El planeta de los libres (*)

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Cambiaría el nombre del programa. Le llamaría El planeta de los libres. Sólo modificaría una vocal, una letra pequeña. Sí, querría hacerlo, pero no lo voy a hacer. Cambiaría mucho el sentido, una parte por el todo. Y lo que es peor, haría demagogia. Como esos políticos que dicen grandes frases, o los peces gordos que dicen ser amantes de la cultura. Como esos cultos en su torre de marfil que, no están solos, sino acompañados de costosas obras de arte, de joyas bibliográficas, de las mejores melodías.

Sin embargo, cuanto más pobre es mi planeta más disfruto de la cultura. Nunca llegaré a acumular riquezas y, aunque parezca contradictorio, eso es una forma de cultura. Si los libros pueden hacernos ser algo más libres, más de lo que de por sí somos cada uno, será no sólo por el libre acto de la lectura, la libertad de las palabras, o del pensamiento en definitiva. Hay otra libertad, más pequeña, más de andar por casa, el sentimiento que es contrario a la riqueza, a la idea de tener y poseer como símbolo de cultura, porque realmente sólo muestra lo contrario.

Recuerdo un programa cultural de televisión en el que escuché a una periodista comentar lo rata que pudo llegar a ser Pío Baroja por aquello de llevar el abrigo muy usado, roto o casi. Hay quien no es capaz de ponerse en situación, y menos en la de Don Pío, al que lo que menos le preocupaba eran esas cosas. En fin, la lista es larga, y no sólo de escritores, también pintores y otros artistas hoy grandes clásicos, pero que no fueron reconocidos por grandes conmemoraciones, exposiciones o premios, sino que más bien padecieron penas económicas, locuras o prisiones.

Y como aquel dicho de: quién es más cuerdo, el que está fuera o el que está dentro, me pregunto yo quién es más culto, el que sin posesiones se asoma a la cultura, se asombra y la siente desde dentro,  o por el contrario aquél que tanto tiene que ya nada le asombra, o ni siquiera puede asomarse, porque las capas construidas a su alrededor no se lo permiten.

El pasado año 2008, celebrando el bicentenario del 2 de mayo, se recordaba la famosa frase con que el pueblo festejaba la vuelta del absolutismo con Fernando VII,  “vivan las cadenas” decían. De entonces a ahora, mucho ha cambiado. Decimos incluso que hemos abolido el absolutismo, aunque no sé yo si hemos llegado a tanto. Desde luego lo que sí siguen existiendo son las cadenas. También es verdad que hay cadenas para todos los gustos. Hay quien se forja unas de hierro, pero las hay también más poderosas y etéreas, cadenas que nos acompañan no unos años, sino muchos, o toda la vida, y de la forma más tonta, sin que nos demos cuenta. Así que, no, no voy a cambiar el nombre del programa. Tenemos demasiada libertad en el horizonte, demasiada por conseguir, todavía. Aunque miedo me da haber dado si quiera la idea, alguno pensará que no sería difícil sacarle provecho al planeta de los libres.

(*) Publicado en la revista “La oca loca”- mayo 2009- Centro Penitenciario de Daroca. Zaragoza

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Una respuesta to “El planeta de los libres (*)”

  1. Poli Says:

    ¿Qué es la libertad y qué tiene la libertad que su amistad todo el mundo procura? Podríamos preguntarnos imitando al gran Lope de Vega. Sobre la libertad montan unos jinetes que se llaman a sí mismos liberales y que es asunto antiguo del siglo XVIII, aquel de las luces intelectuales. Para los liberales de ahora sólo existe al parecer una doctrina sagrada, el liberalismo económico, que también ha producido grandes catástrofes y ha originado crímenes contra el género humano, tantos quizá como el Comunismo de Lenin que negaba algunas posibilidades de la libertad. Palabra en cuyo nombre también se ha delinquido mucho, sobre todo en cuestiones políticas y económicas. Si profundizamos la verdad es que casi nunca dejamos de ser libres, incluso cuando nos encontramos en la cárcel, o limitados por una enfermedad, una contrariedad, etc. Siempre, y, quizás en eso consiste la sabiduría que no es de nuestro tiempo precisamente. Se trata de encontrar libertad en las necesarias limitaciones, me refiero a aquella libertad que implica responsabilidad ante la decisión y la elección tomada, o ante una acción.

    La cultura y la educación abren vías de libertad y responsabilidad así como también posibilidades de vivir mejor. Y los libros son, en definitiva, como las personas al cabo de tratarlos durante varios días, semanas o meses. Me parece que en diálogo de una buena película un personaje decía que se había cansado de los libros y que últimamente, en la ancianidad, prefería tratar a las personas. Quizá eso es la cultura y la educación principalmente, saber tratar como requiere al otro persona y también al libro que nos hace más libres como se merece.

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