Películas y viñetas, en busca del tiempo perdido

octubre 27, 2014 by

Cubiertas DEF.inddSiempre tengo en mente una posible sección para El Planeta de los Libros: Cine y Literatura. Cómo se entrelazan desde hace décadas, se quieren y se odian. No hay nada peor para los amantes de la segunda que encontrarse un seudo-guión cinematográfico, de esos imposible de creer, que hace aguas por todas partes, o tiene fallos a veces excesivamente pueriles. Pero de esos no vamos a hablar ahora. Las dos películas que les traigo ya están teniendo buenas críticas cinematográficas antes de su estreno y, por supuesto, tienen mucho de literatura.

La primera, “Filth“, traducida al cine igual que a la literatura como Escoria“, parte de la novela de Irvine Welsh (Anagrama) para desplegar todo un ejercicio de imágenes y músicas muy adecuadas en su conjunto.  Como decía su distribuidor, Alejandro Muñoz, esta película se puede ver muchas veces; él hablaba de la bajada a los infiernos a la que nos invita y yo añadiría la catarsis final y necesaria que nos alivia el recorrido. Por no hablar de los momentos de humor y hasta de esplendor en un descenso vital a lo grande (o eso les parecerá a algunos), entre sexo y drogas de alto nivel.

De forma diferente que en el libro, la película es capaz de captar el desasosiego laboral y existencial de nuestros días. Pero -si me dan a elegir- como casi siempre disfruto más del libro. Ahí va el inicio: “Me he despertado esta mañana. Me he despertado metido en el trabajo. El Trabajo. Te atrapa. Te rodea por todas partes; un gel constante, asfixiante, absorbente (…) A veces, sí, obtienes pequeñas zonas de relativa libertad (…) Y entonces se acaba. De pronto ves que esas zonas ya no están ahí“. El autor de Trainspotting, veinte años después, sigue preguntándose por las elecciones vitales.

La otra película, no basada en un libro pero que sí tiene mucho de libros, es el documental La sal de la  tierra“, desbordante de buenas imágenes, como se espera tratándose de la vida y obra de Sebastião Salgado: “un fotógrafo es literalmente alguien que dibuja con la luz, alguien que escribe y reescribe el mundo con luces y sombras”. Y ahí está el mundo: en la película y en sus libros de fotografía. O mejor dicho, parte de los habitantes de este mundo, la humanidad que llama la sal de la tierra, aunque como la misma sal resulte a veces tan dañina que el escritor o fotógrafo tenga que alejarse de la tierra o necesite cambiarla, como propone en sus últimos trabajos a favor de la recuperación ambiental, ya reunidos por Taschen en el libro GÉNESIS.

Por fin llegamos a las viñetas, pertenecientes a un libro publicado por una pequeña pero gran editorial atendiendo a la cuidada edición: “Historia en viñetas de la gran guerra”, basado en una compilación de las ilustraciones del holandés Louis Raemaekers allá por 1919. Casi cien años después, es la publicación que más nos ha impresionado sobre la 1ª Guerra Mundial. Ahora, que todo se edulcora y se convierte en políticamente correcto, estas imágenes y los textos asociados son como un puñetazo a la conciencia de  nosotros como enemigos propios, ¿qué es la paz sino recordar los horrores ejecutados para no volver a cometerlos? Se publican y nos llegan muchos textos sobre contiendas de todo tipo, algunas hay incluso como recopilación de anécdotas, o donde la ciencia ficción de los super-héroes se funde con guerras fratricidas todavía demasiado cercanas (lo cual, si llega a oídos de sus autores, lamento decir que no convence, o que le tienen que dar otra vuelta), pero siempre hay que recordar y revitalizar el valor de los clásicos, los libros difícilmente superables. Por eso Ginger Ape (la espirituosa casa editorial del simio pelirrojo, si ellos permiten la traducción) será nuestro próximo invitado.

Con la claridad aumenta el frío

octubre 12, 2014 by

mispremiosEl título hace referencia a la obra de teatro que hasta el 19 pueden ver en el Teatro Abadía; basada en el libro “Mis premios” de Thomas Bernhard. Queríamos hacer un programa a partir de esta obra pero, tener que empezar la temporada dos semanas después de lo previsto lo ha hecho imposible. Sí quiero aprovechar para recomendarles que vayan a ver la obra, o lean el libro, o las dos cosas. La versión de Pep Tosar es para mi gusto excesivamente cómica -en general- considerando la dura denuncia social y humana de toda la obra del austriaco y especialmente después de releer Mis Premios. También es verdad que Bernhard tiene un humor encantador y elevarlo hacia el histrionismo permite un final más apoteósico a la obra de teatro, con una fantástica y dramática actuación del propio Tosar en su interpretación del discurso pronunciado por el escritor al recibir el premio Bremen: ahí demuestra que el teatro puede y debe llegar a lo que parece imposible: mejorar un texto ya de por si grande.

De todos los discursos y memorias que del propio Bernhard se reúnen en ese libro póstumo, el de Bremen es sin duda uno de los más duros. A partir de la frase Con la claridad aumenta el frío, el escritor se refiere a cómo el progreso de la ciencia consigue una claridad cada día mayor e, inevitablemente, un frío también cada día mayor. Esta idea será difícil de entender para todos los que ponen las ciencias por delante de las humanidades, para todos los que consideran que una sociedad debe ante todo perseguir el pragmatismo, los números y los logros (cuanto más espectaculares mejor). Sin embargo un triste acontecimiento en nuestro país puede ser un buen ejemplo del error que supone la frialdad de un progreso de la ciencia, todavía más si se menosprecian las necesidades del conjunto de la humanidad.

Me refiero por supuesto al primer caso de contagio de Ébola en Europa, en España, en Madrid. Un lamentable suceso que se quiere llevar sólo a cuestiones prácticas de la sanidad: fallos en el diagnóstico, o fallos en los protocolos de retirada de los trajes protectores, por poner sólo dos ejemplos, cuando no errores políticos. Sin embargo poco se hablaba – sobre todo al principio o antes de la crisis sanitaria española- de la necesidad de ayudar a África, a toda la humanidad, menos aún hemos visto que España haya corrido en su auxilio. Y no es un problema sólo de nuestro país. Francia, que tanta presencia tuvo y tiene en la zona más afectada por el Ébola, ha enviado una ayuda ridícula, hasta la fecha.

No me quiero extender más sobre las miserias de esa gran claridad, que el propio Bernhard relaciona con un cuento de hadas, en el que ya es imposible vivir: “Europa, el más bonito, ha muerto”; podemos seguir debatiendo en los comentarios. Lo que quiero destacar para terminar es que iniciamos la temporada con un programa doble dedicado a la literatura en Cuba y, como podrán escuchar este jueves 16, y la segunda pregunta que le hago a nuestro primer invitado, el Embajador de Cuba en España, Eugenio Martínez, es precisamente sobre el Ébola.  Por una parte, el día de la grabación Teresa Romero estaba ya en aislamiento, por otra parte ya conocíamos que Cuba – con una población aproximada de 11 millones de personas- estaba enviando más de 400 médicos a luchar contra el virus en África. Justo antes de la pregunta, el Embajador había hablado del histórico debate en su país entre pragmatismo y dignidad. A partir de ahí me era fácil preguntar por uno de los muchos casos en los que Cuba exporta dignidad.

No les adelanto más sobre los dos programas ya grabados, salvo que contaremos también con Natasha Díaz, flamante Consejera de Cultura de la misma Embajada y que, desde La Habana, contamos en el primer programa con la Presidenta del Instituto Cubano del Libro, Zuleica Romay. Esperamos que todos ellos vuelvan a visitarnos. Un último apunte sobre Thomas Bernhard, Alianza Editorial  acaba de publicar “En busca de la verdad”: discursos, cartas de lector, entrevistas y artículos de un intelectual que no renunció a la dignidad ni a los riesgos de la denuncia, que no cayó en el cinismo, o en el más frío pragmatismo.

 

Leed, leed malditos pero no cualquier libro

septiembre 24, 2014 by

Me encantan el chocolate y los libros. Y aunque parezca extraño, pensar en chocolate, a veces, me lleva a pensar en libros. Leo comiendo chocolate y como chocolate pensando cuál será mi próxima lectura.

Mientras escribo este artículo estoy comiendo una porción, jugosa y tierna. Me he vestido adrede, he camin2825541490_b8dd9ef8c8_mado, entre aceras y calles levantadas por obras, hasta la pastelería del barrio y he comprado una (tamaño pequeño). Y ahora, mientras intento que migas de bizcocho no caigan encima del teclado del ordenador, pienso (aparte de lo rica que sabe) que una tarta de chocolate de gran tirada, esas de supermercado, no puede competir con una tarta de chocolate casera o con una comprada en una pastelería artesanal. La tarta industrial se ha fabricado en cadena (ni siquiera con la gracia y el colorido de Charlie y la fábrica de chocolate), es fácilmente accesible, sin mayor interés que el dinero rápido y fácil. En la tarta casera o artesana se seleccionan los ingredientes con cuidado, hay esmero en la preparación, mimos en la elaboración y un sabor tan exquisito que seguro que en más de una ocasión has tomado trozos más pequeños para que el placer se alargue como yo en este instante. La misma pena que cuando terminas un buen libro.

Y de este modo, me veo hablando de tartas de chocolate en un blog de literatura y cultura, asociando mis tartas a las ideas que tenían algunos editores, como Jaume Vallcorba, sobre la literatura (y me pongo seria). Vallcorba distinguía entre la literatura de calidad y la litimageseratura de consumo. La literatura de calidad contiene complejidad de tipo estilístico y retórico y psicológico, variedad de recursos técnicos, profundidad, algo que conmueve, frente a la literatura de consumo que remite a meros tics, lugares comunes o clichés toscos, esquemas que pretenden ser literarios sin serlos, una receta simple para una tarta prefabricada.

Sin embargo, muchas veces, esta última es la literatura que se escoge leer. Y cuestiono lo de escoger porque es posible que hayamos permitido que otros elijan por nosotros. El supermercado está lleno de tartas de chocolate. Y nos las ponen a la vista. Tienen que estar ricas, para qué buscar más. Ya tengo mi sabrosa tarta. Y así, obnubilados por los cantos de sirena, también nos decantamos por uno (o varios, mayor empacho aún) de los 10 libros más vendidos de cualquier estantería del Top ventas de una gran librería, ¿pero son los 10 mejores? ¿Has decidido tú que se lo merecen o simplemente otras personas lo han colocado por arte de magia? No te han preguntado aunque pienses que sí.

Generalmente, detrás de este tipo de literatura existe un marketing agresivo donde prevalecen los intereses económicos de grandes editoriales o grupos de comunicación por encima de la calidad literaria. La intención es vendernos un mero producto y hacernos creer, como comentó hace poco Nieves Martín de El Planeta de los libros que nos llevamos grandes libros; sí, quizás es así, nos venden libros de gran tamaño. Nada más.

El marketing en sí no es malo. Es una herramienta, que bien empleada, sirve para hacer más atractivo, en este caso, un libro, y darle una mayor difusión. Pero sí es poco ético hacer de él un instrumento de engaño y abuso.

Dubravka Ugresic, escritora y ensayista croata, escribió un breve artículo titulado Los Torcedores que aparece junto a otros en Gracias por no leer en el que comenta: […] «lo trivial ha anegado la vida literaria contemporánea hasta cobrar, a lo que parece, más importancia que los libros. La propaganda de un libro es más importante que el libro en sí; tal como la foto del autor de la solapa es más importante que el contenido y la apariencia del autor en los diarios de gran tirada y en la televisión es más importante que lo que el autor haya escritor realmente.» […] «las librerías parecen cada vez más flamantes supermercados

¿Qué os parece? A mí, turbador y terrorífico. Y como lectoras no podemos recurrir a ese argumento trillado y carente de fundamento que, a menudo, lanzamos sin pensar: lo importante son las emociones, lo que el libro me transmite.

Sí, las emociones importan pero no deben convertirse en el único elemento de análisis y juicio de la calidad de un libro. Me puede gustar el sabor de una tarta de chocolate de supermercado, pero, sin lugar a dudas, me enloquecerá el de una tarta casera o artesanal. ¿Y de qué manera llego a esa conclusión? Porque poseo criterios objetivos para valorarlo… y porque las he probado. Y me refiero tanta a las tartas como a los libros.

Hay buena literatura escondida más allá de los superventas, de las grandes librerías, de las grandes editoriales, de los cuatro grandes escritores de siempre. ¿Por qué no catar esos otros libros también?

8601668462_4fcf2fb3eb_mResulta útil, casi indispensable, me atrevería a decir, convertirnos en lectoras y lectores serios, críticos, reflexivos con lo que leemos y con nosotras mismas. Es nuestra pequeña pero no irrelevante contribución a llenar las librerías, las bibliotecas y nuestras casas de literatura de calidad. Podemos evitar caer en la simplicidad y la monotonía. Ser críticas no significa ser fan de literatura aburrida y pedante. Significa abrir nuestra mente.

Por otro lado, es importante ser conscientes de que la edición y venta de libros no siempre implica una carga cultural grande. En este sentido, el escritor italiano Elio Vittorini diferenciaba entre literatura de consolación versus literatura de provocación. La primera se asemeja a la literatura de consumo, vaga y sin mucho contenido. La segunda, a la literatura de calidad: nos sorprende, nos hace pensar, imaginar o soñar.

pensandoLa literatura juega una función cultural, educativa y social básica y si queremos que continúe su labor debemos abogar por la literatura de provocación, que una vez descubierta, no querremos abandonar (me apuesto una tarta). Está en nuestras manos elegir libros que muestren sociedades justas, que representen mujeres y hombres en condiciones de igualdad, sin estereotipos que perpetúan una sociedad y unas relaciones perjudiciales y nocivas. Vayamos en busca de historias variadas, originales, divertidas, atrayentes, asombrosas. Olvidemos el mismo molde de siempre decorado con virutas de chocolate y lancémonos a por algo diferente. Al menos, probemos.

Como explica Nuccio Ordine en La utilidad de lo inútil, la literatura y los saberes humanísticos, la cultura y la enseñanza constituyen el líquido amniótico ideal en el que las ideas de democracia, libertad, justicia, laicidad, derecho a la crítica, tolerancia, solidaridad, bien común, pueden experimentar un vigoroso desarrollo. ¿Vamos a dejar que nos lo quiten?

Seamos lectoras y lectores críticos para vivir con libertad, independencia, poder de decisión y capacidad para producir un cambio a nivel cultural, político y social. En definitiva, para ser felices. Recuerda: la literatura de buena calidad es comer chocolate del bueno.

Rumbo a una vida mejor, palabras que inspiran – Jorge Bucay

septiembre 19, 2014 by

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Una mañana en el Hotel de las Letras de la ruidosa Gran Vía de Madrid. El espacio del hall vestido de blanco y el atuendo de Jorge Bucay entero de negro, parecía que se deslizara como una sombra entre tanta luz. Sentados los dos en un cómodo sofá, frente a una pared de cristal que deja pasar toda la vida de la ciudad, comenzamos a charlar sobre su carrera profesional y sobre su actualidad, su último libro, Rumbo a una vida mejor.

Jorge Bucay, se autodefine como “ayudador profesional” y a través de sus libros nos ofrece herramientas terapéuticas para ser capaces de sanarnos a nosotros mismos. Pero a su vez, nos recuerda la irremplazable mirada de un profesional para algunos momentos de la vida y para algunos problemas que requieren de alguien más a nuestro lado. La ayuda que uno tiene, puede venir de un amigo, de la pareja, etc pero otras veces es necesaria la cercanía de un psicoterapeuta para poder ayudarnos.

Así a nuestra pregunta de cómo cree que ha podido ayudar más, como terapeuta o a través sus libros, nos responde que sin lugar a duda como terapeuta, ejerciendo una de las tareas más nobles dentro de la medicina relacionada con la salud mental, al asistir a un paciente en persona. Nos dice, que tal vez ha sido lo mejor que ha hecho en su vida pero cierto es que con sus publicaciones, ha llegado a mayor número de personas que a través de la consulta personal.

A sus 19 años, nos cuenta que su pasión era el teatro y a raíz de ahí, vino todo lo demás. De todo aquello queda para él su inclinación por el arte, como un vehículo que conduce a mejores cosas. Platón decía que ética y estética son la misma cosa, entonces uno no se puede olvidar que la belleza es lo bueno y lo bueno es la belleza. La belleza se vincula con el arte y con lo artístico y a partir de ahí la creatividad y el crecimiento. Pero para Jorge la educación que tenemos no está centrada en la creación artística ni en la creación en sí, está centrada en lo práctico y en lo concreto. La última ola de reformas educativas se ha llevado a cabo a través del aumento del número de centros docentes y de equiparlos con mayor tecnología pero es importante privilegiar las materias que hoy necesitamos que nuestros niños aprendan, que nuestros jóvenes desarrollen y que nuestros adultos finalmente practiquen. Es necesario, una educación más centrada en enseñar a los jóvenes a pensar, a buscar y reconocer lo que uno está buscando. Las ciencias humanísticas deberían de tener cierta prevalencia sobre las ciencias exactas.

Nuestro autor, comenzó su andadura como docente terapéutico, hace ya cuarenta años, estudiando psicología en Argentina a través del psicoanálisis ortodoxo. Luego tuvo la inquietud de buscar otras cosas, le parecía que no servía para el psicoanálisis y encontró el modelo Gestalt, cuyo trabajo es mucho más personalizado y más comprometido, ya que crea un vínculo más afectivo y presente con el paciente. A partir de ahí, comenzó a sentir que el terapeuta se parecía más a un docente y trabajaba no como un médico, sino como un maestro.

En sus libros, la gran protagonista es la felicidad anhelada y el camino para encontrarla. Él nos dice que la felicidad es puramente la serenidad que se siente cuando uno sabe que está en el camino correcto. La felicidad tiene que ver con esta paz de espíritu, con la sensación de que no estás perdido y no tiene tanto que ver con la alegría.

Dueños del timón de nuestro barco y conscientes de nuestras posibilidades, le gusta pensar que lo que a cada uno le pase, depende mucho de lo que uno haga aunque siempre hay una parte que depende de ti y otro del exterior.

Con cierta relación a su forma de entender la vida, Jorge nos habla sobre la fe y la actitud de los creyentes. El creyente verdadero tiene una fuente de inspiración suprema en la idea que tiene de Dios. Si se considera a Dios como un maestro, tener una imagen así a la cual referirse es de gran ayuda. Los creyentes tienen una actitud hacía la vida que favorece al crecimiento personal porque poseen un aspecto espiritual que cultivan. Aunque no hace falta ser creyente para tener este lado espiritual pero sí es necesario cuidarlo para poder crecer.

Rumbo a una vida mejor, su último libro, donde reflexiona sobre la felicidad, no como una meta sino como el camino que elegimos para nuestra propia evolución y la pauta que nos marca es hacernos la contundente pregunta, para qué vivo yo, qué diferencia existe en este mundo porque tu existas o no. Y una vez que uno lo sepa, alinearte en este camino. El sentido de la vida, siempre hay que buscarlo.

Abraza a todos sus libros aunque como todo escritor puntúa que el libro que más te necesita suele ser el último. Rumbo a una vida mejor, es para él un regalo donde selecciona una serie de ideas en las que él cree y las comparte en una mesa de café con un buen amigo. No está planteado como los otros, que exponen un tema que se desarrolla de principio a fin, éste está pensado con el objetivo, de que los que leen la revista Mente Sana y sus reseñas, puedan encontrar aquí una serie de ideas expandidas un poco más, para compartir y regalar, ya que éste es un libro para leerlo y después regalarlo.

Jorge no se considera un escritor, sino más bien un docente que escribe sobre lo que mejor sabe. Hay mucho de él en sus cuentos, él es el protagonista de cada uno de ellos, el que se siente perdido o el que finalmente encuentra a su maestro. Y escribe para cualquiera que le interese conocerse un poco más.

En su mesita de noche, te puedes encontrar autores de novela negra y policiaca. Leer a Freud para él es un paseo y de Paulo Coelho resalta La quinta montaña.

Se aprende leyendo, nos dice, porque leer es como vivir, vivir vidas ajenas sin pagar las consecuencias.

Miedo a hablar

septiembre 15, 2014 by

TallerRadioEl título podía haber sido diferente: “Taller de Radio“, “Antes de la 11ª Temporada“. Se trata también de eso, antes de la nuevas emisiones haremos un Taller abierto al público en el que queremos reivindicar la capacidad, y la necesidad, de la Radio; la importancia de hablar públicamente, de comunicarnos socialmente, más si cabe en el ámbito de la cultura. Y todo ello con miras a las 11ª, porque también es verdad que tal y como está el panorama de las ondas culturales o aunamos y hasta descubrimos nuevos valores, o el fin del precipicio se acerca.

Haremos el Taller el último fin de semana de septiembre, como dice el cartel de La Puerta Estrecha, y será precisamente en este Teatro, uno de los que más se preocupa por unir escena y literatura y, también avatares del destino, el lugar donde surgió la idea.

Desde que lo anunciamos, las personas interesadas son muy variadas. Hay dos grupos que destacan: profesionales de la comunicación o de profesiones en las que la comunicación es imprescindible, desde la abogacía a la psicología. Y, en segundo lugar, a los que quiero dirigirme especialmente, otras muchas personas que, con menos experiencia, han realizado trabajos o aficiones que mucho tienen que ver con la comunicación verbal, empezando por la interna, también llamada pensamiento: teatro, lecturas, escrituras, reseñas, presentaciones y un largo etc.

Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos hablamos, con nosotros y con los otros. Y hablamos mucho los españoles, dicen algunos. Y será cierto, pero no destacamos especialmente por nuestra comunicación pública, o al menos no como los mejores. Hace más de 20 años me maravillaba la radio de la BBC, no sólo por sí misma sino por sus oyentes. En las relaciones interpersonales los españoles podemos ser más comunicativos que los anglosajones pero después de años viviendo allí (y muchos más aquí), no me cabe la menor duda de que al oyente medio le cuesta más trabajo hablar públicamente en las emisoras de radio de nuestro país. Me refiero no sólo a la forma, a la educación y al civismo, sino también a la elaboración del discurso, a la relevancia y hasta profundidad del contenido. Será que seguimos la estela de tanto tertuliano, tanto político, tanto empresario, y hasta financiero, que tenemos por aquí y que no destacan precisamente por su verbo.

En la última entrevista que le hice a Soledad Puértolas, en la Feria del Libro de Valladolid 2013, la escritora me sorprendía con una reflexión que creo refleja muy bien nuestra trayectoria y situación: “En España nos da miedo hablar”.  Sea la historia del país, su nivel educativo, la cultura en general, o cierta desvalorización hacia la comunicación pública y colectiva, lo cierto es que en esta esfera parece que siempre hablan los mismos, y no precisamente muy bien. ¿Cómo revertir una situación tan pobre y que parece ir a más si no lo remediamos? Sin duda, mejorando todos esas carencias que mencionaba y otras muchas, pero también enfrentándonos al miedo a hablar. Para ello, la Radio puede ser una de nuestras mejores herramientas.

Es mi propia experiencia. La primera vez que me senté delante de un micrófono me quedé en blanco. De nada valió mi gesto de terror, los ojos como platos, lo bien vestida que iba o la ansiedad del resto de contertulios; sólo la voz, sólo sobreponerme a ese instante de pánico y hablar, podía salvarme. Por supuesto no lo hice, el director de aquella emisora habló por mí. La moraleja: nunca más volví a quedarme en blanco, podría volverme a ocurrir, cierto, pero ese recuerdo se me quedó mucho más grabado que otro tan importante como aprender a hablar de niña, de lo que ni me acuerdo. A hablar en público aprendí con las únicas herramientas de las que se dispone en la Radio: la voz y el pensamiento. Da igual todo lo demás que ocurra alrededor, la palabra y su sonido se sitúan por encima. ¿Se imaginan mejor aprendizaje para cualquier otra comunicación pública?

Al cabo de los años, no es que sea la gran comunicadora que me gustaría ser, hay que seguir aprendiendo pero, si recuerdo a aquella niña que no despegaba los labios ante las visitas, ya tengo mucho que agradecerle a la Radio, y no sólo en lo profesional.

Si se animan a acompañarnos, recuerden que la vergüenza la dejaremos fuera del taller, que no estarán solos, sino dentro de un grupo de Cómplices Radiofónicos. Y que nosotros somos los primeros que queremos que disfruten y aprendan de la experiencia, que aprendan y disfruten mucho, tanto como para colaborar después en El Planeta de los Libros, o allí donde quiera que les apetezca.

Prohibido no leer

septiembre 2, 2014 by

Reseña: Hrabal, Bohumil. Una soledad demasiado ruidosa. Barcelona: Ediciones Destino, 2001. 160 p.

Bohumil HrabalUna taberna, una cerveza y horas charlando. Bohumil Hrabal (Brno, 1914- Praga, 1997), gustó de mezclarse y conversar con la gente corriente. De hecho, en sus novelas, novedosas y transgresoras, utiliza vulgarismos y el argot propio de las tabernas. De este anhelo por conocer a la gente de la calle, a los sin voz, y también gracias a los trabajos variopintos que desempeñó a lo largo de su vida, surgió la inspiración para muchos de sus libros.

Empezó a escribir en 1937, un día de lluvia. El recuerdo de El paseo de Robert Walser y La tarde de un escritor de Peter Handke, vienen a mi mente. La trama en ambas novelas se desarrolla en torno al paseo que los protagonistas dan por la ciudad, poeta y escritor respectivamente. Son muestras de la capacidad de observación y el contacto con el mundo de alrededor como motor de la creación artística. Al igual que aquellos personajes, Hrabal encontró su musa en un paseo aparentemente insignificante. Y supo convertir aquello que grababan sus sentidos en elementos de sus novelas, como lo es, por ejemplo, la ciudad de Praga en Una soledad demasiado ruidosa.

Durante estos años escribió, pero fue en los años 60 cuando su carrera se consolidó. Su obra literaria sufrió las idas y venidas de los regímenes políticos; primero, fue censurada por el régimen soviético, aunque estaban al alcance de sus lectores copias clandestinas mecanografiadas. En los años 70, con cierta apertura política, y ya viviendo en el campo junto a su mujer y sus gatos (se negó al exilio tras el fracaso de La Primavera de Praga y la invasión de tropas soviéticas), comenzó a publicar todo lo que había sido censurado anteriormente.Una soledad demasiado ruidosa

Bohumil Hrabal escribió Una soledad demasiado ruidosa en 1976. Esta novela, de una prosa poética conmovedora, estuvo rumiándose en el interior del escritor cerca de 20 años. En 1954 Hrabal trabajó como operario clasificando y empaquetando los libros fuera de circulación y las obras de autores prohibidas por la censura.

A partir de esa experiencia, escribe esta historia donde Hanta, el protagonista, un hombre solitario, llena su soledad con pensamientos y reflexiones procedentes de los libros que recibe para prensar (entre ellos, Hegel o Lao Tse); lee, no con el objetivo de pasar el rato, sino «para que la lectura me produzca escalofríos». Los libros le hacen feliz porque se siente un «Don Quijote del infinito y de la eternidad». Además, y quizás él no lo sepa, genera un debate sobre el libro como objeto de arte al experimentar con él para crear balas de libros de gran belleza artística.

Es un personaje por el que, desde el principio, se siente aprecio y simpatía. El autor nos presenta a alguien sencillo, que vive rodeado de libros hermosos, de jarras de cerveza, que da su particular visión del mundo – imperfecto- en el que vive y no se avergüenza, que exprime su soledad para escuchar lo que los libros tienen que contarle y que es fiel a sí mismo cuando la maquinaria del capitalismo destruye su vida.

Sin duda, sin menospreciar Trenes rigurosamente vigilados o La pequeña ciudad donde se detuvo el tiempo, es la novela que más ha removido mi interior, tan llena de surrealismo pero, al mismo tiempo, irónica y con sentido del humor.

El capitalismo nos sumerge en el frenesí de consumismo y aislamiento en el mundo virtual; la necesidad de consumo apremia, el valor no importa y la cultura no escapa al pozo sin fondo al que nos dirigimos. Lecturas, las justas, de mala calidad y, por supuesto, que se puedan engullir, porque no disponemos (o no queremos tenerlo) de tiempo para detenernos y saborearlas, al contrario de lo que hace Hanta: «…cuando leo, de hecho no leo, sino que tomo una frase bella en el pico y la chupo como un caramelo, la sorbo como una copita de licor, la saboreo hasta que, como el alcohol, se disuelve en mí, la saboreo durante tanto tiempo que acaba no sólo penetrando mi cerebro y mi corazón, sino que circula por mis venas hasta las raíces mismas de los vasos sanguíneos».

Así, la lectura de Una soledad demasiado ruidosa es una oda al amor por los libros y nos hipnotiza y nos insta a querer estar a solas y aprender de los buenos libros. Una relación auténtica, real, sincera y profunda como muestra, la propia reacción que producen en Hanta.

 

Y no debemos menospreciar el valor de estos momentos de reposo,  relajación y disfrute porque, parafraseando a Cortázar, los libros van siendo el único lugar de la casa (el único lugar del mundo, diría yo, si se me permite) donde todavía se puede estar tranquilo.

 

Para saber más:

Literatura de compasión: http://elplanetadeloslibros.wordpress.com/2011/01/18/bohumil-hrabal/ [acceso el 28 de agosto de 2014]

Bohumil Hrabal, el plus ultra de la literatura checa http://www.elcultural.es/noticias/LETRAS/6093/Bohumil_Hrabal_el_plus_ultra_de_la_literatura_checa [acceso el 28 de agosto de 2014]

Al rescate de Bohumil Hrabal http://periodistas-es.com/al-rescate-de-bohumil-hrabal-33466 [acceso el 28 de agosto de 2014]

Fuentes de Verano

julio 29, 2014 by

Fuentes de VeranoCon este calor pienso en las fuentes. No las de agua que también, sino las periodísticas, muchas veces invisibles, ocultas, conspiratorias, que guardan multitud de secretos, o reflejan la caverna mediática. Y ahí, adentrándonos en lo más oculto, encuentro la primera fuente. No es el maligno, nosotros mismos, ciudadanos y periodistas que decimos, emitimos -queriendo y sin querer- agrupados en una u otra cascada o fuente mayor convertida en medio o medios, donde a su vez intentan darnos cobijo a cada uno, o construyen una cascada monocorde donde lo diferente es sólo el toque de color que sirve a ciertos intereses, intereses poderosos y dominantes que sin mucho análisis en el río revuelto se nos escapan y ya saben quién acaba llevándose los peces.

Hace poco me hice eco en las Redes Sociales del enésimo abuso de una gran editorial que es a la vez un emporio mediático: Planeta. Parece ser que una de las grandes castas del país no tiene dinero para pagar una portada de un libro de Ana María Matute (imagínense con el resto) y entonces  pone a trabajar gratis a decenas o cientos de ilustradores vía concurso. Compartido en las redes, con indignación y con comentarios que por sí solos explican la esencia del país: no es que no haya trabajo,lo que hay es quien NO recibe pago por el suyo y, por el contrario, a quien se le paga demasiado. El caso es que yo misma ponía el ejemplo de los contertulios de la Sexta y una encantadora facebookiana me respondía “a los miserables decidí hace mucho tiempo no verlos ni escucharlos”, a lo cual le puse título librero: “Los Miserables de la Sexta”.

¿Y qué tiene esto que ver con las fuentes? Pues que no sólo asistimos y consentimos un robo económico, político y social, también nos roban las fuentes. Ya sé que me dirán que lo de la plaza pública hace tiempo pasó a la historia y que no hay lugares de conversación pública más allá de los pequeños escenarios (y ojo que ya te dispersan a la mínima). Pero lo curioso de ello es que son los propios medios convencionales de masas los que pretenden decirnos que no, que todavía hacen su función. Ocurría hace un par de semanas en La Sexta Noche , como ya comentamos en este blog, y volvió a ocurrir en su última emisión. El gran periodismo había sido tocado y había que lanzar un hueso que fuera más difícil de roer, ¿qué periodismo les quedaba en la guantera? El de Guerra, como no, con la que está cayendo encima.

Así que en lugar de hacer periodismo del bueno, sea informando de las miserias internacionales – o de las nacionales- se opta por una entrevista a un reportero de guerra. Ramón Lobo entra al trapo, dice sus verdades y – suponemos- se lleva una pasta como todos los demás o incluso más. Denuncia que los periodistas ya no controlan al poder, claro, no se ha dado cuenta que el poder ya se hizo con el periodismo hace mucho, por eso él tuvo que salir de El País y le vemos en pleno circo mediático. Leo en Twitter que destacan una de sus frases, algo así como que lo mejor de su trabajo es “estar lejos de los jefes”. Vaya, ahora entiendo por qué tiene la ilusión de que el poder no nos controla y hasta puede vendemos esa ilusión en sus viajes al lado de las víctimas (a las que no ayuda porque su ética periodística no le permite otra cosa que informar, nunca entendí esa ética). Y otra cosa es para los que nos quedamos aquí tan cerca del jefe que no podemos respirar, mucho menos decir la verdad. De ayudar económicamente ni hablamos: o no nos pagan o reducen nuestros sueldos hasta la miseria

Ramón Lobo dice que todos los conflictos son un desastre, que ninguno se ha solucionado satisfactoriamente: Irak, Libia, Palestina. No sé que le extraña, si ni siquiera manejamos nuestro país, y esto ya nos viene de la Historia. Habría que escuchar más lo que dicen de nuestras acciones salvadoras por ahí. Seguramente ya nos estamos cubriendo de gloria como hicimos y hacemos en Guinea Ecuatorial, el Sahara o América Latina. Así que no es nada personal respecto a los periodistas de guerra, o respecto a ciertos periodistas de guerra, pero qué fue a contar Ramón Lobo en esta ocasión que no conociéramos ya, con la que está cayendo en la profesión y en la sociedad en general, mucho interés público no tenía, la verdad.

En España vivimos el Tiempo de los Medios desprovistos de Periodismo, que nunca tuvo el peso que gozó en otros países, por lo que todavía ha sido más fácil que se acabara convirtiendo en la comparsa elaborada entre intereses y anuncios que, aunque caducos, siguen siendo sostenidos por las diferentes castas.

Borrón y cuenta vieja

julio 16, 2014 by

Carcel de MujeresAyer nos acercamos al ciclo “Lavapiés no pierde la memoria. 1936-1939 Guerra Civil y Exilio”, una apuesta valiente este mes de julio que reivindica nuestro pasado más oculto, y lo hace nada menos que a través de la creación y el diálogo. Empezamos con el Documental “La columna de los ocho mil”, testimonio duro sobre los intentos de huir del avance de las tropas de Franco en el suroeste peninsular. No habíamos oído nada o casi nada de este episodio de nuestra historia. El sufrimiento de miles de personas que tuvieron que abandonar todo, las dificultades y hambrunas de las marchas que no sirvieron ni para escapar de la muerte. Esta penosa columna que ya debía figurar en los libros de historia por sí misma, pero además por la indignidad de la muerte que esperaba a muchos de los caminantes. La indignidad de los sublevados que se hicieron pasar por republicanos para llevar a miles de ellos al pueblo de Llerena. Allí les esperaba la muerte. Civiles en su inmensa mayoría, despojados con engaños de sus pocas armas, inocentes, ingenuos tal vez, por pensar que no puede haber nadie tan malvado. Pero allí estaban, visibles, haciéndose fotos con representantes de la Iglesia Católica, sin la cual no hubiera sido posible tanta miseria humana y divina. Allí estaban y al ejecutar las muertes se jactaban, como héroes. Luego vendrían los años de la proyectada desmemoria; tras la invisibilidad de los cadáveres, la invisibilidad de la Historia. Llerena apenas recuerda su pasado. Al lado de los registros quemados, algunos testimonios personales, valiosos pero dramáticos, rescatados del silencio durante años, de la historia posterior hasta el día de hoy y quien sabe si de mañana.

Al salir de la proyección, en ese espectacular “salón de casa” que tiene el Teatro La Puerta Estrecha, la gente habla. Cómo no sufrir, cómo no estar triste por ellos, por nosotros; por el engaño del que no queremos ser cómplices.

Cogemos fuerzas, respiramos como podemos, y nos situamos a la entrada del Teatro para ver a continuación “Borrón y cuenta vieja”. El título de la obra reivindica, frente al dicho habitual, que después del borrón se mantiene la cuenta vieja, aunque los cuentos nuevos escritos sobre ella quieran ocultarla. Lo explican muy bien en la información de mano: “Un palimpsesto es un manuscrito borrado y reescrito que conserva alguna huella de lo anterior. Nuestra memoria histórica reciente está llena de palimpsestos entre los que transitamos sin incomodarnos, como si nada hubiera pasado

Sería demasiado exhaustivo comentarles todos los palimpsestos históricos que nos muestran en este recorrido, preciosa teatralización por lo demás, con mucho esfuerzo de todo el equipo que, a pesar del tema que nos ocupa o precisamente por ello, muestran una gran empatía entre ellos y respecto a los espectadores. No es la primera vez que representan la obra, ya saben de la diversidad de opiniones entre el público; recuerdan incluso su sorpresa en su estreno en la RESAD (Real Escuela Superior de Arte Dramático), cuando compañeros jóvenes se decantaban por el borrón y los cuentos nuevos. Vero Clausich, que junto a Amelia Die y Raoul Polar dirige la obra, comentaba cómo en su generación -nacida tras la Transición- también funcionaba el lavado de cerebro, quizá precisamente por ello.

No voy a adelantarme al final aunque, después de la función, la puesta en común entre el equipo teatral y los espectadores fue sin duda un interesante y emotivo diálogo colectivo, donde cada uno aportó lo que quiso y sobre todo sus experiencias más personales, síntoma de que la obra había conseguido inquietarnos, y hasta descomponernos.

Tuve suerte de que me asignaran al grupo B de público. Suerte por recibir la versión NO oficial de los lugares-palimpsestos con historia sangrienta. Ahí descubrí lo que oculta una Biblioteca de Valencia, seguramente la Biblioteca más infame de la Historia; la represión carcelaria sobre la que se alza un establecimiento del Corte Inglés en Barcelona , de ahí la instalación-representación cuya fotografía acompaña el artículo: los zapatos con tacón mostrando que todavía puede ser más fácil borrar los crímenes en función del género.

En el recorrido-performance-teatro estaba por supuesto el centro de todo esto: la Puerta del Sol, el Km O, la entrada a la antigua Casa de Correos, terrible DGS en tiempos de Franco, sede del Gobierno de la Comunidad de Madrid en tiempos de hoy. Tantos y tantos lugares y recorridos, sin una placa siquiera que recuerde. Por eso en la obra tienen mucha importancia las palabras, escritas, habladas, cantadas, o no dichas. Por qué no se dice, por qué no se habla, porque el miedo sigue presente y sólo algunos consiguen sobreponerse a él.

Con todas esas palabras silenciadas: genocidio, represión, o muerte (por ejemplo), se llena una urna de cristal. Literalmente, tras ser escritas por no poder ser dichas, una a una van cayendo en el interior de la urna, y cuando ya están todas allí llega el agua que las silencia doblemente. Dos actores escenifican la inauguración de lo que se convertirá en uno de esos pantanos a los que Franco nos tenía acostumbrados, de nuevo la importancia de la versión oficial, utilizando sus mismas palabras. Una performance, como las demás, donde la creatividad y el pensamiento se aúnan mutuamente, intentando sacarnos del “empantanamiento” que nos ha llegado hasta ahora.

recorridoEmpezaba escribiendo sobre los 8.000 que caminaban, o tiraban de sí, en tierras de Badajoz, uno a uno, zapato a zapato, como en la fotografía tomada también en la obra de teatro. En la puesta en común al final de “Borrón y cuenta vieja”, una viuda con un ramo de flores que había estado incomodándonos sabiamente toda la obra, nos contaba su papel en parte autobiográfico como el de tantos otros. En su caso autobiografía de los genes, cuando sus padres y sus abuelos se sumaron a lo que en Málaga se llamó “la desbandá”, más de 150.000 personas huyendo de las tropas de Franco. ¿Se imaginan si quiera lo que debió ser esta marcha, ese miedo, ese tirar las llaves de casa porque no se piensa volver?

Espero que los miembros de este equipo teatral puntualicen cualquier desliz informativo del artículo, con ganas me quedé de arramblar con toda la información impresa que pusieron a nuestra disposición después de la función pero me daba vergüenza coger por ejemplo la única copia de esa “biblioteca” inmunda de Valencia. Agradecida estaría que subieran esa información elaborada por ellos a Internet. Y, por último, a los queridos lectores del blog del planeta, disculpen que la entrada haya sido más larga de lo habitual, de alguna forma tenía que quitarme la congoja. Y si se acercan a la Puerta Estrecha a continuar con el ciclo, cuéntennos (que no, cuéntame).

Fin de Temporada

julio 8, 2014 by

Taller de Radio Guerrilla. Campus La Cebada. Madrid, junio 2014Acabamos la 10ª contentos de haber llegado hasta aquí pero tristes porque la única emisora cultural de España abandona la FM que, aunque fuera local, suponía alrededor de 150.000 oyentes en Madrid (estimación a partir de estudios realizados hace unos años). Y es que este fin de temporada no lo es sólo para El Planeta de los Libros, o para la forma en la que entendíamos Radio Círculo al ceder sus derechos en las ondas a Vaughan Radio (suponemos que por una suculenta cifra, si bien nada ha sido desvelado), y aunque fuentes del Círculo de Bellas Artes han confirmado que seguiremos emitiendo – ahora sólo en digital- en Octubre, el fin de temporada al que me refiero lleva anunciándose muchos meses y años, en tantos programas, proyectos, trabajos de periodistas free lance y grandes medios, que deberíamos hablar de un ocaso más generalizado, de la agonía del Periodismo en España.

En el último debate de La Sexta Noche escucho al líder de Podemos pedir más y mejor Periodismo. Independiente de otras intenciones políticas y/o mediáticas, agradezco que alguien pida devolver a la Información su interés público, aquella máxima que nos enseñaban en la Facultad de Periodismo y que murió – o quedó moribunda- con la Ley General Audiovisual de 2008 del PSOE. Desde entonces la comercialización de la Información ha sido imparable, abusiva, plutócrata, cada vez más concentrada en unas pocas empresas, que curiosamente proceden del Sector Editorial, o acaban en él, como la Sexta, ahora en manos de Planeta.

Este proceso hubiera sido imposible en otros sectores; en Sanidad o Educación sólo por recortar la gestión pública, que nunca el interés público, ha pasado lo que ha pasado. Pero, si hablamos de Periodismo, los primeros que callamos somos nosotros. Peor aún, los primeros que defienden las excelencias del maridaje entre Poder y Periodismo son algunos periodistas. Era de esperar el enfado de Nativel Preciado ante las palabras de Pablo Iglesias, los periodistas del Establishment  tienen que defender lo suyo porque nunca ven más allá del millonario sillón en el que ahogan su independencia (y conste que no es nada personal), más aún si el sillón viene acompañado por varios premios “literarios” de suculentas cifras; casualidad de la vida, otorgados por la misma empresa.

Por si nos quedaba alguna duda de lo que esconde la polémica, la Caverna Mediática acude rápidamente a hablar de “el enfado de Nativel”. En esta Corte Mediática que nos “informa” si un Noble siente un pequeño tambaleo, ya basta para que todos pongan sus barbas a remojar, bien visibles, que para eso valen ellos más que los cientos de periodistas que no aparecen nunca en la Tele o en los grandes medios.  Por suerte, la Corte y el Reino ya no pueden ser más un territorio caciquil y aislado, sino que pertenecen y se deben a un entorno internacional. De entrada europeo: ojo a esa Ley Mordaza tan poco criticada por los colegas y que se quiere aprobar en breve, a pesar de que ya el año pasado El Consejo de Europa la juzgó como “preocupante y desproporcionada”. Da mucha vergüenza que Europa tenga que cuidar de nuestra libertad de expresión y manifestación, como menores de edad cuyos tutores recurren a prácticas dictatoriales. Pero todavía es peor lo que ya lleva tiempo difundiéndose en el entorno mundial; Canales de Noticias como Al Jazzeera se preguntan por nuestra debacle mediática. En este Spain’s newspaper crisis se habla sólo de tres grandes periódicos nacionales –que ya es mucho- pero no se lo pierdan, incluyendo las palabras de Juan Carlos Monedero sobre el diario El País y la pobre defensa de su actual director. Aprovechen también para volver a escuchar el programa que hace casi tres años le dedicamos al autor de “La transición contada a nuestros padres”: “La Democracia en España”.

Por nuestra parte, sea como sea, seguiremos al menos con nuestra intención de independencia: la única forma que tenemos de entender el periodismo. Aunque cada vez resulte más ardua la tarea; por eso la fotografía que ilustra este artículo: un taller de Radio Guerrilla, la iniciativa de Ágora Sol Radio, emisora del 15M a la que ya se han ido algunos compañeros de Radio Círculo. Volvemos en Octubre o, quién sabe, quizá antes ;-)

 

Alice Munro. Los primeros destellos de genialidad.

julio 6, 2014 by

Reseña: Munro, Alice. Dance of the happy shades. Londres: Vintage, 2000. 224 p.

Munro-Happy-ShadesSi somos aficionadas a la escritora canadiense Alice Munro y hemos leído gran parte de sus relatos, nos puede costar imaginar alguno con un final feliz. Pero así era cuándo comenzó a escribir. Tras leer el cuento de La Sirenita, de Hans Christian Andersen, lo reescribió porque creía que las peripecias de la protagonista merecían un final menos nefasto. Y así hizo durante un tiempo hasta después de la lectura de Cumbres Borrascosas, de Emily Brönte; en ese momento, se admitió a si misma que la vida también presenta situaciones adversas y empezó a darle otro cariz a los finales de sus historias, con resoluciones más trágicas, característica que identifica sus narraciones y su personalidad como escritora.

Dance of the happy shades, no traducida al castellano, es la primera colección de cuentos publicada por Alice Munro en 1968, en los que ya se diluye esa necesidad de terminar la historia con un final feliz para los personajes.

El título de la obra parece hacer alusión a una ópera de Gluck sobre Orfeo y Eurídice (Cox, A.) y, estoy de acuerdo en que, como comentó al respecto su amiga y, también escritora, Margaret Atwood, se trata de un título precioso. El oxímoron entre felices y sombras es un reflejo perfecto de lo que vamos a encontrar en estos relatos: una aparente felicidad sobre la que pulula la sombra de la desgracia.

Los relatos de esta colección, con diversas referencias personales, pueden ser una anticipación de su último libro publicado, Mi vida querida, claramente autobiográfico. Dance of the happy shades es un conjunto de quince cuentos que fueron previamente publicados en otros medios, y al igual, que los libros posteriores, nos traslada a una pequeña región rural de Canadá y nos acerca con detalle a la vida cotidiana de sus habitantes y a lo aparentemente banal. Lo que, en un principio, puede resultar ajeno, se convierte en una situación posible y cercana a medida que nos adentramos en la lectura. Alice Munro nos facilita, con su forma de narrar, una gran lente de aumento para que seamos capaces de apreciar cómo los personajes poco a poco se mimetizan con aspectos de nuestro mundo interior y cómo, casi de repente, estamos empatizando con ellos. En esto, precisamente, consiste la habilidad como escritora de Alice Munro: en que sus historias influyan en la vida del lector.

A pesar de la fecha de publicación de los cuentos, se abordan cuestiones que hoy día continúan vigentes. Así, por ejemplo, en Boys and Girls se tratan las relaciones de poder y el papel que mujeres y hombres se supone que deben desempeñar en la sociedad. La desigualdad social y la discriminación a las personas con discapacidad la encontramos en The shining houses y Dance of the happy shade. Por su parte, The office, donde una mujer alquila una oficina para disponer de su propio espacio para escribir nos hace evocar Una habitación propia de Virginia Woolf y la lucha de las mujeres por buscar su independencia. Y en The peace of Utrecht, nos adentramos en las dificultades de las relaciones familiares y en la ausencia durante la enfermedad y muerte de una madre. Se trata quizás del cuento más duro y personal de Munro, donde muestra la necesidad de escapar para no quedar atrapada y poder crear su propia vida.

En todos ellos, los protagonistas, se convierten en heroínas y héroes en el devenir de sus vidas. La monotonía se ve en algún momento rota por un suceso inesperado que, a veces, los personajes no saben afrontar o que dejan transcurrir sin más, esperando que su vida vuelva a los cauces habituales. Aparentemente es así, sólo aparentemente, porque, debido, quizás al azar, nada volverá a ser lo mismo.

Lo mejor de estos relatos, de los que se extrae un matiz nuevo en cada lectura, es la magia de Alice Munro para contar, de forma sencilla, sin demasiados artificios, historias profundas y llenas de grandes pequeños detalles. Esa magia surge de su creencia de que las historias son importantes para el mundo y que deben cambiar al lector de algún modo. Y, por supuesto, que te cambian.

 

REFERENCIAS:

Allardice, Lisa. Nobel prizewinner Alice Munro: ‘It’s a wonderful thing for the short story’. Disponible en: http://www.theguardian.com/books/2013/dec/06/alice-munro-interview-nobel-prize-short-story-literature [consultado el: 26-06-2014]

Alice Munro in her own words: Nobel Prizes 2013. Disponible en: http://www.newyorker.com/online/blogs/books/2013/12/alice-munros-living-room-nobel-acceptance.html [consultado el: 11-06-2014]

Manguel, Alberto. Alice Munro, un Nobel para el gran cuento de la vida. Disponible en:

http://cultura.elpais.com/cultura/2013/10/10/actualidad/1381433664_329498.html [consultado el: 26-06-2014]

Cox, Alisa. Helen Simpson’s Opera. Disponible en: http://jsse.revues.org/920 [consultado el: 11-06-2014]


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