De España y su cultura

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A vueltas con España se titulaba el programa de ayer. Porque quizá si no estamos con ella nos perdamos la realidad más acuciante.

Un poco de filosofía en el programa es gratificante. Y pensar y reflexionar hace falta. Todavía hay que cubrir mucho déficit patrio, tanto como para que nos cansemos de practicar ese deporte tan nuestro: repetir ideas o pareceres con escasos o nulos argumentos.

España no está exenta de polémica, para variar: un Estatuto Catalán en el Tribunal Constitucional y una agitada vida política en el País Vasco, por poner dos ejemplos. Así que hablaremos también de nacionalismos. Para ello invitamos a Juan Pablo Fusi, con su libro“Identidades proscritas”, donde no sólo habla de nacionalismos, sino que también presenta la otra cara de la moneda, el no nacionalismo. Un conversador ameno Juan Pablo Fusi, que tanto sabe y tan poco presume de ello. Como comenté en la entrevista, pocas veces se llama a un posible entrevistado y éste dice que mejor se entreviste a otros, y da nombres, y dice que saben mucho.

El otro invitado, Ignacio Sotelo, vive en Berlín y desde allí interviene con su libro “A vueltas con España”. Coincidencia no buscada que, la misma noche de la entrevista, esta obra sirva para una reunión de intelectuales en el Instituto Cervantes de la capital alemana.

Nos falta tiempo a Ignacio y a mí para todo lo que nos gustaría debatir. Así que, después de la entrevista nos enzarzamos ya más libremente. Y digo enzarzamos porque de entrada estamos en posiciones contrarias. Él dice que la radio es una vuelta a la cultura oral, considerando a ésta menos valiosa que la cultura escrita, y yo le digo que no estoy de acuerdo. La palabra vale su peso en oro, y ese peso dependerá no sólo de sí misma, también de su capacidad de comunicación y de difusión. Curiosamente la palabra dicha vale más quizá en la esfera propagandística y política. Quizá a los intelectuales les interese preguntarse por qué.

Uno de tantos aspectos que no pudimos tratar en nuestros 55 minutos de programa es el reino de España. Casi nada. Un reportaje de Jon Lee Anderson, publicado por The New Yorker el 4 de mayo de 1998, se titulaba “El Reino de España. ¿Ha logrado Juan Carlos de Borbón y Borbón que la monarquía sea imprescindible en España?” Y esto me recuerda que el lunes pude ver a los monarcas en la inauguración de la exposición de Tintoretto, exposición que no pude ver porque los responsables de control de los periodistas nos ataban corto, cual rebaño en Palacio ajeno. Y uno de ellos, por ejemplo, se dirigía a mí con estas palabras: “moverse, moverse”, para que casi corriéramos de una cinta a otra del control, o del cercado.

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