Desde una partícula.

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Me preguntaba el profesor Fortes, después del programa esta semana, si conocía la Homeopatía. No, le respondí, no por experiencia. Me recordó entonces el principio homeopático básico: la importancia de las dosis pequeñas. De ahí, de las pequeñas cosas, me dijo, surgía toda su fuerza. Desde luego, grandes apoyos no tiene. Así que después de haberle conocido, no me queda otra que darle la razón. Y no sólo en su caso, en cuanto a sus estudios e investigaciones de la ideología literaria, también las pequeñas partículas importan en otros ámbitos, por ejemplo a la hora de contar cuentos.

Pero antes de la hora del cuento, sigamos con Fortes, su programa fue estupendo, sin perjuicio de todos y cada uno de los anteriores (que hay que mantener bien cargadas las pilas de esta pequeña partícula). El poeta Antonio Carvajal me puso sobre la pista de este hombre y el editor Manuel Pimentel me sirvió su libro en bandeja: “Intelectuales de Consumo. Literatura y cultura de Estado en España (1982-2009)”.

Da gusto encontrarse con partículas libres y abiertas que, dentro de sus posibilidades, ponen en cuestión las hegemonías, las supremacías, tan malas incluso cuando se declaren cultivadas, que la cultura y el refinamiento han sido madre de muchas injusticias. Esto me recuerda al articulista Julio Camba, tan poco dado a las mistificaciones culturales y del que hablaremos en el próximo programa sobre la II República Española. Aquel que el Dr. Marañón llamó al orden por un artículo sobre cierta chistera- donde comparaba la llegada a España de las teorías filosóficas, políticas, científicas y literarias, comparaba la llegada a nuestro país de estas teorías desde cualquier lugar del mundo, con la llegada de una chistera a una playa de salvajes (diario ABC, 1928)-. Decía Marañón que en España se hacía muy poco por la cultura y “si nos ponemos a ridiculizarla entonces estamos perdidos”. En “Haciendo la República”, Camba le contesta: “Un hombre serio podrá ser partidario de la cultura o no. Lo que no admitirá jamás es una apariencia de la cultura sin contenido real”. Y esto le servía a Camba para denunciar que nuestra II República tampoco era seria. Qué poco hemos cambiado en lo sustancial. Los “serios” lo son poco. Y a las más serias partículas, las independientes, se les sigue sin hacer ni caso. “Viva la Hegemonía”, podría ser nuestro lema.

Volviendo a Fortes, será que nuestra masa humana es ciertamente homogénea, fácil de moldear y convencer, y pocas partículas nos rebelamos, precisamente por ese carácter sumiso de lo homogéneo, que se nota mucho si uno saca los pies del tiesto. Pero las partículas se unen, una dosis lleva a la otra, en lo profesional y en lo personal. El propio Fortes destaca su unión con la partícula Susana y con la futura partícula Ana. Y esto me lleva, finalmente, a la hora de contar cuentos.

Están exaltados algunos grandes periodistas y escritores con las últimas noticias sobre los cuentos en España. Qué ocasión para la literatura infantil. No dejen que pase de largo. Nunca antes estos grandes de las letras habían defendido tanto La Bella Durmiente o Blancanieves, ¿o no son ellas la cuestión? Todo porque nuestra Ministra de Igualdad ha puesto en entredicho sus valores. Y a mí ya me hace gracia que se pueda revisar todo en esta vida, menos cuando toca revisión masculina. Se ponen de los nervios. Es entonces cuando sale el “auténtico hombre” y se pierde la escritura, o el periodismo. No pensaba yo llamarles la atención, que ya tendrán amigos y amigas más cercanos, pero resulta que me preguntan qué opino de todo esto y no puedo permanecer en silencio, porque sería darles la razón, así que ahí va mi postura (de pequeña partícula, claro).

En periodismo nos gusta conocer la opinión de las todas las partes. Habrá hombres y mujeres que no vean mal llenar la cabeza de sus hijas con príncipes azules, con quedarse dormiditas mientras él, el alto y guapo, acaba con todos los peligros del mundo, o quizá que aprendan a dejarse envenenar sin rechistar. Será adecuado también para las cabezas de sus hijos, por qué no. Quizá no les importe que las cabecitas de unas y otros, todavía sin forman, no puedan reflexionar sobre ello, no hablemos ya de rebelarse ante estos arquetipos universales. Ya tendrán tiempo cuando sean mayores, o no, al fin y al cabo hay mucha gente adulta que tampoco lo hace y seguro que conocen a más de uno o una que sigue creyendo en los cuentos de hadas, o que, más que no pensar prefiere no darse la oportunidad para hacerlo. Yo opto más por aquellos adultos que prefieren una adecuada revisión de los rancios arquetipos, que creen que hay sueños mejores en el planeta, e incluso  piensan que todavía es posible un desarrollo equilibrado entre ambos sexos.

En literatura, además de las pasiones (y por encima de ellas) estamos en el territorio de la reflexión. La orgía intelectual que mencionaba en el último programa: conocer otros mundos que no están en éste (y quizá nunca lo estén), pensar en grandes ideas universales en pro de la igualdad de derechos, o del bien común. Rechazar tanto la violencia gratuita como los tópicos manidos, sea en los cuentos infantiles o en los ensayos más sesudos, porque de nada sirven éstos sin los otros. Rechazar el machismo en todas sus demostraciones, desde el asesinato sangriento a las formas más sutiles, como aquellas que Roberto Bolaño por ejemplo supo contar tan bien en “2666”, las que iban de la mano de los crímenes de Ciudad Juárez, las que seguro que a ningún buen lector se le pasaron de largo. Y antes de este libro hubo otros muchos que podría mencionar. A punto de celebrar el Día de Cervantes, cómo no recordar a Don Quijote, un Caballero que 400 años después sigue defendiendo a las Damas, y a las mujeres en general, sean éstas de la condición que sean. Feliz día del libro. No confundir con la cultura del entretenimiento. O con la cultura de la ignorancia, que diría Fortes. Y ojo con la Corrupción Cultural, la delincuencia legal y organizada que debería tener sus días contados.

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