabajos, el silencio quiere calmar lo que las palabras no pueden. No hable, no exija, no explique. Estiremos el espacio del silencio.

Un silencio cómodo. Callados autómatas para una vida cómoda. Un estado cómodo, donde no se exige palabra, palabra auténtica. Es mejor seguir jugando. El juego de la democracia versión 3.0, donde la virtualidad de los contrincantes viene a cerrar el círculo de lo real y lo imaginario. Porque parecemos jugadores sin nada más que perder que una ficha o una casilla.

Un poco a lo lejos, los silencios son de otra forma. No se habla porque el precio de la palabra es muy alto. Una palabra es cara. Por eso también vale su peso en oro. Allí. Su peso en muerte, en humillación o en abandono.

Entre un lugar y otro, hay pocos cruces de palabras. Por eso unos viven cómodos, otros más que incómodos. Pero, cada vez son más los cruces de palabras.

Se dijo allí: aquí no se tortura, “prácticamente”

Se dijo aquí: fui a defender los intereses de España

Y en otros lugares intermedios, se dicen otras palabras. El cómodo extiende su juego de palabras, anima a otros jugadores distantes, se recrea en cada partida dando el efecto adecuado a cada bola.

Por debajo de los grandes jugadores, pobres aficionados recogen las pelotas, rebotan en todas partes, cruzan océanos y despachos, y un número cada vez mayor de aficionados se anima a participar en el otro juego. Las palabras se derriten en sus manos, toman otra forma, explican y relacionan otros hechos y, sobre todo, no dejan espacio para el silencio

Y el grito anti-sistema se acerca

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4 comentarios to “Silencios”

  1. Martingala Says:

    Las palabras las tiene Nieves Martin, yo, con mis pocas palabras, tachonadas de silencios, no puedo menos que asentir.

    • Nieves Martín Díaz_El Planeta de los Libros Says:

      me temo que yo también tengo pocas palabras, y muchos silencios. Gracias

  2. miguel lopez castanier Says:

    a veces los silencios están cargados de rabia, ira, indignación, cautela e incluso desprecio.
    Los silencios, bien administrados, son un dedo que señala la puerta de salida.
    O solo cobardía.
    Pero es que hay tantos silencios.
    Tantos que los sufren.
    Tantos que los usamos.
    Tantos que hieren.
    Tantos que calman.

  3. Delia Says:

    Qué cosa más bonita, Nieves, 😉 Besos.

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